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Full text of "Historia de los gobernantes del Paraguay, 1535-1887"

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HISTORIA 



DE LOS 



GOBERNANTES 



DEL 



PARAGUAY 



1535-1887 



POR 



A-JSTTOiíTio zxisnsrYr 



» 



BUENOS AIRES 

Imprenta y Librería de Mato, Calle Perú, 11^. 



1887 






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:.:!;:::i:-::OBBii^:DEL MISMO AUTOR 



ha, Colegiada, pieza en un acto, 1885. 

Apuntes para la biograña del general Pueyrredon, 1867. 

Basgos biognifícos del ciudadano D. F. Sarmiento, 1867. 

Apuntes biográñcos de don Felipe Senillosa, 1867. 

Heroínas y patriotas americanas, 1868. 

Monobiblografía del deán Funes, 1868. 

Bosquejo biográfico del general I. Alvarez y Thomás, 1868. 

Efemeridogi*afia Argireparquiótica, 1868. 
Id. Argirometropolitana, 1869. 

Proceso instruido contra Whiteloke (traducción), 1870. 

Censo de la x)oblacion de Buenos Aires en 1869, 1872. 

Gaceta de Buenos Aires, 1875. 

Bibliografía Histórica, 1780 á 1821, 1875. 

Gaceta mercantil, (inconclusa) 1875. 

Juan Maria Gutiérrez, su vida y sus escritos, 1878. 

Historia de los gobernadores, 1879-82. 

Historia de la prensa periódica do la Bepública Oriental del Uru- 
guay, 1883. 

Cronología de k)s obispos del Paraguay, 1887. 

etc., etc., etc. 



I-Ú 



»• 



PREFACIO 



Don Juan Diaz de Solis, gran piloto de Casti- 
lla, reconoció en 1508, la embocadura del Rio de 
la Plata, que tomó primero por un golfo, y el 8 de 
octubre de 1515 hizo una nueva esploracion y dio á 
aquel inmenso curso de agua el nombre de Mar Dul- 
ce^ á que los indígenas llamaban Paraná Ouazú^ que 
significa rio grande. Pero habiendo cometido la im- 
prudencia de echar pié en tierra cerca del lugar en 
donde actualmente se halla situada la ciudad de Mal- 
donado, fué sorprendido y asesinado por los indios 
charrúas. 

Al infortunado Solis siguió el famoso Sebastian 
Gaboto, quien partió de España en abril de 1525, y 
penetró el rio mas adentro poniéndole el nombre de 
Rio de la Plata^ deslumhrado con la vista de algunos 
adornos de oro y plata que llevaban los naturales y 
que cambiaban con gusto por baratijas de Europa. 

Remontó el Paraná y fué el primer descubridor 
del rio Paraguay, cuyas aguUs navegó (1528) has- 



* 



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II PREFACIO 



ta mas arriba de la embocadura del rio Bermejo-, y 
como no tenia por principal objeto la conquista sino 
simplemente el encuentro de riquezas, de cuya exis- 
tencia se le habia dado falsa noticia, su empresa fra- 
casó con la muerte de algunos españoles por losin- 
dios. En consecuencia, quedaron por entonces, sus- 
pendidos los descubrimientos por aquella parte-, á 
lo cual contribuyó su retirada (1530) á España y la 
destrucción (1532) del fuerte Sancti Spíritu ó de 
Gaboto^ que en 1527 habia construido en la embo- 
cadura del Carcarañá ó rio Tercero. 

Era la época en que simples particulares, ó ape- 
nas autorizados por gobiernos ambiciosos de gloria, 
se alejaban de su patria abandonando todo, para 
realizar los prodigios de la caballería andante^ des- 
cubrir mundos y derroca^ imperios con la punta de 
su espada. A ese arrojo de la audacia privada, á 
esa necesidad imperiosa de espansion que en cier- 
tas épocas anima á los pueblos, debió la España 
su reinado de América, de que no supo sacar pro- 
vecho para sí, ni para la humanidad. 

No era permitido á nadie embarcarse para la 
América española, sin obtener permiso del rey, el 
cual nunca se concedía sino para fines comercia- 
les, verificados en debida forma y por un plazo 
comunmente limitado á dos años. Era muy difí- 
cil obtener permiso para un establecimiento per- 



PREFACIO III 

manente. Los clérigos y frailes estaban sujetos 
igualmente á la misma formalidad. Los criollos, 
que residian temporariamente en España, no po- 
dían regresar á sus propiedades sin espreso permiso 
del rey. Esta prohibición se estendia al sexo fe- 
menino. Las mujeres debian solicitar real permi- 
so, y las casadas no podian obtenerlo si no iban 
acompañadas de sus esposos. Este sistema, como 
se ve, era enterartiente opuesto al de otros países, 
que dejaban sus colonias abiertas tan sin reserva 
para todos los que quisieran ir á ellas, que estos 
establecimientos han sido considerados mas bien 
como los inmundos receptáculos «de todas las im- 
purezas de la madre patria, que objetos de deli- 
berada predilección. En Francia se conmutaba la 
pena corporal por el de deportación á las colo- 
nias-, y aun a principios del presente siglo> miem- 
bros del cuerpo legislativo y del directorio, vícti- 
mas de la facción dominante á la sazón, eran tras- 
portados á Cayena, castigo equivalente á la pena de 
muerte. 

La España, mas justa ó mas indulgente para con 
sus colonias, aunque sin pretender superior felici- 
dad en sus intereses domésticos, dirigió siempre 
toda su atención á conservar la pureza de sumo- 
ral, impidiéndolas de recibir la mácula de la cor- 
rupción europea. Desde el 7 de agosto de 1584, 
no se permitía á ninguna persona ir á las Indias 
sin haber presentado primero informe auténtico con 
respecto á su moral y buena conducta. 



IV PREFACIO 



No se permitía ir á América á ninguna perso- 
na que hubiera tenido la desgracia de haber sido 
acusada ante el tribunal de la inquisición, cual, 
quiera que hubiese sido la decisión pronunciada 

en su caso. 
Los herejes, los hijos y nietos de las víctimas 

del auto de /e, ó los que hubiesen llevado el sam 

benito^ eran igualmente escluidos. 

Las dificultades que los estranjeros esperimen- 
taban eran mayores. El primer requisito para ob- 
tener pasaporte, era probar origen español. Algu- 
nos estranjeros han eludido la ley, empleando la 
astucia, ó por la^ idulgencia de los gobernadores ó 
comandantes de los lugares á que recurrían. Si 
eran totalmente inactivos, si llevaban una vida de 
indigencia, intemperancia, ó lo que mas les reco- 
mendaría, de abyecta mendicidad, podian estar se- 
guros de no ser molestados, bajo la humillante 
protección del desprecio de los españoles. Pero si 
ejercían algún oficio ó profesión, estaban espues- 
tos á ser denunciados, perseguidos y tratados co- 
mo enemigos por todos los españoles del mismo 
oficio ó profesión: tenian que prestar su dinero á 
cualquiera que se le antojara pedirlo, y tan luego 
como cesaba su generosidad, principiaba la perse- 
cución. Si tenian relaciones que saliesen de lo 
común, se consideraban siempre sospechosos; por- 
que era opinión general de los españoles que todo 
estranjero de saber debia ser enemigo de las leyes 
del país. 

No se averiguaba la religión que profesaba, á 



PREFACIO 



no ser que la impiedad del individuo fuese noto- 
ria ó cuando se quería ejercer alguna venganza, 
en cuyo caso nada era mas fácil que la irreligión 
de un estranjero, que siempre habia sido antes 
buen cristiano. Entonces se presentaban testigos 
que juraban haber hablado aquél con irreverencia 
de los santos misterios^ que solo iba á misa para 
cometer indecencias; que trataba de las ceremonias 
de la religión con mofa, etc., etc. 

Nadie duda que la constitución política y civil 
de las posesiones españolas, en el Nuevo Mundo, 
no ha podido ser sino obra del *tiempo-, era supe- 
rior al poder humano formar, al instante del des- 
cubrimiento, un código completo para regiones 
hasta entonces ignoradas, para establecimientos 
de una especie tan nueva, que los tiempos anti- 
guos y modernos no presentaban ejemplo. 

La idea de hacer de estos vastos países, domi- 
nios de la porona española, hizo, naturalmente, 
nacer la de establecer en ellos las mismas auto- 
ridades constituidas que en la metrópoli. El cui- 
dado d^ mantener en ellos la soberanía española 
y el mando de la fuerza armada, fué confiado á 
gefes bajo el título de vireyes ó capitanes gene- 
rales. 

La policía fué, como en El^pafía, confiada á la 
vigilancia de los cabildos. Instalóse primero en los 
Pueblitos que se fundaron. 

La población primitiva de la nueva ciudad no 



VI PREFACIO 



llegaba á veces á treinta personas, comenzando 
por construir una iglesia y establecer un cabildo; 
pero con la esperanza de que el lugar llegase á 
adquirir cierta consistencia para darles alcaldes y 
regidores. • 



* 



Creáronse audiencias para la administración de 
la justicia, y para la religión, obispos, capítulos y 
conventos. 

Los poderes de esas diferentes autoridades reci- 
bieron estension ó restricciones, según pareció pres- 
cribirlo la esperiencia. Los gobernadores genera- 
les, depositarios fhmgdiatos de la autoridad real, 
tenian medios, demasiado grandes, para abusar de 
esa eminente prerogativa. Fué necesario, pues, 
precaver á la España contra su ambición personal, 
y á los ciudadanos contra la posibilidad de las ve- 
jaciones. 

Los cabildos, necesariamente compuestos de crio- 
llos ó de españoles destinados á pasar subida en Amé- 
rica, no debian conservar de la metrópoli sino un 
recuerdo confuso, que estaba muy lejos de hacerles 
preferir sus intereses á los del nuevo suelo . en que 
se fijaron-, los cabildos, para los cuales los dere- 
chos de la metrópoli eran mas incómodos que res- 
petables, no podian hacer sino un uso peligroso, 
para la soberanía española, de la autoridad que 
las leyes generales les daban; ha debido, pues, res- 
tringirse sus poderes y apresurarse menos en es- 
tablecerlos en las nuevas poblaciones. 



PREFACIO Vn 

No sucedía lo mismo con las audiencias-, sus 
miembros, todos á sueldo del rey, no tenían gra- 
cias y empleos superiores que esperar sino del 
trono, y la ley no dejaba a su disposición ninguna 
fuerza efectiva que pudiese hacer nacer algún pro- 
yecto funesto a la metrópoli. No eran, pues, peli- 
grosos; por el contrario, no podía dejar de ser útil 
investir a estos tribunales superiores, de mucha 
autoridad y grande consideración-, puesto que era 
en ellos en quienes residían los medios de dete- 
ner los efectos de la ambición del gefe, y de las 
injusticias que pudiera cometer, sin ese saludable 
contrapeso. Todas estas ventajas sin embargo, es- 
taban subordinadas á la impasibilidad, al desinte- 
rés, á las luces y á la integridad de los miembros 
de las audiencias; sin eso, no servían sino para au- 
mentar la desgracia publica. 

* 

La religión, por la moral que es su base, podía 
también contribuir á cimentar la real autoridad en 
las Indias Occidentales; es un resorte que la política 
supo hábilmente hacer obrar. En una infinidad de 
ocasiones, se sirvieron con ventaja en los negocios 
civiles del ministerio de los obispos y de los sacerdo- 
tes. Muchas veces, también, se puso en manos de los 
prelados las riendas del gobierno, y esos intervalo^ 
nunca fueron los menos pacíficos, ni los mas prós- 
peros. 

Es claro que si, con la conformidad de institucio- 
nes metropolitanas en las Indias occidentales, la Es- 



VIII PREFACIO 

paña las hubiese regido por las mismas leyes que se 
regia ella misma, habria perdido su dominación mu- 
cho antes, ó se habrían despedazado por facciones que 
las habrían hecho inhabitables. Fué la sabiduría; la 
prudencia de las leyes particulares que se les diera, 
que hicieron de ellas lo que fueron hasta la declara- 
ción de su independencia. La materia era demasia- 
do nueva para que todas las que les fueron destinadas 
hubiesen encontrado fácil ejecución y producido ven- 
tajosos resultados. 

* * 
Bajo el nombre de Recopilación de Ids Leyes de In- 
dias se formó un código de todas las relativas á las 
posesiones españolas en América. Seguíanse pun- 
tualmente en los casos en que no hubiesen sido dero- 
gadas por cédulas posteriores, y en los casos de si- 
lencio se seguían las del reino, llamadas Leyes de 

Partidas. 

El respetable tribunal, conocido por Consejo de 
Indias^ al que el trono español debió todo su esplen- 
dor, data de 1511, establecido por Fernando y perfec- 
cionado por Carlos V en 1524. Para ser miembro 
de él se requerid poseer grandes cualidades, como las 
de imparcialidad, sabiduría y esperiencia. 

Su competencia se estendia, sin escepcion, á todo 
lo que se referia á América. 

Por medio de la apelación llamada remrso, conocía 
de las causas falladas en las audiencias. Todas sus 
deliberaciones eran tomadas á pluralidad de votos, 
escepto para hacer ó revocar leyes, exigiéndose en- 
tonces dos tercios de votos. 



PREFACIO IX 

Era del resorte del Consejo de Indias la pre- 
sentación para todos los grandes empleos civiles y 
eclesiásticos, las recompensas de los empleados cu- 
yo mérito sobresalia, la policia de los tribunales, 
lo militar, las finanzas, el comercio. Su poder, de 
que jamás abusara, estuvo siempre en aumento, 
hasta tener en jaque á toda la América española. 
Su integridad repudiaba de tal modo la intriga, que 
todo español, acreditado y rico, que, en su causa 
ó en sus pretensiones tenia mas que esperar del 
favor que de la justicia, empleaba todos sus es- 
fuerzos para sustraerse de la jurisdicción del Con- 
sejo de Indias. Ninguna esperanza de éxito tenia 
sino cuando conseguía solo" necesitar de la deci- 
sión de los ministros, que era incomparablemente 
mas fácil de engañar. Algunos célebres escritores se 
han avanzado á declarar que habia abusos en to- 
dos los consejos de España, y en el de las In- 
dias mas que en cualquier otro-, que en lugar 
de castigar las malversaciones, se sostenía en él á 
los culpables en proporción de los regalos quede 
ellos recibían. Sin embargo, esto no cíebia ser 
cierto cuando se sabe que, en general, los espa- 
ñoles de América veneraban á ese augusto tri- 
bunal. 

* 

Los gobernadores estaban obligados á dar cuenta 
severa del uso que hicieron del poder. La forma 
en qué se daba cumplimiento á esta real disposi- 
ción es bastante curios^ para referirse y bastante 



PREFACIO 



buena para ser imitada. Este acto se denominaba 
dar residencia. 

Un gefe absoluto que no conoce, á dos, tres ó 
cuatro mil leguas de distancia, ninguna autoridad 
superior á la suya, y á quien la ley concede un 
poder ilimitado^ tiene terribles medios de oprimir 
y de vejar impunemente á los ciudadanos, si no 
tuvieran, contra los actos de su opresión, otro re- 
curso que las vias ordinarias de la justicia: el cré- 
dito y las riquezas que los mismos abusos de su 
poderle hubiesen hecho adquirir, le harían fácilmente 
arrostrar esas presecuciones lentas y costosas, que 
no se atrevería á emprender ni podría sostener el 
pobre, sobre quien hubiera caido la injusticia. Por 
otra parte, someter á un gobernador á quejas par- 
ciales, durante su ejercicio, era esponerle, sobre 
todo en un pueblo tan amigo de los pleitos, á ser el 
blanco de los inquietos celos de los que le debian 
obediencia. Era prepararle un manantial de chis- 
mes y sinsabores que hubieran hecho perder á su 
autoridad todo el respeto de que la soberania espa- 
ñola tenia interés en investirla. Ha sido, pues, ne- 
cesario buscar un medio que dejase al gefe de todos 
los poderes la facultad de hacer todo durante el ejer- 
cicio de su empleo, conteniéndolo en loa límites de 
la justicia. Era imposible encontrar uno que desem- 
peñase mejor ese gran objeto, que la imponente pers- 
pectiva de un tribunal constituido espresamente para 
recoger sus desvies y castigarlos. Esta institución, 
la mejor salvaguardia de los ciudadanos contra toda 



PREFACIO XI 

clase, de actos afrbitrarios, honra la sagacidad del que 
conéibió su idea, el cuidado para con sus subditos 
del rey que la adoptara y la sabiduría del monarca 
que la conservase. 

Cuando debia ser reemplazado un virey ó goberna- 
dor, el Consejo de Indias, inmediatamente después 
del nombramiento del nuevo titular, presentaba tres 
individuos, á uno de los cuales el rey daba comisión 
de recibir la residencia del virey ó gobernador sa- 
liente. Esta elección generalmente caia en un hom- 
bre de ley residente en América. 

El comisario de }a residencia se trasportaba á la 
capital del gobierno-, anunciaba, por medio de bandos 
y carteles, que el tribunal de la residencia de tal 
virey ó gobernador reemplazado, se habia de formar 
tal dia, teniendo lugar en ia casa tal, á la que podrían 
presentarse á prestar sus declaraciones y estar á de- 
recho los ciudadanos de todas las órdenes, clases y 
condiciones que tuvieran que quejarse de los abusos 
de poder de dicho virey ó gobernador. Esta publica- 
ción debia hacerse de modo que ninguna persona lo 
ignorase. Una cédula del 9 de octubre de 1556 orde- 
naba que ella fuese principalmente conocida de los 
indios, para que pudieran pedir la reparación de las 
injusticias que pudieran habérseles hecho. 

La residencia de los gobernadores duraba se- 
senta dias, debiendo fallarse las quejas dentro de 
otros sesenta dias, á contar desde aquel en que se 
habian presentado. La de los vireyes era de seis 
meses. Vencidos estos plazos, no se admitían mas 
quejas. El procedimiento de la residencia de los 



XII PREFACIO 

vireyes, gobernadores, etc., se enviaba al Consejo 
de Indias, quien daba ei fallo definitivo. 



* * 



Durante mucho tiempo, todos los funcionarios 
públicos estaban sujetos á pasar por esa prueba-, 
pero la cédula del 4 de agosto de 1799, dispensó 
de ella á los alcaldes, regidores, alguaciles, procura- 
dores, etc., y solo quedó subsistente para los vireyes, 
presidentes, gobernadores políticos y militares, inten- 
dentes de ejército é intendentes corregidores. 

Esta obligación era de tal rigor, que ninguno de 
ellos podia ocupar un nuevo empleo, sin presentar á 
la autoridad que debia ponerle en posesión, un certifi- 
cado por el que se hiciera constar no haber resultado 
en su contra ningún cargo en su anterior empleo. 

No debe inferirse de lo que antecede que los tales 
tribunales fuesen de una eficacia absoluta, sino direc- 
ta y únicamente la sabiduría de la ley. Abandona- 
mos la crítica de sus efectos á los que conocen los mi- 
ramientos que incesantemente obtiene el seductor 
Pluto sobre la débil Témis. 

Por la bula de Alejandío VI, los reyes de Es- 
paña adquirieron sobre las Indias occidentales el 
dominio eclesiástico, con cargo de operar la con- 
quista, haciendo germinar en ellas las semillas de 
la fé. En virtud de esta concesión, Fernando é Isa- 
bel establecieron, por cédula del 5 de octubre de 
1501, los diezmos en todas sus posesiones de Améri- 
ca. Su producto se destinó primeramente en la cons- 



PREFACIO XUI 

• 

tracción de iglesias^ en su conservación y en pagar 
los curas*, en una palabra, en todo lo que se re^ 
f^ria al culto católico. Carlos V ordenó, el 5 de 
febrero de 1541, que los productos de los diez- 
mos se dividieran en cuatro partes, de las que una 
pertenecía de derecho al obispo-, la otra al capítu- 
lo, divisible según las dignidades-, y que de las dos 
restantes se hablan de estraer dos novenos para el 
rey, tres para la fundación de iglesias y hospita- 
les y los cuatro novenos restantes para pagar á 
los curas y otros eclesiásticos que sirviesen los 
curatos. Con el tiempo se ha operado en esta 
disposición un cambio que únicamente consistía en 
reunir á los cuatro novenos de la mitad de los diez- 
mos, los tres novenos reservados para la construcción 
de iglesias y hospitales, porque como los templos 
eran ya bastante numerosos, rara vez habría que 
construir otros nuevos. 

El obispo y el capítulo tenian la administración 
de los diezmos, cuando bastaban para su sueldo, 
no estando obligado el rey á proporcionar suple- 
mento alguno de su caja-, pero no podían arren- 
darse sino en presencia de los oficiales reales y de un 
oidor en los puntos donde residía una audiencia real; 
y la adjudicación no se hacia sino con cargo de 
pagar el adjudicatario, directa y personalmente, á los 
oficiales reales los dos novenos que tocaban al rey. 

El diezmo Se pagaba por toda clase de perso- 
nas, sobre todas las producpiones del país. Solo era 
de cinco por ciento sobre los artículos que exigían, al 
salir de la tierra, una preparación costosa para 



IV PREFACIO 

tomar la forma de artículos comerciales, como el azú- 
car, el añil y el café; pero era rigurosamente de diez 
por ciento sobre el algodón, el cacao, los granos, los 
guisantes, las legumbres, las semillas, el casabe, los 
corderos, los cabritos, los lechones, los pollos, los an- 
sarones, la leche, la manteca, el queso, la lana, las 
terneras, los potros, los mulos, los asnos, toda clase 
' de frutas, escepto el ananá, las uvas, las aceitunas^ 
la hortaliza, la miel, la cera, los enjambres, etc. 



•M- * 



Las principales disposiciones de la madre patria, 
para asegurar su soberania en la América, eran 
prohibir á los indios cargar ninguna clase de ar- 
mas ofensivas ni defensivas; privarles del uso del 
caballo; impedir á cualquier indio de aprender. el 
oficio de armero, ó vivir en casa de cualquiera 
persona donde pudiese adquirir alguna noción de 
la fabricación, reparación ó manejo de armas; obli- 
gar á los indios conquistados á vivir juntos en villas, 
en vez de estar diseminados por el país; prohibir 
á todo indio pasar de un pueblo á otro, mucho 
menos trasladar su residencia, so pena de veinte 
azotes al delincuente y 4000 pesos de multa al cacique 
que lo permitiera; privar á los españoles, mulatos y 
los de casta mixta de habitar en pueblos indios, de 
temor de difundir ideas perjudiciales á la pública 
tranquilidad. La esperiencia ha demostrado la utili- 
dad de esta separación, porque esta medida, dis- 
puesta por la ley, redundaba en ventaja de la domina- 
ción del misionero, que era tan atento en prevenir 



PREFACIO 



X^ 



mezclas funestas al prestigio de su poder, que los 
españoles que tienen ocasión de pasar por esos 
pueblos ó reducciones, solo pueden pernoctar una no- 
che, si llega por la tarde, ó el tiempo necesario 
para comer algo, si es por la mañana. El misionero 
los recibía en su casa impidiendo toda comunicación 
durante su permanencia, que jamás sé prolongaba ba- 
jo ningún motivo ni pretesto. Por este medio, era 
imposible enterarse de la vida que llevaban los misio- 
neros; pero, si se ha de juzgar por el cuidado que po- 
nian en ocultar los defectos de su administración, por 
Ja nulidad de la reducción ó conversión de nuevos sal- 
vages, por la lentitud de la civilización de los indios, 
que, de padre á hijo, estaban confiados á su ministe- 
rio, tanto curial como apostólico, ningunas ventajas 
sacaron de sus trabajos ni la religión, ni la soberanía 
nacional. 

Erales prohibido á los misioneros exigir nada de 
los indios por la administración de los sacramentos, 
ni por ninguna otra función eclesiástica. Esta dispo- 
sición no era violada directamente, es verdad, pero 
se eludia enteramente su espíritu por la venta que les 
hacian, en mil por ciento de beneficio, en rosarios, 
escapularios y pequeñas imágenes de vírgenes y san- 
tos. El pobre indio era siempre amenazado de la có- 
lera de Dios, hasta que hubiese comprado todo lo que 
el misionero tenia que vender.' 



* » 



Con el fin de dar lo mas completa posible la lista 
de los gobernadores del Paraguay, que eran los 



^Ví PREFACIO 

mismos del Rio de la Plata, trascribimos de nues- 
tra Historia de los Gobernantes de las Provincias 
Argentinas lo pertinente á la presente Historia^ 
amplrándola cuanto fuese necesario. 



La ciudad de la Asunción fué fundada en 1536, 
por Juan de Salazar y Espinosa y usa del título de 
Bustre^ desde su fundación, por los importantes 
servicios que hizo en muchas poblaciones que esta- 
bleciera, y por haber sido capital de ocho ciudades, 
como se refiere en Real Cédula de 7 de junio de 
1618. Tiene por armas un escudo sobre campo 
azul: en el primer cuartel está colocada Nuestra 
Señora de la Asunción: en el segundo el Patrón San 
Blas: en el tercero un castillo, y en el cuarto una pal- 
ma, un árbol frondoso y un león, que le concedió 
el rey Carlos V. Así debe inferirse, supuesto que la 
mayor parte de los papeles antiguos «e perdieron en 
el incendio que padeció esta ciudad el aflo de 1545, 
cuya desgracia es regular alcanzase también á la 
Real Cédula en que el rey le concedió el privilegio de 
tener 24 regidores. 



ADVERTENCIA 



Debemos declarar *que han servido para nuestra obra de los Gobern an- 
tes DEL Paraguay los autores siguientes: Azara, Lozano, Funes, Charle- 
voix, Angelis, Trelles (Registro Estadístico, Revistas del Archivo y de la 
Biblioteca) Archivo Municipal de Córdoba yHe Buenos Aires, ¿obert- 
son, Bengger y Longchamp, César Famin, Molas, etc. 












HISTORIA 



DE LOS 



GOBERNANTES DEL PARAGUAY 



1535-1539—1. DON PEDRO DE MENDOZA, caballe- 
ro andaluz, natural de Guadix en en el reino de Granada, 
quien obtuvo de la corte de España, para él, sus herederos 
6 sucesores inmediatos, designados por él, el gobierno del 
Rio de la Plata, con 200 leguas de jurisdicción hacia el 
Sur, y el título de Adelantado (1) de estas comarcas, 
con el cargo de hacer todos los gastos de la espedi- 
cion. 



» * 



Sale del puerto de San Lucar (agosto de 1534) para el 
Rio de la Plata, trayendo consigo 2500 españoles, de 
todo sexo y edad, y 150 alemanes, sajones y flamencos, 

(1) Según la loy de Partida^ el adelantado es un funcionario con autori- 
dad del rey, como quien dice gobernador de provincia: **Adelantado tanto 
quiere decir como home metido adelante, en algún fecho señalado^ por 
mandado del rey, y por esta razón, el que antiguamente era asi puesto 
sobre tierra gande, llamábanlo, en latin proejes provineiae,**^ (Segunda 
partida, tit. IX, ley XXII). 2 



•■ • • 



2 DEL PARAGUAY 

en cuatro embarcaciones, y funda (2 de febrero de 
1535) la ciudad de Buenos Aires. 

: {.!• 'Jf^lyi ?sja fundación, mandó construir 8 bergantines y 
. . • .. ... Jil^Uilos'botQs.y dejando (1539)una guarnicionde 160 hora. 
• \; :•': Vi ijife^ paé^M;^ guardia de los navios grandes al mando . del 
capitán* Juan Romero, con ración sufi'^iente para un año, se 
embarcó con 400 hombres navegando el rio Parapá arriba. 
A los dos meses llegó á los Timbües, donde permaneció 
cuatro*años, siempre contrariado por sus malos consejeros 
que le iban precipitando. Por envidia de algunos, man- 
dó matar á su maestre ds campo Juan de Osorio, y tra(§ 
á sus soldados con castigos afrentosos y crueles, debido 
tal vez á los padecimientos que le habían esperimentar 
sus. seis heridas, cuatro en la cabeza, una en la pierna 
y otra en la mano, privándole de escribir y aun firmar. 

Ese mal estado de salud, le determinó á retirarse á Es- 
paña y antes de efectuar su viage* hizo en Buenos Aires 
su testamento cerrado, que dejó en poder del escribano. 
En seguida (21 de abril de 1539) escribió á su lugartenien- 
te Ayolas, anunciándole aquella circustancia,"y autorizán- 
dole á enterarse del contenido de su testamento, si llega- 
ra á tener noticias de que hubiese fallecido. Dejó á Ayo- 
las por escrito, las instrucciones de como habia de ma- 
nejarse, aconsejándole tratase de conservarse en el go- 
bierno toda su vida y teniéndole siempre presente, su pena 
de enviar otro en su lugar si no cuniplia sus instruccio- 
nes. 

Dejando así todo dispuesto, se embarcó en el puerto de 
Buenos Aires, á mediados del año (1539) y siguió viage 

con destino á Castilla, adonde no pudo llegar por haber 
fallecido en la mitad del camino, teniendo la mar por 
sepultura. 

Apenas fundada la ciudad de Buenos Aires, habian 
comisionado con el nombramiento de teniente de goberna- 
dor y capitán general de las tierras que descubriera á — 



GOBERNANTES 3 

11. DONJUÁN DEAYOLAS lugar teniente— uno de 
los tres — Domingo Martinez de Irala y Nuflo de Chaves 
— que entrara en el Paraguay, comisionado para fundar 
otra colonia. Subió el rio Paraná, estableció el pequeño 
fuerte de Corpus Christi ó de Buena esperanza, en la 
costa occidental del Paraná, cinco leguas mas abajo de 
Coronda, y regresó á dar cuenta de su cometido. Bajo 
tan felices auspicios, Mendoza se apresuró á comisio- 
narle de nuevo para aumentarlos descubrimientos. 

Ayolas, siguiendo los pasos que habia trazado Gaboio, 
éhtró en el rio Paraguay por el puerto llamado la An- 
gostier^a, (25"* 28' 3" latitud) donde fué atacado por los indios 
agaces, á quienes consiguió wencer. Continuó su nave- 
gación cinco leguas mas arriba, donde fundó e! pueblo 
conocido por la Vilteta, (á5 legs. de lo que hoy es 
Asunción) después de una reñida y sangrienta batalla 
con los indios, quedando I05 españoles dueños absolu- 
tos del punto. • 

Un poco más arriba, construyó la primera casa en 
aquel parage á que dio por nombre nuestra Señora de 
la Asunción, (1) en conmemoración del dia (15 de agosto 
de 1536) en que tuvo lugar la batalla de Lambaré (2 le- 
guas de la Asunción). 

Permaneció seis meses en esta ciudad, tomando algún 
descanso después de sus sangrientas campañas contra 
los agaces, á quienes casi anonadó, tomándoles 500 ca- 
noas, quemándoles sus pueblos y haciéndoles muchos 
otros daños. 

Contando con el auxilio de los cario«, preparó un^ es- 
pedicion contra los payaguáes, indios que estaban pobla- 
dos como á 100 leguas de la Asunción, y contra los 

■ 

(1) La virgen de la Asunción fué tra^a en 1537 por el capitán Juan 
Salazar y Espinosa y colocada en la igleisa diez años después. Se le llamó 
conquistadora por ser contemporánea de los primeros conquistadores del 
Paraguay y habiendo operado un milagro á doña Lorenza Delgadiüo 
esposa del geeneral Zavala, quien le regalo preciosas alhajas, ñié objeto 
de devoción de los habitantes de la ciudad por muchos años. 



4 DEL PARAGUAY 

caracaráes! Hechos los preparativos necesarios, car- 
gando cinco navios de maiz y surtiendo á los ma- 
rineros de cuanto habia menester para un viage de dos 
meses, como proyectaba, dejó en la Asunción 100 hom- 
bres y con 300 de los mas escogidos, navegó siempre 
rio arriba hasta llegar al último pueblo de los carios, 
llamado Itatin, á 80 leguas de aquella ciudad, cuyos in- 
dios le proveyeron de toda clase de víveres. En el mon- 
te de San Fernando (hoy Pan de Azúcar) á 12 leguas 
de Itatin, encontraron los españoles á los payaguáes, 
con quienes estuvieron 9 dias, bien tratados y obsequiaí^ 
dos y con I03 cuales Ayolas concertó una espedicion á 
los indios jarayes (1). 

Ayolas llevaba 5 buques, de los qué deshizo 2, dejan- 
do en los restantes 50 españoles al cargo del capitán 
Domingo Martínez de Irala en el puerto de la Candelaria, 
donde acababan de desembarcar (2 de febrero de 1537), 
con orden de esperarle allí 4 meses, al fin de los cuales 
si él no volvia, retirarse á la Asunción. En seguida se 
internó en el territorio del Chaco, penetrando por Chiqui- 
tos hasta el Perú, y venciendo no pocas dificultades, 
volvió al puerto de Candelaria como á los seis meses de 
su partida, mas como no encontrara su flota, que acababa de 
salir con Iralapara la Asunción, de conformidad á sus ins- 
trucciones, fué á establecerse momentáneamente en el 
territorio de los payaguáes, acompañado de 300 indios de 
esta nación y de sus 300 españoles. Fueron los espa- 
ñoles tan obsequiosamente recibidos de losindios, que 
Ayolas no desconfió de ellos en lo mas mínimo, cuando 
BU objeto en tratarlos de. ese modo era llevar adelante 

(1) En la época del descubrimiento, toda la América se hallaba pobla- 
da por tribus de indios; cada una de éstas se denominaba nación^ como 
los negros de África, aunque el número de que se componia Tina nación 
ó tribu apenas llegaba á mil y rara vez pasaba de diez mil. 



GOBERNANTES 5 

« 

una premeditada traición. Egecutaron su perfidia espian- 
do el momento que no tardó en presentarse. En una noche 
tenebrosa, cuando todos estaban profundamente dormidos 
á una señal dada, los indios se lanzaron sobre los cristia- 
nos y consumaron su felonía sacrificando á todos menos 
Ayolas, que logró postergar su muerte yendo á ocultarse 
en un matorral. A la mañana siguiente diefon con él y con 
un indio chañes que le acompañaba, y llevándole á la pla- 
za le hicieron blanco de sus flechas hasta dejarle cadáver 
y al chañes le conservaron prisionero, el cual consiguió 
evadirse y fué por quien sesupo el trágico fin de Ayolas y 
sus compañeros. 



Con la certidumbre de la muerte de Ayolas, como al 
año del suceso (1539) Inala mandó quemar vivos á los 
payaguáes egecutores de la traición y en seguida volvió 
& la Asunción, donde se encontró con el veedor Alonso 
de Cabrera, que acababa de llegar y Francisco Ruiz. 
Este habia sido despachado de Valladolid, en virtud de 
cédula de 12 de setiembre de 1537, provisto gobernador 
en caso hubiese muerto el que Mendoza habia dejado 
ó no hubiesen elegido otro los conquistadores ó pobla- 
dores. 

Convocados todos los capitanes, y oficiales reales, se 
procedió ala elección de gobernador interino y resultó 
electo por unanimidad. 



1538-1542— III. DON DOMINGO MARTÍNEZ DE IRA- 
LA , apenas se recibió del cargo, en agostó de 1538, decla- 
ró asiento del gobierno» lo que entonces era ciudad de la 
Asunción; nombró los funcionarios públicos, que habian 
de compartir con él las tareas de la gobernación; mandó 
parcticar la elección de alcades ordinarios, habiendo ésta 
recaído en los caballeros Juan Salazar de Espinosa y 



6 DEL PARAGÍIAY 

Gonzalo de Mendoza, los regidores y . denlas ministros 
mferiores, todos los que prestaron juramento al entrar en 
ejercicio de sus oficios. Establecióse una policía en la 
ciudad y se formó varias poblaciones de guaraníes á 
quienes se obligó á prestar juramento de fidelidad y va- 
sallageal rey. Los guaicurúes (1) y otros indios del 
Chaco no quisieron prestarse á la sumisión. 

Como la población de Buenos Aires sufría privaciones 
y toda clase de miserias y se hallara continuamente hos- 
tilizada por los indios querandis (2) se resolvió en consejo 
mandarla sacar á fin de que se incorporase á los poblado- 
res de la Asunción, y reservando para ocasión mas pro- 
picia la repoblación de aquel puerto, cuya gloria cupo á 
Gara y 40 años más tarde. Para el efecto, Irala despacha 
con toda prontitud al capitán Diego de Abreu con el sufi- 
ciente número de embarcaciones capaces de conducir toda 
aquella población, que recibió con jubilóla noticia de su 
traslación* (3). Efectuóse esta en 1540, quedando en con- 
secuencia despoblado Buenos Aires, desde entonces hasta 
1580 juntamente con los [pobladores cuyo número habia 
quedado reducido á 600, se incorporaron tres italianos, á 

(1) una de las más famosas naciones ó tribus, una de las mas nume- 
rosas, la más valiente, la más fuerte y la más guerrera que habitaba el 
Chaco, casi en frente de la Asunción. Los tobas eran sus compañe- 
ros y aliados. ' 

(2) Nombre del cacique que los mandaba y son los actuales pampas y 
puelches j etc . disputaron el terreno á los fundadores de Buenos Aires con 
un valor, una constancia admirable, al estremo de verse obligados, 
después de pérdidas considerables, á abandonar el puerto. A la segun- 
da vez que se fundara esa ciudad, no pudieron aquellos indios resistir 
á la fuerte caballería de que ya disponía y tuvieron que retirarse al Sur 
donde permanecieron durante muchos años hostilizando á toda la cam- 
paña. 

(3) Sobre la despoblación de Buenos Airef* no están contentes los his- . 
toriadores entre si, pues unos dicen que Irala pasó á Buenos Aires con 
el objeto de llevar á la Asunción cuanto existia en aquella ciudad, dejan- 
do en su lugar á Garcia Yenegas para el mando del Paraguay; otros que 
despachó á Diego de Abreu con algunas embarcaciones para efectuar 
esa operación. Aun en las fechas hay divergencia de opiniones. Asi es 
que sentimos no poder garantir la veracidad délas mismas. 



GOBERNANTES 7 

quienes un naufrajio llevó á ese puerto, llamados Pedro 
Antonio de Aquino, Tomas Risso - y Bautista Troche, 
cuyas familias se estendieron después por toda la pro- 
vincia del Paraguay. 

De los 3000 y más hombres que hablan venido de Es- 
paña, cuando se pasó revista, solo se encontró dicho nú- 
mero de 600, á cada uno de ellos se repartió un terreno 
para edificar casa y tierras para cultivar, circuvalando 
todo el recinto con una estacada para resguardarse de 
los bárbaros. Empezóse á construir el templo, y como 
era humilde su arquitectura á la par que la de las casas, 
se les dióeima con bastante brevedad. 

Apenas habia conseguido Irala la reducción y pacifi- 
cación de los pueblos de Ibitiruzú, Tebicuarí, Monday.y 
otros del rio Paraguay arriba, se conjuraron los guara- 
níes (1) para deshacerse de los españoles, á quienes odia- 
ban, concluyendo con todos, por su conducta violenta y 
aun tiránica. Para ejecutar su plan infernal, fijaron la 
noche del jueves santo de 1540, á la hora de la procesión. 
Una india que vivia con el capitán Salazar previno á este 
del peligro que corrían los españoles é inmediatamente se 
comunicó la noticia a Irala, quien, con el pretesto de com- 
binar algún plan para oponerse ala invasión del común 
enemigo, llamó ásu presencia á los caciques y otrqs in- 
dios de suposición. Todos concurrieron presurosos, 
tnuy ágenos de lo que les esperaba, y á medida que iban 

(1) La nación gnarani estaba por todas partes dividida en muy peque- 
ñas sociedades ú hordas, independientes unas de otras, y cada una con 
diferente nombre, tomado del cacique ó del parage donde habitaba. Los 
conquistadores dieron el nombre de guarani ¿ todas las tribus que 
▼ivian sobre la costa de un rio, ó en algún distrito, como mbayaes, csr 
racaráes, timbúes, tucaquées, calchaquies, quiloazas, carios, mangólas, 
tatines, tarcis, bomboyes, curupaities, curumayes/ guaicurúes, tapes, chiri- 
guanos, los mismos guaranies y otros. La lengua guarani se estendió 
admirablemente por un territorio inmenso poseido por portugueses, fran- 
ceses y espafioles. 



y 



8 DEL PARAGUAY 

llegando se les echaban en prisiones quedando incomu- 
nicados. Luego que los tuvo presos á todos, los sometió á 
un breve interrogatorio, aplicando el tormento á algunos, 
hasta conseguir la confesión del plan que meditaban, con 
lo cual, los cabezas fueron sentenciados á muerte y ahor- 
cados, y sus cadáveres espuestos en seguida á la pública 
espectacion, para escarmiento de los demás, á quienes 
Irala perdonó mandándolos poner en libertad. 

Este acto de severa justicia hizo que Irala fuese temido 
de indios y españoles, pero no faltaron algunos que, desa- 
probando su conducta y calificándola de despótica, salie- 
ron huidos de la Asunción con la intención de^epresen- 
tar sus quejas ante el rey. No les faltó buque en que 
hacer su viage, el que emprendieron hasta llegar á la 
isla de Santa Catalina, donde se encontraron (1541) casual- 
mente con — 



1542.1544— IV. "ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA, 

adelantado, provisto para el gobierno del Rio de la Plata 
en virtud de capitulación hecha con el rey en 18 de náarzo 
de 1540, y cuyas cláusulas principales eran: no permitir 
letrados ni procuradores, porque la esperiencia»habia de- 
mostrado que esas profesiones ocasionaban diferencias y 
pleito^, originándose discordias mortales y odios impla- 
cables: repartimiento de tierras á perpetuidad á los que 
las hubiesen poseido cinco años cumplidos: facultad á los 
españoles para tratar y contratar libremente con- los in- 
dios: libertad á los vecinos de las provincias del Rio de la 
Plata para volver á España, sin necesidad de permiso del 
rey: elección de alcaldes ordinarios que pudieran conocer 
en los casos de hermandad: apelación de los tenientes al 
gobernador de la provincia y remisión de las resoluciones 
de este al consejo: apelación en las causas criminales an - 
te el consejo,observándose el derecho y las leyes de Cas- 
tilla; pero en las civiles de 2000 pesos 6 mayor cantidad. 



GOBERNANTES 9 * 

otorgándose las apelaciones: recusados los jueces en cual- . 
quiera causa, deberse acompañar conforme á la ley: seña- 
lamiento de ejidos á todos los vecinos siendo comunes los 
usos de los rios: no ejecutarse á nadie, por el espacio 
de cuatro años, por deudas reales, no debiendo los veci- 
nos pagar por Qiez años el derecho de almojarifazgo, ni 

otro derecho en cinco años, etc. 

Bajo esas condiciones, el adelantado emprendió su 
viage con 400 hombres, 46 caballos y 5 embarcacio- 
nes, saliendo de San Lúcar de Barrameda el 2 de 

• 

noviembre^de 1540 y llegó, al territorio de la Cananea, 
cerca de la costa del Brasil, á 37 leguas de San Vicente, 
del cual ^omó posesión en nombre del rey de España. 
Pasó en seguida ala isla de Santa Catalina, en la misma 
•costa, de la que también tomó posesión, el 29 de marzo 
del año siguiente; habiendo permanecido en ella siete 
meses. 

Con el fin de llegar á su destino cuanto antes y hallar- 
se más desembarazado, despachó desde la referida isla, 
por agua, á los inválidos y á las mugeres á cargo de Fe- 
lipe deCácerescon 150 hombres al Rio de la Plata, dejan- 
do las dos naves gruesas que llevaba en* San Grabiel y 
pasando con las otras tres al Paraguay, y el adelantado 
emprendió (8 de octubre de 1541) el viage á la Asunción 
por tierra con los hombres de armas llevar y 26 caballos, 
únicos que sobrevivieron de los 46 que se trageron de 
España. Pasó por los territorios guaraníticos, de cuyas 
tribus recibió toda clase de obsequios y tomando po- 
SjBsion del país lo denominó provincia de Vera. En di- 
ciembre llegó al rio Curitiva ó Iguazü, encaminándose en 
seguida al rio Tibajiba, Ubay y Piquiri, desde donde des- 
pidió á los indios que de Santa Catalina traia en clase de 
guias. Al fin, el 11 de marzo de 1542, entró en la ciudad 
de la Asunción, acompañado de sus principales vecinosy 
del gobernador Irala, que habia salido á su encuentro. 



10 DEL PARAGUAY 

Exhibidos su^ títulos y hallados en regla, Irala le entre- 
gó el bastón el mismo dia manifestándose todo el pueblo 
dispuesto á obedecerle y acatarle, quedando el mismo 
Irala reconocido como segundo del adelantado. 

Lo primero que hizo Alvar Nuñez al fallarse en po- 
sesión del poder fué despachar al capitán Diego de Abreu 
con víveres de toda clase parajos que de Santa Catalina 
venian por agua, habiendo sido socorridos con toda 
oportunidad cerca de Corrientes, y al siguiente mes (abril) 
llegaron con felicidad á la Asunción, no sin haber antes 
esperimentadó numerosos sinsabores. 

El adelantado desde el principio de su gobierno, empe- 
zó á tener reyertas con sus subalternos y compañeros de 
' viage. Cáceros, á quien el rey habia acordado empleo de 
regidor, tuvo una acalorada disputa que escandalizó ala 
población, por haberse negado á darle posesión del car-, 
go. Esta desinteligencia tuvo sns cpnsecuencias, según se 
verá mas adelante. 



* » 



El ejemplo que daban los conquistadores no era el más 
edificante; así fué que los indios pusieron en juego sus 
hábitos salvajes*, matando los guaicurúes á algunos espa- 
ñoles y guaraníes que se hallaban trabajando en las cer- 
canías de la Asunción. Este acto bárbaro no quQdó impu- 
ne, pues fueron sorprendidos y castigados, haciéndose un 
gran numero de prisioneros y consiguiéndose otras ven- 
tajas. 

En cumplimiento de la orden que traia Nuñez de bus- 
car camino para comunicar con el Perú, confió esta conw- 
sion aírala, quien partió en tres bergantines con 90 espa- 
ñoles y 800 guaraníes que tomó de los pueblos delpané, 
Guarambaré y Atira. Desde el punto denominado Pí^dro^ 
Partidas á los 22o 34', hizo marchar á los indios hacia el 
oeste, bajo las órdenes del cacique Aracaré, con tres espa- 
ñoles, y él continuó su navegación rio arriba. Al cabo de 



GOBERNANTES 11 

algunos dias Aracaré se retiró por temor de los indios del * 
Chaco, circunstancia que hizo fracasar la ^empresa por 
aquel lado. 

Sin embargo, Irala llegó (6 de enero de 1543) á los 17© 
57' de latitud, anclando en la Laguna Yaibá, á que nom- 
bró Puerto de los Reyes, á causa del dia de su arribo; 
desembarcó internándose- en el país y después de recibir 
informes, á los cuatro dias volyió á aquel puerto, donde 
encontró una canoa que le llevaba orden superior para 
ahorcar al cacique Aracaré, por su falta de haberse reti- 
rado. Ejecutada dicha orden, Iralá regresó felizmente á 
la Asunción, donde ée encontró con la triste nueva de ha- 
ber, c(5mo á las dos de la mañana del 4 de febrero (1543) 
esperimentado tan feroz incendio, que redujo á ceni- 
zas la mayor parte de la ciudad, cuya circunstancia 
aterrorizó tanto al adelantado que lo atribuyó á artificios 
de los indios é hizo .tocar alarma. Presto se supo que 
era casual; y sin embargo los españoles se hallaban ame- 
nazados de gran peligro del que se apercibieran por las 
llamas del incendio, habiéndose conjurado mediante las 
oportunas y acertadas medidas que se pusieron en prác- 
tica. 






Otro de los puntos importantes á que el adelantado 
consideró deber prestar su atención preferente, fué la pa- 
cificación de los indios, y lo consiguió celebrando capitu- 
laciones satisfactorias con tres caciques principales; pero 
hubo que emplear las arnjas para someter á la provincia 
de Ipané, cuyo cacique Taberé se había amotinado para 
vengar la muerte de su hermano el cacique Aracaré. 

En consecuencia, el adelantado preparó un ejército 4 
cuya cabeza puso á Irala y bajo sus órdenes otros fa- 
mosos capitanes como Alonso deRiquelme, Rui Diaz 
Melgarejo y Juan Camargo. El general Irala propuso la 
paz á Taberé, quien, furioso por la muerte de su hermano, 



12 DEL PARAGUAY 

• no quiso oir condiciones y se preparó á la guerra con 
encarnizamiento. En una sangrienta batalla que tuvo 
lugar el !<>. d6 mayo, (1543) Irala quedó victorioso, aun- 
que á costa de inmenso sacrificio de vidas, consiguiéndose 
empero la sumisión de Taberé con todos sus indios. 

En vista de los informes de Irala, el adelantado resol- 
vió ir en persona á buscar un camino para el Perú, á la 
cabeza de una espedicion. Después de algunos cambios 
en los empleados de la administración de hacienda, anu- 
lando los nombramientos hechos por el rey, la espedicion, 
compuesta de 400 españoles, arcabuceros y ballesteros, 
12 caballos y 200 indios auxiliares de Taberé, con 10 ber- 
gantines y 120 canoas, el 8 de setiembre (1543) partió de 
la Asunción en dos divisiones, por agua una y por tierra 
la otra, hasta el monte de San Fernando, á los 21<> 22' de 
latitud, donde se embarcó toda la gente reunida. 

Durante la navegación, algunos indios guasarapas 
sorprendieron al último bergantín matando seis hombres 
pero al fin arribaron al puerto de los Reyes. En este 
punto se presentaron con disposiciones pacíficas los indios 
orejones, cacocis, chanaes y guaraníes, cuyos servicios 
ofrecidos fueron aceptados. Irala, en el acto, despachó 
'dos españoles or>n algunos orejones, quienes volvieron al 
cabo de ocho dias con la notícia de haber llegado al país 
de los jarayes, que era un terreno enteramente inundado. 
El comandante, con 300 españoles y víveres para 20 dias 
emprendió su marcha (26 de noviembre) tomando la di- 
rección del oeste por entre los bosques. 

* 

Después de sus campañas con los jarayes, por quienes 
los españoles fueron bien tratados y obsequiados, tuvo 
que regresar á causa de haberse enfermado la mitad de 
la gente por el hambre y por el agua corrompida que be- 
bieron durante los 30 dias que dur^ el viage. Sin embar- 
go durante esta espedicion, tomó posesión del alto Para- 
guay á nombre del rey de España. 



* GOBERNANTES 13 

El adelantado habda impuesto pena de la vida & cual- 
quier individuo que desembarcase y ordenado la prisión 
del general Hernando de Rivera, que los mandaba, y aun 
dispuso su ejecución en una horca. La tropa, que 
habia sido despojada de todo el botin adquirido en la guer- 
ra con los indios, en vista de la prisión de sugefeydel 
trágico fin á que se le quería destinar, se sublevó y exigió 
la inmediata soltura y libertad de Rivera y la restitución de 
lo que se les habia quitado. La actitud de las tropas era 
tan imponente y tan decisiva que Alvar Nuñez no pudo 
menos que acceder á su exigencia, llegando á contempo- 
rizar con los soldados y su comandante, quien le satisfizo 
sobretodos los detalles de la campaña. 

Algo enfermo y desazonado por la anarquía é insubor- 
dinación que iba tomando cuerpo, Alvar Nuñez regresó 
á la Asunción (8 de abril de 1544), encerrándose en su 
casa^ sin querer oir quejas ni dejarse ver de nadie, por 
haberse agravado su enfermedad. Al fin, estalló una cons- 
piración, movida por el mismo írala y encabezada por el 
contador Felipe deCáceres, el veedor Alonso de Cabrera, 
Francisco de Mendoza y Garcia Venegas. En la noche 
del 25 del mismo mes, entraron los conjurados, en número 
de 200 hombres, en su casa, y á la voz d^ Libertad^ viva 
el rey^ se apoderaron por sorpresa de su persona y lo 
conservaron preso durante diez meses con dos pares de 
grillos en un cuarto sin luz. El principal motor de tan 
injusta prisión y vejaciones fué el contador Cáceres. 

Los conquistadores no eran aun dueños absolutos, ni 
seguros, de la tierra que pisaban, y ya se habia introdu- 
cido entre ellos el germen «de la discordia, aunque en ver- 
dad, nunca se habia separado de ellos desde el principio 
de la conquista. Desde entonces el Paraguay empezó á 
recoger «1 fruto de aquel árbol corrompido, como el lector 
tendrá ocasión de vertnas adelante. 

Alvar Nuñez sufrió un juicio que duró ocho años y fué 



14 DEL PARAGUAY 

desterrado á África: mas tarde se le absolvió é indemni- 
zó con una pensión y un empleo. 

Apenas instalaron en su prisión á Alvar Nuñez, se 
procedió á la elección de nuevo gobernador y recayó en 
la persona de Iralá. 



V. CAPITÁN JUAN DE SALAZAR ESPINOSA, ' 
interino, durante la campaña del adelantado Cabeza de 
Vaca, de setiembre de 1543 á abril de 1544. 

Estando en la prisión el adelantado, ideó nombrar por su 
teniente á Juan de Salazar, figurándose que si este queria 
con sus partidarios podría sacarle de la cárcel; pero Sala- 
zar no quiso darle libertad hasta después que él se hubie- 
se embarcado. Entonces Alvar Nuñez dijo en voz alta 
que dejaba por su lugarteniente en nombre del rey al ca- 
pitán Salazar. 

Embarcado el adelantado y ya en marcha la caravela 
qi;e lo conduela, Salazar convocó secretamente á sus ami- 
gos para apoderarse del mando en propiedad, y apesar de 
toda su resistencia para conservarse en el poder, Irala 
consiguió apoderarse de su persona, haciéndole rema- 
char un par de grillos, en su propia casa. Formósele 
proceso por perturbador del orden público y se le despa- 
chó con otro, para ante el Consejo de Indias, á cargo de 
Nuflo de Chaves. Entre los presos igualmente remitidos 
á España iba Rui Diaz . Melgarejo, cuya separación del 
Paraguay era un bien, por ser hombre cruel, revoltoso y 
amigo de cometer todo linage de herejías sin respetar 
condición, edad ni sexo. Con los indios fué inhumano 
hasta el esceso, pues se complacía en sacarles los ojos 
cortarles la cabeza, manos, brazos y narices, haciéndoles 
la guerra á sangre y fuego . 

VI. DON FRACISCO DE MENDOZA, interino du- 
rante, la campaña de Irala contra los guaicurúes en 1543. 



^ GOBERNANTES 15 

La ausencia dé Irala dio brios á los agaces para ten- 
tar una entrada en la ciudad de la Asunción por fuerza 
y destruirla. Lo intentaron, en efecto, pero fueron 
sentidos y rechazados, contentándose con cautivar mu- 
geres y ahuyentar á los labradores de la comarca. 

Como hacia mas de un ano que habia salido Irala de la 
Asunción siguiendo las pisadas de Juan de Ayolas, sin 
saberse nada de él, comenzaron algunos á dudar si le 
habría sucedido lo que á dicho Ayolas; esto es que le hu- 
biesen muerto, en cuyo caso era necesario elegjr otro gefe. 
Estas voces cobraron cuerpo, hasta hubo quien aconseja- 
ra á Mendoza, que ya se estaba en el caso de^ elección, 
y que reuniese á los españoles para hacerla no pudiéndose 
dudar que saldría á su favor, sin que sus parientes en 
España consiguieran la real conformación. Mendoza acep- 
tó la indicación sometiéndola al Cabildo secular, el cual 
contestó no debía pasarse á la elección que proponia hasta 
constar debidamente que Irala habia muerto, renunciado, 
6 que se hallaba imposibilitado de volver. No hizo caso 
Mendoza de este acuerdo, y mandó por un bando que con- 
curriesen los españoles á hacerla elección de gobernador, 
señalando el parage, el dia y la hora. Viendo esto Diego 
de Abreu, intrigó con sus amigos, que eran numerosos; 
y llegado el caso, salió electo con mas votos que Mendoza. 

No bien entregó el bastón á su sucesor, cuando mal 
aconsejado volvió sobre sus pasos y declarando por nula 
la elección sosteniendo el dictamen que le habia dado el 
Cabildo secular antes de votar, se resistió á reconocer á 
Abreu por gobernador. Su resistencia tuvo corta dura- 
ción, pues al ñn fué vencido, procesado por perturbador 
público y sentenciado á ser decapitado. Apeló al rey de 
esa .sentencia, pero fué confirmada. 

Estando en el cadalso para ser ejecutado, confesó que 
el castigo que iba á recibir era bien merecido, no por la 
falta que motivaba su sentencia, sino porque en tal dia 
como aquel en que se ajusticiaba, quitó la vida, en Espa- 



16 DEL PARAGUAY 

ña á SU legítima esposa y á un capellán compadre suyo 
con todos sus criados, por leves indicios y falsas sospe- 
chas deque los dos mancillaban su honor con ilícita comu- 
nicación. 



1544-1557— VIL DON DOMINGO MARTÍNEZ DE 
IRALA. Al dia siguiente (26 de abril de 1544) de la pri- 
sión del adelantado Cabeza de Vaca, los conjurados se 
presentaron á la puerta de la casa de Irala repitiendo los 
gritos de ¡Libertad! ¡Libertad! y, procediendo en segui- 
da á la elección de gobernador, recayó, como era de es- 
perarse, puesto que todo estaba preparado para que diera 
ese resultado, en el mismo Irala, quien en el acto se reci- 
bió del cargo, á pesar de haberse fingido enfermo para no 
aparecer complicado en la conjuración que derrocó á 
Alvar Nuñez.^ El autor de \s,Argentinay con el fin de jus- 
tificar á su abuelo materno de tan fea falta, le hace apa- 
recer enfermo. 

No pasó mucho tiempo sin que la vida del gobernador 
Irala se viera en peligro, á ?ausa de una conjuración, 
que felizmente fué descubierta en oportunidad y los ca- 
bezas de ella ejecutados á garrote. Con tan justo como 
eficaz castigo, consigió restablecer el orden y tranquilidad 
amenazados y pudo continuar su gobierno con aparente 
sosiego y á satisfacción de uno de los dos partidos en 
que se dividía la Asunción. Pues enviado el adelantado 
á España, dividióse la población en iralistas y alvaristas. 
Esta anarquía agradó mucho á los indios porque veían 
en ella el momento propicio para el aniquilamiento de los 
españoles, que era cuanto deseaban, y la esperanza de 
recuperar su libertad é independencia. 

Apercibidos los conquistadores de la ruina que se esta- 
ban labrando, buscaron la fusión de los partidos, aunque 
fuese aparente, y la unión y alianza délos mismos indios 
que se hablan sublevado, imitando el ejemplo que les 
daban sus dominadores. 



GOBERNANTES 17 

A fin de tener la tropa adicta á su persona y poder 
continuaren el gobierno, Irala les permítia toda clase de 
escesos, hasta que condolido el capitán Juan Camargo de 
la pobre condición de los indios propuso el repartimiento 
de tierras en encomiendas, con lo que los españoles que- * 
darian premiados y defendidos los indios. El ambicioso 
Irala, tomando este requirimiento por un ultrage á su 
autoridad, le mandó dar garrote con otro amigo suyo. 
Este acto despótico hizo sublevar contra sí á sus mismos 
parciales, á quienes Irala ofreció lo que poco antes con- 
sideraba un ultrage de parte del desgraciado Camargo, 
pero que tampoco pensaba cumplir. 

Con el objeto de tener á la gente distraída de alguna 
tentativa contra su gobierno, Irala desarmó á los sospe- 
chosos y emprendió una campaña como á 30 leguas de la 
Asunción, dejando en el mando de la ciudad, contra la 
opinión de todos, al contador Felipe de Cáceres, en 1546. 






En febrero de dicho año, Irala trató de emprender de 
nuevo el descubrimiento, interrumpido en junio del año 
anterior en la tierra de los Jarayes,»que es lo que hoy 
se conoce por Mato Groso, pero no pudo llevarlo á cabo 
por la grande oposición que le hicieron sus gefes subal- 
ternos. Desistió de hacer la campaña personalmente, des- 
pachando al capitán Nuflo de Chaves, quien, en octubre 
del mismo año, partió con 50 españoles y 3000 indios 
amigos, y desde el puerto de San Femando se internó en 
la tierra de los mbayáes, (1) á los que sometió sin oposi- 
ción alguna y sin perder un solo hombre, regresando en 

(1) Los mbayáes habitaban entonce^el Chaco, entre los 20 y 22 grados 

de latitud, y conocidos por los indios machicuys y los enimagos por la 

nación tajacmich y guaiguillet. En 1761 atacaron, matando á muchos 

guaraníes, el puelo jesuítico Santa María de la F¿¡ situado á los 22® 5' de 

latitud, cerca del rio Paraguay, fundado en 1592 y abandonado en dicho 

año. Destruyeron en seguida la ciudad de Jerez y se enseñorearon más 

tarde de toda la provincia de Itati, desde los 24*> 27' de latitud, sobre el 

3 



18 DEL PARAGUAY 

diciembre á la Asunción. Por este tiempo, .llegó una 
carabela con disposiciones del rey prohibiendo empren- 
der otros descubrimientos hasta nueva orden. A pe- 
sar de dar publicidad á este real mandato á voz de pre- 
gonero, como entonces se acostumbraba, lejos de darle 
cumplimiento, continuó sus entradas á los indios bajo 
varios pretestos y aun suprimió toda correspondencia 
epistolar, á fin de poder obrar con toda libertad. No habia 
ya seguridad para las personas, ni para sus bienes; todo 
era escandalosamente tolerado porlrala, siempre que sus 
amigos fueran los perpetradores del desorden. 

Al año siguiente (julio de 1547), Irala emprendió nueva 
campaña, con el objeto de abrir comunicación con el 
Perú. Para el efecto^ convocó á todos los que voluntaria- 
mente quisieran acompañarle, y entresacando 250 espa- 
ñoles, entre ellos 27 ginetes, con los únicos caballos que 
ala sazón existian, á los que se agregaron 2000 indios 
guaraníes, en estado de servir, se puso a la cabeza de 
ellos, llevando consigo á los capitanes Gonzalo de Men- 
doza, Miguel de Rutia, Nuflo de Chaves, Agustin de 
Campos, Felipe de Cáceres, y partió de la Asunción en 
noviembre. Antes «de salir, dejó eii esa ciudad una 
fuerte guarnición y de gobernador interino á Francisco 
de Mendoza. En el monte de San Fernando, distante, 
como 92 leguas de la Asunción, dividió su gente, de- 
jando una pequeña parte en dicho monte, para ase- 
gurar el puerto, haciendo regresar otra parte á la capital, 
y con el resto atravesó el Chaco y el territorio de Chi- 
quitos (agosto de 1548), después de haber esperimen- 

rio Jejai, prolongándose toda e^a por el norte hasta la laguna de los 
Jarayes. Por esta estension de territorio de que quedaron dueños abso- 
lutos, cambiaron todos los nombres, causando y mayor confusión 
en la geografía y demarcación de limites, llamando, por ejemplo, Apa y 
Aquidaban á los ríos antiguamente conocidos con los nombres de OorrienUs 
y Piray; Agaguigo^ al distrito antes conocido por Ptíim, Piray é Itaü; 
Itapueú'Ouagú^ ¿ lo que antiguamente se llamaba Monte de San í^emandoi 
Ouadti¿, al río antes Ouasarapo, etc. 



Sí» 



GOBERNANTES 19 

tado increíbles fatigas y terribles batallas con los yaperúes 
y mbayáes con abundante derramamiento de sangre por 
su manifiesta perfidia, repartiéndose los prisioneros he- 
chos, que eran numerosos, entre todos los españoles. 

* 

Allí se confirmóla noticia, que ya se tenia, de la existen- 
cia de muchas minas de plata en las sierras de los Car- 
caxas (Potosí) que es lo que después se conoció por 
Charcas. En seguida, pasó el rio Guapay ó Madera, y 
á las cuatro leguas encontró la ranchería de los machea- 
sis, indios reducidos que pertenecían al capitán Pedro 
Anzures ó Peranzures Enriquez de Campo Redondo, uno 
de los conquistadores del Perú y fundador de la Plata ó 
Chuquisaca en 1538. Por estos indios, Irala vino en cono- 
cimiento de que el Perú se hallaba en revolución, cir- 
cunstancia que le obligó ¿detener allí su marcha. No bien 
hizo alto, cuando el licenciado Pedro de la Gasea, que á 
la sazón gobernaba en calidad de virey del Perú, á quien 
por cartas que tenia del mismo obispo y de otros vecinos 
respestables de la Asunción, sabia se dirijiaáLima un 
ejército bien armado y sin intención de volver al punto de 
su partida, y aun formulando quejas d^ su mal proceder 
en el Paraguay, al tener noticias de la llegada de un ejér- 
cito del mismo punto, cuyas, intenciones eran desconoci- 
das, escribió á Irala prohibiéndole, so pena de la vida, dar 
un paso adelante sin nueva orden suya. Irala por medio de 
los cuatro enviados Nuflo de Chaves, Miguel de Rutia, 
Pedro de Oñate y Rui Garcia de Mosquera — estos últimos 
dos se quedaron en Chuquisaca— contestó que, lejos de 
ser hostiles sus intenciones, ofrecía el ejército de su man- 
do áLa Gasea para el servicio del rey. Este agradeció el 
ofrecimiento, pero repitió su primera intimación, y aun se- 
cretamente confirió el gobierno del Rio de la Plata y del 
Paraguay al capitán Diego Centeno, famoso por sus haza- 
ñas en el Perú, durante la guerra con Gonzalo Pizarro. 
El virey La Gasea informó de todo al rey, quien, como 



20 DEL PARAGUAY 

diez y ocho años mas tarde, aprobó lo practicado por 
aquel, autorizándole á obrar como mejor considerase con- 
venir, según se verá por la carta del rey en respuesta, que 
damos á continuación: — 

"Cuanto á lo que decis, que habiendo tenido por nueva 
cierta que venian 300 hombres del rio del Paraguay del 
Plata, sin saber cosa cierta si venian á proseguir la con- 
quista de los moros que tenia á su cargo Nuflo de Cha- 
ves, ó á esa tierra que pretendian ser en derecha conquis- 
ta bien armados y sin esperanzas de volver donde salian, 

. procurasteis que cesase su venida, y que así por ahora ha 
cesado, y el obispo y otros vecinos del Paraguay os han 
escrito pidiéndoos justicia porque la tienen, y que á causa 
de se os haber acortado el distrito, que no llega allá con 
200 leguas, no habéis pro vei do nada hasta que pomos se 
os mandólo debéis hacer; y porque habréis visto por la 
provisión que se os ha enviado á aquellas provincias las 
habemos mandado poner debajo del distrito de esa au- 
diencia, vosotros de aqui adelante podréis proveer lo que 
os pareciere y viereis que mas convenga á nuestro servi- 
cio y bien de aquella tierra. Del Bosque de Segovia á 
primeros de octubre de 1566. Yo el Rey — Por mandado 
de Su Magestad: Francisco de Herasso — Corregido con su 
original — Juan Babtista de la Gasea." 
Sin embargo, Gonzalo Pizarro no logró el gobierno de 

* la provincia del Paraguay por haber muerto envenenado 
en el mismo año 1548. El propio fin cupo al conductor de 
la noticia del nombramiento del sucesor de Irala. 

Este, que habia dispuesto esperar el regreso de los 
enviados, resolvió levantar su campamento y regresar al 
Paraguay; pero oponiéndose los gefes á tal determinación, 
le depusieron (10 de noviembre de 1548) sustituyén- 
dole por el capitán Gonzalo de Mendoza, quien, á pesar de 
su fuerte resistencia, fué compelido á admitir el mando. 
Los indios aprovechando la desunión de los españoles, los 
atacaron, habiendo conseguido, por lo menos, la ventaja 



GOBERNANTES 21 

% 

de disminuir su número matando muchos de ellos. 
A principios de marzo de 1549, dio el ejército su vuelta 
al puerto de San Fernando, donde se tuvo noticias de la 
anarquía que reinaba en la Asunción entre Abreu y Fran- 
cisco de Mendoza, á quien Irala habia dejado de goberna- 
dor interino, á la muerte de éste. Se supo igualmente 
que Abreu se preparaba á resistir la entrada del ejército, 
por lo que, reaccionando éste, volvió á dar el mando á 
Irala, depues de haber esperimentado numerosas y varia- 
das peripecias. 

De San Fernando partió el ejército á la Asunción, don 
de entró sin ninguna oposición, con escepcion de Abreu 
que se negó á hacer entrega del bastón de m|indo á Irala. 

Este procedió en seguida contra Abreu y los que le 
sostenían, según se verá en su lugar correspondiente. 

Nuflo de Chaves, que, como ya se dijo, habia sido comi- 
sionado por Irala cerca del licenciado La Gasea, regresó 
al Paraguay, con cuatro capitanes y cuarenta soldados, 
conduciendo el primer ganado ovejuno y de cabrio que se 
introdujo en el Paraguay, en 1550. En cuanto al vacuno, 
los hidalgos portugueses Escipion y Vicente de Goes, her- 
manos, hijos de don Luis Goes, fueron los primeros que 
lo introdujeron en el Paraguay, trayendo siete vacas y un 
toro que vinieron á procrear la multitud de ganado que 
actualmente puebla las campañas del Rio de la Plata. 

Dueño * absoluto del Paraguay y vencidos todos sus 
enemigos, Irala descubrió una conjuración contra su vida 
encabezada por el capitán Miguel de Rutia y el sargento 
Juan Delgado, los cuales fueron públicamente ejecutados 
y sus cómplices perdonados. 






Habiendo llegado á la Asunción (agosto de 1551) Cris- 
tóbal de Saavedra, con cinco ildividuos mas, que venían 
de la isla de Santa Catalina, trayendo la noticia del nom- 



22 DEL PARAGUAY 

bramiento de Diego de Sanabrla para gobernador, (1) 
Irala envió á N. de Chaves, con alguna gente, para reci- 
birle V conducirle, mas no se hallaba allí. Más tarde 
(febrero de 1552), volvió á mandar y tampoco se supo 
nada de él; pero el !<> de mayo llegó á la Asunción Her- 
nando de Salazar con treinta compañeros,, habiendo pasa- 
. do por el rio Itabucá hast^ el Hubay, dejaquí rio abajo,* 
hasta llegar al Paraná, de donde siguió por tierra 
hasta la capital, con la noticia de haberse perdido los na- 
vios que entraron en el puerto de Santa Catalina. Cansa- 
do de esperar pronto socorro, Irala determinó (18 de enero 
de 1553) salir, como en efecto salió de la Asunción con 130 
ginetes y 2000 indios, dejando de gobernador interino á 
Felipe de C^ceres; y habiendo andado treinta leguas rio 
arriba, tuvo aviso de que Abreu, con gente armada, se 
lanzó sobre la ciudad. 

Inmediatamente volvió con veinte hombres y después de 
imponer severos castigos y prisiones, emprendió de nue- 
vo su camino hasta llegar al' pueblo de los mbayáes, 
que encontró despoblado, por el terror que á sus mora- 
dores inspiraban los conquistadores. Desde aquel pun- 
to, despachó una vanguardia de veinte ginetes, al mando 
de Chaves, á cuatro jornadas adelante, hasta el pueblo 
de los ayeteneos, que también encontró despoblado, 
y destruido por los naperúes. Consumida» la provisión 
que llevaba, Irala regresó, separándose con 30 hooi- 

^1) Apenas había llegado en calidad de preso, Alvar Nuñez, se confir- 
mó el mando del Bio de la Plata á Jaime Besquin, uno de los principales 
autores de su prisión y que lo habia llevado á España. En efecto, se em- 
barcó, mas se vio obligado á anúbar al mismo puerto; lo que proporcio- 
nó al doctor Juan de Sanabria tiempo suficiente para intrigar, á fin de 
obtener aquel gobierno, habiéndolo conseguido por ofrecer mayores 
ventajas. En consecuencia, inició sus preparativos que la muerte le 
impidió concluir, continuándolos su hijo don Diego. Este reunió algu- 
na gente y municiones, confiando todo ¿ Salazar, quien Uegó ala Asun- 
ción con sus treinta agentes, á principios de 1553, es decir, como ocho 
años después de haber Nuñez dejado de ser gobernador. 



GOBERNANTES 23 

bres, y llegando á la provincia de Itatin, de la que tomó 
posesión, sin ninguna resistencia. 

Después de haber alcanzado señaladas victorias sobre 
los indios, como la que habia obtenido el 1°. de noviem- 
are de 1552; ayudado al cacique Guaira contra los in- 
^dios tupies, Irala volvió prendado de la buena calidad que 
observara en las tierras de la provincia de Guaira, en- 
trando en setiembre de 1553 en la Asunción, donde fué 
bien recibido. 

La circunstancia de haberse enamorado de las tierras 
de Guaira, animó á Irala, fundar en ellas un pueblo» 
comisionando al efecto al capitán Garcia Rodríguez de 
Vergara con sesenta soldados y todo lo necesario. Partió 
éste en 1554 y fundó la villa de Ontiveros, trasladada 
más tarde á Ciudad Real, la cual quedó, como toda la 
provincia arruinada por los mamelucos del Brasil. 

Habiendo preparado una nueva espedicion, despachó(17 
de* octubre de 1554) de vanguardia á Chaves con treinta 
ginetes y con la intención de marchar Irala después; mas 
al partir recibió aviso (2 de junio de 1555), por via de Sah 
Vicente, de Bartolomé Justiniano, de haber sido nombra- 
do gobernador en jiropiedad; y al año siguiente llegó al 
puerto de la Asunción una escuadrilla al mando del gene- 
ral Martin de Orúe, conduciendo al obispo La Torre y los 
despachos de gobernador para el general Irala. 

* * 
Los conquistadores hicieron con Irala lo que éste ha- 
bia practicado con su antecesor. No obstante, su go- 
bierno, á pesar de haber tenido que luchar con las faccio- 
nes, para afirmar su autoridad, fué el más próspero y la 
provincia le debe mucho. Entre otros beneficios, le debe 
el edificio de la primera iglesia, que es hoy la catedral del 
obispado, de cuyo primer obispo recibió la confirmación 
de su nombramiento la víspera del domingo de Ramos del 
año de 1556. Espidió, para el gobierno de la provincia, 
unos reglamentos estableciendo el sistema de encomien - 



24 DEL PARAGUAY 

das, (2) que, á pesar de todas la órdenes del rey en sentido 
contrario, prevalecieron por muchos años. Irala era na- 
tural de Vergara, en Guipúzcoa y murió llorado de todos, 
en abril de 1557, á la edad como de 52 años, de resultas 
de una enfermedad que contrajo en Itá, — puerto mas 
antiguo de los indios carios ó guaraníes, vencidos por 
Ayolas en 1536, durante el corte de la madera destinada á 
la terminación de una capilla en la catedral. Irala, como 
diez meses antes de su muerte, tenia la intención de hacer- 
se clérigo. 

» * 
Al momento de la muerte de Irala, Nuflo de Chaves, 
acompañado de trescientos soldado se hallaba navegando, 
por orden del mismo gobernador, hacia el origen del rio 
Paraguay. Reconoció laisla Cumprida, ala quedió el nom- 
bre de los Orejones y en seguida subió hasta la emboca- 
dura del rio Jaurú, que llamó Puerto de Perahanxanesj 
donde dejó sus buques, penetrando por el .país conocido 
hoy por provincia de Chiquitos y Mato Groso. En este 
punto tuvo noticias de la muerte de Irala, por lo que en 
el acto resolvió fundar una nueva provincia independien- 
te del Paraguay. Este proyectó fué desaprobado por casi 
todos sus soldados que le abandonaron volviéndose á la 
Asunción y quedándole á Chaves solo sesenta hombres, 
con cuyo número llegó al rio Guapay. Luego penetró por 
las llanuras de Guelgorigota, dondl encontró á Andrés 

(2) Las conoesiones hechas á los aventareros españoles bajo laantori- 
dad de los adelantados eran todas para la segunda vida, y comprendían 
tierras é indios. Llamábanse Encomiendas, distinguiéndose en encomien 
das de Yamuamas^ 6 de Mitayos, según eran ocupadas por Yanaconas, indios 
convertidos y sometidos ¿ ciertos deberes análogos á los de vasallos en 
Europa, ó por Mitayos, indios salvajes obligados solamente al tributo lla- 
mado Mita^ que consistía en dos meses de servicio personal por año pa- 
ra cada Mitayo. Las encomiendas de Yanaconas eran mas productivas 
y por lo tanto mas solicitadas que las de los Mitayos. A juzgar por los 
resultados, este sistema de colonización era muy superior al empleado 
por los jesuítas, quienes, en ciento cincuenta años, solo fandaron veinte 
establecimientos nuevos. 



GOBERNANTES 



25 



Manso, que venía del Perú con una compañía, para el 
mismo objeto que lo llevaba á Chaves. Esta coincidencia 
de pensamiento enjendró entre ambos una disputa sobre 
el derecho de conquista, que fué resuelto por el virey del 
Perú, pronunciándose en favor de Chaves y declarando 
•dicho país independiente, para el cual nombró gobernador 
á su hijo don García Hurtado de Mendoza. Este perma- 
neció con su padre, enviando á Chaves bajo el título de lu- 
garteniente con tropas y recursos. Chaves volvió de Li- 
ma en 1560 y fundó una ciudad á que puso por nombre 
Santa Cruz de la Sierra, al lado del pueblo de San José, en 
la provincia de Chiquitos, á los 18" 4* de latitud y á los 62° 
24' de longitud, trasferido en 1575 á los 17^ 49' 44" de lati- 
tud y 67o43'.30" de longitud, que es el parage donde actual- 
mentQ se halla situada dicha ciudad. Como no había uni- 
formidad de acción y en todo había anarquía, los habitan tes 
que no estuvieron conformes con esta traslación se divi- 
dieron en dos «fracciones, una de ellas fundó el pueblo de 
San Francisco de Alfaro, y la otra en una barca que cons-, 
tfuyeron, andaban navegando por el Mamoré primero, 
en seguida por el Marañoi^, concluyendo por arribar á Cá- 
diz. Chaves, con su cuñado don Diego de Mendoza, pa- 
saron á buscar sus familias á la Asunción, para llevárse- 
las definitivamente consigo á Santa Cruz. 

García Venegas, fué teniente de tesorero, teniente 
^ gobernador ó delegadl^de Irala, desde marzo de 1541, du- 
rante la ausencia de éste al puerto de Buenos Aires para 
despoblarlo. 

VIII. DON FELIPE DE CÁCERES, interino en 1546. 
Quedó casi solo en el gobierno, pues los particRrios de 
Abreu abandonaron la ciudad yendo á reunirse á éste en 
los bosques de Ibítiruzú. 

En su gobierno, se robaba, mataba y difamaba con 
toda impunidad, y cuando se llegaba á prender á alguno 
por sus demasías, por una puerta entraba en la cárcel y por 



26 DEL PARAGUAY 

otra se le daba libertad, con tal que fuese uno de los pa- 
niaguados del contador Cáceres, sin tener que contar 
sino lo ageno. 

En enero de 1553, quedó nuevamente de interino, du- 
rante la ausencia de Irala á los Itatines: 

IX. DON DIEGO DE ABREÜ, gobernador y capitán 
general electo popularmente en 1550. 

Dueño del campo y triunfante de su rival en el gobierno, 
don Francisco de Mendoza,- despachó una carabela con 
una comisión, compuesta del capitán Alonso de Riquel- 
me, Francisco de Vergara y otros, cerca de la corte, para 
negociar la confirmación de su nombramiento, la cual 
fracasó por contratiempos que esperimentara durante la 
navegación. 

A pesar de considerársele intruso, Abreu se hizo fuerte 
y se negó á entregar á Irala el bastón de gobernador. 
Viéndose éste rechazado, sitiada por Irala l»ciudad, la que 
en el acto se rindió, dejando abandonado á Abreu con muy 
poca gente, y huyendo éste á refugiarse en los bosques. ' 

En seguida proclamaron de nuevo á Irala por goberna- 
dor, hostilizado durante dos años por Abreu que se mante- 
nia habitualmente en las tierras de Ibitiruzú, donde hoy 
se halla Villa Rica del Espíritu Santo, cuyos moradores 
no solo le trataban bien sino que le ayudaban contra Irala. 
Trató éste de someterle por la fuer^*ó atraerlepor la amis- 
tad, sin poder conseguir, ni lo uno ni lo otro. 

Sin embargo, perseguido con tenacidad, Abreu fué al 
fin sorprendido mientras dormiay mull'to de un saetazo. 

Sus secuaces se sometieron y fueron indultados. Su 
,cadáveffué llevado ala Asunción, cuyo espectáculo de- 
sagradó sobre manera. 

X. DON GONZALO DE MENDOZA, teniente general, re- 
cibido interinamente por el Cabildo, en 1557, á consecuen- 
cia de la muerte de Irala, su suegro. 



GOBERNANTES 27 

Consiguió someter á los indios agaces que tanto mo- 
lestaban á los conquistadores con sus continuos asaltos, 
saqueos y matanzas, terminando sus dias el 19 de julio 
de 1558. 

Estaba dispuesto por el rey desde el principio de la con- 
quista, que cuando ocurriera un caso análogo, se proce- 
diera auna elección popular. Asi convocados por el obis- 
po los principales habitantes de la Asunción, obtuvo ma- 
yoría de votos, otro yerno de Irala, el capitán — 

1558-1564— XI. DON FRANCISCO ORTIZ DE VERGARA, 
natural de Sevilla, electo el 22 de julio de 1558. Gobernó 
mas de siete aíios sin hacer saber la vacante al rey, ni al 
virey de Lima, quien tan luego como tuvo noticia de su 
gobierno, lo proveyó en Zarate consultando razones de 
conveniencia más que el bien común. 

Nuflo de Chaves, que habia fundado la ciudad de Santa 
Cruz de la Sierra, de que era lugarteniente nombrado por 
el virey de Lima, desconoció la autoridad de Vergara so- 
bre aquella fundación, declarada indebidamente indepen- 
diente del Paraguay y contribuyendo así á dar origen al 
desorden v confusión mas tarde. 

Sin embargo, Vergara no se amilanó, por el contrario, 
sometió á los indios que en número de 16000, se habian 
sublevado con el objeto de recobrar su libertad. A la ca- 
beza de 500 españoles, 4000 guaraéííes y 400 guaicurúes, 
atacó á los revoltosos -habiendo alcanzado sobre ellos una 
completa victoria el 3 de mayo de 1560. 

Sometió también á los indios del Guaira que se habian 
sublevado, llegando hasta sitiar la ciudad; y consiguió 
apaciguar un levaiTtamiento general de losguar«íes, pro- 
ducido á consecuencia de la crueldad con que sus seño- 
res feudales los trataban. 

Después de estar seis años en posesión del gobierno, 
trató de ir personalmente (1564), por consejo del obispo 
La Torre, ádar cuenta á la Audiencia de Charcas del es- 



38 DEL PARAGUAY 

tado del país y solicitar al mismo tiempo la confirmación 
de su nombramiento. 

Con el proyecto de este viage, coincidió la llegada de 
Nuflo de Chaves, quien de Santa Cruz venia en busca de 
su. familia, para que el obispo, cuyas ideas segma cie- 
gamente el gobernador, persuadiese á éste á partir jun- 
tos. 

El pensamiento de ir personalmente Vergara, á Santa 
Cruz y de allí á Chuquisaca con el objeto de que aquella 
real audiencia confirmase al gobernador en el gobierno, 
fué adoptado principalmente por éste y por el obispo, 
quienes en poco tiempo alistaron mas de 300 españoles, 
entre ellos el gobernador y el obispo, siqte clérigos y frai- 
les, Felipe de Cáceres, Pedre Dorante, Pedro Segura, 
con su muger y su hijo Cristóbal Saavedra, Rui Diaz 
Maldonado y otros, y ademas muchos indios de las en- 
comiendas de los referidos españoles y de los de 
Chaves y de su gente. Nunca se habia vjsto hasta en- 
tonces una espedicion tan numerosa, que, aunque sin 
. objeto de guerra, parecia como si se llevase la idea de 
abandonar el Paraguay. Se dejó mandando en la Asun- 
ción á Juan de Ortega, y en el Guaira á Alonso Riquel- 
me y salió la espedicion, parte embarcada y el resto por 
tierra dirigida toda por Chaves. Este, que deseaba au- 
mentar la gente de su provincia, tuvo la habilidad de ha- 
cer que le siguieran ^I paso muchos indios do Atirá, 
Ipané y Guarambaré y otros de los que aun no estaban 
reducidos, por los 22 grados de latitud. Llegaron ¿jun- 
tarse todos en frente de la laguna de los Guatos. Allí pa- 
saron el rio Paraguay y entraron en la jurisdicción de 
Chaves ^e incluia las provincias de "Chiquitos, Mojos y 
Mato Groso. Después de un contratiempo insignificante, 
todos llegaron á Santa Cruz. Desde aquí el gobernador 
despachó un pliego á la audiencia de Charcas, manifes- 
tando su situación y pidiéndole permiso para presentarse 
en ella. Acordado este, partió con solo 60 españoles, 



GOBERNANTES 29 

dirigiéndose por los llanos de Manso, y torciendo por la 
fontera de Tomina, siguió el camino de Cuzco Toro. 
Llegó con el obispo y su gente á Chuquisaca el año de 
1565, después de algunos encuentros con los chiriguanos, 
que le mataron alguna gente y un mercenario. 

Antes de llegar el gobernador á Chuquisaca, hubo al- 
gunas intrigas para quitarle el gobierno. Así fué que 
cuando el gobernador entabló su solicitud para que la 
audiencia le confirmase en su mando, se presentó Mal- 
donado, como procurador de la provincia del Rio de la 
Plata, haciendo multitud de cargos al gobernador, siendo 
el mayor haber abandonado su provincia. A lo cual con- 
testó éste que habia sido con el fin de solicitar socorros, 
pero le replicó Maldonado que, siendo su único objeto so- 
solicitar la confirmación de su mando, podia haberlo he- 
cho por una representación. Viendo Cáceres con los 
pretendiente al gobierno que la audiencia nada resolvia, 
pasaron á Lima donde reprodugeron los cargos contra 
Ortiz de Vergara ante el gobernador general del Perú, el 
cual quitó el gobierno á dicho Ortiz de Vergara mandán- 
dole fuese á justificarse á la corte. 

XII. • DON JUAN DE ORTEGA, delegado de Vergara, 
durante la ausencia de éste en el Perú, en 1564. 

No era hombre bien quisto por los habitantes de la 
Asunción, así fué que hizo un trisü gobierno, que entregó 
á Cáceres. 

1564-1575— XIIL DON JUAN ORTIZ DE ZARATE, 
opulento caballero, nombrado adelantado, en 1564, por el 
virey del Perú, con la obligación de que habia <Je emplear 
en la conquista y población del -Rio de la Plata 80,000 
ducados, introducir 200 familias de España y 300 áolda- 
dos para la fundación de dos nuevas ciudades en la pro- 
vincia de su mando, y llevar de la de Charcas 4000 vacas, 
ovejas, yeguas y cabras. ' 



30 DEL PARAGUAY 

El gobernador del Perú aceptó esta propuesta de Zarate 
y le dio el título de adelantado con la condición de ir á 
España por la confirmación. En efecto, el año de 1567, 
salió de Lima partiendo para España por via de Panamá, 
nombrando antes por su teniente general en el gobierno á 
Felipe de Cáceres, proveyéndole de los fondos necesarios 
para conducir al Paraguay los ganados estipulados. 
Cáceres pasó á Chuquisaca, incorporándose con el obis- 
po y los que quisieron acompañarle, y fueron todos á 
Santa Cruz de la Sierra, donde Chaves los agasajó con 
tanta atención y buen modo que se quedaron allí muchos 
de los que hablan ido con Ortiz de Vergara y el obispo 
del Paraguay, entre ellos el soldado Muñoz, que entendía 
de minas, siendo muy útil á Chaves que se estaba apron- 
tando para ir á beneficiar las que habia en Chiquitos y 
Mato Groso. Salieron todos escoltados con una' compa- 
ñía de doce hombres al mando de Chaves, llegando al 
pueblo de Itatl, fundado por éste, y encontrándolo sin 
gente, se, vio obligado á^ separarse de la comitiva, para 
reunir hombres y tranquilizar á los itatines. Pero desgra- 
ciadamente en el camino fué muerto Chaves por un indio, 
y los demás de laescolta lo fueron también todos menos el 
trompa. Si no hubiese sucedido esta desgracia, es de 
creer que no solo habrían descubierto y poseerían los es- 
pañoles los minerales de oro, diamantes y otras piedras 
preciosas que disfrutanjos portugueses en Mato Groso y 
Cuyabá, Sino también se habria conservado abierta por el 
rioParaguay la comunicación del Rio de la Plata con Es- 
paña de las provincias de Chiquitos, Mojos, Santa Cruz 
y otras que por falta de esta proporción han sido y serán 
siempre ppbres. 

El rey confinó (11 de diciembre de 1571) el nombra- 
miento de Zarate como se verá por la providencia siguiente: 

"El Rey. — Presidente y oidores de la nuestra audien- 
cia real que reside en la ciudad de la Plata de la provin- 
cia de los Charcas: sabed que- nos tenemos proveído por 



GOBERNANTES 31 

adelantado nuestro gobernador y capitán general de las 
provincias del Rio de la Plata á Juan Ortiz de Zarate, 
caballero de la orden de Santiago, conforme á cierto asien- 
to que con él mandamos tomar, por el cual, entre otras 
cosas está obligado á poblar dos pueblos entre la ciudad 
de la Asunción, que es en las dichas provincias y esaciudad, 
para que ambas provincias se puedan comunicar; y asi 
mismo está obligado á meter en ellas cierta cantidad de 
ganados como se contiene en los artículos del dicho 
asiento que con estaos mando enviar, firmado Joan de 
Ledesma, nuestro secretario de Cámara y de gobernación 
en el nuestro Consejo de las Indias, para que las veáis y 
deis orden como el dicho adelantado los cumpla; y así os 
lo encargo] y mando, y que á él ó á la persona que él 
enviare para ello le deis todo el favor y ayuda despachan- 
do en nuestro nombre las provisiones que fuesen 
menester, y.porveyendo que las personas que fueren 
á poblar tengan el caudal, suficiencia y bondad que 
conviene; advirtiendo que los dichos pueblos se ha- 
gan en las partes mas conveifientes al efecto que se 
pretende; y de todo lo que en ello se hiciere nos iréis 
dando aviso en el nuestro Consejo Real de las Indias, 
y caso que el dicho adelantado no lo haga y cumpla, to- 
mareis de su hacienda hasta en cantidad de veinte mil 
ducados y el ganado que está obligado á meter en las di- 
chas provincias, conforme á los dichos capítulos; y en- 
cargareis á una persona, cual conviene para el efecto, 
vaya á hacer la población de los dichos dos pueblos á 
costa délos veinte mil ducados dichos. Fecha en Ma- 
drid áonce de diciembre de 1571 años. — Yo el Rey. — Por 
mandado de Su Magestad, Antonio de Herasso.— Corr,e- 
gido con su original.— Juan Baptistade la Gasea.*' 

Con esta confirmación Zarate partió de San Lúcar de 
Barrameda el 17 de octubre de 1572, con una espedi- 
cion compuesta de tres navios y dos buques meno- 
res. SíC embarcó también el comisario Fray Juan VL 



32 DEL PARAGUAY 

llalta con otros veinte y un religiosos franciscanos, entro 
ellos Fray Alonso de San Buenaventura y el célebre anda- 
luz Fray Luis Bolaños, ordenados de evangelio, el cual, 
después de haber trabajado mas que nadie en la predi- 
cación de los indios, compuso el catecismo en lengua 
guaraní, y escribió el arte y diccionario de este idioma, 
que imprimieron después los padres jesuitas. Uno de 
los que hallaron en esta espedicion fué el licenciado estre- 
meño don Martin del Barco Centenera, autor de la Ar- 
gentina, en verso. 

Después de haber esperimentado muchos contratiem- 
pos, primero en el mar con las muchas tempestades, mu- 
riendo en la travesía desde el Cabo Verde hasta Santa 
Catalina 300 personas de ambos sexos, como consta por 
la carta de un soldado de esta espedicion que, según 
Azara, se halla inserta en el testamento de Gil y Garcia 
archivada en el Paraguay; y vivamente hostilizado en se- 
guida por los charrúas hasta que entró en el Rio de la Pla- 
ta, fondeando en San Gabriel. De aquí pasó á la isla de 
Martiri Garcia, donde desembarcó toda su gente, con el 
objeto de fundar en ella una población. Lo primero que 
mandó el adelantado fué que á toda la estension de su ju- 
risdicción se diese el nombre de Nueva Vizcaya, porque 
era vizcaíno y que aquella principiada población tuviese 
el de ciudad de San Salvador, de la cual nombró alcaldes, 
rejidores, etc. Nombró también por su segundo ó tenien- 
te general de todas aquellas provincias á Juan de Garay, 
despachándolo á la Asunción con varias órdenes, una de 
ellas la mas urgente, que le enviase víveres y auxilios. 

Todo cuanto disponía el adelantado era muy criticado, 
y aun se meditaba aprisionarle y enviarle á España for- 
mándole proceso que justificase sus malos modos con las 
gentes, su impericia y sus latrocinios. En estas circuns- 
tancias, llegó del Paraguay el socorro de víveres y de 



' GOBERNANTES 33 

indios que le enviara Garay, y entonces resolvió el ade- 
lantado ir á la Asunción, donde llegó felizmente, en octu- 
bre de 1575, siendo muy bien recibido. 

La primera medida al recibirse del gobierno fué desa- 
probar por bando (22 de octubre de 1575) todo lo practi- 
cado contra Cáceres, el haberse apoderado del mandó 
Martin Suarezde Toledo y todos los empleos y mercedes 
que este habia conferido. 

Destituido de las cualidades necesarias para el mando, 
su política le acarreaba la antipatía de todos los colonos, 
hasta que viéndose aislado, odiado y aun despreciado de 
todos, un ataque de hipocondría dio fin á sus dias el mis- 
mo año de 1575. 

Nombró su heredera universal á su única hija doña 
Juana, que se hallaba en Chuquisaca y por su sucesor en 
el adelantazgo al que se casase con ella, pero, para mandar 
entretanto, nombró á su sobrino Diego Ortiz de Zarate y 
Mendieta, dándole por coadjuntor á Martin Duré. 

Xiv. GENERAL FELIPE DE CÁCERES, lugar- 
teniente de Juan Ortiz de Zarate, nombrado por éste en 

Chuquisaca, el cual llegó á la Asunción en 1570 juntamen- 
te con el obispo La Torre. 

Al pasar por Santa Cruz de la Sierra fueron ambos 
bien obsequiados por Ñuño de Chaves, cuya ruta prepa- 
rada en su primera espedicion y frecuentada posterior- 
mente por todos, habían seguido el obispo y el teniente 
de gobernador. Aqnella ruta quedó abandonada tan lue- 
go pomo fueron avasallados los territorios del Tucuman. 

Antes de entrar en la Asunción, se tuvo la noticia del 
asesinato alevoso de Chaves por los itatines (1568). En el 
mismo año (12 de noviembre) consiguió Cáceres una 
insigne victoria sobre un ejército de 10000 indios que fue- 
ron completamente aniquilados. Desde entonces no hubo 
que vencer obstáculo alguno, hasta su entrada en la Asun- 

4 



34 DEL paraguay' 

» 

cion, donde fueron recibidos el obispo yCáceres con gran- 
des demostraciones de alegría. 

Apenas entró en la capital, se hizo entregar el bastón de 
gobernador que empuñaba Ortega y en seguida convocó 
al ayuntamiento, de quien se hizo reconocer en su empleo, 

haciéndose obedecer por fuerza y aun con amenazas, y 
luego procedió al nombramiento de los funcionarios con 
quienes habia de gobernar. Estos eran hombres senci- 
llos y tímidos, á quienes podia Cáceres manejará su an- 
tojo, y muchos de ellos no sabian ni firmar, haciéndolo 
por ellos los escribientes y el mismo gobernador. Es- 
tos cargos eran desempeñados, desde época remota, 
por siete ú ocho que eran los primeros que se acer- 
caban á los hombres del poder, mientras habia vecinos 
casados, honrados, respetables y de edad provecta, pero 
que no eran los sicofantas de todas las épocas. 

Durante los tres años que duró el gobierno de Cá- 
ceres, tuvo que luchar continuamente con los partida- 
rios de Vergara que no le querian, sino que fuese el obis- 
po quien habia de ejercer el maudo político. De aquí 
nació una falta de armomía entre la autoridad civil v la 
eclesiástica, agriándose los ánimos hasta el escándalo, 
sin tener en cuenta para nada la dignidad que represen- 
taban. 

Cáceres deseaba la llegada del adelantado para que pu- 
siera término á este malestar. Así, hizo dos viages 
hasta Buenos Aires para verse con el adelantado, cuya 
tardanza aumentaba la discordia, y como volviese solo 
después de su segundo viage, sus enemigos cobraron 
valor y se pronunciaron abiertamente contra él. En vano 
empleó medidas de rigor para contener el desborde de 
las pasiones, á que el obispo, abusando de su posición 
y del oscurantismo de la época, aumentaba cada vez 
más. 

Al fin, Cáceres se vio obligado á mandar prender al 



GOBERNANTES 35 

provisor Alonso de Segovia, á quien hizo remachar una 
barra de grillos y meter en un calabozo. Aquí fué Troya; 
el obispo inmediatamente declara á Cáceres privado de las 
temporalidades como perturbador del orden público, lo 
que era muy cuestionable. 

Verdad es que Cáceres era hombre audaz, cobarde, 
soberbio* y vengativo, que trataba con crueldades á los 
naturales, siu respeto para con nadie, ni para con q1 mis- 
mo obispo. 



^ * 



Como el mal iba en progresión ascendente, se exaspera- 
ron los parciales del obispo y suscitaron una conspiración 
con la maligna intención de prender ó matar al goberna- 
dor; más luego que éste tuvo conocimiento de ella, man- 
dó, cual medida preventiva, prender y ejecutar á un 
caballero en quien tuvo alguna sospecha y en seguida 
encarcelar á todos los cabezas de la conjuración. Acto 
continuo espidió un bando prohibiendo toda comunica- 
ción con el obispo, hablar con él,, ni tener reunión de 
gente en su casa, bajo penas graves. 

Sin embago, el obispo, apoyado por el sexo débil, muy 
fácil de impresionarse, consiguió ganarle de mano valién- 
dose de un fraile, fray Francisco de Ocampo, hombre 
audaz, revoltoso, inquieto é inmoral, quien, encabezando 
el populacho, se lanzó sobre el gobernador, en momentos 
que este se hallaba hincado en la iglesia oyendo misa. 
Le desarman con violencia, remáehanle dos barras de 
grillos, con una fuerte y pesada cadena que atrabesaba 
una pared por medio de un grueso cepo cerrado con un 
gran candado, 'cuya llave entregaron al prelado. 

Ei mismo obispo lo condujo mas tarde á España, re- 
mitiéndole a^l Santo Ofiio. 

En ese estado fué humillado, escarnecido é insultado 
hasta por un negro esclavo suyo. Embargáronle sus 
bienes disponiendo de ellos. 



^ I 



36 DEL PARAGUAY 

Cuando los soldados le sacaban de la iglesia para con- 
ducirle á la prisisn, en la que permaneció por mas de un 
año, se presentó en la plaza, seguido de una multitud 

de gente, el teniente de gobernador Suarez'de Toledo que 
habia sido depuesto. 

En San Vicente, en la costa del Brasil, Cáceres, que iba 
en la misma caravela en que salió Garaj de la Asunción 
el 14 de abril de 1573, según una declaración de éste que 
existe en el archivo de Santa Fe, fué desembarcado y 
puesto en una estrecha prisión; pero los portugueses le 
libraron de ella secretamente y ocultándole, mas des- 
pués lo entregaron y lo volvieron á la prisión. Abando- 
nado Cáceres, continúo libre hasta España: presentóse al 
supremo consejo, logrando que se aprobase su cqnducta 
y que repróbasela de sus contrarios. 

XV. MARTIN JUÁREZ DE TOLEDO, lugartenien- 
te de Cáceres dos veces, la primera en 1570, duranter el 
viage de este al Rio de la Plata para recibir al gobernador 
propietario Juan Ortiz de Zarate, habiendo sido depuesto; 
y la segunda, intruso, desde el momento.de la prisión del 
mismo Cáceres (1572), y confirmado, por el Cabildo, en 
su puesto de gobernador y justicia mayor, con todas las 
facultades anexas al cargo, de quo no se pudo prescindir, 
hasta el 22 de octubre de 1575 flue el adelantado Ortiz de 
Zarate protestó contra la usurpación, declarando ser nulo 
cuanto él habia practicado. 

Poco tiempo después mandó Suarez de Toledo al viz- 
caíno Juan de Garay á reclutar gente para fundar un pue- 
blo hacia Santisplrtus* Salió, según se ha dicha, el 14 de 
abril de 1573, en compañía de la caravela un bergantín 
con algunas canoas, al mando de Juan de Garay, que iba 
á su destino con 80 españoles, según Azara que le da ma- 
yor número que los demás historiadores, que lo fijan en 



GOBERNANTES 37 

60, parte embarcados y los restaníes conduciendo vacas, 
yeguas y caballos por tierra. Se introdujo con sus buques 
y gentes por el brazo del Paraná llamado de los ^utloaspov 
los guaraníes que lo habitaban, pareciendo bien un sitio de 
la orilla occidental en los 31° 9' 20" de latitud observada; 
sentó su real por junio o julio de 1573, según se infiere del 
tiempo que pudo tardar en su viage, y el que necesitó ha- 
cer para encontrarse con Cabrera el 19 de setiembre. Ya 
íiabia construido (15 de setiembre de 1573) con tapias un 
pequeño fuerte de 150 varas en cuadro, que repartió en 
sitios para casas, llamándole ciudad de Santa Fé de la 
Vera Cruz, nombrando alcaldesy regidores y dándole por 
patrono á San Gerónimo; pero se trasladó esta ciudad en 
donde hoy se halla el 20 de abril de 1651. Mientras se 
hacian esas obras, salió Garay con el bergantín y cuaren- 
ta españoles aguas abajo, á tomar conocimienio de los 
indios de que podria disponer para repartirlos en enco- 
miendas y siguió el brazo del Paraná que pasa por la 
actual Santa Fé y por Coronda, donde se detuvo algunos 
días con los timbúes. Estando allí una madrugada se le 
presentaron algunos españoles que le dijeron ser soldados 
del citado Cabrera, el cual, después de fundar á Córdoba, 
se habia adelantado hasta el Paraná, y tomado posesión de 
Santispíritus, poniéndole el nombre de San Luis de Cór- 
doba, para que le sirviese de puerto de comunicacin con 
España, y que le habia señalado por distrito las costas é 
islas á distancia de 20 leguas arriba y abajo, según cons- 
ta del libro capitular de Córdoba. ' Este asunto fué muy 
debatido enterGarayy Cabrera sosteniendo cada uno su 
derecho, hasta que con la presencia de aquél cerca de la 
real audiencia de Charcas, ante la cuál sostuvo el suyo, 
se resolvió el asunto en su favor, declarando que la 
ciudad de Santa Fé y su territorio pertenecian legitima- 
mente á los gobernadores del Rio de la Plata. 

XVI. DON DIEGO ORTIZ DE ZARATE Y MENDIE- 



38 DEL PARAGÍIAY 

TA, gobernador interino por su tio el intendente Ortiz de 
Zarate. Lo primero que hizo, el 8 de febrero de 1576, fué 
confirmar á Garay en el empleo de teniente general de 
aquellas provincias. Era Mendieta joven como de 20 

« 

años de edad, quien, desde el momento que se vio con el 
poder absoluto, tiranizó á los vecinos de la Asunción sin 
ningún género de consideraciones á la edad, sexo, ni dig- 
nidad. Fué el primer 'Francia del Paraguay, pudiéndo- 
sele aplicar todas las crueldades de aquél. Parece que 
aquel tirano hubiese estudiado á este personage en todos 
sus detalles, á quien también imitara hasta poderlo con- 
fundir. 

Costó mucho trabajo deshacerse de semejante monstruo 
que solo se consiguió con su trágica muerte á manos de 
los indios albiazá, yendo á parar su cuerpo aun Ca- 
tiente en los vientres de esos antropófagos. Fué uno de 
los pocos tíranos que hubiese recibido su condigno cas- 
tigo. 

XVII. DON JUAN DE GARAY, teniente gobernador, 
nonnbrado por el adelantado Torres de Vera y Aragón, 
quien tomó el mando en 1576, dedicándose con preferen- 
cia á la ocupación permanente del territorio. Hizo prodi- 
gios de valor dejando bien asentado el nomber español en- 
tre los indios guaraníes y totalmente abatido el orgullo de 
estos. 

La Asunción fué testigo, en 1579, de las suntuosas 
fiestas que se celebraron para conmemorar las insignes 
victorias de Garav. A esie se debe la fundación de Villa 
Rica del Espíritu Santo, en el Guaira, y la ciudad de San- 
tiago de Jerez, en 1580, llevada á cabo por Rui Diaz Mel- 
garejo, en el territorio de los nuaráes, á la que Garay 
mandó se le pusiese por nombre Nueva Vizcaya. Poste- 
riormente (1791) los portugueses se apoderaron definitiva- 
mente de la comarca que riega el rio Mbotétei, y sobre las 



GOBERNANTES 39 

ruinas de Santiago de Jerez levantaron otra ciudad con el 
nombre de Miranda. 

Fundó los pueblos fronterizos de Perico-Guazü y Tala- 
vera (despoblada en 1650, á causa de un ataque de los 
payaguáes): esploró los ríos Igurey y Mbotetei. 

Después de un corto descanso, Garay dirijió su aten- 
ción al aumento de sü gobierno haciendo nuevas pobla- 
ciones. Para el efecto, señaló 60 soldados escojidos, 
(Azara dice 80) entre los muchos que se ofrecieron y, á la 
cabeza de ellos, partió de la Asunción en 1580. 

Sus nombres (1), en el orden en que están puestos en la 
lista de reparticiones de tierras y solares y en que ee alis- 
taron en la Asunción, son los siguientes: 

Luis Gaitan, Pedro Avalos, Domingo de Irala, Miguel 
López Madera, Miguel Gómez, Jerónimo Pérez, Juan Ba- 
sualdo,Diegode Barrieta, Victor Cano, Pedro Luis, Pedro 
Fernandez, Pedro Franco, Alonso Gómez, Estévan Alegre, 
Pedro de Izarra, Pedro Fernandez de Zarate, Baltasar de 
Carbajal, Antonio Bermudez, Jusepe de Zayas, Francisco 
Bernal, Miguel del Corro, Bernabé Veneciano, Cristóba 
de Altamirano, (2) Pedro de Jerez, Sebastian Bello, Juan 
Domínguez, Pedro de Isbran, Pedro Rodriguez, Pedro de 
Quiróz, Alonso de Escobar, Antonio de Higueras, el ade- 
lantado don Gonzalo Martel, Juan Ruiz, Juan Fernandez 

de Eneiso, Hernanco de Mendoza, Pedro Moran, Rodrigo 
delbarola, Andrés Vallejos, Pedro de Zayas, Lázaro Gui- 
rineo, Juan de Carbajal, Pantajeon, Pedro de Medina, 
Juan Martin, Estevan Ruiz, Andrés Méndez, Miguel Na- 
varro, Seb<istian Fernandez, Juan de España, Ambrosio 
deAcosta, Rodrigo Gómez, Pablo Cimbrón, Antonio Ro- 
berto, Jerónimo Nuñez, Pedro de la Torre, Domingo de 

(1) Los tomamos de la Historio de la congusita dd Paraguay^Rio de la Plata 
y Tucuman por el P. Pedro Lozano, publicada por don Andrés Lamas en 1874. 

(2) Ko vino de la Asunción, sino que se agregó después á los pobla. 
dores. 



40 DEL PARAGUAY 

Arramendia, Antón de Porras, Ochoa Márquez, Juan 

Rodríguez, Alonso Pareja, Pedro Hernández y Juan de 
Garay. 

También vino de la Asunción Ana Diaz, viuda, que tenia 
una hija casada con uno de los pobladores. 

Desde la fundación de Buenos Aires por Garay, la cro- 
nología de los gobernadores del Paraguay, hasta su sepa- 
, ración de la provincia del Río de la Plata, no presenta 
mucho interés, porque habiendo sido esta ciudad su resi- 
dencia habitual, su acción en el resto de la gobernación 
era poco ó nada sensible: se vegetaba más bien. 

Según consta en su archivo, fundó Garay la ciudad de 
Buenos Aires en el dia de la Trinidad de 1580, en el 
propio sitio que tuvo antes la que fundó don Pedro de 
Mendoza. Se llamó ciudañ de la Trinidádad y puerto de 
Santa Maria de Buenos Aires, para conservar la memo- 
ria del dia de la fundación y del nombre que le dio Mendo- 
za. Le dio por patrono á San Martin, y por armas una 
fragata á la vela con dos anclas. Repartió sitios para ca- 
sas, y antes dé principiar la suya, registró las cercanías 
y el puerto ó riachuelo, donde encontró á diez querandíes, 
mató á tres tomando á dos. Díoles luego libertad, supo- 
niendo que así ganarla la amistad de los demás; j lo que 
consiguió fué que los querandíes se internasen hacia el 
mediodia espantados de los caballos. Continuó Garay su 
reconocimiento, y sin dificultad redujo á los querandíes 
del Monte Grande, hoy San Isidro, del Valle de Santiago, 
hpy las Conchas, y de las islas inferiores del Paraná. 
Terminó Garay su fundación sin dificultad. Ninguna po- 
blación española tuvo tan pocos indios de encomiendas 
como Buenos Aires, como que fué obligado ir en 1618, á 
buscar los quilmes y calíanos á Santiago del Estero. 
Viéndose Garay bien establecido, lo aviso por un espreso 
á su adelantado v al rey. 

El año 1584 Garay se introlujo por el brazo del Para- 
ná mas inmdiato. Siguió su navegación sin tropiezo 



GOBERNANTES 41 

hasta que se amarró en la orilla y puso mucha gente en tier- 
ra para pasar la noche. Estaban ya todos dormidos 
cuando 130 indios minuanes bajaron, de una altura con 
tanto sigilo que sorprendieron y mataron á Garay y á 
cuarenta mas. 



XVIIL DON ALONSO DE VERA Y ARAGÓN, 
conocido, por su mal gesto y color muy moreno, con el 
sobre nombre de cara dn perro, para distinguirlo de su 
primo (Alonso de Vera, el Tupi), teniente gobernador 
nombrado por su tio el adelantado Torres de Vera, en 
1585. 

Eecargado por Garay para reconocer las orillas del rio 
Ipitá ó Bermejo, salió déla Asunción el 23 de febrero de 
1583 con 200 soldodos contra los guaicurúes y sus aliados 
los nocaguaques que lo hostilizaban, y lo halló á propo- 
sito para fundar un pueblo, Con estas noticias, luego* que 
Vera y Aragón fué nombrado teniente gobernador, alistó 
una espedicion ' compuesta dé 135 españoles y algunos 
auxiliares con bastantes caballos, 50 yuntas de bueyes y 
unas 300 vaca< y salió de la Asunción el 15 de marzo del 
mismo año (1585). Una vez vencidos y allanado el camino, 
esploró las ribera del rio Bermejo y antes de elegir el sitio 
para su población, el 13 Je abril nombró los alcaldes y 
regidores obligándoles á fundar iglesia y observando las 
ceremonias acostumbradas en tales actos: repartió los 
indios en encomiendas y dio el nombre á la ciudad que 
iba á fundar llamándola Concepción de Bnena Esperan- 
za. Al dia siguiente salió Vera y Aragón á reconoceré el 
país, llevando armas, municiones, ganado vacuno y caba- 
llar y toda clase de víveres, fundándola (el dia 14 del mis- 
mo mes) á la derecha del rio Bermejo y á la altura de 30 
leguas antes de juntarse con el rio Paraguay , que era jus- 
tamente lo mas poblado de indios mocobies. 



42 DEL PARAGUAY 

He aquí el— 

ACTA DE FUNDACIÓN (i) 

DE LA CIUDAD DE NUESTRA SeÑOBA DE LA CONCEPCIÓN DE 

Buena Esperanza del Rio Bermejo 

(15S5) 

En el nombre de la Santísima Trinidad, padre ehijo y 
espíritu santo tres personas y un solo Dios verdadero y de 
la Santísima y gloriosísima viagen Santa Mari a Madre de 
Dios que vive y reina por todos los siglos de los siglos para 
siempre jamas amen. Alonso de Veray Aragón, Capitán 
y justicia mayor déla población del sitio partes y conquis- 
ta y población del.Rio Bermejo y sus confines por el muy 
ilustre señor Juan de Torres Navarrete teniente de goberna- 
dor y capitán general y Justicia Mayor en estas provincias 
del Rio de la Plata, por el muy ilustre Señor el licenciado 
Juan de Torres de Vera y Aragón Adelantado y Goberna- 
dor y Capitán General y Justicia'Mayor y Alguacil Mayor 
de estas dichas Provincia del Rio de la Plata por su Mages- 
tad el Rey Don Felipe nuestro señor y del dicho señor ade- 
lantado y por virtud de las capitulaciones que el muy ilus- 
tre seúor Juan Ortizde Zarate Adelantado ó gobernador 
que fué de estas provincias y suegro del dicho señor ade- 
la.itado referido hijo y capituló con su Magestad y de los 
de su muy alto y real Consejo de indias sobre la orden, y 
manera como se oviera de poblar las ciudades de estas 
provincias y conforme á la dicha instrucción y capitulación 
dijo que con el dicho nombre de Dios y de Su Magestad 
y del dicho Seúor Adelantado Juan de Torres de Vera y 
por virtud del poder y comisión á mi dado del dicho Se- 
ñor General arriba referido: Dijo que para el dicho cum- 
plimiento y en el dicho nombre fundó y asentó pueblo en 

(1) Copiada por el doctor Ángel J. Carranza de la Biblioteca Pública 
de Buenos Aires, con la respectiva legalización, para la memoria relati- 
va & la cuestión de limites con el Paraguay y publicada en la de Rela- 
ciones Esteriores de 1877, tomo I. 



GOBERNANTES 43 

• 

el sitió del dicho Rio Bermejo la cual ciudad se intitula y 
llama la Concepción de Nuestra Señora la cual dicha ciu- 
dad y asiento confina con todos los confines que son su 
comarca están de todo el Rio Bermejo y por confines y 
términos por la una parte los términos los de la ciudad de 
la Asunción y Santa Fé y Santiago del estero y ciudades 
de Talavera que en estero y con términos de la ciudad de 
Lerma llamada Salta y ciudad de la Plata y de todos los 
demás términos que están y estuvieron en su Comarca y 
redondez para agora y siempre jamas y en el entretanto 
que Su Mgestad otra cosa mandare; la cual parte parece 
ser mejor y buen sitio donde la gente puede estar poblada 
y hay mucha leña y pesquéria y caza y agua y patos para 
sustentación de los pobladores y de lo's ganados y para su 
perpetuación de la dicha ciudad con muchas tierras y es- 
tancias á ello anejo lo cual es para repartir y dar á los 
pobladores y vecinos della como Su Magestad por sus 
Reales Cédulas lo manda: la cual dicha ciudad se nom- 
bró fundó y asiento en nombre de Dios y de Su Magestad 
y del ditího Señor Adelantado como dicho es con las con- 
diciones y en la forma siguiente, lo primero que ante to- 
das cosas digo y protesto que cada y cuando que pareciere 
y se hace A responder mejorar al dicho pueblo y ciudad en 
otra parte y sitio que mas conviniera sea servicio de Dios 
y deSuMagestad y bien y utilidad de los pobladores y 
será en nombre de Dios y de Su Magestad y del dicho señor 
Adelantado protesto délo mudar y asentar y mejorar por la 
perpetuidad del dicho pueblo para que sea mas convenien- 
te y provechoso lo cual liaré con acuerdo y parecer del Ca- 
bildo déla dicha ciudad y de las justicias que en la dicha 
ciudad ubiere y ni mas ni menos se nombraran, Alcaldes 
y Regidores y procuradores que tengan y mantengan la 
dicha ciudad en guarda y conservación de la justicia rreal 
mandando y administrando y teniendo á todos en jus- 
ticia como Su Magestad asi lo manda y se hace en las 
provincias del Perú y ansi para que la dicha ciudad 



44 DEL PARAGUAY 

esté en justicia yo, en nombre de Su Magestad y del 
dicho Señor Adelantado y gobernador atrás referido se- 
ñalo por Alcaldes ordinarios y de la hermandad á Her- 
nán Darías Saavedra y á Bernabé de Lujan y por Regi- 
dores á Pedro Franco y á Diego de la Torre y á Antonio 

González y á Pedro de Quiros Jacome Antonio y á Ga- 
briel Fernandez 7 por procurador general del pro y 

común de la dicha ciudad á Juan Cabrera y asy yo 
por virtud de la Comisión dada y en nombre de Dios y 

de Su Magestad y del dicho Señor Adelatado y gobernador 
en tal caso puedo devo de derecho se requiere para que 
en su nombre le doy poder y facultad cumplida aquella 
que de derecho en tal caso puedo y debo de derecho se re- 
quiere para que en nombre de Dios y de Su Magestad y del 
dicho señor Adelantado y gobernador en su nombre le doy 
poder y facultad cumplida aquella que de derecho se re- 
quierepara que en nombre de Su Magestad y del dicho Se- 
ñor governador puedan usar y ejercer los dichos oficios de 
alcaldes y regidores y procurador general, comot va referi- 
do y declarado y en todas las causas civiles ó criminales 
anexas, y conexas y pertenecientes a los dichos sus 
oficios conforme ¿i las ordenanzas que Su Magjestad tiene 
hechas á todas las ciudades de lasv Indias para que usen 
y ejerzan en los dichos oficios de alcaldes ordinarios Y 
de la hermandad y no obtante que su magestad por sns 
reales provisiones manda que los tales alcaldes 6 Regidores 
procurador general sean caballeros y sirvan de los dichos 
oficios de año á 8ño yo en dicho nombre de Su Magestad 
y del dicho señor gobernador conformándome, como por 
la presente me conformo con las dichas provisiones 
reales los nombro en los dichos oficios de alcaldes y 
regidores y procurador general y pareciendo me que 
la dicha elección es justa y conveniente que se haga en 
un dia señalado del año por la presente en nombre de 
su magestad y del dicho señor adelantado y gobernador 



GOBERNANTES - 45 

nombro y señalo que sea la dicha elección de los dichos 
oficios cada un año por el dia de año nuevo, y asi mando 
que* la dicha ordenanza quede hecha y confirmada para 
que se haga cada un año como dicho es para el dia 
señalado y doy poder y facultad para que de hoy en 
adelante lo hagan así como va referido los alcaldes y 
Regidores que salieren á los que han de venir juntamente 
con la cabeza de la dicha ciudad ó su lugarteniente ó no 
los citando ellos propios en su cablido y regimiento la 
cual elección se comenzará á hazer desde hoy catorce de 
Ablril del año del señor de mil é quinientos y ochenta y 
cinco y ansi. desde en adelante lo cual harán como Dios 
mejor les diere á entender y en sus conciencias á aquellas 
personas que con mas rectitud y celo entendieren que 
conviene al servicio de Dios y desumagestad para el 
govierno de la dicha ciudad como se hace en los reynos 
del PeiTí y en todas las Indias. — Alonso de Vera y 
Aragón, 

Eluego el dicho señor capitán en presencia é por ante 
mi Juan Komano de Montiel escribano publico é del cabildo 
de la dicha ciudad tomó é recibió juramento de los dichos 
señores alcaldes é regidores é procurador general é de 
cada uno dellos en forma devida de 'derecho por Dios 
nuestro señor é por Santa Maria sn vendita madreé por 
las palabras de los Santos cuatro evangelios é por una 
señal de la cruz tal como ésta f que usaran bien y dili- 
gentemente los dichos oficios de alcaldes é Regidores 
é procurador general é guardaran justicia á las partes 
é no llevaran derechos demasiados y en todo harai^ 
aquello que mas conviniere al servicio de Dios nuestro 
Señor é de su Magestad é bien de la República. E á la 
conclusión del dicho juramento dijeron cada uno por si 
ó por los que les toca si juro é amen é prometieron de lo 
ansi hacer testigos Nicolás de Villanueva y Gaspar 
Fernandez y Antonio de la Madrid soldados estantes én 
uta ciudad. 



46 DEL PARAGUAY 

Eluego el dicho señor capitán en cumplimiento de todo lo 
susodicho fuó con los dichos señores Alcaldes a rriba 
referidos y procurador general é los demás Regidores é 
todos de un acuerdo y conformidad nombraron é situaron 
el sitio de Nuestra Señora del Rosario por iglesia mayor 

de la dicha ciudad lo cual yo el dicho escribano doy fée 
la aviaron adá é dezir mi sa la cuaí nombraron epusieron 
la advocación de Nuestra Señora del Rosario é le pidie- 
ron por testimonio testigos los dichos. 

Eluego en el dicho dia mes é año el dicho señor ca- 
pitán con los dichos señores alcaMes y regidores é pro- 
curador general fueron en mitad de la plaza é mandaron 
hincar aUí un palo para el Rollo donde se ejecutase jus- 
ticia de los delicuentes que delinquesen é mandó el señor 
capitán que ninguna persona la quitase de la parte é 
ugar donde queda fijado sopeña de la vida sin licencia 
de su Magestad ó de su merced é de otro juez competente 
que en nombre de dicho señor Adelantado mandare e lo 
pidieron por testimonio, lo cual todo lo susodicho yo el di- 
cho escribano doy fe que delante de mi pasó e queda 
fijado e puesto todo lo referido, testigos los dichos. 

Eluego él dicho dia mes e año susodicho por ante mi el 
dicho escribano el dicho señor capitán y estando juntos los 
dichos señores Alcaldes é rcjidores e procurador genera 
andando por el campo de la dicha ciudad nombraron y 
eligieron por exido publico déla dicha ciudad para todos 

los vecinos que poblaren en ellaé vinieren á poblar des- 
de las cuadras que señaló hasta un cuarto de legua qne 
toma todo el contorno de la dicha ciudad con todo lo 
cual se acabó y feneció é fundó la dicha población é ciu- 
dad é iglesia é horca exido protestando como el dicho se- 
ñor capitán protestado tiene de mejorar la dicha ciudad 
é iglesia é todo lo demás cada y cuando que hallare mejor 
portunidad en nombre de Dios y de su Magestad é del 
dicho señor Adelantado é pidió ami el dicho escribano lo 
dé por testimonio de lo cual todo lo que dicho es doy fée 



GOBERNANTES 47 

el presente escribano pasó' ante mi é vi queami se hizoé 
cumplió é protestó en la forma que vá dicho y especificado 
é declarada elo firmó el dicho señor capitán é alcaldes é 
regidores é procurador general. — Alonso de Vera y Ara- 
gón, Hernand Arias de Saavedra, Bernavó de Lujan, Pe- 
dro Franco, Diego de la Torre, Antonio González, Pedro 
de Quiroz, Jacome Antonio, Gabriel Fernandez. 

Eyo Juan Romano de Montiel escibano publico y de 
cabildo presente fui en uno con los dichos testigos por en- 
de fize aqui mi firma que es atal é este testimonio, Juan 
Romano de Montiel,- escribano publico y de cabildo. 

E yo Pero Martin de Irala escribano publico y de ca- 
bildo y gobernación desta ciudad de la Concepción de 
Buena Esparanza fize sacar y trasladar esta dicha fun- 
dación y testimonio de lo original el cual vá cierto y ver 
dadero corregido y concertado con el dicho original por 
ende fize aqui mi firma acostumbrada que es atal. En tes- 
timonio de verdad Diego Martinez — escribano publico y 
del cabildo y gobernación. 

Yo Pedro de Telles de Soto Mayor escribano de su Ma- 
gestad doy íée y verdadero testimonio á todos los seño- 
res que la presente vieren como esta firma que está aqui 
arriba del trestado y debajo de ciento doce renglones todos 
escritos eceto seis que están á medio y á mas que medio 
es buena legal y verdadera y el dicho Diego Martinez es- 
cribano publico y del cabildo desta ciudad y a todos los 
escritos que ante él pasan s,e dá entera fée y crédito 
por la cual di esta fée en testimonio de verdad, fe- 
cho en esta ciudad de nuestra Señora de la Concepción de 
buena esperanza del Rio Vérmelo provincia del Rio de líf 
Plata en fée de* lo cual hize aqui mi sino que es atal, 
en testimonio de verdad. — Juan Telles de Sotomayor — es- 
cribano de su Magestad. 

Es copia — Conforme con el original que obra en este 
Archivo. 

Francisco de Patda Jiiarez, 



48 DEL PARAGUAY 

Como la idea que se llevaba era que sirviese este pueblo 
de escala para comunincarcon el Perú, 7 para traer de Ta- 
rija y Chuquisaca los ganados del adelantado, no tardó 
Vera y Aragón en destacar 80 españoles que llegaron á 
las faldas de las cerranias del Perú; yendo él mismo con 
60 hasta los términos de Salta y Jnjni. Sirvióla nueva 
ciudad algunos años para facilitar el tránsito del Para- 
guay á Salta; pero nada se adelantó porque los indios de 
su distrito eran indomables,incapaces de reducirse á servi- 
dumbre é incomparablemente superiores en fuerza, sober- 
bia y valor á los guaraníes. Once años antes del aban- 
dono definitivo de la ciudai de la Concepción del Rio 
Bermejo tuvo lugar un hecho de los bárbaros indómitos 
del Chaco. El cacique don Alonso Pasi, que lo era de 
una de aquellas tribus, dio muerte alevosa á mas de cin- 
cuenta, indios cristianos; por lo que el gobernador don 
Diego de Góngora espedicionó, desde Buenos Aires, el 
castigo de ese crimen haciendo justicia en dicho cacique 
en la ciudad déla Concepción. 

En el año de 1592, acaeció un hecho bárbaro en la misma 
colonia. Pronciáronse entonces los mogosnas y fretones 
dando principio al alzamiento con la muerte de algunos 
españoles uno de ellos don Francisco de Vera y Aragón, 
hermano de don Alonso de Vera y fundador de la Con- 
cepción; y queriendo este castigar á los natijas, calcha- 
quíes, y abipones, entraron aquellos en ruda guerra con 
ellos, la cual duró muchos años, hasta .que un incendio 
la devoró en 1632, trasladándose sus moradores fugitivos 
á las ciudades de Asunción y Corrientes. 
• Comisionado por su tio el adelantado á la fundación 
de una ciudad en el sitio que le indicara, fué con 80 es- 
pañoles y ausilios, y bajando por el rio Paraguay hasta 
legua y media mas abajo de donde se junta con el Pa- 
raná, sobre la barranca oriental que es elevada, edificó 
un pequeño fuerte con las chozas necesarias. A este es- 
tablecimiento llamó San Juan de Vera, en honor de su 



GOBERNANTES 49 

tio, y le di6 sus mismas armas y que son una águila 
que apoya sus garras sobre dos torres. Pero como el 
parage era ya conocido por las Siete Corrientes, prevale- 
ció su nombre de Corrientes dado ala ciudad. Fundó el 
pueblo de los guacaras con los indios que llevaron los 
pobladores, repartiendo en encomiendas los guaraníes 
del distrito y formando con ellos los pueblos de Itatí, Santa 
Lucia, etc! 

1587-1591— XIX. DON JUAN TORRES DE VERA Y ARA- 
GON, oidor de la audiencia de Charcas, adelantado. 1587- 

Ejerció el mando por medio de sus tenientes y per- 
sonalmente desde dicho año hasta el de 1591. 

No es exacto que en su tiempo entraran los jesuitas 
en el Paraguay, como cree Lozano, pues la licencia que 
se les dio para entrar lleva la fecha del 28 de octubre de 
1594, y hasta el año de 1609 aun no habían entrado. 

Hay una coincidencia muy notable sobre la cual con- 
viene llamar la atención del lector. El mariscal López, 
aprovechando el momento en que los fieles de toda la 
cristiandad acostumbran dedicar su atención á los ejerci- 
cios de piedad y penitencia y en lo que menos piensan es 
en el manejo de las armas para su defensa, invadió por 
sorpresa la provincia de Corrientes el dia jueves santo del 
año de 1865. Los indios practicaron igual cosa en la no- 
che del jueves santo de 1589 atacando la ciudad de la 
Asunción por sorpresa, pero pudo conjurarse el peligro 
sin efusión de sangre, atribuido á milagro de San Francisco 
Solano. No astenia guerra provocada por su homónimo 
López. 

En el curso de esta historia, el lector no podrá menos 
que encontrar mucha analogía en los hechos practicados 
por los primeros hombres que gobernaron el» Paraguay 
con losié sus tres últimos tiranos, que parece hubiesen 
hecho un estudio especial en imitarlos. 

Habiendo el vecino de la Asunción, procurador general 

5 






50 DEL PARAaUAY 

de las provincias del Paraguay y Rio de la Plata, mani- 
festado en la audiencia y chancelería de la ciudad de la 
Plata en el Perú, que hasta esta fecha (26 de abril de 
1589) habia sido teniente de gobernador de estas provin- 
cias Juan de Torres Navarrete, primo del adelantado, y 
otros parientes de éste, los cuales hablan ocasionado mu- 
chos agravios á los vecinos del país, sin tener á quien 
recurrir para elevar su queja, la real audiencia proveyó 
cesasen dentro de seis dias, todos aquellos que se en- 
contraran en aquel caso, hasta dentro del cuarto grado, 
sin escusa, réplica ni dilación alguna, so pena de dos mil 

pesos de buen oro, sino se diera cumpümiento á ésta pro- 
visión. 

Volviendo á nuestro adelantado diremos que con el 
deseo de restituirse al nativo suelo, Andalucía, renunció 
el adelantazgo el año de 1591, habiéndole sucedido 

1591-1618-XX. DON HERNANDO ARIAS DESAAVEDRA, 
natural de la Asunción, hijo del ex-gobernador Martin 
Suarez de Toledo, electo popularmente^en 1591, en virtud 
de cédula del emperador Carlos V. 

Hernandarias fué uno de los héroes mas ilustres que 
produjera la América y por lo esclarecido que era en la 
paz como en la guerra, los ministros de la casa de con- 
tratación de Sevilla mandaron colocar su retrato en lugar 
distinguido entre otros varones notables del Nuevo Mundo, 
que adornaban una de las salas de dicha casa. 

Entre los muchos servicios que su patria le debe, se 
cuentan las varias mercedes de tierras en que fundar estan- 
cias, que hizo paira el mantenimiento del colegio déla Asun- 
ción, y las misiones de los guaraníes. 

En su gobier*no, la compañía de españoles al mando 
del capitán Juan Caballero Bazan formó en 1592 los pue- 
blos de Tarej, Bombay, y Caaguazú, en la ¿provincia 
del Itati hacia los 22° de latitud al este del rio Paraguay, 
encargando su dirección al eclesiástico Hrnando Cueva. 



GOBERNANTES 51 

Esos dos pueblos fueron reunidos más tarde (1632) 
por temor de lo? portugueses, en uno con el nombre de 
San Benito, entregándose su cuidado á los jusui tas, por no 
haber eclesiásticos. Los padres de la Compañia cambia- 
ron inmediatamente los nombres de San Benito en Santa 
María de Fé y San Ignacio á Caraguazú. Por último, 
después de esperimentar nuevos cambios y ataques de los 
portugueses é indios mbayáes, los jesuitas los trasfirie- 
ron, en 1772, á las márgenes del Paraná, donde actual- 
mente existen. 

Más adelante, tendremos ocasión de dar noticias de otros 
actos de Saavedra. 

XXI. DON FERNANDO DE ZARATE, caballero del 
hábito de Santiago, goberndor del Tucuman, Paraguay y 
Rio de la Plata, en 1593. 

En el mismo año, mandó al capitán Rui Diaz de Guz- 
man, con los vecinos de la Ciudad Real y Villa Rica del Es- 
píritu Santo, en la costa del rio Yaguary, para poblar la 
ciudad de Santiago de Jerez. 

Falleció antes de cumplir los dos años de su gobierno 
en 1595, hallándose en las provincias del Perú. 

XXII. CAPITÁN DON BARTOLOMÉ SANDOVAL OCAM- 
PO, teniente general de gobernador y justicia mayor del 
Paraguay y toda su gobernación, en ejercicio del P. E., en 
1595. 

Informado de algunas necesidades en que se encontra- 
ban los pueblos de su dependencia, limítrofes con las 
provincias de la corona de Portugal, pasó, en setiembre del 
referido año, á practicar una visita á las provincias de 
Guaira, Villa Rica y Santiago de Jerez, que acababa de 
fundarse, donde hizo todo aquello que juzgó convenir 
al aumento y conservación de dichos pueblos y de sus 
vecinos, y con el fin de sofocarlas invasiones de los in- 
dios guaicurües del Chaco que hostilizaban las comarcas 



52 DEL PARAGUAY 

inmediatas á la Asunción. Pasó en seguida á la Concep- 
ción de Buena Esperanza del Bermejo, á sacar indios 
amigos, allí reducidos, para auxiliar á las espediciones 
que proyectaba al Chaco. Esto no tuvo el éxito que de- 
seaba, á causa del espíritu, exaltado en que encontró á los 
indios de esas reducciones. 

La ciudad de la Concepción fué completamente asola- 
da, en 1632, por los frecuentes asaltos de los salvages 
del Chaco, hasta destruirla por completo, juntamente con 
las demás reducciones. 

XXIII. DON JUAN CABALLERO BAZAN, interino, du- 
rante la ausencia temporal de Ocampo, en 1595, hasta que 
llegó— 

XXIV. DON JUAN RAMÍREZ DE VELAZCO, en 1595. 
Terminado su gobierno, se retiró á la provincia del Tu- 
cuman, donde estaba casado y falleció allí en 1606, dejan- 
do una numerosa y noble descendencia. 

XXV. DON HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA, inte- 
rino, 1598. 

XXVI DON DIEGO RODRÍGUEZ VALDÉS Y DE LA 
BANDA, caballero de Salamanca, interino.. Se recibió el 
8 de julio de 1599. Falleció en 1602, en la ciudad de 
Santa Fé, en la misma casa en que había muerto el obis- 
po Vázquez de Liaño. (Véase éste en la Cronología de 
los obispos.) 

XXVII. DON GARCÍA DE MENDOZA, interino, en 

1602. 
Habia sido nombrado gobernador de la provincia del 

Paraguay y Rio de la Plata, por el virey del Perú, el ca- 
pitán Francisco de Barraza y Cárdenas, pero no ha- 
biendo podido concurrir á recibirse del cargo, se nom- 
bró en su lugar al — 



GOBERNANTES 53 

XXVIII. GENERAL HERNANDO ARIAS Ó HERNÁN- 
darías de SAAVEDRA, 1602, nombrado por real cédula 
de 18 de diciembre del año anterior. 

En este mismo año, el rey permitió por seis años provi- 
sión de las cosas que se podían sacar por el puerto de 
Buenos Aires^ según se verá por los documentos que 
damos á continuación, trascritos del tomo XVIIIde la "Co- 
lección de documentos inéditos relativos al descubrimien- 
to, conquista y organización de las antiguas posesiones 
españolas de América y Oceania, sacados de los archi- 
vos del reino y muy especialmente del de Indias." 

' Por cuanto por parte de la ciudad de la Trinidad del 
puerto do Buenos Aires de las provincias del Rio de la 
Plata y por Fray Martin Ignacio de Loyola, obispo de 
ellas, se me ha representado la pobreza de aquella tierra, 
y cuan poco se aumenta su población por faltarle todo lo 
que es menester para vivir, y por ro tener salida los ve- 
cinos de aquella gobernación de sus frutos, ni de donde 
proveerse de las cosas necesarias para el servicio de sus 
personas y casas, por estar prohibida la entrada y salida 
por aquel puerto de todo género de ropa y mercaduría, 
y que la seguridad de la dicha ciudad y los demás puer- 
to de aquellas costas, consistía en estar bien poblada la 
tierra; y que para esto el principal medio seria darles li- 
cencia y permisión, como me suplicaban se la mandase 
dar, para que pudiese sacar algunos frutos de la tierra y 
llevarlos al Brasil y á Guinea y á otras islas y tierras co- 
marcanas, y trocarlos por ropa, fierro y otras cosas de 
que tienen precisa necesidad, y para labrar la tierra y las 
minas que por falta de ello no se labran; y habiéndose visto 
en mi Consejo de las Indias los pareceres é informaciones, 
cartas y papeles que en razón de lo susodicho y de la se- 
guridad y defensa de aquellos puertos se han enviado, y 
consultándoseme; comoquiera que por aquellos inconve- 
nientes que para ello se representan no co aviene que por 



54 DEL PARAGUAY 

las dichas provincias del Rio de la Plata se abra puer- 
to á la contratación de estos reinos ni con otra ninguna 
otra parte, sino que la prohibición que está hecha se 
guarde inviolablemente, y queporalli no salgan ni entren 
ningunas personas de cualquier calidad que sean, sin es- 
presa licencia mia, aunque sean mis vasallos y ministros, 
y contra los qae lo hicieren se proceda y sean castigado^ 
conforme á justicia, ni se metan mercadurias algunas, 
saque oro, plata ni otra cosa, so las penas que están 
puestas á los que contravinieren á ello; mas por hacer 
merced á los vecinos y moradores de la dicha ciudad 
de la Trinidad y Puerto de Buenos Aires, teniendo 
consideración á lo susodicho, para que se animen y 
acudan á su población y conservacio n y á la seguridad 
.de dicho Puerto, y se hallen" pro veidos de las cosas forzo- 
■ sas y necesarias, he tenido y tengo por bien de darles licen- 
cia y permisión, como por la presente se la doy, para que 
por tiempo de seis años que corran y se cuenten desde el 
dia que ésta mi. cédula se pregonase en la dicha ciudad, 
de los frutos de su cosecha y en navios suyos y por su 
cuenta pueden sacar cada año de las dichas provincias del 
Rio de la Plata, hasta dos mil fanegas de harina y qui- 
nientos quintales de cecina y otras quinientas arrobas de 
sebo, y llevarlo al Brasil, Guinea y otras islas circunveci- 
ñas de vasallos mios; y para que en retorno de ello puedan 
llevar las cosas de que tuvieren necesidad para sus casas, 
como es ropa, lienzo, calzado y otras cosas semejantes, 
y fierro y acero, y todo ello se haya de consumir y con- 
sume en las dichas Provincias del Rio de la Plata, sin que 
de ellas se saque ni pueda sacar cosa alguna ni parte de 
ello para otra ninguna parte de las Indias por mar ni por 
tierra, so pena de tenerlo perdido; y asimismo lo que se 
sacare de los frutos de la tierra de mas de las dichas dos 
mil fanegas de harina y quinientos quintales de cecina y 
quinientas arrobas de sebo, aplicado por tercias partes 
mi Cámara, Juez y denunciador; y mando á mi goberna- 



GOBERNANTES 55 

(Jorque es ó fuere de las dichas Provincias del Rio de la 
Plata, quecon intervención del obispo y oficiales de mi Real 
Hacienda de ellos, hagan la repartición de la cantidad 
que cada vecino ha de sacar y enviar á las partes susodi- 
chas de las dichas dos mil fanegas de harina y quinientos 
quintales de cecina y quinientas arrobas de sebo, con mu- 
cha justificación y sin que reciba agravio, y todos partici- 
pen de este beneficio y comodidad, para que de ello resulte 
el efecto que se pretende; a los cuales encargo y mando 
que muy particular cuidado procuren que se use bien 
de esta permisión y licencia, y que no haya ninguna des- 
orden ni esceso, de que me tendré por deservido, y en-, 
tendiéndose cualquiera cosa, lo hagan remediar con 
efecto y demostración; y que los dichos mis oficiales 
visiten con particular cuidado los navios en que se sa- 
caren los dichos frutos, é inquieran y vean y entiendan 
si lleva mas de lo de la permisión ú otras cosas 
de otros géneros, y lo tomen todo como está dicho por 
perdido; y que de la misma manera visiten y vean lo 
que se trajere en retorno de los dichos frutos, y de qué 
partes, y cobren los derechos que de todo me debieren 
de entrada y salida, y que no permitan ni den lugar á 
que por ninguna cosa entren ni salgan ningunos pasa- 
geros, de ninguna nación que sean, ni esclavos en los 
navios en que se sacaren .'los frutos dichos y tragere 
el retorno de ellos, y que me avisen cada año de lo que 
de esta permisión fuere resultando en beneficfo de la 
tierra y población de ella; y mando que para que venga 
á noticia de todos esta mi cédufa, se pregone en la 
dicha ciudad de la Ti'inidad por orden del dicho mi Go- 
bernador y oficiales, y que de ello se tome testimonio y 
le envien al mi Consejo de las Indias. Fecha en Valla- 
dolid á 20 de agosto de 1602 años. — Yo el Rey.— Por 
mandado del Rey nuestro señor; Joan de Ibarra. — Cor- 
regido con su original. — Joan Baptista déla Gasea. 



56 DBL PARAOUAT 

El rey dispone que la audiencia tenga cuidado de como 
se dé permiso en Buenos Aires. 

El Rey. — Presidente y oidores de mi Audiencia Real de 
la ciudad de la Plata de la Provincia de los Charcas, 
habiéndoseme representado por parte de la ciudad de la 
Trinidad y Puerto de Buenos Aires de la Provincia del 
Rio de la Plata la pobreza y necesidad de aquella tierra, 
por no tener salida de sus frutos ni de donde proveerse 
de las cosas que son menester para el servicio de sus 
persoilas y casas y deseando que aquella Provincia se 
pueble, conserve y aumente para su mayor seguridad y 
defensa, he tenido por bien de dar licencia y permisión á 
los vecinos de la dicha ciudad para que^por tiempo de seis 
años en cada uno de ellos pmeden sacar de los frutos de 
la tierra dos mil fanegas de harina, y quinientos quinta- 
les de cecina y quinientas arobas de sebo, y llevarlo al 
Brasil y Guinea y otras islas circunvecinas de vasallos 
mios, y que en retorno de ello puedan llevar las cosas de 
que tuviesen necesidad, como es ropa, Hetizo, hierro y 
acero y otras cosas semejantes, con que se haya de con- 
sumir en la misma tierra, sin sacarlo para otra parte, como 
lo veréis por la cédula cuya copia se os envia; y por 
que conviene que esto se cumpla así, sin que haya esce- 
so ni desorden, ni se dé lugar á que por allí entren pasage- 
ros ni otras mercaderías, fuera de las de la permisión, ni se 
saque oro ni plata ni reales por ningún caso, como está 
prohibido, os encargo y mando que con muy particular 
cuidado y vigilancia procuréis informaros y entender de 
la manera que use de la dicha permisión, y que de ello 
no resulte ningún inconveniente, ni permitáis ni deis lu- 
gar á que se meta en esa provincia ninguna cosa que 
entrase por el dicho Puerto de Buenos Aires, previnien- 
do todo lo que es para ello conveniente; y para que la dicha 
permsiion resulte en beneficio de la población, aumento y 
conservación de aquellas Provincias del Rio de la Plata, 



GOBERNANTES 57 

que es lo que se pretende. De Valladolid á 20 de agos- 
to de 1602 años.— Yo el Rey.— Por mandado del Rey 
nuestro señor. — Joan de Ibarra. — Corregido con su ori- 
ginal.— Joan Baptista de la Gasea. 

A indicación de este gobernador, el rey Felipe III resol- 

,vi6, por real cédula de 1608, la conversión de los indios 

al cristianismo, eligiendo para tan importante misión á los 

jesuitas. Los primeros padres que llegaron al Paraguay 

en 1609, fueron los jesuitas italianos Tomás Filds y 

Manuel Ortega, quienes, al año siguiente, fundaron en el 

Guaira el pueblo de Loreto. Por el mismo tiempo los 

padres Francisco de San Martin y Lorenzana, encargados 

de la conversión de los indios del Paraná, fundaron el 

pu eblo de San Joaquin Guazü, y el francisccano fray Luis 

Bolaños las villas de Yutí y de Caazapá al norte del 

•Tebicuarí. Estas poblaciones fundadas por los jesuitas 

se denominaron reducciones. 

He ahi el principio del establecimiento de las misiones 
Jesuiticas del Paraguay, y si bien redujeron los indios al 
cristianismo, se sirvieron de ellos como cosa propia, ci- 
mentando su dominio con esclusion de toda otra auto- 
ridad. 

Lr provincia de Misiones se formó posteriormente de 
las reducciones de Corpus, San Ignacio Miní, Loreto, 
etc., sóbrelas riberas de los rios Paraná y Uruguay, 
según se verá más adelante. 

Saavedra emprendió el descubrimiento de todo el ter- 
ritorio del Gran Chaco poi* la parte del Paraguay; se 
empeñó en la ronvei'sion de los bárbaros guaícu- 
rúes en la reducción de los infieles del Guaira, desti- 
nando para ello seis padres jesuitas. Anonadó los indios 
del Yacuy, distante del rio Paraná, dejando franco el 
. paso hasta el rio Aguapey, ocho leguas mas adelante. 

Desde Buenos Aires emprendió una nueva rampa- 
ña internándose en la Patagonia y dirigiéndose al Estre- 



58 DEL PARAGUAY 

cho de Magallanes. Como á las doscientas leguas de mar- 
cha, tuvo la desgracia de caer, con los que le acompaña- 
ban, en poder de los indios, habiendo logrado evadirse 
por medio de la fuga hasta Buenos Aires, donde, con 
nuevas fuerzas, vuelve sobre los indios, á quienes ataca 
y derrota, consiguiendo así librar á sus compañeros del 
cautiverio y aumentar el dominio de la conquista con dos- < 
cientas leguas de territorio. Su gobierno, esta vez, duró 
hasta el 2 de mavo de 1609, sucediéndole — 

1610— XXIX, DON DIEGO MARÍN NEGRON, el 25 de 
marzo del mismo año di6 un bando imponiendo pena de 
muerte á los que oculten ó' favorezcan de cualquiera ma- 
nera á pasageros introducidos sin licencia. Este bando 
fué pregonado por el indio Hernández en Buenos Aires, 
en la esquina de Santo Domingo, y en presencia de muchos 
vecinos y soldados: y el 28 de diciembre del año siguien- 
te, se dio otro de buen gobierno, sobre que no se aloje á 
ninguna persona que viniese á Buenos Aires, sin que 
presente licencia del gobernador; y este fué pregonado por 
voz de Diego Rivero, pregonero de la ciudad de Buenos 
Aires, en la esquina de la plaza pública en presencia de 
muchos vecinos y soldados. 

Falleció en esta ciudad el 26 de julio de 1613, y según 
Lozano en febrero de 1615, lo que es un error.. 
» 

XXX. DOCTOR FRANCISCO DE ALFARO, oidor de la 
audiencia de Chuquisaca, visitador de las provincias del 
Rio dé la Plata, Paraguay y Tucuman, en 1608, para que, 
informado del estado de ellas, arreglarse el tributo (1) 
que debia exijirse de los indios en reconocimiento-de 
vasallage. Por el elevado carácter que investía, el gober- 

(1) El tributo es una especie de capitación sobre los indios reducidos 
desde la edad de diez y ocho años hasta la de cincuenta. Este impuesto 
era mal percibido y peor pagado y se aplicaba al salario de !os doctrineros 
El real tesoro hacia la percepción de él, pagaba á los doctrineros y guar- 
daba el sobrante, ó suplía el déficit 



GOBERNANTES 59 

nador le debia respeto y obediencia. Dio principio y 
término á su misión en 1611. Dictó unas ordenanzas que 
se mandaron observar inviolablemente en los tribunales 
de Indias. 

1613— XXXI. GENERAL FRANCISCO GONZÁLEZ DE 
SANTA GRUZ En poco tiempo de su gobierno consiguió 
introducir el evangelio en las provincias del }*araná; por 
medio de su hermano fray Roque González de Santa- 
Cruz, á quien dio amplias facultades para conferir em- 
pleos, fundar poblaciones y propagar el dominio espa- 
ñol, como lo consiguiera. 

1615-1618— XXXIL GENERAL HERNANDO ARIAS DE 
SAAVEDRA, con el renombre de padre de la patria, á que 
se habia hecho acreedor por sus naéritos y bellos actos. 

En vista de la escesiva estension de la provincia, el 
gobernador Negron y el cabildo de Buenos Aires hablan 
comisionado en clase de procurador, cerca de la corje de 
España, en 1612, á don Manuel de Fnias, para solicitar 
la división en dos provincias, la del Rio déla Plata y la 
del Paraguay 

Por real cédula de 16 de noviembre de 1617, la primera 
habia de comprender las ciudades de Buenos Aires, Santa 
Fé, Corrientes y Concepción del Bermejo, señalando por 
término este oeste, desde la boca y costas del Rio de la 
Plata hasta las barras de la del Tucuman y déla presidencia * 
de Chile, y de sur á norte, desde donde se pued^ estender 
en las tierras magallánicas y sierras del Tandil, hasta dar 
en el Paraná y dicha ciudad de Corrientes y su jurisdic- 
ción inclusive; y la de Guaira, teniendo por capital la ciu- 
dad de la Asunción, y comprendiendo á Guaira ó Ciudad 
Real, Villa Rica y Santiago de Jerez. Á pesar del nombre 
de Guairá,nunca se le dio otro, desde 1618, que el primi- 
tivo de Paraguay. 

Saavedra murió en Santa Fé en 1634. 



Gobernantes del Paraguay dfsde 1620 que se 

CONSTITUYO en PROVINCIA INDJiPENDIENTB 
DE LA DEL RlO DE LA PlATA 



1618-1630—1. DON MANUEL DE FRÍAS, ex teniente 
de gobernador del Rio de la Plata y primer gobernador 
del Paraguay, nombrado por el rey, (22 de abril de 1618) 
durante su misión cerca de la corte, para solicitar la se- 
paración del Paraguay de la jurisdicion del Rio de la 
Plata, á causa de la dificultad de su gobernación á tan 
larga distancia una ciudad de la otra y por el estado de 
desasosiego en que se hallábala del Paraguay por sus 
continuas desavenencias con los jesuítas y con el poder 
episcopal 

Requería, en consecuencia, una autoridad caracterizada 
é inmediata al propio teatro de los sucesos, presentando 
para el efecto el siguiente — 

MEMORIAL^ 

El capitán Manuel de Frías procurador de las ciudades de las 
Provincias del Rio de la Plata solicita la división de estas de 
LA del Paraguay; y que se nombre para la del Rio de la Plata 
COMO gobernador y capitán general á Hernandarias de Saavedra 

(1) Trascrito de la memoria del ministerio de relaciones esteriore 
de la Bepablica Argentina, presentada al congreso nacional en el año de 

1877. 



GOBERNANTES 61 

El cíipitan Manuel de Frías vecino del Rio déla Plata, 
dice que él viene por Procurador General de ocho ciuda- 
des que hay en aquellas. Provincias en cuyo nombre 
tiene qué pedir muchas cosas de consideración de aque- 
lla tierra españoles y naturales de ella de que dará me- 
moriales y presentará papeles. Y porque la cosa mas 
importante y que pide mas breve remedio es el proveerles 
Vuestra Magestad de Gobernador tal cual conviene para 
el estado presente en que la dicha gobernación está á 
riesgo de perderse por los alzamientos de naturales que 
en ella hay. 

Pide y suplica á Vuestra Magestad sea servido mandar 
que antes que se consulte y provea Governador para las 
dichas provincias se vean los papeles que presento que 
de ellas se le han enviado por donde constará á V. M. el 
gran riesgo y peligro en que quedaron las ciudades de la 
Asunción cabeza de las dichas Provincias, y la de la 
Concepción de ser acometida, quemadas ó tomadas délos 

indios Guaióurúes y Payaguáes que son dos naciones de 
las mas soberbias y dañosas de las dichas Provincias 

que estaban á una dos y confinados contra las dichas 
ciudades y que poco antes habian dado las dichas dos na-. 

clones en dos pueblos de Indios de los domésticos que 
servían á las dichas dos ciudades cada nación en el suyo 
y los habian pasado á cuchillo y quemado la Iglesia del 
uno de ellos y andaban espiando otras reducciones de 
indios de los que sirven y están en doctrina y en la dicha 
ciudad de la Asunción y sus chácaras entraban los dichos 
Indios usando de muchas libertades y desvergüenzas 
con los españoles de donde claramente se colegia que- 
rer acometer á destruirla y acabarla. Lo cual obligó 
al deán y cabildo y demás clero y superiores de las órde- 
nes y relijiones ó hacer un requerimento y protestación al 
Teniente de Gobernador y al Cabildo de la dicha ciudad 
laguardasen y estuviesen con grandísima vigilancia para 
que los dichos Indios no ejecutasen su mal propósito y el 



62 DEL PARAGUAY 

• 

dicho Teniente y Cabildo considerando el gran riesgo en 
que estaba en perderse la dicha ciudad enviaron un pro- 
curador al puerto de Buenos Aires donde estaba el Go- 
bernador Diego Marin que es doscientas treinta leguas de 
la dicha ciudad á pedirle socorro y que fuese con gente 
armas y municiones á amparar la dicha ciudad, el cual no 
lo pudo hacer porque de alii á pocos dias de como recibió 
el dicho aviso murió, con que la dicha ciudad quedó'en 
gran riesgo y sin orden de poder ser socorrida porque ei 
Teniente general quehabiaeh dicha governacion que era 
el dicho Capitán Manuel de Frias, era ya partido para esta 
Corte con poderes de aquellas provincias y así no quedó 
en ellas cabeza superior que pudiese acudir en falta de di- 
cho Gobernador al dicho socorro y á ordenar y mandar lo 
quemas convifiiere. 

Y así por lo dicho como porque después, que Don 
Francisco de Alfaro visitó aquella governacion y dio á 
entender á los dichos indios que eran libres habiendo cor- 
rido en toda la tierra la dicha voz de libertad entre los 
naturales como el de los dichos indios en tan bárbaro y 
ellos de tan poco entendimiento y tan mal inclinado 
.solo aprecibieron aquel nombre de libertad y quisieron 
usar de ella sin entender que hablan de guardar obedien- 
cia y muchos de ellos se alborotaron y fueron de las re- 
ducciones y doctrinas á sus ladroneras. 

Y porque demás deesto de ordinario en la dicha Gober- 
nación hay alzamientos y rebeliones de naturales y gran 
suma de ellos que no han dado la^obediencia por la po-- 
ca fuerza de gente española, armas y muciones que hay en 
la dicha Governacion. 

Conviene al servicio de Dios y de V. M. por y quietud 
de la tierra que el gobierno de ella se encargue á persona 
de muy grande esperiencia de aquellas provincias y de los 
naturales y pobreza de ellas para que no se acaben de 
perder que están en muy evidente riesgo, y con ninguna 
se puede reparar lo presente y lo de adelante como con 



GOBERNANTES 63 

Hernando Arias de Saavedra que otras veces ha tenido á 
cargo el dicho Gobierno y ha sido el que lo ha pacificado 
allanado reducido y puesto en doctrina los naturales y 
que tiene ganada tan grande opinión entre ellos y le tie- 
nen tan gran temor y amor que vastava hoir los dichos 
naturales que el dicho Hernando Arias es Governador 
para que se repriman y abstengan de executar sus malos 
intentos y para que vengan á obediencia el cual de mas 
de ser tan apropósito para lo tocante á los naturales lo es 
mucho para todo lo demás tocante á Servicio de V. M. y 
conservación de aquella tierra porque la esperiencia ha 
mostrado en tres veces que ha sido Governador que no ha 
tenido V. M. jamas en aquellas provincias tan grande 
ejecutor de las cédulas reales y de la gran voluntad de 
V. M. y siendo como en la tierra muy pobre la procura 
conservar sin daño de los subditos y vasallos de V. M. 
y al fin es bastante prueba de cuan impíamente y cuan 
sino intereses propio ha Governado haver quedado cuando 
dejó Iqs dichos goviernos ó se le acabó el tiempo de ellos 
mas pobre y con, menos hacienda que cuando comenzó ó 
governar. 

Y no embargante que la persona del dicho Hernando 
Arias de Saavedra es la mas apropósito que se puede 
hallar para aTjuel Govierno y que yo en nombre de aque- 
llas provincias atento á la necesidad que al presente tie- 
nen de su persona; pido y suplico á V. M. se prevea en el 
advierto que conviene al servicio de Dios nuestro Señor y 
de V. M. — que aquél Govierno se divida err dos porque no 
se puede descargar la real conciencia en las cosas en que 
está muy encargado Governando lo uno ni conseguir la 
conversión de» los naturales que es muy gran suma de 
alma ni hacer en esos efectos la Real Voluntad por estas 
causas. 

La primera porque el dicho Govierno tiene de distr'ito 
quinientas y mas leguas y en ellas pobladas ocho ciu- 
dades. 






64 DEL PABAGUAT 

La primera la ciudad de la Trinidad puerto de Buenos 
Aires. 

Cien leguas de esta la de Santa Fé. 

Setenta leguas de ella la de San Juan de Vera. 

Setenta leguas de ella la de la Asunción. 

Cien leguas la ciudad de Jerez y otras ciento la Ciudad 
Real y sesenta leguas della la Villa Rica del espíritu San- 
to, y treinta leguas de la dicha ciudad de la Concepción 
aun lado hacia Tucuman que las demás todas van Rio ar- 
riba hasta la provincia de Guaira. 

La segunda y con estar tan distante las dichas ciudades 
unas de otras que en ninguna manera se pueden socor- 
rer con brevedad en la necesidad que seles ofrecia son los 
caminos que hay los mas por agua y Rios de muy peli- 
grosa navegación asi de agua como de naturales, de 
Guerra y lo que es por tierra es anegadizos, Bosques y 
Montañas. 

4 

La tercera que el governador de aquella Governacion 
. de ordinario asiste en el puerto de Buenos Aires porque 
V. M. manda por sus Reales cédulas, gutirden aquel puer- 
to y asi es forzoso que de las demás ciudades que están 
en la provincia de Guaira que son tres vengan los españo- 
les y naturales á pedir su justicia en lo que se le ofrece 
quinientas leguas donde está el dicho Governador, y 
vuelvan otras quinientas 'hasta sus casas gastando sus 
haziendas, y un año ó dos de tiempo y las incomodidades 
y peligros de tan largo camino y cuando llegan hallan 
acabada de perder la poca hacienda que dejaron que toda 
es poca por ser aquellas ciudades muy pobres y es nece- 
sario tornar á trabajar de nuevo. 

La cuarta que en todo el tiempo que aquellas provincias 
se poblaron se poblara que haya llegado governador ni 
obispo á visitar siquiera un dia á dicha ciudad de la pro- 
vincia de Guaira ni el don Hernando Arias ha llegado 
jamas á ellas en tiempo que sido Governador ni llegará 



GOBEKNANTES 65 

ninguno mientras V. M. no les'diere Govierno de por si 
de que se ha seguido que los naturales que es una pro- 
vincia donde hay mas de doscientas mil almas no den 
obediencia ni se conviertan á nuestra santa fée católica ni 
se consiga en esto el santo celd de V. M. y que los que ya 
están convertidos y han dado la obediencia carezcan de 
ordinario de quien los doctrine y predique el s&nto evan- 
gelio y no solo ellos sino también los españoles que los 
mas años están sin cura que les administre los santos sa- 
cramentos y ni indios ni españoles se les ha administrado 
el de la confirmación jamas. 

Y así hay españoles de á ciucuenta años por corfirmar, 
de mas que los españoles pasan grandísima pobreza y 
miseria y no se acrecienta cosa en lo temporal por su Go- 
bernador por tenientes y sacristanes que solo van á pelear- 
los y hazerles injusticias como están tan lejos de Obispo 
y governador. 

Y todos los daños dichos se remedian dividiéndose 
aquel Gobierno y Obispado en dos que aunque el Obispado 
ni Obispado sean de pi elados pobres V. M. tiene en aque- 
llas provincias y en las de Tucuman Religiosos tan santos 

y ejemplares del orden del Señor San Francisco que sin 
mirar á otros intereses mas que el del servicio de Dios y 
de V. M. se ocuparán en el Ministerio de la conversión de 
las almas. 

Y no dividiéndose el dicho govierno y obispado como lo 
tienen advertido y dado cuenta á V. M. el dicho Hernando 
Arias coando fué gobernador de aquellas provincias y 
Diego Marin Negron que le sucedió en el dicho cargo de 
quien presento parecer sobre ellos. 

No descargará la Real conciencia ni dejará de haber los 

dichos agravios ni se conseguirá la paz y conversión délos 

naturales que no están convertidos ni cesará un notable 

maleficio y agravio que se hace por los portugueses del 

Brasil á los naturales de aquellas provincias de Guaira 

adonde entran los dichos portugueses á robar y captivar 

6 



66 DEL PARAGUAY 

los dichos yndios y los traen perceptiblemente al Brasil 
donde los venden por esclavos asi para los ingenios de 
azúcar como para las minas de oro y otros efectos llaman- 
dolos por el dicho nombre de esclavos y vendiéndolos pu- 
blicamente y todo eso cesará haviendo governador que 
mire por aquella tierra y la ocupase y difienda de los na- 
turales. • ^ 

Que ahora se haya de proveer ó no al gobierno de dichas 
Provincias el dicho Hernando Arias de Saavedra supuesto 
que cuando hubiese de ir de esa Governador que no con- 
viene sino de los que tienen esperiencia de aquelia tierra y 
ya no puede ir de acá por este año se sirva V. M. atento 
al contigente peligro en que estaba la dicha ciudad de la 
Asunción y la de la Concepción, respecto de estar auna- 
da las dichas dos naciones y conjurados contra las dichas 
ciudades y por las demás causas dichas se despacha lue- 
go cédula ó provisión Real para que el dicho Hernando 
Arias Govierne aquellas provincias y acuda á la defensa 
pacificación de ellas en el inter y en tanto que V. M. pro- 
vee la persona que los haya de governar y se sirve prover 
lo que convenga en cnanto á la dicha división y se man- 
de al dicho Hernando Arias lo acepte y se sirva V. M. por 
que esta provisión se despache luego porque pueda alcan- 
zar allí en los navios que salen de Lisboa para la costa del 
Brasil atiempo que alcance, allí, algunos de los navios de 
permisión que vuelven á la dicha costa del Rio de la Plata 
que con esto se provee del mayor y mas eficaz remedio 
que por ahora se le puede dar á aquellas provincias á 
quien será necesario proveer después de alguna gente y 
armas municiones y pertrechos de guerra por su pobreza 
no lo alcanzan y carecen dq ellos en las dichas ciudades 
. siendo muy necesario para su defensa. 

Otrosi suplica á V. M. mande se vea el parecer dado 
por los padres de la Compañía de Jesús asisten en la 
dicha ciudad de la Asunción y por el deán y Cabildo y 
dQmas clero y Prelados de las órdenes. acerca de que jus- 



* • rf 



GOBERNANTES 67 

tamente se debe hacer guerra á fuego y sangre á las di- 
chas dos naciones Guaicurúes y Payaguás por los gran- 
des delitos y daños* que han cometido de muertes y robos 
de españolearé indios domésticos de muchos años á esta 
parteyporlas traiciones que han intentado para alzarse 
contra dicha ciudad y visto se sirva V. M. mandar decla- 
rar podérseles hacer la dicha guerra á las dichas dos na- 
ciones declarando la forma ae ella y mandando al Gover- 
nador de aquellas provincias la ponga luego en efecto 
para que los españoles y naturales que sirven en ellas 
debajo del amparo Reral de V. M. lo puedan hacer con 
seguridad y quietud y sin estaren evidente peligro y ries- 
go de sus vidas y haziend€ts que de ordinario están con 
las dichas dos naciones. 

Manuel de Frías. 

En cuanto toca á la guerra de los Indios informe el pre- 
sidente y Audiencia de las Charcas Obispo del Paraguay 
Gobernador del Rio de la Plata y Don Francisco de Alfa- 
ro oidor de Lima y dése cédula para que puedan entrar 
en estos Indios de guerra en seguimiento y alcance de los 
que hizieron los daños que se representan y matarlos si 
pudiesen y de los que tomasen y prendiesen se pueden 
servir manifestándolos ante la justicia y previniéndoles 
señas y dando seguridad de qué los tendrán de manifies- 
to sin poderlos enagenar ni vender, en Madrid á 17 de 

Octubre de 1615 años. 

El doctor Salvador de Vieira. 

Copia — Conforme con el original que se conserva en 
este Archivo. ^ 

Fraftcisco de Paula Juarea, 



* 



Aunque el arreglo definitivo de los límites de ainbas 
provincias— Paraguay y Rio de la Plata — tuvo lugar pn 



• 



N 



68 DEL PARAGUAY 

1620, Frías no tomó posesión del mando gubernativo sino 
el 21 de octubre del siguienle año. 

Noexistiaentónces, como rara vezexistiqra, una perfec- 
ta armonía entre el prelado y el gobernador; al principio 
era por asuntos puramente domésticos, más después, tenia 
por origen la cuestión del patronato que ambas autorida- 
des se disputaban, hasta que al fin el obispo recurrió al 
arma favorita y terrible en aquella época de ignorancia 
y de estúpido fanatismo — la escomunion. El gobernador 
fué escomulgado y la administración de los pueblos de las 
Misiones arrancada á los regulares déla Compañía. Sin 
embargo, el Consejo de Indias desaprobó tales medidas, 
cuando ya habian producido el efecto deseado por el obis- 
po, cual era la efervescencia popular en el primer momen- 
to. La profunda désinteligencia quedaba subsistente entre 
ambas autoridades y ella dio origen á terribles escándalos, 
hasta que al fin los llevaron ante los tribunales en va- 
rias ocasiones. Una vez recurrió el gobernador perso- 
nalmente á interponersu queja ante la audiencia de Chu- 
quisa ca, y otra fué llevado á ella preso, en agosto de 
1626 hasta mediados de 1627, que se le restituyó al ejei'ci- 
cio de su empleo. Gobernó hasta el año de 1630 y falle- 
ció en la ciudad de Salta. 

II. . DON DIEGO DE REGÓ Y MENDOZA, teniente de 
gobernador, en ejercicio del P. E. durante la ausencia de 
Frias en Chuquisaca — 1626-1627-t-y mientras llegaba de 
España el nuevo gobernadar nombrado. 

1631-1636— III DON LUIS DE CÉSPEDES GARCÍA 
XARIA, (distinto del que fu^ gobernador de Buenos Aires 
y Rio de la Plata) quien tomó posesión del gobierno del 
Paraguay en 25 de junio de 1631. Al año siguiente fué 
acusado de estar en connivencia con los indios del Brasil,* 
conocidos con el nombre demamelvíeos (l)que arrebataban 

XI) La ciudad de San Pablo empezó, en 1564, por una reducción de 



GOBERNANTES 69 

álos guaraníes y los vendían como esclavón en la provin- 
cia de Rio Janeiro. El número de aquellos desgraciados 
así esclavizados, según información del gobernador Es- 
tévan Dávila, dirigida al rey en 1637, pasaba de 60,000. ^ 
Las colonias de Villa Rica del Espíritu Santo y Ciudad 
Real fueron desolados por las incursiones de los mame- 
lucos, hasta quedar completamente abandonadas por sus 
moradores, yendo, muchos de estos á establecerse en la 
nueva ciudad de Villa Rica, fundada en 1635, en el centro 
del Paraguay, por el sucesor de Céspedes. 






Durante se ventilaba el juicio de éste y se daba senten- 
cia á su causa, ejerció el gobierno su teniente general has- 
ta que la real audiencia nombró al — 

1633-1636— IV. GENERAL MARTIN DE LEDESMA 
VALDERRAMA, caballero andaluz, natural . de Alcalá de 
Guadaira. 

Fué nombrado (1628) gobernador de la provincia del 
Tucuman por el virey del Perú, marqués de Guadalcazar, 
con la condición que se obligase á la conquista del Chaco 
y fundase allí dos ciudíides en sitio conveniente, para 
refrenar el furor de los muchos bárbaros que poblaban 
dichas provincias. Era muy celoso Ledesma de propa- 
gar la santa fé, y se persuadió le destinaba Dios para 
adelantar sus progres os en el Chaco. 

Sobre el gobierno de Ledesma en el Paraguay, el lec- 
tor encontrará en La Revista del Archivo General de 

gaaranies que los jesuítas hicieroa ea el Brasil, y azcqzíó coasLiarable 
mente con los malhechores de Portugal que se relegaban al presidio de 
San Vicente, con los piratas holax^deses que conquistaron las tierras 
nmediatas y con ios bandidos de otras naciones que conseguian alli una 
completa impunidad de sus delitos. De este modo se formó una comuni. 
' dad de facinerosos y delincuentes que robaban mugeres indias para pro- 
veerse de esposas, y destruían los pueblos fronterizos. Denominábanse 
BUS empresas malocas^ de donde viene el nombre de mamelucos. 



I 



70 DEL PARAGUAY 

Buenos Aires, publicado por don Manuel R. Trelles, 
tomo III, un espediente íntegro relativo á una reclamación 
de dicho gobernador contra el Cabildo de la Asunción. 

Al gobernador Ledesma debe el Paraguay muchos ser- 
vicios. 

Movió las armas españolas contraías payagúaes, nación 
ferocísima, crueles enemigos de los españoles, en quie- 
nes ejecutaron atroces muertes, cautivando hasta sacer- 
dotes, habiendo sido el terror del país, pero sin conseguir 
el objeto de castigar sus frecuentes insultos. Visitó, por 
orden de la audiencia, las Misiones jesuíticas en las már- 
genes del Paraná, reduciéndolas á encomiendas y sujetán- 
dolas alas armas españolas, aunque esta disposición no 
legó á merecer la aprobación de la referida audiencia, 
por sugestiones de los jesuitas que hacian todo lo posible 
para no perder su dominio. El hecho es que Ledesma 
patrocinó á los encomenderos con toda su energía, hasta 
llegar á sostener un largo pleito ante su sucesor Lugo y 
Navarra. 

Los jesuitas pretestaron defenderse de los paulistas 
(mamelucos) del Brasil, poniendo las armas en manos de 
los indios por el año de 1638, con cuya operación vinieron 
á conseguir una especie de soberanía. 

A pesar de la independencia del gobierno del Paraguay 
del de Buenos Aires, como provincia, el virey Gerónimo 
Fernandez de Cabrera Bobadilla y Mendoza, conde de 
Chichón, mandó se socorriese á la provincia del Paraguay, 
en el penúltimo año del gobierno de Ledesma con 200 ar- 
cabuces, 100 espadas, 20 quintales de hierro y 10 arro- 
bas de acero, pregonándose en esta ciudad (Buenos Aires) 
que todas las personas que tuviesen los referidos artículos 
ocurran en casa del tesorero don Juan de Vallejo, para que 
con intervención del capitán Bartolomé Sánchez de Vera, 
procurador de la Provincia del Paraguay, figen los precios 
y lo que asi se comprase, se pagarla de la Real Hacien- 
da. Habiéndose hecho las diligencias para dar cumplí- 



GOBERNANTES 71 

miento á esa disposición, no se halló ningún arcabuz, 
sino tan solamente 30 aderezos de espadas, y en lugar de 
los arcabuces, se le mandó dar mosquetes, el hierro y el 
acero que se pudo hallar. 
En su gobierno se puso en práctica la cédula de fuerza- 
Falleció en Santiago del Estero, dejando varios hijos, 
cuyos descendientes ennoblecen ambas provincias del 
Paraguay y Tucuman. 

1636-1641— IV. DON PEDRO DE LUGO Y NAVARRA, 
caballero del orden de Santiago: Habia tenido á principios 
del año 1636 mandato del rey para visitar los Pueblos de 
las Misiones de los regulares de la Compañia y darles 
oportunos auxilios contra los insultos que hacian los 
indios mamelucos, y para asegurar las reducciones de 
su provincia. Reunió pues, cuatrocientos indios y mar- 
chó á la cabeza de ellos hacia el cantón de Caarupa-Crua-- 
m y los derrotó completamente, haciéndolos prisioneros 
á casi todos, después de haber aquellos dado muerte alP. 
Alfaro, misionero jesuita, que acompañaba al goberna- 
dor. Los mamelucos fueron conducidos á la Asunción, 
que distaba ochenta leguas del campo de batalla y de alli 
los mandó á Buenos Aires, cuyo gobernador, don Esté- 
van Dávila, á i^olicitud de algunos particulares, les per- 
mitió regresar á sus hogares. Gobernó hasta marzo 
de 1641 y falleció al año siguiente, en su viage á Es- 
paña, adonde habia sido llamado. 

Fué su teniente de gobernador, y le sustituyó en sus 
ausencias, el alférez general don Juan de Vallejos Villa- 
santl. 

El gobernador Lugo habia acusado á los jesuitas, 19 
Que tenían oculto un gran tesoro deque se aprovechaban. 
2? Que ponian mal á los españoles con los indios. 3? Que 
no querian que los obispos visitasen sus doctrinas. 49 
Que no querian que los gobernadores las visitasen. 59 Que 
trataban y contrataban. 69 Que no querian que los indios 



72 DEL PARAGUAY 

vistiesen á los- españoles. 7? Que los indios convertidos 
por los jesuitas habia sido por las armas. 8? Que daban 
armas de fuego á los indios. 99 Que despoblaban las re- 
ducciones de indios sin licencia del rey y los escondían 
de los gobernadores y españoles. 

El padre Antonio Ruiz de Montoya, de la Compañia de 
Jesús, procurador de la provincia del Paraguay, y Rio 
.de Plata trató de justificar á sus hermanos de esos car- 
gos clasificándolos de calumniosos. 

1641-1647— V. DON GREGORIO DE HINESTROSA, 
natural de Chile, cuyo padre y antepasados prestaron 
buenos servicios en España y en Chile, habiendo hereda- 
do de ellos el mismo celo por el servicio del rey y su incli- 
nación á la guerra, la que hizo desde la infancia con 
honor, ascendiendo todos los grados de la milicia hasta 
llegar al de maestre de campo. Después de haber sufrido 
un rudo cautiverio entre los indios de Chile, se le nombró 
corregidor de Atacama, pasando en seguida á España 
donde se distinguió en el sitio de Fuenterrabla. En pre- 
mio de sus dilatados servicios, el rey le recompensó nom- 
brándole goberuador del Paraguay de cuyo cargo se re- 
cibió el 27 de junio de 1641. 

Hinestrosa era muy querido y poseia un gran fondo 
de honor y probidad, pero carecia de las luces y resolu- 
ción necesaria, para poder hacer frente á un hombre de las 
condiciones del obispo Cárdenas. Al principio el gober- 
nador le complacia en todo, á lo que era mal correspondi- 
do. Habiendo negado al prelado la cesión de un crecido 
número de indios que se hallaban al servicio de la cofra- 
día del Santo Sacramento tanto se encolerizó que esco- 
mulgó al gobernador, y como algunos dias después de- 
bia tener lugar una procesión, y, según constumbre, á 
éste correspondia llevar el estandarte real, por aquella cir- 
cunstancia quedaba inhibido de presentarse en aquel acto. 

Don Gregorio no quiso comprometerse por una cere- 



GOBERNANTES 73 

« 

monia religiosa y observó una perfecta moderación que 
indispuso á muchas personas contra el obispo. Un dia 
el sobrino de éste, el padre Francisco de Cárdenas, le 
paró en lacaüedirigiéndole insultos groseros, en momen- 
tos en quesalia el obispo de la iglesia acompañado de una 
multitud de gente. El gobernador, con toda moderación 
siguió su camino. No paró en eso;,á cada momento era 
insultado por el obispo y su sobrino, hasta con escomu- 
niones que relajaban la autoridad del primer magistrado 
de la provincia, haciéndola despreciable á los ojos de todos 
sus subditos. 

Por fin recibió una carta del virey del Perú, don Pedro 
de Toledo y Leiva, marqués de Mancera, en que le reco- 
mendaba no permitiese por mas tiempo la opresión en que 
estaban los habitantes de su provincia, ni el aniquila- 
miento de su autoridad; que restableciese todo, según las 
leyes y ordenanzas, y obligase al obispo del Paraguay á 
circunscribirse á los límites de su jurisdicción, puramen- 
te espiritual; que los informes que se le hablan remitido 
contenían cosas inauditas, difíciles de imaginarse, pero 
que todo parecía tan bien probando, que no era posible du- 
dar. 

Ala lectura de estacarta, el gobernador sintió renacer to- 
do su vigor, prometiéndose hacer valer todos sus derechos 
en lo futuro. Empezó por mandar una revista general de 
las tropas, luego ordenó, como se Je habia prescrit . por 
el virey, á todos los portugueses establecidos en la Asun- 
ción que se marcharan á Santa Fé; en seguida hizo avisar 
á todos los indios de las inmediaciones de la capital que él 
se disponía visitarlos y que se estuviesen listos para ege- 
cutar lo que iba á prescribirles de parte del rey. 

Informado el obispo de todos estos movimientos, inme- 
diatamente mandó á la Asunción orden, declarando a! go- 
bernador como escomulgado y prohibiendo á todos los 



74 . ' DEL PARAGUAY 

habitantes de la campaña, tanto españoles como indios, 
presentársele, so pena de incurrir en escomunion mayor. 
Sin embargo, se reconciliaron por el momento, el gober- 
nador de buena fé, no así el obispo que la emprendió con- 
tra los jesuitas, á quienes perseguia á muerte. 

El dia (4 de octubre de 1644) designado por el obispo 
para trastornar el orden déla Asunción, á la cabeza de 
400 indios bien armados, el prelado debia proceder contra 
aquellos religiosos, qne se negaban á reconocerle porque 
su nombramiento carecia de ciertos requisitos legales. 
Apenas tuvo noticia de la tentativa que se proyectaba, el 
teniente general don Francisco Florez, di6 oportuno aviso 
de ella al gobernador, quien inmediatamente lo participó á 
los jesuitafey se preparó para guardar el orden. .Aper- 
cibido el obispo de que su plan había fracasado, lo poster- 
gó hasta mejor ocasión. 






Entretanco, el capitán don Pedro Diez del Valle llega de 
la Plata conduciendo un pliego de la audiencia de Char- 
cas, en que se recomendaba á ambos altos funcionarios 
viviesen en armonia cada uno en su categoría respectiva. 
Esto no se pudo conseguir por parte del prelado, hasta 
que al fin el gobernador se vé en la necesidad de intimar 
al obispo, dentro de la misma iglesia, donde aquél queria 
llevar el escándalo, salga desterrado de la provincia por 
haber usurpado la jurisdicción que tenia del rey. El prela- 
do contesíó que estaba pronto á obedecer, tomando al 
pueblo, allí reunido, por testigo de la palabra que acaba- 
ba de dar. Con esta promesa, el gobernador sale de la 
iglesia, dejando al obispo decir misa, pero éste, antes de 
dar principio á ella, y estando ya revestido de sus orna- 
mentos, dirige al pueblo una sangrienta invectiva contra 
el gobernador, declarándole escomulgado á él, al maestre 
de campo general y á todos los que consideraba haber vio- 
lado la dignidad episcopal. Salió pues, de la Asunción, 



GOBERNANTES 75 

pero al poco tiempo volvió con la esperanza de que seria 

bien recibido, en vista de la agitación manifestada por 

toda la ciudad al efectuar su salida. En efecto, su llegada 

fué anunciada con repique de campanas, y entró en la 

capital precedido de varios eclesiásticos que cargaban 

armas debajo del manteo, y algunos religiosos llevando 

sobre el pecho una hostia sagrada. 
F.l prelado habia dado orden que, los que llevaban la 

delantera, se dirigiesen al Colegio, pero con la noticia, 
aunque falsa, de que habia allí 400 hombres bien arma- 
dos, se encaminó al convento de San Francisco, donde se 
acantonó como en una plaza fuerte. Mandó venir luego 
un alcalde y algunos regidores, á quienes leyó una carta 
que dijo acababa de recibir, anunciándole que los, indios 
de los jesuítas habian saqueado á Yaguaron y todas las 
poblaciones circunvecinas, los cuales seguian su marcha 
para la capital con la intención de practicar igual cosa, y 
"porque quiero, agregó defender vuestros privilegios y 
vuestra libertad, se me quiere echar de la provincia como 
un sedicioso (y no era otra cosa). Pero en calidad de con- 
sejero del rey, exhorto á todos los que están encargados 
de defender esta ciudad oprimida, nombren un goberna- 
dor que guarde la provincia del peligro de que se hall-a 
amenazada. En un caso tan urgente, la necesidad pue- 
de llenar el lugar de una real Cédula." 

Sorprendido el alcalde de lo que acababa de oir, corrió 
á casa del gobernader para conjurarle á que no dejare 
entrar á los indios en la ciudad y hasta se insolentó porque 
el gobernador le contestó que él sabia lo que tenia que ha- 
cer. La insubordinación del alcalde fué castigada con su 
prisión, cuya noticia, esparcida por la ciudad, puso al 
pueblo en alarma. Entró éste en calma cuando supo que 
no era cierto el saqueo de Yaguaron, pero si que s? aproxi- 
maban los neófitos á la ciudad por orden del gobernador, 
guardando en su marcha mucha disciplina, sin causar da- 
ño alguno en ninguna parte. El obispo puso en juego 



76 DEL PARAGUAY 

toda su influencia para comprometer á los habitantes á 
tomar las armas en su defensa, y no habiéndolo podido 
conseguir, descargó toda su cólera sobre el maestre de 
campo general, sobre sus hermanos y amigos, declarán- 
dolos á todos cismáticos, escomulgados y enemigos de la 
patria. 



Viendo el gobernador que el tumulto aumentaba y que 
los principales vecinos abandonaban la ciudad retirándose 
al campo, mandó al escribano del rey, don Rui Gómez de 
Gayoso, intimase al obispo partiese sin demora, hacién- 
dole saber al mismo tiempo que le tenia lista una barca 
bien provista de víveres para él y todo su séquito. El 
escribano se presentó á la puerta del convento y pidió 
hablar al obispo. Un religioso que estaba de guardia 
trató de herirle con su azagaya, hasta que con el alboroto 
que se armó, acudió el obispo, y, enterado de la comisión 
que llevaba Gómez, contestó que nadie tenia derecho á 
mandarle salir de su diócesis; que en todo caso al mismo 
gobernador correspondía acercársele. En seguida prorum- 
pió en invectivas contra él, declarando escomulgado al es- 
cribano del rey, con amenaza, si no se tenia por tal, de una 
multa de quinientos escudos, y de ser entregado al santo 
oficio como rebelde y contumaz. Aun ha corrido que se 
le ha escapado decir que no se cometería un pecado venial 
dando muerte al gobernador, habiéndose ofre::ido cuatro 
eclesiásticos para ejecutar este crimen. 



Avisado el gobernador Hinestrosa, inmediatamente 
hizo entrar en la ciudad cien indios del Paraná, colocan- 
do cincuenta en la puerta del Colegio y los demás al re- 
dedor de su domicilio, porque decían que, al mismo tiem- 
po que fueran á su casa para asesinarle, se habia resuelto 
en el consejo del obispo ir á prender fuego al Colegio. 



GOBERNANTES 77 

ActocontlQUO se publicó un edicto declarando á don Ber- 
nardino de Cárdenas intruso en el obispado del Para- 
guay y sin jurisdicción alguna. Los padres Trujillo y Ver- 
dugo habian proporcionado al gobernador dos documen- 
tos que probaban la suspensión de este prelado desde su 
consagración. 

En seguida el gobernador mandó tocar*generaIa publi- 
cando una orden, so pena de la vida, á todo el que no se 
presentase con su arma en la plaza mayor, en donde 
flameaba el real estandarte, para estar listo á hacer todo 
lo que se ordenase de parte del rey. Nadie se atrevió á 
faltar. 

En vista de todo este aparato bélico, el obispo mandó 
decir al gobernador que no podia seguir viviendo en una 
provincia poblada toda entera de escomulgados, y el 19 de 
noviembre (1644), después de haber dicho sus dos niisas, 
se despidió de todos y salió llevando suspendido al pecho 
el cuerpo de nuestro Señor dentro de una caja, y seguido 
de sus sacerdotes y clérigos, cada uno con un cirio en- 
cendido en la mano. Luego que quedó instalado en la 
barca, el prelado renovó sus anatemas contra los persegui- 
dores de la Iglesia que echaban de su diócesis "aZ wta^ 
santo obispo que hubiese aparecido en el Nuevo Mundo 
desde su descubyHmiento" lanzando de nuevo el entredi- 
cho sobre la ciudad, al son de una campanilla que acos- 
tumbraba llevar consigo en sus viages. Las campanas 
de la iglesia de los padres franciscanos y las de la parro- 
quia del obispado se pusieron desde luego á repicar, se- 
gún la orden que él hab'ia dado, y solo se pudo conseguir 
apaciguar el tumulto mandando que tocasen todas las 
iglesias. 

El ruidoso gobierno de Hinestrosa, tan preñado de 
desórdenes y alborotos que tanto afligió á la provincia 
del Paraguay, duró desde 1642 hasta 1647 que le su- 
cedió — 



78 DEL PARAGUAY 

1647-1649— VI— DON DIEGO DE ESCOBAR OSORIO, 
natural de Chile, maestre de campo, oidor de la real 
audiencia de Charcas, cuyo gobierno en las críticas cir- 
cunstancias en que lo recibiera, fué de* corta duración. 
Según sus instrucciones, debia oponerse á cuanto el 
obispo Cárdenas y sus partidarios trataran de emprender 
contra ios jesuitas. Sin embargo, ignoraba el goberna- 
dor con quien tenia que habérselas, nada menos que con 
un prelado que contaba con las simpatías de la mayor 
parte de los habitantes de la Asunción; donde el espíritu 
de sedición se habia apoderado de la multitud. Allí 
guardó para con don Bernardino todos los miramientos 
debidos á su carácter*, sin darle el menor motivo de sos- 
pecha de sus prevenciones para con los jesuitas. 

Ni el gobernador dio paso alguno para hacer cumplir 
lo ordenado por la real audiencia respecto del obispo, ni 
Qste manifestó la intención de querer presentarse á La 
Plata; por el contrario, antes de terminar un mes de ha- 
llarse en la Asunción, alejado en el convento de San 
Francisco, se trasladó ^al palacio episcopal, en seguida 
renovó su toma de posesión del obispado del Paraguay 
con toda ceremonia: é inició sus intrigas contra los jesui- 
tas que fueron insultados y maltratados, á todo lo cual el 
gobernador m'anifestaba una especie de indiferencia. 
Este fallece casi súbitamente después de haber tomado un 
remedio que se le habia mandado, asegurándole que era 
escelente para la incomodidad que le habia sobrevenido, 
el 26 de febrero de 1649. 

Fué su teniente de gobernador.el capitán don Diego de 
Yegros. 



Apenas cerró los ojos Osorio, el 26 de febrero de dicho 
año, se reunieron tumultuariamente en el cabildo para 
darle un sucesor, mientras el rey nombraba un goberna- 
dor, alegando una pretendida cédula de Carlos V, que no 



GOBERNANTES 79 

daba ya tal derecho al cabildo de la Asunción, y contra 
el dercho del virey del Perú, ó en su ausencia, de la real 
audiencia de Charcas. Pero ya no se conocía, en la A- 
suncion, ley, ni autoridad superior. El populacho, amo- 
tinado por los parciales del obispo, proclamó gobernador 
y capitán general á — 

Vil. DON BERNARDINO DE CÁRDENAS, obispo de 
la diócesis, quien tomó posesión del gobierno el 19 de oc- 
tubre de 1645, sin que nadie se oposusiese, los unos, por- 
que pensaban como el populacho reunido en la plaza, y 
los otros, por no querer compremeterse. 

El obispo gobernar dor inició su administración, des- 
tituyendo á todos los que sabia no le eran afectos y aun 
obligando á muchos á retirarse á sus establecimientos de 
campo. En seguida mandó á sus emisarios recorrer to- 
dos los barrios de la ciudad, para animar al pueblq y 
comprometerle á pedir la espulsion délos jesuítas de la 
provincia, y para imprimirle mayor entusiasmo, un dia 
que pontificaba en la catedral, se dirigió al pueblo después 
• de la consagración, y, mostrándoles la santa hostia, dijo: 
"Cy^eeis, hermanos mios, que Jesu-Cristo esté aqui bajo 
estas especiesT' Todos esclamaron que estaban prontos 
á derramar su sangre por defender esa verdad. "" Creéis 
también firrñemente, agregó, que tengo orden del rey 
T^ara echar á lo^ jesuítas de esta ciudad^'* 

Tal declaración por parte del obispo gobernador acabó 
de persuadir á la multitud, que los jesuítas eran verdade- 
ramente culpables de todos los crímenes de que este prela- 
do los acusaba. Para llevar á cabo esta determinación 
apareció un edicto del prelado que obligaba, so pena 
de escomunion y de la vida, á todos los que pudiesen 
cargar armas, á que se enrolasen bajo la bandera de 
Juan de Vallejo Villasanti, teniente de rey, y ejecutasen 
cuanto les ordenara este gafe. Todos obedecieron; y el 
6 de marzo (1649) Villasanti se presentó, á la cabeza de su 



80 DEL PaBAQÜaY 

ejército, á la puerta del colegio. Habiéndola encontrado 
cerrada y, después de llamar varias veces, mandó echar 
la puerta abajo á hachazos y entró en seguida á notificar 
al rector la orden de salir de la ciudad inmediatamente, 
con todos sus religiosos y evacuar con toda la prontitud 
posible las reducciones del Paraná y todos los demás 
establecimientos que la Compañia tenia en el Paraguay. 
Apesar de las esplicaciones dadas por el rector, Villasanti 
no las atendió, sino que hizo seña á su gente que ejecu- 
tase lo que les habia prescrito. En el momento se lanza- 
ron todos sobre los jesuitas, sanos y enfermos, y los ar- 
rastraron hasta la plaza donde los hicieron ambarcar. 
La barca en que fueron puestos baró por Corrientes, cuyo 
maestre de campo don Manuel Cabral los alojó en su casa 
y los trató con toda consideración. 



Luego que los jesuitas abandonaron su colegio de la 
Asunción, se apoderaron de éste como de una plaza to- 
mada por asalto. Se destruyó y quemó la mayor parte 
de las inmensas riquezas que encerraba la casa é iglesia. 

Después de algunas representaciones de una y otra 
parte, la real audiencia resolvió al fin comisionar, para 
que la provincia no continuase sin un gefe que pudiese 
restablecer en ella el orden y la subordinación, nombrando 
un visitador del Paraguay, con el título de gobernador y 
capitán general interino, en la persona de don Andrés Ga- 
ravito de León, enviando al mismo tiempo al obispo 
Cárdenas una intimación en que se le ordenaba compare- 
ciese personalmente sin demora, á fin de dar cuenta de 
las razones que tuviera en haberse hecho proclamar go- 
bernador de la provincia y en haber espulsado á todos los 
jesuitas de su colegio de la Asunción. 



DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS 



Declaración satisfactoria de don Bernardido de Cárdenas, obis- 
po del Paraguay, para el descargo de los que tomaron las armas 
contra el gobernador don Sebastian de León y Zarate, (Copiada 
y traducida sobre una copia legalizada.) 

Nos don fray Bernardino de Cárdenas, obispo del Pa- 
raguay, hago saber al rey nuestro señor, en ?u Real 
Consejo de Indias, señor virey deestos reinos. Real Audien- 
cia de la Plata y demás tribunales inferiores, en como tu- 
vimos noticia que venia á entrar á esta ciudad el maestre 
de campo Sebastian de León y Zarate y otros vecinos que 
le acompañaban, en lo cual venian algunos padres de 
la Compañia de Jesús, y que traían cantidad de indios del 
Pai;aná y Uruguay,, mandamos prevenir, como goberna- 
dor y capitán general, justicia mayordesta ciudad y Pro- 
vincia, el Cabildo, justicia, regimiento y todos los vecinos 
y moradores, estantes y habitantes en ella, y muchos in- 
dias del pueblo de Yaguaron, Tobatl, Itá y los Altos: y 
que asimismo los dichos vecinos trajesen los indios oriji- 
narios que tuviesen en sus chácaras y casas; y que todos, 
unos y otros se aprestasen con caballos y armas ofensi- 
vas y defensivas, con municiones y demás pertechos de 
guerra; y á mayor fuerza sacamos el real Estandarte, 
que ha estado en nuestro poder seis meses poco mas ó 
menos, al cual enarbolado en nuestra mano mandamos 
á los susodichos, que pena de traidores al rey nues- 
tro señor, y perdimiento de todos sus bienes, nos asís- 



82 DEL PARAGUAY 

tiesen y acudiesen con dichas armas, y guardasen nues- 
tras órdenes v mandatos, en cuya conformidad lo hicie- 
ron así la mayor parte de los dichos vecinos y todo el 
dicho Cabildo pleno. Y estando en este estado, man- 
damos poner espías por los caminos reales, para saber si 
entraban ó que camino tomaban: hasta que el viernes 
próximo pasado, que se contaba primero de este corriente, 
comp á la una de la tarde tuvimos aviso cierto, como los 
dichos maestre de campo Sebastian de León y las demás 
personas referidas, cosa de dos cuartos de legua, mas ó 
menos, de esta ciudad, venian marchando para ella, y así 
sacaron de dentro de esta iglesia sagrada al corredor de 
ella el dicho estandarte; y de nuevo, sin embargo de un 
bando'que mandamos publicar antes, volvimos á mandar, 
reforzando mas lo antecedente, en orden á que debajo de 
las dichas penas saliesen a revestir la dicha entrada con 
las dichas armas; y mandámosquedasen algunas perso- 
nas á hacernos asistencia, y altflicho real Estandarte, que 
tuvimos en nuestra mano, con que mandamos á nuestro 
lugarteniente general á guerra Juan de Vallejo Villasan- 
ti, y á los capitanes que nombramos en la ocasión, que 
salieron á hacer dicha resistencia, no se pusiesen á oir 
papeles, ni ponerse en plática, dares ni tomares, sino que 
de hecho acometiesen con sus armas de á pié y de á caba- 
llo, y no consintiesen la dicha entrada por ningún caso; 
mediante lo cual, obedeciendo, salieron así españoles como 
indios, á hacer dicha resistencia, en que sucedió el daño 
de que tengo noticia, aunque no estamos ciertos de él. 
Y la tuvimos así mismo como el dicho maestre de campo 
Sebastian de León, por carta que escribió dedos leguas 
de esta ciudad al dicho Cabildo de ella, como venia por 
gobernador, espitan general y justicia mayor deestas Pro- 
vincias, despachado por el señor presidente de la Real 
Audiencia de la Plata y visitador general de ella, y casa 
de la moneda de la villa de Potosí: dudamos fuese así; 
por lo cual mandamos hacer la dicha resistencia, como 



GOBERNANTES 83 

va referido y porque tenemos noticias como dicho 
Cabildo y personas de- él están presos por el hecho 
de la resistencia y otras personas; y habiendo tenido 
noticia que el dicho maestre de campo Sebastian de León 
y Zarate habia mandado publicar en voz de pregonero 
en las casas reales y de Cabildo, el título y auto de reci- 
bimiento de gobernador, capitán general y justicia mayor 
de estas Provincias, en que habiéndolo oído el dicho Ca- 
bildo y demás vecinos que se hallaron presentes, fué re- 
cibido de todos, nos recogimos luego. 

Y asi ^certificamos, y siendo necesario, juramos in verbd 
sacerdotiSy poniendo la mano en el pecho y corona, que 
procedió el hecho, según dicho es, emanado de nuestras 
órdenes y mandatos, que ellos entonces obedecieron, 
como de su gobernador, capitán genenal, que usábamos 
y egercíamos, y de temor de incurrir en las penas que 
teníamos impuestas;* y según nuestro parecer, los su- 
sodichos padecen con inocencia, pues solamente acudie- 
ron como humildes á obedecernos, demás de que asi- 
mismo se lo mandábamos con penas de excomunión 
ipso factOj al que no acudiese á nuestras órdenes; y en 
esta consideración deben ser absueltos, como personas 
que ño cometieron delito por sí. Y para que coilste, 
por nuestro motivo, por la noticia dicha, y por el descar- 
go de nuestra conciencia, y no por otra causa alguna, lo 
certificamos asi por ser verdad infalible, pública y noto- 
ria en esta ciudad, y lo firmamos de nuestra mano ante 
dos testigos, por no haber escribano público ni real, ni no- 
tario, ni secretario, para que io refrende, que es fe- 
cho en esta santa iglesia de la ciudad de la Asunción en 
siete dias del mes de octubre de 1649, en este papel co- 
mún por falta de sellado. Y porque doy dos de un te- 
nor, se entienda ser el uno del otro duplicado, y una mis- 
ma causa, con las misma razones el uno que están escritas 
en el otro, para que el dicho Cabildo se valga de ambos, 
6 de cada uno de ellos en su defensa. Fecho utsupra. 



I 



84 DEL PARAGUAY 

Jesús— Fray Berriardino, obispo del Paraguay— Testigo, 
Manuel Enriquez de Alarcon, Rodrigo de Rojas Aranda, 
Antonio de Ortega. 

En la ciudad de Córdoba en diez dias del mes de mar- 
zo de 1650 años, yo el capitán Juan Albarracin Pereira, 
escribano público y de Cabildo, bienes de difuntos y de la 
Real Aduana de puerto seco de esta ciudad y su jurisdic- 
ción por el rey nuestro señor, hice sacar este traslado de 
su original, que está en la causa, cuyo título dice: .Causa 
y ramo ó parte contra los alcaldes y capitulares de este 
año de 1649, de esta ciudad de la Asunción, en la causa 
de conservaturia contra el señor muy reverendo obispo 
don Fray Bernardino de Cárdenas, por haber cooperado á 
Iqs agravios é injurias hechas á la Compañía de Jesús y 
sus religiosos; con que se corrigió y concertó, de pedi- 
mento del padre Laureano Sobrino, de la CompaRia de 
Jusus, y rector del Colegio de U Asunción del Paraguay 
que para el efecto exhibió y volvió á llevar á su poder. 
Doy fé. Y para que conste, lo signo y firmo en este pa- 
pel común, áfalt£t del sellado, y haberse quitado el rubri- 
cado, siendo testigos el corregidor Christóbal Rodríguez 
y Antonio Sarmiento de Sotomayor. Testimonio de ver- 
dad.— Juan Albarracin Pereira, escribano real y de Ca- 
bildo. 

• 

COMPROBACIÓN 

El Cabildo, Justicia y Regimiento de esta ciudad de la 
Trinidad, Puerto de Buenos Aires; conviene á saber, don 
Eugenio de Castro, teniente general de gobernador^ y el 
Capitán don Pedro Isarra de Gaete, y el Capitán Luis 
Gutiérrez, alcaldes ordinarios, y los demás capitulares 
que aquí firmamos, certificamos y damos fe y verdadero 
testimonio, por no haber escribano público, ni real en esta 
dicha ciudad, como Juan Albarracin Pereira, de quien 
parece firmado y autorizado el instrumento de suso es 



GOBERNANTES 85 

tal escribano real y de Cabildo de la ciudad de Córdoba 
de Tucuman y á los autos y demás intrumenlos que 
ante el han pasado y pasan, se les da y dado siempre 
entera fé y crédito como á tal escribano real. Y para que 
conste damos la presente firmada de nuestros nombres en 
esta dicha ciudad de la Trinidad y puerto de Buenos 
Aires, en este papel común por falta del sellado, en 8 de 
febrero de 1659 años. Don Eugenio de Castro. Don 
Pedro Isarra de Gaete. Luis Gutiérrez de Molina. Don 
Juan Pacheco. Antonio Bernal de Linares. 



y 



1649-1653— VIII. DON SEBASTIAN DE LEÓN Y ZARA- 
TE, natuaral del Paraguay, maestre de campo general, 
con atribuciones de gobernador y capitán general del 
Paraguay, 1649, hasta la llegada de don Andrés Garavito 
de León á esta provincia, con orden de reunir fuerzas 
suficientes para restablecerá los jesuítas en su colegio y 
hacer entrar en su deber á los habitantes de la Asun- 
ción. 

El ex-obispo-gobernador Cárdenas se negó á reconocer 
en su carácter al comisionado y armó á los indios en su 
defensa. En vista de esto, don Sebastian se retiró al 
campo, recorriendo las poblaciones mas distantes déla 
ciudad y notificando sus disposiciones. Tan luego como 
su séquito se aumentara, despachó un correo á Corrien- 
tes llamando á los jesuitas á su lado; en seguida notificó 
de su comisión al cabildo de la Asunción y á los emplea- 
dos que habian permanecido en la capital, asegurándoles 
que no desempeñaría ninguna función de su cargo sin 
comunicarles las órdenes é instrucciones que habia reci- 
bido de la real audiencia. 

Casi al mismo tiempo, tuvo aviso de que no se descui- 
dase, puesto que se hacia tomar las armas á los españo- 
les é indios y se hacia circular por todas partes que nin- 



86 DEL PARAGUAY 

gun poder tenia derecho á quitar á don Bernardino de 
Cárdenas el gobierno del Paraguay. 

Don Sebastian dejó á éste el tiempo suficiente para que 
reñexionase bien en las consecuencias del paso que iba á 
dar; pero cuando supo que la capital se preparaba para 
un asedio, hizo adelantar las milicias españolas de la 
provincia y 3000 indios del Paraná. La aproximación de 
ésta fuerza, lejos de intimidar á las tropas del obispo, les 
causó mucho alegría. Se les habia hecho comprender que 
unos ángeles habian prometido al prelado que combatirían 
' en su defensa; y con esta seguridad sus soldados se ha- 
bian provisto dé cuerdas para atará los indios. León no 
perdia la esperanza de que todo terminaría sin efusión de 
sangre. 



* ■ 



Cuando el obispo tuvo aviso de la aproximacioade la 
fuerza enemiga, quiso ahorrarle la mitad del camino ha- 
ciendo salir sus tropas á las órdenes del teniente de rey, 
luego se retiró á su catedral, seguido de una multitud de 
mugeres, niños y ancianos. Allí, prosternado al pié del 
altar, donde habia hecho esponer el Santo Sacramento, 
conjuró al Señor librase á su Iglesia y á la provincia de 
los herejes é impíos. Tan luego como ambos ejércitos se 
pusieron uno al frente del otro, el gobernador mandó publi- 
car á son de trompa sus despachos, las órdenes del virey 
y las de la real audiencia, protestando que venia animado 
de un espíritu de paz para restablecer las justicia y la tran- 
quilidad en su patria y agregando que le seria muy sensi- 
ble desenvainar contra sus compatriotas una espada que 
hasta entonces solo habia servido para su defensa; que 
sólo lo haria en el duro lance de una necesidad. 

Ningún caso se hizo de estas palabras. El ejército epis- 
copal marchaba á esta guerra como á una cruzada, no du- 
dando de la victoria, desde que habia hecho comprender 
á cada soldado que cometería un gran crimen someterse 



OOBBRNANTES 87 

al gobernador y ademas le habría sido prohibido so pena 
de escomunion y de castigo corporal. 

Tuvo el gobernado por contestación una descarga cerra- 
da de mosquetería luego que estuvo á tiro, pero solo le 
pasó raspando una de las balas, matando á uno de sus 
gefes que se hallaba á su lado. En el acto mandó tocar á la 
carga que no resistieron los espiscopales, rindiéndose mu- 
chos^ buscando su salvación en la fuga otros, sin perse- 
guírseles, por prohibirlo el gobernador, quien entró en la 
ciudad sin ninguna resistencia. 






Después de hacer un pequeño descanso en la plaza 
principal^ el gobernador mandó llevar todos los heridos 
al hospital, y alojando en su casa álos que allí no cupie- 
sen. En seguida pasó á la catedral para rendir gracias á 
Dios por haberle librado del peligro que habia corrido 
al principio del combate. Halló allí al obispo, cuya mano 
besó respetuosamente, y le suplicó tuviese á bien entre- 
garle el bastón de mando, asegurándole que se haria siem- 
pre un deber de manifestarle el respeto debido á su carác- 
ter y á su persona y prestarle cualesquier servicios que 
de él dependieran. 

El prelado estaba sentado en su trono, revestido de sus 
ornamentos pontificales, con su cruz en la mano derecha y 
en la otra el bastón de mando, que entregó al gobernador, 
sin decirle una sola palabra, retirándose á su casa seguido 
de todo su séquito. 






No tardó el goljernador en significar al obispo la orden 
de que se presentase personalmente á la real audiencia, 
haciéndolo en presencia de testigos. Don Bernadino pro- 
metió obedecer, y el gobernador por su parte le aseguró 
que miraría como uno de sus esenciales deberes propor- 



88 DEL PARAGUAY 

donarle cuanto fuera necesario para hacer el viaje con co- 
modidad y de un modo conveniente á su dignidad. 

Tan pronto como don Sebastian de León consideró ase- 
gurada su autoridad en el gobierno, mandó practicar las 
obras necesarias en el colegio de la Asunción, alojándose 
en él muy pronto los jesuítas, que habia hecho volver de 
Corrientes, y espidió en seguida un edi^cto, bajo penas se- 
veras, ordenando se restituyese á estos religiosos los ne- 
gros y cuanto se hubiese sacado de su colegio. 

A pesar de haber don Sebastian de León hecho todo el 
bien posible á su patria y de haber desempeñado su comi- 
sión con estricta sujeción á sus instrucciones, se vio pron- 
to obligado á salir de la capital, sin haber podi9o encon- 
trar en la provincia un retiro donde poder estar con segu- 
ridad. Se cometió con él la iniquidad de tenerle durante 
veinte años en prisiones, hasta que al cabo murió en la 
cárcel el año de 1672. La real audiencia, que residia en 
Buenos Aires, le dio por libre casi al mismo tiempo, ha- 
biendo llegado la sentencia al Paraguay poco depues de 
celebrarse sus funerales. 

Fué su teniente de gobernador el capitán Pedro de Ga- 
marra. 

IX. LICENCIADO DON ANDRÉS GARAVITO DE LEÓN, 
natural de la ciudad de Lima, caballero del orden de 
Santiago, oidor de la real audiencia de Charcas, visitador 
y gobernador interino del Paraguay. 

Apenas tomara posesión de su cargo, el 10 de octubre de 
1650, el visitador, llamó á prestar declaración á todas las 
persona que quisieran prestarse á ello; Ijizo carear y con- 
frontar los testigos que se le presentaron, y convencido 
de que todas las pruebas se reducian á los discursos del 
obispo Cárdenas, sus patidarios y hechuras, instruyó el 
proceso criminal de todos los individuos que habian de- 



GOBERNANTES 89 

sempeñado algún cargo durante los años de 1648 y 
1649. Terminado éste, pronunció (24 de julio de 1651) la 
sentencia definitiva contra los que tuvieron parte en la vio- 
lenta espulsion de los jesuítas del colegio de la Asunción, 
cuyo estracto es como sigue: 

"Mando que todos los cabildos, pode^es, instrucciones 
é informes se quiten de los libros, y en mi presencia y con 
intervención de los alcaldes y regidor de primer voto, se 
rompan y echen al fuogo, poniendo un tanto de esta sen- 
tencia y fée de el presente escrivano de averse hecho la 
'diligencia en su lugar condeno á los dichos Diego de 
Yegros, teniente Melchor Casco de Mendoza y Juan de 
Vallejo, alcaldes que fueron el año de 48, y á Juan de 
Vallejo de Villasanti el viejo, y á Cristóbal Ramírez 
Fuenleal del de 49, en privación perpetua de oficio de justi- 
cia y otros públicos, y en trescientos pesos de plata acu- 
ñada á cada uno. Mas condeno á los dichos Juan de Va- 
llejo Villasanti el mo^o, y Cristóbal Ramírez, por la culpa 
que en particular resultó en no haver impedido la espulsion 
y daños que re«:¡bieron los dichos religiosos, en cien pesos 
de plata acuñada á cada uno, y á don Luis Céspedes Geria, 
Joseph Encinas, Andrés Benitez, Garcia Hanegas de Guz- 
man, Pedro Antonio de Aquino, Melchior de Pucheta, 
regidores de el dicho año de 48; y á Diego Hernández, 
Diego Gim'enez, Juan Riquelme, Francisco de Aquino, 
Tomás de Ayala, Juan de Cáceres, Juan de Paderez, que 
lo fueron el año de 49, en cuatro años de suspensión de 
todos oficios públicos". 

Terminó así su lYiision regresando á La Plata volviendo 
al ejercicio de su plaza, de oidor de la referida audien- 
cia y allí tuvo noticiado haberse presentado poco des- 
pués un nuevo denunciador de las minas de la provincia 
del Uruguay. La rea! audiencia juzgó conveniente enviar 
un nuevo visitador al Paraguay. 

1653-1656— X. DON CRISTÓBAL DE CARAY Y SAA- 



90 DEL PARAGUAY ' 

VEDRA, natural . de Santa Fé de la Vera Cruz, nieto del 
general Juan de la Cruz Garay y nieto político de don 
Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de la ciudad de 
Córdoba del Tucunnan. Entró de gobernador del Para- 
guay el 26 de julio de 1653. 

Desde sus primeros años sirvió al rey en varios cargos 
políticos y militares, mandando algunas espediciones con- 
tra los indios con feliz éxito. En el tiempo de su gobier- 
no, que administró á satisfacción de sus superiores y de 

sus subditos, se coligaron los bárbaros mbayáes con los 
feroces necugáes y otros indios fronterizos y se lanzaron 
contra el territorio de la Asunción- causando algunos per- 
juicios. 

El Paraguay esperimentó una terrible epidemia de vi 
ruela en los años de 1654 y 55, que hizo muchos estragos. 
Fué bajo este triste estado que el país tuvo que sufrir la 
insolencia de los indios, hasta que el gobernador Garay 
trató de refrenar su orgullo juntando el mayor número 
posible de españoles y de guaramíes, de cuyo valor y espe- 
riencia hablan éstos dado pruebas. Así pudo formar un 
cuerpo considerable, bien armados y al mando del tenien- 
te general de la Provincia, pasó al territorio enemigo y 
castigó tan severamente á los indios, que, en mucho tiem- 
po no se atrevieron volver á invadir. Los guaraníes deja- 
ron bien sentada su reputac^ion de fieles y valierttes y el go- 
bernador fué felicitado por su acierto en haberse valido 
de ellos para esa empresa. 

Garay falleció en la pro^^nciadel Tucuman siendo juez 
real. | 

1656-1659— XL DOCTOR JUAN BLASQUEZ DE VAL- 
VERDE, oidor de la real audiencia d# la Plata, goberna • 
dor y capitán general del Paraguay y visitador de las pro- 
vincias del Uruguay y del Paraná, desde el 21 de setiemjbre 
de 1656. 

Partió de la Plata con los mismos títulos que Garavito, 



GOBERNANTES 91 

pero con poderes mucho» más estensos, pues traia al mis- 
mo tiempo, como visitador, encago de examinar con de- 
tención el estado en que se hallaban las rentas del rey en \ 
las tres provincias del Tucuman, Paraguay y Rio de la \ 
Plata, (llamadas con alguna frecuencia provincias del ¡ 
Paraguay) la real caja de Buenos Aires, las Misiones de ! 
los jesuítas, el número de las reducciones, el de los relí- / 
giosos empleados en ellas, el de los indios que en ellas 
habia y debian pagar tributo, examinar el catecismo de 
los jesuitas, y sobre todo, asegurarse por sí misnao de 
si existian minas de oro en la provincia del Uruguay. 

El visitador, en virtud de su comisión, convocó en su 
domicilio, á las dos de la tarde del jueves 31 de octubre 
de 1656, una^ junta compuesta de. diez teólogos mas 
universalmente reconocidos como perfectamente versados 
en la lengua guaraní, á saber: el padre Francisco Vas- 
quez de la Mora, provincial de los jesuitas, quien, escu- 
sándose de hallarse presente en ella, se contentó con 
enviar una memoria, que fué leida y aprobada unánime- 
mente. Los otros eran, don Adrián Cornejo, provisor, 
gobernador y juez eclesiástico de la diócesis, el cual 
debia presidir la asamblea, en caso que el visitador no 
pudiera hallarse presente; don Gabriel de Peralta, deán 
de la catedral; el licenciado don Pedro de Mendoza, cura 
de Yaguaron, que habia sido gobernador eclesiástico y 
visitador de la diócesis; don Pedro de la Cabex, que habia 
sido igualmente gobernador eclesiástico de la diócesis, 
ambos nombrados por el obispo Cárdenas; el padre Pedro 
de Villasanti, antiguo definidor y guardián actual del con- 
vento de San Francisco de la Asunción; don Francisco de 
Caballei'.o Bazán, cura de la Encarnación de la misma 
ciudad y que habia sido provisor y juez eclesiástico; don 
Estévan de Ibarrola, 'cura de la catedral y los maestres de 
campo don Garcia Moreno y don Francisco de Espíndola 
de la Vera-Cruz. 



93 DEL PARAGUAY 

Diose, pues, la lectura de la ny^moria del provincial de 
los jesuítas, en la que se hacia observar que don Bernar- 
dino de Cárdenas jamás había tenido el mas mínimo 
conocimiento de aquella lengua. Decia que la traduc- 
ción del catecismo al guaraní no era obra de los jesuítas; 
que habia sido compuesto en lengua peruana, por el pa- 
dre Gregorio de Osuna y traducido al guaraní por el vene- 
rable padre Luis de Bolaños, muerto en olor de santidad, 
ambos del orden de San Francisco; que el original habia 
sido aprobado por dos Concilios de Lima, y la traducción 
por dos obispos del Paraguay á la cabeza de sus sínodos 
y por otra asamblea sinodal, durante la sede vacante; 
que en consecuencia, se habla mandado, so pena de deso- 
bediencia y escomunion, á todos los curas ó misioneros 
de los indios que hablasen guaraní de hacer uso de él y de 
ningún otro; que en efecto asi se ha practicado en todas 
partes y aun en el Brasil, en donde esta lengua es común. 
Que los indios quedaron muy desconsolados cuando el 
obispo Cárdenas condenó el catecismo, porque contenía 
los términos de Tuhá y de Tupa, que eran nombres de 
demonios^ se daban en el catecismo para significar Dlos^ 
Tuba y Dios Pady^o Tupa. 

La asamblea juzgó, pues, unánimemente que el cate- 
cismo sb hallaba exento de todo error, desapareciéndolos 
monstruosos errores de los jesuítas, conque el obispo del 
Paraguay aturdió á toda la América, y su procurador á 
toda la España. 

El visitador hizo en seguida sus informaciones sobre lo 
ocurrido en la Asunción resj)ecto de los jesuítas durante 
los años de 1648 y 1649, pronunciando (27 de setiembre de 
1657) su primer fallo sóbrelas tales minas de oro que no 
existían y condenando al indio denunciador Domingo, que 
se decia tupí de nación, aunque era.naturalde Yaguaron, 
á ser ahorcado, pero habiendo representado el rector del 
colegio que este desgraciado esclavo habia sido forzado 
por su amo, el capitán Cristóbal Ramírez de Fuenleal, el 



GOBERNANTES 93 

> 

mas decidido partidario. fiel obispo de Cárdenas, le hizo 
gracia de la vida conmutándole la pena en 200 azotes por 
las calles de la ciudad, montado á caballo sobre un basto 
y seguido de un pregonero que publicaba su crimen en 
alta voz. 

El 2 de octubre del mismo año, dio su segundo fallo con- 
denando á los reos á un perpetuo silencio sobre lo que se 
imputaba á los jesuítas y á pagar todas las costas del 
proceso. 

1659-1662— Xn. DON ALONSO SARMIENTO DE SOTO- 
MAYOR Y FIGUEROA, caballero gallego, natural de Vi- 
go, primo segundo del virey del Perú d^n Garcia Sar- 
miento de Sotomayor, conde de Salvatierra, quien le hizo 
venir á estos países, dándole el corregimiento de Canta, 
el que desempeñó con mucho desinterés, sin dejar des- 
cansar á los contrabandistas á quienes perseguia con 
tesón. El virey, conde de Alba de Aliste, le ascendió 
confiriéndole el gobierno de la provincia de Chucuito y lo 
desempeñó tan á satisfacción de aquel mandatario que le 
promovió al gobierno de la provincia del Paraguay, del 
que se recibió el 24 de diciembre de 1659. 

Al año siguiente, habiendo ido á visitar el pueblo de 
nuestra Señora de la Concepción de Arecayá, fundado 
en^ 1632, los indios arecayáes se levantaron en armas 
contra el gobernador Sarmiento matándole cuatro espa- 
ñoles é hiriendo veintidós de los que le acompañaban, en- 
cerrándolos á todos en la iglesia donde los sitiaran cinco 
dias, pegándole fuego y flechando una imagen. Todos 
^ hubieran perecido á no haberles llegado oportuno socor- 
ro de gentes. Por cuyo motivo, el gobernador ahorcó á 
los caciques y cabezas del motin, condenando al resto, que 
eran ciento setenta familias que componian setecientas 
treinta almas, á ser espatriados y encomendados á los 
españoles en calidad dp yanaconas, como se ejecutó en 
efecto. 



94 DEL PARAGUAY 

Sarmiento dio cuenta de lo obrado, en 30 de diciembre 
de 1660, al rey Felipe VI, quien espidió cédula en 25 de 
agosto de 1662 no sólo desaprobando altamente su proce- 
dimiento, sino que también fué destituido, preso y someti- 
do ajuicio, y mandando que los arecayáes volviesen á su 
pueblo. Su sucesor Diez de Andino mandó publicar dicha 
cédula en la Asunción, por cuyo motivo, se presentó el 
procurador general, don Juan Vallejo Villasanti, pidiendo 
se suspendiese la ejecución, fundándose en que dichos 
arecayáes no eran originarios de su pueblo, que eran 
malvados y coligados con los monteses y del Chaco, con 
quienes hablan cometido muertes y alzamientos. 

A los dos años (7 de octubre del 1664) se le absolvió, 
dándole por libre de la querella y saliendo entonces del 
Paraguay con dirección al Perú. Al llegar á Santiago del 
Estero, contrajo matrimonio (1667) con doña Maria Gara- 
yary Figueroa, señora noble y muy rica, como que era 
hija del general Martin de Garayar, uno de los quemas 
• disfrutaron la opulencia maravillosa de las minas del 
Perú. 

En atención, pues, á su calidad y méritos, el virey del 
Perú, marqués de Castelfuerte, le nombró, en 1678, cor- 
regidor de Lipes, donde al fin falleció el 14 de mayo de 
1687, sin tener apenas con que coste^ir su entierro. Dejó 
dos hijos y una hija. 

1663-1671— XIII. DON JUAN DIEZ DE ANDINO, an- 
daluz, sargento mayor. Tomó posesión del gobierno en 
1663 y se ocupó durante mucho tiempo en la defensa de 
la provincia, continuamente amenazada por los aracayáes, 
indios fronterizos. Concurrió personalmente con una 
fuerza considerable de tropas, en auxilio del puerto de 
Buenos Aires, que se hallaba amagado de una invasión 
de los mamelucos, trasladó las reducciones délos itatines 
á otro territorio, donde fué tan considerable sa aumento 
que se formó una nueva colonia muy numerosa, conoci- 



GOBERNANTES 



95 



da por Santa Rosa. Mereció por tan señalado servicio el 
agradecimiento de la audiencia de Buenos Aires en tér- 
minos muy honoríficos. Terminó su gobierno con uni- 
versal aplauso de todos sus subditos, á quienes dejó 
prendados de su amabilidad, rectitud y valor, á ñnes de 
febrero de 1671. 

1671-1681— XIV DON FELIPE REGE CORVALAN, 
sargento mayor, desde el año de 1671. 

Acusado el gobernador de omisión y negligencia en el 
cumplimiento de su cargo, el cabildo dispuso su depo- 
sición y remisión preso á la real audiencia de Charcas. 
Para llevar á cabo esta resolución, se le invita á una 
conferencia en las casas del ayuntamiento. El goberna- 
dor concurre á ella muy ageno de lo que contra él se ha- 
bla premeditado. Una vez reunidos en el lugar señalado, 
levántase de pronto uno de los rejidores y manda se le 
remachen un par de grillos, declarando qjie estaba priva- 
do del gobierno. 

No encontrándose mérito en la mayor parte de los car- 
gos que se le hicieron, don Felipe fué repuesto. en el go- 
bierno y tuvo la gloria de desbaratar una gran conspira- 
ción de los indios contra la población española el 20 de 
enero de 1678, quedando la ciudad devotísima del glorio- 
so mártir San Sebastian, á quien desde entonces venera 
por su segundo patrón, en la iglesia parroquial de la En- 
carnación, donde se le dedicara capilla. 

Á mediados del año siguiente (1679) Rege tuvo avisó de 
que en el Janeiro se armaban catorce buques, embarcán- 
dose tropas, armas, municiones y todo lo necesario para 
un grande establecimiento. No tardó mucho en saber 
el objeto de ese grande armamento, al mando del maestre 
de campo don Manuel de Lobo, gobernador del Janeiro, 
que no era otro que para las islas de San Gabriel, ó el 
continente vecino. 

Coincidia ese hecho con el rumor que entonces corría 



96 DfiL PARAGUAY 

en la Asunción de que un cuerpo de tropas portuguesas se 
dirigía por tierra para atacar las reduciones del Paraná, 
lo que hizo que Rege despachara dos correos, uno á los 
indios del Paraná, recomendándoles estuviesen en guar- 
dia, y el otro á don José de Garro, gobernador del Rio 
de la Plata, comunicándole lo que ocurría. El primero 
de esos correos volvió con la contestación de que las 
reducciones podrían no ser sorprendidas, pero que el 
gobernador no debia ignorar que ellas no se Hallaban en 
estado de resistir á tropas arregladas, con un escelente 
gefe á su cabeza, desde que se les habia quitado las ar- 
mas, en virtud de real decreto, espedido en 1661, ^n el 
que se ordenaba á los indios del Paraná depositar las ar- 
mas de fuego en los almacenes de la Asunción, y no sq 
las diesen sino para emplearlas en servicio del rey y para 
defenderse contra los mamelucos. 

Todo lo que pudo hacer Rege entonces fué mandar que 
saliesen partidas del lado del Brasil, para observarlos 
movimientos de los portugueses. Ejecutado eso con 
tanta inteligencia comoprontitud, marcharon hacia el Bra- 
sil tres destacamentos de unos cuatrocientos hombres cada 
uno. Los portugueses fueron derrotados en un en- 
cuentro, tomándoseles veinticinco prisioneros, con quie- 
nes se guardó la mayor consideración. 

El gobierno de Rege duró hasta 1618, y durante su 
ausencia, usurpando el mando á su teniente el general 
JoséAvalosde Mendoza. 

XV. EL CABILDO, con el gobierno político y militar, 
durante se instruía causa á Rege, á quienes trataron del 
modo mas cruel é inhumano. En vez de remediar los 
males, en que fundaban la deposición del gobernador Re- 
ge, los aumentaron, al punto de ocasionar la total pérdida 
de Villa Rica, que la atacaron llevándose cautivos cua- 
tromil indios cristianos, y acosada de nuevo por los guai- 
curúes^mbayáes, y payaguaés hubo que recurrir, para la 



GOBERNANTES ' 97 

común defensa, al armamento de los eclesiásticos, 
religiosos, estudiantes y aun los esclavos negros y mu- 
latos. 

XVI. LICENCIADO DON DIEGO IBAÑEZ DE FARÍA, 
fiscal de la real audiencia de Guatemala, juez delegado 
de la de Charcas y gobernador conjunlauíente con el Ca- 
bildo, durante la prisión de Rege, por el año de 1676, 

1681-1684— XVn. DON JUAN DIEZ DE ANDINO, se- 
gunda vez, desde el 7 de octubre de 1681 y después de 
haber servido satisfactoriamente el gobierno del Tucumah 
así como el del Paraguay, le sorprendió la muerte en 
agosto de 1684. 

1684-1691— XVin. MAESTRE DE CAMPO DON ANTO- 
NIO DE VERA MUGICA, natural de la ciudad de Santa 
Fé de la Vera Cruz, nombrado interinamente por el virey 
del Perú, don Melchor de Navarra Rocafull, duque de la 
Palata, el 18 de octubre de 1684, á consecuencia de la 
muerte de Andino. 

Vera Mujica habia antes (1665) prestado importantes 
servicios á la ciudad de su nacimiento, seriamente ame- 
nazada por los indios calchaquíes, los que fueron tan bien 
batidos que aquella quedó libre por mucho tiempo de los 
malones qne estos bárbaros le daban desde muchos años. 
Vera no se cansaba, durante su gobierno del Tucuman y 
del Paraguay sucesivamente, de elojiar á esos valientes 
indios. Se halló en el sitio de la Colonia, habiéndole 
cabido, como maestre de campo que era, la principal par- 
te en la derrota de los portugueses, que, con escepcion de 
unos doscientos hombres muertos, todos los demás que- 
daron prisioneros. 

Antes de ocupar su destino de gobernador del Paraguay, 
habia recibido orden de trasladarse al Tucuman, donde 
debia tomar el mando de las tropas é ir á castigar la per- 
fidia con que fueron muertos don Pedro Ortiz de Zá- 

8 



98 DEL PARAGUAY 

rate (1) y el padre Salinas. Tan luego como recibió 
esta orden, partió para el Tucuman con cuatrocientos es- 
pañoles y quinientos indios y en Santiago del Estero 
(Esteco) acabó de organizar su ejército, con el que se pu- 
so, en marcha, el 5 de julio de 1685. Esta espedicionno 
fué tan feliz, pues, si bien los españoles hicieron cien 
prisioneros, en recompensa los bárbaros consiguieron 
llevarse trescientos caballos á la vista de tresciento hom- 
bres bien atrincherados, y tuvieron que volver por falta de 
víveres con pérdida de muchos hombres atacados del 
enemigo mas terrible — el hambre. 

El gobernador VeraMugica murió en la Asunción el 
2 de agosto de 1691. 

XIX. DON ALONSO FERNANDEZ MARCIAL, teniente 
general, durante la ausencia de Vera Mugica. 

1691— XX. DON FRANCISCO DE MONFORTE, caba- 
llero de la orden de Santiago, en 1691. 

Atendía con desinterés tanto en lo político como en lo 
militar. Su desvelo era el alivio de los pobres. Hizo dos 
entradas alas tierras de losguaicurúes. 

(1) El licenciado don Pedro Ortiz de Zarate era de una nobilísima &- 
milia de Vizcaya, y cuyo origen hace remontar el doctor Xarque hasta 
el infante Bela, hijo de Santiago, rey ds Aragón y sobrino de Alfonso, rey 
de Castilla. Er^hijoy viznieto délos que hablan conquistado el VaUe 
de Jujui, habiendo sido su padre fundador de la ciudad de este nombre. 
A los 17 afios de edad contrajo matrimonio con Petronila de Ibarra, he- 
redera de las casas da Salatiegas de Ibarra y de Murgia, de la provincia 
de Guipúzcoa, de la que tuvo dos hijos, pero habiéndola perdido ¿ los 
dos afios de casado, tomó la resolución de consagrar el resto de sus dias al 
servicio del altar, y ¿ los 26 afios de edad empezó sus estudios en la uni- 
versidad de Córdoba. Tan luego como recibió las órdenes sagradas, volvió 
¿ Jujui, de cuya ciudad fué cura. Poco después fué nombrado juez 
eclesiástico de diezmos y comisario del Santo Oficio y de la Cruzada* 
Por fin, don Francisco de Borgia, sucesor de don Melchor Maldonado al 
obispado del Tueuman, le nombró visitador de su diócesis, empleo que 
desempeñó con tanto celo como desinterés, que el Consejo de ¿idias se 
proponía presentarle para un obispado considerable cuando llegó ¿ Es- 
pafia la noticia de su muerte. 



GOBERNANTES 99 

Desalojó también á los mamelucos y portugueses del 
Brasil que se habian poblado en la antigua Jerez. Gober- 
nó con tanta rectitud, que se le aclamó por gobernador 
santo. 

Murió en la Asunción el 2 de agosto del mismo año 
(1691). 

1691-96— XXI. DON SEBASTIAN FÉLIX DE MENDIO- 
LA, noble vascongado, gobernador, desde el 22 de octu- 
bre de 1691. Se le cobró tal aversión, debido á la im- 
punidad con que se contaba, no se tuvo embarazo en 
cargarle de prisiones y remitirle con grillos al fuerte 
de Buenos Aires, donde se mantuvo hasta que, en conoci- 
miento la real audiencia de tan enorme esceso, mandó se 
le repusiese en el gobierno, en que vivió con moderación 
hasta fines del año 1696. 

1696-1702— XXn. DON JUAN RODRIGUZ COTA, na- 
tural de Galicia, desde el 4 de diciembre de 1696. 

Administro el gobierno con equidad, y refrenó á los 
guaicurües que se habian sublevado. 

1702-1705— XXm. DON ANTONIO DE ESCOBAR Y 
GUTIÉRREZ, natural de Santa Fé de la Vera Cruz, nom- 
brado el 27 de junio de 1702 (1) hasta 1705, que fué de- 
puesto por el virey del Perú, conde de la Monclova, por 
haberse portado mal atribuyéndosele fatuidad y licencia 
en su gobierno. 

1705-6— XXIV. DON SEBASTIAN FELK DE MENDIO- 
LA, segunda vez, en 86 de setiembre de 1705 y por muer- 
te de él— 

1706-1707— XXV. DON BALTASAR GARCÍA ROS, na- 
tural de Valtierra, en Navarra, sargento mayor de la pla- 

(1) En este año (1702) los jesuitas introdageronen su provincia de Mi- 
siones la invención de la imprenta, habiendo sido la primera que se cono- 
ció en el Bio de la Plata, sin incluir el interior, y que publicara algunos 
volúmenes de esmerada tipgrafía. 






100 DEL PARAGUAY 

zade Buenos Aires, á quien el rey hizo la gracia de nom- 
brar gobernador del Paraguay, en recompensa del mérito 
que habia contraído en la conquista de la Colonia del Sa- 
cramento, establecida por los portugueses. Tomó pose- 
sión del gobierno el 9 de febrero de 1706, habiéndosele 
encargado particularmente de practicar una visita de ins- 
pección á los pueblos de Misiones de los regulares de la 
compañía, como lo ejecutara, pasando al rey un informe 
muy circunstanciado, en el que aseguraba haberlos halla- 
do en un estado que no parecia verosímil para quien no 
los hubiera visto con sus propios ojos; que no era posi- 
ble agregar nada á la policía y al orden que en ellos se 
notaba; que no era fácil de espresar la inocencia de las 
costumbres, la piedad y la unión que allí reinaba y el 
tierno cariño y el respeto que estos nuevos cristianos 
manifestaban para con sus pastores; que no habia uno 
solo que dejara de hallarse en disposición de sacrificar 
con alegría su vida y cuanto poseía en el mundo por el 
servicio de Dios y por el del rey. 

Después de haber gobernado el Paraguay pasó, algunos 
años después, al gobierno de Buenos Aires. 

1707-1712— XXV. DON MANUEL DE ROBLES LOREN- 
ZANA, natural de las montañas de Burgos, gobernador, 
desde el 10 de octubre de 1707. 

Una de las primeras operaciones de su gobierno fué 
tratar de hacer desalojar á los portugueses poblados, en la 
antigua Jerez, y para llevarlo á cabo, envió una espedicion 
á fin de reconocer sus tierras; pero llamó su atención otra 
cosa mas urgente, cual era la guerra del Chaco. Para el 
efecto púsose de acuerdo con el gobernador del Tucuman, 
don Estévan de Urizar y Arispacochaga, que ya se hallaba 
en campaña contra los bárbaros, quienes infestaban los 
caminos, cometiendo atroces crueldades con los viageros. 
Organizada la espedicion, el gobernador Robles empezó 
(1709) por la frontera del Paraguay, internándose por las 



GOBERNANTES 101 

tierras de los guaicurúes hasta el centro de ellas, siendo 
victoriosas las armas españolas; pero la campaña no fué 
muy fructuosa á causa de las inundaciones del país. 

Conociendo Robles que existia una fuerte oposición con- 
tra su gobierno, y para librarse de las vejaciones que al- 
gunos pretendian hacerle en la residencia, abandonó 
astutamente la Provincia, viniendo así á terminar su go- 
bierno á fines de 1712. : - v ; ^ 

Murió repentinamente, en Santa Fé, el miércoles 19 de 
abril de 1724. Caliente aun el cadáver le .^obaro^i . u¿¿ 
cadena de oro, que llevaba de relicario pendiente al cuello. 

1713-17— XXVI. DON JUAN GREGORIO BAZAN DE 
PEDRAZA, maestre de campo, natural de la ciudad de To- 
dos Santos de la Rioja en la Provincia del Tucuman. 
Fué alcalde ordinario, en cuyo empleo, llevó á cabo, á su 
costa, la cárcel pública y casas de Cabildo, administrando 
justicia con pundonorosa rectitud y celo. En lo militar, 
desde teniente de caballería, hasta maestre de campo de 
infantería española, sirvió muchos años en el Chaco, en el 
puerto de Buenos Aires y en el santo tribunal de Lima. 
Se recibió del gobierno del [Paraguay^ el 5 de junio de 
1713. En su gobierno, dispuso la fundación (1714) de dos 
nuevas colonias de españoles, en el vallede Guamipitan la 
primera, á ocho leguas al sud de la Asunción, y la segun- 
da, en el sitio deCuruguatí, á mas de cien leguws de la 
misma ciudad, la que sirvió de frontera á los mamelu- 
cos del Brasil. Murió, antes de concluir su gobierno, el 
2 de febrero de 1717, á los 53 años de edad. 

DON ANTONIO VICTORIA, nombrado por el rey, gober- 
nador del Paraguay, pero temeroso de que le cupiese la 
misma suerte que cupiera á otros gobernadores, cedió su 
derecho, mediante cierta cantidad, en — 

1717-1721— XXVn. DON DIEGO DE LOS REYES BAL- 
MACEDA, maestre de campo, natural del puerto de Santa 



» • • • <• • 



102 DEL PARAGUAY 

Maria, siendo alcalde provincial de la Asunción, cuando 
fué nombrado gobernador, de cuyo cargo se recibió el 5 
de febrero de 1717; pero las repetidas quejas que de él hu- 
bo, y las acusaciones de parcialidad de los regulares de la 
compañia, obligaron á la audiencia de Charcas á nom- 
brar juez visitador, eligiendo el vireydel Perú, marqués 
de Castelfuerte, al que á continuación se indica, con el 
*. título: Sefgobernador interino, en 1721. 

El 'antecesor de éstehabia dado permiso á los paya- 
{ /^liáesylp^sásen á situarse en Tacumbú, dos leguas mas 
abajo de la Asunción, donde fué inútil atraerlos á la obe- 
diencia por medio de los sermones que se les predicaba, 
mas ellos, siempre alevosos, destruian y asolabaa la Pro- 
vincia del Paraguay. Coligados con los mbayáes, len- 
guas y guaicurúes, cometieron toda clase de violencias, 
hasta que quejándose los vecinos de sus demasías, el 
gobernador, de acuerdo con el Cabildo, resolvió prevenir 
los males trasportando todos los payaguaés á las reduc- 
ciones del Uruguay, que estaban á cargo de la Compañía. 
Llevábanlos en unas chalupas bien' equipadas y apesar 
de todos los esfuerzos del gobernador y de su gente no 
pudo evitarse en venir á las manos, dando por resultado 
muchos indios muertos y prisioneros. Estos confesaron 
de plano la conjuración, que fué atribuida falsamente al 
pobre gobernador. 

El juez de pesquisa Ántequera arrogándose el gobier- 
no, prendió á Reyes y siguió la causa con el mayor ar- 
dor. Este, temeroso de alguna violencia del pesquisidor, 
se fugó de la prisión dirigiéndose á Buenos Airs, donde 
se encontró con nuevos despachos del virey, por los que 
quedaba en supuesto de gobernador por mas tiempo. 
Volvió, pues, al Paraguay á tomar posesión del gobierno, 
pero el intruso gobernador Antequera le hizo resistencia 
con un ejército formado. Reyes no tuvo mas recurso que 
retirarse á la ciudad de Corrientes, y aun allí mismo. An- 
tequera le hizo sacar con engaño una noche del mes de 



GOBERNANTES 103 

agosto de 1723. Llegado al Paraguay, fué puesto en la 
cárcel cargado de prisiones, y al salir Antequera á resistir 
áGarciaRos, dejó orden que diese garrote á Reyes, y en 
el momento de- sacarlo al suplicio \o impidió el sargento 
mayor de plaza don Sebastian Arellano. Antequera, 
triunfante de Garcia Ros, retuvo preso á Reyes hasta que 
Zavala, encargado de pacificar el Paraguay, le hizo aliviar 
las prisiones, poniéndole en libertad por abril de 1725 y 
mandándole salir de aquella Provincia. Mas tarde el 
virey marqués de Castelfuerte lo mandó comparecer 
personalmente ert Lima, donde se le mantuvo con la ciu- 
dad por cárcel, basta el año de 1733 en que fuéabsuelto 
y libre de los cargos que se le imputaban. 

1721-1725— XXVm. DON JOSÉ DE ANTEQUERA EN- 
RIQUEZ Y CASTRO, caballero de la orden de Alcántara, 
natural de Lima. Su padre le dio, en su temprana edad, 
la mas bella educación que u j joven pudiera recibir. Con 
mucho talento, una memoria feliz y una imaginación 
muy viva, no podia dejar de hacer grandes progresos en 
todas las ciencias á que se le dedicaba. Sus bellas dotes 
le hicieron pronto conseguir el empleo de procurador fiscal, 
protector de los indios en la real audiencia de Charcas, 
habiéndole el rey honrado con el collar de la orden de 
Alcántara. 

Desde el momento que vio que la real audiencia estaba 
resuelta á enviar al Paraguay un juez pesquisidor, soli- 
citó esta comisión, aun que no debió ignorar la costumbre 
de no dejar á los gobernadores mas de cinco años en estas 
provincias. 

No obstante la consiguió, á pesar de que la ley prohibía 
espresamente enviar, para informar contra un goberna- 
dor, al mismo que debia sucederle. Apenas recibió su 
comisión, con fecha 15 de enero de 1721, Antequera par- 
tió de la Plata dirigiéndose sin pérdida de tiempo á la 
Asunción. En Santiago y Santa Fé, se proporcionó lo 
necesario para completar su equipage arreglado á la alta 



104 DEL PABÁOUÁT 

dignidad que iba á investir, mediantes ciertos arreglos 
que algunos comerciantes hicieron con él para espender 
sus mercancías en el Paraguay. El 81 de julio (1721) llegó 
al Tebicuarí, donde fué recibido por el regidor don José 
de Avalos, con algunos de sus amigos, quienes le anun- 
ciaron que el gobernador Reyes se hallaba visitando las 
reducciones del Paraná. 

A su llegada á la Asunción, (15 de setiembre) tuvo un 
contratiempo que presagiaba algo funesto. Hizo su en- 
trada en la ciudad al ruido de varias descargas de artille- 
ría; pero en medió de una calle se encontró con el acom- 
pañamiento fúnebre de una distinguida señora, viniendo á 
confundirse los aplausos .del pueblo con el lúgubre tañi- 
do de las campanas. Fué en seguida conducido á la ca- 
tedral, en la que entró con el sombrero puesto, cosa que 
escandalizó al pueblo, no acostumbrado á esa falta de 
respeto en un lugar sagrado. 



» » 



Pocos dias después, los guaicurúes asesinaron á nue- 
ve españoles de un modo alevoso, en una emboscada 
preparada para atraerlos. Este trágico suceso, de que fué 
testigo toda la ciudad y el mismo Antequera, conmovió á 
la población llamando sobre él la atención del juez infor- 
mador, quien, arrojando su sombrero al suelo con des- 
pecho^ dijo con energía que no habia venido para hacer 
la guerra á los indios, que para eso estaban los magis- 
trados á quienes correspondía vigilar por la seguridad de 
la ciuda I y de la provincia. 

Los enemigos de Reyes, queriendo aprovechar déla oca- 
sión y de la ausencia del gobernador, le ofrecieron recono- 
cer por su general, aceptando él desde luego. La procla- 
mación se hizo, pues, la única oposición fué la del alcalde 
de primer voto, don Miguel de Torres, quien quiso hacer 



GOBEaNANTES 



105 



valer la ley, que prohibía que un juez informador suce- 
diese al gobernador contra quien debia informar. E' 
concejo entonces dijo en voz alta que "cualquiera que no 
reconociese al señor don José de Antequera y Castro por 
gobernador lejítimo de la provincia, seria considerado 
como traidor al rey y á la patria." Antequera inmedia- 
tamente mandó pedir á Reyes su bastón de gefe. Este 
contestó que no lo entregaría sino después de exhibirle ' 
una orden del virey. El oficial conductor de la orden 
repuso que solo tenia que ejecutar lo que el nuevo gober- 
nador le mandaba, y arrancándole el bastón por fuerza, 
colocó guardias á la casa en que Reyes se hallaba. Este 
preparó su, fuga, que llevó á cabo de noche, disfrazado 
de esclavo, sin detenerse hasta la primera reducción del 
Paraná, donde siguió viage embarcado para Buenos 
Aires, 

En esta ciudad. Reyes recibió nuevos despachos que le 
persuadieron que Aniequera no se atrevería á contrariar 
las órdenes del virey, poniéndose, sin deliberar, en cami- 
no para la Asunción (1722). En Tabati, á veinticinco 
leguas de la capital del Paraguay, supo hallarse cerca 
gente armada que lo buscaban para prenderle. Con esta 
noticia, se puso a salvo llegando casi solo á la reducción 
mas próxima del Paraná. 






Aiitequera se desesperó cuando tuvo noticias de la eva- 
sión de Rey('s, tanto mas cuanto que pasó mucho tiem- 
po sin saber nada de él, á pesar de todas las diligencias 
empleadas en su busca, ya en la iglesia de la Merced, en 
la Asunción mandándose cercar la casa de soldados, ya 
en el colegio de los jesuitas, ora en las reducciones del 
Paraná, ora en otras partes, con orden de que se le 
prendiese donde quiera que estuviese. Para disipar su 
ira, mandó vender en púbüca subasta todos los bienes del 



106 DEL PARAGUAY 

gobernador, comprando él mismo bajo nombres falsos lo 
mejor que habia al precio que quí^o. 

En seguida confiscó todos los de las personas que sabia 
eran simpáticas á don Diego, sin el menor miramiento 
por los privilegios que aseguraban á sus mugeres, las viu- 
dedades y dotes de ellas, y convocó á su consejo secreto, 
para comunicarle las pretensiones de Reyes, protestando 
que sólo habia aceptado el gobierno para librarla provin- 
cia del estado violento á que le habia reducido su gober- 
nador. Luego declaró que no podía dejar de retirarse 
obedeciendo las órdenes del virey; pero que no se creia 
menos obligado á tener aquella consideración por tantas 
personas decentes y fieles servidores del rey, que le ha- 
bian honrado con elegirle para su gobernador, en no 
abandonarles sin su consentimiento, entregándolas á un 
hombre, que resentido, les haría pagar bien caro lo que 
habian hecho en su contra. El alférez real don Dioni- 
sio de Otazú y el regidor don Juan Caballero de Añasco 
fueron de opinión que no podían dispensarse, bajo pre- 
testo alguno, de obedecer al virey; pero la mayoría, 
después de haber exagerado bastante los males que la 
provincia tendría que sufrir, si se restablecía á Reyes en 
su gobierno, resolvió dirigir fuertes representaciones al 
virey y obligar (á lo Rosas) al señor don José de Ante- 
quera y Castro á continuaren el gobierno, entretanto lle- 
gaba la respuesta de Su Excelencia. Antequera tuvo que 
someterse á esta decisión, pero persiguiendo á los dos 
que habían votado en contra. 

Entretanto, habiendo la real audiencia de Charcas 

comunicando al virey la conveniencia ds mandar salir á 
Antequera del Paraguay, desde que ya habia terminado e 
asunto que formaba el objeto de su comisión, el virey 
dictó las órdenes siguientes: 

19 Que don Diego de los Reyes y los demás individuos 
que habian sido destituidos de sus cargos, fuesen res- 



GOBERNANTES 107 

tablecidos en ellos, pero con la prohibición al gobernador 
de conocer en las causas que habian contribuido á su des- 
titución. 

29 Que los bienes confiscados por Antequera se res- 
tituyesen á los propietarios. 

39 Que él mismo saliese inmediatamente de la pro- 
vincia del Paraguay y compareciese en persona ante su 
tribunal, sin pasar por la Plata; que llevase consigo las 
minutas de todos los edictos que habia mandado publicar, 
declarándolos desde luego como nulos y abusivos, todo 
so pena de diez mil escudos de multa. 

Antequera se puso furioso, protestando que estaba re- 
suelto á mantenerse en el gobierno á pesar de todos los 
despachos que llegasen de Lima; lo cual favorecía la 
creencia general de que su única aspiración fuese hacer- 
se soberano del Paraguay. 






Para asegurar la ejecución de esas órdenes, el virey 

las dirigió al ex-gobernadór del Paraguay, teniente de 
rey don Baltasar García Res, dándole todos los poderes 

necesarios para que les diese cumplimiento. 



» 
* ^ 



Luego que éste llegó á Corrientes, haciendo conocer los 
despachos del virey que lo establecía gobernador de la 
provincia, Antequera convocó una reunión general en las 
casas consistoriales para deliberar sobre si se le debía 6 
no recibir, insistiendo él mismo cerca del provisor, que 
asistía á ella en calidad de juez eclsiástico, para obli- 
garle á conformarse á su opinión en nombre de todo el 
clero, y, negándose éste á tal pretensión, dijo, en presencia 
de varias personas, que cualquiera que opinara por la 
obediencia, la pagarla. Una vez cerca de la ciudad, le 
prohibió su entrada en ella. 



108 DEL PARAGUAY 

Vencido este obstáculo con la retirada de García Ros, 
la pasión que más donninaba á Antequera entonces era 
tener en su poder á Reyes para deshacerse de él y apode- 
rarse de todos sus bienes. 

Hallábase éste detenido on una de las reducciones de 
los guaraníes, y luego que Antequera tuvo noticias de su 
paradero, mandó dos barcas llenas de soldados confiando 
su dirección á don Ramón de las Llanas, con orden de 
llevar á Reyes. En la noche del 28 de agosto de 1723, 
se presentó don Ramón, seguido de unos treinta hombres 
bien armados, quienes, á favor de las tinieblas, penetraron 
hasta el cuarto en donde se hallaba Reyes, lo tomaron sin 
resistencia, se apoderaron de todos sus papeles, le 
embarcaron como estaba vestido, y á fuerza de remos 
llegaron en corto tiempo á la Asunción. 

Inmediatamente, Antequera le mandó atar con una 
gruesa cadena que le oprimia elj pecho y meter en un 
calabozo cerrado con una reja de hierro, encargando su 
custodia al comandante don Ramón. 

Tal atentado llenó de indignación tanto á las autorida- 
des de Buenos Aires como al teniente gobernador de Cor- 
rientes,* quien, sin esperar órdenes del gobernador de la 
provincia, envió á la Asunción á uno de sus miembros 
para intimar á Antequera pusiese á Reyes en libertad y 
para entablar queja sobre el atrevimiento de tomarle en 
una ciudad que no dependía de la provincia del Paraguay. 
Pero, por desgracia, el diputado era partidario secreto 
délos enemigos de Reyes y desempeñó su comisión como 
debia esperarse. 

Entretanto, llega Garcia Ros (enero de ld24) al Tebi- 
cuarl, y antes de pasarlo se le presenta el alcalde de la 
Hermandad, capitán Gonzalo Ferreira, á la cabeza de cien 
hombres bien armados, intimándole, á nombre de Ante- 
quera, que saliese inmediatamente de la provincia, lo que 
don Baltasar, que llevaba muy poca gente, tuvo la pru- 



GOBERNANTES 109 

dencia de efectuar. En agosto del mismo año volvió con 
mas gente y'pasó el Tebicuarl. 






Antequera, que consideraba segura la capital sin los 
jesuitas que acababa de espulsar, marchó (7 de agosto) 
á la cabeza de un ejército de unos tres mil hombres, com- 
puesto de españoles, indios, mulatos, mestizos y negros, 
después de haber dado orden al sargento mayor don Se- 
bastian Ruiz de Ardíanos, que quedaba al mando de la 
ciudad, durante su ausencia, demandar ahorcar pública- 
mente en un cadalso á don Diego de los Reyes, si él era 
derrotado por el ejércilo de Garcia Ros, y de no dejar 
con vida á ninguno de sus parientes. El mismo Garcia 
Ros estuvo en peligro de ser asesinado por un individuo 
enviado por Antequera. 






Diose la batalla el 24 de agosto de 1724. entre los pa- 
raguayos, dirigidos por Antequera y los indios de Misio- 
nes, conducidos por el padre Policarpo Duffo, y decidida 
por aquél, el referido padre se ocultó en la isleta que se 
halla junto á dicha paso, la cual es conocida desde enton- 
ces porZrZa del padre Poli ó Policarpo^ y él fué hallado 
el mismo dia en ella haciendo oración. 

Garcia Ros consiguió salvarse por medie de la fuerza, 

sin tener tiempo de llevar consigo ni sus papeles, los 
que cayeron en poder del enemigo. Primero ganó la 
reducción de San Ignacio, y de allí pasó á Corrientes, don- 
de se embarcó para Buenos Aires. 



La jornada del P aso de Tebicuarl dio tales briosa Ante- 
quera que se consideró completamente dueño de la situa- 
ción. Volvió á la Asunción y encontró todo preparado 



lio DEL PARAGUAY 

para hacerle un recibimiento digno de un vencedor. En 
todas las calles por donde debía pasar se habian levan- 
tado arcos triunfales, adornados de trofeos y sobre los 
cuales se veian las banderas tomadas en aquella jornada. 
La capital del Paraguay jamás habia esperimentado una 
alegría mas universal, unos animados de un sentimiento 
y otros en sentido contrario. El siguiente dia, todo el 
aparato de triunfo se cambió en una pompa fúnebre. El 
vencedor recibió un servicio solemne por el descauso de 
los que habian muerto combatiendo por él. 

» * 

Mientras todo esto pasaba en el Paraguay, se recibie- 
ron noticias del nuevo virey del Perú en que se ordenaba 
á don Bruno Mauricio de Zavala se trasladase en persona 
á la Asunción con fuerzas suficientes para someter á 
los rebeldes, remitir bajo una escolta á Antequera y es- 
tablecer provisoriamente un gooernador, tal como lo exi- 
gieran las circunstancias en que se hallase la provincia. 

Zavala, con un destacamento de cincuenta soldados, 
se puso en marcha, en enero de 1725, y al pasar por 
Santa Fé comprometió á un oficial llamado don Martin 
de Barúa para nombrarle gobernador del Paraguay, de 
acuerdo con sus instrucciones. Antequera, después de 
haber empleado en vano cuanta intriga y superchería le 
fué posible para perpetuarse en el poder, al fin se embarcó 
(5 de marzo de 1725) acompañado del alguacil mayor don 
Juan de Mena, habiendo antes dejado el bastón de mando 
al alcalde don Ramón de las Llanas. 

Don Bruno hizo su entrada en la Asunción el 29 de 
abril, y el 2 de mayo mandó notificar sus órdenes al cabil- 
do secular, que las recibió con respeto, prometiendo to- 
dos conformarse á ellas, y en prueba de la sincerídad de 
su promesa le enviaban el último edicto de Antequera 
que les prohibía recibirle en la ciudad. Zavala declaró 



GOBERNANTES 111 

entonces la elección que había hecho de Barua para go- 
bernador de la provincia, entretanto el rey disponía lo 
que considerase conveniente, y mandó sacar á don Diego 
délos Reyes de la cárcel, cuya salud estaba muy que- 
brantada después de veinte meses de prisión. 

Terminada su comisión y después de haber hecho re- 
cibirá Barúa en calidad de gobernador, Zavala se retiró 
á Buenos Aires. 






Reasumiendo la relación del viage y aventuras de An- 
tequera, que se hizo tan célebre en el mundo, diremos 
que siguió su viage rio abajo, sin detenerse en ninguna 
parte, y fué á desembarcar á diez leguas mas arriba de la 
altura de Santa Fe, habiendo llegado casi solo por cami- 
nos desusados á Córdoba, donde recibió las visitas de los 
principales de la ciudad. Concurría á las iglesias ya en 
trage de procurador fiscal protector de los indios de la 
real audiencia de los Charcas, ó ya en trage de guerra 
con un bastón de mando en la mano y siempre haciéndose 
rendir los honores debidos á estas dignidades; pero esto 
duró poco. Pronto se vio obligado á encerrarse en el 
convento de San Francisco, porque tuvo noticias de que 
habia orden del virey declarándole proscrito, prometien- 
do cuatro mil escudos á cualquiera que le entregara vivo 
ó muerto y dos mil para el que descubriera su para- 
dero y facilitase medios de prenderle. El dinero se halla- 
baya depositado en poder de un rico comerciante llama- 
do don Francisco de Villamonte. 






Cuando uno empieza á caer en desgracia, le persigue 
ésta por todas partes. Para mal de sus pecados, fué á 
dará manos de las autoridades de Córdoba la parte del 

botin, en objetos de plata y muebles, y cuyo valor aseen- 



112 DEL PARAGUAY 

día á tres mil escudos, que Antequera habia hecho en la 
carpa del general Garcia Ros en la jornada del Paso de 
Tebicuarl. 

Viéndose perdido, Antequera operó su fuga por cami- 
nos estraviados y llegó sin encontrar tropiezo á la Plata. 
En esta ciudad recibió orden de comparecer ante la audien- 
cia, presentándose con tal aire de canfianza que chocó 
mucho al tribunal. El presidente le preguntó qué es lo 
que tenia que decir en justificación de todas las estrava- 
gancias que habia practicado en el Paraguay; á lo que 
Antequera contestó que sólo habia obrado de acuerdo con 
las instrucciones recibidas de la corte. "¡Qué!, repuso el 
presidente, ¿la corte os ordenó espulsar á los padres de 
lacompañiade su colegio, marchar con un ejército con- 
tra las tropas de su majestad y pasar al filo de la espada 
á tan gran número de indios y aun de españoles que 
servían en esas tropas?" Quiso replicar pero el presi- 
dente le impuso silencio, consignándole al corrigidor con 
orden de conducirle con una barra de grillos á Potosí, 
donde se hallaba ya e¡ alguacil mayor del Paragaay don 
Juan de Mena y algunos otros de sus pai^tidarios que ha- 
bian ido á esperarle en la Plata, tan persuadidos como él 
que n^da tenían que temer y que solo habian sido arres- 
tados allí y conducidos áPotosi. Cuando llególa orden de 
hacerle conducir á Lima, Antequera pidió al corregidor 
una escolta para la seguridad de su persona, porque, decia, 
sin esa precaución los jesuitas podrian hacerle asesinar 
en el camino. "Tendréis escolta, le dijo el corregidor, 
no para garantirlos de los asesinos, sino porque yo debo 
asegurarme de vos." 

Llegó á Lima en abril de 1726 y allí llamo la curiosi- 
dad de una multitud de pueblo que deseaba ver al que ha- 
bia pretendido hacerse rey del Paraguay. No era cierto 
que hubiese tomado el título de rey del Paraguay bajo el 
nombre de don José /, como se habia hecho creei*. 



GOBERNANTES 113 

El virey delPerú, marqués de Castelfuerte le hizo con- 
ducir al principio á la cárcel de corte, donde tuvo durante 
cerca de cinco años la misma libertad que si se le hubiera 
alojado en un hotel, yendo donde quería, no solo dentro 
de la ciudad, sino también al campo. 

La llegada de don Ignacio Soroeta á Lima sorprendió 
al virey, cuando se le creia en posesión del gobierno del 
Paraguay, preguntado por el virey sobre la causa de 
su vuelta al Perú, Soroeta hizo una breve relación de todos 
los riesgos que habia corrido por parte de los rebeldes de 
aquella provincia y agregando que* Antequera y Mena 
parecían influir mucho en cuanto pasaba en el Paraguay. 
Inmediatamente mandó llamar el virey al presidente de la 
audiencia, marqués de Casa Sánchez, y le suplicó se tras- 
ladase á la cárcel de corte apoderándose de todos los 
papeles de Antequera. El presidente fué y volvió con 
algunos escritos que no teniaii importancia alguna. Pre- 
guntóle entonces el virey si habia registrado los bolsillos 
del preso y contestando el presidente negativamente; 
"volved al instante, repuso el virey, y registrad por todas 
partes." Esta vez, registrando los bolsillos, encontró 
algunas cartas que justificaban las sospechas de So- 
roeta. 

Desde ese momento se mandó encerrar á Antequera 
en un calabozo y se procedió á activar el proceso de los 
dos reos, y pocos dias después se pronuncióla sentencia 
siguiente: — 

"Que don José de Antequera, convicto de sedición y 
rebelión, y por consiguiente, del crimen de Lesa Majes- . 
tad, sea sacado de la prisión con muceta y capucha, 
montado en un caballo enjaezado de negro, — precedido de 
un pregonero para instruir en alta voz al pueblo de sus 
crímenes, que motivaban su castigo,— y conducido á la 
plaza pública para ser decapitado sobre un cadalso; que 



114 DEL PARAGUAY 

todos SUS bienes sean confiscados con aplicación á la real 
Cámara, después de cubiertas las costas del proceso; y 
que el alguacil mayor don Juan de Mena, cómplice de sus 
crímenes, sea conducido al mismo sitio y reciba muerte 
de garrote en un cadalso mas bajo." 






El pueblo recibió la noticia de esta sentencia con visi- 
bles muestras do reprobación, tanto mas cuanto que no 
quedaba lugar á apelación, y el virey estaba decidido á 
no conceder gracia ni á hacer demorar su ejecución. Pro- 
yectábase un levantamiento en el momento en que esta 
debia tener lugar y dar libertad á los reos. Avisado del 
plan que se intentaba, el virey dispuso sigilosamente pasa- 
sen algunas tropas de las que guarnecian regularmente 
la plaza del Callao, ordenando al mismo tiempo al piquete 
que debia custodiar á los reos, les diesen muerte al 
sentirse el mas leve movimiento y procurar apaciguar el 
alboroto en seguida. 






Llegó el dia señalado para la ejecución, (el 5 de julio de 
1731), sacaron al rep de la cárcel, en el trage antes des- 
crito, y rodeado de religiosos, prejedido del pregonero 
pronunciando en voz alta la fórmula siguiente: — 

"De orden del rey nuestro soberano señor, que 'Dios 
"guarde, y á su real nombre, en virtud de fa sentencia 
"pronunciada por el escelentísimo señor virey de estas 
"provincias, por consejo de la real audiencia, don José de 
"Antequera y Castro es condenado á morir en un cadalso, 
"por haber manHado tomar «las armas en la provincia 
"del Paraguy, haberla comprometido varias veces á la 
"revuelta y á negar la debida obediencia á los tribunales 
"superiores; por no haber querido recibir al gobernador 



GOBERNANTES 115 

"enviado por el virey; por haber reunido un ejército con 
"artillería contra el que iba de Buenos Aires de orden del 
"supremo gobierno; por haber atacado ese ejército y 
"haberle muerto mas de seiscientos hombres. Por todas 
"estas causas y otras que quedan espresadas en el 
"proceso, se le condena á ser decapitado en un cadalso. 
"Que todos sys semejantes perezcan del mismo modo." 

Apenas llegó el reo á la plaza, que se hallaba muy lle- 
na de gente, cu^indo un religioso franciscano se trepó con 
intrepidez sobre el cadalso y dio el grito de ¡F'ERdon!, el 
que fué repetido por la multitud, entre la cual se hallaban 
al gunos franciscanos que fueron muertos. 

Entretanto, Antequera seguía acercándose al cadalso 
sin prestar la menor atención á lo que pasaba al rededor 
de él. El tumulto iba creciendo cada vez mas. Los que 
custodiaban al reo, cumpliendo la orden que tenian, hicie- 
ron fuego sobre él, mas quiso la casualidad quedos fran- 
ciscanos que le auxiliaban qyedasen muertos juntamente 
con Antequera. 

El virey mandó inmediamente que llevasen el cadáver 
al cadalso, para que el verdugo le cortase la cabeza y la 
mostrase al pueblo; y en seguida hizo §acar de la cár- 
cel al alguacil Mena, en quien se ejecutó la sentencia sin 
perturbación alguna, pero no se le dio muerte de garro- 
te, porque no se encontraba el verdugo, sino que fué de- 
capitado mostrándose la cabeza de igual modo al pueblo*. 

Así desapareció aparentemente la causa de las con- 
mociones del Paraguay, pero quedaron sus efectos, como 
se va á ver. 

En la colección de documentos He den Francisco Ja- 
vier Brabo, según lo asegur§ este señoreen su obra rela- 
tiva á la EspuLsion de los Jesuitas, figura un espediente 
sobre concesión y traslación de las pensiones otorgadas á 
varios parientes de don José de Ai^.tequera y Castro. A 
consulta del Consejo de Indias, en 14 de diciembre de 



116 DEL PARaGüAT 

1776 declaró el rey á dicho sujeto "por bueno y fiel mi- - 
nistro, y del todo injusta la persecución y maquinación 
con que los regulares de la estinguida compañía consi- 
guieron diese su vida en un público suplicio, en la ciu- 
dad de Lima; y para aci'isolar mas su inocencia, prome- 
tió S. M. agraciar á los que probasen ser sus parientes." 

• 

XXIX. DON. RAMÓN DE LAS LLANAS, alcalde de 
primer voto de la Asunción, nombrado por Antequera 
gobernador interino ó delegado, para resistir al ejército 
del general Zavala, pero desistió de tal designio entregan- 
do pacíficamente el bastón al interventor, para que lo 
trasmitiese á quien fuera de su agrado. 

Sin embargo, á fines de' setiembre de 1727, fué comi- 
sionado don Matías Anglés, que mandaba en Córdoba y 
que más tarde (1735) llegó á ser gobernador de Tucuman, 
con autorización para confiscar todos los bienes de los 
rebeldes, recomendándole con especialidad instruir el 
proceso de don Ramón de las Llanas y de don Sebastian 
Fernandez de Montiel: previa su prisión, y sobre los 
hechos esenciales, oir por lo menos á treinta testigos. A 
los dos dias de llegar Anglés á la Asunción, con el objeto 
de impedirla instrucción del proceso, las Llanas y el al- 
caide don Joaquín Ortiz de Zarate trataron de sublevar al 
pueblo contra él. Sin embargo con la prisión del prime- 
ro, la desaparición del segundo y la ocultación de Mon- 
tíel, el comisionado, no sólo consiguió contener el desor- 
den, sino también llevar á cabo su cometido con toda tran- 
quilidad y con la plena aprobación de toda la ciudad, 
marchándose en seguida y dejando á las Llanas en una 
prisión mal guardada Pocos dias después se hicieron 
visibles por la ciudad éste y Montiel y mas tarde, á la 
llegada de Soroeta, recorrían las cercanías de ella levan- 
tando gente, todo lo que no era ignorado por Barúa, 
haciéndose el que nada sabia. 



DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS 



Gorrespondeoela. de Aatequera y el obispe Palés 

CARTA DE ANTBQUBRA AL OBISPO COADJUTOR DBL PARAGUAY, DON JOSÉ 
PALOS, QUEJÁNDOSE DE LA CONDUCTA DE ÉSTE PARA CON AQUÉL. 

Imprenta de Lima, 

Ilustrlsimo señor: 
Es justo y permitido por todas las leyes, aun á la mas 
humilde obediencia, representar á lo*s superiores lo que 
se sufre, cuando uno está seguro de no haberlo me- 
recido, ó de haber tenido buenas razones para ha- 
cer lo que les ha parecido mas fuera de razón; y como 
yo me hallo hoy tan adicto ÍV. S. I., como yo lo era en 
la provincia del Paraguay, y que puedo decir que yo 
no cedería mi gloria á otro sobre io que atsñe á estos 
sentimientos, es evidente que no se puede negar, apesar 
de todo lo malo que de mi se piense, lo que se concede 
á todos. Y porque,^ en^^, lo que traigo al recuerdo de 
V. S. I., no busco la suavidad que yo podría esperar de 
su parte, puesto que únicamente lo espero de Ja bondad 
de Dios, á quien ofrezco en espiacion de mis grandes pe-* 
cadop las injurias é ignominias que he sufrido en mi pri- 
sión, y del modo como he sido conducido atravesando 
todo el reino y que hasta ahora rio ha tenido ejemplo, 
y lo que ahora sufro con pérdida de mi honor y el de una 
familia noble y bien conocida, no solo'^en estos reinos, 
sino también en los demás de Europa; y porque lo que 
menos me inquieta es mi vida, que me es imposible con- 



118 DEL PARAGUAY 

servar en medio de tantos golpes redoblados que no 
cesan de dirigirnDe, sino la sostiene el Señor, de que ella 
depende, no hablo de la estrema pobreza á que me hallo 
reducido, no teniendo ni con que cubrirme decentemente, 
y eso por la crueldad de los que indignamente me des- 
pojaron de todo; y lo mas sensible que me es y me será 
siempre es ver esta persecución y mis sufrimientos justi- 
ficados por la autoridad de V. S. I., la cual, se dice en 
alta voz, se refiere á los crímenes que se me imputan co- 
mo ciertos y probados; le haré ver en pocas palabras, pa- 
ra que las tenga presentes cuando nos veamos citados 
ante el tribunal de Dios, en donde no hay aceptación de 
nadie, y en donde el soberano Señor hará rendir una 
cuenta rigurosa á los príncipes y á V. S. L, si (lo que 
conjuro no permitir) en sus juicios y en sus informa- 
ciones, á los ques^da tanta fé, se ha separado de loque 
está prescripto por estas palabras del Deuteronomio, cap. 
1, vers. 16. Escuchadlos y jtizgad equitativamente; escuchad cd 
ciudadano^ como al estrangero; escuchareis cd pequeño y al grande; 
no tendréis escepcion alguna deguidie; pues es el juicio de Dios, 

Hallándome en la ciudad de la Plata, me cayó en las ma- 
nos una carta de V. S. I., por la que informaba ala Real 
Audiencia contra mi sobre varios puntos. Como hombre 
sentí muy vivamente que se hubiera apresurado tanto al 
llegar á la Asunción de levantar una información sobre 
hechos cuyo detalle no habia podido saber fácilmente, aun- 
que su alojamiento se hallase tan cerca de la Casa Muni- 
# cipal; perocrei deber guardar silencio esperando muchas 
reflexiones que V. S. I. hiciera sobre sus informacio- 
nes. Sin embargo, habiendo venido á esta ciudad 
de Lima, supe que persistia en lo que habia escrito y 
que habia comunicado las mismas cosas al superior go- 
bierno: en seguida me vi significar una Real Cédula de 
fecha 12 de diciembre de 1724, en la que se hacia mención 
de una carta de V. S. I., la cual no habiendo llegado al 



GOBEBNJUVTBS 119 

Paraguay sino á mediados de octubre de este mismo año 
(1726), es evidente que no había escrito lo que había visto, 
sino lo que le habían dicho ciertas personas, que le son sin 
duda mas conocidas que yo. 

Entre las diferentes operaciones de mi mal gobierno, 
como V. S. I. se complace en llamarlas, me acusa de 
haber levantado el proceso á eclesiásticos y de haberlos 
puesto presos, citando loque pasara respecto á un religio- 
so dominico: sobre esto debo decir que no hay nada de 
verdad; que no sé en qué cárcel fué puesto este religioso, 
ni por quién fué arrestado: puedo jurar ante Dios y por es- 
ta Cruz t, que en mi vida le he hablado, que solo le he 
visto en su celda y en su convento, cuando venia ala ciu- 
dad; y no creo que haya nadie en el Paraguay, si no 
Quiere mentir, que asegure lo contrario. 

He aquí otro hecho que V. S. I. avanza, y es el de don 
José Caballero, antiguo cura deYaguarcn; sobre lo cual 
ignoro qué crimen se me puede imputar. Pues si V. S. I. 
hubiera visto los documentos, habría encontrado que he 
seguido lo ordenado por las leyes, siendo ese cura uno de 
los principales autores de fos escándalos de la Provincia, 
y amigo intimo de Reyes, cuya fuga habia protegido, lo 
que, habiendo sido probado por las declaraciones de los 
testigos que se encuentran entre los documentos» después 
de haberlos exanñinado la Real Audiencia, dio un fallo 
de ruego y encargo, dirigido al juez eclesiástico, á quien 
ordenaba darle cuenta de lo que hubiese hecho. Habien- 
do instruido el juez el proceso del cura, lo privó, según 
la ley de la Concordia, de su curato, cuyo temporal había 
no solo disipado con el esceso que era conocido, sino, 
lo que es aun peor, hasta los ornamentos sagrados, 
no recuerdo para qué uso; y como este crimen agi^egado 
á los demás, tales como el de haber enseñado la doc- 
trina cristiana á sus parroquianos y no haberles sumi- 
nistrado los sacramentos, bastaba para quitarle su curato 
por respeto á la dignidad sacerdotal, no permití que 



120 DEL PARAGUAY 

se le declarase en las Actas incapaz de poseer tal benefi- 
cio, porque no solo le inhabilitaba á poseer un curato, 
sino también á celebrar losdivjnos misterios, no habiendo 
hombre ni niño que dejase de conocer su conducta, y 
que pudiese evitar encontrarse por las calles con sus hijos. 
No digo eso por acusarle de sus vicios, estando yo mis- 
mo asi acusado; solo tengo en vista hacer conocer á 
V.S. I. las razones fuertes y bien probadas que se ha te- 
nido para proceder, como se hizo, contra ese cura. No 
debe hacerse un crimen á un seglar haber observado es- 
tas cosas, pero lo es en los eclesiásticos haber dado lugar 
á los seglares el reprochárselos. ^ Es así como se espli- 
caba San Jerónimo hablando de los emperadores Arca- 
dio y Honorio: "No me quejo de la ley, pero siento 
mucho haberla merecido." • 

En este mismo artículo, V. S. I. alega en prueba, res- 
pecto de la espulsion de los religiosos de la compañia, cier- 
tas circunstancias muy distantes de la verdad, afirmán- 
dolas como si las hubiera visto; sin embargo, sobre este 
hecho, como sobre el de la guerra, puedo decir que V. 
S. I. tiene en ello, á lómenos ante Dios, mas parte 
que yo; pues me hallaba sin fuerza en medio de una pro- 
vincia perturbada y sublevada, amenazado por sus habi- 
tantes, que temian volver á ver lo que es todavia causa 
de sus lágrimas, es decir, lo que sucedió en tiempo del 
señor Cárdenas, uno de los predecesores de V. S. I., á 
saber hallarse reducidos á defender su vida, la de sus 
mugeres y de sus h'jos, porque se habia publicado un 
bando, que autorizaba á los indios tapes llevárselas. Fué 
el 24 de julio que, á fuerza de ruegos conseguí contener- 
los, y para impedirles que fuesen á estrellarse contra el 
Colegio, me empeñé con los superiores de las casas reli- 
giosas hicieran que V. S. I. viniese, por el respeto que 
su carácter inspira. No pude conseguirlo de vuestra pie- 
dad, y habiendo hecho de mi parte cuanto de mi dependia 
para desviar la tempestad, descansé en el testimonio de 



121 GOBEBNANTES 

mi conciencia, cuya rectitud bien conoce Dios, aun que 
en juicio de los hombres haya faltado, pero yo sé que 
V. S. I. solicitó, durante mi ausencia, de los regidores 
que me echasen á rif>i toda la culpa. 

Cuando Dios eligió á V. S. I. para ser nuestro prelado, 
era para ser la luz del mundo, como está dicho en San 
Mateo, diciéndole, así como á Isaías: "/í? ahi que os he 
dado á las naciones para ilustrarlas^ y para llevar palabras 
de salvación ha^ta los esiremos de la tierra!' Destinado, 
pues, á velar sobre nosotros, no es posible que permita 
nos.cubran las tinieblas de la pasión oscureciendo la ver- 
dad de la inocencia, sobre hechos en que esta miserable 
Provincia, como yo tampoco, nada tenemos que repro- 
charnos, sin haber hecho lo que es permitido á todos para 
defender nuestra vida. 

Creo ciertamente, señor, que cuando esta carta llegue á 
mangs de V. S. I. habrá hecho reflexión al triste estado, 
en que sus informaciones han reducido á esta desgracia- 
da Provincia, y como padre y protector de ella, V. S. I. 
tendrá á bien interesarse por ella tomando su defensa. 
Pues espero que entonces la mirará como una pobre 
huérfana, á quien cada uno tratará según las vistas de 
su interés particular, 7 de ningún modo como convenia 
al servicio de Dios y al del rey; desde que ella tenga la 
ventaja de ver á V. S. I., espero que í¡ga: ""Se os ha decla- 
rado protector nuestro^ tened cuidado de nosotros ,^^ 

Es raro, señor, que la precipitación no sea la madras- 
tra de la justicia, cuya madre es una prudente lentitud, 
como nos lo enséñala esperiencia todos los dias. V. S. I. 
recuerda todo lo que sucedió de lamentable en esta Pro- 
vincia, y sobre todo las cinco espulsiones de tres obispos 
vuestros predecesores, de las cuales la última hizo der- 
ramar mucha sangre, y lo que su Magestad y el sobe- 
rano pontífice Alejandro VII decidieron en favor de esta 
Provincia y del señor Cárdenas, en un caso muy seme- 
jante al de hoy, y juzgará que se condujeron en la Pro- 



122 DEL PARAGUAY 

vincia con mucha prudencia. Pero independientemente 
de estas consideraciones, solo quisiera que V. S. I. tu- 
viere á bien reflexionar con aquella superioridad de luces 
que todos le conocen, que cuando hubiera algo de repren- 
sible en mi conducta, yo no habia tenido en vista empero 
mas que la utilidad pública, que, según las doce tablas, 
es la suprema ky. Cuando me he visto obligado á hacer 
aquello de que se me acusa, forzado por los clamores y las 
representaciones de esta Provincia, y por las órdenes de 
un tribunal de justicia, no veo que se tenga razón de im- 
putárseme delitos que no he conocido. 

Cuando don Bruno de Zavala escribió que venia á esta 
Provincia, agregando á su carta la orden que tenia de 
S. E., en vista de que las representaciones de V. S. I. d§ 
que empeñé á la Municipalidad se apoyase, no hablan 
podido comprometer áes?te gobierno á licenciar sus tropas 
salió de la provincia, ala que veia yo dispuesta á sublevar- 
se de nuevo, temiendo de que se me imputase todo el 
irial que en ella se hiciera. V. S. I, quiso detenerme, 
pero si yo me hubiese hallado en ella cuando don Bruno 
se vio obligado después de mi partida demorarse en el 
pueblito de San Ignacio, se mehabria echado á mi la cul- 
pa, puesto que, ausente c«)mo me hallaba, la malicia de 
mis enemigos no dejó de atribuírmelo. 

Recuerde V. S. I\ lo que Felipe Ca vanas y vuestro 
criado don Roque Parodi declararon en vuestra presencia, 
como también todos los testigos que se han oido sobre 
toda mi conducta, que si yo hubiera tenido la felicidad de 
haceros ver todos los actos, habria conseguido talvez da- 
ros una idea mas favorable de mis acciones; pero mi padre 
San Gregorio nos enseña que "el espíritu debe servirse 
de los conocimientos que tiene, para elevarse al de las 
cosas que le están ocultas, y por el ejemplo de lo que está 
invisible." Todo eso y mudios otros hechos que callo, 
porque es mas apropósito sepultarlos en el silencio que 



GOBERNANTES 



123 



traerlos & la memoria, me obligaron á hacer estas repre- 
sentaciones, y no es tanto que yo sufra lo que á ello me 
obliga, sino porque, como ya lo he dicho, el nombre de 
V. S. I. es su principal causa; este nombre, por el 
que siempre he tenido gran veneración j y que jamás de- 
jaré de repetir, como debo. Reservo mis legítimas de- 
fensas sobre todo, para el justo tribunal de Dios, de 
quien espero el desagravio de mis penas. Muchos otros 
sufren sin saber por qué: compadeced, señor, sus males; 
es el medio que todas las obras de V. S. I. sean para 
ella un manantial de prosperidad, y que su gobierno se 
conserve de todo infortunio. Esto es loque le deseo con 
una larga vida y una perfecta salud, y las altas dignida- 
des que con tanta justicia le son debida^. De la Cárcel 
Real de Lima, á 14 de agosto de 1726. 
Ilustrisimo señor: 
Beso las manos de V. S. I. como el mas humilde de 
sus servidores — 

D. J. DE Antequera y Castrq 

RbSPUESTA DEL OBISPO COADJUTOR DEL PARAGUAY 

á la precedente carta confirmando los asertos de Anteque- 
ra y justificándose en que su deber como pastor de sus 
ovejas no le permitía obrar de otro modo. 

limo, señor: 

Don Ramón de las Llans acaba de entregar la carta 
de V. S., de fecha 14 de agosto del año anterior (1726), en 
la cual, después de haberme recordado con un celo ver- 
daderamente cristiano la obligación que me impone el 
carácter pastoral, de que apesar de mi indignidad me 
hallo revestido, de arreglar las informaciones que diriji 
á los tribunales superiores sobre la regla prescriptaal 
versículo 16 del primer capitula del Deuteronomio, cu- 
yos términos propios me pone á la vista, insinuáis en 
seguida haber leido en la ciudad de la Plata lo que, 



124 DEL PARAGUAY 

pocos dias después de mi llegada á esta ciudad de la 
Asunción, escribí á la Real Audiencia en una de mis car- 
tas, que contenian varios artículos contra las operaciones 
de vuestro gobierno; y agregáis que por mas sensible que 
hayáis estado, disimulasteis prudentemente, lisongeán- 
doos que después que hubiera hecho mis reflexiones so- 
bre lo que habia pasado me rectractaría; pero que ha- 
biendo llegado á Lima supisteis que yo habia enviado las 
mismas informaciones al superior gobierno. Para no 
confundir nada y espücarme con mas claridad, voy á 
reasumir separadamente cada artículo de mi carta y dis- 
cutirlos todos en particular. 

He marcado en primer lugar que V. S. habia inmedia- 
tamente por sí misrpo hecho una información sumaria 
contra el doctor don José Caballero Bazan, cura propio de 
San Buenaventura de Yaguai'on, sobre sus funciones y 
la administración délos sacramentos, que una vez ter- 
minada la' habéis enviado al licenciado don Alfonso Del- 
gadillo y Antienza, electo provisor y vicario general, des- 
pués que el doctor don Jqan González Melgarejo hubo 
dimitido sus empleos, porque no podía ya defenderla in- 
munidad eclesiástica, y que de acuerdo con el nuevo 
provisor, habia sido destituido de su curato. Si, sobre 
este primer nrtículoel obispo se hubiera arreglado en su 
información sobre el susodicho capítulo del Deuterono- 
mio, V. S. no quiere convenir, podrá convencerse por la 
respuesta del señor fiscal, que solo lo hizo después de ha- 
ber visto mi carta y las actas espedidas por V. S. y por 
dicho provisor, que estaban en el archivo de la Real Au- 
diencia, y de donde dedujo, como tan buen católico cual 
hábil ministro, que no puede hallar á bien, ni su Alteza 
aprobar, que vos hubierais por vos mismo hecho la in- 
formación sumaria, aunque después que ella hubiere sido 
perfecta, la hayáis enviado al juez eclesiástico, y que este 
juez habiéndole recibido en presencia de un segundo tes- 
tigo, hubiera en seguida hecho definitiva la sentencia; tam- 



GOBERNANTES l25 

bien declara como nulas todas estas actas, porque el cura 
no hubiese sido oido, ni haber producido sus defensas 
como lo prescriben el Derecho, como porque los testigos 
no fuesen confrontados: agrega que la renuncia recibida 
por el acta de acomodo no podría tener lugar, dándolas 
razones; y la Real Audiencia me ordena á recomenzar 
los procedimientos juzgando según justicia; lo que hice 
al cabo de un año, no habiendo podido hacerlo antes, por- 
que estaba obligado á terminar la visita de esta diócesis 
para conformarme á lo prescripto por el Concilio de Tren- 
to. El corazón me está desangrando todaviíi cuando 
pienso en el triste estado en que lo hallé, y en el despre- 
cio que tenia de las armas de la sant^ iglesia, nuestra ma- 
dre. Terminado este asunto, mandé, los documentos al 
Real y supremo Consejo de las Indias y á la Real Audien- 
cia. Pero lo que me ha sorprendido estremamente es 
el veros asegurar que por respeto por la orden sacerdo- 
tal no habian permitido que se prodigasen otras deposi- 
ciones de crímenes contra dicho cura, mientras que por la 
misma acta de acomodo es evidente con que seguía todos 
los procedimientos. Esto podriaser el efecto de un gran 
celo, pero no parece así: se juzgará por los documentos 
que habéis mandado á la Plata, en donde deseo que se 
levanten las faltas en donde yo podría haber caido por 
ignorancia. 

El segundo artículo de mi carta corresponde álos bie- 
nes patrimoniales, que habian servido de título á don 
Agustín de los Reyes para ordenarse de diácono, según 
consta por sus letras testimoniales espedidas por el Ilus- 
trísimo señor don Alfonso del Pozo y Silva, obispo de 
Tucuman y que he dicho haber sido confiscado: si V S^ 
no recuerda lo que decidió sobre este artículo en su res- 
puesta exhortatoria, á la advertencia del canónigo doctor 
don Juan González Melgarejo, provisor y vicario gene- 
ral, voy á trascribir aquí los propios términos, palabra 
por palabra: **A lo que es necesario agregar qtte dicha señora 



186 DEL PARAGUAY 

Francisca Benitez debia requerir ante mi tribunal el desembargo 
de lo que habia sido embargado^y justificar que su demanda era 
legitima^ para que la determinación y la decisión de la Real Au- 
diencia fuesen fundadas sobre sus pruebas ó que aun cuando su 
susodicho hijo no hubiera tenido otro titulo para ordenarse mas 
que su patrimonio, y que este título hubiese sido válido y legitimo^ 
á mi tribunal correspondia pedir la restitución^ porque este patri- 
monio no viene á ser un bien eclesiástico y y no goza de los privilegios 
anexos á los bienes de la iglesia, puesto que ha servido de titulo 
para la orden€u:ion; pues permitir á un eclesiástico hacerse orde- 
nar bajo el título de su patrimonio, no es otra cosa que observar Iq 
que está precripto por *los secados cánones, que ordenan que 
nadie sea profnovido á las órdenes sagradas, si no tiene can que 
sostenerse decentemente sin verse obligado á mendigar su pan; y 
de allí no se sigue que esos bienes vengan á ser bienes eclesiásticos, 
ni que gocen de los privilegios de los bienes de la iglesia, á los 
que estos no van anexos, que porque no deben emplearse sino 
para el culto divino y para socorrer á los pobres en sus ne- 
cesidades, mientras que los bienes patrimoniales pueden ser- 
lo para todo lo que agrade á aquellos mismos para quienes hubie- 
sen servido de título para su ordenación.^'' V. S. reconocerá 
bien que esos son sus propios términos; y dejo á su 
religión el examinar si un obispo puede sin cargar grave- 
mente su conciencia, pasarlos en un acta tan reflexiva: 
sobre esto he recordado lo que un gran prelado, el ilus- 
trísimo señor don Antonio de León, de inmortal memoria, 
obispo de Arequipa, respondió á un decreto del Exmo. se- 
ñor duque de la Palata, fechado en el mes de febrero, á 
saber que un ministro del Partemento de Inglaterra no ha- 
bría obrado de otro modo. 

El segundo artículo de mi carta hace también mención 
de lo que aconteció á un religioso dominico, á quien don 
Ramón de las Llanas arrestó públicamente, preso en la 



GOBERNANTES 127 

quinta de Fabapí, lo hizo conducir por soldados basta cin- 
co leguas de esta ciudad, y á quien dio de palos con vio- 
lencia, diciendo que tenia orden del que todo lo podía, 
arrastrar eclesiásticos y algo peor, que no he espresado 
en mi información por no cargarla demasiado. Si en eso. 
el obispo se ha regido por el capitulo del Deuteronomio, 
ademas dQ la notoriedad, consta por las actas que se 
levantaron á instancia y pedido del padre prior del con- 
vento de mi padre Santo Domingo, ante el juez eclesiás- 
tico, para delarar que don Ramón habia incurrido en las 
censuras contenidas en el canon. Si quis^ suadente Dia- 
bolo] las cuales actas fueron principiadas por el doctor 
don Antonio González de Guzman, cura rector de esta 
iglesia catedral, como vicario delegado del canónigo pro- 
visor á la sazón ausente, y ocupado de la visita de la 
. diócesis, y á quien el canónigo don Alfonso Delgadillo 
privó del conocimiento de este asunto, so pretesto de 
que era juez diputado por el venerable deán y por el 
capitulo para conocer de lo que concernía á los eclesiás- 
ticos partidarios de don Diego de los Reyes; y estando 
de regreso á esta ciudad el canónigo provisor, se hizo 
entregar las actas apesar de la viva resistencia de dicho 
canónigo don Alfonso Delgadillo; instruyó el proceso, 
poniéndolo en estado de ser juzgado, sin juzgar empero, 
porque se le hicieron tantas instancias capciosas, que se 
vio obligado á abdicar su cargo de provisor; y es muy 
estrañoque en un caso tan escandaloso, después que 
don Ramón produjo tantas defensas y presentado tantas 
requisiones, mientras comíais tan amenudo en la misma 
mesa y estando todos los dias juntos, como también 
vuestro íntimo amigo el canónigo don Alfonso Delgadillo. 
V. S. asegure con juramento, y formando una gran 
cruz, que no tiene ningún conocimiento de este negocio 
y preguntándome donde fué arrestado este religioso y en 
que cárcel estuvo encerrado. Si hubiera examinado bien 
mi carta, lo habría sabido; pero yo contestaré a estas 



138 DEL PARAGÜÁT 

preguntas á su tiempo y en su lugar. El obispo no dijo 
que V. S. haya arrestado por sí mismo á este religioso, 
sino que lo ha sido por don Ramón de las Llana, cuando 
marchaba con un destacamento de tropas para ajipde- 
rarse de la persona de Diego de los Reyes (lo que está 
probado por las actas) que venia con una orden del 
Exmo. señor don Diego Morcillo, virey de estos reinos 
para volver á su gobierno. El obispo guardó silencio 
sobre esta circunstancia; tampoco habló de las confisca- 
ciones de bienes hechas por V. S. sobre los que seguian 
á este gobernador, ni de la venta de esos bienes, lo que 
redujo á una estrema necesidad á sus mugeres, cuya 
dote también fué embargada: no siendo mi objeto levan- 
tar todas las acciones de V. S., sino únicamente los dere- 
chos de la iglesia. 

El tercer artículo es el de la espulsionde los padres de 
la sagrada Compañia de Jesús, en virtud de un edicto es- 
pedido con precipitación, ordenándoles que saliesen de su 
colegio en el término de tres horas, habiendo sido seguido 
de otros dos reiterativos de obedecer sin demora, y, cuya 
acta no se les quiso dar, aunque dos de estos religiosos 
hubiesen estado de parte de su rector en la casa en que 
estabais con la municipalidad reunido, para demandarla. 
Constan estos hechos, habiendo yo visto sus pruebas an- 
tes de informar á la Real Audiencia, y están firmadas y se- 
lladas en la mejor forma en cuanto lo permite la circuns- 
tancia del tiempo, por testigos que vieron todo declarando 
bajo juramento, siendo estos testigos el canónigo doctor 
don Juan González Melgarejo y el doctor don Antonio 
González de Guzman, cura y provisor de la diócesis, am- 
blen conocidos en esta Provincia por su virtud y su eru- 
dición. He tenido en las manos otros certificados, de 
• donde he sacado varias circunstancias espresadas en mi 
información; pero no he creido que me conviniese hacer 
mención de un hecho muy indigno del primer alcalde y 
un regidor gritando en voz alta en la plaza al mostrar la 



GOBERNANTES 129 

iglesia y el colegio de la Compañía, que era necesario sa- 
car el canon contra este palomar, lo que aun habrían eje- 
cutado, si don Sebastian de Arellanos no se hubiera 
opuesto, lo que él mismo publicara. El obispo no dijo 
tampoco que después del segundo edicto, se ^dió orden 
de sacar el santo sacramento de la iglesia del colegio lle- 
gándolo á la catedral, lo que hizo el cura provipor acom- 
pañado del canónigo don Juan González, seguido de to- 
dos los padres que llevaban todos, llorando un cirio en la 
mano. Luego, ademas de que ello consta por las actas, 
es un hecho tan notorio que hasta hoy no hay nadie que 
no se halle penetrado de dolor al solo recuerdo de haber 
visto á esos hombres eclesiásticos, cargados de años y 
achaques, que eran el ejemplo y consuelo de esta ciudad 
y de toda la Provincia, atravesar la ciudad en medio de 
una multitud, á quien este espectáculo sacaba lágrimas 
délos ojos, marchar lentamente y con trabajo, al entrar 
la noche, no teniendo mas que sus manteos y sus bre- 
viarios, insultados y tratados de perturbadores de la paz, 
de traidores al reyyá la República. Si el obispo no se 
espresó con rectitud, es únicamente cuando dijo que los 
padres habian ido á hacer sus representaciones á la mu- 
nicipalidad, siendo la verdad que fué en el alojamiento de 
V. S., en donde habíais reunido todo el cuerpo munici- 
pal para tratar allí de este negocio. Examine con sangre 
fría, y no con el resentimiento de un hombre que sufre, 
si sobre este punto el obispo no se condujo bastante 
bien sobre el Capítulo del Deuteronomio; pero examine 
con tanta madurez si no estaba obligado en conciencia 
dar aviso á los tribunales superiores de un hecho que 
hiere tan directamente la inmunidad eclesiástica, de que 
no podia prescindir en la circunstancia del estado en que 
se hallaba la Provincia, sin atraerse la maledicencia y sin 
verse acusado de obrar por pasión; como le sucedió al 
Exmo. señor don Bruno, para impedirle que entrase en la 
Provincia. Si el obispo, por haber tomado la defensa de los 

10 



130 DEL PARAGUAY 

padres de la Compañia, como lo habría hecho por cual- 
quiera otra orden religiosa, y aun en el caso en que se 
hubiera desterrado un solo clérigo, es tachado de pasión 
y de parcialidad para con esa santa Compañia lo mismo 
habría podido decirse de los soberanos pontífices Pablo 
V y Clemente VIII, cuando el primero no quiso levantar 
el entredicho que se habia lanzado sobre la República de * 
Venecia,niel segundo reconciliar á la iglesia con el cris- 
tianísimo rey de Francia, sino á condición que los jesuí- 
tas fueran restablecidos en sus colegios con mas honor, 
que lo que hablan sido espulsados con ignominia. 

•En el último artículo de mi carta, se trataba del encar- 
celamiento de los padres Policarpo Dufo y Antonio de 
Ribera, á quiénes habíais ordenado que se presentasen 
á mi provisor, al que, por medio de un billete, hablan man- 
dado verificar si eran sacerdotes, y, en la suposición de 
que lo fuesen, remitirlos al que habíais dejado en el 
mando durante vuestra ausencia, para que los encerrasen 
en la cárcel pública. 

Ademas de la notoriedad del hecho, consta también por 
los actos y por el original de vuestro billete que se guar- 
da con cuidado, para hacer conocer, en caso de necesidad, 
que la poca reflexión con que lo habéis escrito, os quita 
todo medio de eludirlo. Pues finalmente, si el padre Po- 
licarpo fué vuestro amigo, si V. S. le encargó confesase 
á los de Villa Rica sobre el Tebicuarí, á quienes habíais 
condenado á muerte ¿cómo poJia ser cierto según decíais 
en vuestro billete, que habia sido tomado con el sStble en la 
mano y en fuga á caballo al pueblito de Santa María? Así, 
señor don José, todos estos artículos de mi carta siendo 
ciertos ¿en qué he podido contravenir á lo que está prescrito 
en el primer capítulo del Deuteronomio? ¿Cómo podéis 
persuadiros que he atacado vuestro honor por mi carta, y 
después de haber hecho mis refiexiones sobre lo que ella 
contiene yo me habia de retractar? Si hubo en estas accio- 
nes algún descrédito que no puede entre ver el obispo, que 



GOBERNANTES 13Í 

V. S. se queja de haberlas cometido, y no que siendo tan 
ciertas y notorias como lo son, las haya hecho conocer el 
obispo para defender la iglesia, ni que haya buscado su 
remedio en la piedad del rey, nuestro Señor (que Dios- 
guarde) y en la justicia de los tribunales, que lo represen- 
tan inmediatamente, para que unas medidas tan irregula- 
res y tan inauditas de un ministro tan prudente y tan hábil 
en las ciencias del Derecho, no puedan servir de modelo y 
dé motivos á otros gobiernos menos ilustrados, para hacer 
las mismas cosas. Ninguna reflexión cristiana puede per- 
suadirme lo que V. S. me hace presente, que vuestros per- 
seguidores pueden servirse contra vos de mis informacio- 
nes, ni que puedan dar ocasión á producir ningún otro mo- 
tivo, que los que resultan de las actas jurídicas. 

V. S. me dice que se le ha significado un real despacho, 
de fecha 12 de diciembre de 1724, en el que se menciona 
una de mis cartas, y que no habiendo llegado áesa ciu- 
dad sino en el mes de octubre del mismo año, no he podi- 
do informar á su Magestad sobre lo que habia visto, sino 
sobre lo que me habian sugerido personas que yo debia 
conocer. ¡Oh, cuanto siento que un hombre de tanto ta- 
lento escriba con tanta ligereza! Y para convenceros de 
que os equivocáis, digo que en el mes de abril de 1724,. 
escribí desde Buenos Aires al rey (que Dios guarde) para 
darle cuenta de mi llegada áesa ciudad, y para solicitar 
cerca de su Magestad una parte de las rentas de mi dió- 
cesis, devengadas durante la vacante, para poder reme- 
diar la estrema pobreza é indecencia, en que me habian 
avisado hallarse reducida mi iglesia: en efecto, lo he con- 
seguido; vos habéis sido testigo y la voz pública atestigua 
que mi catedral es hoy una de las mas decentes y una 
de los mejor provistas de ornamentos de este reino. Por 
la misma via, mandé buenos certificados de lo que el de- 
ber de mi cualidad de pastor me habia hecho tentar para 
impedir que el teniente de rey don Baltasar García Ros 
hiciese un segundo viaje al Paraguay para ejecutar las 



132 DEL PARAGUAY 

Órdenes del Exmo. señor virey, y lo que me interesaba era 
un temor bien fundado de las tristes consecuencias que 
este paiso ocasionaría en esta provincia mal dispuesta, y 
de la que yo no podiadar mas conocimiento que el que da- 
ba la carta que el Exmo. señor virey daba á la Real Au- 
diencia por su carta del mes de marzo, de que yo había 
visto una copia, que he mandado bien confrontada, sin 
agregarle ningún hecho particular, porque nada sabia. 
Persuadios bien, señor don José, que el obispo nada re- 
fiere al rey, su señor, que deje de ser muy cierto, y que la 
haya, por decirlo así, palpado, porque una larga esperien- 
cia ha debido enseñarle que bajo la mas bella apariencia 
de verdad se ocultan á menudo muchas mentiras y false- 
dades, principalmente en el Paraguay, en donde ni las 
mismas actas judiciarias están exentas de este defecto, y 
en caso necesario, el obispo dará de ello pruebas jurídi- 
cas. Ojalá, señor, no hubieseis jamás escrito nada sobre 
falsas relaciones, no habríais atacado el honor de esos 
hombres apostólicos, los cuales con tanto celo, y tan 
grandes trabajos, fundaron en sus Reducciones tan nu- 
merosa cristiandad, que he visto con mis propios ojos vi- 
sitándolas todas y poblándolas de fieles subditos del rey, 
nuestro señor, al que en toda ocasión prestan la mas 
exacta obediencia, asi como á sus ministros, puesto que 
al primer signo de un gobernador de Buenos Aires, se les 
ve venir en número de mil doscientos á trabajar á sus 
espensasen las fortificaciones y en la edificación de la 
nueva ciudad de Montevideo. Y seria muy estraño que 
mientras los de las Reducciones del gobierno de Buenos 
Aires son vasallos tan fieles y tan útiles, los que depen- 
den del Paraguay sean de un carácter muy opuesto. El 
obispo bien podria esplicar *el enigma, pero ésta no es la 
oportunidad. 

V. S, me dice también, con respecto á la espulsion de 
los padres y de la guerra del Tebicuarí, que por lo me- 
nos ante Dios tengo mas parte; respeto los impenetra- 



'.^ V 



GOBERNANTES 133 

bles juicios de Dios, que permite se hable con tanta se- 
guridad. Agregáis que os hallabais sin fuerza para resis- 
tir en una Provincia inquieta y en sublevación, y amena- 
zada por sas habitantes, que temian volver á ver lo que 
hablan esperi mentado sus padres, y lo que era aun ob- 
jeto desús lágrimas desde el tiempo de mi glorioso pre- 
decesor el señor Cárdenas; es decir, hallarse reducidos á 
defender su vida, la de sus hijos y el honor de sus muge- 
res, puesto que se habla publicado un bando autorizando 
á los indios tapes á llevárselas; que vos habiais tentado la 
via de los superiores de los regulares para acelerar mi 
llegada, que podría apaciguar esa borrasca escitada con- 
tra mis ovejas, pero que habiais tenido la desgracia de no 
poder conseguir esa gracia de mi piedad; que para mayor 
abundamiento de desgracia, habiendo hecho todo lo que 
de vos dependía para prevenir las consecuencias de esas 
peilurbaciones y de ese modo asegurar vuestra concien- 
cia ante Dios, aunque ante los hombres hayáis parecido 
culpable, he solicitado en vuestra ausencia que los regido- 
res echasen sobre vos toda la culpa; que sin embargo ha- 
biéndome elegido el Señor para ser obispo de esta Pro- 
vincia, me constituyó, como dice^en el capítulo 5 de San 
Mateo, la luz del mundo, que no es posible permita yo 
que las tinieblas de una pasión ofusquen la verdad de la 
inocencia, sobre hechos en los cuales, ni vos, ni esta mi- 
serable Provincia cometiera otra falta que la de defender 
nuestra vida, como es permitido á todos. 

Yo podría responder á este articulo de vuestra carta 
suplicándoos contestaseis vos mismo á estas cuatro pre- 
guntas: 

"¿Quién os obligó, cuando el teniente* de rey don Bal- 
tasar Garcia Ros escribió desde Corrientes para notificar* 
los despachos del Exmo. señor virey de estos reinos, 
que lo constituían gobernador de esta Provincia, convo- 
case una asamblea general en la del ayuntamiento para 
deliberar si se le debia recibir ó no; insistiendo vos mis- 



• 134 DEL PARAGUAY 

rao cerca de mi provisor, que asistia en calidad de juez 
eclesiástico, para obligarle á conformarse á vuestra . 
opinión á nombre de todo el clero, y con su denegación 
decir en presencia de varias personas, que- cualquiera que 
opinase por la obediencia, la pagaria? ¿Quién os forzó á 
impedir á ese mismo Baltasar entrase en la ciudad para 
presentar los despachos de su escelencia, el cual solo, 
como os lo sostuve en una conversación bastante acalo- 
rada, tiene el derecho de cambiar los gobernadores, 
cuando lo juzgase á propósito? ¿Quién os incitó á no 
. querer que los nuevos despachos del mismo don Balta- 
sar, fuesen recibidos cuado volvió la segunda vez? ¿Quién 
desterró á los que hablan opinado que se le recibiese des- 
de la primera vez? lo que impidió el conocer si la mayoría 
era de opinión que se prestase á S. E. la obediencia que 
se le debía. ¿Quién decidió que las órdenes ';de la Real 
Audiencia debian prevalecer sobre las del Exmo. señor vi- 
rey, pues los autos de la primera dan principio con estas 
palabras: Don Felipe^ por la gracia áeDioSj etc, y los del 
virey por estas: Francisco Diego del Marqués? ¿Quién 
enseñó á esta ignorante Provincia que se podía suspender 
la ejecución de las órdenes del mismo rey,' nuestro se- 
ñor, y que apesar de la distancia se podía hacera su^Ma- 
gestad hasta tres advertencias, antes de someterse á ellas, 
sin hacerse reo de desobediencia? ¿Quién declaró que los 
despachos de S. E. debian tener la aprobación de la I^^eal 
Audiencia? Sobre este punto V. S. puede recordar lo 
que le dijo el obispo. Paso en silencio muchas espresio- 
nes de V. S., porque no conviene á mi dignidad, y mi mi- 
nisterio no es profesar el Derecho, ni esplícar las leyes. 
Ahora voy á contestar á los reproches que me ha- 
'ceis. 

El primero es que con respecto al destierro de los pa- 
dres de la Compañia y de la matanza de sus indios, soy 
ante Dios mas culpable que vos. Bien] quisiera^ hallarme 
al alcance de abocarme con V. S., para que, por un efecto 



GOBERNANTES 135 

de su gran celo, pudiese instruirme de lo que yo ignoro, 
y, que si yo me hallara culpable, pudiese yo con verdadero 
arrepentimiento llorar y repasar por una penitencia pro- 
porcionada, crímenes tan enormes cometidos contra el 
servicio de Dios y el de su Magestad: pero en cuanto á 
loque insinuáis que yo me he negado á contribuir ai ali- 
vio de mis ovejas, como me lo habíais hecho solicitar por 
medio de los superiores de los regulares, ya he contestado 
de un modo satisfactorio en mi Respuesta 4 la carta que 
me habia escrito el Rmo. padre prior de mi padre Santo 
Domingo, asegurándome habérosla comunicado. Dos 
copias jurídicas de esa respuesta acompañaron á la infor- 
mación, que dirigió á la Real uAdiencia, la cual ordenó 
que se insertase en el auto que espidió y mandó á esta Pro- 
vincia. Diciéndome el susodicho padre prior en su carta, 
que V. S. y toda la Provincia estaban resueltos á no 
retractar la deliberación tomada de no recibirá ningún 
gobernador sino por conducto de la Real Audiencia de 
Charcas, quien asi lo habia ordenado por su Real Provi- 
sión, so pena de diez mil escudos de multa; habiendo te- 
nido ademas avisos ciertos que, apesar de las diligencias 
que el deber de mi cargo me habia obligado á hacer cerca 
del Exmo. señor don Bruno de Zavala, y del teniente de 
rey don Baltasar, estaba éste resuelto á ejecutar las órde- 
nes de S. E. el señor virey, diciendo que un subalterno 
no era dueño de dispensarse de obedecerá su superior 
que representa inmediatamente la persona del soberano, y 
todo lo demás que yo espresaba en mi carta, de la que 
os envió copia, aunque V. S. haya podido ver el original 
en el paquete que el obispo mandaba á su provisor, el 
cual fué abierto en presencia de mi capítulo, de los supe- 
riores regulares, de un oficial real y del escribano, que lo 
llevaron á la junta, cuando por orden del Exmo. señor 
don Bruno, se hizo el inventario de los bienes de V. S.; 
pues este paquete se encontró en vuestra secretaría: se 
leyeron todas las cartas que contenía, teniendo en la mano 



136 DEL PARAGUAY 

el original del Rnao. padre prior, y el escribano la copia, 
que estaba insertada en el auto de la Real audiencia. . Fué 
un grande efecto de la divina Providencia en mi favor, para 
hacer caer los rumores que empezaban á correr, que yo 
habia impuesto á la Real Audiencia suponiendo una carta 
que este religioso me habia escrito, y para satisfacción de 
los superiores regulares que con razón se quejaban no 
haberse juzgado dignos de que se les diese una contes- 
tación, sin hablar de las fuertes razones, espresadas en la 
carta, que justifican al obispo de no haber venido adonde 
habian amenazas de guerra. 

Yo quisiera saber como habría apaciguado todo la pre- 
sencia del obispo, cuando V. S. y todo el cuerpo municipal 
estaban determinados á no obedecer las órdenes de S. E.; 
odo lo^que me figuro que habría sucedido es que estando 
aniquilada la dignidad del Trono, despreciada la suprema 
orden á retirarse don Baltasar Garcia Ros, V. S. quedaría 
triunfante en su gobierno, y el obispo que con tantos títulos 
debe hallarse animado del mayor celo parala mas puntual 
deferencia á las órdenes del rey, habría pasado por el 
cómplice ó el fautor, diré, de la traición ó de la desobe- 
diencia.? 

Señor don José, el obispo ha reflexionado bien en todo 
eso, y aunque se halle muy distante de la perfección de su 
estado, derramó muchas lágrimas en la amargura de su 
corazón en presencia del Señor, suplicándole con humildad 
la ilustre sobre el partido que habia de seguir. Dio cuenta 
del que habia elegido al supremo Consejo y á los tribu- 
nales, mandándoles todas las cartas. Si se le juzga culpa- 
ble de lo que V. S. le imputa en este articulo, el celo de S. 
M. C. no lo dejará impune recibiendo el castigo con la ma- 
yor sumisión, suplicando al Señor por la intercesión de 
su santísima Madre le ayude con su gracia á hacer una 
saludable penitencia. 

En el segundo punto de este artículo, V. S. me dice que 
la Provincia recuerda aun la deshonra y desgracias que 



GOBERNANTES 137 

había esperimentado en tiempo del señor Cárdenas de feliz 
memoria, habiéndose publicado un bando para entregar á 
los indios tapes las mugeres é hijas de los habitantes de es- 
ta ciudad y de toda la Provincia. En cuanto al primer 
punto, debo respetar en silencio con la mayor veneración 
las decisiones de un senado tan prudente como el supremo 
y Real Consejo de Indias, cuya sentencia pronunciada en 
un juicio contradictoriamente dado y purgado, y por 
decirlo así esclarecido como el oro en crisol, el honor de 
los que V. S. quiere representarnos como culpaWes. Si en 
nuestra primera entrevista y en la larga conversación que 
tuvimos juntos con el cuerpo municipal, en la que me hicis- 
teis tantas cortesías, y en la que aproveché la ocasión de 
hablaros del modo como se habia esprésado en la Plata 
el señor fiscal, don Pedro Vázquez, diciéndoos que yo me 
haria honor de la prudente conducta que habíais observado 
en vuestra comisión de juez informador y que yo solo me 
admiraba que vos hubieseis recordado las antiguas ani- 
mosidades contra una santa Compañia exenta de toda 
sospecha, se habrían tomado las cosas con mas modera- 
ción y menos calor (pues yo creí suavizar los términos) 
tal vez mi celo y la rectitud de mis intenciones habrían re- 
mediado lo que no era aun incurable, pero en que yo hallé 
que había habido esceso, y los negocios habrían seguido 
mejor giro. Pero como ellas están en manos del Exmo. 
señor virey, cuya integridad es conocida, estoy seguro, y 
V. S. no debe dudar mas que yo, que si S. E. os halla 
tan inocente como lo insinuáis en vuestra carta, saldréis 
con un aciecentamiento de honor y crédito, y que vuestros 
sufrimientos de que me hacéis una pintura tan viva y que 
me atraviesan el corazón, os servirán ante Dios de satis- 
facción y suplemento para lo que aun no hubieseis purga- 
do vuestras antiguas deudas. 

En cuanto al bando, que se habja publicado, decís, para 
entregar á los indios tapes las mujeres é hijos de los espa- 
ñoles de esta Provincia, quisiera que reflexionaseis en lo 



138 DEL PARAGUAY 

que preguntáis respecto del notorio y escandaloso encar- 
celanniento del religioso de mi padre Santo. Domingo, 
ejecutado, como ya lo he dicho por don Ramón de las 
Llanas en la habitación de Tabapí, por orden, .decía 
él, del que tenia todo poder, este hecho consta por las acta» 
jurídicas, y que este religioso fué llevado preso hasta cin- 
co leguas de esta ciudad, vos queréis os diga yo en qué 
cárcel se le ha metido; y yo os pregunto, ese bando de que 
habláis ¿por orden de quién fué publicado? ¿Quién es su 
autor? ¿por quién fué oido? Y si me aseguráis que se tiene 
sobre eso declaraciones de testigos, diré con tanta segu- 
ridad que esos testigos no son de recibirse, que los que 
declaraban haber visto en un cuarto de la Reducción de San- 
ta Maria el arreo del caballo del ginete que me habia traido 
un envoltorio de cartas de losjesuitas y diciendo que los 
indios tapes habian asesinado, agregando que su cuerpo, 
aunque desfigurado, habia sido reconocido. Para dar cur- 
so á esta fábula, algunos españoles hicieron comparecer 
ante mí á mi llegada ala ciudad, su pretendida viuda, 
quien llena de llanto y en traje de luto venia á rogarme 
obligase á los padres de la Compañia á indemnizarme de 
la pérdida de su esposo, puesto que ellos eran los auto- 
res de su muerte; pero al cabo de un mes el ginete llegó á 
esta ciudad con el religioso que me servia de compañero 
y con mi equipage, muy bien vestido y en muy buen es- 
tado, gracias á la caridad de los padres que lo habian re- 
sucitado. Os diré que sucede con este bando como de 
lo que se habia publicado que el padre Francisco de Ro- 
bles, que mandaba una tropa de indios tapes á los que se 
habian agregado unos charcas, infieles, estaba en el Te- 
bicuarí, frente á Carazapá, pronto á lanzarse sobre la 
Provincia: eso sedecia con el objeto de causar un levan- 
tamiento; y si el obispo no lo hubiera remediado con 
prontitud, mandando al parageá personas seguras, que 
afirmaron que no habría el menor movimiento sobre la 
frontera y que el padre Robles se veia reducido á no po- 



GOBERNANTES 139 

der moverse de su celda á la iglesia para decir la misa , 
se habría creído como artículo de fé lo que acababa de cir- 
cular en la ciudad, se habría apoyado en documentos jus- 
tificativos y declaraciones de testigos, que hubiesen dicho 
que habiendo los padVes hecho ya declarar la guerra á 
esta Provincia, volvían á la cabeza de un ejército para sub- 
yugarla. Lo mismo sucede con las cartas que el cura de 
Itaaporte, que se decía venír'de Cosqueta, cerca de Santa 
Fé, aunque ellas hubiesen sido fabricadas en Itá mismo, 
en donde se aseguraba que el Exmo. señor don Bruno 
venia á esta ciudad bien resuelto á hacer cortar la cabeza 
al pobre maestre de campo Sebastian de Montiel y de los 
que decían que Matallanas había partido de Córdoba para 
Santa Fé, con nuevos despachos del Exmo. señor virey, 
muy favorables á V. S., y que ordenaban al señor don 
Bruno de volver sobre sus pasos, lo que él habría hecho. 
El alcalde y el general don Ramón de las Llanas aun 
llevó la audacia hasta el punto de recibir la declaración 
jurídica del correo que el señor don Bruno había man- 
dado de Corrientes, para hacerle decir sí sabia que el se- 
ñor virey hubiese revocado sus primeros despachos espi- 
diendo otros en favor de esta Provincia; á lo que el cor- 
reo contestó que solo había oído hablar dé eso en las 
cercanías de esta ciudad: yo podría citar muchos otros 
hechos de esta naturaleza, de que aun conservo el cora- 
zón penetrado de dolor. Sí V. S. quería decir, lo qué hace 
en su conciencia ser cierto, que todo eso corría en esta 
ciudad para agriar los espíritus contra los padres de este 
colegio, y para comprometer á todos los habitantes á to- 
mar las armas para la justa defensa de la Provincia, de 
su propia vida y de su honor; que hasta hicisteis vos 
publicar un bando, para obligarlos so pena de la vida y 
de ser declarados traidores al rey, y las exhortaciones pa- 
téticas que V. S. les hizo en cierto lugar que vos sabéis 
bien, no hay nadie que no haya sido testigo de todo eso 
y pido todos los días al Señor en el santo sacrificio de la 



140 DEL PARAGUAY 

misa no permita que se produzcan las pruebasí que vos 
habríais podido evitar todos esos pesares recibiendo á don 
Baltasar y entregándole el gobierno como os lo ordenaba 
el Exmo. señor virey, en vez de declarar traidores á la pa- 
tria á los que querian obedecer órdenes tan superiores, 
declaración en virtud de la cual don Ramón hizo morir al 
maestre de campo de Villa Rica, Teodosio de Villalba, 
llevando la crueldad hasta tenerlo una noche entera atado 
á un árbol, negándole un confesor, que pedia, y en hacerle 
arcabucear diciéndole se confesase á Dios; seria entonces 
que V. S. podría decir que apaciguó todo; y no se habria 
vistoá tantos pobres indips muertos al querer pasar el 
Tebicuarí á nado para salvar la vida, ni lo que horroriza, 
á españoles lavar su ropa sobre los cuerpos muertos de 
esos desgraciados. Señor don José, esas no son fábulas 
inventadas por la pasión, son hechos reales, que la piedad 
no cesa de llorar; asi como haber visto arrastrar desde 
Villa Rica, y aun desde Curupaití, que es todavía mas le- 
jos, hasta una guarnición, tanto de -mugerés pobres, 
cuyos maridos tenian algunas consigo, y tanto de niñi- 
tos inocentes, por haber querido pasar al cuartel de don 
Baltasar en ejecución de las órdenes del superior gobier- 
no. Todos habrían perecido aUí de miseria, si el dia de la 
fiesta del rey, nuestro señor, no hubiera ido el obispo con 
todo su clero al alojamiento de V. S. para rogarle les per- 
mitiese regresar á sus casas, en donde se hallaron redu- 
cidos ala mas estrema pobreza, porque habian hecho eje- 
cutar sobre ellos la pena de la multa de diez mil escudos, 
en virtud del auto de la Real Audiencia, de que pronto me 
veré obligado á hablaros. 

Perdonadme este detalle, señor. Dios me es testigo que 
solo os lo traigo á la memoria, porque cuento mucho so- 
bre vuesta religión, y de ningún modo por haceros mal. 
Pero para obedecer el precepto del apóstol, debo vengar 
el honor de mi dignidad, refiriendo hechos, cuya verdad 
es notoria. Después de haberme advertido V. S. que 



GOBERNANTES 141 

debo ser la luz del mundo, me reprocha haber solicitado 
que los regidores os echasen á vos la culpa de todo. 
Habríais debido decirme sobre qué, pero yo os lo diré. 
Hablando la Real Audiencia en su auto de ciertos hechos, 
que le parecen inauditos é increíbles, mirándolos como 
escesos enormes, aunque sean los mismos que creéis 
perfectamente justificados, declara no haber prohibido 
sopeña de diez mil escudos de multa, como el padre prior 
me.lo habia insinuado en su carta, de no cambiar nada en 
el gobierno actual de esta provincia sin su participación; 
^u Alteza protesta no haber ordenado, ni podido ordenar 
semejante cosa, y que se ha comprendido mal su pensa- 
mieVito; sobre lo cual he creído que era deber de mi car- 
go obligar á los regidores purgarse de los excesos, que 
esta mala interpretación había hecho cometer, y lo hicie- 
ron diciendo que un ministro de la Real Audiencia les 
habia dicho que ese era el sentido de la Real Provisión de 
su Alteza, que él mismo habia obrado como gobierno 
sobre este principio, para confiscar los bienes de un gran 
número de personas, espulsar los padres de la Compañía 
de su colegio, que siendo su gobernador, ministro de lá 
Real Audiencia y muy hábil jurisconsulto, les había per- 
suadido que estos religiosos habían caído en uno de los 
casos por los que su Magestad (que Dios guarde) habia 
ordenado que espulsasen á los religiosos. Les exhortó 
entonces á no obstinarse en hacer las representaciones á 
su Alteza ordenando que los padres fuesen restablecidos á 
su colegio y diciéndoles que como subditos fieles debían 
obedecer sin réplicas semejantes mandatos, y que si tenían 
algo que observar, no debían hacerlo sino después de ha- 
ber obedecido. Les agregué que habían incurrido en la 
. escomunion lanzada por la Bula In Ccena Dominio decla- 
rando su Alteza que en los mismos casos mas urgentes, 
el gobierno y los oficiales del Cuerpo Municipal no tenían 
el poder de espulsar religiosos sin orden espresa de la 
Real Audiencia, que no habia pues duda alguna de que les 



142 DEL PARAGUAY 

alcanzase las censuras; que para no turbar la paz y ia 
tranquilidad, que tanto me había costado restablecer, no 
los denunciaría como escomulgados, pero no por eso esta- 
ban menos sometidos á las penas que impone dicha bula. 
En qué, pues, señor don José, os ha'ofendido el obispo en 
vuestro honor por haber instado á las ovejas declarasen la 
verdad y se purgasen de sus faltas, si las tenían? ¿No he 
satisfecho la obligación en que estoy de ser la luz del 
mundo, queriendo ilustrar á ignorantes, cuando ni quie- 
ran abrir los ojos ala luz? Si le parece á V. S. que la 
verdadera intención de su Alteza había sido no se hicie- 
se ningún cambio en el gobierno de la provincia so pena 
de diez mil escudos de multa, no obstante loque decla- 
rara en contra; si insistís en creer que la gloriosa acción 
de vuestra vida, y la mas ventajosa al servicio de Dios y 
al del rey nuestro señ..r (que Dios guarde) es haberecha- 
do á los padres de su colegio; y en efecto, se sabe que 
habéis declarado ante testigos que la divina Providencia 
os había destinado para ser el destructor de esta Com- 
pañía; ¿por qué os quejáis, si es una verdad que el obispo 
ds haya atribuido la gloria de ello? 

V. S. quiere que yo traiga á la memoria todo lo que 
aconteció de lamentable á esta Provincia, y sobre todo 
las cinco espulsiones de tres obispos mis predecesores, 
y que reconoceré que nada habéis hecho que no fuese 
apropósito: agrega habiéndose negado por la ley supre- 
ma, que es la utilidad pública: Utilitas publica suprema 
Lex est; y habiendo sobre este principio dirigido toda su 
conducta, no parece se pueda razonablemente imputarle 
delitos, de que no es culpable. Permitidme, señor, don 
José de Antequera, gobernador del Paraguay, para justi- 
ficar cerca del obispo su conducta y la de la provincia, 
respecto del destierro de los padres de la Compañía, y 
sobre tantos otros escesos, alegue cinco espulsiones de 
tres obispos mis predecesores, y que el limo, y Rmo. Se- 
ñor don Pedro Fajardo, dignísimo obispo de Buenos Ai- 



GOBERNANTES 143 

res, syaimado de un santo ceb, habiéndoos hecho adver- 
tencia sobre eso con toda la mayor prudencia, como tam- 
bién al cuerpo Municipal, á fin de escitaros á moderar 
vuestras empresas escesivas contra los eclesiásticos, ha- 
yáis respondido con la acritud que hacéis aparecer en la 
larga carta que le escribisteis? Dios sea alabado para 
siempre, señor don José, á los jueces supremos, que 
debian pronunciar sobre este negocio es á quienes debíais 
dirigir vuestras reprsentaciones; ellas les habrían dado una 
gra'n idea de la religión de la Provincia, y de la profunda 
veneración que ella tiene para sus obispos y pastores. Pe- 
ro en fin ¿de qué crímenes he acusado yo á V. S. en mi in- 
formación? ¿he pasado los límites de una simple esposicion 
de los hechos que aniquilaban la inmunidad de mi iglesia? 
pero para no verme reducido, cuando comparezca ante el 
justo tribunal de Dios, á decir en la amargura de mi cora- 
zón: Desgraciado de mi, porque he guardado silencio. 
¿Creéis pues, señor, que si yo me hubierahallado presente, 
habria permitido que se hubiese hecho una información 
sumaria contra un cura; que se hubiese tomado preso aun 
religioso sacerdote, dándole de golpes con violencia y se 
hubiese desterrado á los padres déla Compañia, aunque 
os parezca que estas empresas han sido arregladas sobre 
la ley suprema contenida en las doce Tablas, y conforme 
álasórder.anzasdel superior tribunal de justicia? ¿Po- 
déis, digo, persuadiros, que yo hubiese sufrido todo eso, 
sin sacar el cuchillo que Dios ha puesto en mi mano? Se- 
guramente no, aunque debiera yo ser el cuarto obispo 
echado de su iglesia. Estarian muy equivocados. Dios 
ni el rey, mi soberano señor, no me elevaron ala dignidad 
episcopal para pisotear los sagrados cánones y la Bula 
In C(£na Domini; como se hace en las ocasiones de que 
hablo. Tan ignorante como soy, creo que eso es así. Lo 
repito, los que me han de juzgar, examinarán estas razones 
que vos creéis tan fuertes, cuando las produzcáis ante su 
tribunal con la ventaja que da vuestra erudición, y aten- 



144 DEL PARAGUAY 

derán á las advertencias que mi poca capacidad me ingie- 
ra. Admiro lo que agregáis al terminar este artículo, que 
habiais querido emplear mi mediación por medio del 
Cuerpo Municipal. V. S. debia decirque me hizo exhortar 
por estos oficiales, como consejero del rey, á insinuar al 
Exmo. señor don Bruno de Zavala entrase sin armas en 
la Provincia, no permitiéndole su comisión que viniese 
con un ejército, según lo que el procurador de la ciudad 
Miguel de Garay hizo presente al Cuerpo Municipal; que 
yo me negué á hacerlo y que fué lo que determinó á ^ 
V. $. á «alir de la Provincia, por mas que yo os instase 
para que permanecieseis, por que temíais que se os hiciera 
reponsable de las perturbaMones de que ella estaba 
amenazada, como también la detención del Exmo. señor 
don Bruno en la Reducción de San Ignacio, puesto que 
la malignidad de vuestros enemigos no dej6 de haceros de 
eso un crimen á pesar de vuestro retiro. 

He contestado, señor, á todos los artículos de vuestra 
carta; y el Señor, en cuya presencia estoy, sabe cuanto 
siento que nos hallemos tan alejados uno de otro, y que 
yo me vea reducido á insinuaros por escrito una parte 
de las cosas, de que podria convenceros, si nos viéramos 
frente á frente. Os pregunto aun, señor don José, des- 
pués que se hubo obedecido las ordenes del Exmo. señor 
virey, cuando fuisteis ácasa de don José de Urranaga, en 
donde se hallaba reunido el Cuerpo Municipal, esperando 
el resultado de la larga conferencia que habíamos tenido 
juntos, en la que hubo contestaciones que no podéis ha- 
ber olvidado, en que os hice ver claramente el poder ab- 
soluto de S. E. y muchas otras cosas, que la modestia 
no me permite recordar aquí, V. S. dijo á toda la asam- 
blea que el obispo nada aconsejaba, que no fuese apro- 
pósito para el servicio de Dios, para el del rey y para la 
tranquilidad de la Provincia; que á consecuencia de eso 
se resolvió inmediatamente que se obedecerla á S. E., y 
queescril3iria al Exmo. señor don Bruno, que podia venir 



DEL PABAOUAT 145 

y asegurarse que se le prestaría la obediencia que le era 
debida; eso se ejecutó suplicando al mismo obispo de dar 
testimonio de la paz que habia reinado en la Provincia 
desde que él entrara, y que en las representaciones que 
se le habían hecho de boca, no se habia tenido la intención 
de desobedecer las órdenes supremas del Exmo. señor 
virey, á quien sólo pertenece disponer de los gobiernos, 
cuando se recurriera á él para ello; el obispo no puso difi- 
cultad alguna porque sabia que de eso dependia la tran- 
quilidad de toda la Provincia; pero entonces ¿quién pidió 
que se convocase una asamblea pública para ver si toda 
la Provincia consentía, puesto que ella estaba interesada 
en ello toda entera? hallándose eso ser impracticable 
¿quién dijo en presencia del Cuerpo Municipal que era 
por lo menos necesario llamar á los comandantes de las 
tropas para tener su consentimiento? habiendo sido eso 
desechado ¿quién dijo en la misma asamblea, que en los 
despachos dados á don Bruno, se observaban las mismas 
nulidades que en las de don Baltasar García Ros, y que 
el obispo, celoso partidario de los padres de la Compafíia 
los habia engañado á todos? ¿quién contestó en el pú- 
blico que el Exmo. señor don Bruno daba á su comisión 
una estension que no tenia, queriendo entrar en la Pro- 
vincia con tropas? lo que obligó al obispo de hacer pú- 
blica una copia que él tenia de los despachos del Exmo. 
señor virey, declarando en aha voz á la puerta de su 
catedral, en presencia de todo su capítulo, que si se dis- 
ponía á no cambiar nada de lo que se habia resuelto, en- 
caso que el señor don Bruno quisiera entrar en la Pro- 
vincia por la fuerza interpondría el nombre del rey su se 
ñor, y ordenó al canónigo don Alfonso Delgadillo, que 
se halló presente, dejevantar la bandera, escomulgando 
el obispo á todos los que no la siguieran, como violadores 
de su juramento de fidelidad ¿quién nombró comandante 
de las tropas al primer alcalde don Ramón de las Llanas 
haciéndole tomar un trage militar y un bastón de mando, 

11 



146 GOBERNANTES 

con orden de visitar los fuertes, Pueblitos y guarniciones, 
y prohibir á todos ios que encontrara negociar la yerba 
del Paraguay; y eso en el tiempo que se esperaba la úl- 
tima resolución del Exmo. señor don Bruno sobre lo que 
se le habia representado para obligarle á no pasar Cor- 
rientes, en donde él se hallaba con sus armas y sus bar- 
cas? ¿qué enemigo amenazaba, para hacer tanto prepa- 
rativo de guerra? V. S. lo sabe mejor que el obispo, que 
solo lo sabe para sepultarlo en un profundo silencio, 
aunque nadie lo ignora. 

La respuesta del Exmo. señor don Bruno fué que 
vendría con tan poca gente que la malignidad mas suspi- 
caz no podría imaginar nada que inspirase la menor des- 
confianza que hasta dejaría sus barcas en Corrientes, para 
servirse de ellas á su regreso á su gobierno después que 
hubiera arreglado los negocios de la Provincia. Este 
proceder tan generoso fué lo que acabó de resolverá 
V. S. á retirarse, y aunque, cuando S. E. estuvo para lle- 
gar á esta ciudad, hubo algunos movimientos de instiga- 
ción de una persona, la que en razón de su profesión, se le 
debía menos esperar, y que era lo mas estrechamente 
ligada conV. S.,el obispo los apaciguó, conteniendo á 
todos en el deber, por una gran atención en hacer ver en 
él la mayor imparcialidad entre las partes opuestas, no 
teniendo en vista mas que el servicio de Dios y el del rey 
su señor, la unión y la tranquilidad de la Provincia, é im- 
pidiendo á todoí=; á correr á su pérdida como hasta enton- 
ces se habia hecho: la piedad del Exmo. señor don Bru- 
no, y su gran prudencia cprtaron todas las dificultades, 
olvidándose todo lo pasado: y no comprendo que se haya 
tenido la menor razón de sugerir á V. S. que se le atribu- 
yese haber hecho retener tanto tiempo aS. E. en San Ig- 
nacio, puesto que él solóse detuvo por la representación 
del obispo, el cuál se alegraba mucho de ir á cierta reduc- 
ción para cumplimentarle y asegurarle la sumisión de la 
Provincia, lo que no podia hacer sino después de haber 



DEL PARAGUAY 147 

desempeñado todas las funciones de su ministerio duran- 
te-la semana santa; mucho me sorprende que- no se os 
haya informado de la seria exhortación que hice el año 
pasado de 1726 al pueblo el jueves santo después de ha- 
ber publicado la Bula In Coena Domini; pues yo sé que 
algunos se ofendieron, y atribuyeron á mi indignación y 
á mi prevención para con los padres de la Compañía, lo 
que yo no hacia sino por el deber de mi cargo; pero es 
ese el gracioso nombre que V. S. estableció en toda la 
Provincia para dar un giro odioso á las acciones mas re- 
gulares. Verdad es que mi corazón vierte lágrimas de 
sangre, cuando veo el vacio que la partida de esos hom- 
bres apostólicos dejaron en esta Provincia, caida en tan 
gran relajación y. que considero la abundante cosecha 
que su larga ausencia hace recoger en el infierno, siendo 
esos padres los únicos que en las plazas públicas y en las 
campañas desplegaban el estandarte de la religión hacien- 
do una guerra continua á los vicios. No sé, cuando 
comparezcamos, vos y yo, ante el justo tribunal de Dios, á 
cuál délos dos, vos ó el obispo, atribuirá las faltas el sobe- 
rano juez. 

V. S. termina recordándomela declaración de Cabanas 
y don Roque Parodi; á lo que agrega que vale mas guar- 
dar silencio que hablar. Señor don José, el obispo no 
olvida la ligereza con que escribió Cabanas, 'que fué ya 
juzgado (ruego á Dios quiera recibirle en su gloria), ni la 
facilidad con que don Roque hizo su declaración, ni laque 
se ha tenido en esta Provincia en hacer falsos juramentos 
en justicia; existen muchas pruebas en el archivo. Na- 
da digo de lo que sucedió en la asamblea que celebró 
V. S. con mi capítulo en la sacristía en donde se disputó 
con tanto calor sobre la autoridad suprema delExmo.se- 
ñor virey, que uno de mis canónigos defendió con fuerza, 
refiriendo las reales cédulas citadas por el señor Solórza- 
no contra alguno que no hallaba con el respeto y venera- 
ción que debia. Nada digo tampoco del escándalo suce- 



148 GOBERNANTES 

didoen la iglesia parroquial de nuestra señora déla En- 
carnación, en donde se habia reunido un concurso de 
todas las partes de la Provincia, y en donde las mismas 
mugeres mas cualificadas venian á besar con mucha re- 
verencia unos ojos de cristal, que el cura, sentado en un 
sillón, y V. S. al lado de él,,haciais pasar por serlos ojos 
de Santa Lucia: habiendo entrado el obispo prohibió este 
culto supersticioso, ordenando al cura que cerrase la igle- 
sia á las cinco de la tarde. Este hecho y varios otros, de 
que nada digo, no merecen olvidarse. Por lo demás, no 
os sorprendáis, ni toméis á mal que yo os hable tan clara- 
mente, sois vos mismo quien voluntariamente me habéis 
obligado á ello; si lo habéis hecho por cualquier motivo 
que yo no me imkgino, concluyo con estas palabras de 
cierta gran luz de la iglesia, mi padre San Agustin en su 
respuesta al muy grande doctor San Gerónimo: "Si es una 
falta haber contestado, lo es mayor haber provocado." 
Así, echaos la culpa, si en esta larga carta y tan desagra- 
dable para vos, se encuentran cosas que no os den placer. 
Ruego al señor en mis tibios sacrificios conceda á 
V. S. mucha salud, luces, y gracias, para que por su so- 
corro polais purgar y manifestar vuestra inocencia, 
asegurándoos que nada tenéis que temer de parte, del 
obispo. 

En la A ¿unción del Paraguay á 18 de Marzo de 7727. 

Señor doctor don José 
Vuestro muy humilde servidor y capellán — 

Fray José 

Obispo del Paraguay 

Que vuestras manos besa» 



1725-1730— XXX. DON MARTIN DE BARÚA, maestre 
de campo, natural déla Villa de Bilbao, en Vizcaya, ex- 
teniente gobernador de Santa Fé, entró en ejercicio de 



DEL FARAGUAT 149 

SU empleo el 4 de mayo de 1725, nombrado interinamente 
por el mariscal de campo Zavala, con especial comisión 
del virey, marqués de Castelfuerte, para pacificar la pro- 
vincia, que alteró mas con el informe que pasó al rey de los 
escesos y usurpaciones de los jesuítas. 

Llegado el quinquenio, que era el término prefijado de 
los gobernadores nombrados por el rey, y anunciado por 
el virey el individuo que habia de sucederle, recibió Ba- 
rúa la noticia con toda indiferencia. En enero de 1731, 
hizo el papel de renunciar públicamente el gobierno, y aun- 
que la Comuna, que estaba en el secreto, le rogó reasu- 
miese el bastón, se mantuvo firme en su resolución, diri- 
giendo empero todas sus operaciones por algún tiempo. 

En vista de que se prolongaba la resistencia en restituir 
á los jesuítas á su colegio, el virey del Perú, habia (3 de 
setiembre de 1727) ordenado á Barúa dispusiese la ejecu- 
ción de su restitución con la pública solemnidad y pompa 
que pedia el caso; pues asi como el despojo se habia 
practicado de modo que se hizo notorio por la crueldad 
de los actores, convenia que el regreso tuviera, para ple- 
na satisfacción de la compañía, el aprecio y veneración 
que se le debia. Y al que se opusiera al diferir el cumpli- 
miento de esa orden, suspendérsele de su empleo y remi- 
tirlo preso á Lima, embargándole sus bienes. 






Los sucesos del Paraguay eran, por su gravedad, de 
tal naturaleza que el rey Felipe V se vio en la necesidad 
de comisionará don Juan Vázquez de Agüero, su alcal- 
de de Corte y Casa, para que, trasladándose allt le infor- 
mase de todo. Este, desde Buenos Aires, escribió al rey, 
en febrero de 1736, dicidiéndole que después de haber 
conferenciado con don Mar^n de Barúa y visto los censos 



150 GOBERNANTES 

de los cristianos del Uruguay y del Paraná; después de 
haber examinado todas las informaciones dadas por los 
obispos de la Asunción y de Buenos Aires; después de 
haber oi Jo las declaraciones de diez personas eclesiásti- 
cas y laicas, mejor instruidas en los asuntos en cuestión, 
reconocia: 

1? Que las reducciones eran en numeró de treinta, en 
las que habia como treinta mil indios que debian pagar 
tributo. 

29 Que no habia encontrado ningún registro mas an- 
tiguo que el de 1715, que le habia sido prestado por don 
Martin de Barua, y que no contaba en las trece reduccio- 
nes del Paraná, las cuales habian entrado bajo -la juris 
dicción del gobernador del Paraguay, que sieta mil ocho- 
cientos cincuenta y un indios sometidos al tributo, con 
la copia de otro levantado en 1676, por don Diego Iba- 
ñez, fisca! déla real Audiencia de Guatemala, pero que 
entonces las reducciones sólo eran en número de veinte 
y dos, y que no podia averiguar con exactitud la fecha 
déla fundación de las otras ocho; que en 1714, don Pe- 
dro Fajardo, obispo de Bueno Aires, habiéndolas yisitado 
eran desde entonces en número de treinta: que se contaba 
en ellas veinte y ocho mil seiscientas familias, y que este 
prelado habia dado allí la confirmación á trece mil seiscien- 
tas y siete personas. 

39 Que en 1733, los jesuitas habian remitido á don 
José Palos, coadjutor del Paraguay, un censo de sus 
reducíMones, el cual ascendía á veinte y siete mil sesenta 
familias; que, según él padrón que le habia sido remitido 
por el procurador de las Misiones, el P. AntonioMachoni, 
el número de familias solo era de veinte v cuatromil dos- 
cientas diez y siete, en fin, que en una conversación que 
tuvo con el Padre Diego de Aguilar, provincial de los 
jesuitas, según la orden que el rey le habia dado, esje pa- 
dre le aseguraba que habia entonces treinta reducciones, 
en las que se contaban veintQ y cuatromil indios que de- 



DEL PARAGUAY 151 

bian pagar el tributo; pero que habiendo después llegado 
los padrones de los curas, solo se habia encontrado diez- 
y nueve mil ciento diez y seis, y que estas variaciones 
provenian de las enfermedades epidémicas, que de tiem- 
po en tiempo hacían grandes estragos en los pueblitos y 
del número de los que perecian en las espediciones mili- 
tares y en los trabajos en que se empleaba á estos indios 
para el servicio del rey. 

Agregaba que los jesuitas le hacian las mayores ins-. 
tancias para que se trasladase en perssna alas reducciones 
que no habian sido visitadas de un modo perfecto hasta 
entonces por ningún gobernador, comisario ni visitador, 
pero que él les habia contestado que esa visita no entraba 
en sus intrucciones y que no la juzgaba necesaria. 

Damos á continuación elestracto de un Bosquejo sobre 
el sistema filosófico y régimen que observaron los jesuitas 
en sus Misiones del Paraguay, omitiendo muchos detalles 
por su larga estension. Así se formará una idea de lo 
que eran aquelas célebres Reducciones (1) y como se 
gobernaban. 

(1) Se daba en el Perú este nombre á todos los pueblos cristianos for- 
mados entre los infieles y dirigidos por religiosos y es el primer nombre 
' que dieron á Loreto, capital de la provincia de G-uairá, que fué la primera 
reducción del Paraguay formada por los padres Ortega y Filds. 

El obispo de Tucuman habia solicitado el auxilio de los jesuitas para 
su diócesis y para las misiones, porque el clero secular y los frailes 
firanciscanos eran demasiado pocos para llevar á efecto ese deseo; y 
aunque ya habian sido enviados ¿ Lima algún tiempo antes (1586), fueron 
recibidos en la ciudad de Santiago del Estero con casi honores regios. E^ 
mismo gobernador Bamirez de Valasco, con todos sus empleados y prin- 
cipal gente de la ciudad, salió á su encuentro. Fueron conaucidos por 
las C€bUes adornadas con arcos triunfales y sembradas de flores, un gentio 
inmenso, para aquella época, se acercaba á saludarlos al pasar, y llorando 
de alegría el obispo (Trejo y Sanabria) los abrazó y bendijo, conducién- 
dolos en seguida á la catedral, donde se entonó un Te-Deum en acción de 
gracias por |u llegada. 

En la Asunción, fueron recibidos (1609) con tanta alegría como los ha 
bian saludado en Santiago del Estero, y aU¿ el padre Salonio comenzó 
au misión, mientras que los padres Tomás Filds y Manuel Ortegj, se em 
baroaron en el Bio de la Plata para el Paraguay. Estos penetraron en 



152 GOBERNANTES 

En el trascurso de poco mas de un siglo, los pueblos 
de Misiones, bajo los jesuítas contenían, según el infor- 
me del gobernador Barüa al rey, en 1730, cuarenta mil 
indios tributarios de diez y ocho 4 cincuenta años, y con- 
tando las mugeres, niño«i, ancianos y otros esceptuados 
en aquella lista á razón de siete personas por cada tribu- 
tario, componían una población de doscientas ochenta mil 
almas. 

Los indios del Paraguay miraban á sus predicadores 
como á raza superior á los demás españoles, y asi los 
escuchaban. No teniendo prevención contra ellos, eran 
movidos por inclinación. A fuerza de hacerles gustar la 
dulzura de la vida social v sacrificarse á sus intereses, 
llegaron los misioneros á conseguir este ascendiente & 
que no alcanza el imperio mas absoluto de la fuerza. 

* * 

El plan de conquista que se propusieron los jesuítas en 
sus Misiones no se había practicado antes: era un sistema 
desconocido en el que prácticamente se unian y soporta- 
ban con mutuo enlace la obediencia y la libertad, el res- 
peto y el amor. Para conot^er mejor el estado de esta 
como República, aislada entre el género humano, he 
aquí los elementos de su gobierno. 

sus mas recónditas profundidades, retrocediendo en seguida ¿ la Asun- 
ción ¿ decir ¿ su superior que habian visto á doscientos mil seres, que, 
con poco cuidado y molestia, podrían ser reducidos al cristianismo. A 
su yuelta, la peste hacia estragos en la oapital; per<> esta circunstancia no 
los acobardó, al contrario, sino que los hizo ser mas intrépidos entre los , 
indios, ya que no estaban contentos con el trabajo que les daban los con- 
quistadores. 

En vists de ese resultado, tanto el gobernador Hemandarias como el 
obispo del Paraguay LÍ2¿rraga resolvieron poner toda tentativa en la 
conversión de los indios. Délos cuatro padres de la comp^^a, José Ga- 
taldino, Simón Mazzatta, Antonio Buiz de Montoya y Martin Javier 
Urtasun, primeros fundadores de las Misiones y únicos que emprendie- 
ron esas Beducciones, los dos primeros fueron los nombrados para esa 
operación. 



DEL PARAGUAY 153 

En cada reducción 6 pueblo habia dosjesuitas, el cura 
y el vicario; que comunmente era un joven destinado á 
aprender la lengua y aquel género de gobierno. Ambos 
estaban sujetos al superior de las Misiones y todos al 
Provincial. 

Para el gobierno interno de la reducción habia un cor- 
regidor, un teniente, dos alcaldes y varios regidores,, todos 
indios elegidos por el puebfo á presencia del cura, y 
sujetos á él, así en lo temporal como en lo espiritual. Es- 
tas elecciones eran anuales, y se confirmaban por el go- 
bernador de la provincia. Amas de estos funcionarios 
municipales, residia un caoique, que venia á ser comer 
gefe, pero cuyas principales funciones se dirigían á la de- 
fensa del país contrajas invasiones de los enemigos. 

El gobierno de esta como República tenia mas de una 
teocracia que de otra forma, pues la conciencia hacia ve- 
ces de legislador. No habia en ella leyes penales, sino 
unos meros preceptos, cuyo quebrantamiento se castigaba 
conayunos, penitencia, cárcel y algunas veces flagelación. 

Algunos indios de los mas irreprensibles eran constitui- 
dos por guardianes del orden público. Cuando estos 
sorprendian algún indio en alguna falta de consecuencia, 
vestían al culpable con el trage de penitente, lo conduelan 
al templo, donde confesaba humildemente su crimen, y 
después era azotado en la plaza pública. 

Ninguno habia que pretendiese minorar su delito, ni elu- 
dir el castigo, todos lo recibían con acciones de gracias, 
y aun habia algunos que sin mas testigos que su con- 
ciencia, confesaban su culpa y pedian la espiacion para 
calmar esos remordimientos que era para ellos el mas 
duro de los suplicios. 

Tampoco habia leyes civiles, porque entre estos indios 
era casi imperceptible el derecho de propiedad. Es verdad 
que á cada padre de familia se le adjudicaba una suerte 
de tierra, cuyo producto le correspondía en propiedad; 
pero no podia disponer de él á su alvedrio, porque vivien- 



1 54 GOBERNANTES 

do siempre camo el pupilo bajo la férula del tutor, todo 
lo dispouia el doctrinero ó padre espiritual. 

Otra parte de las tierras se cultivaba en común; pero 
sus productos tenian una destinación limitada, esta era el 
sustento de las viudas, huérfanos, enfermos, viejos, ca- 
ciques, otros empleados en la administración y los artesa- 
nos ocupados en beneficio del común. 

Lo restante de las tierras y sus frutos, asi como los pro- 
ductos de la industria pertenecian á la comunidad. Con 
este fondo se socorrían las necesidades imprevistas, el 
culto de las iglesias, el sustento de los indios y todas las 
demás necesidades públicas y privadas. 

Los primeros tres diasde la semana se empleaban en 
los trabajos de la comunidad, y los otros tres en el cul- 
tivo de sus propias heredades. Para suavizar el peso 
de las tareas con el embelesamiento de los sentidos, se 
procuraba que ellos tuviesen cierto aire de festividad; 
para ello marchaban procesionalmente al campo, llevan- 
do una estrella entre las dulces cláusulas de la mú- 
sica. 

No se permitía queden esta República hubiese mendi- 
gos ni ociosos. Estos eran destinados al cultívo de los 
campos reservados, que se llamaban la posesión de Dios. 
A las indias se les daban tareas de hilado, menos á 
aquellas ocupadas en el cultivo de los algodones. De esta 
fatíga estaban exentas las embarazadas, las que criaban y 
otras legUimamente impedidas de salir al campo, pero no 
de la ocupación del hilado. 

En cada reducción habia talleres para lasarles; princi- 
palmente aquellas que eran más útiles y necesarias, como 
herrería, platería, dorado, carpintería, tejidos, fundición: 
asi también otras artes de agrados como la pintura, es- 
cultura y música. 

Desde que los niños eran capaces de trabajar, eran lle- 
vados á esos talleres, donde el genio decidia de su profe- 
sión. 



DEL PARAGUAY 155 

En esta República era desconocido el uso de la mone- 
da y todo signo que la representara. Los frutos de la 
tierra y los sobrantes de su industria eran permutados 
con las producciones que los indios no tenian, y los arte- 
factos que necesitaban. Los efectos comerciales, asi en 
rama como fabricados, entraban en el giro de la negocia- 
ción. Los mas considerables de estos artículos eran la 
yerba del Paraguay, la cera, la miel y los lienzos de algo- 
don. Los artículos de comercio salian fuera de la Provin- 
cia y la mayor parte se consumía en Buenos Aires. Con 
su producto se pagaban al rey sus tributos, ocho pesos 
por cada hombre de diez y ocho á cincuenta años de edad; 
se pagaban los diezmos á la iglesia, y el sobrante se re- 
tornaba en efectos para el consumo de los pueblos, ador- 
nos de los templos y galas costosas, de qué usaban los 
indios empleados en los oficios en los dias de festivi- 
dades. 

La habitación, el traje, el alimento, los trabajos, el de- 
recho á los empleos, todo era igual entre estos ciudadanos 
El corregidor, los alcaldes y demás magistrados, asi 
como sus mugeres, eran los primeros que se presentaban 
en el lugar de la fatiga. Todos iban descalzos, y sin 
mas distinción que las varas y bastones, signos de sus 
oficios civiles; los vestidos de gala que el común tenia des- 
tinados para decorarlos, sólo servían en las festivida- 
des. 

Las habitaciones de estos pueblos, al principio eran re- 
ducidas; no conocían muebles casi ningunos; sus camas 
eran hamaca?, se sentaban v comían en el suelo, costum- 
ores muy naturales en ellos. Al paso que se iban civili- 
zando, sus habitaciones tenian mas regularidad y conve- 
niencia. 

En cada pueblo habia una casa llamada de refugio, 
donde se mantenían en reclusión las mugeres que no 
tenian hijos que criar, durante la ausencia larga del ma- 
rido, las viudas, los enfermos habituales, los viejos y 



156 OOBEBNANTES 

estropeados. Allí se les sustentaba y vestía, aplicándo- 
los á aquel género de trabajo que sufría su capacidad 
para mantenerlos en acción. 

Un templo magnifico ocupaba el lugar mas prominen- 
te de cada pueblo, y estos edificios eran comparables á 
los más bellos.de Europa. 

Los oficios divinos se hacian con grande solemnidad; 
los ceremonias se practicaban con un aparato magestuo- 
so. Una música sagrada mantenia absortas las almas de 
los oyentes, mientras que sus corazones estaban penetra- 
dos con los cánticos de alabanzas: las pinturas que ha- 
blaná los ojos, les recordaban los virtudes de los perso- 
nages que representaban, la nube del incienso que lo 
cubría, el ruido de las campanas, todo concurría á man- 
tener á los indios con sus sentidos llenos de placer, sus 
corazones llenos de piedad. 






En estas reducciones habia escuelas públicas de prime- 
ra enseñanza, donde los niños aprendían á leer, escribir y 
contar solamente en guaraní, á pesar de haberlo prohibido 
el rey desde el 3 de julio de 1596. Escuelas de música 
donde se les enseñaba toda clase de instrumentos, cons- 
truidos por los mismos indios sobre el modelo que se les 
daba. El canto por las notas se cultivaba con igual 
esmero, por los aires mas dificiles del arte de la música 
tan suelto, elegante y natural, que parecía cantabanpor 
instinto como los pájaros. 






Los jesusitas realizaron en estas reducciones el proyec- 
to de los cementerios, que en muchos años la Penín- 
sula, después de muchos edictos, consultas y medidas 
no lo habia podido lograr. Estos eran cuadros espa- 
ciosos de terreno, cercados de pared, adornados con 



DEL PABaGUAT 157 

varias hileras de cipreses, laureles, naranjos, limones y 
otros árboles que crecían vistosamente bajo el clima exu- 
berante de aquel fértil país. 






Las calles de los pueblos eran tiradas á cordel; la plaza 
ocupaba el centro, donde hacian frente la iglesia y los ar- 
senales. Al lado de aquélla estaba el colegio de los mi- 
sioneros, y después seguia una línea de edificios públi- 
cos como almacenes, graneros y talleres. 

Para el mejor mantenimiento del orden público, la cam- 
pana anunciaba á una hora determinada en la noche, el 
tiempo en que todos debían ir á recogerse. Una patrulla 
celadora, que se remudaba de tres en tres horas, velaba 
sobre la observancia de esta ordenanza. 



De cuando en cuando se permitían regocijos públicos 
que venían á ser unas gimnásticas donde la salud adqui- 
ría fuerzas y aumentos la virtud; pero en estas danzas los 
jesuítas no permitían la promiscuación de sexos, para evi- 
tar toda ofensa posible contra el pudor. 






Los portugueses, mas crueles que los conquistadores 
españoles, salían de las fronteras del Brasil para hacer 
irrupciones, unas veces con el fin de estender mas su ter- 
ritorio, y otras para hacer esclavos suyos á los indios que 
podían agarrar, llegando algunas veces hasta los pue- 
blos reducidos: los jesuítas, para defender su pueblo, esta- 
blecieron un sistema militar. En cada Reducción había dos 
tompañías de milicias bien disciplinadas, provistas de 
armas blancas y de fuego con oficiales esperimentados 
y jiuestosal mando del cacique, su gefe natural; de mo- 
do que sí la República era amenazada por indios salvajes 



158 GOBEBNANTES 

6 por portugueses, reunidas prontamente ¡las compañías 
délas varias Reducciones bajo sus cabos, presentaban 
una fuerza tan respetable que nunca llegó caso que los 
enemigos le hicieran frente. 






De todos los acontecimientos que hacen época en los 
anales de la América, ninguno hay que la Europa haya 
conocido menos ó que haya sido peor apreciado que la 
dominación de los jesuítas del Paraguay. La verdad es 
que, duraíite mucho tiempo, los únicos historiadores que 
escribieron sobre esta materia, fueron los misnios jesuí- 
tas, jueces y partes en su propia causa, alumnos de esos 
religiosos, ó sus admiradores inconscientes. Otros exa- 
geraron hasta el ridículo, el poder, los recursos, la pros- 
peridad de las Misiones, que han decorado con el nom- 
bre de imperio ó reino, 

¿Cómo se puede supofier que naciones salvajes y estú- 
pidas se hayan sometido por convicción á algunos misio- 
neros, que las mas de las veces no podían conversar 
con ellos sino por signos ó co i el auxilio de un in- 
térprete, y que sólo tenían para eíitretenerlos uíia reli- 
gión toda* ella erizada de dogmas? Afirmar que el salva- 
je americano haya renunciado á su existencia indepen- 
diente y nómade, a las dulzuras de su característica 
ociosidad, á sus selvas, á sus fetiches y á su alimento de 
carne humana, para adorar la santidad de los dogmas 
del cristianismo, el perdón de las injurias, el amor del 
prójimo, el respeto de la propiedad agena; que haya po- 
dido pasar de pronto, y sin ninguna transición, de las ti- 
nieblas mas espesas á la luz mas brillante; que haya reci- 
bido con convicción y respetólos misterios de la Trinidad, 
de la eucaristía, de la inmaculada Concepción, etc.; es 
una impostura histórica. 

Hé aquí la verdad de lo que se ha querido llamar im- 
perio ó reinojesuítico. 



DEL PARAGUAY 159 

Entre las naciones indígenas, la de los guaraníes (1) 
se hacia notar por una posición social menos degradada. 
Por naturaleza dóciles y tímidos, los hombres de esta fa- 
milia fueron, sin embargo, los que mas resistencia opu- 
sieron á las usurpaciones de los conquistadores; y esta 
aparente contradicción se esplica por la costumbre que 
tenian de cultivar la tierra; cultivo grosero é incompleto, 
sin duda, pero al fin lo suficiente para tener apego al sue- 
lo. Resistiéndose con mas terquedad, los guaraníes atra- 
geron sobre sí toda la animosidad de los europeos. (2) 

(1) Sobre lamas antigua, y tal vez lamas probable tradición que corría en. 
tre los indios guaraníes sobre su descendencia ó linage, se reñere, que 
allá en los primitivoé tiempos, cuando la planta humana no había holla- 
do las Américas, y solo eran habitadas de tigres, leones y otras fierap, 
aportaron en una embarcación á Cabo Frío dos hermanos con sus fami- 
lias, de la otra parte del mar Océano; internáronse por toda la costa del 
Brasil, que encontraron desierta; y persuadidos de ser ellos los únicos y 
primeros habitantes, trataron de poblar y cultivar la tierra, establecién- 
dose con la posible comodidad. 

Vivieron mucho tiempo en estrecht unión y buena sociedad, subsis- 
tiendo cada uno del trabajo de sus manos y sudor de su rostro; hasta 
que prodigiosamente multiplicados con las benignas influencias del cli- 
ma, y no cabiendo ya en el corto recinto de aquel establecimiento, tuvo 
en ellos entrada la dis cordia, y ésta abrió camino á la división. Kesen- 
tidos los hermanos Tupi y Ottaraní de la disputa suscitada entre sus mu- 
geres sobre la pertenencia de cierto papagallo muy hablador y vocinglero, 
Tupí que era el mayor, quedó en las tierras que ocupaba, y Guaraní 
con toda su parentela se trasladó hacia el Bio de la Plata; y fuixdando 
cada cual sn residencia en el parage de su elección, se fijaron y esten- 
dieron por todo el resto del país, viniendo á ser de este modo los 
patriarcas de las dos considerables naciones que hasta el día conservan 
BU nombre, y quizá los prhneros pobladores de América. (Belacion 
histórica y geográfica de la Provincia de Misiones, del brigadier don 
Diego de Alvear.) 

(2) ^Los conquistadores y los misioneros no han pensado jamás en 
hacer una descripción verdadera de las diferentes naciones indianas, sino 
solamente en realzar sus proezas y exagerar sus trabajos. Es con esta 
mira que ellos han aumentado infinitamente el número de los indios y de 
las naciones, y que han hecho antropófagos á algunas; ellos lo hacían sin 
razón, porque hoy día ninguna de estas naciones come carne humana, y 
no recuerdan haberla comido, aunque ellas son tan libres como ala prime- 
ra llegada de los españoles. Se ha escrito también, que ellas se servían de 
flechas envenenadas, lo que es otra falsedad positiva. Los eclesiásticos 



160 GOBERNANTES 

Los españoles y portugueses principalmente cometieron 
para, con ellos atrocidades inauditas; después de haber- 
los apaleado y diezmado, seles cercaba en los bosques, 
comoá venados, seles picaba á fuerza de golpes, se les 
condenaba á perpetuos trabajos en las minas, y, por la 
mas leve falta, se les hacia perecer en los tormentos. 
Son estos hombres, ya subyugados, pacientes, desgra- 
ciados, á los que los jesuítas llamaron así para formar 
las ReducdoneSy y es evidente que los guaraníes debian 
responder á este llamamiento sin^ tardanza. Ert efecto, ha- 
llaban en los padres una protección segura contra la per- 
secución de sus verdugos, un trabajo menos peqpso, y 
al que, ademas, estaban ya acostumbrados hasta cierto 
punto, y por último, un tratamiento que para quien sale 
de la esclavitud se asemejaba mucho á la libertad. Solos 
pues entre los pueblos indios, se entregaron á los cuida- 
dos de los misioneros, sometiéndose, sin murmurar, á 
todas las inocentes práctic^ que sus nuevos amos exi- 
gían dé ellos. Recibiérofi el agua del bautismo y la con- 
firmación, asistieron á la celebración de la misa, llevaron 
en la procesión las imágenes dorados de la Virgen y de 
los santos, se dejaron imponer los nombres del martirolo- 
gio católico y permitieron sin enojo que se les llamase 
neófitos' y catecúmenos. Independientemente de esas cir- 
cunstancias tafl favorables á sus proyectos, los jesuitas, 
mas de una vez, emplearon la astucia y la fuerza para re- 
ducir los indiosá la obediencia. Cuando una nueva tribu 
de guaraníes se dejaba ver en la proximidad de las Re- 
ducciones, inmediatamento partia un misionero para coñ- 
quistarla^á la comunidad. Hacíase seguir de un ejército de 

han agregado otra mas, diciendo que estos pueblos tenían una religión. 
Persuadidos d^ que era imposible á los hombres yiyir sin tener una bue- 
na ó mala, y viendo algunas figuras diseñadas ó grabadas sobre las pipas, 
arcos, garrotes y vasijas de los indios, ellos se figuraban al intante que éstos 
eran sus Ídolos y los rompían. Estos pueblos emplean hoy día Jas mis- 
mas figuras; pero no lo hacen sino por divertimiento, porque no tienen 
religión alguna.**~AzÁaA . 



DEL PARAGUAT 161 

neófitos y de cierto número de animales vacunos. Los 
salvajes, al ver acercárseles este estranjero, al principio 
seponianen alarma, pero muy luego se tranquilizaban 
Alendóle solo en medio desús hermanos. Entraban en co- 
municación sin desconfianza, y el hábil jesuit^ les hacia 
distribuir víveres y ganado, diciéndoles que habia venido 
á su encuentro en el desierto para hacerles participar de 
los- bienes que, con poco trabajo, proporcionaba la reli- 
gión á que se honraba pertenecer; y que, si querían seguir- 
le y adaptarse á las costumbres de sus hermanos, podian 
estar seguros (Je que tendrían ellos también, todos los dias 
igual alimento al que acababan de recibir. Sencillos y 
crédulos, los indios se dejaban embaucar por el astuto je- 
suitay seponian en camino para el país de las Misiones. 
Una vez allí, el primer cuidado del padre provincial era 
separar á los recien llegados distribuyéndolos en las di- 
versas Reducciones, para quitarles toda posibilidad de su- 
blevarse. Muchas veces se ha vjsto á varios de esos sal- 
vajes, desesperados de haber perdido su independencia, 
sucumbir de languidez, ó aun quitarse la vida, después 
de haber en vano tentado el evadirse. 






El gobierno teocrático de las Misiones duró 158 años, 
desde la fundación de la primera Reducción en 1609, has- 
ta laespulsion de los jesuítas en 1767. En efete trascurso 
de tiempo, esperimetón varias alternativas de prosperidad 
y *de decadencia. No tuvieron las Misiones enemigos mas 
temibles que la asociación de los mestizos, producto del 
comercio de los europeos con las mugeres indias, cono- 
cidos bajo el nombre de mamelucos. Estos hombres ha- 
biéníiose reunido para hacer el comercio de los indios es- 
clavos arrebataban á los neófitos en las mismas Misiones. 
Destruyeron así sucesivamente catorce pueblos, obligando 
á los misioneros á trasladar su industria á otras partes. 
No contentos con atacar los pueblos cristianos, los ma- 

12 



162 GOBERNANTES 

melucos arruinaron algunas ciudades españolas, tales co- 
mo Jerez, Guaii'á, Villa-Rica y varias otras. Los mamelu- 
cos redujeron á la esclavitud dos millones de individuos de 
toda edad y sexo. En este número, había ciento cincuenta 
mil bautizados; trescientos mil esclavos hablan sido su- 
cesivamente sacados del Paraguay. Dobrizhoffer asegu- 
ra que en los años dé 1628 y 1629 se vendieron en Rio 
Janeiro seiscientos mil cautivos. 






Cuando se descubrió el Brasil en abril de 1550, por el 
navegante portugués Pedro Alvarez Cabral, desembar- 
cando en Babia, la tribu de indios que alli dominaba era 
la guaraní. Muchos de los indios fueron muertos, y los 
sobrevivientes iViternados por los primeros descubri- 
dores portugueses y aun por los holandeses, que se en- 
señorearon, desde 1624 hí^sta 1654, de las provincias de 
la ijosta del mar, desde el Marañon hasta San Francisco. 
Entonces vinieron los mamelucos brasileros de cuyos 
hechos en el Paraguay tenemos la espresiva narración 
que vaA continuación, hecha por Martin Dobrizhoffer: — 
"Los mamelucos son una clase de gente que nacieron del 
comercio de portugueses, holandeses,* franceses, italianos 
y alemanes con mujeres brasileras, célebres por su des ^ 
treza en cazar y robar, listos para cualquier empresa atre- 
vida, y por eso se distinguen con el nombre estranjero 
de mamelucos. (En efecto, eran los beduinos del desierto, 
ó los salteadores i'omanos.) Su costumbre constante, era 
llevarse los indios, guiados por los padres á la libertad de 
JOS hijos de Dios al mas duro cautiverio. En el espacio de 
ciento treinta años, diez millones de indios fueron muertos 
ó llevados al cautiverio por los mamelucos del Brasil, y 
mas de mil leguas de territorio, hasta el rio Amazonas, que 
fueron despojados de sus habitantes. Aparece, por una 
carta del rey de España en 1639, que en cinco años, tres- 



DEL PARAGUAY 163 

cientos mil indios paraguayos fueron llevados al Brasil y 
vendidos como esclavos." 

Independientemente de esta causa de despoblación, las 
Misiones tuvieron que luchar cantra los celos y la perse- 
cución de los gobernadores del Rio de la Plata y del Pa- 
raguay, contra los impetuosos ataques de los indios sal- 
vajes, la deserción de los neófitos y las pérdidas ocasio- 
nadas por la nostalgia en estos infelices, á quien tenian 
encorralados como ovejas en campos rodeados de zan- 
jas. Los padres tenian un interés directo en ocultar á. 
las autoridades que venian de la metrópoli el censo exac- 
to de sus neófitos, tanto por alejar todo sentimiento de ce- 
los cuanto por ahorrar la renta que era de un peso por 
cabeza. A pesar de eso, no hay duda que en 1702, 
época que puede tomarse por término medio, las Reduc- 
ciones se componían de veinte y nueve pueblos, quince 
sobre el Uruguay y catorce sobre el Paraná, formando 
juntos un efectivo de noventa mil neófitos; pero en la 
época de la espulsion, se contaban cerca de ciento cin- 
cuenta mil. Existían, además, varias otras Misiones so- 
bre las márgenes del Paraguay y en el Rio de la Plata. 






La compañía de Jesús contaba en sus filas hombres 
distinguidos por las luces, el coragey la habilidad;' este es 
, un hecho averiguado, y sola el espíritu de partido podria 
obstinarse á negarlo. Los padres establecieron el centro 
de su administración en el colegio de la Asunción, cuyo 
edificio hicieron construir y sucesivamente embellecer por 
los mismos neófitos indios. 






Los guaraníes aprendian también á leer y escribir; pe- 
ro el interés de los misioneros, que no era, como querían 
hacer creer, la salvación de las almae deiestos pobres in- 



164 GOBERNANTES 

dios, sino puramente terrestre, se opuso siempre á que 
aprendiesen á hablar la lengua española. Por mucho 
tiempo no se hizo uso deotro idioma en el Paraguay, si- 
no del guaraní, pues la introducción del español solo data 
de la espulsion delosjesuitas. En vano Felipe V ordenó 
en 1743 que se enseñase á los guaraníes el idioma espa- 
ñol, los jesuitas no juzgaron conveniente obedecer este 
decreto. 

En el principio délas Misiones, los jesuitas hallaron los 
dialectos de la América del Sur tan numerosos como sus 
tribus (1); pero resolvieron se emplease un solo idioma 
cómo medio de comunicación entre las Reducciones, y 
habiendo fijado el guaraní al efecto, se enseñaba en las 
escuelas á todos; de esta suerte llegó á ser la lengua del 
país, dónde se habla casi universalmente hasta el día. 

Una política puramente jesuítica se opuso constante- 
mente áque la Europa tuviese conocimiento de lo que pa- 
saba en el interior de las Reducciones. No 3olamente 
era prohibida la salida á los neófitos, sino también á los 
estrañosel introducirse en sus dominios sin el beneplácito 
de los padres; y éstos velaban con tanto celo á que ningún 
profano pusiese -el pié en el recinto de este santuario, 
que aun á los obispos y gobernadores se les negó la en- 
trada. Era, sin duda alguna, estraña insolencia; pero los 
jesuitas hacian obrar á sus amigos de Europa para con- 
trarestar el mal efecto de las denuncias que partían de. 
América. El confesor del rey de España, el de la reina, 
su capellán, eran el apoyo con que contaban, en caso 
de necesidad, los misioneros del Paraguay. 

(1) **La8 naciones indianas y sos divisiones cambian de nombre con el 
tiempo; y cuando se quiere tomar in%rmaciones ¿ este respecto, se les 
encuentra siempre nuevos, sin saberse que los antiguos hayan desapareci- 
do; de suerte que en las cartas del Chaco, redactadas por los jesuitas ape- 
nas hay bastante lugar para escribir los nombres de un número tan 
considerable de naciones. Estos son otros tantos errores que hay que 
reformar, porque yo no dudo^ qxie dd Rio de la Plataháeia al norte^ no hay otras 
naciones quelas que yo describiré. — Azara." 



DEL PARAGUAY 165 

En cuanto á la educación que ellos pretendían dar á sus 
neófitos, se limitaba á ponerlos en estado de trabajar en 
provecho déla orden. Después de mas de ciento cin- 
cuenta años de cultura, la familia de los guaraníes se 
halló poco mas ó menos en el mismo estado de barbarie 
que antes. 

En el momento de suespulsion, los jesuítas dejaron 
treinta Reducciones, á saber: 

Quince entre el Uruguay y el Paraná, siete sóbrela mar- 
gen izquierdadel Uruguay, y ocho en el Paraguay propia- 
mente dicho. 

XXXI. DON BARTOLOMÉ DE ALDUNATE, capitán de 
infantería de la guarnición de Buenos Aires. Tuvo algu- 
nas dificultades en sugubierno, puesto que habiendo sido 
nombrado en 1725, no se le dio el título de gobernador 
del Paraguay hasta algún tiempo después. Luego que 
entrara en egercicio de su cargo, presentó al Consejo de 
Indias el proyecto que sigue: 

19 Establecer corregidores y regidores españoles en 
todas las Reducciones de los jesuítas, en donde, según 
decia, habia ciento cincuenta mil indios que nada paga- 
ban al rey. 

29 Permitir á todos los españoles hacer el comercio 
en todas las Reducciones, con cuyas rentas habría como 
sostener la guarnición de Buenos Aires y todas las tropas 
de Chile. 

39 Establecer en la Asunción una oficina en donde se 
diera entrada á todo lo que los indios de las Reducciones 
estuvieran obligados á pagar en géneros por su tributo, 
enviándoseen seguida á Santa Fé para cambiarse en oro ó 
plata; y— • 

49 Dar orden á los corregidores para examinar las 
deudas atrasadas, las cuales, según él, ascendian á gran- 
des sumas. 

Hombre de grandes proyectos, Alduaate se habia infa- 



166 GOBERNANTES 

fuado con las grandes riquezas de los jesuítas del Para- 
guay y con su imperio soberano sobre los indios de las 
Reducciones, y consiguió que el Consejo de Indias, coala 
presencia del rey, se ocupase de su proyecto en sesión 
que se celebró el 27 de marzo de 1726 y se resolvió espe- 
dir, como se efectuara, el 21 de mayo, reales cédulas di- 
rigidas á los gobernadores del Paraguay y Rio de la 
Plata, en que se les ordenaba que, sujetándose á las leyes 
que regian en todos los dominios del rey en el Perú, 
cuidasen de cobrar los impuestos y tributos pagados por 
indios, averiguasen la causa porque no se habia practica- 
do antes é informasen de ello al virey. 

Cuando estas cédulas llegaron á Buenos Aires, Alduna- 
te ya no era gobernador del Paraguay. Disponíase á ve- 
rifit^ar su viage á la Asunción, cuando un asunto grave 
ocurrido en aquella ciudad, le obligó primero á suspen- 
derlo, revocándosele sus despachos en seguida, y que- 
dando por consiguiente en posesesion del gobierno don 
Martin de Barúa. 

1730— XXXn. DON IGNACIO DE SOROETA, noble 
vascongado, ex-corregidor del Cuzco, nombrado gober- 
nador, por el virey del Perú, don José de Armendariz, 
marqués de Castelfuerte, en 1730, en reemplazo del capi- 
tán Aldunate. Sin embargo, al querer presentar los des- 
pachos que le acreditaban en su carácter oficial, se le hizo 
toda clase de oposición, teniéndole cinco dias en su casa 
con guardias, sin permitirle comunicar con persona al- 
guna sino con testigos, ni aun las personas que iban á 
visitarle podian entrar sino con guardias. 

En vista de tal recibimiento, Sproeta tuvo que abando- 
nar el Paraguay regresando á Lima. 

Habiéndose negado Barúa con insistencia á continuar 
en el gobierjio que el pueblo no quería confiar á nadie 
mas queáél, quec^ en posesión de la autoridad el gefe 



DEL PARAGUAY 167 

de la revolución don Matías de Saldivar, hecho maestre 
de campo general por la misma. 

1730-1733— XXXin. EL COMÚN, durante el interregno 
que medió entre Barúa y el nuevo gobernador Ruiloba, 
que fué desde 1730 Ifasta 1733, presentando las más in- 
creíbles escenas al estremo de no haber ya seguridad para 
la vida* como se va á ver. 

Los dueños de la situación se dieron el nombre de 
Comuneros y denominaron á sus contrarios Contrabando 

6 Contrabandistas. 

La revolución de los comuneros fera obra de Antequera, 
incitada por este desde Lima. Un tal Fernando Mompo, 
abogado, escapado de las cárceles de aquella ciudad, se 
presentó en la Asunción con cartas de recomendación de 
su compañero de prisión, Antequera, para sus partidarios 
secretos, por quienes fue no solo muy bien recibido, sino 
que le hicieron obtener una plaza en el Ayuntamiento. 
Desde ese momento nadarse hacia que no fuera aconseja- 
do por él, como autor y oráculo del Común y arbitro so- 
berano de todas las deliberaciones, asentando como máxi- 
ma constante que la autoridad de éste era superior á la 
del rey mismo, máxima que halagó á cierto número de 
personas y le dio mucho crédito. 

Fué á nombre del Común que se negó el reconoci- 
miento deSoroeta como gobernador del Paraguay, contra 
la opinión del mismo Baiiia, y á nombre del mismo, 
Mompo consiguió sublevar las guarniciones de toflas las 
plazas vecinas contra el gobernador nombrado por el vi- 
rey. A nombre de él (el Común) se destituyó á los regido- 
res Otazú, Juan González Freiré y otros, y se nombró á 
don Matías de Saldivar maestVe de campo general y á 
Francisco de Roa sargento mayor. Hizo la elección de 
alcaldes, para el año de 1731, ádon José Luis Barreiro^y 
á don Pedro Bogarin. * 

Nadie estaba seguro en su propia casa; todo era entre- 



168 OOBSBNANTES 

gado al saqueo, sin esceptuarse los individuos de la mis- 
ma facción. 

Llegado Soroeta al Tébicuarí, recibió un salvo-conduc- 
to, y aunque no iba firmado por los gefes del Común, 
siguió camino para la Asunción (17 de enero de 1731). 
Apenas hubo pasado el Tébicuarí, se vio repentinamente 
rodeado de ochenta soldados que, «on el pretesto de ser- 
virle de escolta, se aseguraron de su persona de orden del 
Común. Era ya demasiado tarde para poder' retroce- 
der. Cuando entró en la Asunción, su escolta habia 
aumentado tanto que llegó á subir á cuatro mil hombres. 
Al dia siguiente de su llegada (25 de enero) se presentó en 
el Cabildo y exhibió sus títulos, retirándose en seguida á 
su alojamiento. A penas saliera de la casa del ayunta- 
miento, fué arrestado por el cuerpo de guardia que le 
intimó de orden del Común salir de la provincia. En 
los cuatro dias y medio que solo permaneció en la Asun- 
ción vio lo suficiente para poder instruir, como lo hizo, al 
virey, del estado del país. • 

Con la salida de Soroela de la provincia y la negativa 
de Barda á aceptar el bastón de gobierno quedó definitiva- 
mente resuelto el sistema de gobierno comunal. Pero se 
consideró necesario dar una forma regular á la adminis- 
tración creándose una — 

XXXIV. JUNTA GUBERNATIVA, persidida por idon 
José Luis Barreiro, con el título de Presidente de la 
Provincia del Pay^aguay (1731). 
, El primer paso dado por Barreiro, que sorprendió y 
desconcertó al Común, fué la prisión de Mompo y su re- 
misión á Buenos Airos, cuyo gobernador Zavala le hizo 
meter en un calabozo y ordenó que se le instruyese su 
proceso, remitiéndolo en seguida á Lima. Pero en Men- 
doza consiguió salvarse yendo á dar al Brasil. 

Perseguido hasta con peligro de su vida, Barreiro tuvo 
que huir auna de las Reducciones del Paraná, circunstan- 



• . DEL PARAGUAT 169 

cia que dejó libre al Común para nombrar en su lugar á — 

XXXV. DON MIGUEL DE GARAY, capitán, presidente 
déla Junta Gubernativa, (agosto de 1731), quien desde lue- 
go, creó dos nuevos regidores, completamente adictos á 
su persona, y dirigió^su atención álos jesuitas haciéndolos 
odiosos, áfin de proceder á su espalsion, cosa que por 
entonces no se pudo conseguir, porque no se contaba con 
el apoyo suficiente para llevarlo á cabo. 

Entretanto, el Común iba adquiriendo popularidad hasta 
entre los individuos del mismo clero dentro y fuera del 
Paraguay. Hubo religioso que en la catedral de la Asun- 
ción predicase haciendo la apolqjía del Común y en Buer 
nos Aires no faltó otro que hizo oir su voz en el pulpito 
asegurando que el Común del Paraguay en nada se habia 
desviado de la obediencia debida á las leyes del reino. 

En diciembre se pensó en el nombramiento de nuevo 
alcalde para el año de 1732 y recayó la elección en don 
Francisco de Roxas Aranda y en — 

• 

XXXVI. DON ANTONIO RUI2 DE ARELLANO, presi- 
dente de la Junta, quien, á penas recibido de su puesto, y 
con el objeto de hacer autorizar por la audiencia de Char- 
cas la legalidad del Común, se ocupó en dirigir una me- 
moria de cuanto habia ocurrido en la Provincia desde la 
partida de Zavala, comisionando á don Bartolomé Galvan, 
don Antonio Baez, en unión con el padre don José Cana- 
les, que se habia declarado por el Común, para informar 
alvirey. Sin embargo, estos diputados no pasaron de 
Córdoba por los nuevos sucesos de Lima que produjeron 
eltrájico fin de Antequera. 

Apesar de la oposición de Arellano á la espulsion de los 
jesuitas, se llevó á cabo (febrero do 1732) por los comune- 
ros, á pesar de haber el obispo Palos conminado con la 
escomunion, publicada contra todos los causantes, coo- 
. perantes, consejeros y fautores por incursos en ella y 
haber puesto entre dicho general, personal á toda la pro- 



170 GOBERNANTES . • 

vincia, hecho leer la Paulina y tocado á entredicho. Lue- 
go que el prelado tuvo noticias, aunque cercaron los solda- 
dos la torre de la catedral, para que, so pena de la vida á 
quien tocase las campanas, de que con inaudito arrojo 
rompieron con hachas las puertas del colegio, previno al 
padre rector estuviese cerrado y no saliese á menos que á 
emjDUJones los echasen fuera, como lo hicieron; teniendo 
la pena de ver ultrajada su dignidad y persona con guar- 
da de soldados portodas partes, sin permitirle que saliese 
á la puerta. 

Antes de entrar el común, estando como una legua de 
distancia de la ciudad, le despachó cuatro diputados, dos 
de los cuales forzados con pena de la vida y confiscación 
de bienes, previniéndole que venian á espulsará los pa- 
dres sin remedio y que el obispólos mandase salir; á lo 
que respondió éste que no tenia facultad para eso sino para 
declararlos, como los declaraba á todos los comuneros 
por públicos escomulgados y poner entredicho á toda la 
Provincia. Lo mismo respondió el Cabildo secular, que le 
amenazaba con que pelig^aba la Provincia y las vidas de 
muchos. 

Cuando llegó á la Asunción la falsa noticia de hallarse 
el gobernador Ruiloba en camino para la Asunción, Are- 
llano que, sólo por interés y temor presidia el Común, 
declaró que estaba resuelto á ir hasta Santa Fe para re- 
cibir al gobernadoc. Temiendo el Común que el objeto de 
este viage fuese el de hacer la paz, dio orden para impe- 
dirle la salida de la ciudad, pero él habia tomado sus me- 
didas tan bien, que logró embarcarse sin la menor difi- 
cultad, llevando consigo lo mejor de sus efectos. En Santa 
Fé supo con sorpresa que ni se hallaba alli ni en Buenos 
Aires, pero que 3e le esperaba de un momento á otro, 
con cuya noticia adoptó el partido devenir á esta ciudad. 

Después de haber sido uno de los principales autores de 



DEL PARAGUAY 



171 



las perturbaciones del Paraguay y uno de los mas decidi- 
dos partidarios de Antequera, perdió todos sus bienes y 
aun se vio obligado, para salvar la vida, á disfrazarse de 
negro, fugando de la Asunción, por haberse opuesto ala 
espulsiondelos jesuitas del colegio de esa capital y por 
haber tratado de salvar la vida de don Manuel Agustin de 
Ruiloba, á quien acompañó desde Buenos Aires hasta su 
desgraciada campaña y trágico fin. Se refugió en esta 
ciudad (Buenos Aires,) con la firme resolución de reparar 
todo el mal que habia hecho á consecuencia del compro- 
miso que contrajo con Antequera, declarándose á favor 

del Común. 

Este procedió en seguida á nombrar otro en lugar de 
Arellano, haciéndolo en la personade 

XXXVn. DON CRISTÓBAL DOMÍNGUEZ DE OBpLAR, 
maestre de campa general, presidente de la Junta y alcal- 
de de primer voto para 1733, pues que merecia toda su 
confianza. 

El Común escribió en seguida al gobernador manifes- 
tándole su disposición en recibirle, y al mismo tiempo to- 
maba sus medidas para oponerse á su recepción, desti- 
tuyendo á todos los empleados sospechosos. A la adopción 
de esta medida contribuyó no poco el haber recibido de 
Arellano una carta en que le anunciaba al Común la llega- 
da del nuevo gobernador, trayendo del virey los mas am- 
plios poderes y las órdenes mas terminantes para infor- 
mar contra todos los que habian contribuido á las pertur- 
baciones de la Provincia. El Común no hi¿o caso de este 
aviso porque desconfiaba de la persona que lo remitía. El 
hecho es que desde enero (1733) ella se di vidió en dos 
facciones, una que quería deponer al nuevo presidente y 
la otra que lo sostenía; y á no haber intciAenido los dos 
obispos, Palos y Arregui, la capital se habría vuelto un 
campo de Agramante, en abril del mismo año. 



172 GOBEBNAJfTES 

XXXVm. DON ISIDORO MIRONES Y BENAVENTE, 
oidor de la audiencia de Charcas, cuya prudencia y talen- 
to, acreditados en la pacificación de la provincia de Co- 
chabamba, hizo que el virey del Perú, marqués de Castel- 
fuerte, le eligiese para pasar con el mismo objeto al Para- 
guay; pero su nombramiento no llegó á tener efecto, por 
cuanto estando ya en Tucuman, recibió aviso de la llega- 
da del gobernador propietario designado por el rey. En 
consecuencia, volvió al ejercicio de su empleo. 

XXXIX. DON MANUEL AGUSTÍN DE RUILOBA Y 
CALDERÓN, natural de las montañas de Burgos, que se 
hallaba de capitán general del Callao y cabo principal de 
armas del Perú, recibido en el Paraguay en julio de 1733, 
después de haber, desde Buenos Aires, notificado su nom- 
bramientQ al cabildo secular y obtenido la correspondiente 
aceptación. 

Tomó con ahinco la dirección del gobierno, prohibien- 
do bajo penas severas hacer la menor mención de los co- 
muneros; nombró jueces militares; señaló nuevos lenien- 
tes para las tres villas de la gobernación y parala capital 
haciéndolo en personas que le inspiraban confianza; re- 
formó los jefes de ía milicia. Esto último fué lo bastante 
para que los comuneros se sublevaran dirigiéndose ar- 
mados sobre la ciudad. 

•Con el oportuno aviso de este nuevo trastorno, el go- 
gernador mandó poner sobre las armas todas las guarni- 
ciones de las plazas vecinas, señalándoles la chacra de 
Alonso Pérez como punto de reunión, y, dejando con el 
gobierno político de la ciudad al regidor don Juan Caba- 
llero, salió (14 de setiembre,) con las pocas milicias que pu- 
do reunir para ponerse al frente de aquéllas. 

Pero cuál no seria su sorpresa cuando sólo encontró 
trescientos hombres, no habiendo podido los gefes juntar 
mas por haberse todos enrolado bajo el estandarte del 
Común? Quiso esperar para aumentar su ejército y en vez 



DEL PABÁQÜAY 173 

de eso á la mañana siguiente se encontró con que no le 
quedaban mas que ochenta hombrea. En vano se le pro- 
metieron socorros de gente, pero no aparecían. Aun se 
trató de entrar en arreglo con los comuneros, por medio 
del obispo, quien aconsejaba al gobernador acordase á los 
descontentos cuanto le pidieran. A tan estravagante exi- 
gencia no quedó al gobernador mas recurso que el defen- 
der su autoridad y la del rey con las armas. 

El 15 de setiembre, en Guayaibití, ambos ejércitos esta- 
ban uno al frente' del otro y antes de chocarse, el indivi- 
duo. Roque Pereira, de^acándose del del Común y ade- 
lantándose como para poder ser oido, gritó con toda su 
fuerza: ^Caballerosa todos los que reconozcan la autoridad del 
Ilustre Común vengan á sus banderas'. En este momento se 
pasaron todos, con escepcion de unos cuantos oficiales. 
Viéndose tan vilmente traicionado, el gobernador, diri- 
giéndose á los pocos gefes que estaban ásu lado, dijo: 
*^Mis amigos, el mal no tiene remedio, es menester ceder á la fuer- 
za;^' y cuando se acercaron los rebeldes, esclaraó / ííz;¿3: el 
reyly la contestación fué ¡Viva el rey y muera el mal gobier- 
no! En -seguida le dieron de sablazos hasta que espiró 
pronunciando estas palabras: ¡Nuestra Señora del Rosario, 
sedme propicia! 

En este encuentro quedó muerto el regidor don Juan 
Baez y heridos muchos otros. En memoria de su muer- 
te, se colocaron junto al lamino tres cruces que existían 
hasta 1786, según Azara que las habia visto. 

XL. DON JUAN CABALLERO DE AÑASCO, regidor, 
encargado del gobierno político de la ciudad durante la 
ausencia de Ruiloba en su desgraciada campaña. 

Victoriosos los comuneros, entraron en la ciudad y tra- 
taron de matar al regidor, tirándole un balazo, pero solo 
consiguieron d^'arle muy mal herido, ocupando en se- 



174 GOBEBNAJTTES 

guidala casa, apoderándose de los bienes y papeles del 
gobernador y obligando á los regidores á renunciar sus 
oficios. Después de conneter todos los robos y saqueos 
que les fué posible, los amotinados aclannaron por go- 
bernador á fray Juan de Arregui, que se hallaba en la 
Asunción, adonde habiaidocon el objeto de hacerse con- 
sagrar, como obispo de Buenos Aires. 

1733-1734— XLI. DOCTOR FRAY JUAN DE ARREGUI, 
del orden de San Francisco, obispo de Buenos Aires, 
obligado por los comuneros á aceptar, en setiembre de 
1733, el bastón de gobernador, para que sirviese de som- 
bra á sus escesos, los cuales continuaron con mas furor 
que antes, destruyendo la Provincia y cometiendo todo 
género de desórdenes, sin poder contarcon seguridad ellos 
mismos unos de otros. 

Sin embargo, con pretesto de visitar la diócesis, el obis- 
po-gobernador salió fugitivo, encaminándose á Buenos 
Aires, desde donde dio cuenta, de lo acaecido , al virey 
del Perú, de quien recibió una citación para comparecer 

personalmente á dar cuenta de su conducta ante el virey 
y audiencia de Lima, y mas tarde otra del Consejo de 
Indias, para que se presentase en persona; pero á uno y 
otro respondió que su avanzada edad — 82 años, cuando 
recibió la primera — no le permitia emprender tan lar- 
gos viages.' En efecto, murió pronto después de ha- 
ber recibido la segunda citación, de pesar por el triste 
papel que habia hecho en la Provincia del Paraguay, mas 
que de vejez. Lo cierto es que desde su regreso á Buenos 
Aires, tuvo, hasta su muerte, una conducta en toda regla. 

Murió por los años 1736 ó 1737. 

Al saHr de la Aguncion para su fingida visita, dejó en 
su lugar á su padrino de consagración — 

XLÜ. DON CRISTÓBAL DOMÍNGUEZ DE OBELAR, 
delegado de Arregui. Continuando el Paraguay en pro- 
vocante rebelión no hubo mas remedio que recurrir de 



DEL PARAGUAY ' 175 

nuevo algoberrador de Buenos Aires, Zavala, que había 
conseguido estiiiguir la rebelión de Antequera y que 
acababa de ser nombrado, presidente de la Audiencia de 
Charcas, cuando ocurrieron esos violentos trastornos. 

XLm. DON BRUNO MAURICIO DE ZAVALA, mariscal 
de campo, gobernador y capitán general de Buenos 
Aires, (1735) comisionado por el virey del Perú, marqués 
de Castelfuerte, para que, posesionándose del mando de 
la provincia del Paraguay, sacase de las Misiones de los 

jesuítas las milicias necesarias. 

Con lasóla noticia de su próxima llegada al Paraguay, 
entró el desconcierto entre los comuneros, sin atinar 
como debia obrar. 






El defensor de la Junta, don José Ortiz de Vergara, 
cayó enfermo (diciembre de 1734) quedando muy pronto 
red]ucido á la estrefnidad. Asustado de verse próximo á 
comparecer ante el soberano Juez de los vivos y de los 
muertos, empezó por llenar su testamento délas disculpas 
á que se creia obligado por sus injusticias, sus crimina- 
les empresas contra su rey, su obispo, los religiosos y 
sobre todo los jesuitas; y en seguida pidió públicamente 
perdón con las lágrimas en los ojos. Dispuso que esta 
parte de su testamento se leyera en voz alta antes que 
su cuerpo fuese enterrado, y que se mandasen copias de 
él á todos aquellos á quienes habia ofendido. Lo más 
particular era que su lectura la hiciera el escribano 
Matías Encina, muy partidario de la Junta, quien leyen- 
do su propia condenación, la pronunció con aire embara- 
zado y con voz trémula. 

Vergara habia incurrido en cinco escomuniones, de las 
cuales, cuatro quedaban reservadas á la Santa Sede, y 
asimismo, el provisor del obispo pronunció lu absolu- 
ción sobre el cuerpo, que estaba espuesto en la iglesia, 



176 GOBERNANTES 

después de haber hecho una patética exhortación á los 
concurrentes, de los que habia no pocos envueltos en las 
mismas censuras. 

Entretanto, el maris<:al Zavala, á la cabeza de seis mil 
guaraníes, acampó en las cercanías del Tebicuarí. Des- 
de este punto dirigió (marzo de 1735) sus despachos álos 
capitulares de Villa Rica, por hallarse el cabildo de la 
Asunción deshecho por los .comuneros, como igualmente 
á la capital de la Provincia, donde éstos se manifestaron 
siempre rebeldes y resueltos á oponerle resistencia. 

En efecto, enviaron contra Zavala un cuerpo como de 
doscientos hombres, pero en vista del er.emigo que era 
muy superior en número retrocedieron. Zavala atacó 
entonces (26 de marzo) la retaguardia de los comuneros, 
la cual fué completamente derrotada, tomándoles muchos 
prisioneros, municiones y artillería, loque equivalia á la 
ruina del ejército entero. 

Perseguidos sin descanso, fueron al fin alcanzados y 
hechos prisioneros muchos de los rebeldes, unos en el 
camino, otros en la Asunción y otros en Corrientes, en- 
tre estos la mayor parte de los gefes de la Junta, no que- 
dando sino seis que hubiesen aun dejado decaer en. po- 
der del vencedor. Publicóse .un edicto ofreciendo cinco 
mil escudos á quien los prendiera y entregase y le pre- 
sentaron cuatro de ellos. Los dos restantes, Juan de 
Gadea y José de la Peña consiguieron internarse entre 
los indios enemigos de los españoles y fugar en seguida 
al Brasil. 

Sometidos á un consejo de guerra los prisioneros Ga- 
briel Delgado, que habia dado el primer hachazo á Rui- 
loba, Tomas Lobara, Miguel Ximenez y Mateo de Arce 
fueron condenados á ser ahorcados, pero, á falta d^e ver- 
dugo, se les mandó pasar por las armas, habiendo firma- 



DEL PARAGUAY 177 

do la sentencia de algunos da los nuevos alcaldes y pre 
senciado la ejecución. Estas ejecuciones tuvieron lugar el 
;15 de abril (1735). Otros dos, Ramón de Saavedra y José 
Duarte fueron ejecutados de igual modo el 12 de ms\,yo y 
varios otros desterrados á Chile. 

Terminados estos merecidos castigos, Zavala hizo su 
entrada triunfal en la capital de la Provincia, en junio, 
recibiéndose de gobernador. 



* 



Considerando ya consumada la pacificación del país y 
que ella seria duradera, restituyó el legítimo cabildo, pro- 
cediendo éste luego á la elección de las justicias ordi- 
narias. Publicó diversos bandos; nombró oficiales de 
guerra; restituyó los jesuitas a su colegio, solicitando de 
éstos emprendieran de nuevo la reducción de los tobati- 
nes que se hablan retirado á sus antiguos bosques, por 
temor de las revueltas. Dio *otras providencias con- 
venientes al estado de la Provincia. 

Pacificada ésta así, nombró nuevo gobernador, para lo 
cual estaba autorizado, y en seguida se embarcó (enero 
de 1736) para Buenos Aires, pero antes de llegar á San- 
ta Fé dejó de existir (febrero) y se le sepultó en aquellos 
desiertos. 

La muerte de este caballero fué universalmente sen- 
tida. 

1735-1741— XLffl. DON MARTIN JOSÉ DE ECHAURI, 
natural del reino de Navarra, capitán de dragones, nom- 
brado gobernador por el general Zavala: se recibió en 
diciembre de 1735. 

Su primer cuidado fué visitar la Provincia para ponerla 
en estado de defensa contra los bárbaros fronterizos y 
principalmente contra los pérfidos payaguáes que la in- 
festaban. 

1741-1747— XLIV. DON RAFAEL DE LA MONEDA, en 

13 



178 GOBERNANTtES 

1741. Gobernó con integridad y tino para realizar la com- 
pleta pacificación de la Provincia, y apesar de toda su 
prudencia los perturbadores del orden publico no desean- . 
saban en sus tentativas. 

Luego que tomó posesión del gobierno, practicó una 
visita á toda la Provincia y como no estaba acostumbrado 
á los ardientes soles del país, quedó ciego, y así mismo 
no descuidaba su vigilancia. Por los años de 1741 á 17^ 
sacó de las casas españolas, donde estaban amparados, 
una porción de negros y mulatos libres, con los que for- 
mó el pueblo de la Emboscada, arriba déla Cordillera, 
sobre el rio Paraguay, para que sirviese de antemural 
contra las invasiones de los mbáyáes. Desde entonces 
cesaron éstos de invadir esta Provincia. Confiando en su 
ceguera, algunos de los antiguos comuneros, incitados 
por eclesiásticos afiliados en el mismo partido, creyeron 
poder, á mansalva, tramar, como tramaban una conspi- 
ración contra la vida del gobernador; mas él dio con el 
hilo de la conjuración, y, con toda sagacidad y arte, , 
hizo prender á los principales cabezas, señalados por sus 
notorios y públicos escándalos. En breve tiempo fueron 
juzgados, sentenciados y ejecutados, habiendo sido éstos 
los únicos suplicios que en todo su gobierno se llevaran á 
cabo, porque era querido y obedecido de todos, hasía de 
los mismos indios payaguáes y Hemas que continuamente 
hostilizaban la Provincia. 

Después de estos severos castigos, siguió su gobierno 
con toda tranquilidad, hasta el año de 1747, que por or- 
den del rey entregó el bastón al — 

1747-1750— XLV. CORONEL MARCOS JOSÉ DE LAR- 
RAZABAL, natural de Buenos Aires, de cuya ciudad fué- 
poco tiempo después nombrado por la corte teniente de 
rey; así es que solo *gobernó hasta el año de 1750. 

En el gobierno del virey Vertiz formó parte de una co- 
misión compuesta del teniente dé rey, del brigadier don 



DEL PARAQÜAY • 179 

Jaime Sanjust, del (íoronel don Marcos de Larrazabal, dei 
sargento mayor don Fernando Fabro y del comandante 
de milicias de caballería don José Antonio de Otálora, quie- 
nes, enterados de que el rey no consentía á que se remi- 
tiesen á España á los arsenales los indios que se tenían 
cautivos, por la dífícultad de custodiarlos, y por los gra- 
vísimos perjuicios que causaba el que lograba escaparse, 
no halló dicha comisión mas medio que el internarlos á 
los pueblos de indios guaraníes los mas setent.nonales, 
para que así les fuese mas dificultosa la fuga. 
Le sucedió en el gobierno el — 

1750-1761— XLV. BRIGADIER DON JAIME SANJUST, 
desde el añode 1750 en que entró en el gobierno á satisfac- 
ción de todo el país, introduciendo en él algunas medidas 
de progreso, como se va á ver. 

Autorizado por el ministerio de Madrid, Sanjust con- 
trató é hizo trasportar ala Asunción, en 1752, los brasi- 
leros elaboradores del tabaco negro torcido. Establecié- 
ronse las fabricas bajo la dirección de Juan Chaves de 
Oliveira y de Antonio Moreira. Entre aquellos elabora- 
dores se hallaba García Rodríguez Fran9a, padre del 
futuro dictador, también brasilero. 

Hasta esa época, apesar del incremento que había to- 
mado el comercio de la yerba mate y otras industrias no 
menos productivas, como el tabaco, las salinas, el 
aguardiente, la esplotacion de los bosques, etc. las rentas 
públicas sólo servían para enriquecer á los que ejercían 
la autoridad superior, tales como los gobernantes y teso- 
reros. 

Remitidas á España las muestras del tabaco torcido, se 

aprobó la empresa por cédula de 1753, mandándose con- 
*tínuar en los trabajos y recomendando se fomentara el 
cultivo de la planta. El distrito de Yaguaron fue desti- 
nado para las plantaciones, nombrándose mayordomo de 
élá García Rodríguez Fran9a, conocido en la Asunción 
por el CaHoca. 



180 • GOBERNANTES 

Antes no se conocia en el Paraguay el oro y plata amo- 
nedados, pues el comercio se hacia con permutas, y cuan- 
do se estableció la renta de tabacos empezó á circular el 
PRIMER numerario. 

Sanjus continuó su gobierno hasta el año de 1761 que 
el rey le promovió al de Potosí. 

1761-64— XLVI. DONJOSÉ MARTÍNEZ FONTES, natural 
de Buenos Aires y capitán de dragones de su presidio, nom- 
brado en 1761, gobernador y capitán general por el se- 
ñor Zevallos, que estaba facultado para ello por la Corte. 

Los indios, á instigación, según se decía, délos padres 
jesuitas, considerados déspotas en sus comarcas, se ha- 
bian rebelado, negando á someterse á los arreglos hechos 
por las cortes de España y Portugal, para fijar los lími- 
tes de sus respectivas posesiones. Don José Joaquin de 
Viana, caballero de Calatrava, brigadier de los ejércitos 
de S. M. C. y gobernador de Montevideo fué encargado 
por el rey de España del mando de las tropas enviadas 
al Paraguay contra los indios. A pesar de los obstácu- 
los de todo género que le opusieron los jesuitas, todas las 
operaciones, puestas en juego por Viana tuvieron un 
feliz éxito. 

El gobernador favorecía á la sociedad en todo y no te- 
nia el menor escrúpulo en hacerse esclavo de ellos, para 
servir de instrumento á su venganza. Informado de la 
mala inteligencia, que ellos tal vez suscitaran entre ambos 
gobernadores, estos padres no dejaron de participar al de 
Buenos Aires de los pasos reprensibles del coronel Viana, 
si es que fuera capaz de darlos. Hombre estimable en 
todo sentido, hombre de talento, lleno de conocimientos 
en el arte militar, y de probidad, sin tener nada de la al- * 
tañería que algunas veces se reprochaba á los españoles, 
consiguió conquistarse la estima y consideración de todos 
los que le conocían; y los mismo jesuitas se veían com- 
pelídos á darle su sufragio, al menos en público. 



DEL PARAGUAY 181 

• 

Como una prueba de lo escrupuloso que era el coronel 
Viana en el cumplimiento de su deber, sin dejar por eso de 
llenar el de urbanidad que le imponía su carácter de hom- 
bre culto, se nos permitirá una como digresión para ocu- 
parnos de este caballero, que tiene tanta relación con los 
hechos que ent6nces tenian lugar. 



* 



Al recalar en el puerto de Montevideo la espedicion de 
Bougainville, fué el capitán de un buque español, de parte 
del gobernador Viana, á ofrecer sus servicios de piloto. 
Así pudo entrar sin peligro, saludando la plaza en seguida 
con doce cañonazos, los que fueron contestados. 

Los primeros días se emplearon en hacer nuevos arre- 
glos con el gobernador de Montevideo, para conciliarse 
con él durante permanecía la espedicion en el puerto. 
Al principio encontraron muchas dificultades, tanto en 
permitirles la pesca por la costa, cuanto á dejar que abor- 
dase la lancha y canoa. El gobernador exigiaquese le 
diese aviso previo todas las veces que se quisiera mandar 
algunos hombres á tierra, á fin de poner guardia en el 
parage en que abordasen, ¡mra impedirles hacer co- 
mercio. 

No imaginando hallar esas dificultades,* álosdosdias 
de tocar puerto, se despachó de á bordo la pequeña canoa 
para pescar en el bajo del Cerro. Avisado el gobernador, 
dio orden, á dos dragones de la guarnición que se tras- 
ladasen alh para apoderarse de hombres, canoay mer- 
caderfas, si llegaban á desembarcar. Un instante des- 
pués de dada esta orden, de que se dio parte á Bougain- 
ville, se presentó éste con otros de la fragata El Águila 
en casa del gobernador, para manifestarle su sorpresa 
por tal orden. Este que no conocia bien el idioma fran- 
cés, hizo comprender á aquél, por medio de un intérprete, 
que no se hallaba dispuesto á prestarle todos los servicios 
que habia ofrecido y que los de la espedicion tenian lugar 



182 GOBERNANTES 

de esperar; lo que, con sentimiento, les hacia saber en 
cumplimiento de su deber. Entóneos Bougainville se 
espresó como sigue: "Señor, es muy duro para france- 
ses encontrar entre loS españoles, sus amigos, dificulta- 
des que no han hallado entre los portugueses con quienes 
estaban en guerra hace dos dias; voy á hacerme á la vela 
y daré de ello aviso al rey mi amo/' El gobernador con- 
testó que no era su intención dejar de atenderlos; pero 
que las leyes y órdenes de la Corte eran no dejar hacer 
comercio alguno á buques que no fueran españoles, ó au- 
torizados por la Corte para.su efecto, ni aun á los de 
sus compatriotas que fuesen ajentes de otras naciones; 
que habiendo una fragata de la compañia de las Indias 
tocado tres años antes en el mismo*puerto, no había 
manifestado ninguna dificultad en someterse 4 lo que él 
acababa de proponer. "Hay una gran diferencia,— replicó 
el señor de de Bougainville, — entre una fragata mercante y 
una de guerra. Nosotros no tenemos ningunas mercade- 
rías, y sólo hemos venido para tomar refrescos y esperar 
la fragata El Esfinge, de laque nos hemos separado, y á 
laque hemos dado cita en el Rio de la Plata." — "Desde que 
usted me responde que no se han de desembarcar mer- 
caderías, usted es dueño de venir á tierra. Pero siendo 
el uso estal^cído enviar un soldado por donde quiera 
que las canoas toquen en tierra, no tome usted á mal, le 
ruego, que yo me conforme; es por la tranquilidad de 
usted y la mia; porque no quiero que mi Corte tenga nada 
que reprocharme. Por otra parte, puede usted contar con 
la rectitud de mis intenciones; pues, independientemente 
de las órdenes que tengo para tratar á los franceses con 
los mismos miramientos que á los españoles, les tengo 
mucha inclinación." 

En seguida, el gobernador pidió ¿.Bougainville permiso 
para sacar copia de las órdenes que el rey de Francia le 
habia dado para el mando de las dos fragatas; porque 
tenia obligación de enviarla á la Corte de España con el 



DEL PARAGUAY 183 

informe de su recalamiento. Bougainville no tuvo incon- 
veniente en acceder á aquella exigencia, separándose en 
la mayor amistad. 

Lo que se acaba de referir es exatamente lo que se ha* 
practicado siempre en todo el Rio de la Plata y principal- 
mente en el Paraguay, hasta la caida del mariscal 

Lope2. 
Él gobernador Viana tenia mucha razón al obrar así, 

y dio sus razones á Bougainville que callamos por pru- 
dencia. 

Al regreso de la espedicion de éste á Paris, el mar- 
qués de Grimaldi, embajador de España en Francia 
hizo á aquel muchas preguntas sobre la conducta del 
coronel Viana pata con él y sus compañeros de viage; 
á las cualiiB contestó haciendo la debida justicia ó la pro- 
bidad del gobernador y á su adhesión á su príncipe. El 
embajador entonces confesó que los jesuítas y sus amigos 
habian enviado á Madrid memorias acusando á Viana 
para hacerle deponer, pero no lo consiguieron en vista 
de sa conducta acrisolada. 

En 1762, el gobernador Martinez Fontes celebró trata- 
dos de paz con los indios abipones, acordando con el ca- 
cique Deguachy el establecimiento de una reduc- 
ción en la costa del Rio Paraguay hacia la parte del 
Chaco en el parage denominado Timbó; y á fuerza de 
inmensos sacrificios y donativos de los vecinos los llevó 
á cabo, proporcionándoles los comestibles y herramientas 
necesarias para trabajar, peones para el cultivo de la 
tierra, casas para vivir y una iglesia bajo la advocación 
dé nuestra Señora del Rosario y San Caries de Timbó. 
Esta reducción, después de algunos años, volvió á quedar 
sin efecto, á causa de haberse retirado les indios de nue- 
vo á sus guaridas. 

Posteriormente, en 1764, informó al rey del estado de 
las nuevas reducciones de indios mbayáes y abipones, 
que se hallaban al cuidado de los jesuítas, pidiende se 



184 GOBERNANTES 

difíriera á las pretensiones del provincial de la misma 
religión en cuanto á las subsistencias de ambas reduccio- 
nes, mantención de los doctrineros ocupados en ellas y re* 
levacioq de mita y encomiendas á los indios. El rey, en 
vista de tal informe, contestó que para la formación de 
pueblos, mantención de doctrineros y demás gastos pre- 
cisos para ^stas reducciones, y otras que se hicieran de 
los indios que habitan el Chaco, se observase puntual- 
mente lo proveído por la real cédula de 12 de febrero del 
mismo año (1764); y en cuanto á la exención de encomien- 
das y mitas que se solicitaban, mandó que observándose 
con estos indios el contenido de la Ley 3, Tit. 5, Libro 
6? de la Recopilación de Leyes de Indias, fuesen exentos 
de ellas y- de los reales tributos por él término de diez 
años que en las mismas se dispone. ' • 






A pesar de todos los sacrificios hechos, los indios abi- 
pones no se avenian á la obediencia y sumisión bajo . los 
jesuitas y, aunque después de la espulsion de éstos, se 
puso en su lugar á don Lorenzo de la Torre, sujeto der to- 
da competencia, resguardado por un destacamento de 
tropas de españoles, huyeron los mas de ellos matando, 
y cometiendo toda clase de violencias y estorsiones. 

Martinez Fontes no llegó á terminar el período de su 
gobierno por haber fallecido, de aire perlático, el 29 de 
noviembre del mismo año (1764.) 

XLVn. DON FULGENCIO YEGROS Y LEDESMA 

« 

maestre de campo general, justicia mayor y capitán á 
guerra de la Provincia del Paraguay, en egercicio del 
gobierno en la Asunción durante la visita del gobernador 
Martinez Fontes, en 1762, á los pueblos de su cargo, y 
por fallecimiento de éste volvió á ejercer el mando guber- 
nativo á fines de 1764. Era hijo del Paraguay, hombre 
noble y adornado de bellísimas prendas naturales, suma- 



DEL PARAGUAY 185 

mente benéfico, de gran valor y espíritu militar, como lo 
probara en varias campañas que hizo contra los indios 
que hostilizaban la provincia. Sin embargo, no tuvo un 
gobierno tranquilo, por la grande oposición que se le ha- 
cia, habiendo sido la piedra de escándalo el nombramiento 
de don Bartolomé Larios Galvan para teniente de Curu- 
guatí. 

Su falta de tino para el manejo de los negocios públicos 
le* acarreó tantos disgustos y contratiempos, que solo 
empuñó el. bastón poco menos de dos años, habiendo teni- 
do que entregarlo, e! 29 de setiembre de 1766, á— 

1 766- 1 772— XLVm. CARLOS MORPHI, teniente coronel, 
gobernador y capitán general nombrado por el rey, por 
recomendación de Zevallos, de quien era patrocinado y 
por influencia de los jesuítas, á quienes favoreciera cuan- 
to le fué posible, dificultando las órdenes superiones al 
tratarse de su espulsion . 

En medio de todo, hay un hecho evidente, innegable y 
es que, después de la espulsion de los jesuítas del Para- 
guay, la propiedad material ha disminuido; muchas 
tierras cultivadas en otro tiempo, ya no lo estaba.n; 
numerosas localidades antes pobladas, no presentaban 
sino ruinas. Es necesario confesar, pues, q^ue á pesar 
de todos sus defectos, ellos supieron grabar en el ánimo de 
los pueblos el respeto á la autoridad, con tal poder que 
de todos los pueblos de esta parte de América, el del Pa- 
raguay ha sido el mas pacífico y el mas sometido al im- 
perio del deber. De esta circunstancia, los audaces tira- 
nos sacaron gran partido, contando con si^ docilidad, los 
lanzaron al sacrificio seguro y aun criminal, causando su 
arrojo espianto á la humanidad y atribuyendo al valor, de 
que no carecían, lo que no era sino una ciega obediencia, 
con violencia de la misma naturaleza, á sus insensibles 
mandones, obediencia á que los habian acostumbrado los 
jesuitas. Todos los pueblos han tenido y esperimentado 



186 QOBBRNANTES 

los escesos de un tirano, mas ó menos cruel, pero la 
existencia de uno que haya tolerado tres seguidos, solo 
puede citarse, como ejemplo, el Paraguay. 

En este aletargamiento de un pueblo consiste princi- 
palmente la conducta vituperable de los padres de la Com- 
pañia de Jesús, que, por sentimientos de puro egoismo 
abusaron de su omnipotencia, basada en las diarias 
prácticas y ceremonias religiosas en que cimentaron su 
imperio. Lo consiguieron, y se holgaban de ello, pero 
también hicieron desgraciado á un pueblo destituyéndole 
de su virilidad y condenándole á no poder protestar, en 
oportunidad, de la flagrante violación de las leyes divinas 
y humanas. Tras una mampara dereligon, abroquelában- 
se los jesuitas para cor.seguirde los pobres guaraníes lo 
que, estaban seguros, no habrían obtenido empleando la 
razón y el convencimiento, que les habian hecho compren- , 
der sus derechos de hombre. 



No hay, quizá, en el mundo, un ser mas inepto en los 
principios del cristianismo, que el indio. Sin capacidad 
de comprender verdades divinas, sin sensibilidad para 
elevar sus pensamientos al Cielo, sin madurez de re- 
flexión pafa creer con sinceridad en la existencia de un 
solo Dios, piensa tan poco en el estado futuro como en el 
presente. 

Los ejercicios religiosos de ostentación le sirven de di- 
versión; el repique de campanas, el canto de los salmos y 
el sonido de los instrumentos musicales, que frecuente- 
mente los acorppañan, la vista de iluminaciones y decora- 
ciones, todo parece cautivar al indio, pero, los catecismos, 
los sermones, las misas y las abstinencias, son para él 
objetos de tanto disgusto como intolerables. Su compor- 
tacion en la iglesia no prueba de ningún modo su asis- 
tencia allí por espíritu de devoción. 

Si en vez de fomentar su ociosidad, ó negarse á pagar 



DBL PARAGUAY 187 

salario á los que quisieran trabajar, los hubieran obligado 
? todo, sin escepcion, á la labor, á condición de procurarles 
comodidades como compensación; si hubieran estudiado 
á crear entre ellos necesidades artificiales, como para 
hacerles apreciar aquellas comodidades, se habría conse- 
guido indudablemente su civilización. Los trataron 
como animales feroces á quienes querían amansar; los 
guiaron como á niños, de quienes querían formar hom- 
bres. El sistema de escesiva indulgencia, que conve- 
nía- á la religión, no era igualmente conforme para el 
gobierno político. Siendo educados para una vida labo- 
riosa, los hombres se educan al mismo tiempo para ser 
buenos esposos, buenos padres y buenos cristianos; 
puesto que todas las virtudes sociales son compañeras 
naturales del amor ala industria. 

Las tiranías son una consecuencia natural y lógica del 
aletargamiento de un pueblo, completamente sometido á 
su tutelage. Todos convienen en que Francia, López, pa- 
dre é hijo, Rosas, Oribe, etc., etc. fueron tiranos, más 6 
menos crueles é inhumanos, y sin embargo no faltan 
hombres ilustrados que los endiosan y conceptúan su 
conducta arreglada á derecho y cuando menos á la época, 
como si una época dada pudiera jamas justificar una tira- 
nía. En efecto, son páginas negras de la historia de los 
pueblos á quienes cupiera la desgracia de tolerar su im- 
perio: son la consecuencia de los trastornos políticos ó 
.del talento de adormecer el espíritu público,, hasta conse- 
guir el completo dominio del pueblo. Como no hay cau- 
sa sin efecto, la del Paraguay está en el sistema de go- 
bierno jesuítico, continuado por Francia y los dos López, 
aunque algo]modificado por estos dos últimos; y como ese 
sentimiento se halla infundido desde la cuna, se requiere 
la desaparición de tres ó cuatro generaciones sucesivas» 



188 GOBERNANTES 

para que se borren sus huellas y se dé á cada cosa y per- 
sona su verdadero nombre. 

Cuando el teniente gueneral Bucareli y Ursua remitió á 
España los papeles embargados á todos los indios de ^la^ 
Compañia de Jesús, no iban incluidos los del Paraguay, 
porque el gobernador Morphi arbitró con los espulsos la 
confusión de los papeles, á pesar de habérsele recomenda- 
do su colección y remisión á Buenos Aires; contrariando 
asi la instrucción á que debia arreglar sus operaciones. 

Su falta de subordinación y haber consentido el estable- 
cimiento de una colonia de portugueses en las riberas del 
Gatimi, cuando pudo haberlos desalojado en tiempo muy 
fácilmente, según le previno Bucareli, ofreciendo practi- 
carlo sin haber dado cumplimiento, hicieron se le instru- 
yese un proceso por su mal proceder. Aun tuvo alterca- 
dos con el obispo de Buenes Airus, don Manuel de la Torre 
acusándose uno á otro, como que era, éste enemigo y 
aquél amigo de los jesuitas. Bucareli tenia orden del rey^ 
de formar causa á Morphi, si encontrase motivos justos, 
arrestarle y enviarle en partida de registro, subrogando 
quien llenara su puesto. 

Apesar de todo, no se puede negar que el gobernador 
Morphi supo hacer respetar el principio de autoridad 
que estaba harto relajada, porque todos querían poseer 
mando y nadie obedecerá. 

1772-1778— XLIX. CORONEL AGUSTÍN FERNANDO 
DE PINEDO, entró á gobernar en 1772, hasta principios 
de 1778 que fué promo\«<lo á presidente de la audiencia de 
Charcas. 

Los paraguayos le aborrecian por su fatuidad y satírico 

modo de tratar, como también por la violencia en ejecutar 
sus determinaciones. Parece que no tenia muchos estu- 
dios, pero era de aquellos talentos claros, despejados y 



DEL PABÁGÜaT Í89 

felices que penetran en lo futuro y ven mas allá de lo que 
alcanzan los hombres comunes. En efecto, desdQ Irala á 
él, no ha habido otro gobernador de luces tan claras, ni 
que estuviese tan bien impuesto en los intereses verdade- 
ros de la Provincia, reuniendo átodo esto el valor y atrevi- 
miento para poner en práctica las ideas mas sabias y pru- 
dentes contra la opinión general que las juzgaba temerarias 
en estremo. Concibió que su provincia no podia jamás 
florecer, si no tomaba mayor estension y dominaba las 
costas del Rio Paraguay, para conducir por él la yerba 
con pocos fletes y evitando los costos enormes de conduc- 
ción que tiene la que se beneflciaba en Curuguatí y Care- 
mú 6 vertientes del Paraná. 

Para poner en práctica sus altas ideas, fundó en las 
costas de abajo de Remolinos, de cuyas resultas no solo 
echó de ellas á los bárbaros que las poseian haciéndolos 
pasar al Chaco, (1) sino que se estendieron los españo- 
les desde la Villeta á Corrientes y se fundó entonces la vi- 
lla Ñeembucú. Pero como sus principales pensamientos 
se dírigian costa arriba, juntó gentes y familias con violen- 
cia, y embarcándose con ellas, subió rio arriba con ánimo 
de fundar una villa en la costa del Rio Paraguay, en la 
latitud de 22^ 4' que es donde emboca en él por la orilla 
oriental el Rio Corrientes, llamado por los mbayáes Appa^ 
y no lejos de la reducción que el padre J. Francisco Men- 

(1) Para tener ¿ los indios contentos y sosegados, el cabildo de la 
Asunción, en acuerdo de 1*^ de jtinio de 1776, prometia que del tesoro de la 
provincia se contribuiría al cacique principal don Atazurin Nasac, gene, 
ral de varías naciones de indios que habitaban el Gran Chaco, en demos 
tracion del aprecio y estimación que de él y los suyos hacia la provincia 
con lo siguiento: Chupa jfcU<meada^ calzón respectivo^ sombrero galoneado^ ca- 
misa y ealMonciüo bUmeo^ poncho balandrán y un bastón con puño deplata cor- 
respondiente ¿ su persona. Y ¿ otro cacique de su parcialidad Peley- 
sogur y ¿ los demás que le acompañaban, se regalaría de igual modo. 

Si los que firman el acuerdo no fueran personas serías, creeriamos que 
se trataba de regalar un trage de disfraz para cdguna comparsa de másca- 
ras, para lo que no tenia precio el del cacique principal tanto por su 
originalidad como por su invención. 



190 GOBERNANTES 

dez, franciscano, habia fundado á los mbayáes en 1760, con 
el nombre de Nuestra Señora del Refugio de Egu¡lahig(^ 
Así estaba la cosa determinada por el gobernador y dicho 
padre Alendez; pero cuando llegó la espedicioo al trópico 
deCapriconio, se amotinó la gente apoyada en un regidor 
que iba en calidad de diputado del cabildo, j después <io , 
muchas controversias tuvo que ceder el gobernador y con- 
venir en que se fundase en la costa oriental del Rio Para- 
guay, distante un décimo de milla del rio y seis de la embo- 
cadura del rio Ipané con 23^* 23' 8" de latitud observada y 
O* 28' 20" de longitud. Entonces llamó el gobernador á 
todos, y habiéndoles esplicado sus bellas intenciones, les 
pronosticó que antes de muchos años llorarla sm frutóla 
provincia por haberse opuesto á 1») que él quería (1). To- 
dos comprendieron que el gobernadoi Pinedo tenia razón 
porque conocieron que los mejores que hay de allí á Bue- 
nos Aires son los que se hallan entre el rio Ipané y ei* 
Appa ó Corrientes y que los minerales de yerba mas 
cómodos eran los de Concepción é Iguamandiyú. Si se 
hubieran llevado á cabo las sanas intenciones de Pinedo, ó 
no áe hubiese abandonado la reducciou del Refugio, di- 
chas tierras quedarían por el Paraguay y muy modificada 
la cuestión de límites con los portugueses ó sus suce- 
sores. 

El gobernador Pinedo en 31 de mayo de 1773 , con gente 
forzada, fundó la Villa Real de la Concepción, y ocurrida 
la independencia de la Asunción de la dominación españo- 
la, se denominó solamente Villa de la Concepción. Dista 
ochenta leguas de la Asunción y está situada sobre el rio 
Paraguay aguas arriba á los 23** y 38'. Su territorio se es- 
tendiaal Norte hasta el rio Appa; al Sur hsLSia. Ipané y al 
Este hasta las Cordilleras, que dividen las tierras desiertas 
del Paraná. Al poco tiempo se aumentó su población de 
tal manera, que llegó á ser el emporio del Paragaay. 

Fundó también la Villa Franca de Remolinos sobre el 

(1) Viag^a inO/Uos de Azaira^ por el general Mitre. 



DBL PARAGUAY 191 

río Paraguay á distancia de treinta y cuatro leguas de la 
Asunción, en la costa abajo; la cual de resultas de haberse 
anegado en una inundación que en los campos de costa 
abajo hubo en 1835, á causa de las exorbitantes crecientes 
de las lagunas de Igpoa, Carñabe^ Suubü y Tebicuari, 
se trasladó al parage denominado Los Yesos, dos y media 
leguas mas abajo de su primitiva población: desde enton- 
ces se le llamó Villa Franca. 



CURIOSA DESCRIPCIÓN DEL CHACO 

HECHA POR UN FRAILE MISIONERO 

En el Convento de San Francisco de Catamarca hemos 
encontrado entre los manuscritos que habia dejado un 
fraile» la curiosa descripción del Chaco que damos á 
contin nación. 

Los lectores del "Progreso" (diario de Córdoba) encon- 
traran sencillas pero interesantes descripciones de lo que 
es el estenso é inesplorado territorio del Chaco, en qué 
tiempo se descubrió y las ^níradoí ó espediciones que se 
hicieron alli, en 1710, con fuerza de Santa Fé* Catamar- 
ca, Santiago, Salta y Jujuy. 

Habiendo'obtenido una copia de esa descripción hecha 
por un fraile misionero, la publicamos tal cual está en el 
original que queda en el convento de Catamarca, 

CHACO — Provincia del Reino del Perú, llamada el 
gran Chaco, es un dilatado territorio, que por su parte 
oriental tiene por limite el rio Paraguay, confinando por 
el N.E. con la de Santa Cruz de la Sierra, por el O. to- 
ca otras muchas provincias, que están situadas N-S., 
como son las de Misque, Fomiiia, Pomabamba, Pilaya, 
Paspaya, Tarijay Tucuman; porel S. se dilata hasta la 
jurisdicción del gobierno de Buenos Aires, que es por 



192 OOBEBNANTES 

donde mas se estrecha; hacia el N. tiene mas de ciento cin 
cuenta leguas de Oriente y Poniente, y doscientas cincuen-" 
ta de largo de Norte á Sud, aunque para andar estas dis- 
tancias es necesario muchos meses por la fragosidad y 
aspereza del terreno. 

Llamase Chaco, 6 con mas propiedadad Ohacú, que en 
lengua Quichua, significa Junta ó compañía, porque allí 
se juntaban los indios de machos países, huyendo de las 
conqui^s délos Incas, y después, délos españoles. 

Tiene unas serranías hacia el Poniente, que son ram^s 
de la cordillera, en que por su grande altura se esperi- 
menta mucho frió, pero en lo bajo, que por lo general la 
tierra es llana, el temperamento es calido. 

Está lleno de espesos bosques, y en muchas partes es 
pantanoso y húmedo, particularmente hacia la parte orien- 
tal al dirijirse al Paraguay. 

En tiempos de agua que son, muy abundantes desde 
noviembre hasta abril, salen los ríos de madre, y forman 
muchas lagunas, que unas se secan, jotras permanecen; 
tiene esta provincia algunos rios de consideración como 
el Salado y el Bermejo, y es uno de los territorios mas 
fértiles de la America, que si estuviese cultivado lograra 
con abundancia las utilidades, que hoy son desperdicios 
de infinitas naciones bárbaras, que lo habitan, y aun asi 
abunda de muchas cosas, come multitud de maderas, y 
árboles frutales, que son nogales, cuyas nueces, aunque 
diferentes de la de Europa, son muy sabrosas, hermosos 
cedros, quebrachos, asi llamados por su dnreza, guaya- 
canes, algorrobos, marius, palmas que algunas tienen 
mas de treinta varas de alto, almendros, cacaos, ceibos, 
que son muy grandes, y crian en su capullo una lana muy 
suave, que usan para colchones, porque no puede 
hilarse. 

También hay algodonales, mistóles, de cuyos corazones 
hacen los indios dardos y macanas, aromas, zarzafra- 



1>EL PAttAGüAY 193 

ees, quina, y otros árboles, que llenen la corteza interior 
tan delicada y blanca, que alguna vez ha servido de papel 
para escribir, otros, que á una ó dos varas de alto forman 
una barriga como una pipa, es de muy fuerte corteza, y 
cortan aquella parte, que hueca, luego sirve de vasijas, 
en que guardan la chicha, y llaman á este árbol palo bor- 
racho. También se crian en este país cañas para basto- 
nes, tan finas como las de Asia. 

En los troncos de los árboles, y huecos de las peñas y 
debajo de la tierra, hay miel y cera de muchas abejas de 
que cuenta doce clases diferentes; la miel, ademas de ser 
trasparente, tiene mucha fragancia y delicada dulzura; 
otra hay tan agria como zumo de limón cocido. 

Una de estas especies de abejas fabrican con grande 
artificio admirables colmenas de barro en las ramas de 
los árboles de la figura de un cántaro, y tan duras, que 
aunque caigan al suelo, no se rompen, y allí hacen sus 
panales deesquisita cera y sabrosa miel; (se llaman lechi- 
guanas, valas, caimanes.) 

Los árboles frutales, que producen son naranjos, cidras, 
limones, manzanas, chirimoyas, granadillas, melocotones, 
higos, nueces, ciruelas y aceitunas, que se han propagado 
de la ciudad de Santiago de Guadalcazar, palmas, que 
dan unos cocos, que tienen dentro veinte y cinco almendras 
cada uno, cuyo sabor solo difiere de las de Europa, en 
que saben algo acoco, y son mayores. 

Hay una planta, que llaman Chaur con pencas como la 
sábila^ de la cual hacen hebras semejantes al cáñamo, para 
fabricar redes, bolsas y algunos tejidos toscos: su raiz sir- 
ve de alimento á los indios, y lo mismo las yucas, camotes 
ó batatas ú otras. 

Hay innumerables aves, palomas silvestres, patos, gar- 
zas, pavos monteses,* faisanes, calandrias, cuervos, cón- 
dores, perdices, halcones, cisnes, piriguanas, avestruces, 
papagallos, loros, y una que ¡mita perfectamente el ór- 
gano, y otra la trompeta. 

14 



194 GOBE&KANTES 

También hay muchos animales cuadrúpedos, muías y 
caballos montaraces, álgun ganado mayor y menor, antas, 
que llaman gran bestia, guanacos, vicuñas, llamas 
6 carneros de la tierra, ciervos, osos, javalles, nutrias, 
tigres, gatos monteses, zorras, zorrinos, tortugas igua- 
nas, y otros muchos, que todos son pasto de la vora- 
cidad de aquello^ indios. 

Se crian también en esta provincia muchos insectos 
como son alacranes, víboras, culebras de muchas espe- 
cies y de dos cabezas, y de cascabel, ardillas, mocamu- 
cas, ampalaguas, que en otras partes llaman boas, son 
diformes, y con su aliento atraen á los animales pequeños, 
hay quirquinchos de varias especies, cucuyos 6 lucernas, 
mucha variedad de mosquitos, arañas pequeñas y gran- 
des sumamente venenosas, que tejen hilo muy fuerte, y, 
beneficiadas, dieran mucha seda, langostas, que los indios 
las comen secas y frescas, hormigas, cuyos hormigueros 
son peligrosos á los hombres y caballerías por sus pro- 
fundas cuevas, se mantienen de hojas de árboles y de in- 
sectos, y acometen muchas juntas á una langosta, víbora 
6 sapo, y en algunos pueblos entran á las casas como un 
ejército asaco, y la limpian de todo insecto y sabandija, 
no dejando rincón que ng registren, para consumir 
cuanta carne encuentran, y apenas ha concluido una ban- 
dada viene otra, y es arriesgado inquietarlas, porque aco- 
meten y muerden con grande osadía, dando mucho 
dolor. 

No tiene minerales algunos, aunque dicen, que antigua- 
mente los trabajaron los indios, y solo se descubrió poco 
ha uno de hierro, que al principio se creyó fuese de oro. 
Este dilatado y ameno país, está habitado de multitud de 
naciones de indios infieles y de bárbaras costumbres. 

Descubriólo casualmente Juan de Baños, natural de Chu" 
quisaca el año 1586, encomendero del pueblo de Yala, (Ju- 
juy) que advirtiendo, que á temporadas se huia de él un in- 
dio y volvia, preguntando á donde iba, respondía que á 



DEL PARAGUAY 195 

Chacú, y de éste se adquirieron las primeras noticias con^ 
las cuales se intentaron las primeras conquistas ó entradas, 
primero Martin de Ledesma, luego Juan Manso, don Pedro 
Lazarte y el último don Cristóvalde Sanabria en diferentes 
tiempos, pero todo sin efecto. 

San Francisco Solano entró á predicar á estos infieles, 
y redujo á algunos, que luego volvieron á la idolatría, y 
los regulares de la Compañia se encargaron desde el 
año de 1587 de su reducción, siendo el primero, que entró 
á predicarles el P. Alonso Barzana, llamado apóstol del 
Perú, y lo continuaron después muchísimos, que funda- 
ron siete pueblos. 

Los habitantes de toda la provincia se reputan por mas 
de cien mil. 



Ríos DEL CHACO 

RIO SALADO— Nace éste en el valle de Calchaqul, ju- 
risdicción de Salta; rodea todo el Chaco y se llama tam- 
bién de Choromoros; porque pasa por la sierra de este 
nombre; después el del Pasage, porque está en el camino 
que vadeTucumaná Salta, y es muy temido por su ra- 
pidez, poco después se llama de Balbuena porque pasa 
por donde está vedado el presidio de este nombre, des- 
pués pasa por Esteco, aquí cerca se le junta el de las 
Piedras, y nueve leguas mas abajo se le juntan el Marmo- 
lejo y el Yatasto: pasa por Santiago del Estero, en donde 
otra vez se le junta el del Salado, y sigue con él hasta que 
entra en el Paraná por Santa Fe. 

BERMEJO— Nace en el Perú (Alto ó Bolivia) pasa por 
la jurisdicción deTarijay su valle de Salinas, pasa por 
Guadalcazar; de aquí abajo se le van juntando muchos 
ríos, y al entrar el Quintiguigui ya le llaman Rio Grande, y 
noventa leguas del Guadalcazar entra en el del Pa- 
raguay y bañando treinta leguas antes la ciudad que fué de 



196 GOBERNANTES 

'la Concepción: entra en frente de la ciudad de las Cor* 
rientes. 

Desde Guadalcazar, que dista setenta leguas del Potosí 
es navegable hasta su entrada en el del Paraguay, y según 
esta cuenta no dista Potosí de Corrientes sino ciento se- 
^ senta leguas. 

' PILCOMAYO — Nace en la provincia de las Charcas, 
pasa por los valles de Manso; pasados éstos se divide en 
dos brazos como ochenta leguas antes de entrar en el del 
Paraguay; el uno entra junto á la Asunción nueve leguas, 
y el otro seis leguas mas abajo, frente de la nueva villa 
de San Fernando quince leguas de la Asunción. 

AÑO DE 1710 
Siendo capitán general del Tucuman el señor don Es- 
teban- de Urizar y Arespocachaga, caballero de Santiago 
y maestre de campo de infantería española, hizo una 
entrada general al Chaco, convocando las fuerzas de su 
jurisdicción á nombre del virey de Lima, conde de Le- 
musy llamando á todos los gobiernos, que circundan el 
Chaco y contribuyó cada ciudad con lo siguiente: 

El tercio de Catamarca al mando de su teniente go- 
bernador don Esteban de Nieva y Castilla ciento treinta 
y siete españolesy sesenta y cinco indios. — El de Santia- 
go del Estero al de don José López Velazco de ciento 
sesenta y nueve españoles y ciento tres indios. — El de 
Tucuman comandado por su maestre de campo y castella- 
no del presidio deEsteco don Antonio Alurralde se com- 
ponía de ciento sesenta y tres españoles y ochenta y un 
indios. — El de Salta al mando del maestre de campo don 
Fernando Leisperguer y Aguirre ciento cincuenta y cinco 
españoles y ciento cincuenta y tres indios. — El de Jujui 
al mando del maestre de campo don Antonio de la Ti- 
jera con ciento sesenta y un españoles y ciento ocho 
indios. 
La Rioja una compañía, que se agregó á Catamarca, 



DEL PAEAGÜAY 197 

—Tarifa entró con su gente: no dice el número. — Santa 
Fé con trescientos españoles por el Valle de ' CalchaquL 
Corrientes con doscientos por el Rio Bermejo— Asunción 
por la frontera dp su jurisdicción. 

Llegaron hasta el Rio Grande por varios puntos: en 
todos derrotaron al enemigo; hicieron muchos prisione- 
ros, que se destinaron á Córdoba, Buenos Aires y otros 
puntos, tierra adentro. Se redujeron las do s naciones de 
Isistiné y Lules: se hizo un presidio en el Rio de Bal- 
buena, y á la sombra de éste se establecieron las dos 
naciones. La Málvala también se rindió y estableció en 
dicho rio, pero á poco tiempo fué preciso por su incons- 
tancia retirarlos hacia Buenos Aires. La nación Ojotae 
serindió al tercio de Jujuí; y se estableció cerca del pre- 
sidio de Ledesma. 

(Es copia del original.) 

("El Progreso" de Córdoba del 5 de octubre de 1877.) 



1778-1785— LL. DON PEDRO MELÓ DE PORTUG.\L 
Y VTLLENA, teniente de dragones del regimiento de Sa- 
gunto, recibido del gobierno el 1? de febrero de 1778, pero 
no obtuvo nombramiento del rey sino el 22 de agosto de 
1783. 

A Meló se debe la fundación de algunos pueblos como 
San Pedro de Icuamandiyú (pozo de algodón) y Rosario 
de Cuarepotl, con la idea de defender la costa y fomentar 
y protegerlos yerbales, camo resultado de haber fundado 
su antecesor Pinedo, el 31 de mayo de 1773, la Villa Real 
de la Concepción. 

Fundó igualmente por el año de 1780 á 1781, con gente 
voluntaria, á distancia de 50 leguas de la Asunción, la 
Villa del Pilar de . Ñeembucú, que * está á los 27? 32' 2" 
sobre el rio Paraguay y Ñeembucú, el cual nace de los 
grandes esteros de Ñeembucú y Yacarl y desagua en el 
Paraguay, en cuya confluencia está situada dicha villa. 



198 



GOBERNANTES 



Confina con Corrientes, y la divide de aquella comarca el 
gran rio Paraná que dista del Pilar veinte leguas poco 
mas 6 menos. Sus límites son al Norte, el rio Tebicuariy 
al Nordeste el rio AguarcU y al Este confina con los ter- 
renos del pueblo de San Ignacio Gruazú. 

Regularizó los verdaderos límites de los antiguos po- 
seedores de tierras mejorando las poblaciones existentes. 
El 16 de febrero de 1779 habia espedido un bando ha- 
ciendo saber á todos los vecinos que los que quisieran 
poblar los pasos de Curupaitl y Humaitá, que eran los 
puntos que mas frecuentaban los indios infieles, para 
hacer sus irrupciones contra la provincia, se presentasen 
al gobierno pidiendo licencia, y que á su tiempo se daría 
la plata de la población y se repartirían los terrenos por 
merced. 

Mediante sus acertadas providencias, con el estable- 
cimiento de Ñeembucú, consiguió sujetar los guaicurúes 
que tanto molestaban los pueblos mas inmediatos al Para- 
guay, no quedando el menor recelo de invasión en dichos 
puntos. En 1782, fundó, á pedido de los indios que 
querían ser instruidos en la religión cristiana, una nueva 
reducción de tobas, en el partido de San Antonio costa 
abajo, ala parte del Chaco, proveyéndolo de lo necesa- 
rio, hasta el establecimiento de una estancia para su sus- 
tento, casas, iglesia y un doctrinero catequista que ío 
fué el padre fray Antonio Bogarín. Este mismo sacer- 
dote sirvió de cura catequista en otra reducción, fundada 
más tarde en el lugar denominado * * Naranjales" en el mis- 
mo Chaco. 



En vista de que habia oficiales superiores en la provin- 
cia, propuso al virey y éste elevó la propuesta al rey, la 
conveniencia de la supresión de los maestres de campo 
reemplazándolos por coroneles, lo que el rey aprobó por 
real orden de diciembre de 1779. 



DEL PARAGUAY 199 

Debido á sus escelentes servicios, Meló fué ascendido 
á teniente general, y mas tarde (1795) promovido á virey 
del Rio de la Plata, habiendo sido el quinto, hasta que 
habiendo pasado á la Banda Oriental, en este último ca- 
rácter, contrajo una grave enfermedad de la que dejó de 
existir en el pueblo de Pando el viernes santo (15 de abril) 
de 1797. 

1785-1796— LI. DON JOAQUÍN DE ALÓS Y BRÚ, 
espitan que habia sido del regimiento de infantería de 
Aragón, caballero del hábito de Santiago y corregidor de 
la provincia de Chayanta ó Charcas, corregimiento del 
Perú, nombrado gobernador en 1785. 

Con motivo de la sublevación acaecida en la provin- 
cia de Chayanta se declamó contra la conducta y versa- 
ción de su corregidor don Joaquin de Alós, lo que dio 
mérito para separarle de ella y formarle un proceso, y 
atentos los descargos y satisfacciones que éste diera á 
todo, exhibiendo documentos en su corroboración, y de 
lo que constaba de la pesquisa é informe practicados en 
el asunto por el presidente de la Plata, don Ignacio de 
Fiorez, el virey Vertíz espidió, en Montevideo á 12 de ma- 
yo de 1783, una sentencia declarando á Alós por libre de 
los enunciados cargos y á las representaciones que con- 
tenian contra su honor y buen nombre, y como tales indig- 
nos de toda fé y crédito. En consecuencia, se le alzó el 
arresto qué sufriera y declarándole por buen servidor al 
rey, acreedor áque se colocase en mayores empleos, para 
que, por este medio, pudiesen redimírsele los crecidos 
daños, atrasos y perjuicios que se le habian ocasionado. 
No solo se le restituyó ala provincia de que era corregidor 
sino también, informado el rey de sus méritos y servicios 
le promovió á gobernador del Paraguay, en cuyo puesto 
continuó con su habitual exactitud y celo. 



* 



En 1792, estableció, fuera de otros fuertes, una forta- 



200 GOBEBNAirrES 

lezaen la frontera del norte, para vigilar y contener cual- 
quier avance ó usurpación del territorio paraguayo; y con- 
secuente con el fin de demarcar el verdadero límite de la 
provincia, despachó, con gente y todo lo necesario, al 
comandante don José Antonio Zavala y Delgadillo, quien 
planteó el fuerte denominado Borbon, hoy Olimpo, en la 
banda occidental del Paraguay, á la altura de 21 grados, 
en el lugar de los Cerros "Tres Hermanos," poco mas 
abajo de la embocadura del Rio Blanco, sobre la frontera 
de Matto-Grosso; y en el mismo año quedó concluido y 
ocupado por una guarnición paraguaya. Apenas vie- 
ron los portugueses fundado este fuerte, cuando el gober- 
nador de Matto-Grosso reclamó contra este estableci- 
miento, como una- infracción del tratado, que lo prohibía. 

Durante la administración de Alós se dio principio á la 
incorporación, á la provincia de su mando, de las reduc- 
ciones de San Ignacio Guazú, Santa Maria de Fé, Santa 
Rosa, Santiago, San Cosme, Itapuá, Jesús y Santísima 
Trinidad, pertenecientes á las estinguidas Misiones, las de 
Candelaria, Loreto, San Ignacio Miní y Corpus. 

Las parroquias de San Juan Bautista, Guazú-cuá y Ya- 
bebiri fueron agregadas á la Villa del Pilar, bajo cuya ju- 
risdicción quedó el partido de Laureles, fundado por el 
mismo Alós en 1790. 

Fundó igualmente el fuerte de Tacuara en la costa 
baja oriental del rio, así como otras fortificaciones para 
resguardar el territorio de toda clase de peligros de los 
indios del Chaco que invadían y cometían depredaciones 
en los pueblos de San Ignacio, Santa María, Quiquió y 
Quiindí. 

Para hacer cesar las incursiones de los indios, se 
hizo entonces merced real de tierras á nuevos pobladores, 
dotándose las fortalezas de Curupaití, Humaitá, Tacuara 
y Villeta en la parte de abajo de la costa oriental y las de 
Peñón, Manduvirá, Cuarepotí y otras en la parte de ar- 
riba. 



DEL PABAGÜAY 201 

Entre los servicios del gobernador AI6s figura al de 
haber ordenado un reconocioiiento por tierra para esta- 
blecer definitivamente un camino el mas recto y cómodo 
que fuera posible entre Corrientes y las capitales del Tu- 
cuman. Diose este encargo al teniente coronel don José 
Espinóla (1794), trasportándose éste de la Asunción á 
Corrientes, y desde allí emprendió su viage hacia Salta, 
acompañado del sargento mayordon Cristóbal Insaurralde, 
el comandante don Manuel Piris y un destacamento de 
milicianos correntinos. Espinóla cruzó el Chaco, cos- 
teando el rio Bermejo y empleando veinte y cinco dias des- 
de el Paraguay hasta el presidio principal de San Fernan- 
do del Rio del Valle. De allí pasó á la hacienda de la Viña 
(inmediaciones de Salta^, donde conferenció con el coronel 
Cornejo sobre los objetos de su comisión, dirijiéndose á 
Salta y Jujui. Inmediatamente regresó de este último 
punto á Corrientes, con el objeto de rumbear otro camino 
mas recto que el anterior. 

1 796- 1 808— LH. DON LÁZARO DE RIVERA Y ESPINOSA 
DE LOS MONTEROS, ex-gobernadordeMojos, nombrado 
en abril de 1796, y el primer acto de su gobierno fué man- 
dar levantar el censo de la población del Paraguay que 
hizo elevar el número de habitantes á noventa y siete mil 
cuatrocientos ochenta, cincuenta y tres parroquias de blan- 
cos y mestizos, catorce reducciones de indios y tres 
pueblos de mulatos libres. 

Miró con sumo interés la suerte déla provincia de su 
mando persiguiendo y castigando á los indios mbayáes y 
á los guaicurúes. Estableció escuelas primarias, las 
cuales eran dirigidas por preceptores legos que enseñaban 
á leer, escribir y contar, bajo la vigilancia de los curas. 
Los padres de los niños estaban obligados á enviar sus 
hijos varones á la escuela, desde la edad de seis años, 
y cuando la distancia era de consideración, lo que sucedía 
con frecuencia, iban á caballo. El catecismo era el único 



S02 GOBEBNANTES 

libro que se usaba. Seguíase en la escuela el método 
lancasteriano; los niños mayores enseñaban á los meno- 
res, y todos aprendían á escribir en tablillas de un polvo 
resinoso, sobre el cual se señalaban las letras con un pun- 
zón de madera. Cada niño tenia obligación de llevar á 
la escuela un saquito con ésos polvos, para cuando fuese 
necesario borrar las letras. 



* 



Invadida la Villa de Concepción por los indios mba- 
yáes, Eivera envió una espedicion al mando del coronel 
del regimiento de milicias de costa abajo, comandante 
político y militar de Villa Real, don José Espinóla y 
Peña, quien consiguió escarmentarlos de un modo san- 
griento y como para que no repitiesen sus invasiones. 
Este triunfo, agregado áotro, que el mismo Espinóla habia 
obtenido poco después sobre los guaicurúes que se habian 
sublevado, dló tal prestigio al gobierno de Rivera que los 

charabanaés, hostilizados por los portugueses, quienes, 
abandonando sus hogares, se adhirieron al Paraguay. 

La nación guaicurú es una de las más famosas en las 
historias y en las relaciones de esas comarcas. Ella era 
también una de las mas numerosaSj y, quizá, la mas fie- 
ra, la más fuerte, la mas guerrera, y cuyo talle era de 
los más grandes. Habitaba el Chaco, casi en 'frente de 
la Asunción: su lenguaje era muy gutural, y diferente de 
todos los otros: ella no cultivaba la tierra, y vivia de la 
caza. De esta nación, tan arrogante y tan poderosa, no 
existía á fines del siglo pasado mas que un solo hombre, 
el mejor proporcionado del mundo, alto de seis pies siete 
pulgadas: tenia tres mugeres, y por no hallarse en una 
gran soledad, se reunió á los tobas, cuyo vestido y modo 
de pintarse habia adoptado. El esterminio deplorable de 
esta valiente y soberbia nación no proviene solamente de 
la continua guerra, que ella no cesó de hacer á los espa- 



DEL PABAGÜAT 203 

ñoles y á los indios de toda especie, sino también de la? 
costumbres bárbaras adoptadas por sus mugeres, que se 
hacian abortar, no conservando mas que su último hijo. 
Las mugeres 'de los guaicurúes, como las de los mba- 
yáes, se prostituyen fácilmente; pero lo que habia de 
mas singular es que ellas hubiesen adoptado la costumbre 
bárbara y casi increíble de no criar cada una mas que un 
hijo 6 una hija, y de matar todos los otros. Ellas con- 
servaban ordinariamente el último de que hayan sido em- 
barazadas, cuando ya presumian no tener mas en ade- 
lante, atendida la edad y el estado dé sus fuerzas. Si ellas 
se engañaban en su cálculo, y concebian un nuevo fruto 
después del que habiañ conservado, mataban al último. 
Algunas se hallaron sin hijos, porque creyeron fuera de 
tiempo, que hablan de tener 'algún otro. , 

Se debe asi mismo presumir, qne es entre los guaicu- 
rúes que este uso inaudito tomara origen antes que alguna 

otra nación lo conociera, esto es á lo menos loque inclina 
á creer su destrucción total. 

Sinembargo, según el doctor don Pedro Somellera, fué 
Espinóla el principal instrumento de las violencias del 
gobernador Rivera, porque en cuanto él podia, no escu- 
saba practicarlas. 

En 1798, Rivera, con las mismas tribus emigradas á- 
cuyo encuentro saliera, fundó la población de San Juan 
Nepomuceno. 

No obstante, habia en la provincia del Paraguay un 
abuso inveterado que se pretendia hacer subsistir como 
ley inviolable, y era el siguiente. Con el aparente pre- 
testo de ser provincia fronteriza del Brasil y del Chaco se 
reputaron por soldados á todos los hombres establecidos 
en el Paraguay, y cuando los gobernadores quisieron 
por una razón 6 por otra invadir el territorio indio, ó fingir 
espedicion contra ellos, convocaban el número de hom^bres 



204 GOBERNANTES 

que les sugería el fin que se proponían con el irregular 
procedimiento de obligar al que no podia, que pusiese per- 
sonero ó diese cierta cantidad en dinero. Esto lo hacian 
los gobernadores sin estar autorizados para ello, sin espre- 
so permiso de la capitanía general, residente en Buenos 
Aires; sin contar con otros perjuicios como el de hacerse 
por lo menos sospechoso de la mala inversión que se hi- 
ciera en percibir contribuciones indebidas. 

El gobernador Rivera se empeñaba en aparentar la 
necesidad que tenia la provincia de una incesante defen- 
sa y la presión de que ningún hombre podia distraerse del 
servicio militar, haciendo decir á sus comandantes lo que 
él quería para fundar sus informes. Los cultivadores 
del tabaco se oponian al servicio militar por considerarse 
exonerados, en virtud de la visita practicada por el ins- 
pector respectivo. El número de éstos llegaba á unos 
quince mil hombres, cuando la provincia del Paraguay 
contaba como ochenta mil almas, cuyo guarismo pre- 
tendía sofísticamente reducir á nada. 

Desde mucho tiempo atrás, se estuvo exigiendo, en 
esta provincia, un derecho denominado de guerra, deque 
no tenian conocimiento los tribunales de hacienda ni el 
gobierno general. Han tenido buen cuidado los intenden- 
tes de provincia de llevar adelante este abuso con tanto 
secreto que no pudieron cortarlo las autoridades supe- 
riores. 

Para justificar la inversión de tal derecho, se llevaban 
incursiones al Chaco, tan inútiles como perjudiciales, 
obligando á los indios á ser enemigos; cuando si se pro- 
curase atraerlos con agrado, disimulándoles algo y pro- 
porcionándoles reducciones que tantas veces pidieron, se 
habría conseguido su total sometimiento. Pero esto no 
convenia á los intereses de aquellos intendentes, sino en 
incomodar á esos habitantes, ó exijirles una contribu- 
ción general. 

El Cabildo de la Asunción del Paraguay habia elevado 



í 



DEL PARAGUAY 605 

SU queja al rey en 29 de mayo de 1776, durante el gobier- 
no de Pinedo, y aunque el rey espidió su real cédula de 18 
de setiembrede 1778, pidiendo informe al vi rey de estas 
provincias, éste, por una causa ú otra, jamas dio cum- 
plimiento á esa orden. El hecho es que la provincia del 
Paraguay se hallaba, por el abuso de estas exacciones, en 
un estado de esclavitud. 

Los ramos de real hacienda en eí Paraguay no se ha- 
llaban en el orden regular de cuenta y razón hasta el 
punto de que un dependiente de la tesorería general, Fé- 
lix Gallardo, falsificase libranzas de los ministros de ha- 
cienda, muchas y repetidas veces en varios años, as 
cendiendo á la suma de mas de noventa mil pesos. 



* 



El virey del Pino, que prestaba una decidida protección 
al periódico Semanario de Agricultura^ Industria y Co- 
mercio^ dirijió circulares á todos los intendentes de pro- 
vincia, acompañando ejemplares del prospecto de dicho 
periódico y recomendándoles hiciesen propagar sus útiles 
conocimientos á los pobladores de sus provincias. El 
del Paraguay, Rivera, aceptó tan de lleno el noble senti- 
miento que guiaba al virey, que se dirigió á su vez al 
cabildo de la Asunción recomendándole su propaganda 
en los términos signientes: 

"Como la agricaltura es el fundamento de la opulencia 
pública, y la que da movimiento á la industria y al comer- 
cio, ha sido en tiempos protegida y fomentada por los 
gobiernos ilustrados. 

" Los sabios le han consagrado sus tareas; y el amor á 
la humanidad que es la divisa de la verdadera filosofía le 
ha instituido sociedades que no tienen otro principio, ni 
otro vínculo que cimentar el imperio de los conocimientos 
mas útiles al hombre. Las investigaciones del entendí; 
miento humano sobre el cultivo, han llegado á la mayor 



206 GOBERNANTES 

• 

perfección. La práctica se ha unido felizmente con la 
teoría para fundar los medios de aumentar la fertilidad de 
la tierra, haciendo esperimentos y observaciones sobre sus 
diferentes calidades, y señalando cuáles son mas propios 
para esta ó las otras producciones, el método mas venta- 
joso de sembrar, y el mejor modo de hacer y conservar 
las cosechas. 

"El espíritu público que se ha difundido por todos los 
puertos de nuestro globo es el que ha dado energía á es- 
tos últimos establecimientos, y ese mismo espíritu es el 
que anima al Exmo. Señor virey, como V. S. lo verá en 
la siguiente carta que se sirvió dirigirme el 25 de julio úl- 
timo: 

"^ Deseando ver mejoradas en lo posible la agricultura 
¿industria de estas provincias y que á la inacción y 
ociosidad siccede el laborioso afan^ y creyendo qu£ en 
mucha parte podría proporcionar este justo objeto la edi" 
cion de un papel publico qtce instruya y estimule al tra- 
bojOy he concedido permiso á don Juan Hipólito Vieytes 
para que pueda imprimir en esta capital un periódico 
con el titulo de Semanario de Agricultura, Industria 
Y Comercio, bajo la inmediata revisión y censura del 
señor asesor general don Juan de Almagro^ y para que 
la utilidad que puede acarrear este periódico sea estensi- 
va á todas las provincias de este vireinato^ recomiendo al 
acreditado celo de V. S. cuide de que se difunda por 
todos los partidos de su mando para que se logre conse- 
guir el fin que tiene por objeto de unir en general los 
conocimientos de las m£Jores producciones y contraerse 
al fom£nto, aplicaciony destino de los ram^s que pueden 
constituir la común prosperidad. 

"Estos son los sentimientos patrióticos del primer gefe 
del reino, con cuyas benéficas intenciones, y con nuestra 
aplicación veremos bien pronto desaparecer los obstácu- 
los que han retardado los progresos de nuestra agricul- 
tura. La mano industriosa del labrador se pondrá en mo- 



DEL PARAGUAY 207 

vimiento para perfeccionarla, mediante la adquisición de 
nuevos conocimientos: aprovechará las ventajas que le 
ofrece este feliz pais: poblarásus llanuras de plantíos; sus 
ricas producciones territoriales prepararán ausilio mas 
sólido á las manufacturas y al comercio: la educación 
pública se mejorará: las costumbres tomarán un nuevo 
aspecto y los estudios superficiales se abandonarán para 
seguir los útiles y exactos. 

"El Semana!>Ho de AgricuUuray Industria y Comercio^ 
de cuyo prospecto acompaño á V. S. cuatro ejemplares, 
auxiliaráfnuestras observaciones rectificando lasideaá, y 
corrigiendo los defectos por medip de una comunicación 
de luces que tendrá por objeto la felicidad pública; y el 
resultado de sus trabajos y especulaciones será para esta 
provincia un manantial inagotable de riquezas. El Para- 
guay posee en abundancia cuanto necesita, y hace agra- 
dable la vida; y su suerte no está subordinada á los capri- 
chos, á las modas, ni á ninguno de aquellos acontecimientos 
que debilitan ó trastornan la prosperidad de un pueblo, 
cuando su existencia política no está fundada en el cultivo ' 
de la tierra. 

**Un establecimiento tan útil y ventajoso debe ser pro- 
tegido por^odos los amigos de la humanidad, y por los 
que desean sinceramente ver este país en un estado ñore- 
ciente. Voy, pues, á tener la honra de suscribir, y de 
hacer cuanto pueda en obsequio de sus progresos; y si yo 
no hiablase con V. S. que tiene dadas tantas pruebas de su 
celo y amor á estos vasallos, pediria fijase su vista sobre 
unos objetos que siempre ha llamado su atención; pero 
su patriotismo y sanas intenciones, solo me permiten 
rogar áV. S. se sirva destinar dos individuos de ese 
ilustre ayuntamiento, para que comuniquen el prospecto á 
los vecinos mas acomodados, en tanto comisiono yo para 
el mismo fin á los señores doctor don Joseph Garcia de Oli- 
veros, don Martin Joseph de Aramburú, don Bernardo 
Jovellanos y don Agustín Trigo, esperando me dará V. S^ 



208 GOBERNANTES 

aviso de todos los que suscriban para dar cuenta á su 
Escelencia y al autor, asi como lo haré con lo que resulte 
de las demás publicaciones, á consecuencia de las circula- 
res que voy á despachar. Dios guarde a V. S. muchos 
años. — Asunción del Paraguay 27 de setiembre de 1802. 

Lázaro de Rivera 
Al Ilustre Cabildo Justicia y Regimiento de esta ciudad. 

En los últimos años del gobierno de Rivera (1804), cele- 
bráronse suntuosas fiestas en la Asunción, con motivo de 
la aceptación del oficio de rejidor perpetuo por el principe 
de la Paz. En los dias 26, 27, 28 y 29 de junio hubo 
corridas de toros; en las noches de estos dias y en las 
subsiguientes continuaron las luminarias en la ciudad; 
hubo máscaras de gala á caballo. Los gremios de pla- 
teros, sastres y zapateros ejecutaron varias representa- 
ciones joco-serias. Diose vestido á todos los presos, y 
el gobernador mandó poner en libertad á algunos. En 
los dias 30 del referido mes, 19 y 2 de julio corrieron sorti- 
ja delante del retrato del generalísimo, treinta caballeros 
vestidos de turcos y guaicurúes. La provincia del Para- 
guay jamás habia conocido una época mas brillante que 
la de este gobernador. Según algunos fué la de un bárba- 
ro despotismo, calificándolo asi cuando no era mas que 
la continuación de los tiránicos abusos'ya existentes en el 
Paraguay, desde el principio de la conquista. 

Su gobierno duró hasta el 5 de mayo de 1806, que el rey 
lo confirió al que era gobernador délas Misiones. 

1806-1811— Ln. GENERAL BERNARDO DE VELAZCO 
Y HUIDOBRO, brigadier de los reales ejércitos, con el 
titulo de gobernador pohtico y militar é intendente de la 
provincia del Paraguay y capitán general del ejército 
nuevamente creado para la defensa de los treinta pueblos 



DEU I»ARAGüAY 209 

de Misiones de indios guaraníes y tropas del Paraná y 
Uruguay. Tenia un teniente letrado, que lo era el doctor 
Pedro Somellera, el cual mandaba, como gobernador ó 
corregidor, los pueblos deMisiones guaraníes y como sub- 
delegado del intendente de Buenos Aires, encargado del 
despacho de lo concerniente á Misiones. 

Velazcose recibió ante el cabildo de la Asunción el 5 de 
mayo de 1806, entregándole el bastón y mando su ante- 
cesor Rivera, según se verá por el documento que 
sigue: — 

"En la ciudad de la Asunción del Paraguay á cinco dias 
del mes de mayo de 1806. Habiéndose congregado en 
esta casa consistorial el señor don Lázaro de Rivera, go- 
bernador intendente de esta provincia, actual gobernador 
de la de Misiones, y los señores don Bernardo de Árgana, 
alférez real y alcalde dfe primer voto, Juan Antonio Caba- 
llero, de segundo voto, los ministros principales don 
Pedro de Ozcariz y don José de Elizalde, don José Es- 
teban de Arza, regidor alguacil mayor, regidores don 
Francisco Vicente González, don José Ibañez Pacheco, 
don Francisco de Haedo, don NicolásGonzalez, don Fer- 
nando de la Mora, don Juan Antonio Fernandez, y 
síndico procurader • don Lázaro de Rivera dijo, que el 
rey, nuestro señor, se habla dignado conferir este go- 
bierno intendencia con agregación del de Misiones al 
dicho señor don Bernardo de Velazco, y que para que 
desde luego tuviese todo su efecto lo dispuesto por 
S. M., y que el citado señor entre al uso y ejercicio 
del mencionado empleo, lo reconocia, y daba á recono- 
cer por tal gobernador intendente á los nominados seño- 
res, que componen este ilustre ayuntamiento, y á toda la 
provincia, entregándole S. S. el bastón y mando, como á 
su legítimo y verdadero sucesor, lo que ejecutó en el acto 
para que todos obedezcan sus órdenes y disposiciones; y 
que sacándose copia legalizada de es'ta diligencia, se cir. 
cuten en todo el distrito de la provincia, remitiéndose una 

15 



2l0 GOBERNANtES 

á las reales cajas para la debida constancia, y otra al 
Exmo. señor virey para su superior inteligencia, con lo 
que se concluyó este acto de posesión, firmando los dichos 
señores, de que doy fé. Siguen las firmas y autorización 
de Manuel Benitez, escribano y notario público de S. M., 
gobierno y cabildo. 

*'Y habiendo exhibido el señor gobernador intendente 
don Bernardo Velazco la ¡real orden cop la cual S. M. se 
ha dignado conferirle este gobierno intendencia «on reu- 
nión de los treinta pueblos guaraníes de Misiones, y leida 
que fué por mi el presente escribano, el señor regidor que 
hace decano, don Francisco Vicente González, á nombre 
de este ilustre cuerpo, le di6 el obedecimiento, ordenando 
se tome razón á continuación, y en su vista el mismo 
señor regidor decano le recibió juramento según derecho 
bajo de cuyo gravamen prometió üsar bien y fielmente el 
empleo de gobernador intendente, en que S. M. se ha 
servido nombrarle, cumpliendo con las leyes, reales cé- 
dulas, pragmáticas sanciones espedidas, y que de nuevo 

se librasen, de mirar por el bien y conservación de estas 
provincias y sus vasallos, etc. etc. Siguen las firmas y 
autorización del escribano y notario público de S. M., go- 
bierno y cabildo, — Manuel Benitez."* 

En vista, pues, del deplorable estado de los treinta 
pueblos de Misiones guaraníes y tapes y oido el fiscal 
proctector de los naturales, el rey considera muy conve- 
niente su reunión bajo un solo gobierpo; para el efecto, 
se notificó al virey don- Joaqjiin del Pino (8 de enero de 
1804), ordenando la incorporación inmediata á la real co- 
rona de cuantas encomiendas subsistieran en el Paraguay 
sin escluir los antiguos mitayos. 

El documento que damos á continuación se refiere al 
mismo asunto:— 



BEL PAHÁQUA7 I^U 

« 

VISTA DEL FISCAL PROTECTOR 

DE NATUBALES 

' Exmo. Señor:— El Fiscal de S. M., protector general 
de naturales, vista la Real Cédula de 17 de mayo de 1803 
en que S. M. se ha servido mandar, que los treinta pue- 
blos de Misiones del Uruguay y Paraná se reduzcan al 
nuevo sistema de libertad de sus naturales, aboliéndose 
el de comunidad en que hasta ahora han vivido, dice: 
Que el establecimiento de un mismo gobierno, y la muta- 
ción del sistema antiguo de comunidad con que se han 
dirigido hasta aquí los pueblos de Misiones son los dos 
objetos á que se dirige la espresada real determinación. 
Por lo que hace al primero, habiendo de conceptuarse el 
nuevo gobierno con total independencia del virey de Bue- 
nos Aires, y el del Paraguay es indespensable que no 
carezcan de los auxilios necesarios para el ejercicio de las 
funciones que le conceden las leyes, tanto en la adminis- 
tración de justicia como en las providencias de policia 
económica, mando militar y jurisdicción de hacienda 
que pueda competirle, según las nuevas facultades, que 
en orden á esta causa se sirva confiarle la Ordenanza de 
Intentantes que actualmente se espera Hasta ahora las 
de demandas ordinarias, tanto civiles como criminales que 
han ocurrido á los pueblos de Misiones, instruidas en 
aquel gobierno, han venido á la determinación de V. E. 
confiándose las segundas á los juzgados ordinarios de 
esta capital para la sustanciacion y determinación consi- 
guiente; pero en el diaen que unas y otras corresponden 
al nuevo gobierno de Misiones, parece necesario se le 
nombre un asesor interino hasta la aprobación de S. M. 
con sueldo de quinientos pesos, sobre los bienes de 
aquellas comunidades que son los afectos á este pago, 
sin perjuicio del que pueda corresponderle en los nego- 
cios de hacienda, de que ahora no puede tratarse, hasta 



2l2 GOBElEtNANTES 

• 

tener segura noticia de las atenciones que por esta causa 
le correspondan: actuar con testigos en todas las opera- 
ciones judiciales que le ocurriesen, mediante que los es- 
* casos 6 ningunos derechos que puede ofrecer la actua- 
ción entre personas miserables, como son los indios de 
aquellos pueblos, no pueden facilitar la subsistencia de 
un escribano que se encargue de llevar el curso de las 
causas, bastando que cuide de su custodia en el archivo, 

y de los demás documentos que puedan interesar á las 
comunidades de indios, un secretario dotado también 
con quinientos pesos sobre el mismo fondo, encargado 
de los asuntos gubernativos y económicos y demás atea- 
ciones de aquel gobierno. Los cabildos y justicias debe- 
rán continuar como hasta aquí, eüjiéndose anualmente 
para éstos empleos en la forma ordinaria, indios con la 
aptitud necesaria para ejercerlos con precedente aproba- 
ción del gobierno de la provincia, sin que la jurisdicción 
al corregidor y alcaldes se estienda á otra cosa que al 
corto castigo que les permiten las leyes, en los delitos y 
faltas leves de los indios, dando cuenta de los que me- 
rezcan formal proceso para que, sustanciados por el go- 
bernador y subdelegados, se pasen todos al gobierno 
en estado de sentencia, para que la pronucie con dicta- 
men de asesor consultándola á la real audiencia, ú otor- 
gando los recursos que se interpusieren: debiendo ademas 
el cabildo juntarse en un dia de cada semana para confe- 
rir sobre los bienes de comunidad, su adelantamiento y 
progreso y necesidades ordinarias en que hayan de inver- 
tirse, sin que puedan sus acuerdos ponerse en ejecución 
hasta la aprobación del gobernador y subdelegado respec- 
tivo, cuidando también aquellos jueces en que los indios 
consérvenlos bienes que se le repartieren, trabajen en su 
beneficio para la|manutencion de sus familias, y se les 
estimule por todos medios á que abandonando su, natural 
pereza, se dediquen con utilidad á los objetos que puedan 
serles mas convenientes y» provechosos. Los tenientes 



DEL PABAGUAT 213 

9 

gobernadores de los respectivos departamentos podrían 
continuar como hasta ahora con el nombre y represen- 
tación dfe subdelegados y facultades que como á tales 
les competen, y con la dotación de sueMos que V. E. ten- 
ga por más conforme á su ocupación, que podia ser la 
misma que actualmente disfruta sobre el ramo de tributos, 
respecto á que el tanto por ciento con que los dota la or- 
denanza de intendentes en la cobranza de aquellos, sien- 
do lo que pagan los indios de Misiones de tan corta con- 
sideración no pueden ser bastante para sostener el deco- 
ro de su empleo. 

La subrogación del sistemado libertad de aquellos na- 
turales, en lugar del antiguo de comunidad con que se. 
han gobernado, desde el establecimiento de sus reduc- 
ciones, es de la mayor delicadeza y pulso, si ha de com- 
binarse la seguridad de la subsistencia particular de las 
familias con la administración que á cada uno ha de 
confiarse en sus propios bienes, á que no acostumbrados 
los indios, quedaron espurios á muchos perjuicios y ve- 
jaciones, si la inmediata vijilancia de aquel gobierno no 
estuviese pronta con sus disposiciones á precaver todo 
engañoen sus contratos, y promover entre ellos la acti- 
vidad y emulación en los medios de adquirir propiedades 
útiles, de cuyo goce han carecido toda su vida; pero de- 
jando al celo del señor gobernador estas providencias 
económicas que la esperiencia de su manejo el tiempo y 
las circunstancias, de los casos han de ir sucesivamente 
produciendo, por ahora se contrae el fiscal Protector á 
las que con generalidad puede espedir S. B. para cimentar 
el nuevo sistema, en el modo y forma que las cualidades 
locales y gobierno actual de aquella provincia los haga 
compatibles con lo dispuesto por las leyes y ordenanzas 
municipales del }*erú en cuanto puedan adoptarse. 

La primera de todas es que se espidan circulares á las 

ciudades de Montevideo y su jurisdicción, Maldonado, la 

"Concepción del Uruguay, Corrientes, Santa Fé, Guale- 



214 GOBERNANTES 

guay y otros pueblos de la banda opuesta donde existian 
muchos indios de Misiones, restituyéndose á los pueblos 
de su naturaleza, serán inclusos en la libertad concedida 
por S. M. y con 13I -repartimiento de terrenos, ganados y 
demás necesario para su manutención: que lo mismo se 
publique en esta capital, ó que se las haga entender según 
ocurran circunstancias justificativas de su existencia en 
ella: que se prevenga al señor gobernador que luego que 
se verifique su llegada á la cabecera del gobierno, haga 
formar en todos los pueblos un exacto padrón del número 
de indios que hay en ellos capaces de constituir familia, 
cuales deberán entenderse todos los que hayan cumplido 
diez y ocho años, á los cuales deberá distribuir terreno 
suficiente para chácara ó estancia según sean á propósito 
para el pastoreo ó agricultura: sin que obste á algunos el 
que sean artesanos, que con su oficio puedan atender á 
la manutención de su familia, dándoles asi mismo las her- 
ramientas necesarias, remitiendo efectos los pueblos, que 
no los tengan, ala administración para su compra y re- 
mesa, y el ganado suficiente para el cultivo de dichos ter- 
renos y sucesivos procreos, verificándose las contratas 
correspondientes para su adquisición en los pueblos que 
no tengan el suficiente . para el reparto, bien sea en 
cambio de los frutos, 6 bien á pagar posteriormente de 
los productos de bienes de comunidad, y que, repartido 
por suertes estos terrenos proponiendo la debida igualdad 
entre todos, se amojonen las suertes respectivas, quedan- 
do en el archivo de Candelaria un libro donde se asienten 
los repartimientos con espresion de su término y linderos 
del cual se sacará y dará á cada indio una copia certifi- 
cada de la partida que le corresponda para su resguardo 
con espresion á todos de que no han de poder enagenar- 
los, debiendo conservarse entre sus hijos y descendientes 
hasta que por falta de estos se incorporen de nuevo en 
la comunidad, para que puedan en adelante repartirse á 
los que no los tengan, á diferencia de los ganados y demás 



DEL PARAQUÁT 215 

bienes de que, á falta de heredero forzoso, podrán dis- 
poner libremente. 

También deberán repartirse terrenos para el estable- 
cimiento de habitaciones ó ranchoe á los indios que ca- 
rezcan de ellos: y en orden á los colegios y sus edificios, 
después de destinar habitaciones suficientes para los curas 
y empleados, podrá repartirse el resto de habitaciones 
entre los indios más beneméritos, ó destinarse á los em- 
pleados en el cabildo por el año que lo estuviesen. 

Habiendo de quedar los pueblos reatados á varias car- 
gas en beneficio común de los indios, como son el sueldo 
de algunos empleados, el establecimiento de hospital y ^ 
escuela, el socorro de viejos é inhábiles y el auxilio que 
pueden necesitar los indios en los primeros años del 
nuevo sistema; es indispensable también que se establezca 
bienes de comunidad capaces con su producto de sufrir 
este gravamen, a cuyo objeto pueden destinarse las prin- 
cipales estancias de los pueblos que no admiten cómoda 
división, las caleras y hornos de ladrillo, algunos algodo-, 
nales, los yerbales y montes de madera inmediatos, y 

otras fincas comunes acomodadas según las circunstan- 
cias locales de los pueblos, á cuya conservación y trabajo 
deberán destinarse todos los indios de cada comunidad 
en alguna parte del año, repartiéndose esta carga con la 
posible igualdad, según sea más á propósito para la opor- 
tuna labor, faena, corte y cosecha en los términos que lo 
hacen los demás indios del Perú, y los vecinos de los lu- 
gares de España, con respecto á sus propios bienes comu- 
nes, sin perjuicio del tiempo que necesitan para em- 
plearlo en sus peculiares labores, y adoptando el gobierno 
los medios prudentes para que no queden abandonadas 
las haciendas de su propiedad. 

Sáría inútil el beneficio dai la libertad y adquisición de 
bienes, si los indios, por medio del comercio de sus frutos 
no pudiesen vender los que les sobre para adquirir lo que 
les falta: por lo mismo deberá permitirse en Misiones 



216 GOBERNANTES 

la introducción de todo negociante español, para que faci- 
litando la esporlacion de sus efectos puedan comprarlos 
que les sean necesarios para su vestuario y demás atencio- 
nes de su familia; estando el gobierno á la mira de que no 
se introduzcan caldos y licores prohibidos por la ley, de 
que los indios no sean defraudados en sus contratos, y de 
que los españoles no se establezcan con fija permanencia 
en los pueblos, como también los ya establecidos, á no 
estar casados con naturales de ellos salgan inmediata- 
mente,, sin que les sirva de pretesto el tener tierras com- 
pradas dentro de su término; pero así mismo deberá 

. cuidar el gobierno de que no falte en los Pueblos el nece- 
sario abasto al menos de carne (puesto que cada familia 
no podrá matar uñares diaria para su manutencioij), bien 
sea por cuenta de las mismas comunidades, ó bien por la 
de otros que lo faciliten^. Como los indios en el nuevo 
sistemaban de quedar exentos de los trabajos de comu- 
nidad, y capaces de adquirir para su privativo dominio, 

. con sola la car^a de cultivar los bienes que se destinen á 
las atenciones comunes por el tiempo preciso para esta 
faena, según parezca mas oportuno al gobernador 6 sub- 
delegados, son inútiles ya los empleos de administrador 

general de esta capital, y administradores particulares de 
los pueblos, cesando éstos en su ejercicio, en el dia en 
que se publique la libertad general (en esta capital) y aquel 
luego que se hayan vendido las fincas de esta capital, y 
entregado los documentos respectivos á su administra- 
ción, pero atendiendo á que, acostumbrados los indios á 
trabajar bajo la dirección de aquéllos no estarán esper- 
tos en los primeros años para la conservación de los bie- 
nes comunes, recaudación de sus productos y oportunas 
ventas é inversiones, convendría que el señor gobernador 
elijiese entre dichos administradores los que sean mas 
á propósito para desempeñar el cargo de mayordomo de 
bienes de comunidad, qudando uno de ellos en cada sub- 
delegacion ó departamento, con el cargo de recorrer las 



DEL PARAGUAY 217 

estancias y demás fincas que sq destinen á las atenciones 
comunes, nombrar capataces indios asalariados que los 
cuiden bajo su inspección, dirigir en estación oportuna los 
trabajos, vender sus productos y enterar su importe en la 
caja de comunidad, para que puedan invertirse en los 
necesarios establecimientos, salario de empleados, socor- 
ro do viejos é inhábiles y demás gastos útiles que pue- 
den ocurrir en beneficio de dichos pueblos: siendo nece- 
sario que dichos mayordomos no disfruten salario fijo, 
sino que se les gratifique con un tanto por ciento sobre el 
producto líquido de dichos bienes, con el fin de que, esti- 
mulados por este medio, propendan con el mayor esmero 
al aumento progresivo de aquellos sobre cuyo producto 
ha de librarse su subsistencia. 

Con el fin de conservar en segura custodia los intereses 
comunes y los documentos de escrituras y recuerdos por 
donde conste el caudal y efectos de cada pueblo, se esta- 
blecerá en todos una caja de tres llaves nombrada de 
comunidad, confiándose la primera al corregidor, la se- 
gunde al alcalde de primer voto y la tercera al mayordo- 
mo del departamento respectivo, llevándose en cada una 
dos libros: el uno en donde se asienten las fincas, bienes y 
derechos de la comunidad, y el otro donde contengan 
por menor las entradas y salidas con numeración de los 
dias en que se verifican y división de años á que pertene- 
cen, al cabo de los cuales deberá tomarse por el goberna- 
dor ó subdelegados á dichos llaveros, y el mayordomo 
darla por separado de los demás puntos y efectos que ha- 
yan entrado en su poder para su espendio, reservándose 
en dichas cajas los sobrantes, que, deducidas cargas y 
gastos comunes, resultasen, hasta que con conocimiento 
délos que hay, pueda establecerse en el distrito de esta 
audiencia, caja de censos, en los términos que la hay es- 
tablecida en la dfe Charcas, y para los fines que las leyes 
tienen señaladas. 

El principal objeto, á que debe destinarse el caudal 



218 GOBERNANTES 

de los bienes de comunidad, será el estableciniiento de 
hospital en la cabecera de cada departamento con las 
camas proporcionadas al número de enfermos que se 
regule pueden concurrir, y las medicinas necesarias á su 
curación: á dicho hospital podrán destinarse dos enferme- 
ros de los indios encargados hasta ahora en este ejerci- 
cio, á quienes se auxilie con salario mensual correspon- 
diente á su ocupación, bajo la inmediata dirección de un 
médico cirujano, qne tenga ademas obligación de asistir 
al pueblo á que sea llamado en los casos urgentes y en 
enfermedades que no permitan la traslación de los en- 
fermos al hospital, y lo misino un practicante sangrador 
que deberán uno y otro disfrutar el sueldo que han goza- 
do hasta ahora con un corto aumento, en razón* de que ya 
los pueblos no asistirán con alimentos á ningún empleado 
y para que tenga efecto esta disposición será conveniente 
que V. E. pase nuevo oficio al Real Proto-Medicato para 
que, tomando conocimiento délos facultativos, á quienes 
enterados de sus sueldos, puedan acomodar este destino, 
proponga los que considere mas proporcionados para las 
cuatro subdelegacione's que se conservan actualmente en 
el mando de V. E. v en el dominio de S. M. 

El establecimiento de escuelas, ademas de estar preve- 
nido en la real Cédula, es muy necesario no menos para 
desterrar el idioma guaraní en aquellos naturales, tan per- 
judicial ásu educación, que para promover su instrucción 
y enseñanza en los principios de doctrina y enlos rudimen- 
tos de leer y escribir, necesarios para su manejo y civili- 
zación. Si estas se establecen en todos los pueblss, y los 
maestros han de dotarse completamente, en razón de que 
no hay comunidad que les subministre, será demasiado 
gravosa á los pueblos, cuyos bienes no podrán satisfacer 
por entero esta carga, ademas de las que, á prorata, sufran 
con los otros del respectivo departamento. Por lo mismo 
seria conveniente ó que los tenientes de cura se hiciesen 
cargo de esta ocupación, añadiéndose á su sínodo cien 



DEL PABAGUÁY 319 

pesos anuales del fondo de comunidad en razón de ella, 6 
que se adoptase el establecimiento de seminarios en las 
cabeceras de las subdelegaciones, en los términos que 
propuso el fiscal Protector en 28 de enero de 1801, co- 
mo resulta de! espediente que acompaña, entre cuyos me- 
dios podra elejir V. E. el que considere mas acertado y 
conveniente. 

Las muchas deudas con que en el di a se ven gravados 
los pueblos y el modo de su satisfacción es el mayor 6 
único inconveniente que ofi^ecela libertad de los indios de 
Misiones, y qu€^para salvarlo es necesario contarcon los 
fondos precisos para su estincion. Sin embargo, como 
los pueblos tienen en esta capital fincas de mucho valor, 
y en M¡sio*nes no carecen de otros bienes muebles inapli- 
cables á los particulares, podrán destinarse unos y otros 
al pago de dichas deudas y cuando su valor no alcanzase 
á cubrirlas, llevarán con mas gusto los indios una mode- 
rada anual contribución, suficiente para ir redimiendo esta 
carga, que el que se demore por mas tiempo su apetecida 
libertad, á cuyo fin podrá mandar V. E. que la adminis- 
tración general, con la brevedad posible, forme un estado 
de las fincas que en esta capital tengan los pueblos de Mi- 
siones, con espresion de sus valores, precedida tasación y 
existencias que haya en dicha administración, con divi- 
sión de los pueblos á que pertenezcan y asi mismo otro de 
las deudas activas y pasivas y demás derecho de que pue- 
da contarle, y que se espida circular á todos los pueblos 
por medio del señor gobernador, para que cada uno for- 
me el suyo relativo á dichos objetos, suspendiéndose en- 
tre tanto todo pago que no sea alimentario 6 de sueldo de- 
vengado, con cuya vista propondrá el Fiscal á V. E. lo 

que considere más oportuno para la pronta satisfacción 
de dichos. 

Como los bienes que se destinen á las necesarias aten- 
ciones de las comunidades no podrán, en los primeros 
tiempos, contar con un producto suficiente para cubrirlas 



220 GOBERNANTES 

todas, se hace preciso que ademas del peso del tributo con 
que deben contribuir los tributarios, contribuyan todos 
desde la edad de diez y ocho años hasta la de sesenta, 
con la carga de dos pesos anuales. El primero para la 
subsistencia del hospital, medicinas, facultativos y demás 
que han de asistir á la curación de los enfermos, y el otro 
para pagar los cien pesos de mayor servicio que 
satisface anualmente cada pueblo por via de compensa- 
ción del diezmo á consecuencia de la Real Cédula de 26 
de agosto de 1748, invirtiéndóse el sobrante en las demás 
atenciones comunes, «quedando sugetos }á esta contribu- 
ción aun los que dentro de dicha edad están reservados 
al real tributo, cuya carga, si se coteja con la que su- 
fren hoy los indios, libertados por el Excmo/ señor mar- 
qués de Aviles, á prorata de las que les corresponde 
entre los indios de comunidad para las atenciones u;iiver- 
sales, es demasiado benigna y suave y no pueden los 
indios negarse á sufrirla, si se les hace conocer que se 
invierten en su beneficio, y que los releva de otros mayo- 
res gastos y urgencia?. 

Por lo que hace al nombramiento de curas de dichos 
pueblos con la carga de mantener los tenientes necesarios 
para la administraccion espiritual de aquellos fieles, y 
asignación de sínodo competente, la ordenanza de Mi- 
siones aprobó el propuesto por el señor obispo de esta 
diócesis de trescientos pesos para el cura y doscientos 
cincuenta para el compañero, después de contribuir á 
uno y otro el alimento necesario; pero habiendo parecido 
posteriormente escesiva se limitó á doscientos pesos á 
cada uno atendiendo á que no tenian qué destinar parte 
alguna del sínodo para su sustento diario. En el dia en 
que abolido el sistema de comunidad no puede ésta con- 
tribuir con el alimento de sus curas, hay necesidad de la 
nueva asignación que prescribe la Real Cédula, á cuyo 
efecto podrá V. E. con copia de ella pasar el correspon- 
diente oficio á los ilustrísimos señores obispos de esta dio- 



I 

i! del paraguay 221 

cesis y del Paraguay para que informen tanto sobre dicha 
asignación como sobro el nuevo sistema que haya de es. 
tablecerse en esta parte con conocimiento de las circuns- 
tancias Ideales de aquel gobierno: comunicando también 
dicha real Cédula al señor gobernador del Paraguay, para 
que, enterado de su contesto, pueda espedir las disposi- 
ciones necesarias á su cumplimiento, principalmente sobre 
la inmediata incorporación de las encomiendas que exis- 
ten en aquella provincia á la real Corona dando cuenta á 
esta superioridad de las resultas. 

Estas son las providencias que en el actual estado de las 
cosas podrá librar V. E. en cumplimiento de la citada real 
cédula, comunicándolas al señor gobernador de Misiones, 
para que, con arreglo á ellas, establezca el nuevo sistema 
de libertad de aquellos pueblos: sin perjuicio de que en el 
progresivo estado, según los conocimientos que pueda 
adquirir por las circunstancias locales del distrito, costum- 
bres, inclinación y manejó con que los naturales desem- 
peñen sus peculiares obligaciones, proponga á V. E. todas 
las demás que influyan á su utilidad y beneficio hasta 
que con las nuevas luces qué facilite la ordenanza de In- 
tendentes que se espera, y los informes citados pueda 
formarse una completa instrucción para el gobierno y 
manejo de aquellos pueblos, y darse cuenta de todo á 

S; M. para su real aprobación Buenos Aires 22 de febre- 
ro de 1804. 

ViLLOTA 



Durante la ausencia de Velazco^en Buenos Aires, coi> 
motivo de la invasión inglesa y en otra ocasión, quedaron 
de interinos don Manuel Gutiérrez, en 1807, y don Eusta- 
quio Gianini, en 1809. 

Desde fines de junio de 1810, era el cabildo el que mas 
propiamente gobernaba, pues el pre^stigio de Velazco habia 
perdido de un modo considerable, principalmente des- 



é 



222 GOBERNANTES 

pues de la catástrofe de Liniers y demás compañeros de 
infortunio, con quien el gobernador estaba combinado 
para unirse en Santa Fé. 

La vida colonial, pues, termina con el gobernador Ve- 
lazco, dejando tra3 si el cuadro de la mas grande mono- 
tonía en el hogar doméstico, del mas supersticioso fana- 
tismo en las creencias hasta la estupidez y del mayor 
desenfreno en las costumbres. Con las fiestas de iglesia 
casi diarias, las devociones domésticas, la lectura de libros 
místicos y los ejercicios espirituales que robaban todo el 
tiempo que se requería para atender á las primeras nece- 
sidades de la vida, alternaban las corridas de toros, las 
riñas de gallos, el juego de envite, las partidas de caza, 
las serenatas con guitarra, los bailes al aire libre y la in- 
temperancia én los devaneos. En la época de Francia, 
nada de esto existia. Los tiranos que se sucedieron á 
aquella época no encontraron obstáculo alguno para do- 
minar el país, harto esclavizado ya, tanto en lo temporal 
como en lo religioso. 

« 

Instalada la junta gubernativa de Buenos Aires el 25 de 
mayo de 1810, ésta comunicó el hecho á todas las provin- 
cias que componian el vireinato, exigiéndoles sumisión 
y obediencia. Con tal motivo, envió á la Asunción al 
coronel paraguayo José Espinóla y Peña, para que, 
prescindiendo del gobernador, se entendiese directamente 
con el cabildo. El comisionado llegó á la Villa del Pilar, 
cuyo vecindario convocó é hizo reconocer la junta de 
"Buenos Aires. En la Asunción practicó igual operación, 
pero habiendo sabido Velazco la secreta instrucción que 
llevaba de suplantarle en el gobierno, le mandó prender y 
desterrar á Villa Concepción, de donde se fugó á esta 
capital é informó á la junta gubernativa asegurando que 
los paraguayos deseaban sacudir el yugo colonial j 



J 



DEL PARAGUAY . 2^3 

formar causa común con Buenos Aires. Espinóla falleció 
pocos días después. 

Para no someterse á la junta de este capital y de acuer- 
do con el cabildo, Velazco convocó á congreso á los veci- 
nos de la capital y á los mas notables de la campaña y 
villas para tratar sobre lo que convenia hacer en esas cir- 
cunstancias. La asamblea se reunió el24 de julio (1810) 
presidida por el gobernador y á nombre del cabildo re- 
solvió romper los vínculos de farlernidad, amistad y co- 
mercio que unia ala provincia del Paraguay con la de 
Buenos Aires, y reconoció y juró el supremo consejo de 
Regencia, representante de Fernando VII, suspendiendo 
todo reconocimiento de superioridad en la junta de Buenos 
Aires hasta la resolución de aquella autoridad que se 
decia haber consultado. Resolvió de igual modo la for 
macion ^e una junta de guerra para prepararse á la de- 
fensa, con lo cual se disolvió la asamblea, después de 
dar al público un manifiesto. 

Lajunta de guerra determinó que el mismo gobernador 
pasase á los pueblos de Misiones, para estraer de ellos 
las armas que en ellos habia y armar hasta seis mil hom- 
bres que se intentaba levantar y acuartelar para resistir 
á los designios de la junta de Buenos Aires y evitar la 
unión de ambas provincias. El gobernador maridó en 
seguida desocupar el colegio seminario para cuartel gene- 
ral; cerró el puerto cortando toda correspondencia y 
relaciones con Buenos Aires; paralizó el tráfico del co- 
mercio; equipó y pertrechó algunos buques que destinó á 
guardar la boca delrio Paraguay, cubrir todos los pasos 
del Paraná, con milicias que tenian orden de no permitir 
la entrada y salida á nadie. Dispuesto todo así para la 
defensa, marchó escoltado de cien hombres al Paraná, 
hasta el punto de Candelaria, dejando en sü lugar en 
la Asunción al coronel de milicia don Pedro Garcia, 
comandante político y militar de la villa de San Pedró^ 



¡^4 • DEL PARAGÜA7 

para que en su ausencia activase la preparación y acuar- 
telamiento. 

La jiínta de Buenos Aires dispuso entonces (agosto) el 
envió de su vocal Belgrano con un cuerpo de tropas com- 
puesto de setecientos hombres y con el grado de general 
en gefe y el paraguayo don José Ildefonso Machain con 
el de mayor general de ese diminuto ejército. En el 
Cerrito, campmnento de los porteños á dos leguas del 
Paraguary, distante quince leguas de la Asunción, tuvo 
lugar (el viernes 18 de enero de 1811) el primer ataque que, 
como debia suponerse, fué adverso para Belgrano (1) 
y el segundo en el paso del rio Tacuarí (d de marzo) que 
obtuvo .igual resultado, viéndose obligados Machain y 
su división á rendirse á discreción con las dos piezas de 
artillería y un carro de municiones. Belgrano entonces 
consideró prudente pedir capitulación y retirarse con el 
resto de su ejército (10 de marzo) á Candelaria, desde 
donde se^puso en correspondencia con Cabanas. 



* 



. El gobernador Velazco despachó una espedicion militar 
al mando del capitán don Jaime Ferrer, compuesta de 
catorce buques, diez de ellos armados en guerra y todos 
suficientemente tripulados. Este, desde abordo de su 
capitana, dirigió, al teniente gobernador de Corrientes, 
don Elias Galvan, y al cabildo, una intimación, para 
que, en el término de dos horas, contestasen si se aliaban 
y unían al Paraguay, reconociendo al virey Elio y desli- 
gándose de Buenos Aires, desconociendo la junta surgida 
de la revolución del 25 de mayo de 1810. En la referida 

(1) Se acaba de descubrir el original de un ''sermón en acción de gra- 
cia por la victoria del ejército peuraguayo el dia 11 de enero de 1811 en 
los campos de Paraguari/ escrito de pufio y letra del renombrado sacer- 
dote paraguayo don Amancio González, que tomó parte en las contiendas 
déla independencia paraguaya en el año 11. 

La Nadon de la Asunción promete darlo ¿ conocer de sus lectores. 



DEL PARAGUAY SS5 

m 

intimación, Ferrer decía:— "En el concepto que, si dan 
V. S.S. lugar con su obstinación á que use de mis fuer- 
zas para reducirlos á su deber, y si no se aprovechan de 
este último requirimiento que hago, conducido de los 
principios de humanidad y deseoso de que se restablezca 
el antiguo orden y sosiego, esperimentarán el mas seve- 
ro castigo y serán tratados como rebeldes ..." 

El cabildo de la ciudad de Corrientes manifestó que, 
ante la fuerza, no se oponia á que la espedicion ocupase 
la plaza. 

En efecto, el 17 de abril (1811) las fuerzas paragua- 
yas desembarcaron por el puerto de La Rosada y ocupa- 
ron la ciudad sin la menor demostración de resisten- 
cia; puesto que no habia en esos momentos una sola ar- 
ma, ni un solo soldado útil para la defensa de la ciudad, 
habiéndose remitido al general Belgrano todos los ele- 
mentos de ese género. 

Galvan huyó precipitadamente dejando tomar dos úni- 
cas pequeñas piezas de canon que habia en el puerto de 
Isabel Durante. 

No obstante, consiguió reunir tropas en el Riachuelo, 
á las cuales disciplinó y con las que en seguida puso si- 
tio á la ciudad. 






Por masque el doctor Somellera haya pretendido jus- 
tificar á los paraguayos haber resistido al ejército de 
Buenos Aires, nadie ignora que mientras esta ciudad 
operaba su revolución, los paraguayos no mostraban nin- 
guna simpatía por la causa de la independencia. La ad- 
ministración del gobernador Velazco era benigna y aun 
paternal, habiéndQ?econciliado el amor y la veneración 
del pueblo. Así, se vio manifestar por todas partes una 
súbita indignación, cuando se supo que la junta de Bue- 
nos Aires enviaba un cuerpo de ejército, bajo las órdenes 

16 



236 GOBERNANTES 

del general Belgrano, para reducir la provincia del Para- 
guay á la obediencia, considerando la empresa de muy 
fácil realización. El hecho es que los paraguayos pelea- 
ron con denuedo, en defensa del gobierno. 

No se da uno cuenta por qué abandonara Velazco pre- 
cipitadamente el campo de batalla, él que en otras ocasio- 
nes habia dado pruebas de valor. Es de suponerse que 
cediera al deseo de prevenir la efusión de sangre, per- 
suadido, como estaba, de que los independientes no po- 
drían conservarse en el campo por mucho tiempo. De 
cualquier modo que sea, este acontecimiento tuvo las mas 
graves consecuencias; no previno el deplorable resultado 
de la batalla y desacreditó al gobernador en el ánimo 
de sus administrados. 

El hecho es que los paraguayos obtuvieron una seña- 
lada victoria, en cuya consecuencia, á Belgrano se conce- 
dió una capitulación y salió de la provincia. Lo único 
que se consiguió mas tarde fué el tratado de 12 de octubre 
(1811). 

Al retirarse, tuvo éste la habilidad de sembrar éntrelos 
paraguayos algunas ideas de independencia y libertad, 
que no tardaron en germinar. La victoria de Paraguarí 
habia inflado el orgullo de los criollos que se creyeron 
todos héroes dignos de mandar. El recuerdo de algunas 
vejaciones atribuidas al gobernador, y sobre todo, el 
ejemplo contagioso de las provincias vecinas, produjo un 
cambio tan rápido .como completo en su espíritu. Asi 
como fueron los últimos á operar su revolución, fueron los 
primeros á llevar la rebellón, con toda franqueza, hasta 
repudiarla autoridad de la dinastía española, cosa que 
Buenos Aires no hizo, sino que invocaba el nombre de 
Fernando VII y obraba en un sentido difícil de merecer 
la aprobación de este mismo rey, en caso de solicitarla. 

Los prisioneros tomados en Paraguarí fueron tratados 
con arreglo al derecho de gentes, y los que recibieron 
mal trato fué contra la voluntad de Velazco, de cuya bon- 



227 Del paraguay 

dad se abusó al estremo de perder toda su influencia en 
el gobierno; sobreponiéndose en todo el cabildo, compues- 
to en su mayor parte de españoles. Al fin se le hizo 
caer en la red, obligándole á encabezar la revolución 
tendente á su propio derrocamiento, del mismo modo 
que en Buenos Aires se habia practicado con el virey 
Císneros. A uno y otro se les hizo jugar un papel bien 
ridículo y ambos labraron su ruina: era la revolución que 
hacia su camino. 



Esta, fué encabezada por el capitán Vicente Iturbe, los te- 
nientes Montiel y Sarco, don Fulgencio Yegros, rico ha- 
cendado y antiguo militar, que habia de concurrir con 
doscientos hombres que tenia á sus órdenes, y don Pe- 
dro Somellera, teniente gobernadorde la provincia desde 
1807. Pero como Yegros se hallaba ausente de la Asun- 
ción y temiendo que la revolución fracasase, Somellera 
contestó, álos que le habían consultado sobre lo que con- 
venia hacer, en vista de aquella emergencia: "Sinos han 
de ahorcar mañana^ muramos hoy: dígales usted que esta 
noche despices de la queda hemos de tomar el cuartel" 
En efecto, la noche del 14 al 15 de mayo (1811) estalló la 
revolución apoderándose los conspiradores del cuartel y 
compeliendo á Velazco á deponer las riendas del go- 
bierno. 

El gobernador Velazco se habia grangeado la simpatía 
de todos los habitantes del Paraguay, nacionales y estran- 
geros. Su administración, que sucediera auna de las peo- 
res del régimen colonial, se habia hecho notar por su justi- 
cia y liberalidad. Era un hombre de escelente presencia, 
de linda apariencia y de maneras corteses, afables y 
atractivo. Era una queja general de que todos sus antece- 
sores abusando del poder, se enriquecieron, pero nunca se 
dijo igual cosa de Velazco. Ademas, era un hombre de 
tan altas dotes clásicas como científicas á los ojos de la 



228 GOBERNANTES 

gente de mejor educación, lo que le hacían un reproche al 
charlatanismo y pretensiones de Francia. 

Elntre las víctimas que fueron presa de la estúpida tira- 
nía de éstO; se halló el desgraciado y venerable general 
Velazco, quien estuvo al frente del gobierno, desde mayo 
de 1806 hasta mayo de 1811. 

Suplantada su autoridad por la junta, aun sus mismos 
enemigos le respetaron hasta permitirle, sin ser molesta- 
do, vivir donde se le antojara. Su modo de vida era sen- 
cillo, frugal, retirado y sm ostentación. Todo su atavio . 
era escrupulosamente aseado. Cuanto constituía su hu- 
milde morada tenia un aire de limpieza y de arreglo que 
manifestaba mas bien escasez que no hábito de elegancia 
y de gusto. La poca vagílla que poseía, desparramada 
sobre su mesa, no permitiendo mas que un huésped, se 
mantenía siempre brillante. Su fiel criado Benito, que le 
había traído consigo de España, le servia con reverente 
atención, quien, mas que sirviente, era su ángel guardián. 
Era sostenido con las voluntarias y honorables donacio- 
nes de sus compatriotas los españoles, llenando sus nece- 
sidades de un modo delicado. 

Apesar de todo el respeto que por él tenia el pueblo 
paraguayo, sus antiguos servicios, sus venerables canas, 
su vida tranquila, ni su carácter amable, pudieron sal- 
varle de la venganza de Francia. Tanto él como su cria- 
do fueron presos y metidos en la cárcel, donde se le dejó 
abandonado, achacoso y sin alimento. Se le puso en 
libertad cuando estaba próximo á separarse del mundo, 
llevándole ala tumba sus anteriores padecimientos. Su 
fiel criado sólo le sobrevivió un día. 

Lin. DON MANUEL GUTIÉRREZ, interino ó delegado, 
enl807, durante la ausencia de Velazco en Buenos Aires, 
cuando la invasión inglesa. 

LIV. DON EUSTAQUIO GIANINI, interino en 1809. 

LV. CORONEL PEDRO GARCÍA, comandante político- 



DEL PARAGUAY 229 

y militar dé la Villa de San Pedro, interino, en 1810, du- 
rante la ausencia de Velazco á Jos pueblos de Misiones 
sobre el Paraná, para traer gente, con motivó de la in- 
vasión del ejército del general Belgrano. 



REVOLUCIÓN DEL PARAGUAY w 

Varios oficiales que habian servido en la acción de Ta- 
cuarl y prestádose gustosos á cooperar en la revolución, 
se hallaban á la sazón en la Asunción. El capitán don 
Juan Pedro Caballero les habia prevenido que la señal de 
alarma, para reunirse en el cuartel general de la plaza, 
seria un repentino é intempestivo repique de campanas 
en la catedral. A las diez, más ó menos, de la noche 
del 14 de mayo de 1811, hizo dar la señal prevenida y 
se avanzó el primero con algunos pocos individuos de con- 
fianza á tomar el cuartel y apoderarse de las armas como 
se verificó sin violencia y sin oposición alguna de la guar- 
nición, ni del oficial don Mauricio José Troche que la man- 
daba. Posesionado Caballero del cuartel, y habiéndosele 
reunido ya mucha parte del pueblo que se habia ad- 
herido á la revolución y ofrecldole sus servicios, se le 
sometió toda la guarnición, y fué reconocido comandante 
del cuartel. 

En este estado requirió é intimó al gobernador Velazco 
la cesación en el mando de la provincia, ó que entre- 
tanto se celebrase un congreso nacional que determinase 
y deliberase la forma de gobierno que le pareciera mas 
conveniente y adaptable á las circunstancias en que se 
hallaba la España. El gobernador Velazco convocó á 
sus adictos, y se negó á acceder á la propuesta de Caba- 
llero; repitió éste su requerimiento proponiendo se le 
nombrarian dos consocios, con quienes actuase el despa- 

(1) Sobre la Beyolucion del Paraguay tomamos los principales datos 
de la obra de Molas. 



830 GOBERNANTES 

cho de las causas y asuntos de gobierno hasta la celebra- 
ción del congreso. Siguió el gobernador con su oposi- 
ción, pernnaneciendo inflexible toda esa noche á cuanto se: 
le proponía por el cuartel. Vanos fueron todos sus es- 
fuerzos hasta que amaneció el día 15, sin que el gober- 
nador desistiese de su oposición, ni las tropas de su 
empresa de usar de la fuerza; y ñrmes éstas en salir con 
su intento, se presentaron en la plaza con dos piezas de 
artillería, determinadas y resueltas á batir y derribar las 
casas de gobierno. 

Ed vista, pues, de esta disposición y firmeza de los 
revolucionarios, accedió el gobernador á cuanto se le ha- 
bla propuesto y exigido la noche anterior. En su conse- 
cuencia, se nombraron los dos consocios. 



LVI. JUNTA DE GOBIERNO PROVISORIO, compuesta 
del general Velazco, presidente, doctor José Gaspar Ro- 
dríguez de Francia y don Juan Valerio de Zevallos, vo- 
cales, á nombre de Fernando Vil, entrando en función el 
16 de mayo de 1811, y debiendo durar hasta la reunión de 
una asamblea general ó congreso que determinase el ré- 
gimen y la forma de la nueva administración. 

Al dia siguiente (17 de mayo) publicó el general Velazco 
el notable bando siguiente: "Habiendo convenido en pro- 
ceder en el despacho asociado con el doctor José Gaspar 
Francia y don Juan Valeriano Zevallos hasta tanto que se 
establezca el régimen y forma de gobierno que deba per- 
manecer y observarse en lo sucesivo, se da á saber al pú- 
blico para su inteligencia en consocio con dichos adjun- 
tos. Que sus miras é intenciones benéficas y pacíficas 
son dirigidas solamente á promover la mayor felicidad 
de la provincia, y no ha tenido por causa y por objeto 
entregar ó dejar esta provincia al mando, autoridad 6 
disposición de la de Buenos Aires ni de otra alguna, y 
mucho menos el sujetarla á ninguna potencia estraña; y 



DEL PABAGÜAY 231 

que todos los nominados muy distantes de semejantes 
ideas no han tenido ni tienen otra que la de continuar con 
todo esfuei'zo haciendo los sacrificios que sean posibles 
á fin de sostener y conservar los fueros, libertad y digni- 
dad de esta provincia . . . Que conformándose con 
Buenos Aires no se tendría otra mira sino la defensa co- 
mún bajo un sistema de mutua unión, amistad y confor- 
midad; cuya base sea la igualdad de derechos!!." 

Lo primero que hizo este nuevo gobierno fué ordenar 
se recogiesen las armas de fuego y blancas que existian 
en poder del partido realista que se componia de los es- 
pañoles europeos y de algunos paraguayos, á fin de pre- 
caber una contra-revoIucioñ para reponer á Velazco. 
Apesarde esta providencia, hicieron también que de la 
campaña bajase alguna tropa para resguardo y seguri- 
dad de la ciudad, como se verificara. Mandaron evacuar 
la ciudad de Corrientes, que de orden del gobernador 

Velazco, la habia ocupado el comandante del Pilar Jaime 
Ferrer, que era también gefe de la fuerza fluvial, y se le 
separó á éste de todo mando en aquella frontera. 

A los veinte y cinco dias de la revolución, habiéndose 
tomado todas las providencias convenientes á la seguri- 
dad y tranquilidad interior y esterior de la provincia, se le 
suspendió del mando y puestos eniin lugar de seguridad 
(9 de junio) á don Bernardo de Velazco y á los capitu- 
lares de aquel año, que eran españoles los mas, y fueron 
encerrados en el cuartel, quedando solos los dos conso- 
cios. 

LVn. DOCTOR JOSÉ G. R. DE FRANCIA y don Juan 
Valeriano de Zevallos, desde el 9 de junio (1811) por la se- 
paración y prisión de Velazco, con la jurisdicción interina 
hasta la resolución del congreso que debia reunirse. 

A fin de satisfacer al público de todo lo obrado hasta 
entonces, se espidió un bando firmado por el comandante 
y oficiales del cuartel general de la Union, diciendo á los 



232 GOBERNANTES 

habitantes del Paraguay: que los depositarios de la autori- 
dad en el detestable proyecto de someterla provincia á una 
dominación estrangera, ó valerse de sus fuerzas para sor- 
prenderla con el simulado aparato de auxilio. Que la 
aprximacion de tropas portugueses hacia los límites de la 
provincia, á saber, al norte, en los establecimientos de 
Coimbra, y al este en el pueblo de San Borja, al mando 
del capitán general de San Pedro. Que la venida del te- 
niente de dragones don José de Abreu, enviado por dicho 
general á esta ciudad (Asunción); la misteriosa reserva 
con que se disfrazaba el verdadero objeto de su comisión. 
Que después de la revolución se fueron notando y des- 
cubriendo otros hechos tan circunstanciados que no ha- 
cia dudable aquel concepto. Queapesar de estar ya cer- 
rado el pliego de contestación á dicho general, Velazco 
sólo manifestó á sus consocios del gobierno un brevísimo 
y frivolo borrón que no condecia con los planes y demás " 
que contenia el oficio del general de San Pedro. Que la 
fuga del coronel Pedro Garcia, abandonando el mando 
de la población que estaba á su cargo, después de haber 
noticiado del suceso de la revolución, llevando su ruta á 
dichos establecimientos portugueses del norte, era otro ac- 
cidente que inducía mas que vehemente presunción. Pero 
que lo que removía toda duda en el particular era la car- 
ta interceptada por el gefe de las tropas paraguayas don 
Blas José Rojas, escrita en la Bajada al propio Velazco, 
por don Carlos Genovés, enviado por él á Montevideo, 
como era notorio. Que en esta carta encargó Genovés á 
Velazco, que redoblase sus comunicaciones con los por- 
tugueses: qne estos cubriesen inmediatamente la costa 
oriental del Paraná; que los del norte cayesen también 
sobre el Paraguay; que las fuerzas de mar paraguayas 
cubriesen igualmente aquel punto; y que de este modo 
teniendo la costa occidental, concluye diciendo Genovés á 
Velazco somos los reyes de la America del Sur. etc., etc. 
En el cuartel general déla Asunción del Paraguay, á9 de 



DEL PARAGUAY 233 

junio de 1811. — Finado Pedro Juan Caballero, Fulgencio 
Yegros, Aíitonio Tomás Yegros, Mauricio José Troche, 
Juan Bautista Rivarola, Manuel Iturbe, Fraciscq Antonio 
González, José Joaquín León, Mariano del Pilar Mallada, 
Blas Domingo Franco, Agustín Yegros, Pedro Alcántara 
Estigarribia, 

Instruida la provincia de los graves motivos que prece- 
dieron é impulsaron á los oficiales, tropas y vecinos de la 
capital á la separación y remoción total del gobernador 
Velazco del mando absoluto de la provincia, fué convoca- 
do un congreso general por medio de esquelas, para el 18 
del mismo mes de junio. 

LVm. JUNTA GUBERNATIVA, nombrada el 22 de ju- 
nio y compuesta de los cinco siguientes; general Fulgen- 
cio Yegros, presidente, el comandante don Juan Pedro 
Caballero, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, el 
presbítero doctor Francisco Javier Bogarin y el doctor 

Fernando de la Mora vocales, y sus funciones debian du- 
rar cinco años. 

Se nombró asesor al doctor Gregorio de la Cerda, se- 
cretario á don Mariano Larios Galvan y escribano público 
a don Jacinto Ruiz. 

Apenas intalada la junta, se agitó la cuestión por un 
número de ciudadanos, convocado al efecto en el palacio 
de gobierno sobre si éste habia de seguir rigiendo los des- 
tinos del país á nombre de Fernando VIL El doctor 
Francia, cuya opinión decidida era en sentido contrario, 
entró en el salón de acuerdos en lo más acalorado del 
debate. Dirigiéndose á la mesa y tomando asiento al la- 
do de varios funcionarios de gobierno, sacó un par de 
pistolas cargadas y las colocó delante de él, diciendo: 
"Estos son los argumentos que traigo contra la suprema- 
cía de Fernando VIL'* 

A tan audaz como práctico argumento, sus compatrio- 
tas se pronunciaron abiertamente por la independencia 



234 GOBERNANTES 

absoluta de la madre patria, siendo la primera declaración 
categórica que se hiciera en la América del Sur, en con- 
tra posición de lo que se habia practicado en Buenos Aires, 
en donde, á nombre á^ nuestro querido Fernando VII, se 
derramaba la sangre de los que combatían en defensa del 
mismo monarca. 
En seguida decretó: 

1? Que el Paraguay se gobernarla por sí mismo sin la 
intervención de Buenos Aires, proclamando por ese he- 
cho la independencia paraguaya. 

29 Que, sin embargo, conservarla buenas relaciones 
con esa provincia, y que enviaría diputados al congreso 
general. 

3? Que los derechos de aduana se establecerían regular- 
mente y que el monopolio del tabaco quedarla suprimido. 

49 Que, en ningún caso, las leyes y resoluciones del 
congreso argentíno obligarían al Paraguay, sino después 
de haber sido aprobadas por la asamblea general. 



* 



El 20 de julio (1811); la junta gubernativa del Paraguay 
pasó un oficio á la de Buenos Aires justificando su re- 
sistencia á las tropas de Belgrano, no habienco tenido otro 
objeto que su natural defensa; y declarando que mientras 
no se formase el congreso general, la provincia del Pa- 
raguay se gobernarla por si misma, sin que la junta de 
Buenos Aires pudiese disponer y ejercer jurisdicción 

sobre su forma de gobierno, régimen, administración, ni 
otra causa alguna correspondiente á ella. 

La junta de Buenos Ai^es envió sus representantes 
plenipotenciarios cerca de la del Paraguay, con el objeto 
de acordar las providencias convenientes á la unión de 
ambas provincias y demás confederadas que formaban 
antes el estinguido vireinato delRio de la Plata, como en 
efecto envió á don Manuel Belgrane y á don Vicente 



DEL PARAGUAY 235 

Anastasio Echevarria. Llegados éstos á la ciudad de 
Coprientes, avisaron de su arribo, pidiendo permiso para 
su entrada en el Paragay, á cumplir y llenar la misión 
que llevaban. 

La junta gubernativa contestó (9 de setiembre) no 
haber recibido contestación á un oficio de 20 de julio, ya 
citado, y ademas que mientras el gobierno de Buenos 
Aires no reconociese espresa y formalmente la indepen- 
dencia del Paraguay en los términos propuestos y acor- 
dados por dicha provincia, no era llegado el caso de 
entrar oportunamente en tratado alguno relativo á la pro- 
vincia del Paraguay, siendo su independencia la que de- 
bía asentarse por preliminar de toda ulterior determi- 
nación. 






Francia intrigaba contra el gobierno de que él, si bien 
ausente, seguía formando parte; recibia visitas secretas 
de la mayor parte de los principales labradores y estan- 
cieros: fomentaba las aspiraciones de hombres que jamás 
habian soñado ni pretendían alcanzar el poder, mostrán- 
dose manso y condescendiente con la clase mas baja de 
la sociedad, y altanero con la mas elevada. Su plan era 
inspirar á la gente del campo el sentimiento que los que 
gobernaban eran unos ignorantes sin mérito alguno, é 
insinuándoles que si él subía, ¡cuan diferente seria! Les 
hacia ver que el objeto de la revolución había sido derrocar 
las pretensiones aristocráticas de la España, y entretanto 
esas pretensiones eran mas odiosas y sólo habia un cam- 
bio de personas iguales ó inferiores. 

¿Quién es Yegros? — presidente de la junta, decia Fran- 
cia — Un ^ucho ignorante. 

¿Quién es Caballero? — agregaba, — nada,y sin embargo, 
los dos son generales investidos de la suprema autoridad 



*. 



236 OBERNÁNTES 

insultándoles á ustedes con ostentaciones tan ridiculas co- 
mo despreciables. 

De este modo derramaba Francia el veneno de su de- 
safección y descontento en el oido de sus compatriotas, 
quienes sin escitacion admiraron su patriotismo, respeta- 
ron su integridad y veneraron su sabiduría. 

Francia que veia que los miembros de la junta se entrete- 
nían en diversiones, paseos ó caza, y á veces, erigiéndose 
en jueces supremos ó tiranos caprichosos, infligían casti- 
gos, distribuían los empleos y favores á los que ofrecían 
mas, y se dejaban guiar, en su conducta política, por mu- 
geres depravadas é intrigantes, concibió, desde ese mo- 
mento la idea de apoderarse de la autoridad suprema que 
nadie se hallaba en estado de disputarle. 

La* junta, el 16 de setiembre, mandó prender á los indi- 
viduos siguientes: 

Capitán José Teodoro Fernandez, paraguayo. 

Fiscal de real hacienda, Juan Bautista Achard, para- 
guayo. 

Alcalde de 29 voto, Antonio Recalde, español. 

Capitán urbano, Cayetano Iturbui'u, español. Este sa- 
lió de la prisión el 13 de marzo de 1812. 

Alférez de miñones urbanos, Juan de Acosta, paragua- 
yo. Salió el mismo dia que el anterior. 

Capitán de miñones urbanos, Juan José de Machain, 
paraguayo. Salió de la prisión el mismo dia. 

Camandante de artillería Martin Rey, paraguayo. 

Capitán de id. Luis Saá, español. 

Id. id. Pedro Juan Celpa, español. 

Id. id. Rafael Zavala y Peña. 

Teniente de granaderos urbano y regidor Pedro Vicen- 
te Capdevilla, ^paraguayo. 

Don Francisco Riera, regidor, español. 

Don José Antonio de Zavala y Delgadillo, coronel, ar- 
restado en su casa. Este salió del arresto el 9 de marzo 
de 1812. 



DEL PARAGUAY 237 

Los siguientes, presos y escapados de parte de noche. 

Regidor don José Carísimo, español. 

Id. Id José del Barrio id. 

Alguacil mayor don José de Arza, id . 

Capitán de artillería don Antonio Zavala, id. 

Alférez de id. don F. Guerrero, id. 

Teniente de id. don Pascual de Urdapilleta, con prisio- 
nes, español. 

Don Manuel Fernandez y Goyri, paraguayo. 

Id. Juan Antonio Marín, id. 

Alférez urbano don José Lino de León y Zavala, id. 
Salió el 13 de marzo de 1813. 

Don Pedro Pablo de Zavala y Peña, id. 

■ 

Cabo veterano N. Rodríguez. 

Don Francisco Menchaca. 

A los pocos dias de estas prisiones, el dia de San Mi- 
guel, 29 de setiembre (1811) á las doce a. m. salió del cuar- 
tel la compañía de granaderos á la plaza, tocando cajas y 
dando gritos de "¡Viva el rey! ¡Viva nuestro gobernador! 
¡Mueran los traidores!" Cercan la casa de gobierno, con 
bayoneta calada en ademan de acometer, con cañones en 
la puerta del cuartel, aparentando sublevarse éste, requie- 
ren á los presos encepados para que se reunieran á ellos. 
Dominada esta insensata revolución, salen partidas á 
prenderá los siguientes: — 

Cabo veterano de dragones Martin Correa, criado de 
Velazco, el pulpero catalán Martin, el mayorquino. Es- 
tos dos con solo el término de una hora, fueron dispuestos 
y ajusticiados y pendientes sus cuerpos de una horca. 

El receptor de alcabalas don José Cristóbal de Santi- 
bañez, preso en la cárcel. 

Fueron pasados por bajo de la horca, los sigientes ciu-. 
dadanos paraguayos: • 

Factor oficial don Severo de Oscaris. 

Lector dominico fray N. Taboada y Piedad. 

Regidor don N. Enteerria. 



238 GOBEBKANT£S 

Don Plácido Carísimo. 

Id. Juan Bautista Carísimo. 

Id. Bernardo de Haedo^ alcalde de 1^^. voto. 

Id. Antonio Diaz y su dependiente. 

Id. Emeterio Martinez, español. 

Don Antonio Martinez Várela se libró de la misma pe- 
na por no haberse dado con él hasta las tres de la tarde; 
y concluida esta operación fueron embarcados en el ber- 
gantín de don Juan José Machain, fondeado en medio rio. 

A mas de los anteriores fueron pasados por bajo de la 
horca, un sobrino del ajusticiado mayorquino, un catalán 
y un gallego, los cuales, conducidos como los demás al 
bergantín, al dia siguiente (30 de setiembre) fueron pues- 
tos en libertad. 

El predicador fray José Martinez, español, que predicó, 
el sermón del Patrocinio en la catedral, entró igualmente 
preso en el bergantín el 18 de noviembre, .saliendo de la 
prisión al mes cabal. 

A ninguno de los cometidos se le formó causa, y con 
motivo que el bergantín no pudo salir por tener que ha- 
cerlo reparar el dueño, se dispuso saliesen de él los presos 
guardando arresto en sus casas (31 de diciembre), ios que 
después fueron sucesivamente puestos en libertad. 

Con escepcion de Saá, todos tuvieron que dar un dona- 
tivo para salir libres del destierro á Borbon, conmutándo- 
seles con los siguientes destinos: 

A Machain 2000 pesos, y desterrado á Villa Rica. 

Iturburu 2500 pesos, y desterrado á Iguamandiyú. 

Capdevilla 3000 pesos, y á Curuguati. 

Acosta 4000 pesos, y á Villa Rica. 

León 1500 pesos, y al partido de Cumbaritl, doce leguas 
de la ciudad. 

Achard 1000* pesos, y á su estancia de Ibitiminí. 

Fernandez 1000 pesos y á su estancia en Villa Real. 

La revolución del 29 no pasó de ser una asonada sin 



DEL PARAGUAY 239 

consecuencia alguna, y la ejecución de los mencionados 
individuos, fué un acto bárbaro. Francia que fingia ig- 
norar todo, corre presuroso, pues, como se dijo, se hallaba 
separado de la junta, y consigue se sobresea en la eje- 
cución de los demás presos, cuya causa se seguia, con- 
mutándoseles la pena, la que, con el tiempo quedó reduci- 
da á simple detención limitada. 

Damos á conlinuacion una breve y sucinta relación de 
los sucesos memorables que tuvieron lugaren la Asunción 
desde el dia 14 de mayo de 1813. 

A las nueve 'de la mañana del 14 de mayo (1812), se 
anunció al público un bando solemne, con música mi- 
litar, que se estrenó en este acto, siendo la función del 
dia siguiente en memoria de la revolución del año 1811; 
ordenando asistiese todo el vecindario, á la misa, Te-Deum 
y besamanos, con iluminación de las calles, sopeña de 
cuatro pesos de multa. El mismo dia por la mañana, la 
junta intimó orden de confinación fuera de la provincia, 
dentro de tercero dia, al cura vicario de Villa Real y su 
teniente por haberse manifestado adictos, según se decia, 
á la causa del partido porteño. 

Después de oraciones hubo salva de artillería, habién- 
dose enarbolado el pabellón tricolor, con música en la 
plaza, iluminación en las calles, disparo de un cañonazo 
cada media hora toda la noche hasta salir el sol del 
dia 15. 

En este á la hora acostumbrada pontificó el obispo con 
toda solemnidad, predicando el doctor Viana, siendo el 
asunto que "San Isidro (á quien juraron los militares Pa- 
trón de su cuartel general) por su presencia en España, 
las atrocidades de los franceses, efecto de la divina Provi- 
dencia, eligiendo al Paraguay para prestarle su protec- 
ción en cambio de Madrid." 



SíO Gobernantes 

El presidente de la junta prestó por los oficiales, el ju- 
ramentoy voto del patronato, dicho ante el obispo. 

La concurrencia del vecindario fué numerosísima en el 
templo y besamanos. Se cantó el Te-Deum, y en obse- 
quio de esta celebridad la junta mandó poner en libertad 
del arresto á Celpa y algunos delincuentes de la cárcel 
pública. 

En conmemoración del dia, el comandante del cuartel y 
los oficiales pidieron al gobierno la restitución del vocal 
Francia, suponiéndolo preso, y se les contestó que resol- 
vería, en virtud de no haber sido espulso. 

Al salir el cabildo para la función, el escribano de go- 
bierno notificó al regidor Aresti orden de destierro al fuer- 
te Apa, por haberse manifestado contra el proceder de la 
junta, y por súplica de los alcaldes se le conmutó su confi- 
nación á su estancia . 

A prima noche hubo baile en la casa de gobierno con 
asistencia de muchos españoles europeos. 

Gomóla situación del rey Fernando afligia mucho á la 
junta de gobierno del Paraguay, promulgó ésta á las 
nueve de la mañana del dia 21 del mismo mes (mayo de 
1811) bando muy solemne con música en que se man - 
daba que para los dias 19, 20 y 30 del siguiente mes (junio) 
se preparase todo vecino estante y habitante de la capital 
con caballos y ijaeces á proporción de sus facultades, so 
pena de ser tenido por infidente y sospechoso j para acom- 
pañar al Real Estandarte del señor desdichado Fernando 
vn, convocando para lo mismo á los correos de todos los 
pueblos de Misiones y provincia, á un justicia ó regidor de 
cada villa. Y al salir el sol del dia 30 (mayo), se enarboló 
el pabellón tricolor, con salva menor de artillería, que se 
repitió á la tarde en su descenso, en obsequio del referido 
rey Fernando habiendo obtenido del gobierno el capellán de 
cuartel general licencia, para que los presos de estado se 
comunicasen en celebración de dicho Fernando vn, hasta 
el momento en que el comandante prohibiera su continua- 



DEL PARAGCJAY 241 

cion. La concurrencia de visitantes fué tan numerosa, co- 
mo era natural, desde que los presos lo eran de igual mo- 
do, que el cuartel se volvió un templo donde se gana ju- 
bileo de toties quoties^ con general regocijo de la ciudíad. 

El 19 de junio (1812) por la mañana, se publicó nuevo 
bando ordenando que los descontentos con el gobierno de 
Id junta saliesen de la provincia en el término de quince 
dias, con la condición de que serian auxiliados por el mis- 
mo gobierno hasta fuera de su jurisdicción, y si pasado 
este término alguno atentase contra él habia de ser casti- 
gado. Al medio dia se enarboló el Real Estandarte con 
cintas tricolor, haciéndose el paseo á la tarde con mucha 
solemnidad, con sesenta indios montados y acompañados 
délos corregidores de los pueblos y corporaciones y algu- 
nos vecinos, hasta un punto que se adornó preventiva- 
mente con geroglf fieos de árbol de la libertad y demostra- 
ciones de regocijo que en contorno hicieron los vocales 
de la junta. Por la noche hubo baile en el cabildo, orga- 
nistas de música por los calles, iluminaciones en todas 
las casas de los gremios de artesanos. Esto no impidió 
que esa misma noche, mandara la junta prender, como 
se hizo, á don F. Recaído, por aporteñado. Al dia si- 
guiente (20), se repitió el paseo por Santo Domingo* con 
igual solemnidad, concurriendo mucha gente á la catedral 
en la que pontificó el obispo, predicando el doctor Riveros 
sobre los dos puntos siguientes: 1° de las obligaciones del 
gobierno para con Dios, la religión y la patpia. 2o de las 
del pueblo para con el gobierno, diciendo al concluir un 
discurso importante contra los votos de algunos indivi- 
duos de las cortes sobre los artículos de igualdad entre 
europeos y americanos. A la noche se representó por 
primara t?^i?, á nuestro conocimiento, la comedia "Mas 
vale tarde que nunca." 

Aprovechando la solemnidad del acto, el coronel con 

algunos oficiales pidieron la libertad de los presos y de 

Iturbe, mas la junta mandó en contestación que se les 

17 



242 GOBERNANTES 

pusiese prisiones de nuevo. En los dos dias siguientes 
hubo juego de sortija y por la noche baile y repetición de 
la comedia. 

•Al salir el sol del dia 15 de agosto (1812) se hizo salva 
de artillería enarbolándose el pabellón tricolor, pero al 
comenzar la misa mayor la junta mandóarriar éste, sus- 
tituyéndolo otro también tricolor aunque con listón ancbo 
blanco en medio, colorado, angosto arriba y azul abajo, 
con las armas de la ciudad por un lado, y las del rey en 
el blanco. Al alzar y terminarla misa, se hizo fuego de 
artillería. 

Por auto que la junta proveyera (26 de setiembre) pro- 
nunció ésta sentencia revocatoria por contrario imperio, 
para que los presos hiciesen su defensa en treinta dias 
con todos cargos y ser condenados por trance del asunto 
relevándoles de la pena capital y perdimiento de bienes en 
n)ulta de 30;000 pesos para una muralla á prorata, como 
sigue; Acosta 8,000 pesos, Capdevilla 6,000, Iturburu 
5,000, Machain4,000,Leon 3,000, Achard 2,000, Fernan- 
dez 2,000, y mientras durase la obra, destierro áBorbon, 
y Saá por ocho años, y, después de conclusa, espatri ación 
con sus familias todos. A Centurión tres años de alcaidía 
sin sueldo,^con cargo de pedir limosna con los presos dia- 
riamente: dándoseles seis dias de plazo para que deliberen 
sobre su conformidad, y en caso contrario se seguirla la 
causa. Los antecedentes que espresa la sentencia son 
vehementes conjeturas, unas, cortas sospechas, y otras, 
pruebas de menor congruencia, por denuncia del capitán 
de artillería don Francisco Laguardia, teniente don Pedro 
Alcántara Estigarribia y el soldado Luis Cabrera, quie- 
nes presentaron á la junta cuatro mil y tantos pesos, ha - 
bióndoles dado los presos, según autos á que se refieren 
ja denuncia 11,000 pesos, para que solicitasen de la junta 
la apertura del puerto entonces precluso (desde 26 de se- 
tiembre), á que se refiérela confesión llana délos presos: 
se les declara proditores por haber querido atentar, sQgua 






DEL PARAGUAY. 243 

la sentencia, contra las inviolables y sacrosantas perso- 
nas dergobierno,. cuya deposición, dice la misma senten- 
cia, pretendían tratando de reponer al gobernador Ve- 
lazcocon dos socios, don José Antonio deZavalaydon 
Juan Benito Achard. Esta sentencia comprendía ocho 
fojas. 

Los presos á su vez, no pudiendo hacer otra cosa 
presentaron un memorial, llevado por el mismo obispo á la 
•junta (1° de octubre) todos sujetándose completamente á lo 
dispuesto en la sentencia, suplicando la permuta del destier- 
ro á Borbon en otros destinos, á saber, Fernandez, á su es- 
tancia, Achard, á la suya en Ibitimi, Iturburu, álguaman- 
diyú, Machain, á Villa Real, Acosta á Villa Rica, Capde- 
villa, á Curuguati, León, dentro de la capital. Sáa se ofre- 
cía de sobrestante de la obra de la muralla, asignando 
todos los poderosos motivos de su súplica. 

En obsequio de la verdad, es necesario confesar que 
Francia se halló ausente del cuerpo durante la mayor parte 
del tiempo á que se refieren los sucesos njemorables que 
se acaban de relatar, hasta el 16de noviembre (1812) que se 
incorporara á la junta, á fuerza de ruegos y súplicas de 
sus compañeros, habiendo sido felicitado (el 18) 'por todo 
el cabildo en cuerpo. . 

A los pocos dias de la reincorporación de Francia se pre- 
sentó (20 de noviembre de 1812) la muger del alférez don 
F. Guerrero, que fué preso el 23 de setiembre de 1811, pa- 
ra que se aliviase las prisiones á su esposo, mandan- 
do aquél ponerle en libertad plena. La señora doña 
Clara de Machain y doña petrona de Zavala se presenta- 
ron (21 de noviembre) solicitando el despacho de un es- 
erito suplicatorio de los presos, las cuales fueron despedi- 
das con mucho consuelo de Francia, quien, tres dias des- 
pués, mandó poner en libertad á los compañeros de Guer- 
rero, don José Cristóbal de Santibañez y don José Gómez. 
En contraposición de esto, la junta mandó (3 de diciembre) 
embargar cuatro buques para armarlos en guerra. 






244 GOBERNÁHTBS 

La noche del 26 de diciembre hubo una farsa digna de 
referirse por ser tan original como graciosa; él caso 
fué como sigue. Se anunció el casamiento del coman? 
dante don Antonio Tomás Yegro?, con una hija de Sperati^ 

hermana de la muger del presidente de la junta. Propá- 
gase esta noticia con motivo de que dicho Yegr os hizo 
disponer para aquella noche un gran aparato como para 
baile, haciendo convidar á las señoras de la ciudad, en ce-^ 
lebracion de un casamiento enigmático. Al anochecer se 
iluminó toda la casa de los Yegros, disponiéndose un 
grato refresco: habia dos orquestas: concurrió mucho 
pueblo. Llegan las señoras, oficialidad y todos en es- 
pectacion, al ver todo un hombre ocupado en mil tonteras 
y ridiculeces, hacer la irrisión de los concurrentes sin pro- 
cederse á ningún acto formal. Todos se preguntaban 
¿Quién es la novia? ¿Cuándo se baila? En efecto, la asis- 
tencia del presidente de la junta y cura párroco doctor 
Quintana hacia creer aquella voz; pero nada hubo; fueron 
retirándose poco á poco los concurrentes burlados y sa- 
tisfechos de la locura del comandante. La música ama- 
neció y continuó todo el dia siguiente y subsiguiente hasta 
el 29 en que se repitió la misma pantomima. 

Las violentas é inicuas medidas que carecterizaban la 
primera elevación de Francia al poder no deben atribuirse 
á él solo; sino á la debilidad, timidez é ignorancia de la 
junta, que cometiera el crimen de permitir que un espiritu 
tan sombrío y malvado como el de aquél llegara * á con- 
seguir la autoridad absoluta. Cuando él entró á formar 
parte de ella, sus consejos, aunque él lo pretendiera no 
eran decisivos, habiendo tenido fuertes reyertas con 'Sus 
compañeros porque no le dejaban seguir sus caprichos. 
Si no se deshizo de ellos entonces fué por no considerarse 
aún bastante fuerte para llevarlo á cabo. Ellos á su vez 



DEL PABÁGUAT 245 

eran impotentes para librarse á si mismos y al pais de se- 
mejante monstruo. 

Disgustado de verse asi contrariado por sus colegas, 
prefirió dejarlos solos, retirándose él á su quinta enlbirai. 
En su lugar, entró don Gregorio de la Cerda, como se- 
cretario, ó como se titulaba, asesor de la junta, para com- 
pletar el número de la corporación que había organizado 
Somellera. Fijóse la atención en este personage por su 

importancia en muchos sentidos. Era amabley muy ser- 
vicial y, afectando sabiduría, se hacia accesible para to- 
dos. Tenia una palabra suave para todo el que. pedia y 
era cumplimentero para toda cara bonita, y con tan poca 
malicia, que á la vez que conservaba buena relación con 
todos los padres de las familias mas respetables, las ma- 
dres le hacian padrino de sus hijos. De modo que venia á 
ser padrino general, y como eran numerosas las madri- 
nas, llegó á tener una clase de parentezco con casi todas 
las mejores familias de la capital. 

Ademas, su influencia entre el pueblo era grande, como 
grande era la cólera de Francia al ver que otro habia sido 
llamado para ocupar el lugar que él dejaba vacante, en la 
casi seguridad de que la junta no encontrarla reem- 
plazante. 

Otro de los primeros actos de Francia al reincorporarse 4 
la junta fué mandar prender á La Cerda, decretando su 
destierro fuera del país en el plazo de ocho dias, porque, 
como ói mismo dijo á Robertson á quien entonces trataba 
con familiaridad y confianza: "Me parece conveniente ale- 
jarle, porque tuvo el descaro, al salir yo del gobierno, de 
tomar la asesoría sabiendo que yo le aborrecía y despre- 
ciaba." Sus colegas no se atrevían á hacerle oposición, 
porque sabian bien que los militares estaban cprrompi- 
dos-y que los gefes se hallaban listos para ej^cutar x^ual- 
quiera orden del asesor. 

En efecto Francia era ya absoluto, aunque no se sen- 



246 OOBEBNANTBS 

tía aún seguro en su posición temiendo que algunas me- 
didas suyas demasiado arbitrarías produjeran una reac- 
ción contra él. Ya estaban forjadas las cadenas para el 
pueblo, sólo faltaba fijárselas para que no pudieran mo- 
verse. 

Para efectuar esto, adoptó el medio de convocar un con- 
greso, que por medio de la intriga y de las amenazas san- 
cionase el suicidio de la libertad individual. Francia dio 
sus instrucciones para que los ciudadaaos de los diferen- 
tes departamentos enviasen diputados al congreso, á fin 
de que decidiesen sobre el importante punto del envío de 
diputados á la asamblea general constituyente en Buenos 
Aires. 

Habia llegado (20 de mayo de 1813) á la Asunción don 
Nicolás Herrera, enviado de ésta cerca de aquel gobierno, 
habiendo sido recibido en la Recoleta por el capitán don 
Martín Fleitas y el alférez don M. Molas. La junta ó sea 
Francia, acordó el envío délos di putadosá dicha asamblea, 
según comunicaba Herrera á la junta de Buenos Aires, en 
junio del mismo año. Lo cierto es que éste, muy luego 
se apercibió que era tenido por huésped de mal agüero, 
vigilado y siguiéndosele los pasos. Hasta circulaban 
rumores de peligro sobre su persona, no pudiendo conse- 
guir una entrevista con ningún miembro de la junta, en 
(ñas de una semana. El acuerdo de la junta, á que se 

refiere Herrera debe haber sido una estratagema de Fran- 
cia para salir del paso. 

El hecho es que los tales diputados jamás saliferon del 

Paraguay, en cumplimiento del referido acuerdo, si bien 

el gobierno de Buenos Aires abrigaba la esperanzado 

que aquella junta obraba de buena fé, cuando en vista de la 

simpatía que mostraba por la causa de Buenos Aires, que 

era la de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, 

anunciando •(15 de marzo) al pueblo de la Asunción, con 

repiques generales y salva de artillería, la notícia de la 

vÍ2toriade Salta por el general Belgrano, con iluminacip- 



DEL PARAGUAY 247 

* 

nes en algunas casas de la ciudad y música x^osteada por 
los patriotas. 

• Poco después de la brusca despedida del enviado de 
Buenos Aires, Herrera, por el gobierno del Paraguay, como 
un acto de retribución por su mala acogida y rechazo de 
sus propuestas de alianza, el gobierno argentino impuso 
fuertes derechos á todos los productos paraguayos. En 
, vano se hizo presente cuan impolítica era esa medida, 
Buenos ^ires siguió prestando oidos sordos; y habiendo 
escrito don Guillermo Roberson á ese repecto una carta á 
su amigo Herrera, recibió de éste la contestación siguiente: 

"Los nuevos derechos, concedo, son fuertes; pero, 
créame usted, las circunstancias lo exigen de un modo 
imperioso* Si el congreso del Paraguay del 1° de octu- 
bre hubiera comprendido mejor sus intereses habría evi- 
tado la imposición de tan fuertes derechos. Pero cada 
uno comprende mejor sus propios negocios. 

"Habia una vez en Buenos Aires (permítame contar á 
usted una breve anécdota), un capitán Banfl, célebre por 
su chispa y jocosidad. Ocupaba el primer piso deuna casa 
cuyos cuartos bajos alquilaba un rico zapatero, que tenia 
una tienda magnifica. 

Banfi observó que los oficiales, con el fin de vejarle y 
perturbarle álahora de la siesta, cantaban á gritos hacien- 
do con sus martillos un ruido infernal. Cansado de esta 
molestia, un día bajó á la misma hora de la siesta, y con , 
la mayor política suplicó al patrón y peones le hiciesen el 
servicio de no mostrarse tan celosos en la prosecución de 
su trabajo y diversión en un momento en que todos desea-» 
ban descansar. Perolos zapateros cont3staron: Que cada 
uno tenialibertad de hacer en su casa lo que se les anto- 
jara.'' 

Banfi no dijo una palabra; pero al dia siguiente, mandó 
prepararun gran tacho de agua hirviendo, y¿Bn elmomen- 
to de la siesta se puso á regar el piso de su pieza. El agua 
penetró, como era consiguiente, por entre las junturas 



2J^ GOBESNANTES 

de las tablas y cayendo eñ la cabeza de los bulliciosos zapa- 
teros, á unos los escaldó, empapando á otros; de modo 
que, saliendo á la calle, se pusieron á dar fuertes gritos, 
contra el ultraje, amenazando al capitán con hacerle com- 
parecer ante el gobernador. • 

"Banfi, que desde su balcón, esperaba el resultado, les 
contestó con provocante compostura:" Bien, amigos mios, 
háganlo; y yo^ contestaré al gobernador ''qtce cada uno , 
tenia libertad de hacer en su casa lo que se ^ le ento- 
jara.'' 

Nicolás de Herrera. 

Las credenciales del gobierno de Buenos Aires son de 
fecha 4 de marzo. Herrera llegó & la Asunción el 20 de ma- 
yó, y sin embargo hasta el 19 de octubre no pudo tener 
contestación de la resolución del congreso sobre el no 
envío délos diputados al congreso, según se verá por los 
documentos que siguen: 

El gobierno de Buenos Aires al del Paraguay. 

Con el objeto de estrecharlos vínculos. de amistad y de 
alianza entre esta provincia y la del Paraguay, y tam- 
bién para manifestar la buena fé j la liberalidad de este 
gobierno y colocar sobre bases seguras la felicidad pública 
así como el interés mutuo de ambos territorios, estego- 
bibrno ha acreditado á don Nicolás Herrera cerca del 
gobierno del Paraguay, mediante las amplias facultades 
que se le dan y esperamos que á su llegada á la Asunción, 
.será considerado por V. S. como tal y tratado con las dis- 
tinciones, la confianza y los miramientos que reclama el ti- 
tulo de que va investido. 
Dios guarde á V. S. muchos años. 

Buenos Aires, á 6 de marzo de 1813. 
Fkmsido— Nicolás Rodrigues Peña— José Jun 
UanTerez — Antonio A . de Font— Juan Manuel 
de Luca^ secretario interino de gobierno. 



DEL PA&AOUAT 249 

NOTA DE DON NICOLÁS DE HERRERA Á LOS CÓNSULES DEL 

PARAGUAY 

Escelentisimos señores. 

No teniendo ningún documento oficial que me haga co- 
nocer la determinación de esta provincia respecto del envío 
de diputados á la asamblea general constituyente, lo que 
era el objeto principal de mi venida al Paraguay, espero de 
la bondad de VV. EE. se dignen remitirme copia en 
forma, 6 instruirme oficialmente de las resoluciones to- 
madas por el gobierno de VV. EE. á fin de que pueda 
hacer constar de un modo auténtico el resultado de mi 
comisión áese respecto. 

Espero también que V.V. E.E. me concedan una audien- 
cia, á fin de tratar del estado de los territorios (Buenos 
Aires y el Paraguay) en sus relaciones políticas y comer- 
ciales, y también para hacer la estipulación de una alian- 
za establecida sobre bases seguras, y finalmente para ha-' 
cer á VV. EE. las demás comunicaciones de que estoy 
encargado, etc.; etc. 

Nicolás de Herrera. 
Asunción del Paraguay, á 15 de octubre de 1813.* 



Respuesta de los cónsules á don Nicolás de Herrera 

Con respecto á la comuíiicacion que habéis tenido á 
bien hacer conocer & este gobierno, desde vuestra llegada, 
la voluntad del supremo congreso de la provincia es no 
enviar, por el momento, diputados á la asamblea que se 
ha formado en Buenos Aires. En cuanto á los demás 
puntos que indica nuestra nota del 15 del corriente, podéis 
esta mañana, á las once, si'lo juzgáis conveniente, presen- 
taros 4 la audiencia de este gobierno, para tratar dd to4o 



250 GOBERNANTES 

lo que juzguéis relativo á la comisión de que estáis en- 
cargado. 

Asunción 19 de octubre de 1813. 
Doctor José Gaspar de Francia — Fulgencio 
Yegros, cónsules de la República— S¿6íwí/an 
Antonio Martines Saenz, secretario. 



Los CÓNSULES Á Nicolás de Herrera 

k 

quesehabia considerado atentamente todo loque 

él habia espuesto verbalmente con respecto á la presta- 
ción de socorros contra los enemigos de la causa general 
de la América; que el gobierno desearía concertar una 
cooperación {ictiva y eficaz; pero que en el estado actual 
de cosas, no juzgaba conveniente tomar medidas estraor- 
dinaria§, asi como seria necesario hacer para que el Para- 
guay se presentase con la dignidad que le corresponde. 
Que seria injusto, sin embargo, creer en una indeferencia 
por la grande obra que el Paraguay se ha propuesto tenien- 
do *]a vista fija en su emancipación; puesto que ama la li- 
bertad y se hisfo idólatra de su independencia. Que en el 
(fongreso de mil diputados elegidos populnrmente en todas 
las ciudades, departamentos y distritos de su vasta osten- 
sión, se habia comprendido cuan animado está el pueblo 
del amor de la gloria y del espíritu republicano; pero que 
las buenas intenciones no bastaban, y*queera necesario 
conciliar todas las cosas con las circunstancias. Que llega- 
rla el tiempo' que, sin la menor perturbación, el Paraguay 
podria manifestar su energía y hacer, en caso de necesidad, 
sorprendentes sacrificios. Que el gobierno, á quien estaba 
confiado sobre todo la conservación de la República y su 
seguridad, haria, no obstante, lo que fuera compatible con 
las circunstancias^ á fin de rel^tablecer mas fácilmente la 
concordia y desechar toda idea de temor. Que, pai:a es- 



DEL PARAGUAY 251 

te fín sería muy conveniente que el gobierno de Buenos 
Aires retirarse los derechos nuevamente impuestos á la in- 
troducción de los productos del Paraguay. De este mo- 
do se conservaria maS seguramente la buena armonía 
de una y otra provincia, y asi se podría consolidar nue$H 
tra alianza anterior. 

Asunción, 25 de octubre de 1813. 

Franda^TegroSj Cónsules;— 5a^n^, secretarío. • 



Entre tanto, mientras llegaba el momento de la reunión 
del congreso, iban acercándose los diputados de todas 
partes. Francia, caballero el mas cortés y el amigo mas 
atento, se hizo ahora el príncipe de los huéspedas. Les dijo 
que los negocios debian administrarse de diferente modo 
que hasta entonces; que el comerciante habia de tener mas 
desahogo y libertad en obtener sus mercancías del esteríor 
y en esportar el producto del país; al estanciero mas rico se 
le dijo que era hombre de grande importancia, y, por con- 
siguiente, debiá tener voz en el gobierno; al alcalde indíge- 
na se le proYnetió cuanto pudiera necesitar. De este modo, 
Francia concillaba á los di putados de la campaña conAo 
para que quedasen preparados para hacer lo que de ellos 
esperaba y que era remachar los grillos que él les*prepa- 
raba para ellos mismos, al propio tiempo que les lison- 
geaba con la creencia que eran en realidad el poder gober- 
nante. 

El modo de convocar los congresos en el Paraguay, des- 
de aquella época hasta la de los López, padre é hijo, ha 
sido diferente de lo que sucede en otras partes. Los fun- 
i^üoacios- locales en los diferentes partidos, ejercen su 
autoridad directamente del gobierno de la Asunción, y se 
les ordena que envíen á lá capital jos hombres que se les 
indican , para asistir al congreso . En la época de Francia, 



) 



2S2 DEL PÁBAGÜAT 

las personas que se quería hacer venir al congreso, eran 
llamadas directamente, sin atreverse'hadie á desobedecer. 
Esta vez el congreso convocado por Francia se componía de 
unos mil miembros, siendo del caíípo los mas de ellos, y 
por el modo como se presentaban no parecían hombres 
elegidos por su superior habilidad en los debates. Los 
mas eran ignorantes hasta del idioma castell§ino y 
sumamente incapaces de resolver por si solos la mas sim« 
pie cuestión política. 

Antes de salir de su casa, se les habia hecho comprender 
que el gran potentado ante quien debían comparecer era 
el earai Francia. Al llegar á la capital, cada uno debia 
rendirle homenage por medio de un saludo tan grotesco 
como absurdo, él cual se repetía todos los dias por sema- 
nas enteras. Pero como el día de la apertura del congre- 
so se postergarse por dos meses después de la llegada de 
los diputados, se cansaron éstos de tanta labor y de los 
honores de la vida pública, deseando terminar de una vez 
sus funciones oficiales y regresar; el indio á su pueblo de 
ranchos, el labrador á cuidar su cosecha, el pastor á sus 
ganados y el almacenero á su boliche. 

No gozaban sueldo alguno por sus servicios y la demora 
en la apertura del congreso se prolongaba espresamente 
por Francia, á fin de que el dinero que habían traído consi- 
go se agotara y los miembros de la campaña se fastidiasen 
tanto de la ciudad y con tantos deseos de regresar á sus 
casas, que cuando al fin se reuniera, no habían de hacer 
preguntas, sino votar cuanto se sometiese' á su resolución 
sin hesitación alguna. 

Durante el tiempo que los miembros esperaban, en la ca- 
pital, el beneplácito de Francia, para abrir el congreso, ha- 
bían sido bien doctrinados sobre el gran peligro que existia 
de unirse á Buenos Aires; y cuando al fin llegó el día 1^ (de 
octubre) y fueron citados á asistir á la augusta reunión 
muy embarazados del papel que iban á desempeñar; lo 
primero que se sometió á su consideración fué la cuestión 



DEL PABAGUAT 253 

sobre lai misión Herrera, la que fué desechada, como se 
ha visto mas arriba. El motivo ostensible de la convo- 
cación del congreso fií^ considerar ese asunto, pero Fran- 
cia, encontrándolo tan elástico en sus manos, propuso una 
medida de reforma en el gobierno tañando completa- 
mente su carácter. Consistía ella en abolir la antigua 
junta de cinco, sustituyéndola por dos cónsules con igua- 
les poderes, Yegros y él mismo. Inmediatamente fué 
sancionado el cambio y aceptadas las per sonas. La selec- 
ción de Yegros fué hecha por dos razones: la primera e^ 
ser popular y especialmente con loSsSoldados; y la segun- 
da, el ser 4gnorante y vano, y Francia sabia bien que, 
proponiéndole por colega, conciliaria al mismo tiempo con 
el pueblo, á la vez que su poder no seria dividido en nin- 
gún sentido. 

Resueltos estos dos puntos, se disolvió el congreso in- 
mediatamente, regresando los miembros á sus casas, 
muy alegres de salir de la ciudad cuanto antes. 

Impaciente de verse solo en el poder, Francia obtuvo 
del congreso que la institución consular se limitase á doc e 
meses, en cuya duración ambos cónsules debían admi- 
nistrar alternativamente cuatro meses, empezando por él, 
de modo que, de los doce meses, Yegros vendría atener/ 
por su parte solo cuatro. , ' 

1813.1814r-LVIII GKNERAL FULGENCIO YEGROS 
Y DOCTOR JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA, 
cónsules de la República, con el tratamiento de Escelencia, 
confiriéndoseles la graduación y los honores de brigadieres 
de ejército y usando por divisa déla dignidad el sombre- 
ro orlado con una franja azul con la escarapela tricolor de 
la República, desde el 12 de octubre de 1813, en que pres- 
taron juramento. 

El trono destinado para loscónsules se componía de dos 
sillones con ^.siento y respaldo de cuero curtido de novi- 



1^ GOBERNANTES 

lio, con dibujos alegórico calados, representando la Repú- 
blica. 

El primer sillón tenia el nombrt de César^ escrito con 
letras caladas, y el segundo, el de Pompeyo. Francia se 
apoderó'del primero, dejando el otro á Yegros, cuya auto- 
ridad al lado de aquél era casi nula, y concluyendo al fin 
por desembarazarse de él. 



Sustituida la junta admin istrativa por el gobierno de 
dos cónsules, aquel memorable congreso, entre otras de- 
liberaciones, mudó el titulo de Provincia (aunque usándo- 
lo de cuando en cuando) por el de República del Paraguay, 
adoptando sus armas y colores nacionales. Y sometió 
el siguiente: 

Plan db góbibrno prbsbntado al segundo Congrbso reunido bn la 
Mbrcbd dbl Paraguay, por bl doctor Francia t aprobado pOR 

aclamación bn la SBSION del 12 DK OCTUBRE DB 1813. 

Señor-Cumpliendo con lo ordenado por V. M. y te- 
niendo en consideración las precisas circunstancias con el 
justo fin de consolidar la unión y precaver cualquiera des- 
avenencia en lo ulterior; hemos formado de común acuer- 
do el siguiente: 

Reglamento de Gobierno 
Art. lo Continuarán en el gobierno superior de la pro- 
vincia solamente los dos ciudadanos don Fulgencio Yegros 
y don José Gaspar Francia, con denominación de Cónsu- 
les dé la República del Paraguay^ y se les confiere la gra- 
duación y honores de brigadieres de ejército^ de que se les 
librará despacho firmado del presidente actual del con- 
greso, secretario y sufragantes de actuación con el sello 
del gobierno. 

Art. 2^ Usarán por divisa de la dignidad consular el 
sombrero orlado con una franja azul con la escarapela 
tricolor de la República, y tendrán jurisdicción y autori- 



DEL PABAGUÁY ^5 

dad en todo igual, la que ejercerán unidamente y en con- 
formidad. Por consecuencia, to das las providencias de 
gobierno se espedirán fífmadas por los dos. 

Art. 3® Su primer cuidado será la conservación, segu- 
ridad 7 defensa de la República, con toda la vigilancia, es- 
mero y actividad que exigen las circunstancias. 

Art 4o. La presidencia quedará en adelante reducida 
solamente á lo interior del tribunal que han de componer 
unidamente los dos cónsules. De consiguiente, será li- 
mitada ala economía y régimen interior del tribunal, cuyo 
tratamiento será el de Escelencia; pero los cónsules ten- 
drán el correspondiente al grado militar que les queda' 
conferido. 

Art. &> La comandancia general de arifaas de la pro- 
vincia se ejercerá por la jurisdicción unida de los dos 
cónsules. 

Art 69 No obstante esta disposición, la fuerza viva, esto 
es, la tropa veterana de cualquiera clase que sea, asi como 
el armamento mayor y menor, pólvora y municiones de 
toda especie, se distribuirán por mitad al mando y cargo 
particular década uno délos dos cónsules, y éste tendrá 
su respectivo parque ó almacén en el lugar ó alojamiento 
de sus cuerpos respectivos para su debida autoridad. 

Art 7** Habrá dos batallones de artillería de tres 6 cua- 
tro compañías cada uno por ahora, ó de mas ó menos, 
según las circunstancias, de suerte que cada cónsul ten- 
drá su batallón, y será su gefe y comandante particular 
y esclusivo. Será también gefe y comandante particular de 
una de las dos actuales compañías de artillería, aplicán- 
dose á este respecto la primera de ellas al cónsul Yegros, 
y la segunda al cónsul Francia. 

Este creará el batallón de que le corresponde ser gefe y 
comandante, y para una de sus compañías podrá tomar, 
si quiere, la quinta del actual batallón del que quedará de 
gefe y comandante el cónsul Yegros. 

Art. 8^ Lor oñciales y demás individuos de estos cuer- 



256 GOBERNANTES 

pos serán á satisfacción de sus respectivos comandantes 
los sobredichos cónsulesr, pero los despachos de oficiales 
de cualquiera de ellos se librarán en unión por los cónsu- 
les á propuesta y elección de aquel á quien corresponda; 
y del mismo modo las causas particulares de cualesquier 
individuos de los espresados cuerpos de una y otra coman- 
dancia deberán ventilarse y juzgarse por la jurisdicción 
unida de los cónsules. 

Art. 90 La providencia interior del tribunal en los térmi- 
nos espresados rolará de aquí en adelante alternando los 
dos cónsules por cuatro meses cada uno. El que la ejerza 
solo se titulará cónsul en turno, y de ningún modo'cónsul 
presidente, para evitar las equivocaciones de que ha sido 
origen esta última donominacion. En esta conformidad 
entrará ahora de turno el cónsul Francia. 

La traslación de esta presidencia cumplido el tiempo 
respectivamente al turno de cada cónsul, se estenderá 
por diligencia firmada por los dos en el Libro de ^4 cuerdo, 
y de ello se pasará noticia al cabildo de esta ciudad para 
su inteligencia. 

10. Se destinará en las casas de gobierno una pieza para 
tribunal común y público de ambos cónsules. Estará 
abierta á las horas de audiencia y despacho, y de su régi- 
men y formalidad se encargará á su vez el cónsul que es- 
té de turno. 

11. En los casos de discordia, en cuanto r.o se oponga 
alo determinado en el presente Reglamento,, la dirimirá el 
secretario, y si hubiera dos lo ejecutará aquel á quien cor- 

' responda aiHuar en los negocios de la clase, en que ocur- 
ra la discordia 

12. Se deja al arbitrio y prudencia de los dos cónsules 
el arreglar de común acuerdo y conformidad todo lo con- 
cerniente al mejor despacho y espediente de todos los 
negocios de gobierno en todos sus ramos; asi como la 
conservación de uno ó dos secretarios, y del mismo mo- 
do la creación de un tribunal superior de recursos que de- 



DBL PARAGUAY 257 

berá conocer y juzgar en última instancia conforme á las 
leyes, según la naturaleza de los casos y juicios que se 
dejase á su conocimiento. 

13. Los cónsules con audiencia y consulta del mismo 
cabildo de esta ciudad arreglarán también el sueldo que 
deban tener asi ellos como los secretarios, y miembros 
del nuevo tribunal, 6 cámaras de recursoss, si se creasen. 

14 Si alguno de los dos cónsules faltase absolutamente 
del gobierno por muerte 6 por retiro, procederá el que 
quedase á convocar dentro de un mes á congreso general 
de la provincia en la forma, método y número de mil su- 
fragantes elegidos popularmente en todo la comprensión 
de la provincia como al presente, y sin perjuicio de esta 
deliberación, se establece también como ley fundamental, 
y disposición general, perpetua, é invariable que en lo ve- 
nidero se celebrará anualmente un congreso general de la 
provincia al propio modo, con la misma formalidad, nú- 
mero y circunstancias, y señalándose á este efecto el dia 
15 de cada mes de octubre, en cuya conformidad se espe- 
dirán puntualmente las coiTespondientes convocatorias á 
mediados de setiembre, con el justo fin de que la provin- 
cia oportunamente, ó al menos una vez al año pueda con- 
gregarse á tratar, como pueblo libre y soberano, lo mas 
conducente á la felicidad general, á mejorar su gobierno, 
si fuese necesario, y á ocurrir ácualesquier abusos que 
puedan introducirse, tomando las disposiciones, y hacien- 
do los establecimientos mas bien meditados con el cono- 
cimiento que dá la esperiencia. 

15. Se observará el presente Reglamento hasta la deter- 
minación del futuro congreso, y se copiará en el libro de 
acuerdos de gobierno. 

16. Los cónsules comparecerán inmediatamente á jurar 
ante el presente congreso soberano el observar fiel y cum- 
plidamente el presente Reglamento . 

Lo mismo ejecutarán por su orden todos los oficiales de 

las tropas acuarteladas, los cuales tomarán igual jura- 

18 



258 GOBERNANTES 

mentó en el cuartel á los individuos de sus respectivas 
compañías dando cuenta con la diligencia para su agre- 
gación á las actuaciones del congreso; con prevención 
que el que rehusase este reconocimiento y juramento será 
despedido del cuei^po, asi como castigado con la misma 
pena y otras mas severas el que después de reconocido 
y jurado el presente Beglamentode cualquiera manera lo 
quebrantase. 

Art. 17. Queda adoptado por la provincia el método y 
número de sufragantes del presente congreso, y por lo 
mismo se prohibe al gobierno, el que sin deliberación de 
otro semejante congreso pued^ variar ó mudar esta for- 
ma y número de sufragantes. — Asunción, octubre 12 de 

1813. 

Fulgencio Yegros—José Gaspar R. de Francia. 

Esta ley fundamental fué publicada en la forma acos- 
tumbrada en la Asunción por los cónsules de la República 
en 21 de octubre (1813.) 

La corte de Rio Janeiro puso el sentimiento patriótico 
del doctor Francia á la prueba, consiguiendo de éste lo 
que aquella pretendía, sólo que el éxito no fué feliz. Se 
envió una misión al Paraguay (1813) encomendada al 
doctor Cloiria, para negociar con el doctor Francia la 
anexión á Portugal de la provincia de su mando, como 
eónsul, proponiéndole erigirla en ducado, gobernado por 
él. Con el fin de llevar adelante la negociación, Francia 
nombró á don José Zamborain, hijo de Buenos Aires, 
quien partió para Borbon á entenderse con Cloiria. En cam- 
bio de su separación de la causa de América, el futuro [dic- 
tadorsolo exigia, á mas de los fueros y exenciones que se 
propusieron, se otorgase á su provincia una constitución 
particular. La negociación se hallaba muy avanzada, cuan- 
do el señor Zamborain, escitado de su patriotismo, retiró 



DEL PARAGUAY 259 

SU participación en tan grave asunto, negándose á autori- 
zar ningún arreglo de esta naturaleza. Francia, que no 
era hombre con quien se pudiera jugar impunemente, 
tomando el espontáneo retiro de Zamborain por una grave 
falta, le hizo embarcar en una canoa que bajó el Paraná, 
custodiado por un oficial, qtiien én el Paso de la Patria, 
le comunicó la orden que llevaba de fusilarle en ese punto. 
Zamborain consiguió mover el noble corazón de su guar- 
da y ambos fugaron á Santa-Fe, pasando en seguida á 
Buenos Aires, en donde dieron inmediatamente aviso de 
lo sucedido, al triunvirato que gobernaba entonces. Alar- 
mado el gobierno de Buenos Aires con las maquiavélicas 
maquinaciones en que habia entrado el cónsul Francia, 
que ponia en peligro la independencia de estas provincias, 
ofició al general Artigas y á otros gefes, dando las ins- 
trucciones acerca de la conducta que habian de observar 
en caso necesario. (1) 

El gobierno consular, ó mejor dicho, el doctor Francia 
que era el todo, siéndole incómoda la existencia de los es- 
pañoles en la Asunción, se dirigió, en 3 de enero de 1814, 
al teniente gobernador de Corrientes, coronel don José A. 
León Dominguez, proponiéndole si admitiriaen su territo- 
rio una |)artida de cien ó doscientos de ellos. 

El coronel Dominguez contestó que no tenia facultad 
para resolver el asunto por sí solo, pero que sometería el 
asunto al gobierno de las Provincias Unidas, cuyo resul- 
tado comunicaría al gobierno consular del Paraguay. 
El gobierno argentino en contestación á la nota de Do- 
minguez, fecha 6 del mismo mes, se apresuró á contestar 
á éste (15 de enero), para que sin pérdida de instantes, 
lo trasmitiera al gobierno paraguayo, previniéndole que 
serian admitidos en el territorio argentino cuantos españo- 

(1) Qnido. SI QoHemo y la Alianxa consideraciones políticas^ 1866« 



S60 GOBERNANTES 

los europeos quisiera estrañar de aquella provincia, cu- 
yos confinados serian destinados al interior para que no 
pudieran causar recelos al gobierno paraguayo. 

Este, antes de obtener contestación á su nota de 3 de 
enero al teniente gobernador de Corrientes, acerca de la 
admisión de aquellos individuos sobre cuya remoción 
disponía el doctor Francia, como si se tratara de una ma- 
jada de ovejas, dictó, casi simultáneamente con la gene- 
rosa resolución del gobierno argentino, la tiránica resolu- 
ción siguiente: 



Los CÓNS ULES Á TODOS LOS CIUDADANOS Y DEMÁS HABITAN- 
TES DE ESTA CAPITAL 

La multitud de españoles europeos residentes y los que 
de otras provincias han refluido, y diariamente recalan á 
esta ciudad, no ha podido dejar de escitar la vigilancia y 
atención del gobierno no solo por su número ya conside- 
rable, sino por la señalada conducta con que ahora se 
distinguen. Sus descomedimientos y desatenciones, el 
airQ insultante, con que se manifiestan, sus pronósticos 
de restablecer con nuestro esterminio la esclavitud de la 
provincia; y finalmente el desafuero de sus amenazas en 
sus sediciosos coloquios y atrevidas combinaciones, son 
unas notas nada equívocas de la provocación de sus áni- 
mos y del odio feroz, que nutren contra todo americano. 
Tan rebeldes y obstinados en no reconocer los derechos 
' de los pueblos libres, emanados déla misma divina ins- 
trucción como ingratos é insensibles al favor y buen aco- 
gimiento, con que han sido protegidos por un pueblo hu- 
mano, benéfico y generoso empiezan á turbar el reposo 
público, induciendo á nuevos temores, sin perdonare! 
arte de la seducción. Por esto, muchos celosos patrio- 
tas han reclamado ya una providencia ejecutiva, que con- 



DEL PARAGUAY 261 

m 

teniendo á tan turbulentos huéspedes, afiance la tranqui- 
lidad, y preserve al pueblo y al gobierno del cuidado de 
una conmoción europea, que ya se está presintiendo. 
En esta virtud, se ordena irrevocablemeute que todos los 
españoles europeos, que no hayan tenido el avecinamien- 
to legal en esta provincia, y se hallen morando actual- 
mente en esta ciudad y sus arrabales, se presenten en 
^sta.plaza pública á la hora después de haberse publicado 
este bando, á ñn de formarse un padrón de todos ellos, y 
darles el destino mas conveniente en las circunstancias, 
con el objeto de asegurar la quietud general. Pena al 
que no lo cumpliera, de que será inmediatamente pasado 
por las armas: Y para que llegue á noticia de todos, y 
nadie pueda alegar ignorancia, publíquese en la forma 
acostumbrada por todas las calles principales, fijándose 
en los lugares de estilo los ejemplares correspondientes. 
Dado en la Asunción, capital de la República del Para- 
guay, á cinco de enero de mil ochocientos catorce. 

Db. José G. de Francia. Fulgencio Yegros. 

CónsiU de la República Cónsul de la República 

Por mandato de S. E. 

J. Ruiz. 

Escribano Público y de gobierno* 

En la Asunción del Paraguay en el espresado dia, mes 
y año, yo, el escribano de gobierno salí del cuartel general 
de esta plaza acompañado de un piquete de soldados, sar- 
gento, pífanos y tambores, haciendo cabeza el teniente de 
la quinta compañía don José Antonio Maréeos, y en las 
calles públicas y demás parages acostumbrados hice pu- 
blicar el bando antecedente por voz del mulato Miguel Maiz 
que hizo de pregonero; lo que pongo por diligencia para 
que conste y de ello doy fé. 

Ruiz. 

Existia un secretario de estado que lo era un tal Mar- 
tínez, hombre de algún bienestar y muy pretensioso. Era 



^ 



868 GOBERNANTES 

éste un funcionario de rutina y metódico hasta la nimiedad 
en cuanto hacia, y de un espíritu tan elástico, que no po- 
dia distinguir entre ios negocios maa importantes y los 
mas triviales. 

Prestaba á todos el mismo grado de atención, dándose 
siempre ínfulas de gran talento. Como secretario, se 
consideraba ser la segunda persona del doctor Francia; 
y mientras ante su amo se mostraba servil y abyecto, era 
pomposo, repugnante é inflado en sumo grado cuando se 
hallaba lejos de aquel. 

Dio, pues, orden á Martínez que hiciera comparecer á 
su presencia álos españoles, para prevenirles en cuanto & 
su futura conducta y en cuanto á su supuesta inclinación 
en mezclarse en los asuntos de estado. El dia prefijado, 
(3 de enero de 1814), con un sol ardiente, reunió; en la pla^ 
za como majada de ovejas, á todos los españoles de dife- 
rente grado y profesión, marineros, artesanos, almace- 
neros, tenderos y comerciantes. Martínez mismo, afec- 
tando el aire y maneras de un hinchado cortesano, senta- 
do frente á su casa, en un gran sillón anticuadcj, di6 prin- 
cipio á la operación. Estaba vestído con una levita de 
seda azul á lo Mazzarin, pantalones y chaleco de raso ne- 
gro, medias de seda del mismo color, y chinelas bordadas. 
Tenia los cabellos muy empolvados, con un pañuelo de 
cambray perfumado, metído en el seno. 

De uno y otro lado de su sillón estaba parada una joven 
esclava, para cebar su mate de plata y otra con un 
bracerito de plata cincelada, conteniendo carbón perfuma- 
da con pastilla, colocado en una bandeja y en la que había 
algunos muy buenos cigarros. Fumaba alternativamen- 
te uno de estos y chupaba su mate. 

Los pobres españoles, muchos de ellos que le eran supe- 
riores, se presentaban ante el bajá de á dos y tres á la vez 
y les dirigía sucesivamente el discurso siguiente: "Uste- 
des son una pandilla de brutos— ¿me entienden ustedes? 
de bestias,— ¿me comprenden ustedes? animales, — ani- 



DEL PARAGUAY 263 

matos — ¿eh? Son ustedes bárbaros y godos — ¿saben us- 
tedes lo que quiero decir? Sí, brutos! Todos ustedes me- 
recen ser ahorcados, 6 azotados como perros, — ¿ven uste- 
des? porque son ustedes una raza perversa y los anti- 
guos y naturales enemigos de la América del Sur, — eh? 
de los patriotas, — ¿conciben ustedes? de los hijos naturales 
del suelo,— ¿entienden ustedes? 

"¿Y cuál, oh bárbaros, ha sido la conducta de ustedes en 
el Paraguay? ustedes han conspirado, — ¿eh? rebelado, — 
¿entienden ustedes? hecho la guerra á S. E.? Los com- 
plots, las sediciones, las conspiraciones de ustedes, — ¿eh? 
—¿vén ustedes? las intrigas y traiciones de ustedes, — ¿sa- 
ben ustedes lo que quiero decir?— no han tenido término; 
y pueden ustedes agradecer á Dios, — ¿me entienden us- 
tedes? pueden ustedes estar gratos á la Providencia, asi 
como al supremo gobierno — ^¿saben ustedes? — á S. E. don 
José Gaspar de Francia; — ¿escuchan ustedes? den gracias 
que no se les ha arrancado á ustedes de raiz — ¿eh? — estir- 
pado de la tierra, — ¿comprenden ustedes?" 

Continuó con la misma fuerza de elocuencia previnién- 
doles en cuanto á su futura conducta; permaneciendo pa- 
rados al sol aquellos desgraciados hombres; deecubiertos, 
todo el tiempo que durara aquella insulsa peroración del 
bajá Martínez, siempre tomando mate y echando humara- 
das con su cigarro. 

En mayo (1814), el gobierno consular espidió un decre- 
to que heria á los españoles de muerte civil, prohibién- 
doles casarse con mugeres blancas, como se verá por la 
feiguiente: 



Resolución Consular 

"Como medida necesaria, exigida por las circunstancias 
para facilitar.el progreso de la sagrada causa de la liber- 
tad de la República contra las maquinaciones de que pa^ 



264 G0BEBNAHTE8 

ra aniquilarla y destruirla se sirve la tenacidad de nues- 
tros feroces é irreconciliables enemigos; tomó este supre- 
mo gobierno en el 19 de marzo del corriente año la reso- 
lución comprendida en el acuerdo del tenor siguiente: 

•Asunción, 19 de marzo de 1814. En cuanto no se ten- 
ga y publica una deliberación mas circunstanciada, para 
cortar y precaver la perniciosa influencia que tiene contra 
la causa común de la libertad, la conexión y relaciones que 
han contraido y contraen incesantemente los españoles 
europeos con los ciudadanos de la República, por cuyo 
medio se enseñorean y someten á las familias á sus per- 
versas miras y obstinada oposición, induciéndolas contra 

los defensores que esponen su bienestar, sus fortunas, sus 
mismas ideas por la libertad de la patria; Acordamos los 

infrascritos Cónsules de la República, que se observen y 
se comuTiiquen por el secretario de la cámara á los vica- 
rios eclesiásticos y párrocos de toda la provincia, los ar- 
tículos siguientes: 

En primer lugar, que no se autorice matrimonio alguno 
de varón europeo con muger americana conocida y repu- 
tada por española en el público desde la primera hasta la 
última clase del estado, por Infíma y baja que sea, so 
pena de estrañamiento de su persona y confiscación de 
bienes á favor del erario público, á los párrocos y cual- 
quier eclesiástico que autorice 6 mande autorizar tal ma- 
trimonio; y al euDpeo contrayente se aplicará la pena 
de confinación de su persona en prisión segura en el 
fuerte de Borbon (distante 800 leguas de la Asunción, rio 
arriba) por espacio de diez años é igualmente confiscación 
de todos sus bienes con igual aplicación á los fondos 
públicos; y con la reserva de disponer el gobierno de su 
persona cumplido dicho plazo. 

"En segundo. lugar, que en el caso de intentar los euro- 
peos contraer matrimonio con muger americana de la es- 
presada calidad y clase española, por ínfima que sea, 
-eludiendo el párroco ó quien tenga facultad para autorizar 



BEL PASAGUAY 365 

matrimonios, sean castigados con la misma pena arriba 
éspresada de destierro y confiscación de bienes, siéndole 
aplicada inmediatamente esta pena, sin esperar determi- 
nación 6 dQcision sobre el valor 6 nulidad del matrimonio; 
pues siendo por las mismas determinaciones de la iglesia, 
tan detestables como perjudiciales los matrimonios con- 
traidos por asalto ó sorpresa del párroco: el gobierno de 
la República no los admite ni los admitirá para ninguna de 
las Consecuencias civilies, de vida común, herencia 6 su- 
cesión, y ni aún para trasmisión deápellidos» 

• En tercer lugar, que en ningún juicio secular 6 ecle- 
siástico se admita peticiones 6 esponsales de europeos 
aun prometidos por escritura pública, á mugeres ameri- 
canas de la referida clase y cualidad, por ínfima que sea, 
ni sobre estupro alegado con el fin de obligará contraerse 
el matrimonio entre tales personas: so pena á cual- 
quiera de dichos jueces de igual estrañamiento de sus 
personas y confiscación de bienes. 

*En cuarto lugar, que los párrocos, sus tenientes y otros 
sacerdotes que con su licencia administren el sacramento 
del bautismo, no permitan que sirvan los europeos de pa- 
drinos de pilaini aún en el suplemento déla sagrada ce- 
remonia, ni en la recepción del sacramento de la confir- 
mación á los hijos de americano y americana y solamen- 
te podrán serlo, siendo también europeo el padre del bau- 
tizado; y que también no consientan que los europeos sean 
testigos 6 padrinos en ningún matrimonio: e'ntendiéndose 
esta disposición bajo la misma pena de estrañamiento de 
su persona y confiscación de bienes á los párrocos y sa- 
cerdoteá que bautizaren 6 autorizaran el matrimonio; co- 
mo igualmente á los padrinos europeos la pena de prisión 
y destierro con confiscación de todos sus bienes, previ- 
niéndose en conclusión que únicamente se permite á los 
europeos el casa^'se con indias de los pueblos, mulatas 
conocidas y reputadas públicamente como tales y 
negras. 



N 



'!S66 QOBEBNANTES 

"Todos los antecedentes artículos se observarán y 
cumplirán sin límites ni escepcion alguna. No habiendo 
aún circulado esta providencia, porque en la ocasión en 
que fué espedidase juzgó suficiente hacerla notoria en 
esta capital: se dirige ahora á usted para que, inteligencia- 
do de todos sus artículos cuide de su inviolable observan- 
cia; y para este ñn se debe comunicar á los párrocos de 
su depedencia, avisando oportunamente su recibo. 
• Dios guarde á usted muchos años. 

Asunción, 19 de julio de 1814. 
* Doctor y osé Gaspar de Francia^ Cónsul de la 
República — Fulgencio Yegrosj Cónsul de laRe- 
• pública — Sebastian Antonio Martínez Saenz^ se- 
cretario i « 

Con la simple lectura del precedente documento, el 
lector podía fácilmente juzgar del sistema de gobierno 
que el doctor Francia pensaba implantar en el Paraguay 
y cual habia de ser Su por-venir durante el tiempo que él 
dirigiera sus destinos. 

Sin embargo, como existe en nuestra .naturaleza de- 
sear siempre, sobi'e todas las co??as, los bienes que 
no están á nuestro alcance, sucedió que los casamien- 
tos clandestinos entre los españoles y las mugeres blancas 
jamás fueron mas frecuentes. 

'Estas últimas sobre todo se mostraron tanto mas vehe- 
mentes y con valor cuanto mayor era el peligro. La ri- 
queza, la belleza, el rango j la nobleza de nada servían 
cuando se trataba de un criollo: pero al presentarse un 
español, todas las dificultades se allanaban; todos los pe- 
ligros desaparecian: la interdicción imponía el misterio 
7 este alimentaba el amor. 

A pesar de ser el gobierno biconsular, de hecho, el poder 
era ejercido esclusivamente por Francia; pero la ambi- 



DEL PARAGUÁT 267 

cion de éste no se limitaba á ese goce estéril. Aspiraba 
al mismo tiempo á poseerlo de derecho. 

Durante los últimos cuatro meses del consulado de Fian- 
cia y Yegpos, no tenia éste absolutamente parte alguna en 
el gobierno; mientras que aquél, no sólo monopolizaba todo 
el poder ejecutivo, sino que se ocupaba con ahinco aunque 
secretamente, en sus maniobras para llevar á cabo, con 
toda apariencia de legalidad, loque él había ya determinado 
debía tener lugar de cualquier modo— su nombramiento 
de dictador de la República. 

Durante el tiempo que los dos hermanos Parish Robert- 
son estuvieron en el Paraguay, nadie mas que ellos tuvie- 
ron intimidad con Francia. Uno deellos, donjuán, hacia 
mucho meditaba hacer un viaje á Inglaterra; pero como el 
puerto déla Asunción se habia vuelto á cerrar, tuvo nece- 
sidad de recurrir á una gracia especial del cónsul Fran- 
cia. Se le presentó esplicándole la intención que tenia, sí 
fuera posible, y en su entrevista, no sólo le acordó la 
licencia que, solicitaba, sino también le manifestó su 
mas vehemente deseo de que realizase el proyectado viaje. 
Uno ó dos dias después, se presentó un joven oficial de 
parte del cónsul diciendo á Robertson que deseaba ha- 
blarle muy luego. 

Púsose en camino con el edecán y al llegar á palacio, 
Robertson fué recibido por Francia con mas amabilidad 
que la de costumbre. El semblante de éste espresaba con- 
tento y alegría, y como esperaba tan importante visita, te- 
nia esa noche dos de las mejores velasde molde encendi- 
das. Estrechóle la mano con mucha cordialidad invitán- 
dole en seguida á tomar asiento. Acercando luego una 
silla se sentó al lado de Robertson, á quien manifestó su 
deseo de que prestase atención á lo que tenia que decirle 
Y desplegando una completa ignorancia alas formas y 



S68 OOBEBNANTES 

ceremonias diplomáticas, con toda sencillez abri6 Fran- 
cia su corazón, poco más ó menos, en los términos si- 
guientes: 

"Usted no ignora cuál ha sido mi política con respecto 
al Paraguay; habiéndolo mantenido sobre un sistema de 
no intervención con las demás provincias de Sud-Améri- 
ca y alejado de contaminarse con aquel detestable é in- 
quieto espíritu de anarquía y de revolución que las ha 
desolado y deshonrado á todas ellas más ó menos. El 
Paraguay se encuentra ahora en un estado más pingüe 
que cualquiera de los países que lo rodean; y mientras 
todo aquí es orden, subordinación y tranquilidad, el mo- 
mento que salga de sus hmites, el estruendo del canon y 
el ruido de la civil discordia han de herir sus oidos. 

"Como es natural, estas perturbaciones internas parali- 
zan la industria y ahuyentan de la tierra la prospe- 
ridad. 

"¿De donde nace todo esto, sino déla circunstancia de 
que no hay un hombre en la América del Sur mas que yo, 
que comprenda el carácter del pueblo ó que pueda gober- 
narlo? Se proclaman libres instituciones, pero lo único 
que se busca es el engrandecimiento personal y el público 
despojo. Los hijos de Buenos Aires son los mas veleido- 
sos, presuntuosos, lijeros y licenciosos de todos los anti- 
guos dominios de España en este hemisferio; y estoy por 
consiguiente resuelto ano querer nada con los porteños. 
Mi deseo es promover una comunicación directa con In- 
glaterra, de modo que cualesquiera que sean lasdisencio- 
nes que distraigan á los demás estados y cualesquiera 
que sean los impedimentos con que quieran interrampir 
el comercio y la navegación, sean esos estados los úni- 
cos que sufran las consecuencias. Los buques de la Gran 
Bretaña, haciéndose paso triunfantemente por el Atlántico, 
penatrarán en el Paraguay; y, unidos con nuestras flotillas 
se opondrán á toda interrupción del comercio, desde la 
embocadura del Plata hasta el lago Jarayes. El gobierno 



DEL PARAGUAY S69 

de SU pais tendrá su ministro aquí, y yo tendré el mió en 
la corte de San James. Los compatriotas de usted tran- 
carán en manufacturas y municiones de guerra y recibi- 
rán en cambio los nobles productos de este país.*' 

A esta altura de su discurso, Francia se para de repen- 
te con grande emoción, y haciendo venir al sargento de 
guardia, le dijo con énfasis: Traiga usted eso. El sar- 
gento se retiró, y en menos de tres minutos volvió con 
cuatro granaderos conduciendo un gran fardo de tabaco 
de dos quintales, un tercio de yerba de iguales dimensio- 
nes y peso, una damajuana de aguardiente del Paraguay, 
un gran pilonde azúcar y varios paquetes de cigarros, ata- 
dos y adornados con fajas veteadas; y detrás de ellos, 
una negra vieja con algunas lindte muestras de paño bor- 
dado, hecho de algodón del Paraguay, del que la gente 
de lujo usa allí como toallas de mano y paños de afeitar. 

Después de despedir á sus soldados y á la negra, con- 
tinuó: 

"Señor don Juan, éstos no son más que unas cuantas 
muestras de las ricas producciones de este suelo, y de la 
industria é ingeniosidad de sus habitantes. Me ha costa- 
do algún trabajo proporcionar á usted algunas de las me- 
jores muestras de los diferentes artlcutos en sus clases 
respectivas, que el pais ofrece; ypor esta razón, ahora 
que usted se va á Inglaterra, ya conoce qué país es éste 
y qué clase de hombre soy yo. Yasabe usted hasta qué 
estension ilimitada pueden estas producciones llegar en 
este paraíso, puedo llamarlo así, del mundo. Ahora 
pues, sin entrar en discusión sobre si este continente se 
halla en estado de poseer instituciones populares, no se 
negará que, en un pais civilizado como la Gran Bretaña, 
donde estas instituciones han borrado gradual y práctica- 
mente formas de gobierno originariamente feudales hasta 
abrirse paso á la observación legislativa, en una razón 
proporcionada á la creciente educación déla mayoría* 
siendo las mejor adoptadas para asegurar la 'grandeza y 



I». 



GOBERNANTES 

estabilidad de una nación. Es cosa que no se puede ne- 
gar que la Inglaterra es una gran nación y que su pue- 
blo está enlazado como un solo hombre sobre todas las 
cuestiones de trascendental interés nacional. 

''Ahora pues, deseo que tan luego como usted llegue 
á Londres, se presente á la cámara deloscomunes, lle~ 
vando consigo estas muestras de las producciones del 
Paraguay: solicite una audiencia en la barra y haga saber 
á la asamblea que usted es enviado por don Gaspar Ro- 
dríguez de Francia, cónsul de la República del Paraguay, 
para presentar estas muestras de las ricas producciones 
de aquel país. Dígales que yo le he autorizado á decir que 
invito á la Inglaterra á una comunicación política y co- 
mercial conmigo; y que yo estoy pronto y con deseo de 
recibir en mi capital^ y con toda la deferencia debida á la 
correspondencia di(»lomática entre estados cívilizado>, á 
un ministra de la corte de San James; yo también nom- 
braré un enviado mió en esacorte. 

"Entonces se concluirá un tratado de comercio y de 
alianza política que convenga á la dignidad é intereses del 
grande imperio de la Inglaterra y á los del naciente estado 
X\ue ahora gobierno. El Paraguay será la primera Re- 
pública de la América del Sur, como !a Gran Bretaña es 
ya la primera de las naciones de Europa. La alianza 
parece, pues, natural; y usted, señor don Juan, puede 
ilustrar y esplicar plenamente lo benéfico que es para el 
estado europeo,'* 



De manera que el señor Robertson venia asi á ser nom- 
brado ministro plenipotenciario, no cerca déla corte de 
San James, sino cerca de la cámara de los comunes, 
con el especial encargo, no de celebrar una entrevista 
privada conelgefedel ejecutivo, "porque decia Francia, 
bien sé lo propenso que son los grandes hombres en In- 



DEL PARAGUAT 271 

glaterrapara tratar cuestiones aun de la importancia de 
ésta, con poco interés ó miramiento, á no ser por el temor 
de responsabilidad ante la cámara de los comunes. 

"Preséntese usted, continuó, en la barra déla cámara y 
una vez alli entregue mi mensage, como antiguamente los 
embajadores de los estados independientes entregaban 
los suyos al senado de Roma. Según el acogimiento 
que hagan de usted, como compatriota suyo y arriba de 
toda sospecha, por consiguiente, de abogar en mi favor, 
asi será el acogimiento que yo haré á su embajador en 
esta República." 

En la siguiente entrevista, Francia presentó áRobert- 
son una larga lista de encargos, que consistia en galón 
de oro, un sombrero elástico, un espadin, un par de pis- 
tolas de canon doble, bandas, sables, morriones para sol- 
dados, instrumentos de música y de matemáticas, con 
una larga hilera de etcéteras. • • 

Mientras estaban en esta conferencia, el centinela.anun- 
ció hallarse en la galería el ministro tesorero de hacienda, 
cuyo deber era presentarse á cierta hora para dar cuenta 
délos asuntos del diay recibir instrucciones para el si-- 
guiente: Que aguar de^ contestó el cónsul. El ministro* 
siguió paseándose por el corredor hasta que vio salir *á 
Robertson acompañado de Francia. Al verlo el ministro 
tesorero se le acercó y sacándose el sombrero con 
todo .respeto, preguntó á Francia si esa noche estaría 
para darle cuenta. 

**LlévenIo al cuerpo de guardia", dijo el arrogante dés- 
pota,— no le dije al bribón que aguarde! El hecho es que e^ 
ministro pasó la noche sobre un cuero de vaca, en compa- 
ñía de los soldados. 

Como el período consular de doce meses espiraba en 
octubre (1814), Francia tomó sus medidas para la convo- 
cación deun nuevo congreso, compuesto de mil diputados* 
Los partidarios de Yegros y de Caballero estaban ya 
anulados, y la inces ante energía que Francia y sus esbir-t 



272 GOBERNANTES 

ros habian desplegado para dar el golpe de gracia á la 
libertad del Paraguay, no les dejaba casi duda de su 
triunfo. 

Francia propuso, — y asi se resolvió — que el nuevo con- 
greso se habia de componer de>niil dipntados; esto era 
diezmar el pais de sus gefes de familia para conseguir la 
reunión de un número tan crecido de miembros de la legis- 
latura en la capital: pero la voluntad de Francia era esa 
y debia llevarse acabo. 

El singular tragede muchos de los congresales citados 
por Francia para el augusto propósito de crear una dicta- 
dura era como sigue: 

Una chaqueta de fustán, muy corta y escesivamenle 
ajustada; uu chaleco abigarrado mas corto aún que la 
chaqueta, pantalones^ hasta las rodillas, de pana carmesí , 
con calzoncillos ricamente cribados colgando hasta el to- 
billo; una faja de seda azul, igual á las que usan los vo- 
latines viandantes; botas de potro dejando ver dedos los de 
los pies; grandes espuelas de plata en los talones, un som- 
brerita medio cubriéndola cabeza; y una inmensa cola de 
pelo negro colgando sobre lo s hombros. 

En setiembre, las calles de la Asunción empezaron á 
llenarse de los diputados de la campaña, la mayor parte 
de ellos no sítbjan leerni escribir, y descalzos. No habia 
uno de ellosque supiera el significado de la voz dictador que 
era el título que Francia quería darse. Para ellos, presi- 
dentes, cónsul, director, protector y dictador eran sinóni- 
mos de gobernador, á que estaban acostumbrados en la 
época colonial. No hubo elección popular sino simple- 
mente listas hechas por el gobierno, como asi casi siem- 
pre se practicara entonce y después allí como aquí, las 
cuales fueron, sin discrepancia, adoptadas por las auto- 
ridades municipales como locales. 

No habiendo ningún edificio capaz de contener tan nu- 
merosa como augusta reunión, fué necesario convocar 
el congreso en la iglesia de San Francisco, algunos dicen 



DEL PARAGUAY * * 273 

enlaMerced, y después de dos sesiones preparatorias, la 
asamblea inició sus trabajos parlamentarios á las nueve 
de la mañana del 3 de octubre. El presidente pronunció 
un breve discurso" ensalzando los servicios y talento de 
Francia en términos tan estravagantes como hiperbólicos. 
La sesión empezó á hacerse muy acalorada cuando se trató 
sobre sí la dictadura conduciria tanto á la gloria de Fran- 
cia como un poder mas limitado con el auxilio de un con- 
greso nacional. 

Como á las dos de la larde, siguiendo el debate en el 
mismo acaloramiento, Francia se impacientó y con toda 
cortesía hizo ostentación de una numerosa guardia de 
honor, que puso á las órdenes de los miembros del con- 
greso. 

La tropa, bien armada, circunvaló completamente la 
iglesia, lo que era una insinuación muy significativa y fá- 
cil de comprender. En tal circunstancia, uno de los mas 
enérgicos partidarios» de Francia, se puso de pié, y con 
estentórea voz é imponiendo silencio dijo: "Señores, ¿por 
qué estamos aquí perdiendo tanto tiempo? El carai Francia 
quiere ser absoluto. Debe, pues, ser absoluto; y yo digo 
(dando un golpe con toda su fuerza sobre la mesa) se?'á 
absolutol 

Pasóse en seguida á la votación y unánimemente fué 
Francia proclamado dictador por tres años, disolviéndose 
el congreso al instante y marchando la tropa al palacio 
de gobierno con banderas desplegadas. El insensato po- 
pulacho celebró la decisión del congreso, que era la sen- 
tencia de muerte del pueblo paraguayo, con manifestacio- 
nes de alegría y música y baile á la noche. 

1814-1840— LIX. DOCTOR JOSÉ GASPAR RODRI- 
GUEZDE FRANCIA, electo dictador el 3 de octubre de 
1814. 

Esta elección hubo de causar en la tropa, que estaba ba- 

•jo las órdenes del general Yegros, una sublevación que el 

19 



274 ^ . GOBERNANTES 

comandante Caballero, aunque enemigo personal del dic- 
tador, consiguió desbaratar con su sola presencia en el 
cuartel. 
Los dos dias que siguieron ála ¿lección de dictador en 

la persona de Francia fueron destinados por éste á dias de 
besamanos^ á lo rey ó emperador. Con este motivo se de- 
senterraron los antiguos casacones déla época colonial, 
que deben haber pasado de padre á hijo, desde los dias de 
los primeros conquistadores del Paraguay. 

Iban asi vestidos los tenderos, comerciantes y algunos 
délos mas ricos hacendados déla antigua escuela. Lg. 
moda que mas prevalecía era cass^ca de grandes dimen- 
siones, de paño de San Fernando, que es el mejor y mas 
costoso de España, con monstruosos botones chatos y 
con faldones que llegaban á la pantorrilla. 

El resto del trage iba en perfecta consonancia con éste, 
heredado y bien conservado. En seguida venian los doc- 
tores vestidos de negro á la moda antigua; unos cuantos 
(entre estos, los generales Yegros y Caballero) en unifor- 
me militar caprichoso; y otros, de los jóvenes que hablan 
estado en Buenos Aires y adoptado la moda europea 
moderna. Pero el mas grotesco de todos los visitantes 
del dictador en su besamanos era el de los hijos de estos 
cortesanos vestidos de colores. 

Muchachos que no pasaban de ocho á diez años de 
edad, llevados de la mano de sus padres, vestidos exac- 
tamente á la moda de sus antepasados, con bastoncitos de 
puño de oro en la mano conversando con toda la grave- 
dad y ensimismamiento de homrbres de sesenta años. Ha- 
dan su reverencia con toda propiedad al dictador, quien» 
los recibía no sólo con cortesía sino también con toda 
formalidad. Machos que pertenecían á las clases infe- 
riores eran admitidos á este besamanos, el cual tuvo lugar 
por primera y última vez, durante la dictadura. 

Francia se presentó, en esos dias, risueño y amable; 
pero el terror interior que germinaba en el corazón de la. 



DEL PARAGUAY 275 

mayor parte de sus visitantes, en vano trató de ocultarlo 
en su primera entrevista, apesar de la apariencia de cor- 
dial respeto. El estaba decentemente vestido de frac^azui- • 
ligeramente adornado con trencilla de oro, pantalón y 
chaleco de casimic-hlanco, con un bonito espadín al cinto, 
medias de seda blancas y zapatos delgados con pequeñas 
hebillas de oro. Recibia parado en medio de la sala, 
conversando tin corto rato con cada visitante, y adaptando 
su conversación con mucho tacto á las varias capacidades 
de los que le rodeaban. 

Robertson, único estrangero, para quien la persona de 
Francia era accesible, al entrar á felicitarle, le trató de 
escelencia. "Déjese, amigo, de escelen cia, le dijo, y háble- 
me como hasta aquí hemos acostumbrado." Pero así mis- 
mo,Robertson siguió tratándole del propio modo, sin que 
por eso mostrara desagrado. Pues jamás admitía que se le 
dirigiera carta alguna que no llevase este sobrescrito: 
*A1 Exmo. señor don José Gaspar Rodríguez de Francia, 
supremo dictador perpetuo de la República del Paraguay." 

Los actos de la vida privada del doctor Francia pare- 
cerán ridículos, los de su vida pública, abominables. Sólo 
faltaba á este hombre estraordinario lá superstición reli- 
* giosa para hacer de él el Luis" XI de la América; sencillo, 
probo, económico en su interior; astuto, cruel, suspicaz 
en el esterior; orgulloso é implacable para con los ricos y 
los grandes; suave y familiar para con su criado y su 
barbero; hábil administrador, hombre de estado inflexi- 
ble amigo de su país, tirano de sus subditos, Francia sa- 
crificó el presente para asegurar el porvenir. No lo con- 
•siguió: fué necesario, , para que su país se pusiera en 
camino de la realización de su pensamiento, treinta y tan- 
tos años después de su muerte. Como llamara la aten- 
ción del mundo entero, merece se le dedique algunas pá- 
ginas. 

Hijo de un mameluco paulista, capitán Garcia Rodrí- 
guez Fran9a (a) Colla ó Carioca (aunque Francia sostenía 



276 GOBERNANTES 

■ 

ser descendiente de francés), nació en la Asunción del Pa- 
^raguay el 6 de octubre de 1764. Dedicáronle sus padres 
á la carrera eclesiástica, habiendo principiado sus estu- 
dios en la capital del Paraguay y terminádolos en la 
universidad de Córdoba. Viéndose libre de seguir su 
voluntad, con la muerte de su padre, abandonó su carrera 
religiosa . y se puso á estudiar la jurisprudencia» con la 
intención de entrar en el foro. Ei nacimiento del doctor 
Francia precedió tres años á la espulsion de los jesuítas. 
Habia oido hablar con amargura de su despotismo, su 
ambición, sus astucias ocultas y maquiavélicas. Alum- 
no de los frailes franciscanos, no habia tenido que jac- 
tarse de sus relaciones con ellos. Destinado por fin á una 
carrera por la cual no tenia vocación, concibió temprano 
un desprecio intolerante por las prácticas esteriores del 
culto. Después de su elevación, creyó deber sacrificar á 
la política su cbnviccion Intima asistiendo regularmente á 
misa todos los dias; pero, cuando juzgó que su autoridad 
estaba suficientemente consolidada, arrojó la mál^cara, 
dejando de hacerse presente en la iglesia, y despidiendo 
luego á su capellán. Desde entonces se le vio, en todas 
las ocasiones, prodigar los sarcasmos, aún el insulto á 
los objetos del culto, á Iqs santos, á las imágenes, á las • 
procesiones y alas ceremonias de la iglesia, jactándose de 
adorar á Dios, pero ser indiferente sobre las formas de las 
creencias cristianas, musulmanas ó judias. "Si el santo 
Padre viniera al Paraguay, — dijoundia al viagero Rengger 
-^lo baria mi capellán." (1) 

■ 

A su regreso de Córdoba, ejerció con éxito la profesión 
de abogado, sin serlo, y desde entonces, se pudo obser- 

(1) Desde el año de 1318 no se le vio al dictador un solo acto de reli- 
gión: huiade los templos y privó al sacramento de los honores que loren* 
dian las tropas el dia de Corpus. 



DEL PARAGUAY 277 

var dos personajes distintos, al hombre privado val 
hombre público. Jamás manchó su ministerio ninguna 
causa injusta; no se le vio titubear en defender al débil 
contra el fuerte, al pobre contra el rico. 

Como un ejemplo á la reputación de Francia, cual 
abogado incoiruptible, referiremos la ané.cdota siguiente: 
Tenia en la Asunción un amigo de nombre Rodriguez. 
Éste hombre echó su codiciosa vista sobre una propiedad» 
de don Estanislao Machain, enemigo declarado de Fran- 
cia. No dudando que el joven doctor, como otros abo- 
gados, defendería suínjusfa causa, Rodriguez le refirió su 
caso, contando tenerlo de su parte. Francia comprendió 
que las- pretensiones de su amigo se fundaban en el fraude 
y en la injusticia; y se negó no sólo á obrar como su con- 
sejero, sino que le (JÜ^ terminantemente, que tanto como 
odiaba á su antagonista Machain, le prevenía que si insistía 
en su inicuo pleito, pondría todo su ahinco en apoyo de ese 
mismo antagonista. Apesar de la prevención de Francia, 

insistió Rodriguez en sus pretensiones. Como éste era 
poderoso en materia de fortuna, todo iba -en contra de 
Machain. 

Viendo esto Francia, una noche se encapotó y fué 
á casa de su inveterado enemigo. El esclavo que abrió 
la puerta, conociendo la grande enemistad que los tenia 
divididos á su amo y al abogado, no le permitió la entrada 
sin antes prevenir á sü patrón déla estra ña como ines- 
perada visita. Machain, tan sorprendido como su esclavo, 
vaciló, algún tanto, pero al fin se determinó á recibir á 
Francia. 

Este, al entrar, dijo: "Machain, usted sabe que soy 

su enemigo. Pero sabiendo que mi amigo Rodriguez, si 

yo no intervengo, medita contra usted una' grosera é injus- 

taagresion, vengo ¿ofrecer á usted mis servicios en su 

' defensa." 

Machain, apenas dando crédito á lo que le pasaba, acep- 



278 



GOBERNANTES 



tó en el acto tan generoso ofrecimiento con grandes 
muestras de gratitud. 

El primer escrito, presentado por Francia al juez de 
alzada, confundió al abogado contrario, haciendo titu- 
bear al juez, que estaba en favor de ellos. "Mi amigo, 
dijo el juez al abogado contrario, yo no puedo seguir en 
este asunto, á menos que usted coheche al doctor Frau- 
cia para hacerle callar/' "Veremos" repuso el abogado, 

y fué á ofrecer cien onzas de oro á la otra parte como 
cohecho para permitir que la causa siguiese su inicuo cur- 
so, haciendo ver que se contaba c^n la concurrencia del juez. 

"Salga usted, dijo Francia, con sus viles pensamientos 
y. vilísimo oro, de mi casa*'* 

En un momento el abogado ofendido se encapotó y se 
presentó en el despacho del juez de alzada, á quien refirió 
brevemente lo que acababa de pasar entre él y el rufián. 
"Señor, continuó Francia, usted es una deshonra á la ley 
y un borrón para la justicia. Usted se halla, además 
completamente en mis manos; y si no obtengo mañana 
mismo una resolución en favor de mi cliente, haré que el 
asiento que usted ocupa le queme y que las insignias de 
su empleo judicial sean los emblemas de su ver- 
güenza." 

En la níañana siguiente se produjo una resolución en 
favor del cliente de Francia, perdiendo asf el juez su repu- 
tación, y estendiéndose muy lejos la fama del joven doctor. 

No bien Francia vindicó la ley y la justicia en el caso 
de su enemigo, cuando se reanimó la antigua antipatía; y 
mas tarde,. una de las muchas víctimasdel desagrado del 
dictador fué el mismo Machain, á quien tan noblemente 
habia servido. 



* 



Algún tiempo después, fué nombrado (1803) alcalde de 
1" voto. La integridad y aun se podría decir la inflexi- 



DEL PARAGUAY 279 

bilidad, que introdujo en el ejercicio de sus nuevas fun- 
ciones, le concilio la estimación general. 

Su gusto por el libertinage y el juego, le impidió ca- 
sarse, sin arrastrarle á una disipación ruinosa. Su for- 
tuna era módica, pero le parecía suficiente y no trató de 
aumentarla. Vamos á anticiparnos á la marcha^ déla 
historia, para acabar de hacer conocer al dictador por 
los rasgos mas sobresalientes que caracterizan su persona 
y su administración. 



Lejos de justificar á Francia, parece que en la larga 
Hsta de víctimas sacrificadas por él ha habido exagera- 
ción, producto de la imaginación aterrorizada del pueblo. 
Además, es imposible fijarla con precisión, desde que to- 
das las órdenes escritas, emanadas del dictador, debian- 
serle devueltas con la constancia al margen de habérseles 
* dado cumpliniiento, teniendo buen cuidado de destruirlas 
en seguida él mismo, ó poco antes de morir. Asi se jia 
perdido todo vestigio auténtico de casi la totalidad de los 
actos de su administración, siendo una rareza encontrar 
un documento, de algunaimportancia, que lleve su firma, 
á pesar del celo casi supeisticioso que los paraguayos 
han manifestado y siguen manifestando en recoger cuan- 
to le ha pertenecido, ó lleve su recuerdo. 

La singularidad, muchas veces afectada, de sus deci- 
siones, el esceso de sus vivas emociones contribuyeron 
también no poco á hacerle temer de los suyos. Por do 
quiera que él se presentara, rodeábale la soledad, y sus 
menores órdenes, sus voluntades mas inesperadas eran 
ejecutadas sin réplica y sin demora. 

• Jamás tuvo ni ministros, propiamente dicho, ni conse- 
jeros, ni confidentes. Su único secretario de estado bajo 
el nombre de Fiel de Fechos, no era mas que una pluma 
destinada á registrar sus voluntades. Sólo su barbero, 
protegido por una intimidad cotidiana desempeñaba cer- 



, \ 



280 GOBERNANTES 

ca de él el papel de una especie de favorito. En todos 
los actos dé su administración, él tenia la vigilancia, la 
rapidez y aun la originalidad de su carácter. Enemigo 
de toda libertad, de todo poder independiente, se atribuyó 
el nombramiento, producto hasta entonces déla elección 
popular, de los alcaldes, y de ía municipalidad cuyas fun- 
ciones eran completamente nulas. 



* 



Era Francia vengativo, cruel é inexorable. Jamás ol- 
vidaba una injuria, verdadera ó supuesta, — señaló gra- 
dualmente á todos los que él creia serles contrarios á su • 
tirania, como víctimas suyas. * ' . 

Habia tres puntos notables y sobr esalientes en la carre- 
ra despótica de la historia del doctor Francia; el primero, 
la ^y¡l astucia con que la comenzó con mucha cautela y 
paso á paso; el segundo, los pasos graduales y cautelo- • 
sos como procedió, y el último, la inflexible crueldad con 
con*que la consumara. 

El hecho siguiente es una prueba de su carácter ven- 
gativo é inexorable. 

Muchos años antes de ser hombre público, Francia 
riñó con su padre, auque parece que éste tenia razón. No 
se hablaban ni se veian. Al ñn, enfermándose df^ muerte, 
el padre procuró antes de exhalar el último suspiro, ha- 
cer la paz con su hijo José Gaspar. Este desechó redon- 
damente la ofrecida reconciliación. La enfermedad del 
anciano se agravó con la obcecación del hijo, y en verdad 
tenia horror separarse del mundo sin que precediese un 
perdón mutuo, conceptuando hallarse su alma en peligro 
de no ir al cielo si continuaba en enemistad con su primo-r 
génito. Horas antes de espirar, se valió de algunos alle- 
gados de Francia para implorarle recibiese la bendición 
de su moribundo padre. La naturaleza humana se estre- 
mece al oir la contestación que dio el hijo: *" Digan íAstC" 



DEL FARAGUAt 381 

des á mi padre que no me importa que su alma baje al 
infierno." El anciano murió delirando con el nombre de 
su hijo José Gaspar. 

Algunos años después su mismo hermano, don Pedro 
Francia, administrador de una de las reducciones, per- 
sona totalmente diferente del dictador, no se libró tampoco 
déoste, mandándole meter en una de sus prisiones. AUi 
terminó sus dias de una efermedad de la que habría podido . 
sanar, pero se agravó de tal modo que llegó á ser incu- , 
rabie. 

Robertson dice (en sus citadas car ía^) que cuando tenia 
que ver á Francia por algún negocio lo hacia en las prime- 
ras horas del dia, y cuando le veia de noche siempre era á 
su llamado. Antes de la dictadura, el recado que Fran- 
cia le mandaba por un oficial ó uno de su guardia de 
corps, era concebido invariablemente asi: "Suplica el spñor 
cónsul que se vaya V. á casa del gobierno" Y después 
que se le nombró dictador, de este otro modo: "Mardael 
supremo que paseV. á verlo." . 

Le recibía siempre con grande urbanidad, en su pe- 
queño cuarto oscuro y de triste aspecto, situado en el es- 
tremo de un corredor bajo y sombrío. Generalmente 
habia una vela de sebo sobre una mesita redonda de un 
solo pié, en la que no cabian sentadas mas que tres per- 
sonas. Esta era la mesa de comer del señor absoluto de 
aquella parte del mundo. Un mate y un cigarro, que le 
alcanzaba una negra vieja y mal vestida, ó por un negro, 
únicos sirvientes que tenia, eran ios refrescos conque él 
le invitaba. Una vez, Robertson le mandó de regalo una 
docena de botellas deesquisito oporto, á que daba mucha 
importancia, y al hacer á S. E. una visita tres dias des- 
pués, hizo traer una botella medio llena y sin corcho obse- 
quiándole con una copita enteramente agrio. Díjoleen- 



282 GOBERNANTES 

tónces á Francia que los ingleses acostumbraban beber 
cerveza en vaso, y que una vez abierta una botella se 
bebia hasta el fin. El dictador se sonrió, diciendo "bien 
me pareció algo agrio en la comida; pero vaya, tomare- 
mos una botella á la inglesa/' 

Su comida consistía por lo general de dos platos comu- 
nes; ó de uno solo, con un poco de caldo, siendo su bebi- 
da agua pura. Una tarde antes de despedirse Robertson, 
se puso en la mesa su frugal comida; y al tomar el som- 
brero, dijo él dictador: "No le ruego que haga peniten- 
cia, porque sé que para un ingleses cosa indispensable 
una buena y sustancial comida y mucho vino todos los 
dias." 

La conversación de Francia era principalmente sobre 
política, insinuándose él mismo como centro de perfección 
á que tendían todas sus observaciones. Si se tocaban 
puntos científicos ó literarios, se jactaba siempre de algu- 
na invención suya. Su vanidad sobresalía á cada pala- 
bra que pronunciaba, manifestándose indiferente á la fama 
6 al aplauso. Su gobierno, — su sagacidad política, — sus 
dotes, — constantemente hacian contraste cojn los de otros 
y siempre en su ventaja.. El Paraguay era una utopia 
realizada, y Francia^ era el Solón de la época mo- 
derna. 

. Hablaba de toda la Europa, con escepcion de Id In- 
glaterra. El Paraguay y la Inglaterra — la Inglí^terra y 
el Paraguay eran los ilustrados. paises que él deseaba ver 
unidos, como los mellizos siameses, firme é irrevocable- 
mente en uno. 

No podia oir hablar de la celebridad, gloria ó fama de 
cualquiera de la América del Sur que no fuese él. Odia- 
ba de muerte álos generales San Martin yAlvear. Em 
pezaba siempre su conversación sobre estos personages 
con afectado y amargo desprecio, terminando invariable- 
mente con violenta y apasionada declamación. 

Cuando se trataba de la América del Sur, las maneras de 



I • 



DEL PARAGUAY S83 

Francia eran agradables y muchas vecesjocosas. Sin du- 
da sentia algún consuelo en encontrar alguno igual á él—* 
que no te tuviera miedo. Todo .el mundo le temia. Al- 
gunas veces estando en conversación con Robertson, su 
guardia anunciaba visitas, á quienes se admitian 6 no. 
En el primer caso, Francia se ponia tieso, frió y adusto, 
y de un modo abrupto y áspero decia al pobre suplican- 
te que estaba parado á la puerta: "¿Qué quiere usted?" 
Hecho el pedido con temblor ó con profunda reverencia: 
"Bien, retírese," contestaba el tirano, continuando ense- 
guida su conversación con Robertson. 

Rara vez conservaba Francia su asiento mientras con- 
versaba; con su cigarro en la boca andaba arriba y abajo 
ó se paraba en frente de su interlocutor permaneciendo . 
este sentado. Asi presentaba sus proposiciones ó soste- 
nía sus argumentos. 

Poco antes de ejercer la dictadura, Francia contrajola 
costumbre, que siempre conservó, de dar su paseo á ca- 
ballo desde l^v casa de gobierno hasta el cuartel que se ha- 
llaba cerca de la ciudad. Como no queriendo ser una es- 
cepcion en cuanto al carácter (1) que atribula á sus com- 
patriotas de tener algún defecto en el pescuezo, andaba 
siempre con la cabeza agachada, acompañado de una pe^ 
quena escolta, y siempre en un mohino silencio, rara vez 
devolviendo el saludo. Regresaba al ponerse el sol siem- 
pre taciturno. 

En sus paseos, al pasar por delante de la puerta de 
un viejo español, llamado don José Carísimo, el caballo 

(1) Francia se fastidiaba mucho de ver el abyecto temor que soscom 
patriotas manifes^ban cuando estaban delante de él, lo que él mismo ha- 
bia producido. Solia decir de buena 6 de mala fé: ''que á los paraguayos 
les faltaba un hueso en el esp inazo, puesto que no vio uno solo que lleva- 
ra tiesa la cabeza." Sengger confirma esto refiriendo que un dia en que 
iba ¿ hacer la anatomía del c adáver de un paraguayo, le encargó Fran- 
cia observase bien si sus compatriotas tenian en «1 pescuezo un hueso de 
mas, que les impidiesen levantar la cabeza, y hablar en voz alta, aparen* 
tando ignorar fuese efecto del teiror. 



284 GOBERNANTES 

i' 

tuvo un ligero resbalón al atravesar un albañal que 
estaba en mal estado. El dictador mandó decir á Carísi- 
mo que lo hiciese componer, pero .quiso la casualidad 
que la siguiente tarde, al pasar Francia, lo encontrase en 
el mismo estado. En el momento en que llegó al cuartel, 
mandó que llevasen á Carísimo á la cárcel y le remacha- 
sen una barra de grillos, á no pagar una multa de diez mil 
pesos fuertes. Carísimo, como no era rico, no pudo pa- 
gar la multa, y su familia, que aún no conocía la clase de 
hombre que era Francia, abrigó la esperanza que este ce- 
dería. Como Carísinio era corpulento, los grillos le lasti- 
maban introduciéndose en la carne. Al informar á Fran- 
cia de esta circunstancia, dijo: "Pues entonces, qué se 
compre él otros mas grandes." La infeliz esposa tuvo el 
cruel deber de mandar hacer prisiones para su propio ma- 
rido. Al fin los amigos de Carísimo juntaron los diez mil 
fuertes con que rescataron al preso. 

* * 

Una mañana se encontró, contra el dictador, un pasquín 
pegado á la pared de la casa en que vivia don Pascual 
Echagüe, santafecino, casado con una señora paraguaya 
de buena familia y establecido en la Asunción. Era un 
absurdo suponer que este hombre cometiera la torpeza de 
haberlo fijado allí. El hecho es que el mismo dia se le man- 
dó poner preso y con grillos. Su infeliz esposa, después 
de algunos meses de prisión, buscó la ocasión de ver al 
dictador. Se arrojó á sus pies deshecha en llanto. "Mu- 
ger — dijo el cruel é inconmovible tirano,— ¿qué quiere usted 
aquí?" — "¡Oh! mi esposo! ¡mi esposo!" fué todo loque pu- 
do articular la cuitada esposa. Entonces Francia, diri- 
giéndose á la guardia, replicó: "Mande poner á Echagüe 
otra barra de grillos y otra mas cada vez que esta loca se 
atreva á acercárseme." El infeliz murió en la cárcel, siem- 
pre con sus grillos. 



DEL PARAGUAY 285 

La palabra de Francia era una ley mas irrevocable que 
las leyes de los^ antiguos medos y persas. 

Era de estatura mediana; de facciones regulares, sus 
ojos negros y hermosos, espresaban la penetración y la 
desconfianza. Hasta la edad de setenta años montaba á ca- 
ballo como un joven de veinte, mandaba el ejercicio, traba- 
jaba y estudiaba como antes y parecía gozar de una perfec. 
ta salud, con escepcion de los accesos de hipocondría á que 
estaba sujeto cada vez que se hacia sentir el viento húme- 
do y caliente del nordeste. Esta acción de la temperatura 
sóbrelos órganos del dictador inñuia dolorosamente so- 
bre su carácter, y los paraguayos pudieron convencerse 
que el tiempo de los accesos era el de las proscripciones y 
actos mas crueles. 

Apenas subiera al poder, ocupó el antiguo palacio délos 
gobernadores coloniales, que hizo embellecer y aislar, 
ordenando la demolición de las casas circunvecinas. 
Retirado en él *con cuatrp_criados, dos hombres y dos 
naujeres, dio comienzo auna nueva existencia, por la re- 
forma de sus malas inclinaciones.. Por una poderosa 
voluntad, comprimió de un modo súbito la pasión del jue- 
go y la dQ las mugeres. Arregló el empleo de sus tareas 
eotidianas, destinando invariablemente una hora á cada 
una de ellas. Imprimió á sus maneras el sello de laQri- ' 
ginalidad, que puede esplicarse por la imposibilidad en 
que se encontrara en adoptar los usos de la buena socie- 
dad en unpais tan atrasado como el suyo. Al prin- 
cipio afectaba un aire altanero y duro, tratando de intimi- 
dar ásu interlocutor; pero cuando éste se le mantenia 
firme, aunque sin impertinencia, se suavizaba, aun conver- 
saba con familiaridad y manifestaba tener una instruc- 
ción tan variada como sólida. Antes de la revolución, 
los únicos libros que el despotismo religioso permitiera 
penetrar en el Paraguay como en toda en la América es- 
pañola, eran obras místicas, la mayor parte de una de- 



286 GOBERNANTES 

sesperante sencillez. El dictador tenia quizá la única 
verdadera biblioteca que á la sazón existiera en el país: 
componíase de una rica colección de autores españoles, 
un diccionario francés de artes y oficios, á que daba mu- 
cha importancia, y consultaba á menudo para ciertos de- 
cretos concernientes ala industria agrícola y manufactu- 
rera; se veian también algunas obras de medicina escri- 
tas en francés, las obras de Voltaire, Rouseau, Montes- 
quieu, Rollin, Raynal, Laplace,etc. 

Hablaba el francés bastante bien y leia algo el in- 
glés. L^ historia, las matemáticas y la geografia formaban 
el objetó desús estudioá favoritos. Suspaisanos, al ver- 
le estudiar en los mapas y globos con instrumentos de 
matemáticas, después consultar, en el cielo los planetas 
y las constelaciones, se figuraban que había magia en 
esas prácticas, y no consta que el dictador hubiese jamás 
tratado de desvanecer esa creencia en el ánimo de sus 
compatriotas. El sentimiento de su superioridad, tanto 
como el de su dignidad, le inspiró un orgullo pueril, muy 
dificil de conciliar con la sencillez patriarcal de su interior. 
¡Desgraciado el imprudente que, por escrito ó verbalmen- 
te, omitiera el calificarle de Exelentisimo señor y el de 
dictador perpetual ¡Desgraciado el que no observara 
rigurosamente, en su presencia, la etiqueta de costumbre, 
es decir, que avanzase demasiado cerca ó no tuviese las 
manos en evidencia para hacer ver que no trataba de ser- 
virse de un arma oculta! por la mas leve infracción se in- 
curría en la desgracia del dictador, y la cosa era bastante 
seria para merecer la mayor atención. Desde el descu- 
brimiento de un complot, de que se hablará mas adelante 
no veia por todas partes sino traición, puñal y asesinato. 
Cuando salia, se hacia acompañar de húsares y dé agentes 
de policía que estaban siempre listos para descargar el 
golpe sobre los curiosos mas inofensivos que se atre- 
vieran á esperarle al pasar. 



DEL PARAGUAY 287 

No se diga quo los amigos del doctor Francia estuvie- 
sen exentos de la etiqueta impuesta á los estrangeros; 
puesto que este hombre estraordinario no tuvo jamás 
amigos, pero puede aplicarse esta observación á sus pa- 
rientes y protegidos. Mas severo aun para con éstos que 
para con aquellas personas que manifestaran nuevos de- 
rechos á su benevolencia, muchas veces los trató con una 
dureza inaudita, Unas leves faltas han valido á sus pro- 
pios sobrinos varios años de prisión; aún su misma her- 
! mana, señora respetable, para quien, hasta entonces, ha- 

bla manifestado cariño, fué inexorablemente despedida 
de su casa por una acción tan fútil que no vale la pena 
mencionar. 

El doctor Francia con una singular reunión de buenas 
y malas cualidades, llevó al poder el mismo desinterés 

' que manifestaba en su precedente carrera. Largo y ge- 

neroso por todo lo que leconvenía personalmente, sólo 
era avaro de los dineros públicos. El congreso al nom- 
brarle dictador, le habia asignado un sueldo de 9000 
pesos, y él no quiso aceptar mas que la tercera parte por- 
que consideraba el estado con mas necesidades que él, 
desinterés que todo tirano manifestara siempre, con el 
fin de captarse la simpatía del pueblo para poderlo sub- 
yugar mejor. Igual conducta observó Rosas, renuncian- 
do su sueldo de gobernador en beneficio del estado. Se 
hizo una regla invariable de no recibir regalo alguno; 
pagaba todo lo que se le daba ó lo desechaba, y se puede 
decirde él, sin impostura, que entró pobre en el podery 

^ salitf pobre dteél (1). 

(1) Todo lo que Francia dejó al morir, según el inventario, levantado 
en los dias 4 y 5 de noviembre de 1840 en presencia del cuerpo municipal 
y del ministro tesorero de hacienda alcanzaría ¿ la suma de 8á,617 pes&s 
fuertes poco m¿s ó monos; sin contar el valor de las alhajas de oro y pla- 
ta que poseía y cuyo valor no podemos apreciar. No figura en ese inven- 
tarío la biblioteca ni ninguno de los demás objetos de sala y esorítorío. 



« 



288 . GOBERNANTES , 

La intolerancia recelosa deque diera pruebas tan repe- 
tidas y tan deplorables, sólo se e3tend¡a empero á las per- 
sonas á quienes suponía la intención de mezclarse en los 
negocios de gobierno; pero en cuanto alas demás, les de- 
jaba entera libertad de culto, de acción y de lenguage. 






En sus discursos, el dictador se complacia en nombrar 
el país sometido á su despotismo, la República del Para- 
' guay) no hablaba de España, de los frailes yde los jesuítas 
sino con un profundo desprecio, (1) afectando un vivo en- 
tusiasmo por la independencia de la América española. 
Sus ideas sobre el mt)do de gobernar los pueblos recien ^ 
emancipados, dan la esplicacion de su conducta política. 
; "La libertad, decia á veces, es un precioso bien para 
hombres prudentes; pero si las naciones mas civilizadas 
del antiguo mundo no pudieron ensayarla sino con detri- 

(1) £iiana de las entrevistas del doctor Bengger con Francia, se divir- 
tió éste mucho ¿ costa del comandante y del cora de Gnmgnati, que le 
habian enviado una pobre muger encadenada y que traía un rosario muy 
I grande, acompañando el proceso de que resultaba ser bruja. De aquí pa- 
/ 8Ó Francia ¿ hablar de todos 'los sortilegios¡de que usa el pueblo, de las 
enfermedades y curas que atribuye ¿ semejantes maleficios, y concluyó 
dici^do ¿ Bengger; ^^Vea usted para lo que sirven estas gentes, los sa- 
cerdotes y la religión, para hacerles creer en el diablo mas bien que en 
Dios." 

En los primeros años de su elevación al poder, Francia se hacia decir 
misa todos los domingos en la capilla de uno de loi^ cuarteles, y asistía en 
las grandes festividades ¿ los oficios de la catedral, pero bien pronto no 
apareció por aquella iglesia, despidiendo ¿ su capellán en 1S20. Desde 
entonces se desligó del culto no dejando de pronunciarse contra la religión 
del país. Asi fué que habiéndole pedido un comandante la imagen de un 
santo, para colocarlo como patrono de un fuerte que se^cabab&.d#cofts- 
truir, le respondió el dictador; ''jAh, paraguayos! ¿Hasta cuándo seréis 
idiotas? Cuando yo era católico, todavia pensaba como tú; pero ahora 
conozco que las balas son los mejores santos, para guardar las fronteras." 
En la primera entrevista que diera ¿ los señores BenggeryLongchanp, 
después de haberles preguntado cuál era su religión, ''profesen ustedes la 
que gnsten, les dijo Francia, sean cristianos, judies ó musulmanes, pero 
no sean ateos." 



DEL PARAGUAY 589 

mentó de su prosperidad, de su reposo y aun de su ho- 
nor ¿como quiere usted que los americanos, ignorantes y 
pobres, hagan de ella buen uso?" Este razonamiento 
especioso no justificaba el despotismo vejatorio que el 
dictador hizo pesar sobre sus compatriotas, con la inten- 
ción de hacerlos un dia dignos de la libertad. 






A los ojos del dictador, Napoleón era el grande hom- 
bre por escelencia; le tomaba por modelo, le citaba á 
cada paso, le veneraba aún en sus debilidades, y preten- 
día asemejársele por el trage. Desgraciadamente [para 
él, los recursos de su país eran tan limitados, ó las nocio- 
nes que se ha podido proporcionar sobre las costumbres 
privadas de su héroe eran tan inexactas, que Francia se 
dejó tapujarse con un traje de los mas grotescos, que se 
creia de veras ser el vencedor de Austerlitz: casaca ^ul 
con galón de oro, charreteras de brigadier español, chale- 
co y pantalón bl>ncos, medias de seda, zapatos con gran- 
des hebillas de oro y un inmenso sombrero elástico. Jamás 
salia además sin andar bien armado de un gran sable y 
de un par de pistolas de dos tiros. En su casa, cuidaba 
tener constantemente armas á su alcance; tenia las pare- 
des de su dormitorio tapizadas con ellas. Cada noche, 
hacia venir al gefe que estaba de guardia, le daba la or- 
den del dia, cerraba él mismo las puertas de su palacio 
y se llevaba las llaves que metia bajo su almohada» 
Cuando daba sus audiencias ordinarias, su traje habitual 
consistia en un ancho baton de zaraza, bajo el cual oculta- 
ba una pistola de doble tiro. 






Los primeros cuidados de Francia se dirigían á la orga- 
nización militar, y, fiel al recuerdo de su hóroe de predi- 
lección, quiso vivir en medio del ejército. Se le veia cada 

20 






S90 GOBERNANTES 

diaocupado en pasar revista, visitar los cuarteles, pro- 
bar los víveres y tratar directamente con los proveedores. 
Previendo que tendría necesidad de sostener por la fuerza 
la independencia deT su país, y que si de un lado, nada 
habia que temer de la España, del otro habia todo que te- 
mer de la proximidad de la Confederación Argentina y del 
Brasil. Trató de proporcionarse las armas y las municio- 
nes de que aún carecía. Para este efecto, decretó el mo- 
nopolio de la esportacion de las maderas, artículo de alta 
importancia para el Paraguay, y"^¡camente la acordó á 
los especuladores que le llevasen en cambio los objetos 
de guerra que necesitaba. Habiendo conseguido con esta 
medida lo que se proponía, la aplicó á los demás ramos 
del comercio de su pais, proporcionándose los artículos 
que le faltaban. La esperanza de obtener esas licencias 
comerciales llevó á la Asunción una multitud de negocian- 
tes estrangeros establecidos en Montevideo ó en Buenos 
Aires. Mas adelántese verá la suerte que les estaba re- 
servada. 

El elército quedó organizado sobre nuevas bases; desti- 
nando el dictador para su persona una guardia de grana- 
deros elejidos. Estos hombres, con cuya adhesión contaba, 
se hicieron mas tarde, verdaderos gendarmes, encargados 
de la ejecución de las órdenes de policía; más aún, formó 
de ellos un cuerpo de espías que consideró necesa- 
rio para su política. Despidió á los oficiales, que por sus 
relaciones de familia ó de sociedad podian gozar de una 
influencia peligrosas; á fin de no tener cerca de sí sino per- 
sonas que le fuesen completamente adictas, los reemplazó 
por hombres sin capacidad, pero de una fidelidad esperi- 
mentada. 

Fué entonces que puso en ejecución el gran proyecto 
que, desde el origen de su poder, germinaba en su 



DEL PARAQUAT 291 

mente. Reconocia que el Paraguay, apurado de up 
lado/ por los nuevos estados independientes déla Amé- 
rica española, y del otro, por el vasto imperio del Brasil, 
no podria por mucho tiempo conservar su independencia 
nacional. Los pueblos vecinos estaban mas adelantados 
que sus compatriotas en las artes agrícolas y manufac- 
tureras, como en las ciencias y las ideas liberales, pero su 
frecuentación no podia llevar á las masas ignorantes del 
Paraguay sino elementos de discordia y de perturbacio- 
nes. Todos los recurso s territoriales les iban á ser esplo- 
tados por la industria de los estrangeros en detrimento de 
los naturales, la cual, cansada de guerra, acabaría por 
abandonar el pais. Por otra parte, no dejaba de ser cierto 
que la presencia de otros estrangeros, pertenecientes, en 
su mayor parte, á naciones europeas colocadas en pri- 
mera línea en la civilización, presentaría graves obstáculos 
¿ la realización de los proyectos que habia concebido. Su 
censura, las observaciones que se habían de permitir, to- 
do, hasta sus ideas progresivas de bienestar y de libertad 
habia de «inspirar álos paraguayos el espíritu de insubor- 
dinación, la manía de la crítica y la inclinación á la rebe- 
lión. Era, pues, necesario aislar el país, atrincherarlo atrás 
de sus rios y de sus selvas; rechazar las invasiones pacífi- 
cas de los especuladores estrangeros como las agresiones 
hostiles de los mismos españoles; impedir la emigración 
délos naturales, para conservar su brazo al cultivo de las 
tierras; multiplicar así las riquezas territoriales y limitar, 
por* fin, el comercio de cambio á una ó dos plazas sola- 
mente, para algunos artículos superabundantes contra los 
objetos de primera necesidad. 



* * 

Incomunicado con el Paraná, con cuyos pueblos 
no quería Francia tener contacto alguno, y con el deseo de 
buscar salida á los productos del pais por- otro lado trató 



292 aOBEBNÁNTES 

de conciliarse la amistad del Brasil, por cuy os subditos 
siempre manifestara alguna predilección, recordando tal 
vez su origeujy con quien conservó perfecta armonia. Por 
otra parte, el Brasil fué uno Je los primeros estados que 
reconociera la independencia del Paraguay, y del cual 
tenia éste mas que temer y esparar que no de las provin- 
cias argentinas; en consecuencia, el dictador permitió á 
los brasileros, y sólo á éstos, á traficar libremente con 
los paraguayos. 

* * 

Desde esa época, el Brasil fué siempre amigodel Para- 
guay, sirviéndole con sus armas, con sus hombres de 
saber y hasta con sus consejos en cuanto era conciliable 
con la prudencia, sin comprometer en nada su neutrali- 
dad, ni su independencia. Sirvió de igual modo á López, 
padre, hasta en la redacción del Semanario^ único perió- 
dico existente en la época de éste en la Asunción. Igual 
cosa hizo con López, hijo, y no obstante, para satisfacer 
éste su ambición desmediday absurda, buscó pretestos ri- 
diculos, declarando la guerra á la nación que tantos servi- 
cios habia prestado al Paraguay, cuya independencia no 
se hallaba amenazada en lo mas mínimo. 






Habiendo fijado su plan sobre bases definitivas, Fran- 
cia echó manos á la obra con ardor, perseverando en ella 
con corage. • Los estrangeros sospechosos fueron echa- 
dos de la frontera, ó retenidos presos; se embargaron las 
embarcaciones que estaban fondeadas en la Asunción, 
enviándose lanchas cañoneras á la embocadura del rio, 
con orden de detener á cualquiera que tentase franquear 
sin autorización, el primer límite de la dominación dicta- 
torial, ya sea para entrar, ó ya para salir. Establecióse 
una serie de fuertes destacados sobre toda la lineado 



DEL PARAGUAY ¡393 

las fronteras del Paraguay. Los soldados regimenta- 
dos ocuparon los puntos mas importantes, mientras que 
los demás quedaron confiados *á una guardia cívica, cu- 
yos puestos podían comunicarse entre sí con celeridad, 
•Los indios del Gran Chaco, fueron asi contenidos distan- 
tes de los límites del país, y arrancó á los mbayáes de sus 
antiguas soledades, distribuyéndolos en los alrededores 
de la Asunción y obligándolos al cultivo de la tierra, para 
preparar la fusión de las razas; y prohibió á todo habi- 
tante, natural ó estrangero, salir del Paraguay, sin espe- 
cial permiso, bajo pena d9 muerte. 

La agricultura, reclamaba la atención del reformador. 
Arrogóse el derecho de prescribir álos propietarios el siste- 
ma de cultivo que ellos debian adoptar, año por año. 
Sus previsiones á este respecto fueron coronadas de un 
éxito completo. Abundantes cosechas vinieron á ense- 
ñar álos colonos que, hasta entonces habian tomado por 
los resultados de una antigua esperiencia, no era sino vi- 
cios y preocupaciones. El suelo dio con largueza varias 
producciones nuevas que los consumidores compraban 

antes en Buenos Aires. Los cultivadores que; cada año, 
iban á ofrecer sus servicios á vecinos, frecuentemente 
muy distantes, retenidos en sus casas desde entonces, se 
pusieron é desmontar la tierra, desarrollando así los recur. 
.sos de la localidad. La economía rural tomó en pocos 
años un aspecto nuevo. 

Los paraguayos que habian hecho abundante cosecha 
de algodón, artículo que antes introducían de Corrientes, 
trataron de utilizarlo, desde que ya no podian esportarlo. 
He ahí el origen de las fábricas de telas de algodón que 
suministraban todo lo que exigían las necesidades del pais. 
El arte de criar los animales hizo igualmente rápidos pro- 
gresos y pronto cubrieron numerosos ganados unos cam- 
pos antes desiertos. 



894 GOBERNANTES 

El dictador por medio de su diccionario de artes y ofi- 
cios, montó fábricas, hizo confeccionai* oficios, prodigan- 
do alternativamente el dinA'oyla amenaza para conducir 
á los obreros á la perfección que deseaba obtener. 

Este grande impulso dado á la industria nacional reveló* 
á los paraguayos el secreto del poder humano que habían 
desdeñado aprender. Aborrecian la mano pesada que 
los guiaba en esta carrera, pero, subyugados por el ascen- 
diente del genio, lo admiraban y obedecían. 

El embellecimiento de la capital atrajo igualmente los 
cuidados del dictador. Emprendió regularizar las calles 
y se puso en consecuencia, á trazar él mismo planos que 
hacia ejecutar, á su vista, por un maestro albañil, conde- 
corado con el titulo de ingeniero engefe. Pero'de todos sus 
proyectos de mejora, éste fué el único tal vez que diera 
completo fiasco. Su inesperiencia sobre esta materia y la 

ignorancia de su ingeniero eran tales, que los trabajos 
no podian ejecutarse sino á tientas. Asi, cuando recono- 

ció que una casa incomodaba el alineamiento de una calle, 
el propietario recibía orden de hacerla demoler en un cortí- 
simo espacio de tiempo; pero aparecía luego un nuevo 
obstáculo, oculto por el precedente y hacia indispensable 
uña nueva demolición. Modificaban entonces el primer ' 
plan con nuevos sacrificios por parte délos propietarios. 
De este estado de cosas resultó que, al cabo de algu- 
nos años, la ciudad quedaba, no ya regularizada, sino 
enteramente descompuesta. 



* * 



Más feliz fué el dictador en la empresa de los caminos 
públicos, que hizo pasar en los bosques y las lagunas 
que antes obstruían las comunicaciones con las principales 
ciudades, como Ñoembucü ó Villa Rica. Con igual éxito 
empleó á los hombres condenados á trabajos forzados en 
construirfuertes en los pueblos fronterizos y en la Asun- 



DEL PABAGUAY 295 

cion. Para contener los indios belicosos del norte, fundó la 
nueva villa^de Etebegó, ahora San Salvador, en la parte 
setentrional, sobre lasnoárgenes del Paraguay y á ciento 
veinte leguas de la capital, poblándola al principio de mu- 
latos y mugeres de nnala vida, y mas tarde destinada ¿lu- 
gar de destierro 'por su gran distancia de la capital. 

¡Feliz el autor de tan prodigioso desarrollo de los recur- 
sos locales, si no hubiera creído indispensable para la 
conservación de su autoridad, asi como para la realiza- 
ción de sus planes, obtener por el terror, por las proscrip- 
ciones, por la violencia y la sangre, esa obediencia pasiva 
de que tenia necesidad. 

Hacia mucho tiempo que los frailes estaban espuestos al 
odio y á las persecuciones del dictador. Es necesario con- 
venir que sus desbordes, su ignorancia y su pereza los. 
hacia aparecer como seres poco dignos de interés. Vi- 
vian públicamente en concubinato y mancillaban diaria- 
mente el santuario de los templos con noil abominaciones. 
Francia mandó suprimir los cuatro conventos que exis- 
tían en el país sometido á su dominación; dio orden álos 
religiosos que se presentasen al vicario general para ser 
secularizados, bajo la pena de considerárseles como va- 
gabundos y espulsos. Sus bienes quedaron confis^tados 
en beneficio del estado y los edificios que ocupaban con- 
vertidos en cuarteles ó en depósitos de artillería. 

Los cabildos no quedaron exentos de la proscripción 
general. Es verdad que ya no poseían sino lá sombra 
déla autoridad; pero esa misma sombra incomodaba al 
déspota. 
^Para reunir en sus manos el poder espiritual al tempo- 
ral y constituirse en gefe de la iglesia, el dictador apro- 
vechó la circunstancia de hallarse el obispo como atacado 
de enagenacion mental, al menos así hizo creer, dejando 



296 GOBERNANTES 

el cuidado de los detalles del culto aun vicario general, he- 
chura suya. 

Por lo mismo que habia Eiucho que reprocharle, Fran- 
cia no dejaba de tener sus temores. Algunas caricaturas 
que se atrevieron á dirigir contra su persona, la revela- 
ción de un complot y otras circunstancias despertaron en 
él sentimientos de crueldad que su elevación habia ador- 
mecido por ur. instante. Los españoles fueron sus pri- 
meras víctimas; medida tanto mas injusta cuanto que los 
hombres de esa nación que habitaban el Paraguay, haciai 
mucho tiempo quehabian venido pobres y sin influencia, 
se habian casado en el mismo pais, habian adquirido un 
derecho de nacionalidad consagrado por el tiempo, y, so- 
bre todas cosas, habian permanecido ágenos á los actos 
por los que la dominación española provocara ía rebelión 
de sus colonias. 

* • 

Comprendiendo que para gobernar el pais dictorialmen- 
te en toda su ostensión, sin que hubiese autoridad que 
de cualquier modo se le sobrepusiera, y viendo que el, 
clero, en general, ejercia una influencia en cierto sentido 
sin control, el doctor Francia, para preparar el camino, 
dictó (2 de julio de 1.815) la siguiente: 

RESOLUCIÓN SUPERIOR 

"Exigiendo las actuales circunstancias y aún el estado 
> de la República que las comunidades religiosas existentes 
en su territorio, sean exentas de toda intervención ó ejer- 
cicio de jurisdicción de los prelados ó autoridades estra- 
ñas de otros países: prohibo, y, en caso necesario, es^ 
tingo y anulo todo el uso de autoridad ó supremacía 
de las mencionadas autoridades, jueces ó prelados, 
residentes en otras provincias ó gobiernos, sobre los 
conventos de regulares de esta República, sus comu- 
nidades, individuos, bienes de cualesquiera hermandades 



. I 



DEL PARAGUAY ' 297 

Ó cofradías anexas 6 dependientes de ellas. En virtud de 
esto, las espresadas comunidades religiosas quedan li- 
bres y desligadas de toda obediencia, y enteramente in- 
dependientes de las provincias, cabildos y visitadores ge- 
nerales de otros estados, provincias 6 gobiernos, prohi- 
biéndoseles que de ellos reciban títulos, nombramientos 
de empleos, cartas facultativas, dimisorias, ó cartas pa- 
tentes de graduación, habilitación, gobierno, disciplina ó 
de cualquier otro ramo de policía religiosa. Por conse- 
cuencia, se gobernarán de aqui en adelante con esta inde- 
pendencia, observando sus respectivas reglas 6 institutos, 
bajo la dirección ó autoridad del limo, obispo de esta 
diócesis, tanto en lo espiritual como en todo lo temporal 
y económico, con las prevenciones siguientes: 

"Las comunidades de cada orden se congregarán en 
sus respectivos conventos de esta ciudad de tres en cuatro 
años para la elección de sus prelados locales y proveer 
todos los demás empleos ú oficios de cada casa ó convento 
precediendo los acostumbrados exán^enes ó pruebas de 
suficiencia ó idoneidad, y tendrán voto todos los religio- 
sos de sagrada orden habilitados para oir confesiones, 
cuya asistencia sea posible y compatible con las atencio- 
nes de dichas casas, pero los electos ó nombrados para 
los referidos cargos no podrán ejercerlos en cuanto no 
obtengan aprobación de este gobierno. 

"Será presidente de estos capítulos el religioso demé- 
rito é idoneidad que fuere nombrado por el limo, señor 
obispo; y cuando tengan que convocarse, se obtendrá 
previamente permiso de este gobierno, para que, juzgán- 
dolo conveniente, se determine el magistrado ü otra per- 
sona caracterizada que deba asistir en calidad de comisa- 
rio de la autoridad suprema para mantener el buen 
orden. 

•En estos capítulos podrán también hacerse las declara- 
ciones ó concesiones de graduación ó jubilación, y de los 
privilegios acostumbrados en cada orden; y tendrán efec- 



298 * ' OBERNANTES 

tocón la confirmación del limo, obispo. Cuando fuere 
preciso proveer oficios en el tiempo intermedio de los ca- 
pítulos trienales, que se establecen, podrá, con conoci- 
miento del limo, obispo, y con las formalidades correspon- 
dientes, determinarse y verificarse por el discretorio ó 
padres del consejo del convento mayor que lo haya pre- 
cedido del respectivo prelado local; y con condición, en 
la misma calidad, de obtener la aprobación del gobierno. 
Podrán también, en la misma conformidad, conceder y 
declarar las graduaciones y jubilaciones que convengan, 
bastando para su complimiento y efecto del limo, obispo. 
Será generalmente admitida la asociación ó incorporación 
de los religiosos que vengan de otras provincias ó go- 
biernos de las conventualidades de las órdenes existen- 
tes en el territorio de la República, igualmente precedida 
de la licencia de este gobierno. La toma de hábitos y 
profesión siguientes podrán ser provistas, tanto por los 
capítulos trienios, como también por los prelados de los 
conventos principales, de acuerdo con los mismos padres 
discretos ó consejo; pero, para la recepción de órdenes 
menores y mayores, se dirigirán los religiosos preten- 
dientes al limo, obispo que, juzgándolos idóneos y en es- 
tado, precedidas las informaciones que juzgare conve- 
nientes, les conferirá dichas órdenes, sin exigir otro re- 
quisito. 

*E1 presente decreto tendrá vigor en cuanto toma una 
deliberación sobre la creación y subrogación de un comi- 
sario ó prepósito general de regulares en la República. 
Si en su ejecución ocurriese cualquiera duda ó dificultad, 
me reservo esplicarlas ó resolverlas con declaraciones 
ulteriores, y para su inteligencia y observancia comuni- 
qúese al limo, obispo y á todos los prelados y comunida- 
des de los conventos de la República." 

Con motivo de la estincion de las instituciones ó* comu- 
nidades religiosas, se secuestraron todos los bienes de ellas 
y se aplicaron al estado secularizándose sus. individuos. 



DEL PARAGUAY 299 

Algo bueno hizo al mismo tiempo, como la abolicon de 
la inquisición y los oneresos diezmos, y mas tarde convir- 
tió de hecho los ociosos monasterios en cuarteles: secula- 
rizó la vagilla de oro y plata, y las onzas que tanta falta 
hacian al estado y que ningún servicio prestaban á las ca- 
sas religiosas y en las misiones. 






Poco tiempo después espidió el siguiente: 

AUTO SUPREMO 

"Desde que la provincia recobró el uso y ejercicio de 
su libertad imprescriptible, ha sido generalmente mani- 
festada la voluntad de que los oficios y empleos, de cual- 
quiera clase, sean ocupados y ejercidos por los patricios, 
hasta entonces siempre abatidos, vilipendiados y poster- 
gados. Toda la razón, todos los derechos y la misma 
naturaleza reclaman la preferencia de los hijos del país 
para la ocupación de los cargos onerosos ó lucrativos 
que los ofrece y proporciona el suelo natal. Penetrada 
de esta verdad, la asamblea general de 18Í1 dejó estable- 
cida en particular una disposición muy conveniente. 
Pero no es sólo la justicia que conduce y obliga á esta 
determinación, la seguridad general, el público bienestar, 
la consolidación de la libertad é independencia de la Re- 
püblita, constituyen un doble motivo que hace tan urgen- 
te como importante esta medida en la presente crisis. 
Bien sabida es la influencia que en todas las partes tienen 
los empleados. sobre la opinión pública. Si por oposición 
ó indeferencia délos mismos llega ésta á debilitarse ó & 
contrariar el sistema adoptado y el nuevo orden estable- 
cido, fácil es calcularlos males que entonces resultarán á 
la sociedad. Es, pues, preciso que los funcionarios pú- 
blicos forasteros que son admitidos, sean también notoria- 
mente adictos á la %agrada causa de nuestra regenera- 



300 



GOBERNANTES 



cion política: y ningún gobierno, por poco ilustrado que 
fuese, podría dispensarse de velar en este punto que tanto 
influye eri el bien y conservación general del estado. De 
lo contrario, se espone á abrigar y alimentar en su propio 
seno á los enemigos de su felicidad, tal vez ocultos 6 dis- 
frazados, con mengua déla justa consideración debida á 
los patricios y con daño y menoscabo de sus derechos. 
En virtud de esto, el escribano de gobierno notificará á 
don Antonio Miguel de Arcos y á don José Baltasar Ca- 
safús, que desde luego, dejen de ejercer los empleos y 
oficios eclesiásticos en que sirven, los cuales se decla- 
ran vacantes, á menos que obtengan de este supremo 
gobierno carta de incorporación y de ciudadano, mos- , 
trando para este fin de un modo inequívoco y con prue- 
bas incontestables que han tenido una adhesión constan- 
te y decidida á la actual constitución, libertad é indepen- 
dencia absoluta de esta República, reconociendo manifies- 
tamente que es justa la defensa que hacen los americanos 
de su patria y libertad contra toda dominación esterior. 
Dada en la capital de la Asunción á 21 de diciembre de 
1815. — José Gaspar de Francia — Antonio Jacinto Ruiz^ 
escribano público y de gobierno. 






Hasta aqui la dictadura de Francia, conocida súmala 
índole, no presenta acto alguno de estraordinaria singu- 
laridad que merezca llamar sobre él la atención del lector; 
y como no era característico en él gobernar con restric- 
ciones ni con sujeción á ley alguna, hizo de modo que el 
mismo congreso quele eligiera la primera. vez fuese con- 
vocado antes de la época señalada (octubre de 1817), co- 
mo se hizo el 6 de junio de 1816, y resolvió lo que sigue: 

1? En atención á la plena confianza que justamente ha 
merecido del pueblo el ciudadano José Gaspar de Francia, 
se le declara y esXhb\e^ceJ)ictador perpetuo de la Repúbli- 
ca durante su vida con calidad de ser sin ejenjplar: 



DEL PARAGUAY 301 

2? Tendrá el sueldo de siete mil pesos anuales en aten- 
ción á que en el acto no ha aceptado el dictador el sueldo de 
doce ^mil pesos por ano que ha acordado el congreso. 

3? Congreso general tendrá la república cada vez y 
cuando que el dictador haya por necesario. 

49 Se ordena á nuestro gobierno requiera de orden de 
ese soberano congreso al limo, obispo de esta República 
dirija órdenes á los prelados seculares y claustrales de esta 
capital, vicarios y curas de la campaña, para que en las 
misas capitulares, parroquiales, conventuales y rogativas, 
en lugar de Begem etc, que se mandó proscribir por nues- 
tro gobierno, se establezca y se nombre lo siguiente: **et 
Dictatorem nostrum^ populo sibi comisoet exercitu subo: y 
que prebenda el estado eclesiástico pública y privadamente 
á beneficio de la libertad civil y sagrados de.rechos de la 
patria, exhortando también á la paz, concordación de jus- 
tos sentimientos en esta República, amor y respeto á las 
órdenes de nuestro gobierno supremo, debiendo ser esta 
voluntad de esta soberanía, cuyos medios influirán á la es- 
tabilidad de los derechos de la patria. Últimamente acor- 
daron disolver el presente congreso, no habiendo ocurrido 
otro punto que resolver ni otras materias sobre que deli- 
berar,disponiendo que por la feliz conclusión de la presen- 
te asamblea se celebre el dia de mañana una misa solemne 
en acción de gracias al Todopoderoso, en fe de todo lo cual 
y para que conste asi lo firman — Siguen las firmas." (1) 

Era Cuanto queria y necesitaba Francia para iniciar su 
verdadero reinado del terror. Con el precedente docu- 
mente que se acaba de leer, el pueblo paraguayo ligó su 
suerte futura ala voluntad y capricho de un hombre. Es 
posible que haya rufrido un error al entregarse al dicta- 
dor, sin limitación fitlguna y también lo habrá hecho en la 
creencia de que iba á labi^ar su felicidad. Se equivocó y 

(1) Tomado de la Biografía del doctor Francia publicada por el sefior 
don Adolfo P. Carranz en la Revista Paraguaya» 

# 



302 GOBEBNANTES 

sufrió las consecuencias, como sucediera en Buenos Aires 
con Rosas. Jacta est alea. , 

Un señor don Miguel Ibañez, vecino de Concepción, á 
quien el dictador en otro tiempo llamó su padre, antes de 
la reunión del congreso, le prometió Francia hacerle co- 
mandante perpetuo de aquella villa, si ponia en juego su 
influencia á ñn de colocarle en la suprema dignidad de 
dictador perpetuo. Creyendo Ibañez en la promesa, buscó 
votos, influyó y sugirió á los demás diputados, que le 
proclamasen como él deseaba. Posesionado de la dicta- 
dura perpetua, confirió á Ibañez la comandancia de la 
Villa de Concepción, como le habia prometido; peroá los 
dos ó tres años, lo depuso, le hizo traer preso á la Asun- 
ción y murió en la cárcel pública. Ibañez declaró en su 
calabozo que no tendría perdón de Dios por haber sido 
quien elevara á Francia falsificando registros en complot 
con Mign^l Noceda (premiado por el dictador fion doscien- 
tos azotes^, con el objeto de combatir la candidatura, que 
aparecia como rival. No solo fué victima el padre, sino 
también un hijo de Ibañez, á quien ala muerte de aquél, 
mandó encerrar, ignorándose la causa, en un sótano, 
del que después de veinte y cuatro años de prisión, salió 
trémulo en 1840. 

Para que la clausura del Paraguay hubiera tenido 
por fundamento, entre otros, principalmente, an decreto 
del gobierno argentino de 8 de enero de 1817 prohibiendo 
la introducción del tabaco manufacturado, ó cigarros de la 
provincia del Paraguay , hasta la incorporación de ésta 
alas restantes de la nación; y como en lo que menos 
pensaba Francia era someterse, ni reconocer una autori- 
dad, no sólo superior, ni aún igual á la suya, prefirió se- 
gregarse del resto del mundo. 

Durante el gobierno del dictador, subió la yerba en Bue- 
nos Aires, á veinte y cinco pesos por arroba, ^ en Chile á 



• DEL PARAGUAY 303 

cincuenta, por cuya razón se prohibió la introducción eii 
aquel reino, y en el Perú dejó enteramente de usarse. En 
vista, pues, de haber cerrado el dictador la navegación 
del rio y de consiguiente la estraccion de los frutos del 
pais para las provincias argentinas, dieron los brasileros 
en trabajar la yerba en los montes del Brasil, en donde 
abunda, é introducirla en Buenos Aires. De este modo, 
creyendo el dictador perjudicar á los habitantes de los 
pueblos de abajo, causó el mayor daño á los del Para- 
guay y al erario nacional; pudiendo haber enriquecido á 
aquéllos y llenado éste con solo el permiso del comercio 
franco con dichos pueblos, sin perjuicio de la indepen- 
dencia y neutralidad de esta provincia. Pero como sus 
miras no se dirigian sino á embrutecer y empobrecer pa- 
ra gobernar esclavos, prefirió mas bien á los brasileros. 
Para el efecto, ajustó (5 de abril de 1823^ un tratado de 
comercio, prometiendo mutuamente ambos gobiernos ob- 
servar mejor orden. Desde entonces abrió y entabló comu- 
. nicacion mercantil con los brasileros, aunque solamente 
sobre dos puntos: al sur por la via de Itapuá, fundada en 
1614 y situada en lo alto de una colina, ala margen de- 
recha del Paraná, distante poco mas de ochenta leguas de 
la Asunción: y al norte, sobre el Paraguay enfrente de 
Kueva Coimbra. Es verdad que este comercio no se ha- 
cia sino mediante licencias especiales del dictador, muy 
difíciles de obtenerse, porque la autorización era ala vez 
un gran favor y un medio de influencia irresitible. 

No sólo§no iban á aquel mercado hombres de alguna 
pintura ó de conocimientos mercantiles, sino que ni los 
ignorantes y del estado común, que á fuerza de tiempo y 
paciencia alcanzaban licencia, podian conducir á Itapuá yer- 
ba 6 tabaco, qae hubiesen comprado, no en calidad dp ha- 
bilitado, sino que habian de llevar yerba ó tabaco, que 
ellos mismos hubieran personalmente trabajado. Tam- 
poco concedia licencia á todos los que la pedian, sinoá 
los que él qijerla, no con la cantidad de frutos que tenian, 



304 GOBERNANTES * 

sino con las queél les asignaba: por ejemplo, el que soli- 
citaba licencia para doscientas arrobas de yerba ó .tabaco, 
ñola conseguia masque de cien arrobas; el que intenta- 
ba conducir á dicho mercado sus frutos habia de presentar 
ó acompañar su memoria con dos certificados del juez de 
paz de su partido, en que constara que era buen servidor 
á la patria y adicto á la sagrada caitsa de la libertad^ 
(que era Francia) absolutamente parecido á loque se prac- 
ticaba en Buenos Aires, en donde el solicitante de cual- 
quiera gracia tenia que probar, por medio de un certifica- 
do igualmente, ser federal y adicto á la sagrada causa de 
la federación y á la persona de S. E. (Rosas), y el de 
ser el interesado blanco de linage; y el otro certificado, 
que la hacienda manifestada, era de su propia cosecha. 
También habia de esplicar la calidad de los peones: si 
eran adictos á la independencia de la República y afectos 
¿ su persona. Estaban igualmente escluidos ¡os que no 
eran de linage blanco; en suma, no iban á Itapuá los pa- 
rientes, ó de un mismo apellido de los que él tenia aherroja- .. 
dos 6 encerrados en los calabozos; tampoco aquéllos á 
quienes odiaba sin causa, ó sospechaba que podian no ser 
adictos á su despotismo y tiranía. 

La forma en que se hacia este comercio, que causó no 
pocos pesares, trabajos, pérdidas y prisiones á los que lo* 
practicaban, era la siguiente: 

Llegado el brasilero á Itapuá se le registraba los zapa- 
tos, botas, sombrero y todo el vestido que llevaba puesto, 
para ver si ocultaba cartas, gacetas ü otros papeles que 
contuviesen los sucesos y estado de Buenos Aires, de 
donde procedian aquellos mercaderes. Luego se desar- 
rollaban y desdoblaban los géneros, pieza por pieza, y se 
le entregaban vareados. Después de esta operación se re- 
mitia'al dictador la nota de ellos, con la Ucencia y guia, y 
de cada género ó efecto un retacito por muestra. Entre 
tanto no podia el mercader abrir tienda ni vender una agu- 
ja, hasta que regresase el chasque, y escogiera el dictador 



DEL PARAGUAY 305 

los renglones que quería, que siempre oran de los mejores 
los que entregados al receptor, faera de los que se le re- 
galaban, pedia el mercader proceder á la venta del resto. 
. El dictador tomaba los géneros á los precios que él quería 
imponerles, y se conduelan á la capital con los auxilios 
de los vecinos, que contribuian con bueyes, caballos, 
carretas, reses para el gasto del camino, y con sus per- 
sonas escoltando las carretas. 

A este respecto dice Don Manuel P. de Peña: 

"Esta tienda era servida por el que hacia entonces de 
alguacil mayor: miembro municipal, que en las funciones 
clásicas asistia de calzón corto, sombrero elástico, espa- 
dín y vara larga de ballena, llamado don Juan José Me- 
dina. Fuera de los asuntos de carcelería, que eran raros, 
su contracción era la venta al menudeo de los efectos 
mercantiles que le entregaba personalmente el dictador: 
las veces que éste le llamaba, tenia que cerrar la tienda; y 
cuando se le entregaban los géneros cotí quehabia de surtir- 
la, luego se veiaque iban soldados de casa de gobierno, 
con efectos al hombro que conducían á su casa, y entraban 
por la puerta del zaguán, no por la de la tienda. 

"Sabedor el pueblo de esta provisión, se llenaba de 
gente toda la calle, á esperar que se abriera la esquina; 
pero el alguacil mayor que sabia de la manera atropella- 
da en que entraba el concurso en la tienda,' mandaba ve- 
nir unos soldados con largos y secos nervios de toro, y 
eran apostados á la puerta. Asi que ésta se abría, se lle- 
naba de gente la tienda: todo era atropellamiento, compe- 
tencia, demandas, empujones y murmullos, que los sol- 
dados reprimían con golpes que daban á discreción. 

"De esta manera se proveía el pueblo de las mercaderías 
precisas y sobre todo de liencillo que se espendia de á cinco 
varas hasta que se agotaba la factura de .aquel dia, que- 
dando muchos sin conseguir nada, y conformadas a es- 
perar otra ocasión, en que el dictador tuviese la gana de 
hacer nuevo surtido, para lo que trascurrían dias. 

21 



306 GOBERNANTES 

"El tendero alguacil mayor no dejaba de hacer sus sisas 
reservadas de algunos renglones que por partidas peque- 
ñas ó lotes vendía al mismo precio secretamente á sus 
favoritos amigos, que los mas eran revendedores boliche- 
ros, máxime si eran recomendados de una negra que ha- 
bia sido esclava de don Agustin Trigo y era su servidora 
antigua. 

"El señor Medina no recibia sueldo alguno, la casa en 
que vivía era del estado, y sólo cuando el dictador quería 
le entregaba alguna pequeña cantidad de dinero para sus 
gastos: tenia cara de muy pocos amigos, vestia con mu- 
cha parcidad, pues preferia usar pantalones de pichó, 
tela de algodón del pais á modo de piel, j mostrar de es- 
ta suerto que no compraba 6 no echaba mano en lo po- 
sible de los efectos que se le daban á vender. Tanto 
hizo por conservar su pureza, que jamás se le vio con 
fortuna. 

"El cuadernillo de papel blanco se vendia en la tienda 
del estado á dos reales de plata, que no duraba la venta 
un dia, y se revendía el pliego al mismo precio en otras 
partes. En las escuelas de primeras letras se hacia uso 
de tablillas polvoreadas con brea para aprender á escribir, 
según se dijo en otra parte." 

Arrojando lá* máscara Francia entró con paso firme en la 
viadelas reformas llamando en en su auxilióla violencia, 
el tormento, las proscripciones y la muerte. Pero, para con- 
seguir su objeto necesitaba contar conlafranca cooperación 
del ejército; asi fué que el dictador inició su nueva carrera 
porla reforma militar. Creó una guardia compuesta de gra- 
naderos elegidos, según se dijo ya, aumentó y regularizó 
JOS diversos cuerpos del ejercito, confirió grados militares 
aunque de capitán para abajo, sin discernir edad ni condi- 
ción, á los hombres que le manifestaban adhesión, ale- 
jando sin escrúpulo á los que hacian 6 podian hacerle, 
sombra. 



DEL PARAGUAY 307 

Llamó igualmente su atención la institución de las mili- 
cias, creando la fuQrza armada del Paraguay, para guar- 
dar los fuertes de que habia rodeado el país, aunque con 
detrimento déla moral pública, á causa de la licencia que 
acordó á los soldados fuera del servicio. Exactamente 
lo mismo hicieron lo§ dos López. 

Formó en el Chaco los fuertes (hoy no existen) denomi- 
nado Formoso, Oranges, Monte Claro y Santa Elena, con 
fuerzas militares y sus respectivos comandantes, que por 
lo general no pasaban de sargentos . 

Con estos fuertes ó guardias se contuvieron los indios 
del Chaco de invadir áesta provincia, y este beneficióse 
debe al dictador, que ordenó á los gefes de los dichos 
fuertes no diesen cuartel á ningún indio que pretendiera 
acercarse. En efecto, muchos de los que llegaban, mo- 
rían en el acto. 

La organización dada al Paraguay por Francia era 
como sigue: veinte departamentos dividían todo el pais, 
subdivididos eiipartidos. Cada departamento era admi- 
nistrado por un comandante encargado de la egecucion de 
las órdenes del gobierno. Este funcionario juzgaba los 
delitos en materia correccional, y tenia bajó" sus órdenes 
celadores ó agentes inferiores de policía, que estaban co- 
locados en los partidos. Cada departamento tenia un 
receptor de contribuciones. En las antiguas Misiones, 
sólo los blancos dependían de la administración de los 
comandantes; los indios encargados déla esplotacion de 
las tierras del estado, obedecían á regidores que depen- 
dían de un subdelegado. Además, los indios eran igual- 
mente administrados por regidores que recibían sus ór- 
denes de los comandantes de departamentos. 






Las leyes eran las mismas, en el fondo, queenlaépo- 



308 GOBERNANTES 

ca colonial, aunque la voluntad suprema del dictador las 
modificaba incesantemente según las necesidades de su 
política. Los jueces podían serlo de todas las clases 
de la sociedad; pero tenían asesores que, habiendo cur- 
sado algunos estudios en jurisprudencia, eran los verda- 
deros dispensadores de la justicia. El cabildo de la 
Asunción fué reemplazado por dos alcaldes, que también 
administraban justicia y desempeñaban las funciones de 
jueces de primera instancia para todo el Paraguay. La 
legislación penal quedaba al libre arbitrio del dictador, 
que juzgaba en última instancia todos los delitos y todas 
las posiciones. Los crímenes de estado, entre los cua- 
les se contaban las palabras políticas, ofensivas al dicta- 
dor y á sus agentes, sin esceptuar á los simples soldados, 
el atentado contra la propiedad pública, el contrabando, 
los robos de caminos reales ó á mano armada, los asesi- 
natos y las tentativas de evasión eran castigados de 
muerte ó el condenado era fusilado. Los demás crímenes 
6 delitos tenian trabajos forzados, de detención perpetua 
6 limitada y los azotes públicos, á que estaban sonáetidos 
tanto los blancos como los indígenas. 

El 'gobierno, propiamente dicho, se componía del dicta- 
dor, del ministro de hacienda, del ñel ejecutor, que era un 
verdadero prefecto de policía, del fiel de fechos, especie de 
secrerario de estado, para los negocios de justicia, y 
de defensor de menores, que estaba encargado de la tute- 
ja, aun para los esclavos, asimilados á los menores. 

Después del dictador, su barbero era el personage mas- 
importante del Paraguay, al cual se dirigían primero to- 
dos los que solicitaban algo. A él era necesario adular, 
colmar de agasajos y regalos, por que este favorito tenia 
en sus manos la vida y muerte de millares de hombres. 
Era, puede decirse, espia del dictador, pero al mismo 
tiempo su primer director de policía, su confidente, su 



DEL PARAGUAY 309 

• 

conáejero. El miedo no era ageno á esta intimidad 
del amo y del criado: el primero, tirano detestado, se veia 
obligado á poner su vida á disposición del segundo, y* \ 
el medio mas seguro para él de prevenir la infedelidad de 
este hombre, era colmarle de tantos favores para no tener 
que perder sino operar un cambio. Nada tenia Francia 
oculto para su barbero, á quien consultaba sobre las me- 
didas más importantes. 

Hé ahí los rasgos mas característicos del gobierno del 
doctor Francia. Vamos á entrar ahora en cuantos de- 
talles nos sea posible. 

Es indudable, como el mismo Francia lo manifestara 
desde que tuvo ingerencia en la cosa pública, que abriga- 
ba un odio inveterado á los españoles, á quien no toleraba 
la mas mínima falta, y si hábia algún individuo de esa 
nacionalidad, á quien por su elevada gerarquía, se dis- 
pensase honores y distinciones espontáneas á que él no 
podia pretender por mas que quisiera, constituía un 
grande estorbo para su sistema de gobierno que era nece- 
sario hacer desaparecer. En este caso se hallaba el obis- 
po Panes; y cómo todos los actos despóticos de Francia 
se basaban en algún fundamento, justo ó injusto, quiso 
encontrar uno en que basar su resolución ¿n contra del 
prelado. Hizo que un predicador dirigiese en la catedral 
una plegaria á Dios para que concediese al obispo la salud 
mental de que carecia. Fué lo bastante para espedir el 
siguiente: 

• DECRETO SUPREMO 

"Siendo notorio el estado de demencia en que se ma- 
nifiesta el reverendo obispo de esta diócesis, de tal modo 
que un religioso de su mtsma orden, predicando este año 
el sermón de los Dolores en lá catedral, terminó su dis- 
curso con una súplica á la virgen para que concediese al 



310 GOBEBKANTES 

obispo la salud mental que tanto necesita, según suéspre- 
sion, para el desempeño de su ministerio: por consecuen- 
cia, se hace ya inevitable subrogar otra persona que ejer- 
za las facultades superiores que por mi reglamento de 2 
de julio de 1815 se le señalaron para el régimen y direc- 
ción de las comunidades de los regulares existentes en el 
territorio de la República. En virtud de esto, nombró pa- 
ra este efecto en. su lugar al deán de esta iglesia don Ro- 
que Antonio Céspedes (ignorante, codicioso y adulón) 
provisor y vicario general, al cual se referirán de aquí en 
adelante todos los mencionados regulares para toda la di- 
rección y jurisdicción que por el citado reglamento corres- 
pondia^al reverendo obispo: declarando al mismo tiempo 
que para las profesiones religiosas que se intentaren de 
aquí en adelante, ha de preceder anuencia y aprobación de 
éste supremo gobierno, cuyo requisito, sin el cual no se 
juzgarán autorizadas ni tendrán efecto, es indispensable, y 
necesario, á fin de que por medio de informaciones conve- 
nientes y de un serio examen se reconozca si algún ciu- 
dadano de la República no procede indiscretamente y sin 
-suficiente deliberación aligarse con semejante empeño y 
con unos votos de tanta gravedad, consecuencia y difi- 
cultades tal vez hallándose en una edad en que faltan la 
reñexion y esperiencia; para inteligencia y observancia 
de esta determinación se pasarán copias autorizadas de 
este decreto al mismo deán, provisor y vicario general y 
al prelado y comunidades insinuadas. — Asunción, 16 de 
octubre de 1819/' 

Francia. 






Los doctores Rengger y Longchamp, llegados, (30 de 
julio de 1819) á la Asunción, alucinados con las relacio- 
nes fabulosas que del Paraguay hacian circular algunos 
impostores, y aunque bien recibidos por Francia, tuvieron 
que permanecer en aquella capital seis años, al fin de los 



DEL PARAQÜAT 311 

cuales se les permitió la salida. La gran dificultad que 
habia para salir del Paraguay consistía en que Francia no 
quería, con mucha razón, se conociese en el esterior su 
sistema original de gobierno. 

Asi pues, habiéndose visto el dictador retratado tan á 
lo vivo en el Ensayo Histórico que esos señores hicieron 
conocer con su publicación, mandó publicar por bando en 
la Asunción, en 1830, una impugnación, bajo el epígrafe 
siguiente: 

"Apuntamientos hechos á la obra de los señores Reng- 
ger y Longchamp, titulada: Ensayo histórico sobre la 
revolución del Paraguay , y el gobierno dictatorial del 
Dr. Francia. 



"El suizo Juan Rengyer del Villorrio de Arau vino, con 
su asociado Marcelino Ijongchamp, se introdujo en el Pa- 
raguay en clase de médico, y complotándose íntima y 
estrechamente con los europeos españoles, y con el fran- 
cés Saguier^ espia realista descubierto, (quien se me- 
tió aquí de boticario) y con el cual se sospechaba haber 
sido destinado desde Europa, se ocupó en envenenar á 
los patriotas que se le ofrecían. Entre otros el tesorero 
Decoud, luego que tomó su brevaje, cayó en agonías 
mortales, retirándose desde el mismo instante aquel mal- 
hechor, sin querer volver á verlo, ni aun con repetidos 
llamamientos. En dos meses que asistió al cuartel de 
pardos, despachó á mas de veinte de ellos por lo que fué 
echado de allí, y entonces cesó la mortandad. El bribón 
no hizo mención en su folleto de aquella matanza bárbara 
que hizo, por no convenirle que se sepa. A su imitacio'n 
el europeo español Brugués envenenaba igualmente, 
por lo que fué privado del oficio de curandero, á que 
* también se habia metido: Rengger, acérrimo contra la 
causa de América, procuraba al mismo tiempo seducirá 



312 GOBERNANTES 

otros. A Gustavo Leman (1) que tenia relación con los 
patriotas, le dijo que se retirase de ellos, que mejor vida 
se pasaba con los europeos. Además debió ser un buen 
pillo, porque el viejo médico Narvaez que asistia con 
bastante acierto á diferentes cuarteles, burlándose del mó- 
dico suizo, contaba haberse interesado con él para que lo 
acreditase en el pueblo y le diese á conocer las yerbas y 
plantas medicinales usuales del pais. 

"El dictador por no verse al fin en la precisión de hacer 
justicia con este malvado, como asesino envenenador y 
seductor complotado con enemigos y facciosos, se negó y 
no quiso acceder á la solicitud, que el propio Rengger hizo 
en gobierno de quedarse aún en el Paraguay en clase de 
médico, á fin de casarse como quería, con la hija del euro- 
peo español, Antonio Recalde ^ vecino acaudalado, de la 
que el pobre andaba perdidamente enamorado. 

"El calla y oculta también esta negativa, y la consi- 
guiente frustración de su intentado casamiento, para que 
no se sospeche la nueva maldad que ha cometido, con 
pretender figurar como una historia un tropel de false- 
dades, con qué no ha hecho mas que acreditarse de fal- 
sario desaforado que es lo que le faltaba. 

"Tan odioso se habia hecho en el Paraguay este bárba- 
ro ateista, y tenia tan bien asentada la reputación de un 
perverso, que los paraguayos por mofa y por despre- 
cio no le llamaban sino Juan Rengo. (2) Algunas gentes 
que hablan ocurrido á la ribera á la salida de un buque, 
viéndolo embarcarse, le gritaban también: adiós pildora; 
adiós purga; adiós veneno; áe suerte que chafado y sonro- 
jado por no poder efectuar su deseado casamiento, á causa 
de la prohibición y negativa del gobierno; y detestado y 
mofado por los patriotas,— el malévolo salió del Para- 
guay como perro con cencerro. 

(1) Viéndose perseguido por Francia, so ahorcó en la cárcel. 

(2) Eqniyoco de mal gusto con que Francia nombraba siempre & 
Bengger. 



DEL PARAGUAY 313 

"Este es el que, metido en docena, y encubriendo su 
oculta misión, ha dado el pretendido Ensayo Histórico; 
cuyo objeto está visto que ha sido formar disimuladamen- 
te un libelo dirigido á minar la reputación del dictador, pe- 
ro este disparatado y despreciable folleto debería mas bien 
llamarse Ensayo de mentiras; por que sin exagera- 
ción puede asegurarse que tocante al Paraguay y su 
gobierno, casi no contiene cosa verdadera. Aun aque- 
llo en que hay algún fondo de realidad, todo se desfigu- 
ra, se transforma, se disfraza y se reviste con ficciones; de 
modo que conduzca al intento de desconceptuar al dicta- 
dor callando y ocultando con conocida malicia y mala 
fe las cosas y hechos mas sustanciales é importantes, y 
todo lo que no puede cuadrar con este plan. 

"Desde luego se conoce que su contenido se reduce á las 
especies desfiguradas, hablillas, embustes, y cuentos 
forjados al paladar de Europa, y que ellos le han suge- 
rido, no habiendo tenido suceso sus repetidas conspira- 
ciones, instigaciones y tramas, ni la descomunal, ó mas 
bien ridiculo trama del Marques de Guaraní, enviado á 
España, ni otras sordas maniobras con que pensaron ha- 
cer caer al dictador, con quien tienen su especial encono 
como un patriota (1) decidido y firme que condujo la revo- 
luciona quien consideran y como un escollo insuperable pa- 
ra sus ideas y fines particulares. Rengger como abo- 
nado para todo género de iniquidades, lo que ha hecho 
es aumentar el catálogo de aquellas especies con sus 
nuevas mentiras, ficciones, falsedades y puras combina- 
ciones de su fantasía, abandonándose sin vergüenza á la 
infamia de hacerse un impostor maldiciente y calumnioso 
por sus compromisos con los europeos, ppr su declarada 
aversión á los patriotas, y por despicarse de la repulsa de 
su pretensión en gobierno, y del sonrojo ó alguna burla 

(1) La palabra patriota^ no poco prostituida en los tiempos modernos, 
en boca de un hombre como 'Francia es una singular audacia y desver- 
gonzada impertinencia. 



314 GOBERNANTES 

que debió sufrir por no haber logrado el enlace queanhela- 
ba;llegando su impudencia hasta inventar y fingir conver- 
saciones y dichos del dictador que jamás han habido. Bien 
se entiende sus fines y alta mahcia, y así -tiran á engañar 
al mundo los bribones desalmados, por desahogar viles 
pasiones y por consecuencia, de tramas y manejos insi- 
diosos. 

"En vano es, y aún risible que este v agabundo desa- 
gradecido, y ruin calumniador, que se mete á hablar de 
lo que no entiende, previendo la acusación de falsario, se 
anticipe en el t\iu\a,do prólogo de su Ensayo de mentiras 
¿producir en abono de sus imposturas al mencionado 
Longchamp, que es su mismo paisano, y no ha sido sino 
su compañero de gancho y rancho^ cómplice y asociado 
de sus maldades. 

"La malignidad de este calumnioso se ha ejercitado 
aún contra los americanos patriotas y otros estados. Des- 
pués que se fué, se le interceptaron dos cartas, que es- 
cribió en Buenos Aires en 20 de setiembre de 1825, la una 
álamugerdel citado Recalde, y la otra á su hija -ángreZa. 
Se ven en ellas algunas cosas curiosas. A la madre le es- 
cribe estas formales palabras: 

"jKn Buenos Aires yo no me hallo; los porteños han to- 
mado los vicios de todas las naciones europeas^ sin tener 
una de sus virtudes: este pueblo parece una casa arrui'^ 
nada, que han pintado por afuera de nuevo) con lapri- 
mer tormenta está todo en el suelo.'' 

¿Quién sabe si en Buenos Aires no halagaría ó compla- 
cería á algunos baldonando á los paraguayos y á su go- 
bieno, al mismo tiempo que escribía al Paraguay, vitu- 
perando á los porteños y al pueblo de Buenos Aires. 

"Estos breves apuntamientos bastan para dar idea del 
carácter y depravación de este infame impostor y fasine- 
roso, que salido de las montañas y breñales de la Suiza, 
por su perversidad y queriendo figurar y darse importan- 



DEL PARAGUAY 315 

clá, se entremete brutalmente con el gobierno del Para- 
guay. 

"Si fuera preciso, fácil seria hacer ver en detalle sus im- 
posturas, y las falsedades de su folleto, que solo ha podido 
abultar con inepcias, 7 disparatadas frivolidades todo par- 
to propio de su falacia; aunque la mejor contestación ala 
maledicencia de malvados, bribones y facciosos es el 
desprecio.'* 

José Gaspar Rodríguez de Francia. 

El señor don César Hipólito Bacle, suizo, salió publi- 
cando, en el número del mismo diarlo correspondiente al 
27 del i*eferido mes, una defensa de sus compatriotas, en 
los términos siguientes: 

."He leido en el número 273 (de 21 de agosto de 1830) de 
su apreciable periódico El Lucero de Buenos Aires, los 
apun tamientos hechos á la obra de los SS, Rengger y 
Longchamp titulada Ensayo Histórico sobre la 7*evolucion 
del Paraguay y el gobierno dictatorial del Dr. Francia. 

"Usted con anticipación habiadado á conocer el nombre • 
del autor de la impugnación, y á no ser asi, jamás me 
hubiera persuadido, que tal artículo hubiese salido de la 
pluma de un hombre en cuyas manos están confiados 
los destinos de un estado entero: pero, ya que no cabe 
duda, de que el dictador mismo se haya dignado hacer 
.los apuntes, séame permitido ofrecer por medio de su 
periódico, algunas observaciones en favor de unos ami- 
gos y compatriotas, quienes por descrito citado se ha- 
llan cruelmente ofendidos, en su honor y reputación. 

"Pasando en silencio el largo catálago de dicterios in- 
juriosos que se registran en los apuntamientos voy al ca- 
so y analizando el articulo dictatorial encuentro formal- 
mente que jRengrgr^r y Longchamp, durante los cinco años 
de su residencia en el Paraguay, pasaron el tiempo en 
mcctar la gente envenenar á los patriotas, complotarse con 
los enemigos y facciosos, conspirar con el fin de hacer caer 



316 GOBERNANTES 

al dictador, y en otras frioleras de esta clase. El mismo 
dictador lo afirma asi, y lo creo; estrañando solamente que 
por tales hazañas, que en cualquier país merecen castigo, 
el supremo arbitro del Paraguay desde el principio no se 

haya visto precisado hacerle justicia^ lo que por otra parte 
como todos saben, allá no presenta mayores dificultades. 
Sin embargo, por los- apuntamientos llegó á saber, que á 
pesar de tanta maldad, estos hombres no han sido inco- 
modados en manera alguna, sino al contrario, al cabo de 
mucho tiempo lograraron el permiso deseado de salir 
del país; favor y ' gracia especial del dictador, que jio se 
concede sino á quien lo ha merecido por su buena com- 
portacion. 

"Devuelta en su país natal, según informa el autor de 
la impugnación, Renggery Longchamp, en despecho de 
no haber podido, casarse en el Paraguay y de pura ven- 
ganza, se pusieron á escribir el Ensayo, obrita que' el 
dictador clasifica de tropel de falsedades ^ cuentos for- 
jados. 

"Nunca he visitado el Parguay; pero sí he leido el En- 
sayo^ puede ser muy bien, que sus autores, por falta de 
datos positivos hayan dejado errores notables en las no- 
tas históricas y estadísticas, que hacen parte de la citada 
obra; Convengo también, que nadie mejor que el mismo 
dictador debe saber lo sucedido en los últimos años y el 
modo como se gobierna en aquel país, pero ya que el 
quiso tomarse el trabajo de refutar lo que dice el Ensayo 
Histórico, debia haber procurado contestar con argumen- 
tos, en lugar de vomitar denuestos é insultos contra las 
personas de sus autores. Y en verdad este modo de pro- 
ceder no inspira mayor confianza; mas bien da á entender 
que no son precisamente las pretendidas maldades délos 
señores Rengger y Longchamp las que han causado el 
encono de S. E. 

"Sé positivamente que á su salida del Paraguay, el dic- 
tado/ no tenia queja ninguna contra ellos, y me consta 



DEL PARAGUAY 317 

igualmente que los dos compañeros suizos, agradecidos de 
su procedimiento para con ellos, le mandaron desde Bue- 
nos Aires en obsequio un cuadro con el retrato dé Napo- 
león, acompañado de una carta que he leido, y concebida 
en los términos mas respetuosos. 

"De todos estos hechos infiero, que el ánimo de S. E. 
se haya irritado tanto contra los autores del Ensayo sola- 
mente desde el momento, en que tuvo noticia de la publi- 
cación de esta obrita; en efecto, se entiende muy bien, 
que no debia agradar al dictador, el ver espuesto á los 
ojos del mundo el secreto del Paraguay, y corrido de un 
golpe el velo que cubria hasta entonces la misteriosa ad- 
ministración de aquel país. 

**Elra pues preciso destruir á toda costa la impresión que 
podia haber hecho el Ensayo en el ánimo de cuantos se 
interesaban en la suerte de aquella parte del continente 
americano; y á falta de razones y argumentos sólidos se 
ha empleado la mezquina táctica de personalidades é in- 
sultos. Asi lo prueba claramente el lenguaje de los 
apuntamientos; porque á la verdad no se descubre la rela- 
ción que puede tener lo que se dice en el Ensayo con el 
mencionado casamiento, de que se ocupa tanto el dicta- 
dor; tampoco se sabe á que viene eso de los chistes de 
algunos paraguayos al embarcarse Rengger y^ Long- 
champ. 

"Estoy bien persuadido de esas hablillas, á mas.de que 
nada prueban contra lo que se refiere en el Ensayo, son 
enteramente falsas; aun mas ridículo y del todo absurdo 
es lo que cuenta el autor de los apuntes acerca de una mi- 
sión oculta, de que hayan venido encargados los dos ami- 
gos en calidad de espías. 

Si nadie que tenga el juicio sano puede dar fé á tales 
cuentitos, menos ciertamente se puede creer al dictador, 
cuando asegura haber descubierto unís espresiones ca- 
lumniosas en unacárta escrita desde Buenos Aires por uno 
de los compañeros. Los SS. Rengger y Longehamp 



318 GOBERNANTES 

mientras permanecían en Buenos Aires han tratado á 
muchos vecinos de esta capital, y han sido acogidos amis- 
tosamente en varias casas respetables; esto basta á con- 
vencerse de que no han podido concebir ideas tan desfa- 
vorables de este país, como las que se vierten en el trozo 
de cartas mencionado en los apuntes dictatoriales. 

"Finalmente debo decir que conozco á Eengger y Long- 
champ; el primero es amigo mió desde muchos años y á 
ambos he visto y hablado diariamente aquí á su vuelta 
del Paraguay; son de buena familia y han recibido una 
educación distinguida; no pueden de ningún modo mere- 
cer los conceptos con que trata presentarlos ante el públi- 
co SE. el dictador. 

Ellos se hallan á gran distancia, imposibilitados* por 
ahora á responder á los cargos que le hace el autor de los 
apuntamientos; y como cada uno debe mirar por su ho- 
nor y procurar de dejar sin mancha su buen nombre he 
creido en mi deber escribir en su defensa esos pocos 
renglones, suplicando al señor editor del Liccero publicar- 
los en su acreditado periódico, y admitir las consideracio- 
nes de su muy obediente servidor Q. B. S. M." 

Un Suizo.- 






Francia no tenia consideración con nadie, ni aun con in- 
dividuos que en algo se le asemejaban. El célebre general 
Artigas, que si bien no estaba con él en buenas relacio- 
nes, viéndose aniquilado y perseguido, solicitó (setiembre 
de 1820) un asilo de su enemigo, en la esperanza de que 
seria por lo menos tratado como lo son generalmente por 
los ingleses los que han ejercido algún poder, á la par 
' de Rosas y otros. Pero no acostumbraba Francia em- 
plear esa clase de^generosidad con los amigos y mucho 
menos con un enemigo de la categoría de Artigas, de 
quien, en verdad, era necesario desconfiar. El dictador, 



DEL PABAGUAT . 319 

en su conducta para con el caudillo oriental prestó in- 
dudablemente un gran servicio á la humanidad y sobre 
todo á los pueblos del Plata. El hecho es que Artigas y 
sus compañeros recibieron el asilo que solicitaban, y, 
sin acordarle una audiencia que pedia, le hizo alojar por 
algunos diasen el ronvento de la Merced y en seguida le 
relegó á Curuguati, á ochenta y cinco leguas al nordeste 
de la Asunción, asignándole un sueldo de 32 pesos men^ 
vsualjas£ara poder vivir. Los demás asilados fueron en 

su mayor parte esterminados por su mala conducta. 
Cuando Francia supo que Artigas criaba aves y otras 

cosas necesarias que le habilitaban para distribuir á los 
pobres del distrito aquella dádiva, le retiró la mensua- 
lidad. 
A la muerte del dictador, el actuario Policarpo Patino, 

que se arrogó el mando por un mes, la primera medida 
que tomó, fué mandarle remachar una barra de grillos. 
Artigas fué encontrado arando, y sorprendido esclamó — 
"el dictador ha muerto," adivinando así un acontecimien- 
to que se ocultó por algún tiempo particularmente en 
la frontera. Llamado por López en 1845, fué acomodado 
en la chacra de Iberai, á una legua de la Asunción, 
donde finalizó sus dias el 23 de setiembre de 1850 á los 
92 años de edad y 30 de residencia en el Paraguay. 
Seis años después fueron trasladados feus restos á Mon- 
tevideo, decretándose honras fúnebres. 

La inofensiva y útil tribu de los payaguáes, sintió en 
común con las demás clases de gente del Paraguay, los 
efectos de la caprichosa crueldad de Francia. Por el año 
de 1820, los indios del Chaco empezaron á dar al dicta- 
dor mucho trabajo con sus repetidas incursiones en el 
territorio, lo que al fin le obligó á declararles cruda guer- 
ra. Defendió los puntos accesibles del rio y en seguida 
se introdujo en su propio territorio, tratando á todos in- 



/ 



/ 



» 



320 GOBERNANTES 

diferentemente á sangre y fuego. Dábase muerte á todo 
indio que se encontrara— hombre, mujer y criaiura; y la 

tribu payaguá, que nada tenia que ver con los indios del 
Chaco, fué dester.'ada ¿Etévegó, — establecimiento malsa- 
no y miserable que Francia fundó, según queda dicho mas 
arriba, á la vez que como lugar de destierro, para sus víc- 
timas proscritas, y cómo jaque contra los indios por 
aquella parte. 

Al considerar que Francia gobernaba sobre principios 
enteramente caprichosos, un país lleno de sus enemigos, 
— con hombres cuyo orgullo habia abatido, de cuyas 
funciones los habia privado, y cuyo honor habia piso- 
teado, para hacer lugar á los instrumentos bajos y des- 
preciados, por cuyo medio insultaba y oprimía á todos 
los hombres de familias decentes, de educación y bienestar 
del Paraguay; y esto por un período de mas de seis años, 
— no debe, pues, estrañarse que tal estado de cosas hubie- 
se engendrado conspiraciones. 

Así, un número de los mas respetables ciudadanos del 
Paraguay formaron una solemne liga para derrocar el 
gobierno de Francia, 6 tomar venganza en su persona. 
La mayor parte de esos ciudadanos eran los empleados 
del tiempo de la junta y del consulado, acérrimos ene- 
migos del dictador, unos porque se veían sin destino y 
separados de los negocios públicos, y otros porque ge- 
mían en las cárceles. En tales circunstancias coincidió 
la llegada (1817) de un coronel de. Buenos Aires (Balta 
Vargas), comisario secreto del director Pueyrredon, para 
que se pusiese de acuerdo con los descontentos, con el fin 
dé hacer una revolución en contra de Francia. Pero la 
imprudencia del comisario produjo su arresto, aunque no, 
felizmente, el descubrimiento de los conspiradores. No 
se acobardaron éstos y siguieron trabajando secretamen- 



DEL PARAGUAY 321 

te durante dos años, sin que nada pudiese descubrir el 
dictador, sino simplemente sospechar de que algo 
existia. 

Al fin concertaron hacer el movimiento el viernes san- 
to . del año 1820, atacando á Francia en su propio 
palacio, haciendo repTegar lastropas, apelar á los ciuda- 
danos y arriesgando todo para emancipar al pueblo de la 
horrible tirania. Pero quiso la desgracia que todo se des- 
cubriera, en los últimos dias de cuaresma, por medio del 
confesonario. El confesor, que era un franciscano, orde- 
nó al penitente que fuese á revelar el secreto, dando los 
nombres de todos los conspiradores al mismo dictador. 
Asi lo hizo el traidor, y esa misma noche los gemidos de 
la prisión de estado fueron aumentados con los llantos de 
mas de cincuenta de los mas distinguidos habitantes 
déla Asunción. Fueron arrestados todos los miem- 

. bros de la antigua junta y los amigos y relaciones que te- 
nia. Sus propiedades fueron confiscadas y arrasada la 
casa en que los conspiradores tenian sus reuniones. El 
herrero no daba abasto á forjar tantos grillos; se aumen- 

• tó el rigor y privaciones de un sistema de prisión, bastan- 
tante'duro ya; recurrieron á cuanto el ingenio endemo- 
niado podia imaginar é inventar; se estendió el terror y la 
consternación entre los que habían salvado de los calabo- 
zos por el momento. El dictador se sintió fuerte con el 
descubrimiento de la conspiración, á la vez que éste le pre- 
sentaba al mismo tiempo un plausible pretesto para multi- 
plicar cuanta precaución podia sugerirle el miedo y cuan- 
ta crueldad podia imaginar la venganza. 

Francia vio ahora en los que se le acercaban sólo trai- 
dores y asesinos; y todos los habitantes de la Asunción, 
tanto los acusados como los que no lo eran, fueron puestos 
bajo todo el rigor de la ley. 

Sólo un motivo impidió á Francia el proceder á la eje- 
cución inmediata de los conspiradores; pues todavia tenia 
miedo. Ligados como estaban con todas las familias dis- 

22 



322 GOBERNANTES 

tinguidas del Paraguay, temió atraer sobre sí el odio, 6 
levantar la rebelión que probablemente tendría consecuen- 
cia sobre la matanza de todos sus enemigos de una sola 
vez. Los dejó, pues, consumirse en las prisiones de esta- 
do, sin afeitarse, cortarse el pelo, sin lavarse, mal ali- 
mentados, miserablemente vestido^ sin comunicación con 
ningún ser humano, hasta la muerte. Sin asistencia mé- 
dica, sin la presencia de amigos, sin el consuelo de la re- 
ligión y sin siquiera la decencia del entierro, exhalaban 
el último suspiro. 

El dictador iba á caballo, conociendo la enemistad y 
desconfianza de todo hombre bueno, y con el corazón bu- 
llendo de odio para con los pocos hombres respetables 
que habia dejado en libertad. El verse un hombre por 
las calles á cien varas de distancia de su persona era una 
ofensa imperdonable; generalmente era arrestado 6 des- 
terrado. Un dia se le asustó el caballo de un barril que se . 
hallaba al frente de una casa; a}, instante fué arrestado el 
dueño. 

Al fin, en 1821, ocurrió algo que, apresurando la ejecu- 
ción de muchos de los presos de estado de Francia, puso • 
fin á sus sufrimientos y á algunos de sus temores. El ge- 
neral Francisco Ramirez, caudillo de Entre-Rios, inició 
una correspondencia con los conspiradores confinados en 
los calabozos de la Asunción y con otros descontentos mal 
dispuestos contra Francia* Cayó en manos de éste, por 
torpeza del portador, una carta de Ramirez que iba dirigi- 
da á don Fulgencio Yegros, presidente de la primera jun- 
ta del Paraguay, en que se hacia proposiciones relativas 
ala revolución. 

Hasta entonces, el gobierno de Francia era dictatorial, 
mas ó menos despótico, con un simulacro de ministerio, 
ejercido sucesivamente por los ciudadanos José Galvan, 
Sebastian Antonio Saenz y Bernardino Villamayor; pero 
desde que tuvo en sus manos el hilo de la conspiración, 
se limitó á tener un actuario ó fiel de fechos^ que era una 



DEL PARAGUAY 383 

especie de escribano y de verdugo, cargo con que fué hon- 
rado el individuo Policarpo Patino. Por medio de éste, 
mandó (7 de julio de 1821) prender á todos los sindicados, 
y entre éstos, hizo bajar á la capital á su compañero, el 
presidente de la primera junta gubernativa del Paraguay, 
general Yegros, desús haciendas de campo. Con un 
lenguaje fementido, pero suave, Francia se le insinuó, 
diciéndole: "Compañero: aquí me abruman la cabeza con 
asuntos contra usted, acusándole que hace muchas reu- 
niones: y para evitar todo esto, permanezca en la ciudad 
hasta que yo le avise." Lo que él quería en realidad era 
tener á la vista un hacendado rico, que por su ascendiente 
en lá campaña, se hacia temible. 

En seguida mandó redoblar las guardias de la capital 
haciendo personalmente patrullas mutíhas noches conse- 
cutivas y dando orden á los comandantes de campaña, 
que tuvieran la mas activa vigilancia. 

Esta fué la señal del derramamiento de sangre á rauda- 
les, inocente mucha de ella, ó con pretestos frivolos. 

Donjuán Pedro Caballero, segunto miembro de la pri- 
mitiva junta, compañero de Francia y el mas querido de 
la tropa entre todos los gefes del Paraguay, fué igualmen- 
te preso. 

El conductor de la malhadada carta á Yegros* fué en el 
acto fusilado sin mas trámites, y los presos fueron some- 
tidos uno tras otro, á la terrible ordaliade la "" Cámara de 
la Verdad'\ para averiguar su inocencia, ó probar su 
culpabilidad. 

¿aprueba produjo tan numerosas confesiones déla 
existencia de otros reos y cómplices, que cada dia se veia 
los calabozos de estado llenarse de nuevas víctimas. 

Sólo tres demonios tenian acceso alas investigaciones 
inquisitoriales de la Cámara de Tormento. — El mismo 
Francia, un funcionario legal ó escribano y un archivero. 
Estos únicamente sabian el resultado délas averiguacio- 
nes. Ese resultada sólo se revelaba al público por losca* 



324 GOBERNANTES 

dáveres de los presos que dia tras dia, perecían en el 
banquillo. ♦ 

El primero á quien tocó la suerte desgraciada de ser fusi- 
lado fué el general Yegros (17 de julio de 1821); dia acia- 
go en los anales de la tiranía de Francia! Como los tira- 
dores no eran diestros fué necesario concluir á bayone- 
tazos, tanto & Yegros como á algunos otros. Don Fer- 
nando de la Mora siguió la propia suerte; luego tuvieron 
el propio fin Larios Galvan, cuñado del dictador, Iturbi- 
de, Machain y otros hasta el número de catorce. Toca el 
turno al general Caballero, quien, temiendo, con mucha 
razón, correr la misma suerte que Yegros, líiandó pedir á 

. su esposa una navaja de barba y se degolló con ella. Al 
entrar la guardia por la mañana, para arrastrarle al ban- 
quillo, lo encontró cadáver, y escrito con carbón en la 
puerta de su calabozo el epitafio siguiente: ""Biensé que 
el suicidio es contrario á las leyes de Dios y de los hom- 
bres. — pero la sed de sangre del tirano de mi patria no 
se ha de aplacar con la mia!" * 
El mismo dictadar presenciaba esas ejecuciones desde 

• la puerta de su casa con un libro en la mano; al terming,rt 
por ese dia el sangriento acto, dijo en voz alta: — "/Fí- 
va la patria! ¡Miceran los traidores! ¡Hoy acaba mi ele- 
mencia y desde hoy reina la Justiciar 

Los cadáveres estuvieron tirados en la plaza todo el dia. 
Ala noche mandó el comandante Bejarano, que avisa- 
sen á sus casas pasasen á recogerlos. El de Yegros 
fué levantado por cuatro soldados, y de tropel fueron & 
casa de su esposa (doña Facunda Esperati), se ló arro- 
jaron de golpe sin decir una palabra. 

El 18 del mismo mes se continuó la misma trágica repre- 
sentación. Los primeros que salieron en este dia al su- 
plicio fueron el anciano canónigo doctor Baldovinos, pro- 
puesto obispo en la época colonial; engrillado en la casa 
de la tesorería, conducido de allí al cuartel del colegio por 
la plaza pública y en medio de cuatro soldados y un cabo, 



DEL FABAGUAT 325 

armados de fútiles, juntamente condón Francisco Diaz 
de Bedoya, ministro tesorero de hacienda, los cuales fue- 
ron puestos en capilla, hasta exigirles la entrega de la su- 
ma áe diez y ocho mil patacones, lo que hicieron sacrifi- 
cando todos sus intereses para conseguir su salvación. 

Fueron fusilados los dos hermanos del canónigo, el 
doctor Marcos y don Joaquin Baldovinos, como también 
don José, hijo del segundo, joven como de veinte años y 
preso en la cárcel, su primo don Mariano, hijo del mismo 
don Marcos, y en seguida confiscación de todos sus bie- 
nes. Consecutivamente fueron saliendo en los dias poste- 
riores los demás reos, llenando siempre el número de siete, 
por dia á escepcion del noveno dia, en que fusiló cuatro, 
dos correntinos, un paraguayo y un porteño. 

El 14 de agosto fuerctfi fusilados otros siete, repitiéndo- 
se esta operación casi dia tras dia, con la mayor parte de 
los presos, cuyos cadáveres quedaban espuestos hasta la 
noche, que eran conducidos por sus desconsolados deu- 
dos, para darles una oscura y silenciosa sepultura. 

Estas sangrientas escenas fueron repitiéndose hasta fi- 
nes de diciembre de 1824. 

El doctor don Buenaventura Diaz de Bedoya murió en 
la prisión, después de muchos años, con dos barras de 
grillos. 

Entre las víctimas del doctor Francia cayó envuelto el 
célebre naturalista Bonpland, establecido en Santa Ana, 
por el solo hecho de haber asegurado que el ramo de la 
yerba de Corrientes llegaría á progresar tanto y su cali- 
dad seria tan buena y con tanta abundancia, como la del 
Paraguay. El comandante de la Tranquera de San Miguel, 
parage situado en esta banda del Paraná, avisó al dic- 
tador que en esas misiones se habia plantificado un gran 
beneficio de yerba, y qué lo dirigía un francés. Inme- 



\ 



H I 



326 GOBERNANTES 

diatamente (diciembre de 1821) di6 órdenes jjara que aquel, 
comandante destruyese el establecimiento, lo incendiase, 
y á todos los hombres que trabajaban en los yerbales los 
mandase presos á la capital. En efecto, á las sombras 
de la noche, cayó sobre ellos una partida paraguaya de 
cuatrocientos hombres haciendo fuego. Este caso ines- 
perado los hizo fugar, y dispararse por los montes; & 4 
escepcion de doce infelices; que con Mr. Bonpland, fue- 
ron tomados por la partida. Amarrados y bien asegura- 
dos fueron conducidos á la Asunción con todos los ani- 
males de que leshabia sido posible apoderarse, dejando 
una fuerte guarnición, para impedir la estraccion de la 
yerba que estaba hecha y quemaban todos los dias. Deja- 
ron á Bonpland bien recomendado en el pueblo de Santa 

María. , 

Al dia siguiente de su llegada^ diez de aquellos ino- 
centes jornaleros fueron sacados al suplicio. Los mandón 
fusilar apesar del llanto y lamentos; y al segundo dia hizo 
ejecutar álos dos restantes, que eran hermanos, y á gran- 
des gritos decian que no habian ido & trabajar como si esto 
fuera un crimen, sino comprar un poco de yerba que nece- 
sitaban. Nada escuchaba ese corazón de hiena, quien con 
la mayor serenidad presenció lajbárbara ejecución. Luego 
que Bonpland estuvo en presencia del dictador, le mandó 
sacar los grillos, devolver todo lo que no habia sido roba- 
do por sus emisarios y le fijó por residencia el pueblo de 
Santa María de Fé, á veinte y cinco leguas de Itapuá, hoy 
Encarnación. 

En vano trataron ilustres protectores de Bonpland obte- 
tener su libertad; los residentes ingleses de Buenos Aires 
y de Rio Janeiro, el embajador de Francia en el Brasil, 
conde de Cabriac, el ministro de relaciones esteriores de 
Francia, barón de Damas, el mismo emperador del Brasil, 
nada consiguieron en sus nobles tentativas á ese respecto. 
Cuantos mas empeños se ponian an juego tanto peor era 
para el célebre naturalista, á quien con eso se le hacia 



DEL PARAQUAT 327 

aparecer como una persona de grande importancia, aún- 
emelo era. Ni su esposa que se presentó al dictador con 
una carta particular de recomendación del ministro Da- 
mas, pudo conseguir su soltura, hasta muchos años des- 
pués. 

Al fin una noche fué visitado por el comandante de Santa 
Maria, ó uno de sus oficiales, con unos cuantos hombres, 
diciéndole que acababa de llegar orden de la Asunción pa- 
ra hacerle salir del Paraguay, esa misma noche. Se le 
permitió llevar consigo un poco de ropa, tanto dinero 
cuanto bastase para sufragar sus gastos hasta Corrientes, 
y nada mas. Todo el resto de su propiedad quedó aban- 
donado; y sin haber nunca recibido an solo peso. 

Fué conducido, en la oscuridad y soledad á las márge- 
nes del Paraná, donde habia lista una canoa para recibirle; 
se le hizo atravesar Al costado de Entre-Rios, bajo una 
escolta de soldados; allí le desembarcaron, dejándolo solo. 

Tal fué el desenlace de los nueve años de detención de 

Mr. Bonplandenel Paraguay. 

Lo mas estrago qs que lejos de haber abandonado el 
Paraguay con . aquel sentimiento ^e odio hacia Francia, 
inspirado naturalmente por su conducta para con él, 
Bonpland hablaba del dictador con serenidad filosófica, y 
sólo sentia que éste no le permitiese volver al pais que 
acababa de dejar. 

Eñ 1822,.á causa de que á un infeliz albañil español de 
nombre Bustinza, se le antojara decir, con toda candidez 
y con el fin de salvarse del furor de Francia, que algunos 
paisanos suyos le hablan dado consejos sobre el modo 
de fabricar un acueducto y con el pretesto de que los in- 
dividuos de su nación trababan la marcha del gobierno, 
espidió un decreto que se mandó publicar en las cuatro 
esquinas de la plaza (9 de junio de 1821) ordenando que 
todos los españoles que se encontraban en la capital, en 
un radio demedia legua, se presentasen en ella en el tér- 
mino de dos horas. 



338 GOBERNANTES 

En ei plazo prefijado, se hallaban reunidos en la plaza 
como á las diez de la mañana mas de 300 españoles, con- 
tándose entre ellos el mismo obispo don Pedro Garcia dfe 
Panes, el general Velazco, ex-gobernador del Paraguay, 
y don José Demaria, cuñado del doctor Escalada, primer 
arzobispo de Buenos Aires. 

Todos fueron llevados á la cárcel, menos el obispo Pa- 
nes que salió en libertad, 4 1^ oración del mismo dia, y á 
los demás se les formó en el patio del cuartel de la Ribera 
y seles leyó un decreto del dictador, que les imponía una 
multa de ciento cincuenta mil pesos fuertes, que cada uno de 
ellos debia integrar según la fortuna que se les calculaba. 
Fueron saliendo á medida que iban entregando la multa 
impuesta. Los mas pobres salieron con orden de retirar- 
se, unos á cuatro y otros á diez, leguas de la capital. Al- 
gunos obtuvieron su libertad mercedla la generosidad de 
algunos negociantes paraguayos que, compadecidos de 
su desgracia, no trepidaron en sacarlos de apuros espo- 
niéndose á incurrir en las iras del tirano. 

Para no cansar al lector, diremos que el dictador se 
ocupó en azotar y seguir causas criminales desde fines 
de sentiembre de 1821 hasta fines de diciembre de 1824. 
Marchaba con lentitud tomando estas cosas como por 
entrtenimiento, ó como decia Otflrguez, á su segundo: 
*" degollará tisted, todas las semanas, dos españoles, á falta 
de éstosdos porteños y á falta de éstos dos aporteñados, 
para conservar la moral. 

En enero del año siguiente introdujoun nuevo impuesto, 
con el objeto de tener que hacer una carnpaña militar, pre- 
fijando el término de diez dias para su cumplimiento, se- 
gún se verá'por el siguiente 

• DECRETO 

El gobierno ha resuelto hacer pasar á la otra banda un 
cuerpo de tres mil hombres 6 más, si fuese preciso, á fin 
dé franquear la navegación y librar el tráfico mercantil 



DEL PARAGUAY 329 

de las trabas, piraterías y bárbaras vejaciones con quo 
impiden su curso los pueblos de las costas, pretendiendo 
arbitrariamente llamar á sí el dominio y aprovecharse de 
sus atroces depredaciones para conservar esta República 
en la mas infamante y servil dependencia, y preparar de 
este modo su atraso, menoscabo y ruina; y exigiendo se- 
mejante espedicion considerables gastos para la que no 
pueden bastar las rentas actuales de la tesorería, se hace 
por eso necesario recurrir á arbitrios estraordinarios. 
Aún sin entrar en otras consideraciones políticas, los lla- 
mados europeos establecidos en el país, ademas de no ser 
incomodados para la milicia por su ejercicio y aptitudes 
proporcionadas por sus facultades, participarán también 
de las ventajas y utilidades provenientes de la seguridad 
del tránsito y navegación, aún sin ser ciudadanos de la 
República y sin tener que sufrir los penosos trabajos, 
molestias, incomodidades y riesgos de vida que sufren 
los patriotas, y á que se esponen abandonando á sus fa- 
milias y el reposo de sus casas. Por esta§ fuertes razo- 
nes, se impone á los mencionados europeos una contribu- 
ción de ciento, cincuenta mil pesos fuertes, cuya suma 
espera el gobierno tratarán de enterar liberalmente tenien- 
do en vista que es para el bien y facilidad de ellos mismos, 
quedando ademas de eso exentos de ahora en adelante de 
toda contribución para obras públicas. 

El ministro de hacienda queda encargado de hacer sa- 
ber esta resolución y de recaudar de los contribuyentes 
en el plazo de diez dias, contados desde esta fecha la 
cuota respectivamente designada á cada uno en la nota 
que acompaña este decreto, firmado por este gobierno; 
y I de su ejecución dará parte. Asunción, 22 de enero 
de 1823. 






En efecto, en las Misiones orientales estableció el dic- 
tador un campamento en el que habia una división de mil 



330 GOBERNANTES 

quinientos hombres al mando de su general Norberto Or- 
tellado; é hizo salir para Candelaria embarcados cien 
artilleros con algunas piezas volantes. En la Asunción 
habia mil hombres en cada uní) de los tres cuarteles, y 
cuando salía alguna fuerza se reponía con gente de la 
campaña. Los comandantes eran Rolon, de San Francis- 
co, Alvarenga del Colegio y Fernandez del Hospital, que 
era de caballería. Esta fuerza tenia por objeto invadirá 
Corrientes. Para trabajar en la maestranza y alistar los 
buques que se preparaban, el dictador hizo venir á la ca- 
pital los europeos qué estaban desterrados, todos bajo la 
dirección del maestro mayor Soloaga, señalando un plazo 
fijo dentro del cual debia estar todo listo. 

En el mismo año y en el anterior, suprimió el cole- 
gio de teología, tratando de justificar esta supresión por 
estas pomposas palabras: "Minerva debe dormir cuan- 
do Marte vela." No quería, según lo refiriera él mismo 
mas tarde, que los alumnos en aquella ciencia, no pudien- 
do entrar en las órdenes á causa de la incapacidad dal 
obispo para ordenarlos, viniesen á llenar el pais de una 
multitud de semi-sabios que, orgullosos para trabajar con 
sus propias manos, Ulegarian á ser malos escritores ó 
abogados sin causa. 

En contraposición favoreció la instrucción primaria ha- 
ciéndola obligatoria, tanto que era al principio casi varo 
encontraren el Paraguay un hombre que no supiese leer 
y escribir un poco. Favoreció igualmente, ó por lo menos, 
toleró los establecimientos de instrucción privada. 






En enero de 1823 el dictador fijó el pago de un real por 
cada cabeza de ganado que entrase para el consumo de 
la capital, de cuatro leguas en rededor, y también sobre 



DEL PARAGUAY 331 

cada una de las que se vendieran en camino para consu- 
mo en los limites, esceptuándose las que tr^esen los estan- 
cieros para gasto de sus casas. Estableció también que to- 
carreta 6 carretilla con géneros de abastecimiento que 
daviniese para los mercados de la capital, sus arrabales 
ó para casas particulares, habia de pagar, siendo carreta, 
dos reales, y siendo carretilla un real, estendiéndose el 
mismo impuesto á las carretas de carne, leña ó carbón* 

En mayo del mismo año se descubrió una conspiración 
por un medio estraño. El propio dia en que debió esta- 
llar, el ci iado de uno de los motores, estando en una pul- 
perla, tuvo una reyerta con un soldado y al momento fué 
preso. Dióronle to rmento y confesó todo sin omitir cir- 
cunstancia alguna, pues era justamente uno de los que. 
ayudaron á trabajar la pólvora. En el trascurso de pocos 
dias fueron presos diez y ocho de los principales, los cua- 
les luego sufrieron la última pena y sus familias el des- 
tierro á la villa de Etebegó, erigida posteriormente en villa 
con la denominación del Salvador, (por decreto consular de 
5 d6 abril de 1843) situada en la margen oriental del rio 
Paraguay, que era entonces una especie de desierto. Los 
conspiradores ejecutados fueron seis porteños, cinco es- 
pañoles, cuatro correntinos, un chileno, un inglés y un 
oriental natural deMaldoñado. 






Con motivo de' haber el gobernador de Santa-Fé, don 
Estanislao López, dispuesto el embargo de doscientas 
tercerolas destinadas al Paraguay, el dictador dio orden 
al fiel ejecutor Patino (26 de setiembre de 1823), para 
prender á todos los santafecinos que se encontrasen en la 
capital, ignorando éstos la causa de tal medida hasta pa- 
sados once años. 



332 GOBERNANtBS 

Prohibió igualmente la salida alas embarcaciones, que 
en número de doscientas noventay tres existían en el puer- 
to á la sazón, de todo tamaño y de lodas las naciones, prin- 
cipalmente argentinas. 






Cuando setrnt6,en 1824 en Buenos Aires, de la reunión 
del congreso general constituyente, el doctor Juan Gar- 
cía de Cosío, camarista-, fué comisionado de conducir las 
cartas de convocación de los diputados cerca de los go- 
biernos de Corrientes y Paraguay, para promover su 
congregación, el congreso se dirigió al dictador Francia in- 
vitándole para ese objeto; pero el doctor Cossio no se atre- 
vió á penetrar hasta la Asunción, limitándose áhacer pasar, 
desde Corrientes, al doctor Francia aquella invitación. Sin 
embargo éste lo suprimió, es decir, guardó profundo si- 
lencio. No habiendo tenido el doctor Cossio respuesta á 
su primera invitación, le hizo una segunda; y habiendo 
tenido ésta iguat resultado que la primera se dirigió por 
tercera vez al dictador detallándole los importantes obje- 
tos que se tenían en vista para la reunión de aquel congre- 
so: tampoco obtuvo contestación, regresando en seguida 
á Buenos Aires. Francia obraba asi tan descortesmente, 
• no respetando la gerarquía de QÍnguna clase, en virtud 
del aislamiento á que había condenado á su país, por cu- 
yo medio fundó, á su mpdo, el orden público, conservó al 
Paraguay de ser* diezmada su población por la guerra y 
salvaguardó su independencia nacional con detrimento del 
comercio. No obró así López, hijo, que viendo que nadie 
le llevaba la guerra, salió él á buscarla. 






El influjo de la civilización, la tendencia y el espíritu 
del siglo al fin se hicieron camino en lo qup era entonces 
la región de los muertos. Al fin entra el Paraguay en la 



DEL PARAGUAY 333 

ilustración del siglo, reformando los regulares y para ello 
adopta el mismo lenguage y los mismos principios que un 
gobierno libre, ilustrado y fundado en la opinión pública. 
Aunque parezca una anomalia, como lo es en verdad, 
no deja de ser un hecho, según se verá por la lectura del 
decreto siguiente: 

EL DICTADOR DE LA BEPÚBUCA 

Considerando que ^las casas de regulares se han redu- 
cido á tan escaso número de individuos, que sólo forman,* 
6 conservan una apariencia de comunidad, al mismo 
tiempo, que aún asi las más de ellas, si no todas, carecen 
de lo preciso para proveer constantemente á sus religiosos 
una regular asistencia y congrua sustentación; reflexio- 
nando también que los regulares ya no pueden reputarse 
necesarios ni inútiles en las presentes circunstancias, y 
en el estado abyecto^ en que se hallan y que pudieran 
servir Tmw Míí/m^ní^ siendo secularizados; he venido en 
resolver y decretar lo que contienen los artículos si- 
guientes: 

"1^ Se suprimen las conventualidades, 6 casas de 
regulares existentes en los territorios de la República. 

"2o. El vicario general eclesiástico, usando de las facul- 
tades, á que ejecutan las presentes estraordinarias cir- 
cunstancias, admitirá y determinará las solicitudes 6 ins- 
tancias de secularización, que promuevan los espresados 
regulares, entendiéndose salvas en todo caso de jurisdic- 
ción y autoridad del supremo gobierno de la República. 

"3*^. Los que se hayan secularizado serán destinados á 
curatos, sea en la capital, ó en las villas y distritos de 
campaña, 6 en las doctrinas de los pueblos de naturales, 
6 también en capellanias castrenses, según su idoneidad y 
demás circunstancias, á fin de que sean útiles en la Re- 
pública, y con la dotación y emolumento de su oficio ten* 
gan una congrua y cómoda subsistencia: lo que tendr& 



334 GOBERNANTES 

presente el mismo vicario para hacer las propuestas con- 
venientes, quedando á más de esto habilitados y en apti- 
tud para obtener y ejercer otros cualesquier empleos 6 mi- 
nisterios del clero secular. 

"4o. Mientras no fuesen empleados, se les señalará pa- 
ra su mantenimiento una pensión, según permitan los 
bienes de las casas suprimidas. 

"5°. Por consecuencia de esta determinación, todas 
las propiedades. 6 pertenencias, de cualquiera clase, de 
los conventos suprimidos son y se reputan en adelante 
* propiedades del estado, y en esta inteligencia paralas 
disposiciones que convenga tomarse, los actuales prela- 
dos locales pasarán á este gobierno dentro de veinte dias 
un inventario exacto y jurado, formado con asistencia de 

los demás religiosos existentes en la casa respectiva, en 
que se espresarán distinta y circunstanciadamente todos 
los bienes raices y muebles, de cualquier especie ó clase 
que sean, pertenecientes á sus conventos ó iglesias, como 
también las acciones, créditos, censos, memorias pias, 
capellanías, ú otras fundaciones y derechos que tengan, 
6 de cualquier modo correspondan á sus conventos 6 igle- 
sias; entendiéndose lo mismo con los libros, documen- 
tos ó papeles, sean los que 'fuesen. 

"69 Para la puntual observancia de esta resolupion, el 
secretario pasará copias autorizadas, .que serán rubrica- 
das por este gobierno, al vicario general eclesiástico y á 
los prelados de los conventos sobre dichos. 

"Asunción del Paraguay y setiembre 20 de 18.24. — El 14 
de la independencia. 

José Gaspar Rodríguez de Francia. 

Por mandato de S. E. — Bennardino Villamayor, — se- 
cretario de gobierno. 

Conociendo, por otra parte, la influencia que en el Para- 
guay ejercíanlos Railes, y principalmente los de la nación 



DEL PABAGTJinr 335 

española, Francia d¡6 á los franciscanos y recoletos de 
aquella nación su propio convento por cárcel, privándo- 
les de confesar y prohibiendo á sus compatriotas mante- 
nercon ellos la menor relación. 

Este régimen de terror, no obstante, produjo algunos 
buenos efectos que no debemos dejar de señalar para disi 
traer la atención del disgusto que inspiran tantas atroci- 
dades. Los caminos públicos se hicieron mas seguros 

que en cualquier país de Europa; viajábase sin armas y 
podíase llevar á la vista oro y pedrerías sin temor de 
ningún encuentro siniestro. En las ciudades, los robos, 
los delitos de cualquiera naturaleza se hacian cadadia 
más raros. Los cantones eran responsables, mediante 
indemnizaciones, de los robos que se cometieran en su 
territorio; los particulares lo eran igualmente de los que 
tenian lugar en sus casas. La mendicidad estaba aboli- 
da, no habiendo nadie que dejase de trabajar; la ociosidad 
origen de tantos vicios, era severamente castigada. Exis- 
tían escuelas pública s en casi todos los pueblos y villas, . 
y ios habitantes del Paraguay, tanto indios como criollos 
- sabían casitodosleer^escribir y contar. En la capital existía 
una especie de escuela militar para los jóvenes que el mis- 
mo Francia destinaba á la carrera délas armas, y una 
casa de educación para las muchachas pobres. La tierra 
se habia cubierto de nuevas producciones, y los medios 
de trasporte se hablan hecho con mas prontitud, seguridad 
y economía. 

Como los paraguayos no podian ya salir del pais sino * 
mediante una licencia que, tarde ó nunca se aoordaba á los 
que se atrevían á solicitarla, dedicáronse al cultivo del 
•tabaco, en mayor escala que antes, caña dulce, maiz, 



336 GOBERNANTES 

arroz y mandioca. El cultivo del algodón llegó á tomar 
mayor incremento, pues la interrupción del comercio de- 
bia producir, como en efecto produjo, la ventaja de acre- 
centar la industria fabril, aunque sin máquinas de ningu- 
na clase, haciéndose todo género de tegidos para vestir- 
se, como ponchos, jergas, etCx etc. 






Por una medida, digna de elogio que el dictador llega- 
ba á poner en práctica, ejercía noventa y nueve actos des- 
póticos que las neutralizaban haciéndole cada vez mas 
odioso; y no sólo los ejercía en la desgraciada provin- 
cia de su mando, sino que intentaba estender su bárbara 
tiranía aún para con individuos que existían en otras 
provincias libres é independientes de su opresivo gobierno. 
Algunos comerciantes de Corrientes remitieron intereses 
al Paraguay en la creencia de tener sus retornos, pero se 
engañaron; pues, después de una dilatada retención de 
sus buques y cargamentos, sólo se les permitió entrar tre- 
cientas arrobas de yerba (1) por via de renumeracion de 
• gastos respectivos ó sus cargadores y propietarios, hasta 
tanto que el gobierno de Corrientes le remitiese á un indi- 
viduo comerciante de la misma plaza, que gozaba de la 

(1) La yerba mate del Paraguay se encontró en Salta. En 1770, don 
Antonio Benitez, natural del Paraguay y vecino de Salta, la descubrió 
en un lugar llamado el BarUuj ¿ inmediaciones del cerro Bayo^ en las 
faldas orientales de la cordiUera de Zenta, entre los paralelos de Tanja y 
Oran. Aunque en años anteriores ya los tarijefios hablan hecho este des- 
cubrimiento en el mismo lugar, erraron el beneficio de la yerba por falta 
de conocimiento, y se les prohibió en Chuquisaca que vendieran la que 
llevaron álli, por haber salido pésima y muy amarga. Pero en el citado 
año de 1770, ¿ instancias del marqués de Tojo, pasó Benitez al (mismo 
• lugar con veinte y cinco peonas y benefició mas de mil arrobas durante 
cinco ó seis meses de residencia. Hecho el examen de día por personas 
inteligentes en llk ciudad de la JE^lata, la hallaron idéntica ¿ la del Para- 
guay, oonla sola diferencia de cUgun fortiny por ser tan fresca, pues debia 
pasar algún tiempo mas enzurronada. 



DEL PARAGUAY 337 

mayor consideración, para ejercer con él todos los actos 
de la filantropía que acostumbraba. 



Sabiendo por esperiencia que los paraguayos traían 
ordinariamente, de sus viages de países estrangeros, 
ideas liberales que el dictador juzgaba incompatibles con 
la estabilidad de su gobierno, de pronto tomó la determi- 
nación de no dejar ya salir anadie. Ademas, tenia que 
temer que los naturales, y en particular los habitantes del 
campo que conocían perfectamente las localidades, diesen 
& las potencias vecinas informes de que podrían servirse 
en caso de guerra. Aun temía que estos viageros llegasen 
á servir de guia á los enemigos si la invasión se efectua- 
ba. Y en cuanto á los estrangeros, su política consistía 
en hacerlos servir de rehenes, en caso necesario, para su 
seguridad personal. Tales son los motivos de las prohi- 
biciones que sumergieron á tantas familias» en el luto. 






En 1825, el dictador mandó reconcentrar las fuerzas 
que tenia en Misiones en el departamento de la Cande- 
laria, y estableció en la izquierda del Paraná el campa- 
mento del Salto y de la Tranquera de Loreto, manteniendo 
en ellos fuertes destacamentos de ti-opas militares. Sin 
embargo, mas tarde (1832), consultando la conveniencia, 
mandó trasladar aquel campamento á la trinchera de San 
José y construir fuertes atrincheramientos, estableciendo 
guardias en Santo Tomás y en el mismo pueblo de Cande- 
laria. 






Previendo el libertador Bolívar que el sistema tiránico 
que encaminaba y reduela al Paraguay, á ser el inmenso 
cadáver galvanizado, á'espcrimentar el temor perpetuo, la 
esclavitud incesante, la abdicación deja propiedad, espio- 

23 



. ^ 



338 GOBBRNANTBS 

nage etc., se adelantó á invitar por medio de una nota al 
dictador Francia á que pusiese término al sistema de 
aislamiento y neutralidad que habia observado hacia mas 
de doce años, confiando en que la esperiencia de ellos de- 
bía haberle producido desengaños evidentes; proponién- 
dole al mismo tiempo enviar y recibir agentes cercade 
uno y otro gobierno, á cuya invitación dio Francia la res- 
puesta siguiente: 

"Patricio: los portugueses, porteños, ingleses, chilenos, 
brasileros y peruanos han manifestado á este gobierno 
iguales deseos á los de Colombia, sin otro •resultado que 
la confirmación del principio sobre que gira el feliz régi- 
men que ha libertado de la rapiña, y de otros males á es- 
ta provincia, y que seguirá constante, hasta que restituya 
al nuevo mundo la tranquilidad que disfrutaba antes que 
en él apareciesen apóstoles revolucionarios, cubriendo 
con el ramo de oliva el pérfido puñal para regar con san- 
gre la libertad (Jue los ambiciosos pregonan; pero el Pa- 
raguay los conoce, y en cuanto pueda no abandonará su 
sistema, al menos en cuanto yo me halle al frente de su 
gobierno, aunque sea preciso empuñar laespadadela 
' justicia para hacer respetar tan santos fines; y sí Colom- 
bia me ayudase, ella me daria un dia de placer, y repar- 
tirla con mayor agrado mis esfuerzos ante sus buenos 
hijos, cuya vida deseo que Dios nuestro señor guarde 
muchos años.— Asunción, 23 de agosto de 1825. 

José Gaspar de Francia." 



Para que se vea hasta donde puede llegar un hombre 
enceguecido, falseando la historia conocida por todos y 
pintando aun feroz tirano con los colores mas brillantes, 
con que se podria pintar al mas benemérito, damos á 
continuación, tomada de la obra titulada "Descripción 
Histórica de la antigua provincia del Paraguay, por don 



DEL PARAGUAY 339 

Mariano Antonio Molas, corregida, aumentada y ano- 
tada por el doctor Ángel J. Carranza etc.," publicada en 
Buenos Aires, en 1868, la 

ARENGA PRONUNCIADA POR EL DOCTOIl DON JOSÉ ISASA, EL 
6 DE F.NERO DE 1826, CON MOTIVO DEL CUMPLEAÑOS 

DEL DICTADOR FarNCIA 

La naturaleza tiene sus épocas fíjas en que manifiesta 
SU fuerza y su poder; forma seres que hermosea con sus 
dones: produce sabios militar es que bajo una benéfica com- 
binación trae, el consuelo á sus pueblos: políticos profun- 
dos que bajo una sabia administración enriquecen sus co- 
marcas^ y la llenan de abundancia y felicidad: por fin 
ella presenta en el teatro del universo, héroes que elevados 
con el tiempo al último grado de sublimidad hacen feliz á 
una nación entera. 

En este círculo delicioso de sus ricas producciones di6 
este mismo dia á luz á V. E. para que elevado con el tiem- 
po ala suprema dictadura que tan dignamente ejerce 
diese el ser y abundancia que ha dado ásu país. 

En V. E. reunió todas las cualidades que repartió entre 
otros hombres célebres y á V. E. destinó para engran- 
decer la República del Paraguay y elevarla al nivel de 
las demás naciones del orbe político. 

Los hombres de su tierna edady Exmo. señor, no pe- 
netran los arcanos de la providencia, pero ella sabiamente 
los conduce á su destino; les prepara acontecimientos 
felices para hacerse la espectaclon del* universo y atraer- 
se el voto general de su^ conciudadanos. 

El gobierno sabio de V. E. se ha- hecho admirar y res- 
petar de las demás provincias de Sud-América; dichosos 
y felices los que vivimos bajo los auspicios de V. E. 

Este día grande que renueva el natalicio de V. E. es cé- 
lebre en el sentir de un filósofo por que el cielo preside el 
nacimiento de un hombre que no es nada para sí, por 
ser todo para los demás: y por que dio el ser á un mortal 



340 GOBERNANTES 

digno de poner en sus manos el destino de los demos hom/^ 
bres. Marchemos rápidamente á presentarle el ramo de 
oliva. 

Este es el lenguaje con que se esplica el sabio Chars de 
Ni mes; y yo mducido en los mismos principios de este 
gran nieditador, me tomo la reverente confianza de ofre- 
cer á V. E. estos conceptos en demostración del respetuo- 
so afecto con que yo y losdemas hijos de Córdoba admi- 
ramos y respetamos la sabia administración de V. E, 
Quiera el cielo prolongar felices años el gobierno de V. 
E. y que cerrado para siempre el templo de Juno sea la 
paz de esta República mas duradera que la de Octavio 
Augusto en Roma. He flicho . 

No hay, en esta arenga, una sola palabra de verdad; es 
un hacinamiento de mentiras que subleva el espíritu hasta 
de un muerto, como si con uno 6 de uno en este estado 
se hablara, borrando de las historias cuanto de Francia se 
dijera. La sangre de las numerosas víctimas que se sa- 
crificaron á la arbitrariedad y despotismo; los sollozos y 
lágrimas que derramaron sus madres, sus hijos, sus espo- 
sas y sus hermanos, contestarán sobre la verdad del len- 
guage del autor de la arenga. Este llama libertad á la es- 
clavitud mas abyecta, la ignorancia confesada por el mis- 
mo Francia, confundida con la ilustración. 



La República dol Paraguay, desde Francia hasta So- 
lano López, no conoció otro gobierno que la tiranía más 
sangrienta y degradante y sus hijos otro hogar que la 
humedad de un oscuro calabozo ó la humilde choza del 
proscripto. 

El mayor delito que un ciudadano paraguayo ó español 
podia cometer era propender á ser ¡lustrado. Francia no 
podia consentir que en la República existiese un hombre 
que rivalizara con su inteligencia, y cuando notaba que 



DEL PARAGUAY 341 

alguno podia ser su competidor ó apio para suministrar 
luces á otros, 6 para ser elegido presidente, buscaba 
frivolos protestos para encerrarle y para mandarle fusilar 
pasados algunos dias. Pero, si estaba destemplado 6 
furioso con sus terribles accesos de hipocondría, no 
aguardaba á encontrar pretestos, sino que francamente j 
sin preámbulos dictaba sus medidas con arrogancia man- 
dando sacar del encarcelamiento á la víctima para que le 
fusilasen frente á su morada, cuya ejecución presenciaba 
desde ana ventana baja de su palacio. 

Solia decir á cada paso, cuando le daban una noticia 
que podría ignorar: Yo lo sé, pues nada hay que yo no lo 
sepa. Para manifestar que todo lo sabia , se le ha vis^o 
hacer toda clase de papel, como ^ de abogado, legislador, 
secretario de estado, labrador, empedrador, filó3Qfo, lin- 
güista, algebrista, astrónomo, intrigante, recluso, talabar- 
tero, armero, director de aduana, ministro de hacienda, 
habilitado general de las tropas, inspector de cuarteles, 
director de caballería, artillería . y de ingenieros, sargento 
instructor, sastre y hasta carcelero y verdugo. S^^ petu- 
lancia era tal que aun pretendió hacer el papel de agrimen- 
sor, y. con su teodolito medir tprpemente ángulos, agudos 
y obtusos, iiasta que, para completar sus líneas, veia 
que era necesario de nidiaiUres cuai'tas partes de las casas 
de la Asunción. Por último, tratando de repai'ar sus 
errores de agrimensura,^ se presentaba cual arqui- 
tecto. 

Para Francia, los gefes y oficiales eran cero y los des- 
pedia y encarcelaba con tan poca ceremonia del mismo 
modp- como echaría de su presencia aun esclavo que le 
ofendiera. (1) .. , ' 

(1) Un dia, el comandante 'de un cuerpo favorito ^d»' granaderos se 
prei^entd en la parada, coq una ^nauo^tn^p.:- el> diolad^r lo vio desde su 
ventana y, no gastándole la moda, le mandó llam«k ^£sa gorra es lin- 



342 GOBERNANTES 

Era muy curioso verle en su atavío de dragón, cambian- 
do su habitual frac negro y espadín de diplomático por la 
casaca y espada de general español; su sombrero de copa 
alta por uno de dos picos. Al costado izquierdo del pe- 
cho llevaba de un modo conspicuo lo que algunos llama- 
rían estrella y otros, lazo, puesto que participaba de 
ambos, por su rico bordado y por la mezcla de éste con 
cintas tricolor— colorada, azul y blanca. Agregúese á 
eso, un sable de caballería con vaina de acero no muy 
bruñido y un par de pistolas de doble cañón, con 
pistoleras cubiertas de terciopelo carmesí. Llevaba 
también una faja de raso azul, con una borla en cada uno 
de sus estremos. Asi ataviado, con todo sus honores mi- 
litares, no se desprendía de sus medias de seda, hebillas 
de oro y zapatos delgados, y mucho menos de su bastón 
amarillo con puño de oro y con borla negra, emblema de 
la autoridad civil. Tenia un odio inveterado á las botas y 
se jactaba de no haberlas jamás usado desde que se re- 
cibió de abogado. Sobre las medias de seda llevaba ata- 
das sus espuelas militares, y asi medio soldado y medio 
diplomático, Francia salía á ejercicios doctrinales, inspec- 
ciones y revistas. Con su bastón cívico embutido dentro 
de un receptáculo hecho espresamente en las'pistoleras, y 
empuñando con la mano derecha su sable á la cabeza de 
dos escuadrones de caballería, marchaba en ademan de 
conducirlos á la carga. Pero dejando á un lado las ridi- 
culas estravagancias del dictador, pasemos al verdadero 
reinado del terror de este sanguinario tirano, cuyo nom- 
bre se hizo tan célebre en todo el mundo. 

disima— le dijo— pero como no es de tmiforme, tenga usted la bondad dd 
quitársela; — saqúese la casaca — el pantalón; ya está usted, sefior, en el 
estado en que ^o le elevé — ^mándese mudar ," y asi le despidió. 

Poco después, un centinela del mismo cuerpo habia permitido á una 
persona entrar sin ser anunciada, en el acto el dictador despide toda la 
guardia y coloca en la puerta un negrito que hizo las veces de guardia, 
portero y maestro de ceremonia por algún tiempo. No pasó mucho tiem. 
po en que disolvió este cuerpo que se componia de jóvenes decentes, por 
no tener confianza «n él. 



DEL PARAGUAY 343 

La relación de los hechos bárbaros de Francia, la encon- 
trará el lector recorriendo las obras de Robertson, Reng- ^ 
ger y Lonchamp y tantos autores, cuyos nombres se re- 
gistran en nuestra Bibliografía Histórica del Paraguay, 
aun inédita. Esas obras, aunque exactas en el conjun- 
to, hay exageración y aun inexactitud en sus detalles, sin 
que por eso disminuya lo horrible déla tiranía de Francia. 
Nosotros nos limitamos á unos cuantas hechos de los 

practicados con distinguidos personages del Para- 
guay. 

El doctor Francia quedó completamente desconcertado, 
asi que leyó su reinado del terror caracterizado con tanta 
verdad aunque con bastante parsimonia, por los señores 
Renggery Longchamp. En su defensa contra estos es- 
critores, en los Apuntamientos que damos mas ar- 
riba, Francia ha clasificado aquel documento de Ensayo 
de mentiras^ sin destruir uno solo de los específicos car- 
gos de que se le acusaba y de cuyos hechos son tes- 
tigos todos los que lo presenciaron, y que no eran po- 
cos. Los caballeros suizos, á quienes él considera sus 
enemigos, no hicieron mas que decirle la verdad con- 
signando el catálogo de horrores compilado por ellos. 

No negó la ejecución del general Yegros, del español 
conocido con el sobrenombre de El Pelado^ del pobre al- 
bañil, ni de los cuarenta y mas individuos respetables de 
la Asunción, inmolados sólo por sospechas y celos. No 
negó la cruel muerte que él ocasionara al anciano é ino- 
cente general Velazco y su fiel escudero, ni la de los igual- 
mente inocentes Andrés Gómez, después dfe una prolon- 
gada prisión, incomunicado y con pesados grillos, el 13 
de mayo de 1835, y la de Zavala. Negó la existencia de 
cárcel y calabozos de Estado, pero no negó la de Ete- 
begó, punto de destierro, en donde estaban alojados co- 



V-» 



344 GOBERNAN TES 

/ mo 300 de los mas respetables vecinos, sumergidos en la 
miseria y la inmundicia. No negó su "conducta obser- 
vada con Bompland. 

La Asunción y todo el Paraguay parecía, durante el 
reinado de Francia, la mansión de los muertos. No se 
sentia una risa, un festejo en el Paraguay; muda la gui- 
tarra, todos los ojos empapados en lágrimas, todos los 
corazones sollozando de pesar; la risa do la hiena con- 
templando la destrucción y la muerte. Recórrase todo 
el muado y búsquese un hombre que en el presente siglo 
sea un borrón parala humanidad, y no se encontrará 
sino en el rincón mas remoto de el (Paraguay): ese 
hombre fué el doctor Francial 



Después de haber concedido licencia á los señores 
Rengger y Longchamp para salir del Paraguay, Fran- 
cia, despechado de haber visto circular por todo el mun- 
do su fiel retrato gráfico, dictó una providencia el 13 de 
julio de 1830, ensañándose con dichos señores y tratando 
á Rengger de albeitar, pérfido, falsario, inicuo, envene- 
nador, seductor, etc., etc. 






El joven comerciante vizcaino, don Juan Francisco 
Garmendia habia sido multado en 12D00 patacones por el 
dictador, y los entregó, mas al poco tiempo se le exigie-^ 
ron otros 12000, y como no los tuviera, fué fusilado eL5^ 
de setiembre de 1830, domingo, dia en que se solem-^ 
niza la función del Corpus Cristi en la parroquia de San * 
Roque. Su- hija, la virtuosa señorita Panchita Gar-* 
mendia, conocida por la diosa del Paraguay, por su " 
hermosura tuvo el mismo desgraciado fin, en la época 
del último tirano, López, por quien habia sido persegui- 
da para satisfacer sus brutales deseos, á que continua- 



DBL PABAGUAT 345 

mente se había negade, hasta que, á su nombre, fué 
bárbaramente lanceada por orden de su émula. 



El odio inveterado del dict^idor por los españoles 6 á 
lo que con ellos tuviera alguna,atingenc¡a no tenía lími- 
tes, y lo manifestaba ácada paso, como puede verse por 
el documento disparatado que sigue: 

El artificioso procedimiento que han observado los eu- 
ropeos españoles Juan Pérez y Alejandro García, para 
que la parte de caudal perteneciente al primero de resul- 
tas de Ja compañía, y comunidad de bienes en que han 
vivido por el dilatado tiempo de treinta ó cuarenta años, no 
recayese en el citado por falta* de herederos, y se con- 
fundiesen en beneficio de su consocio y su familia, se 
convence claramente, en primer lugar, con el hecho de 
que luego después de la revolución fraguó al citado Pé- 
rez un testamento cerrado, haciendo á un hijo menor de 
edad de su compañero Garcia, llamado José Galo, la do- 
nación de dos mil pesos, laque aun debe reputarse cap- 
ciosa por no haberse querido dar á saber esas calidades 
de futura sucesión, con que se hizo, y que solo se dan 
por insertas en la escritura posterior deMa misma do- 
nación sin especificarlas, y sin querer tampoco el. citado 
consocio manifestar aquel testamento, evadiéndose con 
decir, que no habiéndolo encontrado entre los papeles 
del finado, no sabia si lo habia roto ó quemado, lo que 
no podía ignorar, atendida la íntima familiaridad y co- 
municación con que vivían juntos en una misma casa, 
presumiéndose por todo esto fundadamente, que esta es 
una ocultación maliciosa, para que no se descubran co- 
icas importantes, especialmente no habiendo hecho Pérez 
otfo testamento en tantos años corridos después hasta su 
muerte. Lo. segundo porque con el mismo, objeto fra- 
guaron después costear y establecer en compañía una 
ca«a de curtiduría en Guayaibití destinada únicamente 



\ 



346 



GOBEBNUrrES 



para que el citado Galo con losados mil pesos donados 
y su tia Francisca Machain coa otros dos mil pesos, 
según espone el propio Garcia, curtiesen cueros de su 
cuenta, y para su beneficio, sin que el finado Pérez re- 
portase utilidad alguna, hal^iéndosele franqueado la cur- 
tiduría con cargo solamente de hacerlas mejoras, que sin 
señalarlas se pretestan, ose fingen^ las cuales aun cuan- 
do fueran ciertas, eran inútiles para Pérez respecto á 
que no han servido, ni babian de servir sino para pro- 
vecho de los agraciados con el usufructo, en cuya confor- 
midad es creíble hubiesen curtido algunos miles de sue- 
las pues que solo en la casa del mismo Garcia se han en- 
contrado muy cerca de tres mil, concluyéndose de aquí 
que el establecimiento dé la curtiduría no fué sino un be- 
llo arbitrio para beneficiar á dicho José Galo. Lo terce- 
ro porque consiguientemente á estos hechos la estancia, 
que con multitud de ganados ha tenido el otro hijo lla- 
mado Manuel Antonio en la costa abajo y que según la 
voz común ha corrido como suya propia, debe pruden- 
temente, y con sobrado fundamento juzgarse, que no te- 
niendo de donde adquirirlas, igualmente fué por vida 
con auxilio y dinero dados por Pérez; porque habiendo 
sido preso como reo de estado el referido Manuel An- 
tonio, su padre Alejandro Garcia intentó venderla como 
propia haciéndola ofrecer á Pedro Trigo por conducto 
de su hijo mayor el mencionado José Galo, en seis mil 
doscientos pesos: es mas bien de juzgarse que el pre- 
tender apropiarse dicha estancia solo fué otra medida 
fraudulenta para precaver, que como pertenencia de su 
hijo fuese embargada de resultas de su prisión, y de lo 
contrario seria forzoso concluir que ocultó esta finca en 
su manifestación de bienes, en cuyo inventario no apa- 
rece, sino que valga por lo mismo decir que la cony)ra 
de tierras para la estancia se hizo por Antonio Recalde, 
lo uno porque siendo este también europeo español y 
además concuñado del propio Garcia, no puede ser con- 



DEL PARAGUAY 347 

siderado sino como instrumento idóneo para cooperar á 
encubrir el oculto manejo, bien fuese figurando la com- 
pra de la tierra en nombre propio, ó traspasándola pri" 
vadamente al hijo de Garcia, de quien siempre ha sido 
reputada, y lo otro porque el engaño ha quedado ya des- 
cubierto con el hecho de haber el mismo Garcia intenta- 
do vender las tierras y los ganados una vez que se les 
abonase el principal gastado, ofreciendo darlo no solo 
al fiado, sino al plazo que quisiese Trigo, como este ha 
declarado bajo juramento, manifestándose en esto el 
empeño que tenia en verificar á su nombre la enagena- 
cion de cualquier modo que fuese, lo quenoTle corres- 
pondia hacer con una finca agena que no fuese suya, 
ni de su familia. Lo cuarto por ser una prueba evidente 
de fraude y ocultación el que habiendo Pérez girado en 
compañia y vivido en comunidad de bienes con el citado 
Garcia tantísimos años con la circunstancia de que como 
soltero á quien no se le conocian gastos estraouplinarios, 
no podia haber hecho mayor dispendio en la sociedad, y 
que ademas tenia dinero aún para emplear railes en be- 
neficiar á los hijos de su compañero, se figure ahora 
haber muerto sin dejar un medio real para enterrarse, y 
que el consocio con la larga familia, que por ello debe 
haber hecho crecidos gastos, se alce con todo el caudal 
habido durante la compañia, á mas de ser también increí- 
ble, que el mismo Garcia no hubiese mías dinero que dos- 
cientos treinta y cinco pesos manifestados como propio, 
habiendo sido ambos reputados entre los mas acaudala- 
dos comerciantes, no debiendo tampoco menor crédito á 
cualquier cuenta ó declaración .que hubiesen maniobra- 
do entre los dos y que deben suponerse figuradas, 6 for- 
jadas para ocultar y sustraer la parte del caudal de Pérez 
de su pertenenc ia al estado; así por todo lo que se ha 

dicho, como por ser ya muy conocida la desaforada fala- 
cia, malas artes y diabólicas maquinaciones, que usan los 
europeos y españoles, para engañar, encubrir sus frau- 



348 GOBERNANTES 

■ 

des, y sus intentos de engañar, así es que se les ha visto 
en América violar atrozmente y con imprudenciasus tra- 
todos y convenios y es también público y bien sabido en 
Europa y en América que un español europeo se fué á 
España titulándose marqués de Guaraní, (1) y fingiendo 
torpemente que iba con tomision de este gobierno (doc- 
tor Francia) enviado al rey de España, cuya ficción y bru- 
tal mentira habiéndose descubierto, se le hubo de imponer 
*en el tribunal de alcaldes de corte como á falsario insolen- 
te la pena del último suplicio, que al fin se reservó para 
el caso de quebrantar el destierro á que fué confinado; 
pero aún *sin salir de los del círculo ó parentela del propio 
G^vcisL, aquí mismo se ha^visto que el europeo español Mi- 
guel Guanes, casado con prima de su muger, no solo ne- 
gó con juramento la remisión clandestina que hizo á 
Corrientes de unapartidade onzas de oro, sino que también 
para encubrirla, hizo fingir como fingió, y le remitió por 
su especial encargo el otro europeo español Isidoro Mar- 
tínez de aquella vecindad, una cuenta falsa é imaginaria; 
pero después convencido el mismo Guanes por las cuen- 
tas anteriores de dicho Martinez, que ^demostraban no 
quedar en su poder alguno perteneciente á Guanes, así 
como por la contrariedad é implicancia de dicha cuenta 
fingida, con lo que éste habia declarado de ser los efectos 

remitidos por aquel procedente de un libramiento dirigido 
contra Pedro Quesney, no tuvo mas arbitrio, que confe- 
sar, que efectivamente habia remitido las onzas recono- 
ciendo haber jurado falso, y no solo él juró falso, sino 
que además hizo jurar falsamente al conductor europeo 
portugués Manuel Hodriguez, que habiendo también ne- 
gado primeramente la llevada de las onzas, después lo 
confesó igualmente bajo del juramento espresado, flue 
solo habia jurado falso, por inducción y sugecion de Gua- 

t (1) Véase al final de esta parte sobre Francia lo ocurrido al titctlááo . 
marquü de Guaraní, ... 



DEL PARAGUAY 349 

ñas, de suerte que es bien' manifiesta la propensión y fa- 
cilidad de los europeos españoles á fingir, y forjar 
papeles- y cuentas falsas, fraguar mentiras, y hasta 
jurar falso siempre que conduzca á sus intereses, ó á sus 
depravados fines y planes de iniquidad; loque tampoco 
ha pasado en esto, cuando á mas de las repetidas conju-. 
raciones que han maquinado y la descomunal ó mas bien 
ridicula patraña del fingido marqués de Guaraní enviado 
á España ha llegado al estremo dé envenenar á los patrio-* 
tas, lo que se observó en el europeo español Burguez á 
quien parece se le privó hacer el oficio de curandero á 
que se habia metido, y se observó igualmente en el mal- 
vado europeo suizo albeitar Juan Renger, nativo del villo- 
rio de Arau, que vino á introducirse en el Paraguay en 
clase de médico, complotándose íntima y estrechamente 
con los europeos españoles y con el francés Saguier espía 
realista descubierto, que se metió á boticario, sospechán- 
dose que al modo que este habia sido destinado desde 
Europa, envenenaba también álqs patriotas, como lo hizo 
con muchos individuos de tropa muertos con su asisten- 
cia, y con el tesorero de guerra, á mas del espíritu de 
seducción que bien manifestó el pérfido falsario y desa- 
gradecido Renger, reprobando al sajón Guitaro Leman el . 
tener relaciones, ó correspondencia con los patriotas, di- 
ciéndole que se retirase de ellos, y que mejor vida se pasa- 
ba con los europeos; por todo lo cual el gobierno, para 
no tener que acusar á este inicuo suizo Y mandarlo 
ahorcar como asesino envenenador y seductor, nun- 
ca quiso acceder á la pretensión que hizo de quedarse aún 
aquí sin duda para continuar el malvado, atosigando y 
aún ver, si algún dia se le proproionaba la ocasión de ato- 
sigar al propio dictador según lo habia hecho con tantos 
individuos de tropa, y con el mencionado tesorero que se 
redujo á agonias mortales luego de la bebida ó brevage 
que le hizo tomar, retirándose aquel malhechor desde el 
mismo intante sin querer volver jamás á su casa con re- 



350 GOBEBNANTES 

petidos llamamientos, y como lo hizo igualmente el re- 
ferido 3urguez con el clérigo Orué, que del mismo 
modo estuve á morir desde el momento en que le aámi- 
nistró su droga, aunque nada de lo dicho debe parecer 
estraño, hallándose comprobado que el fa^cineroso Ren- 
ger era un maldiciente y calumnioso enemigo aún de los 
americanos patriotas de otros Estados; pues que la carta 
que dirigió de Buenos Aires á la muger del citado Recaído 
en 20 de setiembre de 1824, interceptada, juntamente con 
la escrita á su hija Angela, le decia entre otras cosas es- 
tas formales palabras: "En Buenos Aires no me hallo, • 
los porteños han tomado todos los vicios de todas las na- 
ciones europeas, sin tener una de sus virtudes. Este pue- 
blo parece una casa arruinada, que han pintado por fuera 
de nuevo. Con la primera tormenta está todo en el sue- 
lo"; y áeste modo el mismo Juan Renger cometió también 
la infamia propia de bribones desalmados de ir fingiendo 
en otros paises una caterva de embustes y mentiras, des- 
figurando hechos, ocultando su conducta, maldades y fe- 
chorías en el Paraguay, y procurando desconceptuar al 
dictador, á sus oficiales y tropas todo por su depravada 
inclinación, y coligación con los europeos, y por despi- 
carse enconado de no habérsele consentido quedar para 
casarse como quería con la hija de dicho Recalde, estan- 
do ya conocida su perversidad, á fin de que no continuase 
haciendo á los patriotas la guerra sorda de envenena- 
miento, por lo que fué también echado y despedido de la 
asistencia al cuartel de pardos, y donde casi todos los que 
' se enfermaban morían infaliblemente, luego que los admi- 
nistraba su brevage, habiendo de este modo despachado á 
más de veinte de ellos en solo dos meses de asistencia, 
cesando esta mortandad con su espulsion de dicho cuar- 
tel, de todo lo cual bien se deduce, que el intento de los 
enropeos españoles complotados con el maldito suizo, 
acérrimo contra la independencia de América, ya que no 
tuvieron buen suceso sus conspiraciones y tramas, ha sido 



DEL PARAGUAY 351 

ver si podían ir despachando callada y disimuladamente 
á los patriotas y especialmente á los mas decididos, que 
cayeron en sus manos, y tuviesen la imprudencia y sim- 
plicidad de tomar sus bebistrajos preparados y confeccio- 
nados secretamente entre ellos, y todo esto á mas de sus 
otros insidiosos manejos, instigaciones,' maledicencia, 
seducción y sordas maniobras bien sabidas y conocidas, 
lo que no es solamente en el Paraguay, pues que última- 
mente han sido espulsados y desterrados de toda la Repú- 
blica de Méjico todos los europeos españoles por sus ma- 
quinaciones y malignidad» En consideradion de todo y 
que durante la espresada sociedad se construyeron dos 
casas grandes, á saber, la una de la habitación de Garcia 
y la otra al frente de ella, no obstante su deterioro y la 
ruina que la amenaza de la zanja que se le acerca del rio; 
se adjudica esta última á la tesorería del estado por fini- 
quito y chancelación total de la negociación de la compa- 
ñía entre él y el finado Pérez, declarándose por con se- 
cuencia al primero libre de todo otro cargo ó responsabili- 
dad por razón déla sobredicha negociación, y quedándo- 
le asi aplicados todos y cualesquier otros bienes y acciones 
que hayan restado, pertenecientes al mismo Peroz, incluso 
los pocos manifestados en el inventario y la curtiduría, 
con la deuda de José Luis Pereira, y el producto y exis- 
tencias déla compañía quetuvieroncon el difunto euro- 
peo español llamado también Manuel Rodríguez, cuyos 
papeles, documentos y cuentas se le devolverán para que 
use de ellos como le convenga. Asunción, julio 17 de 
1830. 

Francia. 

Terminada la guerra de la República Argentina con el 
imperio del Brasil, una parte déla prensa porteña predicó 
la conveniencia y oportunidad de enviar una espedicion 
para librar al Paraguay de su tirano; aprovechando el 
ejército aguerrido y victorioso que se hallaba disponible. 



352 GOBEBNAKTES 

Desde luego podria entrar en operaciones acercándose á 
las Misiones ocupadas á la sazón por el general Fructuo- 
so Rivera, cuyo cuartel general en Itaquí se hallaba situa- 
do como á veinte leguas de Itapuá, .pueblo fronterizo del 
Paraguay, á cien leguas de la Asunción. Considerábase 
empresa fácil, bajo el punto de vista militar, puesto que 
los paraguayos, si bien numerosos, no sabiendo pelear, 
presentarían poca resistencia, al frente de un ejército disci- " 
plinado. A eso se agregaba la absoluta carencia de gefes 
de esperiencia, y mas que todo la falta de confianza 
que el dictador tendría en entregar el mando de un cuerpo 
de hombres separado, y siendo atacado por diferentes 
puntos, ninguna defensa eficazpodria hacer en ninguno de 
ellos. El sistema de Francia de centralizar y hacer con- 
verger todo hacia su persona, sin tener el menor grado de 
confianza en las partes subordinadas era tan absurdo 
que al primer choque habia de venir al suelo. Estos 
principios eran escelentes en teoría, pero ya se ha visto en 
la práctica cuan errado se estaba entonces sobre el resul- 
tado. El ejemplo de esto lo tenemos en la campaña del ge- 
neral Belgrano primero y en la última guerra que duró 
cinco años y que terminó con la muerte de López. 






En 1829, la provincia de Santa Cruz de la Sierra preten- 
dí ób rir y entablar relaciones mercantiles con la del Para- 
guay, enviando al efecto, dos emisarios con pliegos hasta 
Olimpo, con el fin de pasar á la Asunción á celebrar y 
ajustar tratados que arreglasen el pretendido comercio. 
Detenidos estos en dicho fuerte, despachó, el comandante 
de él, los pliegos al dictador Francia, pero éste con su 
nativa impolítica y grosería les cerró la puerta y los oidos, 
y sin leer aún los pliegos de aquel gobierno, se los devol- 
vió cerrados con los mismos emisarios, ordenando al co- 
mandante del fuerte que los despidiera cuanto antes dealli. 



BEL PARAGUAY 353 

Igual desatención usó con el internuncio de la silla apos- 
tólica, residente en el Janeiro. 

Para conservar á los paraguayos en la ignorancia so- 
bre libertad y consiguiente progreso de que gozaban 
las demás secciones de América, Francia determinó cor- 
tar toda comunicación con sus vecinos y al mismo tiem- 
po privar á estos últimos de los productos del Para- 
guay, que por la larga costumbre que de ellos se tenia, 
se habia hecho para ellos de primera necesidad. 
Empezó por prohibir la esportacion de maderas á 
Buenos Aires, de cuyo gobierno habia tenido sospechas 
de que intrigaba contra él, y aunque concedia por un mo- 
mento licencias parciales para la esportacion de* la yerba 
y tabaco, al fin la ¿prohibió del todo, complaciéndose con 
la idea del clamor que levantaría en las provincias interio- 
res á consecuencia de las privaciones á que él las su- 
jetaba. 

Nadie ignora que el comercio del Paraguay, cuando 

aún se hacia en una escala limitada, enriquecía á los 

pueblos del tránsito hasta Buenos Aires, donde también 

producía una considerable renta. Sus maderas, tabaco, 

caña dulce, arroz, naranjas, algodón, goma, en suma, 
innumerables artículos de comercio, que no se prodacian 

en las demás provincias argentinas, ofrecían un vasto 
campo para el empleo del capital. 

Pero el golpe dado por el dictador refluía con ruinosos 
efectos sobre el mismo Paraguay. La escasez que de esos 
artículos se sentía en Buenos Aires despertó el genio déla 
especulación, que trató de suplirlos de puntos de donde 
menos se pensaba, á no mediar tales ocurrencias. El ta- 
baco de hoja se traía de la ludía, Chile, Norte- América, 
etc; las maderas, el tabaco y la yerba, del Brasil; también 
disminuyó considerablemente el consumo de la yerba 
tanto en Chile y el Perú como en Buenos Aires. Muchos, 

24 



3^ GOBERNANTES 

inducidos por su escasez 6 por la inferior calidad de ese 
artículo del Brasil, lo sustituyeron por el té ó el café. Los 
brasileros ' se enriquecieron sin oposición alguna con la 
venta de sus artículos de muy inferior calidad. ¡Que bella 
oportunidad perdió el Paraguay de enriquecerse durante la 
guerra entre la República Argentina y el imperio vecino. 
El rom, azúcar, arroz, tabaco, en suma, todos los artículos 
con que el Brasil surtia á Buenos Aires, habría podido 
igualmente suplirlos el Paraguay. Sus maderas se habriau 
comprado á cualquier precio, y sus artesanos empleados 
en construir buques para el Rio de la Plata. 

En vez de tantas ventajas que habrían fluido sobre el 
Paraguay, cuan miserable era el cuadro que el país pre- 
sentaba! el comercio de toda clase aniquilado; individuos 
de todos rangos reducidos á la mas abyecta pobreza y á 
tal estado de esclavitud que era despreciable aun páralos 
indios (1). 






Es curioso lo que el hijo del señor don Manuel Luis de 
Oliden, don José León, refiere cuando hizo su viageal Rio 
Paraguay para reconocer la embocadura del Rio Otuquis 
y de las costas occidentales del primero hasta-el fuerte de 
Borbon, hoy Olimpo, á fines de 1836. Esta era una buena 
fortificación con doce piezas de hierro de calobre y c.on 
una guarnición de cien hombres entre artilleros y fusile- 
ros, pero desnudos y muertos de hambre, porque rara 
vez les llegaban víveres de Villa Real, sin poderse alejar 
de la fortaleza cien pasos, so pena de ser perseguido por 
los indios guaicurúes. El capitán comandante, que era 
un anciano de cien años de edad, y que rara vez se movía 

(1} Habiéndosele preguntado á nn indio paraguayo, por qué no se hacia 
cristiano apuntó con el dedo á la cárcel, en donde habia entonces mas de 
800 presos, diciendo. **No me gusta esa muestra de cristianismo; Dios me 
hizo paraguayo y no me he de someter al encarcelamiento y á las prisio- 
nes por ser cristiano. 



DEL PARAGUAY 355 

de su cama, tenia tanta confianza en sus soldados 
que no había mas fusil fuera del almacén que aquel con 
que se hacia centinela en la puerta del fuerte. Algunos 
sargentos y gente de la tropa fueron á la casa de José 
León de Oliden, para conversar con él, pero no se atre^ 
vian á hablar» mucho ni de su gobierno, ni del estado de su 
pais, á pesar de que Oliden les incitaba. Haciéndole ver 
que habia allí dos hombres viejos que habia mandado el co- 
mandante, para observar y espiar lo que se decia,: notán- 
dose entre otras cogas una muy estraña, y fué que cuando 
se pronunciaba el nombre del dictador, todos se descu- 
brían, dandoasl una idea harto convincente del estado de 
abatimiento y servilidad en que se hallaban.^ No habia 
una sola muger en Borbon: hacia quince años que esa 
gente estaba de guarnición debiendo el destacamento per- 
manecer allí 25 años. 



' * * « 



La renta con que Fran cia contaba al principio Je su dic- 
tadura en 1813, para su ejército, que no pasaba de qui- 
nientos hombres, (sin marina, que no existia) y para 
pagar á sus pocos empleados, estaba presupuestada como 
sigue: 
Derechos de esportacion sobre 40,000 

tercios de yerba $ 40,000 

sobre 40,000 arrobas. . . " 

de tabaco " 40,000 

cigarros, etc ** 25,000 



tt tt 



u « 



Derechos de esportacion $ 105,000 

Derechos de importación, 4 por ciento 
sobre mercaderias importadas de va- 
rios puntos, hasta la suma de 2,000,000 « 80,000 

Derecho de alcabala, pagadero por el 
comprador, sobre el producto, merca- 
dería, tierra; sobre todo, en suma, lo 



356 GOBERNANTES 

que pasaba de un propietario á otro, 

4 por ciento. Estas operaciones se 
presupuestaban en 4,000,000 de pesos " 160,000 
Sellos, estampillas de correos y bienes 
de los que morían intestados " 30,000 

Total $ 359,000 

Losgrandes gastos de Francia consis- 
tían en mantener y vestir á sus instru- 
mentos de opresión, las tropas. 

De estas tenia, en todo el pais, como 
4,000, y calculando el gasto de cada 
soldado por alimento, vestido y sueldo 
auna razón moderada de 120 pesos, 
su ejército costaba al año $ 480,000 

El sueldo de varios funcionarios públi- 
cos en toda la República, incluyendo 
el mismo Francia. « 25,000 

Gastos permanentes con conservarlas 
fronteras y hacer incursiones sobre 
los indios " 50,000 

Compras ocasionales de armas, muni- 
ción, cañones, etc " 30,000 

Total gastos anuales de Francia $ 585,000 

Se ve que para proveer á todas estas varias salidas, 
Francia debe haber levantado sobre el pueblo del Para- 
guay (después de haberlo empobrecido con su polítíca 
esterior esclavizado con la interior,) 585,000 pesos al año. 
Las fuentes, pues, permanentes y contigentes, de donde 
Francia sacaba sus rentas son las siguentes: 

19 Mientras abolla el comercio del todo, solia conce- 
der, de cuando en cuando, licencia para la importación, y 
aveces para la esportacion. De toda propiedad que tenia 
este privilegio imponía el derecho del 4 hasta el 30 por 
ciento. 



DEL PABAGÜAY 357 

29 Confiscabap los diezmos, haciendo que se le pagasen V 
para si, como gefe de la iglesia. 

3°. Cobraba uíi impuesto anual sobre todo almacén y J 
tienda de la Asunción. 

49 Se apoderaba de todas las rentas municipales. ^ 

5? Del sobrecargo de cada buque que permitía entrar - 
en el Rio Paraguay, el dictador exigia una copia de la 
factura eligiendo, según su necesidad 6 capricho, cualquier 
articulo que le gustaba el cual 6 nunca lo pagaba, ó lo 
hacia algunos años después; 6 á precios ínfimamente ba- 
jos y fijados por él mismo sobre principios arbitrarios é 
injustos. 

69 Imponía un derecho de nueVe por ciento sobre lo po- j 
co que permitía esportar. 

79 Establecía leyes para multas y confiscaciones que á 
las personas mas escrupulosas, inocentes y correctas las 
hacia muchas veces implacables. 

8^ Convertía en estancias para ganado las numerosas 
propiedades que confiscara á supuestos enemigos, des- . 
contentos 6 sospechosos, nombrando él sus propios capa- 
tacos. El ganado de tales estancias lo vendía en el merca- 
do, al menudeo, sin permitir á ningún carnicero que 
vendiese mas barato que él, regularizando así él mismo el 
precio de la carne. 

99 El derecho de confiscación era levantado con un mi- 
nucioso é inquisitorial rigor no conocido hasta entonces. 
Todo el que moría en el Paraguay, no siendo natural del 
país, dejaba para el estado todos sus bienes hasta la últi- 
ma camisa que llevaba puesta y último peso que tenía en 
el bolsillo. 

Nada importaba el parentesco en cualquier grado que 
pudiera tener el pobre estrangero: aunque tuviera una es- 
posa y diez hijos del Paraguay; aunque hubiera vivido en el 
país desde su infancia; aunque hubiera estendido sus co- 
nexiones hasta lo infinito; aunque hubiera beneficiado al es- 
tado, pagando miles de pesos anualmente todo eso de nada 



358 GOBERNANTES 

le valia, si no había nacido en el suelo del Para- 
guay. 

10. Acrecentaban las rentas de Francia los empréstitos 
forzosos y las contribuciones inicuas. 

Pasamos por alto las agresiones inferidas á la provin- 
cia de Corrientes, hasta el punto de llamar el gobernador 
Ferré alas armas á todos los ciudadanos de la ciudad y 
departamentos de campaña; aún fué necesario mandar 
construir dos baterías, una de nueve piezas en la punta 
de San Sebastian y otra de seis piezasen la Rosada. Fe- 
lizmente, todo quedó en la nada porque el gobierno argen- 
tino no consideró llegado el caso de reclamar por las ar- 
mas lo que se tenia esperanza de conseguir de un modo 
pacífico, pero no mientras viviera el doctor Francia, con 
quien no habia posibilidad de entenderle. 






El doctor Francia era incansable en el ejercicisdesu 
tiranía; inñigia siempre castigos hasta por presunciones, 
juzgando los hechos como cometidos, principalmente tra- 
tándose de españoles y porteños. 

El lector podrá formarse una idea de la índole de su 
despotismo por el documento siguiente: 

Asunción, agosto 16 de 1836. 

Agregúese el espediente que Hilario Recalde de la 
descendencia de la parda santafecina Clara Aguiar dio 
hacen ya meses, pretendiendo casarse con la porteña ad- 
venediza Juliana Martínez (1), el que no tuvo á bien pro- 
veer, por lo que visto, que no habiendo conseguido por 
este medio alterar la prohibición anterior impuesta por 
justa causa á esa descendencia, han urdido el cartel de 

(1) Era hija del señor don Pedro Martmes Femandes, del comercio de 
Buenos Aires. 



i 

í 



DEL PARAGUAY 359 

los tres posteriores hermanos (1) la consabida Juliana^y 
el dicho Hilario, censurando el procedimiento del gO" 
bierno, avanzándose á darles reglas, y diciendo que los 
de esa descendencia son tan patriotas como él, después de 
. lo que finge inconsecuentemente ser uno el autor bajóla, 
máscara de un verdadero y fiel patriota al estilo de Buenos 
Aires, en donde todos los que quieren insultar, calum- 
niar, zaherir, y ofender reputaciones, toman el infame y 
ruin arbitrio indigno de gente honrada, de fraguar, y hacer 
insertar en una gaceta los mas inicuos papeles, encubrién- 
dose bajo de nombres apelativos generales, siendo este 
desenfreno una de las perradas, maldades y bribonadas, 
que desahogando ridiculamente viles pasiones, acostum- 
bran en Buenos Aires los malvados y bárbaros porteños, 
y un adheridor tan malvado y bárbaro como ellos,sin aver- 
gonzarse unos ni otros de tales infamias como gente pérfi- 
da la mas vil, y lamas indigna del mundo. 

En virtud de todo, póngase en arresto á los sobredichos, 
respecto á que aquellos á quienes aprovechan y pueden 
aprovechar el crimen, y en él tienen interés, debe presu- 
mir, y juzgarse haberlo cometido, y publíquese el cartel. 

Francia. 






Después de la salida de los estrangeros del Paraguay, 
no hubo medios de obtener informes detallados de los últi- 
mos años del gobierno de Francia, y en caso de que los 
hubieran; no tendrían interés alguno. Con s.us egecuciones 
ycrueldades desde 1820 á 1822, alejó toda sombra de oposi- 
ción á su autoridad; y en efecto no quedaron elementos 
en que satisfacer su venganza. Completó, pues su siste- 
ma, y desde entonces una monótona oscuridad cubría la 
tierra del Paraguay, 

Francia seguía supliéndose de los artículos que nece- 

(1) Los fiefiores don Mariano, don Pedro y don Mateo, 



360 GOBERNANTES 

sitaba de Buenos Aires ó Montevideo. Se enviaban en 
primer lugar á Corrientes, y de allí se trasbordaban en pe- 
queños buques & Neembucú ó Villa del Pilar, que era el 
Cantón de la República. No solo ningún estrangero pasa- 
ba de ese punto, pero, como puede fácilmente suponerse, á 
nadie se le ocurriría hacerlo; puesto que el aislamiento y 
desolación del Paraguay eran completos. 

Es un hecho curioso de que cuando iba antes algún 
inglés al Paraguay con pasaporte de su idioma, Francia 
no permitía descargar el buque, hasta poder él dominar 
la lengua como para* poder leer y comprender el docu- 
mento. • 

Tal fué el aislamiento del Paraguay que repetidas ve- 
ces se dio la noticia de la muerte de Francia, como cosa 
cierta. 






Finalmente una de sus últimas victimas fué un antiguo 
oficial de artillería llamado Urdapilleta, á quien el dictador 
comisionó para que examinara dos cañones que acababa 
de comprar en la frontera del Brasil y presentase su infor- 
me. El oficial desempeñó su cometido de un modo científi- 
coacreditando su idoneidad en la materia. El dictador pu- 
do notar, en vista del informe que el artillero español tenia 
mas conocimientos de los que él se imaginaba, y, en vez 
de recompensar ese servicio prestado de tan buena fó, 
dispuso que al* momento fuese encerrado en un calabozo. 
El infeliz fué, pues, sacado de su domicilio y Conducido á 
la cárcel, donde permaneció dos años y cuatro meses, 
dejando abandonados á su virtuosa esposa y dos hijos me- 
nores y confiscándole además los escasos bienes que po- 
seía. Su pobre esposa tuvo que dedicarse al oficio de 
dulcera paru poder mantener á sus tiernos hijos. 

Urdapilleta veia salir cada tres ó cuatro dias un compa- 



DEL PARAQÜÁT 361 

ñero de prisión para su sacrificio, hasta que al fin le llegó 
á él su turno. A las seis de la mañana del 19 de setiem- 
bre de 1840, se le notificó queá las nueve del mismo dia 
sufriría la pena impuesta por el dictador. La ejecución, 
sin embargo, tuvo que suspenderse á causa de una fuer- 
te tormenta que sobrevino un cuarto dehora antes, hasta 
el dia siguiente (1), en que, tanto él como otros, consiguió 
su salvación debido á la muerte del dictador. Este, aún 
en sus últimos dias se mostró inhumano y ageno átodo 
sentimiento de ternura, ya mandando retirar de su apo- 
sento á su propia hermana, que á pesar de sus' antiguas 
quejas, iba á prestarle los últimos servicios, ya amenazan- 
do de muerte á su médico que le anunciabael trance fatal, 
invitándole á hacer su testamento. ''No tengo que hacer 
disposiciones — le gritó el moribundo, — mis herederos son 
mis soldados S' Murió ala una de la tarde del 20 setiem- 
bre (1840) á la edad de setenta y seis años y diez y seis 
dias. El dia de su muerte se suspendieron las 
campanas de la catedral en una horca, para que sus 
tañidos y dobles contribuyeran á la plegaria fúnebre y 
exequias del finado. (Asi permanecieron |jasta que se 
construyó la nueva catedral). El cuerpo estuvo espuesto 
en su sala á' donde acudió el pueblo para cerciorarse de 
la noticia'. Tres dias duróla salva fúnebre hecho á su "ho- 
nor. Hiciéronle un pomposo entierro, depositando su ca- 
dáver á la derecha del altar mayor en la iglesia de la En- 
carnación, y eleváronle un tümnlo, que fué después miste- 
riosamente arrasado, efecto de la justa execración en que 
era tenida su memoria. A su entierro le siguieron treinta 
dias de funerales. 
Sin embargo, sucedió en el Paraguay con el dictador 

(1) Sobre las numerosas ejecuciones del dictador Francia, el lector 
carioso puede consultar las obras Veinte añoaen los calabozos dd Pcaa- 
guay^ por don Bamon Gil Navarro y Descripción Histórica de la antigua Pro ' 
vincia dd Paragt*ay por don Mariano Antonio Molas, corregida, aumenta- 
da y anotada por el doctor Ángel J. Carrans^ etc., ya citada, 



362 GOBERNANTES 

• 

Francia lo que en todas partes donde han imperado los 
tiranos, y si no hubiera tenido quien diera puntual cumpli- 
miento á sus actos bárbaros, no se habría afirmado en su 
poder, que se aumentaba cada vezqueveia triunfar sus 
ideas. Para conseguir que el pueblo se pusiera de su par- 
te, el dictador hizo circular que los conspiradores preten- 
dían no solo hacer perecer, con él, á todos los empleados- 
y cuantos le eran adictos, sino tambiien apoderarse de las 
propiedades de sus víctimas y distribuírselas entre sí, en- 
tregando en seguida el país á su enemigo común, que era 
Buenos Aires, como se consideraba entonces. Tan ab- 
surda idea produjo el efecto esperado. Los empleados 
de todas las gerarqulasse dedicaron desde luego al ser- 
vicio delque los habia libertado del inminente peligro á 
que se consideraban espuestos. El espíritu de unión 
entre los paraguayos dejó de existir, aún en la familia, 
acusándose el hermano al hermano y el padrea sus hijos, 
si bien á fuerza de tormentos. Todos los habitantes 
vivían aislados, y cuando, para pedir ó preguntar algo, te- 
nían que dirigirse la palabra, solo lo hacían empleando lo 
mas indispensable, y esto mismo en voz baja. Era el 
Paraguay á* la sazón la morada de los muertos en 
vida. 
• 

Terminada la existencia de este siniestro personage, 
tan tristemente célebre en los anales de la tiranía, se pro- 
hibió hablar ni escribir nada acerca de él, porque los dos 
que sucesivamente le siguieron, fueron sus imitadores en 
el despotismo y degradación del pueblo paraguayo, con 
mas ó menos disimulo, pero se le hizo su funeral sin que 
se hubiese levantado una sola voz de protesta. 






Al mes justo de la muerte del dictador (domingo 20 de 



\ 



DEL PARAGUAY * 36% 



octubre de 1840) la junta mandó poner en libertad á ciento 
veinte y tres individuos que Francia conservaba sepultados 
en los tenebrosos calabozos de la Asuncioa, después de 
veinte y dos afíos de su horrible prisión; ordenando al mis- 
mo tiempo exequias fúnebres en señal de dolor por la pér- 
dida de tan eminente ciudadano que se hdbia sacrificado 
por la patria y en cuyo servicio contrajo la enfermedad 
que lo llevó al sepulcro. Sus honras fúnebres se celebra- 
ron en la iglesia de la Encarnación habiendo pronunciado 
la oración el presbítero Manuel Antonio Pérez, En ella, el 
orador se compara á Plinio, elogiando á Trajano, que 
equipara á Francia, cuyo carácter describe como "un en- 
tendimiento comprehensivo y sublime, meditación reflexi- 
va, resolución firme, secreto inviolable, entereza incor- 
ruptible y política consumada." Siguiendo en su apolo- 
gía del personage que nos ocupa, el orador encuentra 
muy acertado el eficaz remedio para curar á los pueblos 
de la epidemia de los malhechores, mandándolos pa- 
sar por las armas, una vez terminado el sumario, to- 
do lo que se ejecutaba en pocas horas. Aprueba la san- 
gre derramada de los conspiradores, pgrque obran- 
do así, Francia se había portado como los sabios ciru- 
janos, aplicando el cauterio á los miembros que am^na- 
ítaban gangrena, ó cortando la parte infecta; y no temía 
aprobar las máximas de sangre en aquel reQÍnto sagrado, 
porque el mismo Dios aprobó la conducta* de Salomón 
en las muertes de Adonías y de Joab. En una palabra, 
según el presbítero Pérez, Julio César y Octavio Augusto 
no fueron mas dignos de la memoria de los romanos que 
el dictador perpétuí) de los paraguayos: si aquéllos, para 
perpetuar la memoria de esos dos personages, colo- 
caron su nombre en el calendario romano, debia supri- 
mirse el nombre de Setiembre y colocar en su lugar 
Francia diciendo, agosto, Francia, octubre, etc. 
Como sola defensa que existe del doctor Francia da- 



364 * GOBERNANTES 

mos á continuación el único documento á ese res- 
pecto. 

ORACIÓN FÚNEBRE, DEDICADA AL ESCELENTÍSIMO SEÑOR DICTADOR PER- 
PETUO DE LA REPÓBLIC/r DEL PARAGUAY EL CIUDADANO DOCTOR DON 
JOSÉ GASPAR DE FRANCIA. 

LA DIJO EL PRESBÍTERO CIUDADANO MANUEL ANTONIO PÉREZ EN LA IGLE- 
SIA DE LA ENCARNACIÓN EL DÍA 20 DE OCTUBRE DE 1840. 



Olamavemnt ad dominnm qm sosoitavit 
eis salvatorem, et libeíayit eos. Judicum 
cap. 8. ▼. 9. 

Llamaron y el Señor suscitó en Salvador, 
f que los paso en libertad de sus enemigos. 

Tomada del libro de los jaeces cap. 8. ▼. 9. 

Exmo. señor. 
No podia haber acontecido un suceso mas triste, que el 
que con el mayor dolor nos reúne en este templo á cele- 
lebrar las exequias del Exmo. señor dictador perpetuo de 
esta República el ciudadano José Gaspar de Francia. 
Desde los primeros dias de sz enfermedad entró el pue- 
blo en grandes temores, viéndose amenazado de la pérdi- 
da de tan gran bien, y este era el asunto de las conversa- 
ciones. Su edad adelantada y la malignidad de su enfer- 
medad hacian temer á unos el golpe que hemos esperi- 
mentado, y quetanto nos aflige: la buena complexión de 
su temperamento, y sobriedad de vida lisongeaban las 
esperanzas de otros, que no tendrian tan fatal resultado. 
¡Discursos sujeridos por el deseo de su conservación! 
Inútiles, y vanas esperanzas! Triste desengaño! Eldia 
veinte de setiembre á la una de la tarde el clamor de la 
campana comunica la fatal noticia, que S.E. luchaba con 
las agonías de la muerte. Este aviso, aunque confuso en 
sí, pareció una voz articulada, pues al momento desde los 
confines de la ciudad corrrian tumultuariamente las gen- 
tes, y todos se dirigian á la casa de gobierno; y un llanto 
universal asegura que el supremo dictador ha pagado el 
tributo impuesta á la descendencia de Adán. 



DEL PARAGUAY • 365 

Señores, ese sepulcro erigido en su memoria es deposi- 
tado de su cadáver: allegaos 4 él, y comunicad, si es po- 
sible, movimiento, espíritu, y vida á esas frías cenizas; 6 
á lo menos humedecedlas con las lágrimas, que produce 
vuestro dolor: dad desahogo á ese pesar, que os aflige, y 
después haced una pausa^ y escuchadme, para que conoz- 
cáis mas á fondo la grandeza del bien que ¡hemos perdido 
con la muerte de nuestro dictador. 

¡Trajano! Tú tuviste un Plinio, que compusiera una 
oración en tu elogio, y que debia recitarse en tu presencia; . 
es de temer que aquella pluma seria ciertamente dirigida 
en parte de la lisonja, y esperanza de la recompensa. 
Y tú, Plinio, el esceso ventajoso, que hay de tí áml, en 
ingenio, y facundia, se compensa con que yo elogio aun 
muerto, de quien nada tertgo que esperar y en la presen- 
cia de un pueblo testigo de los hechos, y de su sucesor 
en la magistratura suprema, digno de mi mas alto res- 
peto. 

En medio de las convulsiones de una revolución, mi- 
rando el Señor con benignidad al Paraguay, suscitó al 
señor José Gaspar de Francia para que como Salvador le 
libertara de sus enemigos "Clamaverunt ad Dominum, 
qui suscitavit eis salvatorem, et liberta vit eos." Esta 
será, Exmo. señor, laproposion que probaré en elogio del 
Exmo. señor dictador, cuya muerte lloramos. No espe- 
réis, señor, una copia perfecta de su original: esta es em- 
presa de orador mas hábil. Pero os presentaré un bos- 
quejo imperfecto, para que mano mas diestra le perfeccio- 
ne. Este sólo debe contentaros, y yo habré dado la prueba 
de mi obediencia, aceptando hablar en una oración públi- 
ca del hombre mas grande, que en el orden político ha 
dado á luz nuestro siglo. 

INTRODUCCIÓN 

La América habia llegado á la mayor edad en el orden 
civil, y clamaba exigiendo su emancipación para en- 



366 . GOBERNANTES 

trar en el rango de las naciones.* ¿Pero cuántos 
escollos inutilizaban sus pretensiones? Inmensas disfán- 
tancias, variedad de intereses entre los pueblos y provin- 
cias; y lo que es mas la política del gabinete español la ha- 
cia vivir en quietud, y sin acción para quejarse de su 
esclavitud injusta. Los ensayos de Oruro á fines del 
siglo pasado nos instruyeron prácticamente que era inútil 
todo esfuerzo, y que siendo la América prisionera, los 
americanos mismos éramos sus esclavos; por consiguien- 
te cuanto mas se aumentaba su población, tanto mas se 
imposibilitaba su independencia. 

En este estado un conquistador poderoso y teirible 
acomete á la Península: ésta por atender á su defensa, se 
desatiende de todo cuidado esterior. Este acontecimien- 
to es el lance favorable y único que le proporciona recla- 
mar los derechos de su libertad. Pero la somnolencia en 
quehabia estado desde la conquista, la costumbre de ser 
mandada y siempre obedecer, le impedian obrar con in- 
dependencia. La América, en este estado, era semejante 
aun hombre^ que, después de haber estado mucho tiempo 
con grillos, se le quitan las prisiones, y le obligan á ca- 
minar con presteza; todo le embaraza, todo son tropiezos, 
y todo caidas. 

Dejemos al resto de América, y hablemos del Pfiraguay 
desde que se gobierna por sí. Levanta la voz, depone al 
antiguo gobierno, y erige una junta, que, aunque en par- 
te la componian sujetos demérito los unos menos habian 
nacido para gobernar, que para santificarse en un claus- 
tro; los otros ineptos en aquellas circunstancias; sólo el 
doctor Francia reunia las cualidades necesarias para go- 
bernar con independencia. Este hecho prefija la época, que 
preparaba la formación de una República indepen- 
diente. • 

Señores, la relación prolija de los hechos intermedios 
desde este acontecimiento hasta que el señor doctor Fran- 
cia fué nombrado dictador, la juzgo tan inútil, como im-- 



DEL PABAGÜAY 367 

pertinente: ella me retarda tratar de mi asunto, y cuantos 
me escuchan están perfectamente instruidos de todo. 

Consideremos á este hombre prodigioso, nombrado dic- 
tador perpetuo, y en estado de obrar sin dependencia 
temporal. Un entendimiento comprehensivo y sublime 
meditación reflexiva, resolución firme, secreto inviolable, 
integridad incorruptible y político consumado formaban 
el carácter del hombre que el Paraguay habia nombrado, 
para que estuviera á su cabeza en calidad de dictador, 
depositando en él toda su confianza. 

Cuando yo lo considero en su retiro, se me presentan 
aquellos astrónomos sabios en el observatorio, que, to- 
mando el telescopio político; miraba las revoluciones civiles 
para dirigir con acierto sus operaciones: observaba toda 
la circunferencia y puntos intermedios del estado que tenia 
que gobernar, para ocurrir á sus necesidades. Tenia que 
formar un estado del todo nuevo; y asiera necesario que 
todo fuera original. 

¿Qué era el Paraguay, cuando nuestro dictador se hizo 
cargo de su gobierno? El esqueleto de un gigante, que 
necesitaba de una mano maestra, que le vistiera de carne, 
piel, color y le comunicara el impulso de vida que le cor- 
respondia á su dignidad. ¿Y quién otro mas á propósito 
que nuestro dictador en los tiempos críticos y difíciles en 
que tenia que mandar preservando á su pueblo de las ca- 
lamidades X{\xe siguen á las revoluciones civiles? 

Roma, en tiempos antiguos, y Francia, en nuestros dias 
nos instruye perfectamente en la catástrofe que presentan 
los pueblos, cortados los vínculos sociales, y quitados los 
diques que contienen las pasiones en desorden; el clamor de 
nuestros vecinos llega á nuestros oídos y nosotros hubié- 
ramos esperimentado los males que les afligen, si la Divina 
Providencia no hubiera suscitado en la persona de nuestro 
dictador un salvador que nos libertara deestos males. 

¿Cuántas providencias tomó S. E. para mantener en paz 
la República, y ponerla en un estado respetable respectoi 



368 GOBERNANTES 

de las estrañas? Provisión de armas y formación de sol- 
dados ocupaba su primera atención: promete á los intro- 
ductores del primer ramo que la introducción será libre 
de todo derecho, y en su pago esportacion á elección los 
frutos que les presentan mas utilidad. Esta sabia provi- 
dencia le proporciona la proporción de un armamento res- 
petable, con que consigue los dos fines que se babia pro- 
puesto. 

Da^o este paso, necesitaba brazos diestros que mane- 
jaran estas armas. ¡Me asombro, cuando contemplo á 
este hombre grande, dando espediente á tanta ocupación! 
Se dedica al estudio de la milicia^ y en breve tiempo man- 
da el ejercicio y evoluciones militares como el mas prácti- 
co veterano. ¿Cuántas veces he visto á S. E. estrecharse 
aun recluta enseñándole el modo de ponerla puntería pa- 
ra dirigir con acierto el tiro al blanco! ¿Qué paraguayo se 
habia de desdeñar de llevar el fusil cuando su dictador le 
señalaba el modo de gobernarle? 

Los ejercicios de caballería exigían un hombre robusto, 
y maestro en el manejo del caballo para ejercitar practica- 
mente las evoluciones peligrosas que se ofrecen en este 
ramo de milicia. Para formar soldados de esta naturale- 
za, parece hubiera hecho elección de algún joven de su 
confianza, que lo desempeñara á su satisfacción. No, 
señores: se personaba á la cabeza de los escL^adiiojies de 
xsaballería, y los mandaba con tal energía y destreza que 
trasmitía su espíritu vivo á los quele seguían: era mas 
poderosa su voz que la del clarín, que hacia la seña 
paralas marchas. 

Señores, ¿tantas y tantas graves atenciones, que nece- 
sitaban muchos hombres para su desempeño, le distrae- 
rían para atender á las demás necesidades del estado? 
Su grandeza y actividad se estendian á todo, y proveían á 
todo, como si todas y cada una de ellas le ocuparan 
todo. 



DEL PARAGUAY 369 

La quietud y seguridad de la República eran su prime- 
ra atención y cuidado; y asi era necesario tomar provi- 
dencias eficaces para conseguirig. ¿Cuántos perjuicios 
no reciben los pueblos de los salteadores de caminos? 
Violencia, estupros, robos y asesinatos son delitos fami^ - 
liares á estas malas gentes: montañas inaccesibles, y 
campañas de que abunda la República, les proporcionaba 
su impunidad. Nuestro dic tador descubrió el secreto de 
aterrarlos de tal modo que desaparecieron, buscando su 
seguridad en la mudanza de vida: discurrió S. E. que el 
modo de aplicar la pena era mas eficaz que la misma pe- 
na, y en esto puso BU estudio. Luego que llegaba algu- 
no de estos malhechores, vista la sumaria, era conducido 
al piquete, y con pocas horas para confesarse, era pasado 
por las armas. ¡Oh! ¡Y qué remedio tan eficaz para cu- 
rar á los pueblos de esta epidemia! En breve tiempo que- 
dó la República en estjdo que un muchacho pudiese 
transitar con seguridad, desde las costas del Rio Para- 
guay hasta las del Paraná, sin mas seguridad que el 
temor que habia inspirado el supremo dictador: **Sitscita- 
vit Domirvus Salvatorem" 

Libre la República de estos enemigos, escucha él su 
clamor por el temor que le inspira el mayor de los males 
que pueden padecer los pueblos; este es la anarquía. No 
respeta este monstruo feroz edad ni virtud: todo lo des- 
truye, todo lo asóla: cada individuo que juzga puede ha- 
cer partido, se tiene por digno de la suprema magistratura, 
y con capacidad para desempeñar sus funciones: los pre- 
tendientes, son tantos cuantos hay capaces de fabricarse 
un mérito imaginario: chocan los pretendientes, y ved 
ahí los pueblos divididos en bandos y partidos destructo- 
res. ¡Ah! ¡Que no me sea dado el talento suficiente para 
delinear el cuadro que representa con exactitud la catás- 
trofe fatal de un pueblo en anarquía! 

¿Y no estuvo nuestra República en estado de sufrir los 
estragos que causa su malignidad? Si, señores: en va- 

25 



370 GOBERNANTES 

rías partes se hacian ciertas reuniones peligrosas, que 
aunque ignoro el pormenor de lo que en ellas se trataba, 
sabemos se preparaba una mina, que, reventando, haría 
los fatales estragos de la anarquía. 

Avisos repetidos cercioraron á S. E. del estado peligro- 
so en que se hallaba la República. ¿Cuántas providen- 
cias fué necesario tomar para oprimir á este enemigo en 
su cuna? Asegura á los cabezas de partido, y hechos los 
procesos, resultan reos de lesa patria. ¡Qué contraste 
esperimentaria su corazón! Estoy en la inteligencia que 
si, manteniendo las personas en arresto hubiera bastado 
para la seguridad del estado, no habria tomado el pa)'tido 
de pasarlos por las armas. Se portó en estas circunstan- 
cias como los sabios cirujanos, que á los miembros que 
a,menazan cáncer, les aplican el cauterio, ó cortan la par- 
te infecta. La República del Paraguay, en este estado^ 
me acuerda la de Roma: cuando póv una contra-revolución 
trataba la nobleza de restablecer el gobierno de los Tarqui- 
nos: sesenta y dos nobles fueron en un dia pasados por la 
cuchilla; siendo necesario que Bruto, primer cónsul, con- 
sultando á la salud de la patria, sacrificara dos hijos, 
sentenciando la causa y presenciando la ejecución: "Sití- 
citavit Dominum Salvatorem.'' 

Pero, señores ¿no temeré el lugar santo que ocupo, 

aprobando máximas de sangre contra la lenidad del Evan- 
gelio? No, señores: el mismo Dios aprobó la conducta.de 
Salomón en las muertes de Adonias y Joab. Feliz habria 
sido el gobierno de nuestro dictador si la salud pública no 
le hubiera obligado á la ejecución de los perturbadores del 
orden. 

Quieta la República con esta ejecución aterrante, se 
entregó S. E. á espurgar el estado de otra clase de ene- 
migos: ¿Cuántos perjuicios no reciben lospueblos de los 
jnalos administradores de intereses públicos? Imponen 
los magistrados algunas contribuciones para sufragar 



DEL PARAGUAY 371 

los gastos que son necesarios á beneficio del mismo públi- 
co: nombran colectores y depositarios de los caudales que 
se recaudan, y deben entrar en el erario común. Des- 
cubre S. E. (igsfalcos y malversación en estos administra- 
dores subalternos, les obliga á cubrir el capKal en que 
fueron alcanzados y toma nuevas providencias para evi- 
tar en lo sucesivo tan grande mal: mandó que todos los 
años rindan cuentas del cargo y data, quitando todo re- 
curso á la mala versación. 

Éste origen tuvo la conducta que observó S. E. cuando 
entregaban los efectos, con que abastecia al público: aque- 
lla prolija y menuda cuenta de cosas al parecer poco dig- 
nas de atención. Yo juzgo que menos lo baria por temor 
de sujetos nuevamente destinados para esto, que por ins- 
truirlos en la delicadeza con que debían conducirse. De 
esto provenia aquella ocupación de examinar escrupulo- 
samente todas y cada una de las obras de los arte- 
factos. 

El conjunto de las tantas atenciones no le ocupaba de 
tal modo que le embarazara tratar de todas según su im- 
poriancia. La hermosura y buen gusto de las poblacio- 
nes dan idea ventajosa de la dignidad de sus habitantes. 
* Asi lo sentia Cataracto, rey de los anglos, cuando veia 
la suntuosidad y magnificencia de los edificios romanos. 
Contemplaba S. E. el estado de la eapital de la República, 
y miraba una población desordenada y sin policía: calles 
si escuadra; casas edificadas al capricho de sus dueños; 
aunque habia algunos edificios de buen gusto y comodi- 
dad, su conjunto formaba un todo desagradable; rauda- 
les permanentes que cortaban' la población y formaban 
precipicios peligrosos: solares de depósitos de basuras é 
inmundicias, abrigo de sabandijas perjudiciales. Conci- 
be S. E. el proyecto de su mejora y la pone en ejecu- 
ción. Ordena la apertura de calles, procurando evitar 
cuanto se pueda perjuicios en sus habitantes: pone lin- 
deros que formen cuadra: levanta algunos edificios que 



372 GOBERNANTES 

pertenecen al público para que sigan los particulares: 
ordena la erección de murallas que unan la población y 
deja con esta diligencia una ciudad del todo nueva y pues- 
tos los cimientos para que la posteridad edifique con regu- 
; laridad y 'belleza. Esas dos plazas formadas al Sud y 

' Este de la capital son obras dignas de S. E. tanto mas cuan- 
to su formación ha sido sobre las ruinas de bosques peli- 
grosos, abrigo de gente mal intencionada. Esa escava- 
cion al sud ¿cuánto ha minorado los perjuicios que causa- 
ban las lluvias con el esceso del pendiente por aquella par- 
te? El nuevo estado y mejora de la población sólo pudo 
ser concebido y ejecutado por nuestro dictador. 

¡República del Paraguay! ¿Cuánto debes á los cuidados 
y desvelos de nuestro dictador difunto! Parece que este 
hombre singular se multiplicaba para atender á todas sus 
necesidades: estaba en su gabinete j corria tus fronteras 
para ponerte en estado de seguridad. ¿Cuántos daños y 
perjuicios no recibian de los baba ros del Chaco los pobla- 
dores de costa abajo? De cuando en cuando llegaban á 
la capital las noticias del terror y espanto que habia causa- 
do algunas de sus incursiones: muertes, robos, multitud 
de ganados mayor y cautivos, que podían llevar, era el 
resultado de sus invasiones. ¿Quién pensó que tan gran- 
des males y estragos podian remediarse? Nuestro dicta- 
dor discurrió el modo de asegurar aquella parte de la Re- 
pública. Cuatro fortalezas respetables y competente 
guarnición ha sido la barrera que ha contenido las irrup- 
ciones de aquellos feroces salvages. ¡O habitantes de 
costa abajo, reposad con tranquilidad en vuestros ho- 
gares: vosotros sois parte del pueblo, que el señor confió 
al cuidado de nuestro dictador, "él será viiestro salvador 
suscitavit Dominum Salvatoremí' 

Las providencias sabias y prudentes, que tomó para 
rebatir la fuerza y contener los bárbaros situados al jiorle 
de la República. Las fortalezas de Olimpo y San Car- 



DEL PARAGUAY 373 

I 

los del Apa, puestos en mejor estado de defensa, órdenes 
é instrucciones á la Villa de Concepción han puesto en 
seguridad por aquella parte. 

Esa gran muralla, foso y fortaleza construidos en la 
costa opuesta del Rio Paraná: cuerpo de ejército y pique- 
tes en lo interior al sud de la República han hecho mirar 
con respeto á los enemigos situados en aquella parte 
"Susciíavit Bomirvus Salvatores.'' 

Baste, señores, para probar que el Exmo. señor dictador 
cuya memoria lloramos, fue el salvador que suscitó el 
Señor para libertar al pueblo paraguayo de sus enemigos. 
El índice solo de cuanto obró á favor de nuestra República, 
no puede reunirse en los estrechos límites de una oración 
dedicada á su memoria "" Clamaverunt ad Doniinus qui 
snscitavit Salvatorem et líber avit eos.'' 

Tú, historia, que haces justicia al verdadero mérito, re- 
coge con exactitud las obras que nuestro dictador ejecutó 

á favor del pueblo que el Señor confió á su cuidado: man- 
da á la-posteridad con sencilla narración, que es el ca- 
rácter de la verdad. Las generaciones futuras admira- 
rán sus hechos y le caracterizarán . con el título de 
Grande. 

Exmo. señor: reconociendo el mérito gigante de nues- 
tro dictador difunto, habéis erigido en su memoria un se- 
pulcro, para que siendo undepósito de sus cenizas, perpe- 
túe su nombre; mas sabiendo que el tiempo destruye los 
mármoles mas firmes, nombrasteis orador que haciendo 
justicia á su mérito, compusiese una oración en su enco- 
mio. Yo, señor, sin ejercitar mi humildad, me juzgo poco 
digno de nuestro Héroe; por tanto os propondré un medio 
de conseguir vuestros fines. Julio César y Octavio Au- 
gusto no fueron mas dignos de la memoria de los romanos 
que nuestro dictador de la de los paraguayos. Si aquellos 
para perpetuar la memoria de estos dos personages colo- 
caron sus nombres en el calendario romano; mandad que 



374 GOBB BMANTES 

en el Paraguay se coloque entre ellos el de nuestro dicta- 
dor y suprimiendo el nono mes le llamen del tenor siguien- 
te. Julio, Agosto, JFrancia, Octubre, etc. 

Señor, reconociendo la capital las sabias disposiciones 
que habéis tomado para mantener la tranquilidad pública, 
y que puede llamarse el primer crepúsculo de vuestro 
mando, le da la lisongera esperanza que haréis nuestra 
felicidad. El Dios de las misericordias os ilustre para 
que nuestras esperanzas tengan su perfecto cumpli- 
miento. 

Sacerdotes del Altísimo, tened presente que sois la por- 
ción escogida que ofrece al Señor todos los dias el sacrifi- 
cio incruento: que sois los medianeros entre Dios y el 
pueblo: cuidad que vuestras ofrendas sean aceptas ante 
el divino acatamiento como las de Abel, el sacrificio de 
Abrahan y lo que ofreció Melquisedec. 

Ciudadanos, los que vestis el uniforme del honor, sois 
la columna que sostiene el estado: tened entendido que 
ese trage que os distingue de las demás clases del pueblo, 
os hace saber que el honor es vuestro mejor distintivo. 
La patria tendrá sus necesidades, estas las sabréis por 
conducto del supremo gobierno: esta unión está simboliza- 
da enunacuerda delgada, que doblada tres veces se corta 
con dificultad. 

Y vos, pueblo paraguayo, que habéis hecho un duelo 
tanespresivo de vuestro dolor por la muerte de nuestro 
dictador, sea este el último dia que llevéis esas vestiduras 
de luto. El Señor ha suscitado en su lugar un gobierno 
que satisfará vuestras esperanzas. 

Dios de las misericordias, te rendimos acciones de gra- 
cia por habernos concedido por el espacio de veinte y seis 
años un defensor que ha mantenido la tranquilidad pública: 
este reconocimiento nos estimula á recibir con resignación 
la pérdida de tanto bien. Tunos le diste, tú nos le quitas- 



DEL PARAGUAY 375 

te: sea bendito tu santo nombre, suplicárnoste, señor, 
el descanso eterno por los méritos de N. S. J. C. 

Requiescat In pace 
Amen 



Con tales doctrinas, el dictador perpetuo aparece vil- 
mente calumniado por todos los que le pintaron de otro 
modo; que es el mundo entero. 

No sabemos que admirar mas, si la deificación del 
dictador Francia hecha por el padre Pérez, á los pocos días 
de muerto aquél, 61a calma y sangre fría del pueblo para- 
guayo en oir la justificación del tirano, reconocido uni- 
versalmente como tal y cuyos actos bárbaros no fueron 
desmentidos por nadie. No se atrevieron á tanto ni los 
mismos sostenedores de Rosas, aun después de veinte y 
cinco años desucaida, y eso que, en ferocidad, aquél so- 
brepujó á éste por mucho. 

Este sacerdote, Manuet Antonio Pérez, tal vez participa- 
ra de los temores del bajo pueblo que el poderoso dicta- 
dor resucitase reclamando su autoridad. No aludia, ni 
podia aludir al carácter piadoso y cristiano de Francia, co- ' 
mo que se sabia que éste no sólo hacia chafa de la religión \ 
sino que habia hecho todo lo posible para inspirar despre- ' 
ciapüp la iglesia y los clérigos. A haberse atrevido á tan 
audaz elogio habría temido que el dictador se levantase de 
su tumba y lo mandase fusilar. Pero él se limitó á hablar 
del dictador como un gran gobernante, que habia salvado 
al pais de la .anarquía en el interior repeliendo la inva- 
sión delfisterior, que habia rectificado las calles de la ciu- 
dad y librado el pais de innumerables males. Puede ale- 
garse en defensa de este profano, si no blasfemo, elogio 
del dictador, que era dirigido á un pueblo de que muchas 
personas habian concurrido esperando oir hablar de un 
dios, y que, si se hubiera atrevido á hablar de él tal como 
era, se habría levantado de la multitud un grito de horror. 



376 GOBERNANTES 

Pero si el clérigo Pérez no alabó la piedad y carácter 
religioso de Francia, ni le asignó un lugar en la morada 
de los bienaventurados, ciertamente esto abona en su 
favor. 

Todas las tradiciones, que se conservaron de las acusa- 
ciones contra los hombres principales que vivian en el 
Paraguay en la época del advenimiento de Francia al po- 
der absoluto, son necesariamente de dudosa autenticidad, 
por la circunstancia de que todo se hacia en secreto, sin 
atreverse nadie á averiguar la verdad; pero como aque- 
llos de quienes mas podia temer Francia eran por lo ge- 
neral hombres de bien estar, de respetabilidad y de influ- 
yentes familias, muy natural seria que ejecutados ellos y 
sus bienes confiscados, sus arruinadas familias habían 
de recoger todos los incidentes que pudieran suministrar 
los soldados, policía y otros que se vieron obligados á eje- 
cutar sus órdenes. Masapesar de cuanto hiciera el dicta- 
dor, se habían de saber muchos incidentes que él habría 
preferido que jamas se divulgasen; pero en los primeros 
años de su poder era mucho mas difícil conservar oculto 
cualquier hecho desagradable que lo que fué mas tarde. 
Aun no había aprendido el pueblo la necesidad de un ab- 
soluto silencio sobre cuanto veía, como sucedió después. 

La escusa de insania que no dejaba de atribuírsele por 
alguien para esplicar su cruel conducta no puede admitir- 
se, puesto que todos los actos de su vida fueron consis- 
tentes uno con otro y con el mismo carácter genefal. En 
toda su carrera jamás hubo una manifestación de ternu- 
ra, de cariño, de simpatía con la especie humana. Sus 
crueldades, su cinismo, la aparente falta de motivo para 
muchos hechos crueles é inhumanos, todo indica un espí- 
ritu consistente consigo mismo, y s olo se diferenciaba de 
otros mas o menos similares en que no tenía simpatía al- 



DEL PARAGCJAY 377 

guna con la naturaleza humana. Sus actos manifiestan 
que fué inhumano no insano. 

AI regresar á su patria, después de salir de la universi- 
dad de Córdoba, jamás pudo avenirse con el que se pu- 
siera en contacto con él por su genio fantástico é insu- 
frible, de modo que desde entonces siempre vivió como 
un jpgisántropo y recluso. No sentia amor alguno por 
ningún ser viviente, ni siquiera por ningún animal do- 
méstico. Su amor y admiración estaban concretados en 
en si mismo, y se hallaba tan completamente perdido en 
la conciencia de su propia grandeza que no podia con- 
templar un ser superior á él. Su vanidad y egoismo le 
hicieron fementido, y al ordenar á sus desgraciados sub- 
ditos que le llamasen El Supremo, la obediencia y desam- 
paro de estos le sostuvieron de plano. Lo mismo que con 
sus afecciones y simpatías, sucedía con los deseos y ape- 
titos de otros, con lo que no tenia nada de común. Su 
cara imberbe era indicio de su carácter que nunca fué 
conmovido por el amor ó la pasión hacia individuo alguno 
del otro sexo, y su indiferencia álos placeres mas grose- 
ros de comer y beber cerraban el camino por el que todos 
los demás tiranos, conocidos en la historia, realizaran un 
sentimiento en común con sus subditos. Con sus parien- 
tes mas inmediatos fué tan cruel como con el peor crimi- 
nal, enviando su maldición á su padre moribundo y so- 
metiendo á su inofensivo hermano al tormento y á la eje- 
cución. Miraba á sus hijos naturales con la misma indi- 
ferencia que á un perro. 

Tal fué su carácter como ciudadano particular; cuando 
llegó á gobernar á un pueblo ignorante, amable y sin ambi- 
ción se mantuvo en consonancia. Su espíritu mezquino 
jamás se embriagó al verse elevado al poder, manifestán- 
dolos mismos sentimientosy la misma indiferencia á la 
felicidad y á la miseria de otros después como ante. 
Constitucionalmente tímido y desconfiado, al verse arri- 
ba, dirigió la vista hacia aquellos* á quienes consideraba 



378 GOBERNANTES 

aprovechasen mas de su caida, á los que miraba como 
sus naturales enemigos, y con el pretesto de deshacerse 
de ellos inventó el sistema de conspiración de que desde 
entonces se sirvieron sus sucesores. La conciencia que 
tenia de haber hecho dar muerte á tantos piillones de ino- 
centes iba acompañada de la convicción de que era uni- 
versalmente temido y aborrecido^ De esto infirió que ca- 
si todos deseaban su muerte, y veia en cada persona un 
enemigo que de muy buena gana le quitarla la vida, si en- 
contrara una oportunidad. Era tal el temor de asesinato 
que le siguió perpetuamente durante muchos años, y la 
mitad del tiempo lo pasó en forjar planes para deshacer á 
los imaginarios conspiradores. Conservó siempre varios 
puntos de residencia, como para mudarse de uno á otro 
rara vez pasando dos noches sucesivas bajo el mismo te- 
cho, sin volver nunca por el mismo camino por el que habia 
ido, creyendo poder deshacer así á cualquier bando de 
conspiradores que le acechara. Para desviarlos, constan- 
temente estudiaba el modo de hallarse en lugares en don- 
de no se hubiera previsto su venida, y en donde ningu- 
na corporación de asesinos s^e pudiera hallar acechándole 
para hacerle caer en la red. 

Pero lo mas notable en el carácter de este hombre es 
haber podido llevar una vida semejante por tanto tiempo. 
Que un hombre pudiera existir por tantos años, encerra- 
do en una prisión que él mismo eligiera, en la que ningún 
rayo de simpatía humano pudiera penetrar en el helado co- 
razón que la entrañaba, y al asomarse desde su escondite 
sólo ver cuitados á quienes hiciera miserables, mirándolo 
todos con odio mezclado de temor, es un fenómeno sico- 
lógico que el mundo tal vez jamás viera antes ni después. 
Tampoco es nada estraño que los sencillos, supersticio- 
sos y benévolos paraguayos mirasen áunapersona cons- 
tituida de tan diferente modo que ellos, como un ser de 
distinto orden, y que sólo la muerte los hariaverque 
fuese un ser humano. 



I 



DEL PABAGUÁT 379 

El mal que hacen lo/ hombres vive en pos de 
ellos. El terrible sistema de Francia continuó cuando él 
ya no existia. Una generación entera se mantuvo el 
pueblo en tan abyecto terror, que á su muerte se halló 
encantado y desamparado, tan completamente destitui- 
do de todo sentido ó sentimiento de propia seguridad, que 
vinoá ser víctima pasiva é irresistible de uno mas débil y 
peor que Francia. A este cupo el destruir á todo aquel 
que hubiera dado prueba de inteligencia, patriotismo ó 
capacidad; el sembrar la semilla de entera sumisión y 
obediencia sin réplica; pero el cosechar el fruto, sacrifir 
car, por decir así, todo un pueblo sin respetar sexo, edad 
ni rango, reducir al pais en un desierto, erigiendo una 
tumba para sí sobre los huesos de toda la nación para- 
guaya, quedó para su discípulo é imitador, Francisco So- 
lano López. 

El gobierno que sucedió al dictador conservó como un 
tesoro sagrado todo lo dejado por éste, hasta el 24 de 
octubre en que ordenara el inventario de ellos, el cual se 
llevó á cabo en los dias 4 y 5 del siguiente mes. 
Por el detalle original del cuerpo de bienes, se vé clara- 
mente cual puede haber sido su procedencia— origen de 
las confiscaciones de sus víctimas. 

El lector podrá juzgar por sí mismo ala vista del do- 
cumento que sigue: 

INVENTARIO DE LOS BIENES DEJADOS POR FRANCIA 

Asunción, y octubre 24 de 1840. 

No obstante las urgentes é incesantes ocupaciones con 
que se halla aún el gobierno, consiguiente á las primeras 
medidas acordadas en beneficio de la seguridad y conser- 
vación del reposo y tranquilidad del público, á fin de que 
en' todo tiempo aparezca de modo bastante la cantidad y 

calidad de los bienes que el finado Exmo. señor dicta- 
dor de la República dejó con su muerte intestada, como 



380 GOBERNANTES 

de su pertenencia, los cuales se hallan en los cuartos in- 
teriores de estas casas del supremo gobierno y la llave 
recogida incontinenti al fallecimiento por el señor coman- 
dante Cañete^ y de consiguiente reservada hasta el pre- 
sente en la secretarla con acuerdo de los demás individuos 
de la junta, practlquese un inventario y descripción for- 
mal de todos ellos, con asistencia del cuerpo municipal— 
Manuel Antonio Ortiz — Agustín Cañete — Pahlo Pereira 
— Miguel Maldonado—Gavino Arroyo — José Gabriel Be^ 
niteZf secretario de gobierno. 



El cuatro de noviembre del mismo año pasé el corres- 
pondiente SLViso al cuerpo municipal parala asistencia 
acordada en el auto antecedente, de que doy fé — Be- 
nitez. 

En cuatro dias del mismo mes y año, habiéndose reu- 
nido en estas casas públicas de gobierno los señores del 
cuerpo municipal y el ministro tesorero de hacienda, para 
los efectos del auto antecedente, la Exma. junta mandó 
abrir con el secretario la puerta del aposento donde exis- 
ten los bienes pertenecientes al finado señor dictador José 
Gaspar de Francia y en su consecuencia se di6 principio 
al inventario por el orden y la forma siguiente: 

Primeramente se hizo á vista de todos los señores 
existentes un prolijo escrutinio de todas las arcas y baúles 
que estaban en el anunciado aposento del finado S. E. y 
se hallaron en distintas bolsas dos mil ciento ti'einta y 
cuatro onzas de oro selladas, que se contaron prolija- 
mente y se entregaron al ministro tesorero de hacienda 
para su guarda en depósito. 

ítem. — Noventa y siete pesos fuertes. 

ítem.— Ciento ochenta y dos pesos en plata sencilla en 
moneda de dos reales, de á real, y seis pesos, cinco rea- 
les inclusive en medios, cuyas cantidades se entregaron al 
ministro de hacienda. 



DEL PARAGUAY 381 

En este estado, siendo ya hora competente, se sus- 
pendió la presente diligencia y la firmaron los señores de 
la Exma. junta gubernativa y los de la municipalidad, el 
ministro tesorero de hacienda en prueba de darse por reci- 
bido de las cantidades espresadas y el secretario de go- 
'bierno por ante nai, de que doyfé. 

Manuel Antonio Ortiz — Agusthi Cañete — Pablo Pereira 
—Miguel Maído nado — Gavino Arroyo— Juan José Medi- 
na — Francisco Javier Filardiga — Dionisio Acosta — Juan 
Manuel Alvarez — José Gabriel Benitez, secretario, José 
Dofningo Campos, fiel de fechos. 

En cinco del mismo mes y año volvieron á congregar- 
se en estas casas de gobierno los señores del cuerpo mu- 
nicipal y el ministro tesorero de hacienda y en su virtud 
y de orden de la Exma. junta abrió el secretario la puerta 
del aposento sobredicho y se continuó el inventario en la 
manera siguiente: 

Primeramente se encontraron en una caja doce onzas 
mas de oro sellado. 

ítem. — Nueve reales y medio inclusive dos cuar- 
tillos. 

ALHAJAS DE ORO Y PLATA 

Ítem.— Una caja de oro para polvos de peso de tres 
onzas trece y medio adarmes, que reconoció un pla- 
tero. 

ítem.— Un par de hebillas de oro de empeine, conhebi- 
jones (hebillones) de plata y acero y sus correspondientes 
charreteras también de oro con hebijones (hebillones) de 
acero y peso todo ello de siete onzas seis adarmes. 

ítem. — Un bastón de caña de la India con puño y anillo 
de oro y cantonera de metal amarillo. 

ítem. — Veinte y nueve piezas de cabezadas de plata 
de moderna hechura, con peso de seis y media onzas. 

ítem. — Cuatro libras de chafalonía de plata en diferentes 
rieles y algunas piececitas sueltas. 



382 GOBERNANTES 

ítem.— Nueve cucharas nuevas de plata con peso de 
una libra, seis onzas, catorce adarmes. 

ítem. — Una cigarrera de plata con muelle de acero y 
peso de cuatro onzas, catorce adarmes. 

ítem. — Un par de estribos de hechura inglesa con dos 
pares de corredores de plata, con peso de una libra, ocho 
onzas y diez adarmes. 

ítem. — Un par de espuelas de plata con rodajas de hier- 
ro, pasadores y hebillas de plata con hebijones (hebillo- 
nes) de hierro y peso de ocho onzas, doce adarmes. 

ítem.— Un tachito de plata con peso de cinco libras, 
' nueve onzas, doce adarmes. 

ítem. — Una escupidera de plata con peso de tres libras 
trece y media onzas. 

ítem. — Una tembladera de plata con peso de doce onzas, 
catorce adarmes. 

' Item.-^Una caldera de plata con tapa y peso de tres li- 
bras, tres y medias onzas. 

ítem. — Otra de id. id mediana, con id. y peso de dos 
libras catorce onzas. 

ítem. — Un jarro de plata con peso de una libra, doce 
onzas y seis adarmes. 

ítem. — Una tembladerita de plata con peso de cinco 
onzas, doce adarmes. 

ítem. — Un mate con pié de plata con su correspondien- 
te bombilla, con peso de una libra, siete onzas. 

ítem. — Un pié de mate de plata, con peso de once onzas, 
doce adarmes. 

ítem. — Una geringa de plata, con mango de madera, que 
contiene en la tapa del cilindro y en la estremidad dos pie- 
zas de estaño, todo ello con peso de una libra, una y me- 
dia onzas. 

ítem. — Un cuchillo hechizo con cabo de aspa -chapeado 
y la vaina con dos canteras de plata. 

ítem. — Una fuente pequeña de plata, con peso de una 
libra once onzas. 



DEL PARAGUAY 383 

ítem. — Otra id. id. id. con peso de tres libras, seis 
onzas. 

ítem. — Un platillo de id. id. id una y media libra. 

ítem.— Un platillo de plata con peso de una libra, siete 
onzas, catorce adarmes. 

ítem. — Otro id. id. id. de id. id id. 

ítem. — Otro id. id. de id con peso de dos libras, tres 
onzas, doce adarmes. 

ítem. — Otro de id. id. de id. con peso de dos libras y 
seis onzas. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de una libra, siete 
onzas, catorce adarmes. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de una libra, ocho 
onzas, cuatro adarmes. 

ítem.— Otro id. id. de id. con peso de una libra, tres 
onzas y catorce adarmes. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de id. id. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de una libra, deson- 
zas, doce adarmes. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de una libra, tres 
onzas, once adarmes. 

ítem. — Otro id. id. de id. con peso de una libra, dos y 
media onzas. 

ítem. — Un cuchillo con cabo de plata. 

ítem. — Dos tenedores con abrazaderitas de plata, dos 
en uno de ellos. 

ítem. — Un espadín con puño, cantoneras y argollitas 
de plata, dorado á fuego. 

ítem. — Tres chicotes con casquillosde plata. 

ítem. — Un freno con copas de plata y cabezadas viejas, 
con doce piezas y una cadenilla de plata, con sus cor- 
respondientes riendas con dos hebillas de plata. 

ítem. — Un par de cabezadas de suela forradas con 
tafilete colorado, con veinte y cuatro piezas de plata, y su 
correspondiente rienda también forrada de tafilete con dos 
hebillas y dos pasadores de plata. 



384 GOBERNANTES 

ítem.— Un pretal de suela con tres piezas de plata. 

ítem. — Una silla de montar en buen uso con almohada 
de terciopelo carmesí, alas de tafilete colorado y dos pis- 
toleras de id. engarzadas en plata, con cuatro hebillas de 
plata, y la correspondiente cincha con hebillas de 
hierro. 

ítem. — Otra id. de id. con id. id. y cuatro piecitas de 
plata y de mas uso que la antecedente. 

ítem. — Catorce chapitas de oro que se sararon de siete 
casacas, con peso de cinco onzas menos un adarme. 

ítem.— Dos palmatorias de plata, cada una con su des- 
paviladera de id. con peso de dos libras, trece y media 
onzas. 

ítem.— Un par de hebillas de plata de empeine, con 
hebillones de id. y acero y peso de cinco onzas, seis 
adarmes. 

ítem. — Una hebilla de oro con chapa y botones de lo 
mismo y peso de dos onzas, dos adarmes. 

ítem. — Otro id. con veinte y seis crisólitos montadas en 
plata y guarnecidas de granos de trigo de tumbaga. 

ítem. — Un reloj nuevo de segundos, horizontal, con lla- 
ve de metal. 

ítem.— Otro id, inglés, corriente con llave de metal y 
acero. 

ítem.— Seis navajas de barba cabo blanco, usadas, en 
un estuche de cuero de becerrillo. 

ítem. — Un par de estribos de plata con correderas y par 
de espuelas de id., con rodajas de hierro, pasadores, can- 
teras y hebillas de id., hebillones de hierro, ambas alha- 
jas pesaron, una libra, quince onzas. 

HOSPITAL 

Veinte y ocho pesos medio real, inclusive ocho pesos 
fuertes, 
ítem. — Tres cucharas de plata con peso de siete onzas, 
ítem. — Una bombilla de id. con peso de una onza. 



9 
.A 



DEL PARAGUAY 385 

ítem. — Seis piezas de cabezadas, dos hebillas, una ar- 
gollita y un pasador de plata con peso dé tres y media 
onzas. 

ítem. — Un tintero y una salvadera, una obleera, un vaso 
de plata para agua y una campanilla con su asiento cor- 
respondiente, todo de plata con peso de seis libras diez 
onzas. 

ítem. — Una silla de montar de terciopelo carmesí 
con cuatro hebillas de plata. 

ítem. — Un riel y una piecita de plata con dos libras y 
una onza. 

El periódico oficial de López, sucesor de Francia se es- 
presa así: "La administración del dictador perpetuo se 
generalmente conocida, por lo que no consideramos de 
necesidad revelarla. El mantuvo constante y celoso* con 
pulso firme los derechos déla República del Paraguay al 
respecto del Rio de la Plata durante todo su largo gobier- 
no. La verdad histórica nos obliga á observar que al- 
gunos de sus actos no podrán ser avalorados con exactitud 
sino después de conocidos los motivos, que les dieron 
origen y dirección. Celoso siempro contra las manio- 
bras, no solo del partido europeo, sino también de las in- 
trigas argentinas, impuso algunas penas, que otro habría 
economizado. Conociendo aue el contacto de ideas faci- 
litado por la mutua y frecuente correspondencia sugiere 
pensamientos hasta los mas peligrosos, y temiendo la 
irrupción de las innovaciones y especulaciones políticas 
de toda especie, que alimentaba el Rio de la Plata, fué 
contrayendo, y por último adoptó su sistema de aislamien- 
to. Hasta en eso el Rio de la Plata ejerció una influencia 
perjudicial y maligna. Y es tan exacto lo que esponemos, 
que ese sistema tuvo una escepcion constante y protegida 
por el lado que no tenia ésos recelos. Los estrangeros, 
mayormente los brasileros, recibieron siempre entera 
protección en su comercio de Itapuá. 

"La República sintió su muerte (de Francia) por óuanto 



V 



386 GOBERNANTES 

/cualesquiera quesean las censuras que le dirijan, él fundó 
la independencia del Paraguay, y si su política hubiese 

sido desasombrada de los peligros que referimos cierta- 
mente hubiera sido masfranca y creadora/' 

Cuando murió Francia, nadie dijo una palabra, solo 
alguno repitió los versos de una sátira postuma de(}i- 
cada al sacrilego tirano y fue arrestado y severamente 
amonestado. 

El pueblo calló y los tiranos se sucedieron. 

El pueblo vivió acostumbrado *á aceptar sumisamente 
todo cuanto emanaba de sus gobernantes hasta el sacri- 
ficio. 

Así se espresó el órgano oficial de López, padre, á quien 
'' interesaba guardar y hacer guardar un sepulcral silencio 
sobre los actos sangrientos de Francia, cuyo sistema 
pensaba seguir y siguió algo modificado. A no haberse 
ordenado ese silencio, es de creer que algunos de sus 
compatriotas inteligentes que abundaban á la sazón en el 
Paraguay, muchos de ellos testigos oculares de los he- 
chos del tirano nos habrian dado los motivos que les die- 
ron origen y dirección. 

No solo es falso sino aún ridículo asentar que las ma- 
niobras del partido europeo y las intrigas argentinas hu- 
biesen dado motivo á imponer algunas penas. 






Para que se pueda formar la idea que de Francia se te- 
nia fuera del Paraguay, véase á continuación la curiosa 
noticia dada cinco años antes de su muerte, por los dia- 
rios europeos y americanos: 

** La joven reina del Paraguay.-^^l muy conocido doc- 
tor Francia, el singular anciano que haya despóticamente 
reinado en el Paraguay, desde la emancipación de la 
América, .acaba de casarse, á la edad de 65 (tenia entón- 
ces71) con una joven francesa de San Salvador, hija do 



DEL PARAGUAY 387 

• 

monsieur Durand, comerciante de Bayona. — Por el con- 
trato de matrimonio se estipula que la joven esposa habia 
de suceder á la autoridad política de su marido, en caso 
de muerte, sin dejar heredero directo ó legítimo. Es, 
pues, muy probable que una francesa vendrá á ser un 
dia llamada á gobernar una de las provincias mas bellas 
y ricas déla América del Sud." 

.Si esa noticia se hubiera dado algunos años después, 
se habría creido que se trataba de madama Lynch, que, 
aunque irlandesa de nacimiento, era francesa por su casa- 
miento con un individuo de esa nacionalidad. 



* 



Otro hecho no menos original tuvo lugar algunos años 
antes. El caso escomo sigue: un catalán que habia resi- 
dido algún tiempo en el Paraguay tuvo la peregrina ¡dea 
de forjar unas credenciales qué atribuia espedidas por el 
doctor Francia, y con ella se presentó á la corte de Ma- 
drid con el título de marqués del Guaraní y encargado 
de una misión importante cerca de S. M. C. La primera 
visita la hizo vestido como un simple ciudadano y fué re- 
cibido con todas las señales del mas distinguido aprecio r 
pero la segunda la verificó con uniforme de coronel de la 
primera Legión voluntaria de Francia. Luego que fue 

descubierto se le acusó ante el tribunal de alcaldes de la 
corte, cuyo presidente era de opinión que se debia hacer- 
le pasear por las calles de Madrid montado en un asno y 
se le diesen 200 azotes por mano del verdugo y enseguida 
condenado á diez años de presidio. Otro miembro opinó 
porque se le setenciara á muerte, y al fin se resolvió á 
JOS diez años de presidio, después de los cuales incurri- 
ría la pena, de muerte si volvía á pisar el territorio 
español. 

Al mismo tiempo, se espidió al corregidor de León orden 
de arresto contra un cura y consejero de estado, que se 



388 GOBERNANTES 

había asociado al marqués del Guaraní y que pretendia 
también haber recibido del Paraguay varias cartas que 
confirmaban el carácter público de aquel impostor. 

Los periódicos franceses IJEcho du Midi y el Memo- 
rial Bordelais de esa época se ocuparon mucho de este 
asunto y parece que fueron víctimas del engaño publi- 
cando falsos decretos y proclamas con referencia al mismo 
asunto 

LXI. DON POLIC ARPO PATINO, secretario ó actuario 
de gobierno de f'rancia, el mas práctico en los* inicuos 
procedimientos, declaraciones y tormentos ejecutados 
contra las numerosas víctimas inocentes, sacrificadas 
por aquel tirano. Aprovechándose de las últimas pala- 
bras de éste, Patino intentó perpetuar en el Paraguay el 
régimen dictatorial, que el temor hiciera de tan fácil ejecu- 
ción en las manos de un astuto maestro. Sin embargo, 
debido á los consejos y buena intención del médico del 
dictador, doctor Vicente Estigarribia, convocó á una con- 
ferencia al alcalde ordinario, doctor Manuel Antonio Ortiz, 
yá los comandantes, que solo tenian el grado de alférez, 
délos cuatro cuarteles — del Hospital, San Francisco, de 
la Plaza y de la Ribera — don Agustin Cañete, don Pablo 
Ferreira, don Miguel Maldonadoy don Gavino Arroyo, á 
quienes con todo sigilo, comunicó la desaparición de 
Francia y la conveniencia de formar una 

1840-1841 -LXIL JUNTA GUBERNATIVA, presidida 
por el juez ordinario doctor Manuel Antonio Ortiz. 

El mismo dia déla Xnuerte del dictador y antes que el 
pueblo tuviera conociriiiento de ella se impartieron órde- 
nes á nombre de esta junta, disponiendo la prisión y con- 
ducción á la cárcel pública de los pocos franceses que re- 
sidían en la capital, so pretesto del bloqueo de Buenos 
Aires, y despachóse un chasque áCaraguatj, con encargo 



i 



DEL PABÁOUAT 389 

de no comunicar á nadie la muerte del dictador, y con 
orden de que se le remachase una barra de grillos al ge- 
neral Artigas, quien, al ver lo que con él se practicaba, ^ 
dijo:*"esto me pronostica que ha muerto el supremo." 

Otros encarcelamientos con grillos se practicaron el 
mismo dia con los enemigo» declarados de Patino. 

Pocos dias después se anunció al pueblo,. por medio de 
un bando, la formación del gobierno nacional, compuesto 
del referido Patino, ministro primer secretario, José Ga- 
briel Benitez, segundo secretario y los cuatros cemandan- 
tes antes citados, vocales, quienes desde luego abando- 
naron sus casas 7 se instalaron en palacio. Sin embargo, 
esta intrusa é impopular administración duró pocos me- 
ses, pronto se introdujo la anarquía enlre sus miembros, 
disputándomela supremacía entre Ortiz, que se consideraba 
superior, y Patino, que pretendía imponer su voluntad 
dictatorialmente, acostumbrado como estaba ano oir mas 
que una voz de mando. Continuó así este orden de cosas 
hasta que, entrando don Manuel Zalduondo á formar par- 
te déla junta, en calidad de asesor, consiguió éste domi- 
nar á todos ordenando desde luego que el vocal Ferreira, 
acompañado de cuatro granaderos, sorprendiese á Pati- 
no, en su oficina y le condujese al cuartel del Colegio, don- 
de se le remachó una barra de grillos 

Pretendíase juzgar á Patino por sus crímenes y frau- 
dulentos manejos en la época de "El Difunto", como en- 
tonces se denominaba á Francia, y sólo se trataba de sa- 
ber qué tribunal debia entender en su causa. Llegó esto 
á conocimiento del Fiel de Fechos, quien no juzgó pru- 
dente dejar que llegase el caso de comparecer ante un 
tribunal, del que seguramente no habria salido absuelto. 

Una mañana, cuando el carcelero abrió su celda para 
darle mate, le encontró ahorcado con las cuerdas que le 
servian para sujetar su hamaca, según unos, y, según 



390 G OBERNANTES 

otros, con una cincha de caballo que por casualidad ha- 
bía en su calabozo. 

Muchas desgracias se debian á Patino; mas de un 
infeliz pereció por su causa. Tomaba las declaraciones 
á los reos, y cuando éstos, en su inocencia, se obstina- 
ban en negar lo que se les pretendía hacer declarar, él les 
aconsejaba que declarasen algo, aunque no fuese cierto, 
asegurándoles que asi saldrían bien del paso. Los infe- 
lices seguían el perverso consejo de Patino, quien inme- 
díatamer^e presentaba al tirano la declaración de faltas y 
crímenes no cometidos, y el castigo seguía á la declara- 
ción. Apropiábase siempre todos los objetos y pren- 
das de algún interés, que veía en los presos, insinuándose 
por ellas sin embozo alguno. Neggciaba las providen- 
cias que obtenía del dictador, y pedia un precio, si ella 
era favorable, y otro sí desfavorable, pero jamás intro- 
ducía ninguna sin establecer antes los términos del ne- 
gocio. 

La noticia de su trágica muerte fue recibida con las 
mayores demostraciones de júbilo, primeramente por los 
presos que contemplaban aquel cadáver, recordando sus 
desgracias y las de muchos otros, y en seguida por todo 
el pueblo, que se apoderó de él arrojándolo á un zanjón 
cerca de la catedral. En la misma noche, su esposa lo 
recogió y lo sepultó en uno de los aposentos de su casa. 



Desde este momento, el pueblo empezó á considei'arse 
ya libre y lo manifestaba modulando algunas frases con- 
tra las arbitrariedades del finado dictador, cosa que no se 
habrían atrevido á hacer antes, y aún no faltó alguien que 
tratara de dar al país una constitución, cuya idea era 
fuertemente apoyada por los individuos déla junta y otros 
ciudadanos de respeto. * 

Entre tanto, el tiempo corría y no se producía la refor- 
ma que el pueblo anhelaba, hasta que impacientándose 



DEL PABAOÜAY 391 

éste, acusó á la junta de usurpadora, derrocándola por 
medio de una revolución niilitar encabezada por 

184a-LXIII— RAMÓN DURÉ y JOSÉ DOMINGO CAM- 
POS, sargentos del cuartel del colegio y de San Francisco, 
quienes se sublevaron (23 de enero de 1841) contra el 
gobierno provisorio aprisionando á todos los nniembros 
déla junta. Estos fueron conducidos al cuartel, donde 
los colocaron en calabozos separados, con ' una barra de 
grillos cada uno y en completa incomunicación. 

Duré, por indicación de Alonzo, ordenó las elecciones 

por el libre sufragio, y, como no tema ambición alguna, 

sino simplemente redimir al pueblo de la anarquía, colo- 
có al 

LXIV. CORONEL MARIANO ROQUE ALONZO, ge- 
fe político y militar de la República con el antiguo secre- 
cretario Benitez, el alcalde Juan José Medina y el 
hermano del sargento re volucionario Campos, fiel de fe- 
chos, con la única atribución de convocar, como convocó 
(9 de febrero de 1841) un congreso nacional estraordina- 
rio,el cual se reunió el lá de marzo, en número de cua- 
trocientos miembros de la campaña los mas. Apenas 
habia un miembro que tuviera una idea definida de lo que 
se habia de hacer, pues sólo podían votar en pro ó en 
contra de los proyectos que se les sometiera. El plan de 
^una ley fundamental presentado por ef diputado López fué 
sometido y aprobado en la primera sesión. En la segunda, 
se eligieron dos cónsules porel término de tres años que ha- 
bian de ejercer conjuntamente el poder ejecutivo. Fueron 
unánimemente proclamados— 

1841-1844— LXV. MARIANO ROQUE ALONZO y 
CARLOS ANTONIO LÓPEZ, (14de marzo), cónsules de 
la República, firmando ambos, al principio, en la misma 
línea, como para denotar igualdad de categoría; pero poco 
después, López firmaba pritoero y bajo su firma colocaba 



392 GOBERNANTES 

Alonzo la suya, indicando inferioridad de éste sobre 
aquél. 

Pa/a cohonestar la tiranía naciente, no se permitía ha- 
cer niencion alf?una de las crueldades de Eldifunto^ como 
se denominaba á Francia. No se le recordaba sino como 
El Difunto ó simplemente el doctor Francia, aún se pro- 
hibió hacer malos recuerdos de él, preparando el camino 
para poco después. López tuvo bastante astucia para no 
provocar los <^o» del dictador sino exhibiendo levemente 
alguna insignificante capacidad. No por eso dejó de caer 
en su ii^i, pues dos años antes de morir le desterró al 
Rosario por haber manifestado demasiada astucia en un 
escrito suyo que llegó á ver Francia. Pero López aceptó 
el destierro sin murmurar, manteniéndose muy tranquilo 
hasta la muerte del dictador, cuando volvió á su casa 
cerca de la ciudad. Desde allí presenció las tentativas 
del pueblo de la capital para formar un gobierno, y vio que 
á cualquiera mas fuerte le era fácil apoderarse del cetro de 
Francia. ^ 

Uno de los primeros actos del gobierno consular fué 
hacer poner en libertad á todos los presos que hablan 
probado no ser criminales. Hallábanse en la cárcel de 
, cinco á seis por cieota de toda la población y casi todos 
de la3 mejores familias; y el abrírseles las puer- 
tas y arrancárseles los grillos fué un espectáculo uunca 
presenciado antes, al ver á las familias y amigos de los 
presos, tanto tiempo encerrados, correr á abrazarlos cuan- 
do ya hablan perdido la esperanza de volverlos á salu- 
dar en este mundo. El hombre de regular edad que se 
hallaba encerrado en un calabozo, se presentaba decrépito 
y viejo, quizá para encontrar muertos á todos sus parien- 
tes, y todos sus bienes tomados, habiendo dispuesto de 
ellos el dictador. 



DEL PARAGUAY ' 393 

Sin embargo, los cónsules obraron sabia, justa y cau- 
telosamente; las tierras y casas confiscadas fueron de- 
vueltas á las familias de los ejecutados; y á los que habian 
sido arruinados con multas y cárcel se les dio algo con 
arreglo ftl-es^ado delacarLo. Era la política de los cónsu- 
les hacer gradual la tcansicion, para que el puebla sintiese 
su mejorada condición antes de empezar á saborear un 
canabio radical. En la época de Francia las ciudades 
se llenaban de soldados y de espías que le contaban todo, 
yá cualquier criminal que se pillaba infraganti en el acto 
era condenado á muerte, á prisión ó á nada, según el 
capricho del momento. Los cónsules, empero, pronto 
arreglaron un sistema de policía, y aunque mjuy imper- 
fecto, era* un gran adelanto. Establecióse igualmente un 
sistema judicial-, nombrándose jueces de diferentes gra- 
dos y difiniendo sus respectivas jurisdicciones. Como 
no existían en el país tribunales, leyes, ni abogados, estos 
primeros tribunales, como debe suponerse, tenian un mo- 
do original de procedimiento; y como los jueces eran ele- 
gidos de entre los ciudadanos mas respetados que sobre- 
vivieron á Francia, administraban justicia en los casos 
sencillos en que tenian que entender, aún improvisando 
una ley para la ocasión. 

Durante los últimos años del reinado de Francia, debido 
al terror, la educación sufrió una gran decadencia, tor- 
nándose casi nula. Algunas mugeres en la capital, entre 
ellas, la hermana del mismo dictador instruía álos niños 
los ramos elementales; pero como no habia colegios ni 
seminarios para aquella enseñanza, el idioma castellano 
iba dando lugar todo el tiempo al guaraní,' de modo que 
los niños, cuyos padres habian recibido una educación 
liberal en España crecían, pudiendo hablar apenas, mu- 
cho menos leer ni ^escribir, en cualquier día lecto. El 
pueblo, conocía bier. su ignorancia, y el primer acto del 
congreso, aún antes de elegir á los cónsules, fué sancio- 
nar una ley para la fundación de un colegio de estado. 



9 

394 GOBERNANTES 

Los cónsules trataron de establecer estnielas primarias, 
no solo en la capital, sino tarabien en todo el ^aís. 






Este duunvirato convocó un congreso estraordinario, 
cuerpo aparentemente deliberativo que desde entonces, 
celebraba generalmente sus sesiones cinco dias cada cin- 
co años — para considerar el medio de establecer las rela- 
ciones de la República con el esterior. 

Al convocar el nuevo congreso general estraordinario 
de 1842, López se vio en serios apuros sobre la cuestión 
independencia del Paraguay, que Rosas no reconocia, á 
pesar del tratado de 12 de octubre de 1811, con el gobier- 
no de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, cuya 
existencia parecía ignorar López. Llamados por éste, 
no elegidos popularmente, los congresales de la campaña, 
y nombrados los de la capital por el gobierno mediante un 
oficio dirigido á ellos por el secretario del consulado, se 
reunieron en la capital, en noviembre de 1843. Pero, 
^ antes de inaugurarse, circuló la voz de que los congresa- 
les trataban de deponer á López por tiránico y por hallar- 
se influenciado por el porteño presbítero José Joaquín Pa- 
lacio, que era su confidente y consejero. Temeroso, 
' pues, López, de que el pueblo, tratando al fin de sacudir el 
yugo que le oprimía, recurrió á su pariente y amigo don 
Manuel Pedro de Peña, para que le ayudase á salir del 
atolladero en que se hallaba, diciéndole: "Estos bárbaros 
no saben lo que se va á hacer, y piensan introducir un ba- 
rullo que puede costar caro á la patria: nó hay uno que 
entiéndalo que deba practicarse, ni como debe espedirse: 
todo va á ser un trastorno yes urgente poner remedio á 
este mal. Son varios los puntos que se tratarán, y nadie 
tiene conocimiento de ellos sino ust^ y Palacios: muchas 
de sus formas son nuevas acá; pero de algún modo se ha 
de principiar. 

"Mañana se inaugurará el congreso, y dicen que nada 



DEL PARAGUAY 395 

esperarán sino reunirse los diputados, nombrar su presi- 
dente, y aguardar al gobierno para oir lo que ocurre y de- 
terminar lo conveniente. Va á darse un escándalo: es 
preciso qiie usted se apersone temprano al templo de la 
Encarnación, y esté á la mira con disimulo para contener 
todo desorden, hasta que el gobierno vaya á hacer la aper" 
tura del congreso. Persuada y convenza á esos hombres, 
que no se desea otra cosa que el bien de la patria, y el ma- 
yor acierto en las operaciones." (1) 

Peña cumplió al pié de la letra lo consignado en la 
lección dada, como que.no era ía única vez que prestara 
igual servicio. Reunidos los diputados, estaban impacien- 
tes por la llegada del gobierno. Al fin apareció éste, y 
entonces Peña se paró y en voz alta y clara, dijo: "Señores, 

debiendo procederse á la elección de presidente del con- 
greso,' prapongo para este cargo al benemérito ciudadano 
Carlos Antonio López." Todos los diputados manifesta- 
ron su conformidad, repitiéndose la misma operación en 
los demás congresos que tuvo el Paraguay, hasta la caida 
deláltímo López — contestando, los unos: apoyado, y otros 
iporaitó mátele catü : toicobé catü ñanderublchá guazú; 
cuya traducción es: "es estraordi?iariamente conveniente 
que continúe nuestro supremo ge fe (y , al final de este ar- 
tículo, sobre el duunvirato, la constitución sancionada.) 

« 

En seguida, ratificó, en la misma forma, la independencia 
del Paraguay (25 de noviembre, 1842), y determinó la ban- 
dera nacional, adoptando el azul como color de la patria, 
declarando que el pabellón de la República fuese el mismo 
que hasta entonces habia tenido la nación, con las varia- 
ciones convenientes, esto es, una bandera compuesta de 
tres fajas horizontales, colorada, blanca y azul. De un 

• 

(1) Cartón del ciudadano paraguayo Mantid Pedro de Peña, etc. Buenos 
Aires, 1865. 



I 



396 GOBERNANTES 

lado el escudo nacional con una fialoma y una oliva en- 
trelazadas en el vértice y abiertas en la superficie, re- 
saltando, en el medio de ellas, una estrella. En la orU 
una inscripción distribuida que dice República del Para- 
guay. En el lado opuesto, un círculo con la inscripción 
Paz y Justicia^ y en el centro un león en la boca del sím- 
bolo dé la libertad. Que el sello nacional fuese el mismo 
usado hasta entonces, esto es, bajo el geroglíficode una' 
palma y oliva en el centro y la inscripción orlada de 
liepüblica del Paraguay, y para sollo de la hacienda, el 
de que se designa en otra círculo jjue contiene el símbolo 
de la libertad y los lemas Paz y Justicia. 

El pabellón que se enarboló por primera vez (17 de 
junio de 1811) era as^ul, encarnado y amarillo^ con el 
escudo de las ayuntas del rey. Según el señor don Manuel 
Pedro de Peña, la bandera primitiva del Paraguay fué toda 
a^ul y una estrella blanca en el ángulo superior próximo á 
la driza, y se componia de lienzo crudo ó loneta, añil y 
albayalde, según algunas que se encontraron de- 
positadas en la tesorería de la Asunción á. la muerte del 
dictador. 

• 
Este y otros congresos dictaron leyes de las que pue- 
den tomarse por m'odelo los fragmentos siguientes: 

a 

ESTATUTOS DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA 

Art. 71. Quedan abolidas la pena de tormentos y la 
confiscación de bienes. Noviembre 24 de 1842. Esta 
disposición fué infringida de un modo tan horrible como 
escandaloso por F. S." López. 

• DECRETO SOBRE LA LIBERTAD DE VIENTRES 

Noviembre 24 de 1842. 
El supremo gobierno de la Repúfilica del Paraguay 
acuerda y decreta: 



DEL PARAGUAY 397 

Art. 1.0 Desde el 1° de enero del entrante año de 1843, 
serán libres los vientres de las esclavas, y sus hijos que 
naciesen en adelante serán llamados "Libertos de la Re- 
pública del Paraguay. 

Art. 2.® Quedan en la obligación los libertos deservir 
á sus señores, como patrones de los libertos bástala edad 
de veinte y cinco años los varones, y las mugeres hasta 
los veinte y cuatro años. 

• APROBACIÓN DEL MENSAJE AL CONGRESO 

Art. 29. Desde el 1° del mes entrante la dieta del primer ' / 
señor Cónsul será de cuatro mil fuertes por año y la del * 

señor segundo cónsul la de tres mil pesos fuertes. 

ACTA DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 

Art. 2.^ La República del Paraguay nunca jamás será 
patrimonio de una persona ó de una familia. (Esta dis- 
posición se refiere á| cualquier otro que no fuera López.) 

INSTRUCCIONES A LA POLICÍA 

Junio 15 de 1843. 

Art. 37. Es absolutamente prohibido hablar de partidos 
y de la guerra civil que dolorosamente hace pedazosá 

las provincias vecinas, y no se permitirá insukos ni ame- 
nazas con los emigrados de uno ú otro partido; siendo de 
prevención al que quiera vivir en esta República, que ha 
de guardar un profundo silencio sobre los sucesos y par- 
tidos del otro lado de Corrientes, y esto ha de advertir el 
comisario á todos los estrangerosy emigrados, que aquí 
nada queremos saber de sus odios y funestos rencores, y 
el que no se conforqpe, que se retire del pais inmediata- 
mente. 



398 GOBERNANTES 

LEY QUE ESTABLECE LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA DE LA 

REPÚBLICA DEL PARAGUAY 

TITULO I. 

DE LA ADMINISTRACIÓN GENERAL 

Art. 19 La administración general de la República se 
espedirá en adelante por un congreso ó legislatura nacio- 
nal de diputados representantes de la República, por un 
presidente en quien resida el supremo poder ejecutivo y 
por los tribunales y jueces establecidos por la ley del 
soberano congreso estraordinario djB 25 de noviembre de 
1842. 

2? La facultad de hacer las leyes, interpretarlas ó dero- 
garlas, reside en el congreso nacional.' 

3? La facultad de hacer ejecutar las leyes y reglamen- 
tarlas para su ejecución, reside en el supremo poder eje- 
cutivo de la República» 

49 La facultad de aplicar las leyes reside en los jueces 
y tribunales establecidos por la ley. 

TITULO IL 

DEL CONGRKSO Ó LEGISLATURA NACIONAL 

Art. 1.0 El congreso nacional se compondrá por ahora 
de doscientos diputados elegidos en la forma hasfa aquí 
acostumbrada, debiendo ser ciudadanos propietarios de 
las mejores capacidades y patriotismo. 

29 El congreso nacional será convocado de cinco en 
cinco años en los casos ordinarios, contándose aquellos 
desde el 15 de mayo de 1844. La convocación será trein- 
ta dias antes cuando menos, y durará en síis sesiones el 
tiempo que el mismo congreso acuerde. 

39 El congreso se reunirá y abrirá sus sesiones en la 
capital de la República, y tendrá el tratamiento de "Muy 
honorables señores representantes de la nación", nombra- 
brará un presidente, un secretario,- y los demás oficiales 
que requiera el despacho de los negocios. 



DEL PARAGUAY 399 

49 Para el mejor espediente de sus deliberaciones nom- 
brará las comisiones que crea necesarias, y cada comi- 
sión nombrará un presidente y secretario durante la co- 
misión. 

59 Las comisiones darán por escrito sus dictámenes 
firmados, sin perjuicio de lo que pueda informar invoce 
alguno de sus miembros. 

69 El congreso nacional dará oportunamente un regla- 
mento para el régimen interno de sus actos. 

79 Tendrá un archivo en que se reserven los registros 
de sus actas y demás documentos oficiales, y, todo ello 
correrá á cargo del secretario. 

89 Es atribución del presidente del congreso el nombra- 
miento de las comisiones, y fijar el número de ellas hasta 
que se reglamente en esta parte lo conveniente. Esobli- 
gacion de las co'misiones dar aviso verbal al presidente del 
congreso cuando haya concluido sus tareas remitiéndo- 
las bajo de carpeta cerrada al presidente del congreso. 

99 El presidente del congreso pondrá á la deliberación 
del congreso los asuntos despachados por las comisiones 
según el orden que fuere mas conveniente. 

10. Es también atribución del presidente del congreso 
velar sobre la policia de la casa de los señores represen- 
tantes, y cuidar que se observe toda circunspección y dig- 
nidad en todas sus deliberaciones. 

TITULO IIL 

DE LAS ATRIBUCIONES DEL CONGRESO NACIONAL 

Art. 19 Al congreso nacional corresponde formar las 
leyes y ordenanzas de cualquiera naturaleza para regir 
la administración interior de la República, bien como el 
modificarlas, suspenderlas, ó abolirías. • 
. 29 Elegir al presidente déla República, recibirle el ju- 
ramento de ley, y mandarle poner en posesión del 
mando. 



400 GOBERNANTES 

39 Corresponde al congreso nacional declarar la guer- 
ra, oidos los motivos que esponga el presidente de la 
República. 

4? Recomendar af presidente de la nación cuando lo 
halle por conveniente la negociación de la paz. 

5? Fijar los gastos generales con presencia de los pre- 
supuesto3 que presentare el presidente de la República. 

69 Recibir las cuentas de inversión de los fondos públi- 
cos, examinarlas y aprobarlas. 

79 Fijar la ley, valor, peso y tipo de la moneda. 

89 Establecer tribunales de justicia y reglar la forma 
de los juicios. 

99 Crear y suprimir empleos de toda clase. 

10. Reglare! comercio interior y esterior. 

11. Demarcar el territorio de la República y fijar sus 
límites. 

12. Ratificarlos tratados que hiciese el presidente de la 
República en los casos que le permite la ley del soberano 
congreso de 26 de noviembre de 1842 en el artí- 
culo 20. 

TITULO IV. 

DEL PODER EJECUTIVO PERMANENTE 

Art. 19 El gobierno nacional permginente ha de ser 
desempeñado por un solo ciudadano con la denomina- 
ción de Exmo. señor Presidente de la República del Pa- 
raguay. 

29 Ninguno podrá ser electo Presidente de la Repúbli- 
ca que no sea ciudadano del fuero común natural de la 
República del Paraguay, y que además tenga cuarenta y 
cinco año3 de edad, capacidad, honradez y patriotismo 
conocidos; buena conducta moral y un capital propio de 
ocho mil pesos. 

39 Para entrar al ejercicio de presidente hará en pre-» 
sencia del congreso nacional: el Juramento siguiente: 
"Yo, fulano de tal, solemnemente juro por Dios nuestro 



DE^i PARAGUAY 40 1 

Señor y estos santos evangelios, que ejerceré fielmente el 
cargo de presidente de la República: que protegeré la reli- 
gión católica» apostóliea, romana, única de estado: que 
conservaré y defeiKleré la integridad é independencia de la 
nación, y cuanto mejor pueda propender á la felicidad de 
la República. 

49 El presidente de la República durará en el cargo de 
la presidencia nacional por el tiempo de diez años desde 
el dia de su elección. ^ " 

59 En caso de enfermedad, ausencia del presidente, ó 
mientras* se procede á nueva elección por su muerte, 
renuncia 6 por otra causa, el juez superior de apelaciones 
entrará á ocupar con calidad de vice-presidente de la Re- 
pública, prestando el juramento de ley, ó en manos ^el 
mismo presidente déla República, ó por falta de éste en 
manos del prelado diocesano, con asistencia de todas las 
corporaciones civiles, militares y eclesiásticas de la' capi- 
tal, sin cuyo requisito no tomará el mando de la República. 
Para este acto se constituirán las autoridades en el pala- 
cio de gobierno. 

69 El presidente de la República recibirá por sus servi- 
cios la dotación qiie la ley establezca por separado, y en 
ella también se acordará la dotación que deba recibir el 
vice-presidente en los casos que espresa et art. 5 de este 
título. 

79 El juez superior de apelaciones encargado de la pre- 
sidencia interina nombrará un ciudadano capazy de cono- 
cida probidad que le sustituya entretanto el encargo del 
Tribunal superior, recibiéndoles • el juramento de ley, y 
percibiré por su servicio el mismo sueldo del áüstitu- 
yente. 

89 En los casos de enfermedad ó ausencia del presidente 
propietario, éste nombrará el secretario que haya de 
actuar con el vice-presidente interino. 

99 Por fallecimiento del presidente de la República, el 
vice-presidente interino convocará inmediatamente el con- 

27 



402 GOBERNANTES 

greso nacional para la elección de presidente propie- 
tario. 

TITULO V. 

DE LA ELECCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Art. 19 El presidente de la República del Paraguay será 
elegido en sesión permanente por el congreso nacional 
por votación nominal dada in voce porcada diputado á 
pluralidad de sufragios formándose á continuación el acta 
conveniente. 

29 El acto de las firmas del acta no embarazará la re- 
cepción del presidente legalmente electo, ni la toma de po- 
sesión del mando. 

39 Cuatro votos sobre la mitad harán la mayoria. 

49 En el caso de ser empatada la elección del presiden- 
te se repetirá por segunda vez, *y si en ésta ninguno obtu- 
viese la mayoria, los ciudadanos entre quienes estén divi- 
didos los votos, seránsorteadosá presencia del congreso 
nacional, insaculando sus nombres en dos cédulas, y será 
presidente el que decida la suerte. 

59 Luego de efectuada la elección el presidente será 
proclamado en alta voz por el secretario del congreso. 

TITTULO VI. 

DISTINTIVOS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Art. 19 El presidente de la República usará uniforme 
decapitan general, y de una banda tricolor debajo del 
uniforme, de derecha á izquierda, y en aquella traerá pen- 
diente al pecho un signo nacional ó presea de honor, am- 
bas costeadas por él tesoro de la República. 

29 La presea de honor será una estrella de oro orlada 
de brillantes, en cuyo centro se lea por un lado: "Poder 
Ejecutivo," y del otro *" República del Paraguay.'' 

39 El presidente de la República tendrá las atribuciones 



! 



DEL PARAGUAY 403 

y prerogativas de capitán general y podrá formarse una 
escolta de honor para custodia de su persona. La escolta 
no "escederá de setenta y cinco plazas. 

49 Tendrá además dos ó tres edecanes de órdenes en 
el palacio que alternen en el servicioi Un conserge y los 
sirvientes interiores que precisare con sueldos abonables 
del tesoro nacional. 

TITULO VIL 

DE LAS ATRIBUCIONES DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

19 La autoridad del presidente de la República es estraor- 
dinaria en los casos de invasión, de conmoción interior 
y cuantas veces fuere precisa para conservar el orden y 
la tranquilidad pública déla República. 

29E1 presidente de la nación es el gefe de la adminis- 
tración de la República. 

39 Publica y hace ejecutar las leyes y decretos del con- 
greso, reglando su ejecución por reglamentos espe- 
ciales. 

49 Convoca al congreso nacional á la época fijada por 
esta ley, ó estraordinariamente cuando las circunstancias 
lo demanden. 

5? Hace la apertura del congreso, y pasará informes 
por parte oficial del estado político de la República, y de 
las mejoras y reformas que considere dignas de su aten- 
ción; finalmente cierra sus sesiones. 

69 .Espide las órdenes convenientes, y en tiempo opor- 
tuno para la elección de diputados. 

79 Es el gefe supremo de las fuerzas navales y de 
tierra, esclusivamente encargado de su dirección en paz 
y en guerra: puede mandar en persona el ejército ó en su 
lugar nombrar un gefe general que lo mande. 

89 Provee á la seguridad interior y esterior de la Re- 
pública. 

99 Publica la guerra y la paz y toma por sí mismo 



404 GOBERNANTES 

cuantas medidas puedan contribuir á prepararlas. 

10. Hace los tratados de paz j alianza con concepto á 
JO que ordena el artículo 20 de la ley del soberano con- 
greso estraordinario de 26 de noviembre de 1842. 

11. Fíjala fuqfzadelíneay las milicias en todos sus ra- 
mos. 

12. Manda construir vasos de guerra, equiparlos y fijar 
su número. 

13. Nombra y destituye á los empleados civiles, milita- 
res y políticos. 

14. Igualmente nómbralos enviados, agentes denegó 
cios, y demás enviados diplomáticos. 

15. Puede recibir, según las fórmulas de etiqueta, los 
ministros y agentes de las naciones estrangeras, oyendo 
sus propuestas sin estipular cosa alguna en oposición á lo 
dispuesto en el precitado artículo vigésimo de la ley in- 
dicada. 

Iff. Ejerce el patronato general respecto de las iglesias, 
beneficios y personas eclesiásticas con arreglo alas le- 
yes: nombra los obispos y los miembros del senado ecle- 
siástico. 

17. Puede celebrar concordatos con la santa sede apos- 
tólica; conceder ó negar su beneplácito á los decretos de 
los concilios y cualesquiera otras constituciones eclesiás- 
ticas; dar ó negar el exequátur á las bulas y breves ponti- 
ficios, sin cuyo requisito nadie los pondrá en cumpli- 
miento. 

18. Es el juez privativo de las causas reservadas en el 
estatuto de la administración de justicia. 

19. Promueve y fomenta los establecimientos de la edu- 
cación primaria y los de ciencias mayores. 

20. Puede indultar ó conmutar la pena capital en con- 
formidad de lo dispuesto en el artículo quincuagésimo 
octavo del estatuto de justicia. 

21. Puede aumentar ó disminuir los sueldos de los em- 
pleados públicos. 



í 



DEL PARAGUAY 405 

22. Aplica esclusivamente los ramos del diezmo en be- 
neficio de las iglesias, dé los ministros del culto, y demás 
de este ramo en conformidad de la ley especial que se ha 
dado á este respecto. 

23. Puede conceder retiros y jubilaciones, premios re- 
muneratorios, ó cualesquiera , otra gracia á los que hicie- 
sen distinguidos servicios á la República. 

24. Puede visitar personalmente en todo 6 en parte el 
territorio de la República una ó mas veces durante el pe- 
ríodo de la presidencia. 

25. Puede dispensar de todo impedimento, y habilitar 
á los hijos de la República para obtener donaciones, lega- 
dos ó herencias, quedando revocadas todas las leyes en 
contrario. 

26. Abrir puertos de comercio y elevar las poblaciones 
al rango de villas y ciudades, dando cuenta oportunamen- 
te al congreso nacional. 

27. Formar planes generales ó particulares de educa- 
ción pública, sometiéndolos después á la aprobación de la 
representación nacional. 

28. Acordar, á los autores ó inventores de estableci- 
mientos útiles, privilegios por tiempo determinado, dando 
cuenta al congreso nacional. 

29. Puedexonceder amnistías dando cuenta al congre- 
so nacional. 

30. Todos los ramos de obras públicas, caminos, pos- 
tas, correos, establecimientos de educación primaria y 
científicos, costeados por los fondos déla nación, todos 
los objeto^ y ramos de hacienda y policía, son de la su- 
prema inspección y resorte del presidente de la Re- 
pública. 

TITULO VIII. 

DE LOS MINISTROS SECRETARIOS 

Art. 19 Cuando el presidente de la República lo creye- 



406 GOBERNANTES 

re conveniente podrá nombrar uno 6 mas ministros secre- 
tarios de estado, ó reunir accidentalmente en un solo mi- 
nisterio los departamentos de gobierno y de relaciones 
estertores . 

29 El ministro secretario será removido de su empleo 
ala voluntad del presidente de la República. 

39 El ministro 6 ministres de estado no tendrán otro 
tratamiento que el de usted, y no podrán dar orden alguna 
sin acuerdo y aprobación del presidente de la Repú- 
.blica. 

49 Gozarán de una compensación que les asigne el pre- 
sidente de la República. 

TITULO IX. 

DEL CONSEJO DE ESTADO 

I 

Art. 19 El consejo de estado en la República del Para- 
guay se compondrá eventual ó temporalmente del prela- 
do diocesano, de dos jueces de la magistratura elegidos 
por el poder ejecutivo, y de tres ciudadanos de capacidad 
también nombrados por el supremo gobierno de la Repú- 
blica. 

29 El consejo de estado nombrará un presidente interi- 
no de su seno, y un secretario que podrá ser de afuera del 
consejo teniendo la suficiencia necesaria para tal cargo. 

39 El presidente de la República destinará el local don- 
de ha de reunirse el consejo de estado. 

49 El consejo de estado será oido y convocado por el 
superior gobierno en los negocios graves y medidas ge- 
nerales de pública administración, principalmente cuando 
ocurra una guerra esterior ó tratados con envia'dos de los 
estados vecinos ó potencias estrangeras; cuando fuere 
necesario conceder amnistía, poner, veto á las leyes y de- 
cretos del congreso nacional, y convocar es traordi nana- 
mente al congreso. 



DEL PARAGUAY 407 

59 El consejo de estado dará sus dictámenes por escrito 
y firmados. 

6? Es obligado á guardar reserva en los asuntos que el 
supremo gobierno le sometiese con esta calidad. 

79 El consejo de estado prestará el juramento de ley en 
manos del presidente de la República para poder entrar en 
sus funciones. 

t 89 A invitación del presidente de la República se reunirá 
el consejo de estado. 

99 Las vacantes de los miembros del consejo serán 
reemplazadas con los nombramientos que hiciese el pre- 
sidente déla República. 

10. El presidente de la nación después de impuesto de 
los dictámenes del consejo de estado, puede separarse de 
ellos, no hallándolos convenientes y adoptar las resolucio- 
nes que tuviese á bien. 

11. Los presidentes de la República á la conclusión de 
sumando son miembros natos del consejo de estado y 
deben concurrir áél además de Ips asignados en el art. 19. 

12. El consejo de estado no tendrá mas tratamiento qne 
el de señores de consejo. 

TITULO X. 

ORDENANZAS GENERALES 

Art. 19 Los ciudadanos de la República prestarán su 
reconociipiento y obediencia al presidente nacional luego 
de estar en posesión del mando, yon la forma que lo de- 
termine el presidente de la República. 

2S Los hombres son de tal manera iguales ante la ley, 
que ésta, bien sea penal, preceptiva ó tuitiva, debe ser una 
misma paVa todos y favorecer igualmente al poderoso que 
al miserable. 

39 Todos los habitantes déla República tienen derecho 
á ser oídos de sus quejas por el supremo gobierno de la 
nación. 



408 GOBERNANTES 

49 Se permite libremente la salida del territorio de la 
República llevando en frutos el valor ó precio de sus pro- 
piedades adquiridas, observando además las leyes policia- 
les y salvo perjuicio de tercero. 

59 Para entrar en el territorio de la República se obser- 
varán las órdenes anteriormente establecidas, quedando al 
arbitrio del supremo gobierno ampliarlas ó restringirlas 
según lo exigiesen las circunstancias. • 

69 Todos los empleos militares dados hasta aquí, y que 
en adelante se dieren, son empleos de pura comisión. 

79 Los establecimientos particulares de educación pri- 
maria, y los de otras ciencias que en adelante se establezcan 
en la República, sacarán primero licencia del supremo go- 
bierno, siendo .obligados los preceptores ó maestros á pre- 
sentar el plan de enseñanza, y las materias que tratan de 
enseñar, los autores que se propongan seguir, sujetándose 
en todo á los reglamentos que les diere el supremo gobierno 
nacional. 

89 Para establecer imprenta 3e particulares en la Re- 
pública se tomará primeramente el permiso del supremo 
gobierno, dando el dueño ó el administrador una fianza 
de dos mil pesos bajo la cual se comprometa cumplir con 
los reglamentos que les diere el gobierno de la República. 

99 Los babitantes de la República, sea cual fuese su 
oriundez, no reconocerán otros tribunales para todo géne- 
ro de causas que los establecidos por nuestras leyes 
patrias; de consiguiente, queda prohibido el estableci- 
miento de tribunales estrangeros bajo de cualquiera 
forma. 

10. Queda prohibido el tráfico de esclavos ó de negros 
aún con el título ó pretesto de colonos. 

11. Se ratifican las leyes y decretos sancionados por el 
soberano congreso de 25 de noviembre de 1842. 

12. La presente ley puede ser reformada ó adicionada 
según lo exigiese la esperiencia, y para esto se necesita:'' 



DEL PARAGUAY 409 

19 El consentimiento y aprobación de la mayor parte del 
congreso nacional. 

29 Qye los artículos dignos de reforma estén plena- 
mente demostrados en la necesidad de ser reformados. 

39 Que el poder ejecutivo esponga además su opinión 
fundada para resolverse sobre la conveniencia y necesi- 
dad delareformaó de alguna adición sustancial. 
• 49 Sancionada la necesidad de la reforma se convocará 
un congreso general con poderes especiales para verifi- 
car la reforma con las formalidades debidas. 

59 Verificada la reforma pasará al poder ejecutivo para 
su publicación, ópara que esponga los reparos que encon- 
trare. En caso de devolverla con reparos, la votación de 
la mayor parte del congreso hará su última sanción. 

13. Todo el que atentare ó prestare medios de atentar 
contra la indepedencia de la República ó contraía presen- 
te ley fundamental será castigado hasta con la pena de 
muerte, según la gravedad de su atentado. 

Dada en la sala de sesiones del congreso nacional de la 
República del Paraguay á 13 de marzo de 1844. 
E^tá conforme. 

Firmado — Juan Manuel Alvarez^ vice-presidente 
del congreso nacional — Fernando Patino^ secretario 
del congreso nacional. 

Asunción, marzo 16 de 1844. 
Publíquese en la forma de estilo. 

López. 
Benito Martínez Várela. 

Secretario interino del gobierno 

La precedente constitución no es otra cosa que la dic- 
tadura del doctor Francia erigida en ley fundamental; 
hace del Paraguay el patrimonio de su gobierno; hace del 
presidente de la República el dictador constitucional: pasa 



410 GOBERNANTES 

en silencio todas las libertades, y solo sirve al poder. 
Prescindimos del estilo y redacción que se recomiendan 
á su simple lectura. 



REFORMAS DE ALGUNOS USOS Y COSTUMBRES DE LOS 

REVERENDOS OBISPOS 

» 

Noviembre 30 de 1845. 

El presidente de la República del Paraguay, conside- 
rando que á la par del celo que tiene acreditado por el 
culto religioso, debe cuidar que ningún empleado de la 
iglesia aparezca en ella ni en las calles, sobreponiéndose 
al supremo gobierno nacional, decreta: 
y. Art. 19 Queda prohibido todo y cualquier repique al en- 
trar el obispo á la iglesia y al salir de ella. 

Art. 29 Asimismo queda prohibido arrodillarse en las 
calles 6 en cualquier otro lugar por donde pasare el 
obispo. 

Art. 39 No usará dosel, ni capa magna en la iglesia, ni 
fuera de ella. 

Art. 49 No se hará novedad en la orden de gobierno que 
permite decir misa desde el último toque de diana. 

Con la trascripción de los precedentes fragmentos, el 
lector podrá formar cabal juicio de la clase de gobierno 
que era el de López. La familia de éste era pobre, cuan- 
do él se posesionó, del poder, empezó su reinado favo- 
reciendo la fortuna de sus hijos de una manera escanda- 
losa. Nombró á su hijo mayor (F. S.) general engefe del 
ejército y ministro de la guerra, y teniendo una gran par- 
te del poder ejecutivo. Su segundo hijo, Venancio, fué 
nombrado coronel y gefe de la guarnición de la Asunción. 
El menor de los tres, Benigno, fué nombrado sargento 
mayor en el ejército, pero no habiendo quedado satisfe- 
cho, se le convirtió en almirante de la escuadra. 

Esta autoridad ilimitada de López, que ejercían también 



DEL PARAGUAY 411 

SUS hijos bajo sns auspicios, hacia á los ciudadanos su- 
mamente cautelosos, para decir ó hacer la mas mínima 
cosa que pudiera desagradarles. Todos ellos se enrique- 
cieron con sorprendente rapidez; y no debia ser de otro 
modo, desde que ofrecían por los ganados un precio iafi- 
lytamente inferior al del mercado, y los vendedores temiau 
rehusarlo. Compraban de este modo para revender en 
seguida al precio que querian, puesto que á nadie le era 
permitido vender ganados en el mercado, mientras hubie- 
ra alguno perteneciente á la familia del presidente. Com- 
praban también propiedades á precios bajos siempre á los 
particulares y al gobierno. Las señoras de la familia es- 
tabFecieron una bolsa en donde se compraba con ocho 
por ciento de descuento el papel moneda inutilizado y 
que.eUas, .por sus relaciones con el gobierno, que como 
se sabe era López, cambiaban en la tesorería por papel que 
representaba su valor íntegro. Prestaban también dinero 
sobre priendas con interés usurario, quedándose con todo 
cuanto querian, sin ningún miramiento. 

Finalmente, diremos en pocas palabras en lo queconsis- 
tia lo que se llamaba gobierno de López, según un distin- 
guido paraguayo (don Luciano Recalde): "ElExmo. con- 
cedia: tener miedo-rdelatar — ser pobre— tener antipatía 
al estrangero: manda, ordena, exige y conviene amar á la 
independencia sobre todas las cosas, porqué ella dá la 
felicidad que se gozaba en el Paraguay. El supremo go- 
bierno á estrangeros y nacionales, prohibe: ir de brazo 
con su propia esposa — traginar sin linterna — reunirse en 
sociedad tres personas — sondar los rios — hacer retratos — 
pasar un día en el campo — casarse con estrangeros — ha- 
cer figuritas de cristal — sacar dientes 6 muelas — aprender 
ó estudiar escepto el latin — estraer yerba, maderas, taba- 
co, dulce etc., etc. — hablar de constitución — navegar los 
rios — saliral estrangero, si no es venciendo mil trabas — 
hacer versos contra el dictador Francia—decir al supremo 
usted— tener amistad con estrangeros— comprar casas 



412 GOBERNANTES 

los estrangeros — á dos sacerdotes estrangeros vivir en una 
nnisma casa." Aunque en menor escala, López continua- 
ba siempre el sistema de espionage establecido por Fran- 
cia, asi como el encarcelar á todo individuo sospechoso. 

No obstante todo el egoísmo de López, su gobiernoera 
comparativamente bueno entonces para el Paraguay. 

Restableció los diezqios que Francia habia suprimido y 
que producían una pingüe renta al Estado. Aprobó todo 
lo obi:ado por los cónsules y ofreció abrir relaciones co- 
merciales con Buenos Aires, dirigiendo al gobernador 
Rosas una nota en este sentido. Sin embargo, éste se 
negó á aceptar esas relaciones, mientras la provincia de 
Corrientes permaneciese en rebelión con la Confedera- 
ción Argentina, mandando, en consecuencia cerrar el Rio 
de la Plata. 

El gobierno consular debia concluir el 13 de marzo de 
1844, y en setiembre del año anterior, López, que quería 
ser presidente de la República, determinó enviar á Buenos 
Aires al mismo Peña, acompañado de su hijo don Fran- 
cisco Solano, y pocos dias antes de embarcarse para esta 
ciudad, le llamó y le dijo: "Este cónsul mi compañero 
(refiriéndose á Alonso) tiene la prevención contra usted de 
ser porteñista, pues asegura que conserva usted amistad 
estrecha con unos porteños Martínez y Villarino; por lo 
que es preciso que se conduzca con cautela. Tal vez á su 
vuelta ya nos veamos libres de esta pesadilla. Acá mu- 
chos piensan nombrar un dictador después de este período 
consular; pers yo no estoy conforme con este título, no 
es de la época, tiene mucho' de odioso y repugnante. El 
que adopto, es el de presidente con el que se han acomo- 
dado las nuevas Repúblicas de América, para lo que 
trabajo una ley orgánica, que servirá de constitución 
provisoria, arreglada á nuestras circunstancias. Esto 
debe reservarse hasta su tiempo; pero usted va encargado 
desde luego, de mandarme trabajar una presea de honor, 
á todo costo, por el modelo que le doy, y una casaca de 



DEL PARAGUAY 413 

capitán general, y un sombrero elástico con plumage á lo 
Napoleón." (1) 

En efecto, esos objetos se trabajaron en Buenos Aires y 
los condujo Peña al Paraguay, donde llegó cuando ya 
era López presidente constitucional. El tercer congreso 
nacional, que se reunió el 13 de marzo de 1844, puso fin al 
duunvirato, sancionando por una constitución la ley fun- 
damental de la República y confiando el P. E. á un pre- 
sidente por diez años, con un sueldo de oi;¡huJ0B0Í,::'fi6&G^ 
fuertes anuales, y con la única obligación de conservar y 
defenderla independencia é integridad del estado. 

En verdad, el alma de la administración del gobierno 
consular, tanto de lo bueno como de lómalo, fué López. 

ACTA DE INDEPENDENCIA DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY 

En esta ciudad de la Asunción, de la República del 
Paraguay, á veinte y cinco de noviembre de mil ochocien- 
tos cuarenta y dos, reunidos en congreso general estraor- 
dinario cuatrocientos diputados por convocatoria especial 
de los señores cónsules, que forman legalmente el su- 
premo gobierno, ciudadanos Carlos Antonio López y 
MarianoRoqueAlonzo, usando de las facultades que nos 
competen, cumpliendo con nuestro deber, y con. los cons- 
tantes y decididos deseos de nuestros conciudadanos, y 
con los que nos animan en éste; considerando que nues- 
■ tra emancipación é independencia es un hecho solemne é 
incontestable en el espacio de mas de treinta años; que 
durante este largo tiempo, y desde que la Repúhlica del 
Paraguay se «segregó con sus esfuerzos do la metrópoli 
española para siempre, también y del mismo modo se 
separó de hecho de todo poder estrangero, que siendo des- 
de entonces con voto uniforme pertenecer á sí misma, y 
formar, como ha formado, una nación libre é indepen- 
diente bajo el sistema republicano, sin que aparezca dato 
alguno que contradiga esta esplícita declaración; que este 

(1) Cartas de Peña, ya citadas. 



r 

1-' 



414 GOBERNANTES 

derecho propio de todo estado libre se ha reconocido á otras 
provincias de Sud América por la República Argentina, y 
no parece justo pensar que aquél se le desconozca á la Re- 
pública del Paraguay; y que además de los justos títulos en 
que lo funda la naturaleza le ha prodigado sus dones para 
quesea una nación fuerte, populosa, fecunda en recursos 
y en todos los ramos de industria y comercio; que tantos 
sufrimientos y privaciones anteriores consagrados con re- 
signación á la independencia de nuestra República por 
salvarnos á la vez del abismo de la guerra civil, son tam- 
bién fuertes comprobantes de la indudable voluntad gene- 
ral de los pueblos de la República por su emancipación é 
independencia de todo dominio y poder estraño; que con- 
' secuente á estos principios y al voto general de la Repú- 
blica, para que nada falte á la base fundamental de nues- 
tra existencia política confiados en la divina Providencia, 
■ declaramos solemnemente: 
(O Primero— La República del Paraguay en el Rio de la 
Plata es para siempre de hecho y de derecho una nación 
hbre é independiente de todo poder estraño. 

Segundo — Nunca jamás será el patrimonio de una per- 
sona ó de una familia. 

Tercero — En lo sucesivo el gobierno que fuese nom- 
brado para presidir los destinos de la nación, será jura- 
mentado en presencia del congreso de defender y conser- 
var la integridad é independencia del territorio de la Re- 
pública, sin cuyo requisito no tomará posesión del mando. 
Esceptúase el actual gobierno por haberio ya prestado en 
la acta misma de su inauguración. 

Cuarto— Los empleados militares, civiles y eclesiásticos 
serán juramentados al tenor de esta acta luego de su 
publicación. 

Quinto— Ningún ciudadano podrá en adelante obtener 
empleo alguno sin prestar primero el juramentó preveni- 
do en el articulo anterior. « 

Sesto— El supremo gobierno comunicará oficialmente 



DEL PARAGUAY 415 

esta solemne declaración álos gobiernos circunvecinos, y 
al de la Confederación Argentina, dando cuenta al sobe- 
rano «congreso de su resultado. 

Sétimo — Comuniqúese al Poder Ejecutivo de la Repú- 
blica, para que la mande publicar en el territorio de la 
nación con la solemnidad posible, y la cumpla y la haga 
cumplir como corresponde. 

Dada en la sala del congreso, firmada de nuestra ma- 
no, sellada con el sello de la República, y refrendada por 
nuestro secretario. • 

(Siguen cuatrocientas firmas y la del presidente.) 

Concuerda con el original de su referencia; en ffe de lo 
cual autorizo y firmo, en la Asunción, capital de la Repú- 
blica del Paraguay, á 27 de noviembre de 1842. 

• 

Carlos Antonio López. 

Presidente del Soberano Congreso general. 

Domingo Francisco Sánchez. 

Secretario del Soberano Congreso general. 

Está conforme: 

Asunción, diciembre 15 de 1844. 

Andrés Gill. 

Secretario de gobierno y encargado provisoriamente 
de Relaciones Esteriorcs. 

Damos á continuación el 

himno nacional paraguayo 

Viva nuestra independencia, 
Nuestra patria gloriosa; 
Siempre sea soberana^ 
Sieinpy^e sea mag estuosa. 

Nuestros brazos, nuestras vidas, 
Ala patria son debidas: 
No serán impunemente. 



416 GOBERNANTES 

Sus derechos ofendidos. 
Viva maestra independencia j 

etc., etc., etc. 
El león del Paraguay, 
* Rugirá fiero y sangriento; 
Contra cualquier enemigo, 
Sea pórfido 6 cruento. 
Viva nuestra independencia, 
etc., etc., etc* 
• A nuestros hijos daremos, 

, Alta patria preciosa. 
Esclavos nunca seremos. 
De prepotencia orgullosa. 
Viva nuestra independencia^ 

etc., etc., etc. 
Primero se ha de acabar,* 
La paraguaya nación: 
Antes que sufi'ir aviltada 
La estrangera opresión. 
Viva nuestra independencia, 
etc., etc., etc. 
Paraguayos valerosos! 
¿Queréis insultos sufrir? 
Perder el nombre y la gloria? 
O antes mil veces morir. 
Viva nuestra independoicia, 
etc., etc., etc. 
Morir, morir, morir! 
Ya retumba grandioso: 
El eco del pueblo fuerte, 
Magnánimo y brioso! 
Viva nuestra independencia, 
etc., etc., etc. 
Los estandartes tremolan 
En los pulsos belicosos: 
Los cañones ya vomitan 



DBL PARAGUAY 417 

# 

Marciales golpes rabiosos. 
Viva nuestra independenciay 
etc., etc., etc. 
Y la patria independencia. 
Ya no es mas contestada; 
La victoria declaróla 
Justa, ovante, respetada. 
Viva nuestra independencia, 
e^Cj eic. , 6vC. 

r 1844-1862— LXV. DON CARLOS ANTONIO LÓPEZ, 
primer presidente de la República, recibido del cargo el 14 
de marzo de 1844. Era á la vez autócrata legislativo, ju- 
dicial y ejecutivo, acumulando en su persona una varie- 
dad de importantes funciones: juez supremo y director de 
finanzas, comandante en gefe del ejército y almirante de 
la armada, presidente del congreso. El vice-presidente 
nombrado por él, sólo servia para convocar, por su orden, 
las juntas tituladas electorales, siendo un mero instru-' 
.mentó que ni siquiera podia ocupar el lugar de presidente 
•de la República, cuando éste se hallara ausente 6 tuviera 
cualquierotro impedimento. 






La prolongada dominación de los jesuítas en una parte 
del Paraguay y la inflexible dictadura de Francia arraiga- 
ron profundamente el principio de autoridad. Así no fué 
difícil á López gobernar á un pueblo dócil y acostumbra- 
do á la-ciega obediencia. 

Por la constitución del 13 de marzo de 1844, correspon- 
de al congreso de conformidad al título I, intepretar y 
aplicar las leyes; al presidente, hacerlas ejecutar; álos 
tribunales, aplicarlas. 

Según los términos del título II, doscientos ciudadanos 
propietarios de las mejores capacidades y patriotismo, for- 
man el congreso 6 la legislatura nacional, que es convoca- 

28 



418 GOBERNANTES 

da de cinco en cinco años, contándose desde el 15 de marzo 
(1844) y que fija ella misma la duración de sus sesiones. 
Según el mismo titulo y el siguiente, el modo de elección 
de los miembros del congreso y sus atribuciones quedan 
determinados por las leyes anteriores. 

El poder ejecutivo permanente reposaba en la persona 
de un presidente, que debia ser (título 49) ciudadano del 
fuero común, natural del pais, de 45 años de edad, de una 
capacidad, probidad y patriotismo reconocidos; buena 
conducta moral y un capital propio de 8000 pesos. 

Et presidente era elegido por diez años, y en su defecto, 
el juez superior de apelaciones le reemplazaba. Era de- 
signado por voto nominal del congreso, á pluralidad de 
votos. Se requería la mitad mas cuatro votos para formar 
mayoría (título 59.) 

El título VI determinaba el uniforme del presidente de 
la República, que era el de capitán general, y los honores 
que le eran debidos; el título VII arreglaba sus atribucio- 
nes, que eran las más estensas que pudieran darse, bajo 
un gobierno constitucional, al gefe del poder ejecutivo, y 
le daba ademas, de pleno derecho, al presidente del Para- 
guay, una autoridad que revindicarian muchos soberanos 
pretendidos absolutos. Dicha atribución espresa lo que 
sigue: 

"La autoridad del presidente de la República es estraor- 
dinaria en loscasosde invasión, de conmoción interior y 
cuantas veces fuere precisa para conservar el orden y la 
tranquilidad pública de la República/' Lo que equivalía 
clara y terminantemente á/i2cw/ía(¿^5 estraordinarias. 

El título VIII trata de los ministros y el IX del consejo 
de estado, etc. 

En fin, en materia de prensa dispone que í<para esta- 
blecer imprenta de particulares en la República, se to- 



j 



DBL PAHAGUAY 419 

mará primeramente el permiso del supremo gobierno, 
dando el dueño 6 el administrador una fianza de 2000 
pesos bajo la cual se comprometa cumplir con los regla- 
mentos que les diere el gobierno de la República." 






Este congreso fué presidido, al principio, por el mismo 
López y después por don Juan Manuel Alvarez, teniendo 
por secretario á don Fernando Patino, y sancionó aque- 
lla dictadura constitucional, á la que solo uno — don Juan 
Bautista Rivarola — le negó con energía su voto, manifes- 
tando no poder aceptar como constitución una ley funda- 
mental que sancionaba eL despotismo. Esta moción de 
Rivarola mereció laespulsion de su autor del seno de aquel 
farsáico congreso. 

Libre así de toda oposición, López inició su gobierno 
nombrando secretario general interino á don Benito Mar- 
tínez Várela y ministro á don Andrés Gilí. 

El reconocimiento déla independencia del Paraguay se 
efectuó, por Bolivia, en virtud de acta del 17 de junio de 
1843; por el Brasil, por declaración del agente imperial, 
doctor José Antonio Pimenta Bueno, hecha en la Asun- 
ción el 14 de setiembre de 1844; por el estado oriental del 
Uruguay, en virtud de una ley del 15 de mayo de 1845. 
También la reconocieron las Repúblicas de Chile y Vene- 
zuela. De los estados europeos, el Austria é Inglaterra 
reconocieron el gobierno de la Asunción, como asi mismo 
la corte de Roma, espidiéndolos breves álos obispos pre- 
sentados por el gobierno nacional. Portugal y Holanda hi- 
cieron igual reconocimiento de la nacionalidad paragua- 
ya, y aún se le confirió al presidente López los títulos de 
socio fundador de la real Sociedad de Anticuarios del 
Norte, de miembro honorario de la Sociedad de Geografía 
de Berlin, y del Instituto Histórico del BrasiL 

Todo esto produjo una violenta reclamación de parte del 
gobierno argentino, protestando contra todos los estados 



420 GOBERNANTES " 

que siguieron la misma línea de conducta, y principal- 
mente contra el Brasil, en cuya corte elevó su protesta el 
general Guido, plenipotenciario argentino en ella, el 21 de 
febrero de 1845. 

A pesar de la disposición constitucional de 1844 que 
fijaba la época de la reunión del congreso de cinco en 
cinco años, éste fué convocado el año siguiente (1845) y 
dio al presidente la suma del poder público, 6 sea las fa- 
cultades estraordinarias, en cuyo ejercicio estaba sin que 
-se las diesen. Redujo los ministros secretarios de estado 
á simples jefes de oficina, y, poco después, espidió un 
¡ edicto (30 de noviembre) colocando á la iglesia completa- 
' mente sujeta al supremo gobierno nacional por cuyo teso- 
^ ro debian costearse la fábrica y los gastos del culto. 
^ Como que la esencia cíe esta nueva constitución era un 
puro despotismo. 

Sin embargo, no deja de ser un paso audaz el que dio 
López en lo que se va á referir. El pueblo paraguayo 
estaba acostumbrado, hacia más de dos siglos y medio, 
no sólo á venerar, sino también á humillarse, hasta la 
estupidez y relación de la dignidad humana, ante cualquier 
individuo que cargase sotana, y si éste era el obispo el 
fanatismo iba hasta el delirio. Todo el mundo, como 
antes en Buenos Aires, se hincaba de rodillas en medio de 
la calle, aunque estuviese llena de barro, y todos corrían 
en tropel á besarle, no ya la mano, sino cualquiera parte 
del vestido, porque todo en el eclesiástico era bendito. 
Después de tanta mortificación, y cuando el obispo consi- 
deraba haber satisfecho yalaaparente beatitud de todo ese 
enjambre de seres humanos, le seguían en procesión 
hasta el último rincón de su palacio ó de la iglesia. 

En este sentido, el presidente López pra'^ticó un acto en 
cierto modo loable, pero elevando su persona. Prohibió, 



DEL PARAGUAY 421 

por el referido edicto, que ningún empleado de la iglesia 
apareciese en ella, ni en las calles sobrepornéndose al su- 
premo gobierno nacional (que era él), y en consecuencia 
cualquier repique (1) al entrar el obispo en la iglesia. 

Prohibió enteramente el iu£ga4«l carnaval-, abolió todos 
los derechos parroquiales en la capital y en la campaña, 
acordando en el ramo de diezmos una asignación anual 
á todos los curas y tenientes curas. Estableció ciento 
cinco cementerios públicos, quedando prohibida en toda 
la República la inhumación de cadáveres en las iglesias. 
Redujo los dias de fiestas eclesiásticas. 






A las naturales dificultades que antes de entrar á ejer- 
cer el poder existían, su agregaba la hostilidad de Rosas 
que, á no hallarse empeñado en la guerra que entonces 
sostenía, habría seguramente invadido el Paraguay. Es- 
te justo temor le puso en la necesidad de crear y mante- 
ner un ejército. Empezó por uno de tres mil soldados, 
enrolados sólo por tres años, y siguió con oti'o de ocho mil 
con una fuerza efectiva de treinta mil milicianos, sin contar 
las levas en masa que se levantaron mas tarde. 

En vista de la obstinada resistencia de Rosas en no 
querer reconocer al Paraguay sino como provincia ar- 
gentina y no como República, cerrándole de hecho toda 
comunicación con el resto del mundo, mientras no se rein- 
corporase á la Confederación, el presidente López, sin- 
tiéndose ofendido, hizo á Rosas (4 de diciembre de 1845) 

(1) En Méjico, desde la época de Juárez, está prohibido todo repique 
de campanas, sin previo permiso de la Municipalidad, y una vez conce- 
dido éste, no puede durar el repique más de cinco minutos, bajo la pena 
de una multa. Las procesiones públicas son igualmente prohibidas por 
las calles . Ni los clérigos, ni el obispo pueden llevar ninguna clase de 
vestido que los distinga de cualquier otro ciudadano al salir de la igle- 
sia. Asi mismo privó arrodillarse en las calles ó cualquier otro lugar por 
donde pasase el obispo. Este no habia de usar dosel,' ni capa magna en 
la iglesia ni fuera de ella. 



423 GOBERNANTES 

una formal declaración de guerra, y aún amenazó con 
invadir, encabezando desde entonces todas sus notas con 
la aspiración de "¡Viva la República del Pay^aguay! ¡In- 
dependencia ó muerte!.'' Sin embargo el resultado de la 
batalla de Vences, en Corrientes (27 de diciembre de 1847), 
hizo comprenderá López la necesidad de fijar su atención 
en el ejército, creando campamentos de instrucción. Para 
el efecto, ordenó á los jueces de paz levantasen un censo 
de todos los varones de 18 á 30 años de edad y remitir al 
cuartel general taníos por distrito ó departamento. 

Asi pudo anunciar al congreso nacional de 1849 la 
creación de un ejército y de una fuerza naval, el estableci- 
miento de guardias y fuertes para la defensa contra los 
indios del Gran Chaco; fundación de un arsenal, de una 
fábrica de armas y de pólvora y de la fundición del Ibicuí 
(definitivamente terminada en 1853); como pudo anunciar 
también la organización del clero; construcción de iglesias; 
cementerios y escuelas de instrucción primaria en todo el 
país; la publicación de un periódico oficial {El Paraguayo 
independiente) la apertura de caminos la construcción de 
muelles y otras obras públicas; y canalización derios; el 
fomento déla agricultura é industria de artículos de espor- 
tacion, especialmente de la yerba y tabaco; en una palabra, 
lagarantía de patentes, la protección, libre admisiony na- 
cionalización de estrangeros. Sin embargo, á éstos les 
era prohibido viajar, gozar de derechos internacionales, 
poseer propiedad raiz en la República, casarse con muger 
paraguaya sin especial permiso; además, ninguna para- 
guaya, ni estrangero naturalizado podia salir de la Repú- 
blica sino conórden espresa, absolutamente igual á la 
época del dictador Francia, cuyo imitador era; por eso 
prohibió se hiciera mención de su odiosa dictadura. 

Con tantas medidas de progreso, como López anuncia- 
ba haber iniciado, ó en via de realización, el congreso no 
tuvo inconveniente en reelegirle formalmente, y él en acep- 
tar, por otros cinco años. 



r 



DEL PARAGUAY 423 

López, mas por imitación de lo que había oido decir se 
practicaba en otras Repúblicas, tenia, en el nombre, sus se- 
cretarios del supremo gobierno^ tales como Benito Martí- 
nez Várela, primero, Andrés Gilí, segundo, José Falcon, 
tercero, etc. 



/^ Con la caída de Roshs, quedó libre la navegación del 
Paraná (febrero de 1852), abiertos los ríos y puertos y re- 
conocida Ja independencia del Paraguí^y por el general 
Urquiza, en su carácter de director provisorio de la Con- 
federación Argentina. Y á fines del mismo año llegó á 
la Asunción el primer enviado británico, Sir Carlos 
Hotham; muy luego, ef representante de la Francia, Mr. de 
Saint-Georges, y en marzo del siguiente año, los pleni- 
potenciarios de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y 
Cerdeña firmaban, en la capital, tratados de amistad, co- 
mercio y navegación, abriendo el rio á las banderas de 
todas las naciones. Formalizáronse, desde esta época, las 
relaciones diplomáticas con las potencias europeas, reco- 
nociéndose ministros y cónsules: y aunque hubo que 
vencer dificultades, más ó menos graves, que posterior- 
mente surgieron, todas quedaron aparentemente allana- 
das, en cuanto era posible, con un gobierno como el de 
López. 






El congreso de 1854 reeligió a éste nuevamente por el 
términode diez años, que el nombrado, á imitación de 
Rosas, se negó á aceptar, alegando que su salué harto 
quebrantada^ no le permitía seguir prestando servicio al 
país, sino por tres años apesar de haberse elevado su 
sueldo á doce mil pesos anuales, ^ov moción espontánea 
deldiputado don Manuel P. de Peña. Sin embargo, como 



\ 



• 
t 



• 



I 



224 GOBERNANTES 

todo no pasaba de ser farsa, al espirar su período, en 
1857, López manifestó su consentimiento á terminarlo. 

* 

La ley sancionada por el congreso de 1848, fué amol- 
dada, en 1854 para don Francisco Solano López, que solo 
tenia 16 años de edad, siempre por moción espontánea de 
Peña, consultando las circunstancias de su edad v fuero 
y dejándole heredero del gobierno por testamento, ape- 
sar del acta de la independencia nacional que consignaba 
esta cláusula: "Que nunca jamás seria la República el 
patrimonio de una persona ó familia." Así juegan los 
tiranos con la suerte de los pueblos, una vez que se enca- 
raman en el poder, haciendo farsas de congresos, leyes y 
todo un ejército de altos dignatarios, que solo son unos 
muñecos que, aunque se mueven automáiicameute, no hay 
más que una voluntad en acción, y esa es la del tirano, 
llámese Francia 6 llámese López. 






Son tan cínicos los tiranos que, persiguiendo la emisión 
del pensamiento por la prensa 6 epistolarmente, creen ó 
pretenden creer que sus bárbaros actos serán ignorados 
por el resto del mundo. Son como el ladrón ó el asesino 
que roba 6 mata en la persuasión que nadie los ve y que 
pueden perpetrar sus crímenes con impunidad, sin com- 
prender que, si no son tomados infragrantij cuando me- 
nos piensan caen en manos de la justicia. Los tiranos 
hacen farsas de elecciones que les favorecen, congresos 
que dictan leyes, pour jeter de la pondré aux yeux del 
estrangero que las cree de buena fé y contribuye á pro- 
longal- su existencia en el poder encomiando su gobierno 
hasta que se aperciben del engaño, ó llega un dia en que el 
déspota, cansado de llevar su careta, la arroja y se pre- 
senta al pueblo con toda desfachatez, ostantando sin em- 



/'^-"; 



/ 



r/^ 



DEL PARAGUAY 435 

bozo su marcha tiránica, y entónces,*como el ladrón y 
asesino de todo un pueblo, recibe su condigno castigo. 
Es raro el tirano que haya quedado impune, pues tarde ó v 
temprano paga sus demasías. • ' 

El presidente López, imitando al doctor Francia, con- 
tinuó la formación de fuertes con tropas en varios puntos 
del Chaco y mandó al mismo tiempo la de establecimientos 
frurales y obrages de materiales. Uno de éstos se formó 
rente á la Asunción y llegó á tener una numerosa pobla- 
ción é iglesia bajo la advocación de San Venancio, en 
honor de su hijo, '^ //<-^V 

f^ En 1854, estableció la colonia "Nueva Burdeos", después 
Villa Occidental, en el gran potrero del Chaco, sobre la 
derecha del rio Paraguay, á seis leguas arriba de lacápi" 
tal, cuya iglesia se erigió bajo la advocación de San Fran- 
cisco Solano, en honor de su otro hijo, último tirano del 
Paraguay. La primera población de esta colonia se com- 
ponía de franceses, y abandonada por éstos continuó con 
pobladores hijos del país. Después fué ocupada por los ar- 
gentinos hasta 1879 que la volvieron á poseer los para- 
guayos, en virtud del fallo del presidente Hayes, de los 
Estados Unidos. 

El pensamiento secreto de López siempre fué que , ape- 
sar de los tratados firmados por forma con los estados 
vecinos, era necesario quedar señor absoluto de su país 
y también dueño de la navegación del Paraguay, del Ber- 
mejo y del Pilcomayo, Para ese efecto, decidióla cons- 
rucciou de dos fuertes: al norte, el de Olimpia, al sur, el 
dp Humaitá. Era una guerra de anexión lo que meditaba 
debiendo ser su presa, de un lado la provincia brasilera 
de Mato Grosso, y del otro las Misiones de Corrientes. En 
elsur, era necesario establecer, cerca de la embocadura 
del Rio Paraguay una especie de cuadrilátero para impo- 



J^. f 



v 



426 GOBERNANTES 

ner á los gobiernos de Europa y de América, con los que 
el dictador habia firmado tratados de comercio y de nave- 
gación. Por este medio, esperaba poder introducir en su 
país sólo lo que conviniera á sus intereses como gobernan- 
te y como negociante. En cuanto á la elección del lugar, 
era eminentemente propicio como punto de defensa, del 
lado de tierra y del rio. En este parage, el Rio Paraguay 
forma un codo, y así todo buque que sigue el canal está 
espuesto á los fuegos de sumersión y de conversión de las 
baterías de tierra. Las márgenes del rio, hasta varias le- 
guas en el interior no son mas que una estension no inter- 
rumpida de pantanos. Si se consiguiera establecer 
un fuerte en este parage se hallaría defendilo de tal modo 
por la naturaleza que seria hasta cierto punto inespugnable. 
La dificultad era preparar un asiento atrincherado y cons- 
trucciones. En medio de esos pantanos, la vida de los 
hombres quedarla muy espuesta. Esto era lo que impor- 
taba menos para López. Fueron mandados pues, varios 
batallones de soldados para dar principio á los trabajos; 
los hombres morían á centenares. Un médico recibió orden 
de trasladarse á éste parage y consignó en un informe que 
las verdaderas causas de esa mortalidad eran las exhala- 
ciones pestilenciales de los pantanos y el alimento malsano 
que se distribuia á las tropas. No faltaba masque eso. 
El médico, demasiado sincero, fué preso apenas llegado á 
la Asunción y se le mete en la cárcel, permaneciendo en 
ella hasta el diade su retractación y obligándosele á firmar 
una declaración en la que reconocía que se habia grosera- 
mente equivocado en sus observaciones. Así, antes de ha- 
berse levantado los muros de este lugar habia sido ya la 
tumba demuchos miles de paraguayos. Como estas tumbas 
no tienen nada de común con las pirámides, se debe su- 
poner que es por cualquier otro motivo que López diera á 
este lugar el nombre de Humaitá, en guaraní, montón de 
piedras. Los trabajos emprendidos se llevaron con vigor 
y á fines del primer año (1856), el lugar quedó suficiente- 






DEL PARAGUAY 427 

mente higienizado para que la mortalidad disminuyese de 
un modo sensible. 

Por el lado esterior de tierra, el recinto esterior abraza- 
ba primitivamente quince kilómetros, pero los trabajos 
ejecutados bajo López, hijo, las baterías y fuertes destaca- 
dos, desde Cur^paití hasta el norte de Humaitá, formaban 
una línea de veinte y siete kilómetros y ocupaban los ter- 
renos antes higienizados. 

Los vapores navegaban de la Asunción á los puertos 
de la Gran Bretaña prestando servicios gratuitos á la casa 
López y C^ Los cargamentos de retorno comprendían 
principalmente cañones, fusiles, toda especie de municio- 
nes y máquinas de guerra. 

Antes determinar el gobierno de López, padre, la canti- 
dad de armas importada & Humaitá y á la Asunción era 
tan considerable, que fué necesario construir varios in- 
mensos almacenes para servir de depósito. ^ 

* * 

P Cuando el generalLopez estaba en Europa (1854-1855), 
mandó éste á su padre 120 familias francesas para formar 
una colonia agrícola en el Paraguay, bajo un contrato 
solemne. López la estableció, no como lo creianlos 
colonos, en el mismo Paraguay, sino en el interior del 
Chaco, es decir, en un territorio en litigio entre Bolivia y el 
Paraguay, ocupado por los indios. Los tratamientos que 
López hiciera esperi mentar á los franceses fueron tales 
que' antes determinar un año muchos de ellos aWndonar 
ron la colonia por la fuga quedando éáta disuelta. Valia 
mas para ellos esponer su vida en medio de los indios sal- 
vages y de las bestias feroces que esperimentar el régi- 
men opresivo de López. 






^ ' 



Queriendo éste recompensará su hijo Francisco Solano 



428 GOBERNANTES 

los servicios que decia haber prestado ai pais en su mi- 
sión diplomática á Europa, gracias á su mentor el doctor 
Juan Andrés Gelly, un dia, en conversación con el ciu- 
dadano Peña, le dijo á éste: «El finado dictador Francia 
debia tener el despacho de Brigadier; pero yo no lo en- 
cuentro entre sus papeles, y quisiera tenerle para darle ese 
grado áPancho, que le merece''. — Peña le contestó: "Exmo 
señor, el gobernador Velazco fué también Brigadier^ y 
he visto sus papeles en un baúl en la tesorería general: 
si V. E. me permite, iré á buscar el despacho.*' En efecto, 
encontrado el referido despacho, al dia siguiente fué Ló- 
pez, hijo, condecorado con el grado de Brigadier genera^ 
de los ejércitos delaBepüblica, de los que ya era gene- 
ral en gefe. Los frutos de la misión de éste en Europa 
no han sido otros que darse una vida regalada, pasando 
por príncipe paraguayo, como hijo ¿el gefe de un estado 
soberano é independiente, conquistando toda clase de con- 
sideraciones en todas las clases de la sociedad que fre- 
cuentaba y dando á su pais una prole anglo-para- 
guaya. 

Dos años antes de la terminación del gobierno y de '3. 
vida de don Carlos Antonio, entabló éste negociaciones 
con la santa sede para la provisión episcopal del Parguay, 
dando por resultado la elección del anciano monseñor J. 
Urbieta, obispo de Corycium inpartibus. 

López, como Francia y como todos los déspotas, abri- 
gaba la idea de que la nación le pertenecía, al estremo de 
creerse con derecho de disponer de ella, hasta después 
de su muerte. Así, sintiéndose gravemente enfermo, juz- 
gó conveniente proponer un sucesor de sú perfecta elección, 
en la seguridad de que no dejaría de ser aceptado por el 
pueblo soberano, acostumbrado como ya estaba á la vo- 
luntad de sus mandones. 



DEL PARAGUAY 429 

Los emigrados políticos del Paraguay, residentes en 
Buenos Aires, con su prédica revolucionaria incomoda- 
ban mucho á los López, porque hacian público todo lo que 
á éstos convenia se ignorase. El único medio de obtener 
su silencio era ó tenerlos encerrados en los calabozos del 
Paraguay óhacíerlos desaparecer del mundo. El briga- 
dier López, obrando en el sentido de favorecer á la familia 
y principalmente en interés propio, puesto que era el que 
habia de suceder en el gobierno á su padre, se entendió con 
un individuo para la realización de su diabólico cuanto cri- 
minal proyecto. Dicho individuo, francés de nación y de 
nombre Antonio Pyat, llegó del Paraguay á Buenos Aires 
el 8 de diciembre (1860) con la misión de capturar y llevar 
á la Asunción ó asesinar en esta capital á los ciudadanos 
paraguayos Manuel P. de 'Peña, Serapio Machain y Fer- 
nando Iturburu, en primera línea y Luciano Recalde, Car- 
los Loyzaga, Segundo Máchain y Gregorio Machain, en 
segunda categoría, cuya nómina traia en una lista. Fe- 
lizmente, el francés fué descubierto, preso y puesto (22 de 
febrero de 1861) en la cárcel, donde le visitó Peña, á quien 
refirió todo lo convenido en la Asunción con López y el 
gefe de policía Hilario Marcó, habiéndosele entregado mil 
patacones á cuenta. El hecho es que, el 13 de julio del 
mismo año, se enfermó Pyat súbitamente y de la cárcel 
fué llevado al hospital donde falleció á los dos dias, cuya 
muerte hizo sospechar hubiese sido envenenado. Otro 
individuo español, Pablo Vinales, espia y delator, tuvo un 
fin poco masó menos igual al de Pyat. Solólos tira- 
nos suelen practicar actos semejantes á los que se acaban 
de referir, cuando no pueden tener las víctimas á las ma- 
nos, con absoluto desprecio de todas las conveniencias in- 
ternacionales. 

Vamos á referir este hecho con todos sus detalles: 



430 GOBERNANTES 

Hacia días que don Manuel P. de Peña habia notado 
que cierto sugeto atisbaba su habitación cada noche de 
las diez alas once. Entró en cuidado, dando también en 
observarle y manifestar á algunos amigos la alarma en 
que se veía. Al fin llegó á averiguar que el 8 de diciem- 
bre de 1860 habia llegado del Paraguay un francés, que 
andaba curioso de saber su domicilio. 

Luego después supo que este mismo individuo trataba 
de relacionarse con don Carlos Loyzaga, don Fernando 
Iturburu y don Luciano Recalde, habiéndoles hecho cier- 
tas invitaciones engañosas y al mismo tiempo sospecho- 
sas, tendentes á obrar contra el gobierno de López. 

Sabedor de todo esto. Peña inmediatamente puso el caso 
en conocimiento del juez del crimen doctor Sisto Villegas, 
el 21 de febrero de 1861. Este al instante formó un auto 
cabeza de proceso, y llamó á declaraciones á Loyzaga y 
á Iturburu. Aldia siguiente, en mérito de estas deposi- 
ciones, se apersonó temprano con su actuario, un comisa- 
rio de policia y dos vigilantes á casa del francés Anto- 
nio Pyat. 

Aún se hallaba este en cama, allí fué aprendido y condu- 
cido ala cárcel. Se apoderó el juez de todos sus papeles 
y comunicaciones que se glosaron al pi'oceso, entre ellos 
se encontró una lista que contenia los nombres de Manuel 
P. de Peña, SerapioMachain, Fernando Iturburu, Lucia- 
no Recalde, Carlos Loyzaga, Segundo Machain y Gregorio 
Machain. 

La lista estaba escrita de letra redonda y clara de uso 
general en las oficinas de la Asunción, y en papel bue- 
no catalán, del que se destina para el sellado: tenia en el 
margen de la misma letra una nota que decía: Los tres 
primeros son los mas interesantes. 

En uno y otro margen de la lista se leia el domicilio 
de cada uno de los nombrados mas arriba. 

Por este cuerpo del delito se vino á saber que este reo 



DEL PARAGUAY 431 

venia del Paraguay enviado por López, para capturarlos 
y llevarlos allí, 6 asesinarlos en Buenos Aires. 

Se siguieron en el juzgado las averiguaciones del conato, 
sin poder traslucirse nada mas. Entonces se resolvió 
Peña verse con el mismo Pyat. Se acercó á él, é infun- 
diéndole confianza, eíitróen materia. 

Refirió que desde el año 1856 se halló en el Paraguay: 
que á fines de octubre y principios [de noviembre de 1860 
trataba á López con frecuencia: que de repente un dia le 
preguntó éste, si se hallaba dispuesto á venir á Buenos 
Aires á capturarlos por medios artificiales y engañosos 
ó de lo contrario asesinarlos. Que él le contestó á López 
afirmativamente, y que ambos quedaron en convenir 
después mejor sobre la empresa. Que como pasaban dias 
sin volverse ¿tratar del asunto, pretestó ir ala policía á 
pedir su pasaporte, el cual no se le daria, sin que prime- 
ro se diese parte á López, á su hijo Francisco Solano, 
como en efecto sucediera. Entonces el gefe de policía, 
Hilario Marcóle recibió con mucha afectuosidad, le dio un 
encaja-manos, le hizo sentaren la misma sala de la poli- 
cía; y entrando en conversación, le habló de la empresa 
proyectada. 

Que Pyat le contestó que estaba decididamente deter- 
minado á ha'íer efectivo el plan propuesto, y que podia 
asegurarle que no desistia del empeño. Que el gefe de 
policia le aseguró que estaba admitido el convenio, que el 
proyecto se debia poner cuanto antes en ejecución, que se 
labraría su fortuna, siendo cumplida su obra, que para 
mayor seguridad podia verse condón Benigno, hermano 
de López, que lo ratificarla, porque el asunto era favora- 
ble á toda la fanailia del presidente. Que de propósito 
buscó á don Benigno, le habló sobre el particular, y que- 
daron conformes, apoyando lo convenido. 

Que volviendo á hablar con el gefe de policia, ledijo 
éste que tuviese cuidado de avisarle en el momento opor- 
tuno, para facitarle los medios precisos; ya sea buque en 



432 GOBERNANTES 

Buenos Aires, ya sea en el Paraguay, que todo se le pro- 
porcionaría para el efecto. 

Que Pyat le contestó que • estaba conforme, y que el di- 
nero que precisaba, era como cuatro cientos pesos plata. 
Que Marcó no le aprobó, diciéndole que aquella cantidad 
era poca, y abriendo un baúl, sacó y contó mil patacones, 
que en una^talega se los remitió á su casa con un sirviente 
y un policiano vestido de particular, exigiéndole un recibo 
en que se decia que aquel dinero se le entregaba para her- 
ramientas y para gastos personales. 

Que seguidamente á la entrega del dinero, le presentó 
y entregó la lista, previniéndole encarecidamente, que si 
no podia atrapar á todos lo hiciera empeñosamante con 
los tres primeros, es decir: Peña, Serapio Machain y 
Fernando Iturburu: que precisamente los asesinase, sino 
podia capturarlos. 

Que sin pérdida de tiempo se embarcó en el vapor Mar- 
qués de Olinda, y llegó á Buenos Aires el 8 de diciembre 
de 1860: luego se dirigió á la casa de don Félix Eguzqui- 
za, alh encontró al catalán espia de López, Pablo Vinales, 
á quien habló y preguntó por las proyectadas víctimas, 
y quien se dio por entendido que estaba al cabo de todo; 
que tomó la lista, fué adentro, y volvió con laanotaMon 
hecha de los domicilios de cada uno de ellos. 

Que el catalán le hizo ver lo difícil de la empresa; pero 
que no obstante le aconsejó que no perdiera tiempo, ni es- 
cusara paso alguno para lograrlo. 

Que á poco andar tropezó con grandes dificultades, y 
en estas andanzas vino á ser descubierto. Pyat se enfer- 
mó gravemente en la cárcel, fué llevado al hospital general 
de hombres el 13 de julio de 1861, muriendo á los dos dias. 
Se susurró entonces que se le habia hecho envenenar, para 
que se concluyera la causa con la muerte del reo, y se 
encarpertarael proceso. 

El mismo Pablo Vinales tuvo un fin trájico. 



DEL PARAGUAY 433 

Hallándose gravemente enfermo y próximo su fin, Ló- 
pez determinó (15 de agosto de 1862) hacer su testamento, 
designando en él, para reemplazarle en el P. E. de la Re- 
pública, á su hijo Benigno, general en gefe del ejército ásu 
otro hijo Francisco Solano, gefe de la escolta al coronel 
Felipe Toledo, escribano de gobierno etcásu favorito Sil- 
vestre Aveiro, hasta concluir el período por el que sehabia 
él hecho nombrar; y terminado éste se procediese al nom- 
bramiento de un nuevo presidente en un señor Lascano, 
sujeto de su predilección y digno bajo todos respectos para 
ocupar tan elevado puesto. 

Cuando don Francisco Solano tuvc) conocimiento del 
contenido de aquel testamento se puso furioso haciendo 
pedazos aquel documento y mandando decir al moribun- 
do que lo rehiciera, siqueria que su última voluntad fuese 
respetada. En tales circunstancias, don Carlos Antonio 
dejó de existir (10 de setiembre) y por obra y gracia del 
vice-presidente Sánchez, in pariíbus^ en unión con él 
mismo Solano López, apareció éste nombrado en pliego 
de reserva. Hé ahí como los vivos y los moribundos 
disponian de los destinos del país como de cosa propia. 

Queda, pues, diseñada á grandes rasgos la vida pú- 
blica del primer presidente y segundo supreyno del Pa- 
raguay, que durante diez y siete años dispusiera á su 
antojo de aquel bello cuanto desgraciado país. 






. Apenas exhalara López el último suspiro, empezaron 
las demostraciones de fino amor y respeto por el emi- 
nenie ciudadano^ cuya pérdida, manifestaba el pueblo no 
poder sufrir sin dolor y cuyos funerales eran mandados 
celebrar por los militares de cada departamento. Todo 
el pueblo asistía á ellos para demostrar su sentimiento. 
Hacíase en el Paraguay absolutamente lo mismo que lo 
que en Buenos Aires se practicaba en la época de la 

29 



434 GOBEBNANTES 

dictadura, por aquello de que lodos los tiranos tienen 

niucha analogía entre sí. El claro que en la perpetra - 

, cion de iniquidades que uno dejaba, las llenaba el otro 

.hasta con usura. Es indudable que de los tres titanos del 

Paraguay, el primero y último se llevan la palma en 

materia de inhumanidades. 

Al año de haber bajado al sepulcro don Carlos Anto- 
nio, se inició, lo que equivalía á ordenarse, una suscri- 
cion popular, so pena de ser considerado traidor á la 
patria, de ciii.co pesns fuertes por persona, nacional ó 
estrangero, con el objeto de erigir una estatua ecuestre 
en honor y recueiMo de los relevantes méritos del primer 
pre^^idente, muerto en el poder. Para el efecto, se nombró 
I en el aniversario de su fallecimiento (10 de setiembre de 
" 1863) una comisión compuesta de veinte y cinco ciudada- 
nos distinguí los y ])i'esidída por don Nicolás Vázquez. 

La relación funeraria de don ('arlos Antonio López, pu- 
blicada por el entonces redactor de ^? 56'//ia/zar¿o, Ilde- 
fonso A. Bermejo, en el número 43i^, correspondiente al 
13 de setiembre (18(32), es como sigue: 

"En la iglesia de la Santísima Trinicrad yace un tronco 
yesto y deshojado, á la sombra de cuyas ramas se cobi- 
jó un día el pueblo paraguayo. Se consumió la lozanía 
de aquel árbol, pero quedó su fruto en el sentimiento y 
en el alma de los que le vieron florecer. No creemos que 
las aguas del olvido puedan enturbiarla corriente diáfana 
y trasparente que de su nombre lleva la memoria por el 
florido campcj de la inmortalidad. 

"López creció como la noble palma, y elevada, se espu- 
so al huracán de las pasiones, fué ansioso del combatey 
desdeñó la tranquilidad á lo cual le pravocaban sus ému- 
los y antagonistas: buscólas emociones. Todo lo probó 
en la azarosa existencia que soportó durante su adminis- 
tración; probó la miel y la hirviente ponzoña que destila- 
ron el jugo de su esencia sobre aquel corazón noble^ gene-- 



DEL PABAGÜAY 435 

roso y ardiente que pocos supieron comprender y muchos 
calumniar. 

"Vanamente se esforzó en vestir ante el mundo su altiva 
frente con la fingida independencia. La lucha existia en 
su alma y jamás pudo dar la victoria al egoísmo. 

"Jamás cayó en el cieno; nunca llegó al torpe vicio. 

"Llevó silencioso y con amor su ofrenda á los altares; 
consoló al desgraciado en sus últimos dolores, y siempre 
que tomaba la pluma para dictaminar se esforzaba en 
ayudar al desvalido en sus contiendas. 

"El celo fervoroso de su amistad fué lo mismo durante 
el dolor, que durante la alegría; alguna vez fué enemigo, 
\oi\ieleal\ generoso, pues jamás pudo concebir su espí- 
ritu la ^ípocr^^ía. Cuando su semblante, ora audaz, ora 
desdeñoso hacia ostentación ya de desprecio, ya de ironia, 
era suficiente una mirada cariñosa^ una dulce palabra pa- 
ra destruir aquella mala impresión, y para confundir su se- ' 
vera mirada con la del incauto y candoroso. 

"Tal fué el preclaro magistrado á quien la. envidia ha 
retratado en ocasiones con los coloy^es mas sombrios\ tal 
fué el hombre á quien algunos insensatos han querido com- 
parar con el doctor Francia. 

"Pero jamás conseguirá el impuro aliento del odio sb- 
ca.^ \a. savia generosa que vemos impregnada en todos 
los actos de su vida publica y privada. Jamás borrarán 
las páginas brillantes que le reserva la historia america- 
na. Tampoco el frió aliento del desden entibiará el 
fecundo calor que vigorizó su pensamiento, rayos de luz, 
emanación del sol, que enciende el Altísimo; rayos de 
luz que deslumhran al mismo que procura ofenderla." 

1862-1870— LXVI. DON FRANCISCO SOLANO LÓ- 
PEZ, BRIGADIER GENERAL, DESPUÉS MARISCAL 
vice-presidenteen ejercicio del P. E. de la República, des- 



436 GOBERNANTES 

de el 10 de setiembre de 1862, el mismo dia del fallecimien- 
to de su padre. 

Inmediatamente después de este acontecimiento, López 
tomó las precauciones que consideró necesarias, empe- 
zando por apoderarse de todos los papeles del finado. Re- 
dobló las guardias; llenó de patrullas las calles, y en se- 
guida convocó al ministerio ó consejo de estado, á quien 
leyó el testamento en que se le nombraba vice-presiden- 
te y por consiguiente en ejercicio del P. E. ordenando al 
mismo tiempo la convocación de un titulado congreso na- 
cional y electoral, y espidiendo el siguiente 

BANDO 

¡Viva la República del Paraguay! 
El vice-presidente de la República. 
Habiendo fallecido en la mañana, de este dia el Exmo. 
señor don Carlos Antonio López, presidente de la Repú- 
pública, y resultando nombrado vice — presidente de ella 
en el pliego de reserva, firmado por el finado Exmo. se- 
ñor, cuyo tenor es como sigue: — **Nos, Carlos Antonio 
López, Presidente de la República del Paraguay — Usan- 
do déla jurisdicción suprema que el Hon. Congreso Na- 
cional me ha conferido en el artículo b^ de la Lev de 3 
de noviembre de 1856, para los casos prevenidos en el 
artículo 5"* del título IV de la ley de 13 de marzo de 1844, 
nombramos para vice presidente de la República al briga- 
dier general ciudadano Francisco Solano López, general 
en gefe del ejército nacional, ministro de guerra y mari- 
na, con el tratamiento de — Exmo. señor Vice-Presidente 
de la República; y mandamos,!? que los ministros de 
gobierno y de relaciones esteriores ciudadano Francisco 
Sánchez, y de hacienda ciudadano Mariano González, 
de la Administración cesante, continúen en la del Vice- 
presidente de la República. 

29 Que el presente decreto se conserve en el despacho 
del ministro de gobierno, con el título de — "Pliego de 
Reserva de nombramiento de Vice-presidente de la Repú- 



DEL PÁBAGUAT 437 

blicaporel Exmo. señor Presidente de la República ciu- 
dadano Carlos Antonio López, para el caso prvenido en 
el articulo 5? del título IV de la ley orgánica de la Repú- 
blica" firmado y sellado como corresponde; — y que para 
llevarse á efecto el presente nombramiento de vice-presi- 
dentedela República, el ministro secretario de gobierno, 
convoque á los ministros de hacienda, de guerra y mari- 
na y á las corporaciones civiles, militares y eclesiásticas, 
y estando presentes en la sala de gobierno abra el plie- 
go que contiene este decreto, lo publique, y el reverendo 
obispo diocesano tome el juramento nacional al nombra- 
do vice-presidente, y le ponga en posesión del gobierno 
provisorio, con la solemnidad y formalidades que orde- 
na el artículo 5? del citado título IV de la ley orgánica del 
pais, 

39 Que el mismo dia se publique en la capital, por ban- 
do, el presente decreto con la acta ordenada •en el an- 
terior artículo 2?, se circule en todas las villas, departa- 
memtos y partidos de la República. 



49 Que el vice-presidente de la República, con el mi- 
nistro secretario de gobierno, convoque inmediatamente 
el congreso nacional, para la elección de presidente pro- 
pietario, conforme está mandado en el artículo 99 del refe- 
rido título IV de administración política de la República. 

59 Que reunido el congreso nacional en su sala de se- 
siones, se presente el vice-presidente de la República á 
hacer la apertura del congreso, en la forma que ordena 
la ley nacional, y le dé cuenta por un mensage del perío- 
do de su administración. 

69 Que si por cualquier causa legítima, el nombrado 
vice-presidente de la República no pudiese aceptar el 
cargo, los dichos ministros de gobierno y de relaciones 
esteriores, y de hacienda, con el teniente coronel coman- 
dante de la escolta de gobierno, ciudadano Felipe Toledo 
entren en la administración provisoria del gobierno de 



438 GOBERNANTES 

la República con el título de Exrao. gobierno provisorio 
y con calidadde que lo presidirá el ministro de gobierno. 

Dado en la Asunción, capital de la República, á los 
quince dias del mes de agosto de mil ocho cientos sesen 
ta y dos, el cuadragésimo nono de la Independencia na- 
cional. 

(L*. S.) Carlos Antonio López 

Francisco Sánchez. 

Y estando llenadas todas las formalidades arriba preve- 
nidas, y las que se requiere por la ley: publíquese — Asun- 
ción, setiembre 10 de 1862. 

"Francisco Solano López. 
"" Francisco Sánchez'' 

A las nueve de la mañana del 16 de octubre se reunió 
el congreso» nacional y electoral, y dada lectura del men- 
sage de orden, el general López declaró haber llegado el 
momento en que el cuerpo colegislador procediese á dar 
cumplimiento al objeto parael cual habia sido convocado, 
esto e^s, para dar un presidente á la República. 






López habia tomado sus medidas tan bien que no habia 
peligro de que otro fuese el nombrado. Pero era necesa- 
rio un poco de comedia, y la hubo. 

Antes de dar principio al acto de la elección y saberse 
sobre quien habia de recaer la presidencia, el diputado 
Várela manifestó ciertos escrúpulos de conciencia respec- 
to de la elección de presidente de la República y agregó 
ser el primero en reconocer las grandes cualidades que 
revestia el general López para- presidente de la República 
y hasta dijo que no encontraba otro en la nación que pu- 
diera ser elevado al poder; pero que el acta de la inde- 
pendencia nacional declaraba en su segundo artículo que 
\a República det Paraguay minea ja7nás será elpatrimo- 



DEL PARAGUAY 439 

niode una persona ó de una familia^ y que habiendo él 
jurado esta ley estaba impedido de dar su voto para 
presidente de la República al general López, por ser hijo 
del presidente anterior, y pedia á la representación na - 
cioubX ({MQ interpretar a esta ley \iB.vQ. su aclaración. El 
mismo hermano del general López, don Benigno, cuando 
vio que el Paraguay se despedazaba é iba desapareciendo 
ora por la guerra, ora por las bárbaras ejecuciones orde- 
nadas por aquél, dijo al dictador "que no encontraba pru- 
dente llevar adelante una guerra nacida de su propia vo- 
luntad y no de la voluntad del pueblo, aconsejándole di- 
mitir el mando, y observándole que las repúblicas no ey^an 
muebles que se trasmitia7i de padre á hijo por vi a de he- 
redad/' Esta franqueza costó- cara á don Benigno. 

Con las declaraciones dadas por vnrios diputados que- 
daron oompletamente desvanecidos los escrúpulos de 
Várela dando en consecuencia su voto por López, quien 
fué electo presidente, por unanimidad, por el término de 
diez años, y recibido el mismo dia (16). Al siguiente dia 
volvió á reunirse para la lectura del mensage de !a corta 
administración del general López, y resolvió (21) aprobar 
todos los actos administrativos del finado presidente; te- 
nerse por documento auténtico el cuaderno de trabajos 
preparatorios que el finado habia dispuesto para su men- 
sage; aprobar la mediación de la República del Paraguay 
en la disidencia armada de la Confederación Argentina y 
la provincia de Buenos Aires en el año de 1859; aprobar 
los tratados celebrados con los Estados Unidos y con el 
rey de Prusia, el 4 de febrero de 1859 y 10 de agosto de 
1860 respectivamente y la conducta del vice-presidente de 
la República, López, durante los treinta y seis dias que 
ejerció el P. E. déla nación. 

El general López cumplió la última voluntad de su pa- 
dre respecto desús ministros Sánchez y González, inte- 
grando el gabinete (29 de octubre) con don José Berges, 
para relaciones esteriores y su hermano don Venancio, 



k 



440 GOBERNANTES 

• 

para guerra y marina; pero también se vengó del pobre 
Lascano, que no había tenido arte ni parte en la última dis- 
posición de don Garios Antonio, haciéndole pagar con 
crueldad el recuerdo que hiciera de su buen nombre. 
Mandóle poner preso, con una barra de grillos, sin per- 
mitirle recibir auxilio alguno de su familia, ni comunicar- 
se con su virtuosa esposa doña Isabel Guanes, — descen- 
diente de una de las víctimas del tirano Francia — ni con 
sus hijos, haciéndole morir en aquella prisión, espresa- 
mente inventada par^ ese infeliz. 



* 



Créese con bastante generalidad que la señora Elisa 
Lynch, en unión con el entonces deán de la catedral y des- 
pués obispo don Manuel Antonio Palacios y el coronel 
Wisner de Morgenstern, emigrado húngaro, persuadiese 
al presidente López haciéndole creer que nada le seria 
mas fácil que constituirse en emperador del Rio de la Pla- 
ta. Aún antes, en 1854, hubo un diputado obsequioso 
que hiciera en el congreso una moción para crear empe- 
rador á López padre, habiéndolo sido de hecho y heredi- 
taria la corona en su familia. 

Es indupable que el hijo la codició, no perdiendo la es- 
peranza de que fuera una realidad, lo que hasta entonces 
sólo era un sueño. Durante su permanencia en Paris, 
por inspiración de la referida señora concibió la idea que 
realizó mas tarde mandando hacer un modelo de corona, 
semejante á la de Napoleón I, la cual fué embargada por 
el gobierno argentino juntamente con los ricos muebles 
destinados para adornar el salón imperial. El mismo Ló- 
pez confesó al ministro Washburn que el Brasil le habia 
animado á declararse emperador del Paraguay, que era 
cosa facilísima, como en efecto lo era, si se hubiera con- 
tentado con serlo sólo del Paraguay; pero su estúpida 
ambición iba mas lejos; pretendía ser emperador del Rio 



DEL PARAGUAY 441 

déla Plata, y allí fracasó su insensato plan. Solo le falta- 
ba el titulo, pues es sabido que el gobierno del Paraguay, 
desde 1811 hasta López, fué mas absoluto y mas despó- 
tico que cualquier rey ó emperador. 






López llevó su ¡dea adelante, siempre abrigando la espe- 
ranza de ver realizado su encumbraílo proyecto: instituyó 
una orden del mérito, Á semejanza de Isl legión de honor ^ 
cuyo alto grado sólo habia de ser conferido al presidente 
de la República y al mariscal de sus ejércitos, que era él 
mismo, y al gefe de la iglesia en el Paraguay y á losgefes 
vitalicios de estados soberanos, en el estrangero. 



* 



A este respecto dice Mr. Washburn lo que sigue: 

"Al comenzar la guerra, López pretendia proclamarse 
emperador del Paraguay, si ella resultaba favorable 
á sus planes y si conseguia incorporar á su país bastan- 
te territorio para dar á aquel dimensiones respetables. 
Una vez López le dijo que el Brasil le habia animado á 
declararse emperador del Paraguay, y aseguróle que le 
era cosa facilísima. 

"Llegó hasta instituir una orden deíl mérito, á guisa 
de LEGIÓN DE HONOR, cuvo alto grado solo serla conferido 
á las testas coronadas ó á príncipes hereditarios de las co- 
ronas. 

"Además de eso, se sabe que "el modelo de una corona 
imperial fué últimamente hallada entre algunos objetos 
de real magnificencia que López recomendó á Paris, y 
que naturalmente eran destinados para su uso durante y 
después de la coronación." 

"Como S. M. don Pedro lo trató una vez de grande y 
buen amigo y hermano, nutria la esperanza de que el em- 
perador podría venir á ser su suegro, dándole en matri- 



442 GOBERNANTES 

monio, para repartirse su trono, á su hija mas joven. Ló- 
pez hizo proposiciones en este sentido, y cuando sus es- 
peranzas estaban mas exaltadas, premeditaba hacer guer- 
ra de conquista á la Confederación Argentina y aumentar 
sus dominios á costa de este país. Pero el emperador, 
ya bien enterado de sus instintos feroces, pretirió confiar 
su hija á algún yacaré del rio antes de eatregarla á las 
tiernas caricias de López. Fué, pues, grande su marti- 
rio y sorpresa cuando, en el verano de 1864, le constó 
por los diarios que las hijas del emperador iban á casar- 
se con los nietos de Luis Felipe. Desde entonces mada- 
ma Lynch comenzó á kistarle para poner en ejecución sus 
designios imperiales." 

^ Así, desde que López subió al poder amamantó el pen- 
samiento de llevar á cabo aquella idea, ó por lo menos do- 
minar las regiones del Plata. Pero, como el hombre pro- 
pone y Dios dispone, le sucedió á López lo que al perro 
con su sombra, que se quedó sin el bocado que poseia 
y sin el otro á que aspiraba. Preparóse, pues, á la guer- 
ra, y para justificar su pretensión, buscó un pretesto 
cualquiera, que no le fué difícil encontrar en la cuestión 
oriental, completamente agena á los intereses paragua- 
yos. Llevó su audacia hasta declarar la guerra á tres 
naciones, lanzándose á ella sóbrela marcha sin dar tiem- 
po á preparación alguna por parte de sus contrarios, 
con bastante arrojo, en la ofensiva, y quedando después 
absolutamente reducido ala defensiva, aunque ^hacia 
creer lo contrario. 

Para despertar entusiasmo en el pueblo y hacer sim- 
pática la gigantesca guerra en que hacia lanzar á los ilu- 
sos aunque valientes paraguayos, recurrió á lo que se 
practicaba en Buenos Aires en la éj>oca de Rosas. A su 
imitación, aparecian, casi diariamente, manifestaciones de 
fino amor y respeto hacia el mariscal y de frenético en- 
tusiasmo por la guerra, hechas por el clero primero y 
en seguida por todos los empleados civiles y militares. 






DEL PARAGUAY 343 

No faltó padre que maldijera á su hijo, esposa que se 
declarara viuda viviendo el marido, hermana que se con- 
siderara sin hermanos, teniéndolos, etc.; de igual modo 
que en Buenos Aires dos hijas renegaban públicamente 
de la paternidad del que les dio el ser, declarándose 
huérfanos y sin mas padre que Rosas. 

Desde la época del primer López existia la costumbre, 
para hacer olvidar al pueblo su esclavitud y degradación de 
fomentar en él el gusto por las diversiones públicas. Du- 
rante el reinado deFran 'ia, estaban prohibidas las reunio- 
nes populares de toda clase, y cuando su sucesor hizo de- 
saparecer esta restricción, el pueblo se consideraba muy 
feliz que se le permitiera reunirse, aún bajóla mas estre- 
cha vigilancia de la policia, para bailar, correr carreras^ 
juego de la sortija, festejos públicos y las corridas de to- 
ros. Todos los años, pues, se daban varios bailes por 
orden del gobierno, á los cuales era invitada la mejor cla- 
se se la sociedad. * Se daban otros de carácter mas demo- 
crático al aire libre, del que todos podian participar. Es- 
to sucedia generalmente en los aniversarios del cumple- 
años del presidente, el diadel patronode la capital, Asun- 
ción, de la independencia del estado, y de algún otro acon- 
tecimiento importaute de la historia nacional. 

La clase de las mu2:eros llamadas peinetas de oro^ á 
causa de las muchas alhajas que llevaban puestas, daban 
tertulias con frec.uencia, en sus casas; pero en los festejos 
nacionales, tenian lugar al aire libre. En la época de Ló- 
pez los bailes para todas las clases se daban frecuente- 
mente en la plaza frente á la (tasa de gobierno. En estas 
ocasiones se preparaban tres distintos salones como otras 
tantas categorías de pueblo. En el primero, bien alfom- 
brado, se colocaban asientos todo al rededor. A este 
asistian el vice-presidente, los ministros de estado, el ma- 
yor de plaza y el gefe de policía, y, por supuesto, la clase 
mas distinguida de ciudadanos con sus esposas é hijas. 
Además de éstos se hallaban las queridas de López y sus 



4i4 

^^ GOBEfiNANTES 



^}!^Tl' •^!'"*° * este salón había otro igual, pero sin 

sZ. V ^ ' 'r"" '''^P"'°" -^^ ««^'«í^dos rasos, arte- 

V m?. J f "°f ^"^° ^^ ^^ ^'*«« <^« peones- Hombres 
ymugeres ,ban descalzos. La última división era para 

peones vT.^ '"' T'^'^'P^ndo del baile los soldados, 
todas In 1 °'- ^^' *'*"' categorías empero bailaban 

las mvitaciones, las cuales equivalían á una orden Tanto el 
coíeal'' n" 'f""' ^^' ''' en Corrientes, el. cual se d"o ser 
triuí? P^'" '^"'"■'•°' ^' ^"^' «"t'-e ™»«hos otros, asis- 

fran oos¿«V°'"^'"' f '°' ''^"'^'«^ "^«í ejercito y armada, 
D^nonoH 'P"" "' ^°^^''"°- Como el supremo Lol 
peznopodiaas,st.r á todos los grandes bailes, se coloca- 

*/ QUe deb?« . '"'^ f '^^ *''°"°' hechoespresamente,al 

/ m^smo^n"""' "' P'-opio homenage, cual si fuera él 
1; mismo en persona. 

soñr/r i""'''" 'osP^¡""eros pasos hacia el imf,erio en que 
sonaba López, sugerido por su hábil dama. 

• .n^^r" ^'"''' ^f ^ *^' -'""^ <1«^*)' di« «le Sa» Francis- 
co Solano, cumple-años del presidente, en el que se iba á 

naugurar.el nuevo trono, fué anunciado como dado por ' 
los ciudadanos de la Asunción. Se dijo que' iba á ser lo 
mas grandioso como que era una cosa nunca vista antes 
en el Paraguay; pero dio fiasco el plan del supremo Ló- 
pez, poniéndose furioso al verse sentado en el trono de 
gran etiqueta y notar á todo el cuerpo diplomático vestido 
en trage de soirée. 

En el aniversario de su cumple-años que siguió á su 
elevación al poder, los bailes, corridas de toros y carre- 
ras duraron un mes entero. 

^ Igual cosa se repitió en todos los pueblos de la campa- 
na en celebración del nriismo hecho. Lo del retrato y 
las demostraciones de alegria era exactamente análogo 



DEL PARAGUAY 445 

á lo que se. practicaba en Buenos Aires en tiempo de Ro- 
sas. 

López habia protestado (30 de agosto de 1864) contra 
la invasión de la República Oriental del Uruguay por el 
ejército brasilero, considerándola un casus helli^ y en esa 
virtud precipita los sucesos sin arte ni cordura. 

Esta misma protesta tiene su significado político en la 
via de su ridicula pretensión de hacerse coronar empe- 
rador del Rio de la Plata. 

Para eso queria llamar la atención del mundo figuran- 
do como un gran diplomático y guerrero. Y haciendo 
hincapié en tan ridicula creencia, se dejó arrastar, de 
error en error, hasta su final trágica caida. 



* 



El Paraguay empezó á prepararse activamente para la 
guerra á principios de 1864, y en marzo del mismo año 
López estableció en Cerro León un campamento militar, 
en que adiestraba para la guerra un ejército de treinta mil 
hombres, de diez y seis á cincuenta años de edad. 

En la Encarnación se disciplinaban diez y siete mil 
reclutas, diez mil en Humaitá, cuatro mil en la Asunción 
y tres mil en la Concepción. El total de hombres que se 
disciplinaron en los seis meses que trascurrieron de mar- ^ 

zo á agosto de 1864, se eleva á sesenta y cuatro mil, 
sin contar unos diez mil que murieron en este período. 

Con motivo de la protesta contra ISi invasión brasilera en 
el Estado Oriental, hubo en el Paraguay grandes demos- 
traciones (por orden del gobierno) " en favor de ella. 
Todo el mundo, sin escepcion alguna, hasta señoras 
y niños, so pena de pasar por traidores á la patria, tu. 
vieron que firmar, á lo federal de Rosas, manifiestos 
ofreciendo al gobierno, que no era otro que López, 



446 QOBEBNANTES 

SUS vidas y sus bienes para defender su causa. Igual 
cosa sucedió en todos los pueblos y aldeas del Para- 
guay. 

La declaración' de guerra por López se inició por el 
apresamiento del vapor "Marqués de Olinda" (4 de di- 
ciembre) con sus pasageros y tripulación, los que fueron 
desembarcados y encerrados en un galpón como prisio- 
neros de guerra, incomunicados y muy mal tratados. A 
algunos seles concedió mas tarde permiso para bajar á 
Buenos Aires, el resto de los prisioneros fué interna- 
do, sufriendo horribles privaciones y muriendo de ham- 
bre la mayor parte. "El Marqués de Olinda" armado en 
guerra, entró luego á formar parte en la escuadra para- 
guaya. 

A este acto inicuo siguió la espedicion á Matto Grosso, 
la toma de Coimbra, la destrucción de ciento cincuenta 
hombres entre muertos, heridos, enfermos, etc., fusila- 
dos, lanceados, muertos de hambre, de cansancio en sus 
largas jornadas por los cerros á pié. Todo su plan dis- 
paratado de campaña, si así puede llamarse el mandar 
un pequeño número de hombres bisónos que fueran á es- 
trellarse contra otro mucho mayor; prometiendo á sus 
gefes superiores el envió de los elementos necesarios é 
indispensables, no solo para triunfar, ni aun. para la de- 
fensa, y dejándolos colgados, y encontrando en conse- 
cuencia una muerte segura. Todo esto, mientras él ha- 
cia una vida de rey, comiendo, bebiendo buenos vinos, 
fumando ricos cigarros, jugando con sus hijos, etc. y 
todo por una ambición desmedida y un egoismo sin una 
pizca de patriotismo. ¡Dios le perdone los numerosos 
males que ocasionó á su patria, digna de mejor suerte! 

No deja de ser curioso que del seno del Paraguay, y 
en la época de López, saliera una protesta sobre lo que 

E asaba fuera de su territorio, justo ó injusto, y que no hu- 
iese una sola voz dentro del mismo territorio que se atre- 
viera á protestar contra lo que allí pasaba. El Paraguay ha 



DEL PARAGUAY 447 

estado preparado ' para la guerra desde mucho antes que 
la política brasilera hubiera dado pretesto para que López 
formulase su decantada protesta en favor del equilibrio 
del Rio de la Plata. ¿Por qué no habia protestado antes 
sobre el equilibrio de los poderes públicos y de los de- 
rechos de los ciudadanos del Paraguay , su propio pais? 
Cuando hubiera realizado esto, como sucede en todo pais 
verdaderamente libre, entonces habría sido la oportunidad 
de pretender el equilibrio de los poderes vecinos. 

Es muy probable que la manifiesta filantropía de López 
deque más adelante diera tan sangrienta prueba, le ha- 
bría llevado fatalmente hasta buscar el equilibrio de los 
estados del Pacífico, terminando por el de las primeras 

potencias de Europa. 
Su generosa mediación, en 1859, en el Rio de la Plata, 

si bien naciera del servicio prestado por el general Urqui- 
za en el conflicto del Paraguay con los Estados Unidos, 
su principal tendencia parecia ostentar su grande inte- 
rés por la paz y armonia de sus vecinos; pero con la espe- 
ranza de que la oportunidad se le presentase para formu- 
lar su protesta, por fas 6 por nefas, á fin de realizar la 
declaración de guerra que tanto anhelaba para sus fines 

personales, y de nitigun modo patriótico, como el lector 
tendrá ocasión de conocer mas adelante. 

Acto continuo, Lo[)ez se apoderó (13 de abril, jueves 
santo de 1865) de dos buques de guerra argentinos, de- 
sarmados, en el puerto de Corrientes, y ocupó el dia si- 
guiente (viernes santo) la ciudad por sorpresa, después 
de haber dado seguridades al gobernador Lagraña de lo 
contrario, según nos lo ha referido él mismo, pocos dias 
antes déla invasión paraguaya á aquella ciudad. In- 
vade con un cuerpo de ejército la provincia de Rio Gran- 
de (mayo), el cual se ve obligado á rendirse (18 de se- 
tiembre) en laUruguyana. 

Pretende igualmente sorprender con su escuadra á la 



448 GOBERNANTES 

brasilera y es completamente derrotada (lí de junio) en 
el Riachuelo, en Corrientes. Con este natural contraste 
y el de la Uruguayana, el ejército de ocupación evacúa 
la provincia invadida. Los aliados al fin (Tuzan el Para- 
ná y tienen lugar las batallas del Estero Bellaco (2 de 
mayo de 1866) y la de Tuyutí (24 de mayo). Al ataque 
deCuruzú(3 de setiembre) sigue la conferencia de Ya- 
taití-Corá, en la que habiendo podido López terminarla 
cuestión con honor para el Paraguay, su fatuidad le ce- 
gó, y viéndose humillado, prefirió llevar la guerra ade- 
lante. 

El carácter doble del mariscal López puede pintarse por 
el rasgo siguiente: 

Mr. Gould, secretario de la legación británica en el 
Rio de la Plata, deseoso de hacer cesar una guerra tan 
desastrosa, redacta unas proposiciones de paz que fue- 
ron formalmente aceptadas por López, las cítales han sido 
favorablemente recibidas por los aliados. El art. 89 decia: 
"S. E. el mariscal presidente, apenas concluido el tra- 
tado de paz ó sus preliminares, se retirará á Europa, 
dejando el gobierno en manos de S. E. el vice-presidente, 
quien, según las prescripciones Je la. constitución de la 
República, queda con el mando en casos análogos." Mr. 
Gould, cuya conducta era digna de los mayores elogios 
por el arreglo de aquellas condiciones de paz tan alta- 
mente favorables al Paraguay, y que. habian sido acep- 
tadas por ambas partes, recibió una nota del ministro 
don Luis Caminos que se publicó en todos los diarios de 
Buenos Aires, desmintiendo el asentimiento de López á 
aquel articulo y declarando no ser él sino los aliados los 
que hubiesen hecho esas proposiciones, y agrega que "él 
habia previ ame7ite declarado que el art. 89 no podía ser 
ni discutido por él; y siendo este párrafo dictado por el 
mismo López. 

"Por lo demás, puedo asegurar á usted que la Repúbli- 
ca del Paraguay nunca manchará su honor y su gloria 



DEL PARAGUAY 449 

consintiendo que su presidente y defensor que le ha da- 
do tanta gloria militar, peleando por su existencia, baje 
de su puesto, y menos aun que sea espatriado del teatro 
de su heroismo y sacrificios, porque estas son las mejo- 
res garantías para mi patria, de que el mariscal López 
correrá la suerte que Dios tiene reservada á la nación 
paraguaya." 

Podrá juzgarse de la veracidad de López por la carta 
de Mr. Gould dirigida al ministro de relaciones esteriores 
del Brasil, en consecuencia de las esplicaciones pedidas 
por este miembro del gabinete de Rio Janeiro. 

Es como sigue: 

Buenos Aires, 6 de octubre de 1867. 
Señor ministro — 

En respuesta á una carta que me entregara el señor 
Malhews, y en la que vd. llama su atención sobre una 
nota del señor Caminos, secretario del presidente López, 
tengo el honor de declarar á vd. que la aserción hecha 
por este señor, con el evidente objeto de echar sobre las 
potencias aliadas' la iniciativa de las proposiciones de que, 
con el asentimiento del presidente López, he sido yo el 
intermediario oficioso, es enteramente falsa. 

Coma vd. lo sabe, señor ministro, no ha tenido lugar 
ninguna inteligencia anterior entre nosotros, ni entre mí 
y alguno de los generales aliados en cuanto á un asunto 
completamente ageno á mi misión oficial. En las dife- 
rentes entrevistas que he tenido con el presidente López 
y el señor Caminos, me he limitado simplemente á emi- 
tir la opinión, bien fundada, de que, contal que S. E. se 
retirase del Paraguay, las potencias aliadas se mostra- 
rían todas dispuestas á hacer á su país las concesiones 
mas generosas. 

Aprovecho esta ocasión para espresar á vd., señor mi- 
nistro, la seguridad de mi consideración muy distisguida, 

• 

G. F. Gould. 

30 



450 GOBERNAKTES 

• 

Antes que. fuese conocida esta respuesta de Mr. Gould, 
el StandT^rdde Buenos Aires, decia: "López, cuyo va- 
lor indómito se elogia, no ha sabido sacrificar su indivi- 
dualidad en bien de su país. No conoce ninguno de los 
sentimientos que inspiran el sacrificio personal á las al- 
mas nobles y elevadas. Los pigmeos serán siempre 
pigmeos, aún colocados en la cima de los Alpes. El ge- . 
fe paraguayo puede ser gran general y supremo todavía 
mas grande; como patriota no es nada. Se bate, Vio por 
su país sino por su persona, y en adelante no se lepue-» 
de defender ante un público que sabe hacerse respetar.'' 

El 22 de setiembre de 1866 tiene lugar el ataque de Cu- 
rupaití, en el que los aliados son rechazados con mucha 
pérdida, principalmente del ejército argentino, pero re- 
tirándose en orden, sin salir el ejército del déspota de sus 
atrincheramientos. La escuadra brasilera fuerza (15 de 
agosto de 1867) el paso de las baterías de Curupaití. 

Con m otivo de la muerte del vice-presidente de la Re- 
pública Argentina, doctor Marcos Paz, retírase el general 
Mitre del teatro de la guerra (enero de 18'68), sucedién- 
dole en el mando en gefe del ejército aliado el mariscal 
Caxías. La escuadra brasilera fuerza (18 de febrero) e] 
paso de las baterías de Tttumaitá y los acorazados son, 
de orden estúpida de López, atacados por^ canoas para- 
guayas, dando por resultado el que debia esperarse. 

Frustrado López en la ridicula pretensión de que las 

canoas se apoderasen de un acorazado por lo menos, 

emprende la retirada de Paso-Pucú á Timbó y de allí á 

la línea del Rio Tebicuarí. Un movimiento general de 

los aliados (21 de marzo) colocó á los paraguayos en el 

necesario caso de abandonar, como lo efectuaron al dia 
siguiente, las baterías de Currupaity. 

Como los acontecimientos se iban sucediendo con harta 
rapidez de un modo declaradamente adverso para la cau- 
sa de López y del Paraguay, muchos ciudadanos encabe- 
zados por el ministro Berges, que era hombre muy sensato 



DEL PARAGUAY ' 451 

habiéndolo probado cuando tuvo lugar el combate del 25 
de mayo de . 1865 en Corrientes, concibieron el sano y 
patriótico pensamiento de firmar y dirigir al mariscal 
una petición, suplicándole, en la imposibilidad de triunfar 
del ejército aliado, á nombre de la patria y del pueblo 
paraguayo, hiciera el sacrificio de dimitir el mando en 
una persona que, por medio de tratados honrosos, salva- 
se á la nación de su total esterminio. López clasificó esa 
mqjdida de conspiración con intenciones revolucionarias 
(junio) é inmediatamente mandó prender á todos los fir- 
mantes, y remachándoseles hasta tres barras de grillos, 
los declaró traidores á la patria, cuya tumba cavaba; 
confiscó sus intereses, deportó á sus familias al interior 
del país haciéndolas perecer en las torturas ó er> las pri- 
meras filas del ejército, sin salvarse el obispo Palacios que 
tanto habia contribuido á esas enormes demasías. 

Parece indudabléque en el mes de julio de 1868 habia en 
la Asunción un círculo que creia conveniente un cambio del 
personal del gobierno del Paraguay, con el objeto de 
tratar con los aliados. Se creia con generalidad que el 
ministro americano Washburn fuese el centro de ese cír- 
culo, el cual comprendió á muchísimos estrangeros re- 
sidentes. Las ideas de éste círculo fueron comunicadas 
á López que vino á la Asunción á propósito y pareció 
recibirlos después y atenderlos. Esta atención de parte 
de López indujo á varios paraguayos'áentrar en el mis- 
mo modo de pensar. 

Vuelto López al ejército dio órdenes de prender á todos 
los complicados y remitirlos presos al ejército. Casi to- 
dos fueron sacrificados. 

La guarnición de Humaitá, sitiada y bloqueada por to- 
das partes, opera su pasage, (24 de julio) al otro costado 
del rio al Gran Chaco, aunque después (6 de agosto) se 



452 GOBEÉNANTES 

rinde, y á los pocos dias (22) los paraguayos evacúan las 
baterías de Timbó, al norte de Humaitá. A los seis días los 
aliados se enseñorean de la línea del Rio Tebicuarí, y Ló- 
pez se retira á Villeta. En octubre (8) cuatro acorazados 
fuerzan las baterías de Angostura y la vanguardia del 
ejército brasilero cruza (5 de diciembre) el Rio Paraguay 
y desembarca sin oposición alguna sobre la margen iz- 
quierda en San Antonio. 

Después de varias acciones (21 á 27 de diciembre), Ló- 
pez se ve compelido á abandonar las Lomas Valentinas, 
y, acompañado de unos cuantos ginetes, se abre paso 
por entre el enemigo y llega á Cerro León. 

Las célebres baterías, mandadas por el coronel Carrillo 
y el teniente coronel Jorge Thompson, se ven (30 de diciem- 
bre) en la necesidad de rendirse, y el mariscal Caxias en- 
tra (1 de enero de 1869) en la capital del Paraguay, que 
la encuentra sin gente y declara terminada la guerra. Sin 
embargo, sólo era el segundo acto de,ella; faltaba el terce- 
ro, que termina con la fuga precipitada de López sin sujetar 
su caballo hasta Cerro León, y como aún no estaba saciada 
su sed de sangre y de destrucción, no dejó casa, cerco ni 
huerta que no fuera arrasada; mandó atormentar y ejecu- 
tar á muchas mugeres hasta que al fin terminó su existen- 
cia (19 de marzo dé 1870) en Aquidaban. . 

El vizconde de Pelotas, gefe brasilero, al ver á López 
casi exánime, pretendió tomarle la espada desenvainada 
que conservaba en la mano, mas él hizo aún ademan de 
herirle con ella, respondiendo con voz arrogante y firme 
"que moriría con su espada en mano y por su patria." 
El vizconde mandó entonces aun soldado que lo desarma- 
se y fué en la lucha con éste que dio el último suspiro, 
sin recibir ninguna otra herida. 

Al terminar debemos declarar que no hemos pretendido 



DEL PARAGUAY 453 

ni pretendemos escribir una historia detallada de la pro- 
longada campaña del Paraguay, bastante bien y estensa- 
mente referida, especificando sus variadas y múltiples 
peripecias por testigos oculares cuyas obras están al al- 
cance de todos, tales como, las de Masterman, Thompson, 
Washburnetc, délas que hemos tomado algunos impor- 
tantes datos. 

Mr. Washburn (1) se espresa respecto de López del mo- 
do siguiente: 

"La historia no presenta el ejemplo de un tirano tan 
despreciable y cruel que á su caida no dejase un amigo 
entre su propio pueblo; ningún apologista ni defensor, 
ningún secuaz ni participante de sus infamias, que pro- 
nunciara una palabra en paliación de sus crímenes; nin- 
guno que sintiese su muerte, 6 que mantuviese lamas mt- 
nima centella de amor por su persona ó su memoria; 
ninguno que rezase una oración por el descanso de su 
alma. A este respecto, López sobrepujó á todos los tira- 
nos que jamás vivieron. No bien muriera, cuando todos 
auna, elgefe, el subalterno que aplicaba el tormento, el 
soldado que obedecía pasivamente, la madre-que le en- 
gendrara y las hermanas que una vez le amaran, todos 
se unieron para denunciarle como un monstruo sin igual; 
y de toda la nación paraguaya, quizá no haya uno délos 
sobrevivientes que no maldiga su nombre, atribuyendo á 
su locura, egoísmo, ambición y crueldad todos los males 
que su desgraciado pais hubiese esperimentado. Ni una 
familia queda que no le acuse de haber destruido la ma- 
yor parte de sus miembros y reducido á los sobrevivientes 
á la miseria y á la necesidad. 

"Era una deformidad mental como moral, un monstruo; 
y por consiguiente seria ocioso tratar de analizar ó esti- 

(1) V. The History of Paraguay. 



454 GOBERNANTES 

mar SU carácter como un ser que raciocina, sujeto á las 
pasiones, impulsos y motivos que se suponen inspirar á 
todos los miembros de la familia humana. Destituido de 
los sentimientos de humanidad, no le guiaban los motivos 
que rigen la generalidad del género humano. Fué una 
escepcion, sui generis. Fué tan diferente de los demás 
hombres como lo habia sido Francia; pero de otro modo. 
Este envió una maldición como su último mensage á su 
padre, sin acordarse de sus hijos naturales, que anda- 
ban vagando abandonados por las calles de la Asunción. 
El carácter de López qued^ redimido por el hecho de tener 
miramiento porsus hijos naturales; pero ese miramiento 
era de una naturaleza tan pervertida que escitaba muchos 
de sus mas atroces actos. Fué para enriquecer á sus 
hijos que robó á tantos millares de personas, á quienes 
después mandara ejecutar para que nunca puedan recla- 
mar lo suyo. Pero el ti'atamiento que dio á sus padres 
fué infinitamente peor que el de Francia. 

"La maldición de Francia solo era la ebullición del mal 
humor; pero toda la carrera de López, desde la época de 
su predecesor, quien, aunque no era su padre, siempre 
era como un padre para él." 

Según sedijo, no bien exhalara Carlos A. López el úl- 
timo suspiro, cuando .sus mas íntimos amigos, sus conse- 
jeros y todos aquellos á quienes habia mostrado algún 
apego, ó en quienes hubiese colocado alguna confianza, 
fueron inmediatamente arrestados; y los mas de ellos, 
después de una larga prisión, durante la cual fueron so- 
metidos almas cruel tratamiento y prolongados tormen- 
tos, los cuales 6 murieron 6 se les di6 muerte; en toda 
la última parte de su carrera, Solano López despreció los 
consejos y rehusó las peticiones y ruegos de su madre. A 
su hermano menor y á los maridos de sus dos hermanas, 
sometió á la mas refinada é intensa miseria, y finalmente 
los mandó matar. A su hermano mayor lo arrió adelante 
á las cordilleras como una bestia feroz, mandándole azota- 



DEL PARAGUAY 455 

todos los dias, hasta que estuvo para morir, cuando le hizo 
matará lanzazos. Sus hermanas y madre fueron someti- 
das al mismo tratamiento, sólo que no fueron ejecutadas 
por la muerte del monstruo; pero él habia dado orden 
antes qué ninguna de ellas escapase, cualquiera que fue- 
se la contingencia de la lucha. Habia instruido á los 
carceleros de sus hermanas, qué les diesen á una y otra 
cincuenta palos al dia hasta que murieran; y ya habia fir- 
mado la orden para la ejecución de su madre, cuando los 
brasileros inesperadamente cayeron sobre él poniendo 
término á su terrible carrera. A principios de su admi- 
nistración, la antipatia y animosidad que parecia abrigar 
por todos los viejos amigos de sus padres fueron asunto de 
observación entre aquellos estrangeros que podian con- 
versar entre sí sin temor deque se refiriera su conversa- 
ción á la policia; y mas de una vez se citaron estas pala- 
bras como pronosticando su miserable fin: "El hijo que 
se burla de su padre, y desprecia obedecer á su madre, 
los cuervos del valle lo han de recoger, y las jóvenes águi- 
las lo han de comer." López, desde el principio de su 
carrera como presidente, atraia esta maldición sobre sí. 
Cayó en el barro del Aquidaban, y fue sepultado sobre 
sus márgenes tan poco cubierto de tierra que es mas que 
probable que la maldición pronunciada por Salomón, 
por la falta de respeto y de desobediencia filial, se llevara 
literalmente á cabo. 

López, como todos los tiranos, tuvo sus propagandis- 
tas, tanto en el interior de la República Argentina como en 
el esterior, oficiales unos y oficiosos otros, entre los cua- 
les se encontraban en primera línea el doctor Alberdi, 

monsieur Mannequin, etc. que lo pintaban como un héroe^ 
un gran patriota, un Napoleón I, defendiendo á su país 
que él mismo hundiera, porque cada día veia mas lejano 



456 GOBERNANTES 

el de la realización de áU desmedida cuanto insensata am- 
bición. Era Alberdi el acérrimo defensor y asesor duran- 
te la guerra del Paraguay, contra los enemigos de su país; 
rprestó un apoyo ruinoso álos comisionados de los pri- 
meros empréstitos de aquel país; en una palabra, fué in- 
consecuente consigo mismo, defendiendo el país y la 
política que antes habia atacado, solo porqué en esta 
guerra figuraban hombres para con quienes abrigaba una 
inveterada antipatía: El doctor Alberdi no negó el hecho, 
solo que lo esplicó á su favor. 

* * 

Don Manuel Castillo templó su lira publicando en 
El Nacional de Lima del 13 de noviembre de 1869, una 
bella composición bajo el epígrafe Al Paraguay, Bella, 
bajo el punto de vista literario, y su estro es digno del 
inspirado cantor deTrafalgar, sobre cuyo molde está va- 
ciada la forma y el giro de esta producción. Sin embar- 
go, bajo el punto de vista histórico, ella es errónea, si se 
atiende al mezquino papel de aislamiento anti-americano 
y egoísta, en que el Paraguay se encerrara, mientras que 
los héroes que el poeta rememora vertian su sangre en 
holocausto del bello ideal que hoy deplora, coartado siem- 
pre por los 'Velazco, los Francia y los López. 

Dicha composición es como sigue: 

« 

AL PARAGUAY 



¿A dónde están América tus dias 
De fraternal unión v de ventura? 

¿Tus proezas á dónde? 

Cuando á los campos del honor corrías 

Con ínclita bravura 

A postrar un león? Habla, responde. 



DEL PARAGUAY 457 

¿Qué de tus hijos, fué, los inspirados 
Que dejando su hogar y su fortuna 
Tornáronse impertérritos soldados? 
¿A dónde está el padrón de tus victorias? 
¿Dónde tus Andes, y tendidos llanos 
Sellados con tus glorias? 

¡En ellos, duermen ya cien mil tiranos! 

Los encubre el sudario de tres siglos 

Eternos de anatema. 

Que del trono Español fueron diadema! 

¡Todo ha pasado yai la misma no eres, 
Tu indómito valor, ya no es el mismo: 
Así, cual mercaderes, 
Y frios, como es frió el egoísmo 
Tus proceres están. Tu noble espada 
Está sobre el escudo * . 

En el silencio mudo 
Entre el polvo y orin, arrinconada. 

América, tu crimen, 
Es el crimen nefasto de esa Europa 
De inmenso poderlo. 
Helada como el cálculo sombrío. 
A su presencia gimen 
Los hijos de Polonia estrangulada, 
Polonia abandonada, 
Al furor cruel de su verdugo 
Y, ella, siquiera, ni mirarla plugo. 

Polonia, en tanto, espera 

Y, para qué esperar? ¡Fuerza es que muera! 

Así,. . . .debe morir sin valimiento 
El noble Paraguay de muerte herido; 
Cárdeno el labio congeló su aliento; 
Apenas en su pecho hay un latido, 



458 GOBERNANTES 

La moribunda luz de su pupila 
Entre el ser y el no ser, pálida oscila. 

Qlacial, indiferente 
El mundo de Colon en su camino. 
El sacrificio criminal consiente 
Y, marcha imperturbable á su destino! 

¡Fatal miseria humana! 
Sublévase la sangre Americana: 
A la cara resalta la vergüenza 
Mirando tu baldón, pueblo argentino! 
Tu propia mano te causó la ofensa, 
Embotaste el puñal del asesino, 
En el seno infeliz del tierno hermano 
Y, para colmo del ultraje ¡insano! 
Al traidor de Uruguay, y al Brasil rudo 
Mendigaste alianza 

Para que fueran de tu mengua escudo, 
Entonce, hiciste alarde 
De tu firme poder, que lanza á lanza 
No te atrevieras no, turba cobarde; 
Cain no fuera como tú. El delito 
Consintió el corazón, armó su mano 
Y. después, ¡el silencio rasgó el grito! 



América indignada 

Miró la felonía 

Y agolpó á su megilla delicada 

Toda la sangre que en su seno hervía. 

La cuna de los mártires sagrada. 

Patria de Pueyrredon y Necochea, 

Bajándose á los pies de los monarcas 

Para extinguir la Tea 

Déla alma libertad, con mano fuerte. 

¡Aberración atroz! y sangre y muerte 

Sobre ageno dominio. 



DEL PARAGUAY 459 

Esparció desleal en sus comarcas, 
Cual siniestro cometa de exterminio. 

Sombras de San Martin y de Belgrai^o, 
De Güemes y Gorriti, esclarecidos, 
Que formasteis un pueblo soberano; 
Que fuisteis de los déspotas temidos; 
Perdonad, perdonad! Mi ardiente Lira 
Conserva en sus bordonas, 
Para el dolo y doblez eterna ira. 
Para la heroica abnegación. Coronas! * 
¡Salud, generación afortunada! 
Yo tengo para vos, amor profundo. 
Generación viril, con vuestra espada 
Triunfó la libertad, de medio mundo. 
Vos, enclavasteis en la sien nevada 
Del altivo Pichincha, vuestra enseña, 

Y el Andes se aplanó con vuestra planta, 
Que era la causa que abrazasteis, santa. 

Mas hoy tantos blasones. 
En que estuvieron vuestros ojos fijos, 
¿A dónde, á dónde están? Sucios girones, 
El lábaro tornaron vuestros hijos 

Y no supieron estimar la herencia, * 
Imbéciles, trocaron • 

En vil esclavitud, su independecia. 
La horrenda tiranía. 
Por cuatro lustros desgarraba el seno 
De esa prole doliente, . 

Y el déspota insolente 
Apagó su calor, con mano fria. 

Helos allí revueltos en el cieno 

Representando el drama, 

Que eternamente su conciencia infama, 
Eternamente sí; cuervos son esos 



460 GOBERNANTES 

Embotados en sangre, de su presa 
Muerden el corazón, roen los huesos. 

¡Maldición! maldición, á los tiranos 
Que tienen el instinto de la hiena! 
Para lo noble y bello, son enanos; 

Y crecen al forjar una cadena. 
Los pueblos desolados, 

Y sometidos al infame yugo, 
Nunca se vieron á la gloria alzados, 
Sujetos al cordel de su verdugo. 

El indefenso pueblo, no es culpable, 
Es culpable el que tuerce su camino; 
La razón y el derecho, son el sable; 
¡Tal es la condición de su destino! 
En vano el Uruguay con ardimiento 
Su causa defendía: 
Una mano traidora le vendía 

A precio bajo y vil ¡Treinta dineros! 

El Judas recorriendo los senderos 
Recónditos del crimen, 
A su carrera le faltó el aliento. 
Bajo su planta gimen 
Las furias. De su planta 
Ascienden sus cabezas lentamente 
Pegadas á su cuerpo, y de repente 
Le aprietan y sofocan la garganta. 

¡Manes de Paisandú! sagrados manes! 
Que vagáis silenciosos en la noche 
Al tibio rayo de menguante Luna: 
¡Fantásticas visiones! 
¿Qué fué de los ilustres capitanes 
Que os llevaron al templo de la gloria: 
Cuando al clamor de muerte, una poruña, 
Aquellas vuestras ínclitas legiones 



DEL PARAGUAY 461 

Giraron sobre un punto, 
Con bárbara arrogancia 

Y eclipsaron las glorias de Sagunto, 
Esparta, Zaragoza y de Numancia? 
¡Conjunto misterioso! 

Porción enaltecida! 
La humanidad deplora vuestra suerte. 
¿Quién no vio vuestro pecho generoso 
Agitarse al impulso de la vida 
Para entonar el cántico de muerte? 

Reposad en la paz, dolientes sombras; 
No turbe vuestro sueño el sacrificio 
De la patria de López, ¡quién me diera 
Ocultar la maldad, la felonía 
De un pueblo que traiciona.su bandera, 
De una grey que se llama monarquía! 
Empero, ¿quién enfrena 
La lira del dolor, si con sus notas 
Hónrase la verdad? Ella condena, 

Y á las generaciones mas remotas 
Lleva su vibración, y allí campea 

Y allí estala verdad — ^La verdad, sea. 

Quizá mi dulce lira, 
Inspirada por noble sentimiento. 
Contra los pueblos estallando ira. 
Sin prevenirlo, destempló su ace.nto. 
Quizá oo pudo mi convulsa mano, 
Sugetar el latido 
Del corazón herido, 
Con la muerte de un pueblo americano. 

¡Un lívido cadáver! .... 
Sobre un lago de sangre está tendido: 
El fuerte acero cnWe la verta mano 
Aun conserva el reflejo de la gloria 



462 GOBERNANTES 

Parece qué el Titán está dormido; 

Parece que se alzara el Soberano, 

Del solio resplendente 

A retar al despótico tirano, 

Escándalo y baldón de un continente. 

¡En América un rey! es la ironía 

Llevada ala demencia, y sin embargo 

En América un Rey, en claro dia 

Impera en el Brasil cuyo letargo 

A la superstición abre la puerta 

Y el pueblo no despierta . . . 

Ni puede despertar. Los que durmieren 

Bajo el peso glacial de esa librea 

En su mente infeliz, jamás sintieron 

Cruzar como relámpago una idea. 

La delicada flor nunca germina 

En profundos y ardientes arenales; 

Porque el Sol del Brasil, quema y calcina. 

Ese pueblo buscaba en su delirio 
A su frente un laurel, teñido en sangre. 

Y señaló un rincón para el martirio. 

¡El noble Paraguay! Rincón oscuro, 
Pero grande y sublime, en cuyos brazos, 
Tres naciones rodaron en pedazos . 
Cien veces y otras cien, contra su muro. 

r. ¿Quién no te ha visto, Paraguay, luchando. 

Por casi un lustro sugetando ardiente 
El bárbaro torrente 

Desbordado á tu pié? Tú señoreando. 
Palmera solitaria del desierto 
En ruda tempestad, ¡ay! no sabias 
Que eran contados tus preciosos dias 
Del tiempo en el reloj: ¡Estaba abierto 
El inmenso sepulcro de lu gloria, 
Mas heroica y pujante que la historia! 



DEL PARAGUAY 463 

En vano retemplabas tus legiones 
Al embate marcial del heroismo; 
Tres naciones al fin son tres naciones 
Ante ellas ¿qué eras tú? ¡frágil guarismo! 
Y, por eso tus hombres perecieron, 

Y su furente saña, 

Cuando la muerte la mirada empaña, 
Tus diáfanas mugeres recogieron. 

Y endureciendo sus esbeltas manos 
Combatieron al pérfido enemigo, 

Y arrastraron consigo 

A la inerme niñez, y á los ancianos. 

Oh! pueblo de titanes 
De agreste fortaleza, 
¿Quién pudo dominar tus huracanes 
Ni ver el pedestal de tu grandeza? 
¿Qué espíritu de fuego en tí se anida? 
¿Quién te pudo inspirar tanta bravura? 
¿Quién era el alma de tu heroica vida 
Nación americana, sin ventura? 

Era López tu espléndido caudillo 
Raudo planeta, corazón de acero. 
Cuyo potente brillo 
Pudiera iluminar el orbe entero; 
Cuya fulmínea espada, 
En el templo inmortal está colgada. 

¡Salud mil veces, capitán famoso! 
No me es dado loarte en mis cantares, 
Porque pálidos son, tú eres coloso 
Exánime y caido, 

A quien no pueden contener los mares 
Ni límites poner, nunca el olvido. 



464 GOBERNANTES 

« 

Allá en la noche oscura, 

Cuando resbalan sus postreras horas, 
Se vé cruzar blanquísima figura 
Tan bella, como bellas las auroras 
Por el campo doliente 
En que reposa la nación valiente.... 
Y prosternada en la sagrada tumba 
Arranca de su alma un alarido 
Tan hondo y funeral, que repetido, 
En el confín de América retumba. 

Manuel Castillo. 

Lo que decimos de ambos López queda confirmado p8r 
lo sucedido personalmente con el autor de la presente 
historia. 

Tal era el celo abyecto de los funcionarios de López, 
donde quiera que estuviesen, tanto dentro como fuera del 
Paraguay, que espontáneamente se prestaban á su ser- 
vicio, sin necesidad alguna, como se verá por el hecho 
que, aunque insignificante, vamos á referir. 

Dirigíamos el Colegio Mayo en esta ciudad, en el que 
educábamos entre otros varios jóvenes paraguayos de 

familias pudientes, á quienes mostramos la caricatura de 
López, padre, que acompaña al folleto titulado **Carta pri- 
mera de don Luciano Recalde al Presidente López del Pa- 
raguay" 1857. En este folleto López está representado de 
gran uniforme con grandes charreteras de brigadier gene- 
ral, un gran sombrero paraguayo antiguo, con todas 
sus condecoraciones y emblemas de su gobierno mercan- 
til de yerba, tabacos, maderas y dulce, y en la mano os- 
tenta el decreto parodiado de derechos y garaiitias á los es- 
trangeros. Nuestro objeto al motrárselo era el de saber si 
tenia alguna semejanza á Carlos A. López y nos contesta- 
ron que, esceptuando la parte ridicula, le era muy parecido. 
Uno de ellos, que, mas tarde llegó á ser vice-presidente 



DEL PARAGUAY 465 

de la República del Paraguay, en cuyo puesto dejó de 
existir, nos lo pidió, con toda candidez é inocencia, para 
llevar á mostrárselo á su apoderado que lo era el cónsul 
paraguayo, quien, al verlo, en el acto lo destruyó, agre- 
gando que los patriotas paraguayos no debían ver esas 
cosas." 

Este otro hecho se refiere á la época de López hijo. 
Es el siguiente. Todos saben que el vapor Esmeralda ha- 
cia la carrera del Paraguay llevando entre otros artículos 
en su cargamento, pricipalmente provisión de aceite para 
sus vapores y gran cantidad de armamento de que hacia 
gran acopio, desde mucho atrás, preparándose para la 
guerra, bongré, malgré. En uno de sus viages fuimos 
nosotros hasta Humaitá,en el cual, entre muchos otros, 
iba el agente paraguayo en Corrientes, don Miguel Rojas, 
sólo por qne supoá última hora que eramos uno délos 
pasageros, á quien de orden del mariscal, debía espiar 
sobre lo que decíamos y hacíamos. En el vapor y fuera 
de él Rojas no nos dejaba un mon\ento solo, porque como 
corresponsal de los principales diarios de Buenos Aires, 
quería ver en nuestra actitud la impresión que nos hiciera 
cuanto se presentase á nuestra vista y comunicarlo en el 
acto á López, como sucediera. Felizmente, la correspon- 
dencia, que fué reproducida en todos los periódicos de la 
República Argentina, no era desfavorable para la causa de 
López, puesto que ella, aunque ponía de manifiesto el es- 
tado de su ejército en Humaitá, no contenía una palabra 
que no fuese la verdad narrada- con toda imparcialidad. 
Así mismo no fué del agrado de López, como se vaá de- 
mostrar mas adelante. 

Por la noche de ese mismo día hubo baile para los sol- 
dados al aire libre y para los oficiales en un salón pre- 
parado al efecto. El coronel Alejandro Hermosa, coman- 
dante del punto, nos invitó á que asistiésemos á este úl- 
timo, al que concurrimos con todos los compañeros de 

31 



466 GOBERNANTES 

viage. Un capitán nos invitó á bailar, y, quiera que no 
quiera tuvimos que ceder. 

Después que bailamos la cadena y la botella, bailes pa- 
raguayos, nuestra parín^r nos hizo presente que estaba 
tan fatigada que de buena gana se retiraría á su casa á 
descansar. "Desde que usted está cansada y desea reti- 
rarse, le dijimos, no veo la razón porque usted continúe 
molestándose contra su gusto."' 

"Ah! señor, nos contestó ella, bien se conoce que us- 
ted ignora lo que pasa entre nosotras. ¿Cree usted que 
nosotras venimos por nuestro gusto? Nada de eso: asis- 
timos á los bailes porque se nos ordena y bailamos por- 
que se nos manda/' — Y ¿quién les ordena á ustedes á 
asistir y bailar contra su gusto? le replicamos. •'¿Quién 
ha de ser sino el mariscal? Directamente no lo hace, 
pero por medio de sus comandantes recibimos orden del 
mariscal para asistir al baile j no nos queda mas reme- 
dio que obedecer." Por mas estraña que sea esta ingenua 
confesión en el mismo centro del poder del mariscal Ló- 
pez, es una relación exacta de lo sucedido. 

V^mos á referir otro hecho y último acaecido con nues- 
tra persona, el cual no hace mas que corroborar la clase 
de sistema que era el de López, nada diferente del de 

Francia. 

Cuando la pérfida traición de López en el ataque brus- 
co y captura de los dos vapores argentinos, fondeados en 
el puerto de Corrientes y el subsiguiente desembarco de 
tropas paraguayas en esta última ciudad, ácuya cabeza 
iba el mismo agente Rojas, á que antes hicimos referen- 
cia; álos dos ó tres dias, se presentó éste á la imprenta 
de El Progreso, éinvozüindo una brden del gefe de ocu- 
pación, general Wenceslao Robles, preguntó al director 
de dicha imprenta le dijese que participación teníamos 
nosotros en ¡a redacción del periódico; se le contestó que 
ninguna, puesto que tenia orden escrita del gobierno, á 
quien ella pertenecía, no diese cabida á artículo alguno sin 



DEL PARAGUAY 467 

que antes pasase vista el redactor, que lo era á la sazón 
don Damaceno Fernandez. Pidió dicha orden y se le 
exhibió, con lo que se retiró el referido Rojas apa- 
rentemente satisfecho, peri> en realidad no lo estaba. En 
la esquina de nuestra casa habia apostado un centinela, 
que no nos perdia pisada. Varios nos reuníamos en casa 
del señor don José Maria Balbastro, juez de primera ins- 
tancia, que viviaenla misma esquina, á conversar sobre 
asuntos indiferentes, y todo el tiempo que nos hallábamos 
asi reunidos, teníamos al centinela parado por fuera ala 
ventana escuchando nuestra conversación. Un día nos 
hizo llamar el miembro de la junta gubernativa de Cor- 
rientes, don Teodoro Gauna, y nos hizo presente que ha- 
cíamos muy mal en reunimos en dicha casa á conversar 
de política. En vano le aseguramos que en nuestra reu- 
nión la política no entraba para nada; nos reconvino di- 
diéndonos que las circunstancias eran muy delicadas y 
que era conveniente no volvernos á juntar. Con esta ad- 
vertencia cesaron nuestras reuniones. 

Hé ahí la parte mas pequeña é insignificante del siste- 
ma de espionage iniciado por Francia, continuad? y per- 
feccionado por López, padre é hijo. Y para que se vea 
de qué sirve tanto celo empleado por los coadyuvadores 
de una tiranía, cuando debian dedicarlo á su destrucción, 
diremos que todas aquellas personas que acabamos de 
nombrar que, con tantos otros contribuyeron á afirmar 
con su saber y entenderá tan singular tirano fueron sus 
propias víctimas, unas en pos de otras. Los generales 
Robles, Barrios, Bruguez, etc., los ministros Berges, Be- 
nitez, López, su hermano, el obispo, etc., etc., etc., que 
tanto habían hecho en sosten de su tiranía, fueron inhu- 
manamente sacrificados por él. 

Para que el lector tenga una idea cabal de todos los su- 
cesos ocurridos durante la prolongada guerra iniciada 
por López desde la vandálica invasión ala provincia bra- 
silera de Matto-Grosso, hasta la última campaña que ter- 



468 GOBEENANTES 

minó con su muerte, transcribimos á continuación la de- 
claración íntegra prestada por el general Resquin, cono- 
cido como general de una división del ejército del Para- 
guay, pero en realidad gefe del estado mayor, y mas que 
esto, gefe de policía y encargado de ejecutar la mayor 
parte de las crueldades de López. Es sin duda uno de los 
documentos mas notables que hubiesen visto la luz. 
Dice así: 

IMPORTANTE DOCUMENTO PARA LA HISTORIA DE LA GUERRA DEL 

PARAGUAY 

Declaración del general Francisco Isidoro Resquin^ ge-- 
fe de estado mayor del ejército paraguayo^ prestada 
en el cuartel general del ejército brasilero en Hu- 
maitá el 20 de marzo de 1870. 

A los 20 dias del mes de marzo compareció, ante el 
señor coronel don Francisco Pinero Guimaraens, el ge- 
neral Francisco Isidoro Resquin, gefe de estado mayor 
del ejército paraguayo, y declaró: tener cuarenta y seis 
años de edad, ser soltero, aunque vivia en compañia de 
una mujer con cinco hijos. Declaró además haber sido 
prisionero en Cerro-Corá por las fuerzas brasileras, y que 
al principio de esta guerra era coronel y que mandaba 
una columna de doce mil quinientos hombres, casi todos 
de caballería que invadió por tierra la provincia de Matto- 
Grosso, yendo el declarante á órdenes del general Bar- 
rios que siguió embarcado para aquella provincia, lle- 
vando consigo cuatro mil y tantos hombres. 

Estas fuerzas efectuaron su reunión en ía villa de Mi- 
randa, después de apoderarse Barrios del fuerte de Coi m- 
bra sufriendo grandes pérdidas. 

La caballería paraguaya llegó á pié á Miranda, y no 
encontrando camino, se estableció allí. Algún tiempo 
después so retiró hacia los lados del Niosac; pero antes 
de llegar á este punto, (y habiéndosele enviado de Bella 



DEL PARAGUAY 469 

Vista los caballos necesarios) recibió orden del presidente 
López para enviar á Coxira una fucza de trescientos 
hombres. 

El camino á Coxim era intransitable: habia que atra- 
vesar un bañado de veinte y dos leguas. 

La espedicion no encontró á nadie en Coxim y perdió 
cincuenta hombres, y regresó cargando gran número de 
enfermos. 

El declarante entregó el mando de la columna al mayor 
ürbieta en Niosac, y siguió en una canoa para la Asun- 
ción, y de allí á Humaitáen el mismo dia en que llegó á 
presentarse al presidente López. Este le hizo algunas li- 
geras reconvenciones; pero después se serenó, y al dia si- 
guiente 24 de junio de 1865 le hizo brigadier general di- 
ciéndole que lo iba á mandar á Corrientes, como segun- 
do de Robles, de quien no estaba satisfecho, abrigando 
sospechas acerca de sus procederes, por cuanto se le ma- 
nifestaba altivo. López no quería romper de pronto con 
Robles; pero quería averiguar sus procedimientos por in- 
termedio del declarante, que debia en el entretanto organi- 
zar las caballerías. 

El declarante se dirigió al Empedrado en Corrientes, y 
ocho dias después el general Robles fué preso por el mi- 
nistro de la guerra, general Barrios. 

El entretanto, nada notó en el procedimiento de Ro- 
bles que motivase sospechas, y hoy mismo cree que nun- 
ca fué su intención traicionar. 

El coronel Alen fué quien denunció á Robles ante Ló- 
pez, diciéndole que despreciaba una condecoración que 
López le habia enviado, y que tenia correspondencia con 
losgefes correntinos. Alen era gefe de estado mayor, 
y estando desavenido con Robles, formó contra su gene- 
ral una especie de partido. 

El hecho es que las fuerzas estaban desnudas y que solo 
tenian carne para comer, faltándole los medios de raovili- 



470 GOBERNANTES 

dad, y mientras tanto López apuraba á Robles para que 
avanzase. 

Preso Robles, 'se^encargó el declarante de las fuerzas en 
Pehuajó, quedando siempre como gefe de estado mayor 
el coronel Alen. En aquella ocasión ascendia la fuerza á 
veinte mil hombres de las tres armas con treinta piezas 
de artillería, que era lo que formaba el ejército del Sud. 

Además de estas fuerzas habia en Humaitá doce mil 
hombres, entre Cerro León, cinco mil, en la capital cuatro 
mil y déla Encarnación habia partido Estigarribia con 
diez mil hombres dejando algunas fuerzas en aquel punto. 
Por todas partes se reunían reclutas, de modo que en un 
año López levantó ochenta mil hombres hechos. 

Lamortandad, sin embargo, era escesiva. La diarrea, 
sobre todo, hacia grandes estragos; Cerro León y Humai- 
tá eran verdaderos cementerios. 

El estado sanitario del ejército del Sur era, sin embar- 
go, mucho mejor; y únicamente al retirarse de Corrientes 
fué atacado por la escarlatina que en el Paso de la Patríale 
causó gran número de víctimas. 

Cuando se encargó del mando del ejército del Sur le 
fueron dadas las siguientes instrucciones: reunir los jefes 
y proponerles marchar sobre el Uruguay, en caso que 
el declarante se decidiese á ello, debiendo reunirse con 
Estigarribia para batir al general Flores que marchaba 
sobre Estigarribia con una pequeña columna. 

Reunidos los jefes, todos aprobaron el plan; pero el de- 
clarante hizo presente que habia gra^n escasez de medios 
de movilidad, y que los comandantes de división, com- 
puestos (éstos) de tres mil á cuatro mil hombres, no sa- 
bían hacerles maniobrar, y que, por lo tanto, se esponia 
el ejército auna derrota. Esto mismo escribió el declarante 
á López, agregando que no se sentía con . fuerzas para 
llevar á cabo la empresa, y que solo S. E. el mariscal po- 
dria realizarle poniéndose á la cabeza del ejército. 

López; le contestó que eq breve iría con veinte y dos m 



DEL PARAGUAY 471 

hombres á reunirse al ejército del Sur para dirigir las 
operaciones. Esta misma promesa le habiaya hecho Lo- 
dez al declarante y ella le animó escribirleen aquel sentido, 
López agregaba que le mandaría carretas, bueyes, y caba- 
llos, pero nada de esto le envió. 
Esperaba la venida de López en Santa Lucía, cuando 

el 5 de octubre de 1865, le dio la noticia el ministro déla 
guerra de que las fuerzas de Estigarribia se hablan rendi- 
do, recibiendo en consecuencia orden para retirarse él con 
el ejército de su mando para el Paraguay, en vista de que 
nada tenian quehacer en Corrientes. 

López le habia dicho anteriormente que el general Urqui- 
^.a se habia comprometido á unirse con él para hacer la 
guerra al Brasil y á la Confederación Argentina; pero 
que cuando López hizo la protesta de 30 de agosto de 1864 
el general Urquiza se apartó de el, López persistió en 
mantener solo aquella protesta. 

Sea lo que fuera, elejércto del Sur no recibió el me- 
nor auxilio del general Urquiza. 

El ejército del Sur llegó con muchas dificultades á la 
margen del Paraná, y lo atravesó en balsas, remolcada la 
una por un vapor y las otras dos á remos. Cada balsa 
llevaba un batallón. Empleó el ejército cinco dias en el 
pasage dejando en la margen izquierda del Paraná una 
fuerza de tres mil hombres al mando del entonces tenien- 
te coronel Diaz, con las carretas, buques, caballos y seis 
piezas de artilería. Esta fuerza tenia por objeto recoger 
algunos animales, y solo pasó el Paraná al cabo de doce 
ó quince dias después. 

Al llegar al Paso de la Patria el mariscal López reasu- 
mió el mando de todas las fuezas quedando el declarante 
como gefe de estado mayor. 

La escuadra brasilera no pasó sino una sola vez la con- 
fluencia del Paraná con el Paraguay, cuando ya el ejército 
paraguayo habia atravesado el rio, encuya ocasión dispa- 
ró uno ó dos cañonazos que no podían impedir la opera- 
ción. 



472 GOBERNANTES 

Declaró además que el ataque á la isla frente de Itapirú 
fué concebido por López, aceptado con entusiasmo por 
Díaz y puesto en práctica, no obstante haberlo impugnado 
el declarante, por no alcanzar la ventaja que de ese ata- 
que podia reportarse. López le respondió que al menos 
los soldados se ejercitarían en atacar trincheras artilladas. 
El éxito fué tan desastroso como era de esperarse: los 
pocos que escaparon lo consiguieron gracias á ser bue- 
nos nadadores, y todos llegaron heridos. 

Declaró además que López esperaba que el desembar- 
que del ejército aliado en el Paraguay se efectuase mas 
abajo y á inmediaciones del puente de Itapirú, y prepara- 
ba fuerzas para salir al encuentro de los invasores en ef 
momento del desembarque; pero habiendo desembarcado 
las fuerzas brasileras muy abajo de ese punto, el plan se 
frustró, y recien al siguiente dia, 17 de abril de 1866, 
mandó López algunos batallones de infantería y regi- 
mientos de caballería, poca fuerza, con dos cañones, á es- 
perar la columna brasilera en la estrecha lengua de tier- 
ra que va á Itapirú. La caballería é infantería paragua- 
ya se dispersaron, su artillería fué tomada. En la misma 
noche los paraguayos abandonaron á Itapirú y fueron á 
campar en el Paso de la Patria, dejando algunas guardias 
avanzadas, en observación del lado de Itapirú. 

El Paso de la Patria estaba fortificado; pero apesarde 
estar guarnecida la trinchera con veinte y cuatro mil hom- 
bres, la juzgaron demasiado estensa, y como ademas de 
esto podia ser flanqueada, desembarcando fuerzas en rio 
Paraguay mas abajo de la Laguna Piris, operación que 
cortaría la retirada del ejécito paraguayo, resolvió López 
abandonar esa posición. 

Declaró que el ataque del 2 de mayo, asi como el de 
Corrales fué motivado por el descoque tenia López de 
ejercitar sus fuerzas en pequeños combates, pues le cons- 
taba que el general Mitre tenia en vista evitarlos. Quería 
también probarlas fuerzas aliad£Cs, y ver si sorprendién- 



DEL PARAGUAY 473 

do las guardias avanzadas, obtenía algunos prísoneros 
que le diesen datos respecto al número de estas fuerzas, 
pues carecia de ellos. 
Para Corrales mandó cuatro cientos hombres v des- 

m 

pues mil mas de refuerzo, que solo tenían al fin de la lucha, 
al desembarcar. Los paraguayos entre muertos y heridos 
tuvieron en el combate trescientas bajas. 

El combate del 2 de mayo fué traído por tres mil qui- 
nientos hombres; además de esa fuerza había alguna in- 
fantería y ocho, piezas de artillería de reserva sobre el 
Estero Bellaco para protejer la columna que atacaba. La 
infantería que atacó era mandada por el teniente coronel 
Díaz, que fué quien aconsejó á López esa operación La 
caballería por el comandante Benitez, que murió en la 
acción. 

La columna paraguaya perdió cuatro piezas que traía 
y llevó otras cuatro que estaban en la vanguardia brasi- 
lera, mandada por el general Flores, y que fué sorpren- 
dida. Ignora la pérdida total, pero afirma, que solo en el 
Estero Bellaco, donde tuvo lugar la última baso del com- 
bate, dejaron los paraguayos doscientos cincuenta muer- 
tos, contados después que los brasileros se retiraron á sus 
campamentos. 

La causa de ignorar la pérdida total es que el teniente 
coronel Diaz, dio parte de ella directamente á López. Que 
todo el ejército de López se puso en movimiento, pues se 
creyó completamente perdida la situación y juzgó que ni 
la reserva se podia retirar. En cuanto á las columnas que 
atacaban fueron totalmente desbaratadas, rehaciéndole 
en grupos de diez y doce. 

Los aliados, por su parte, después de haber hecho pa- 
sar algunos batallones al Estero Bellaco, lo repasaron de 
nuevo, y dueños delc«impo, volvieron á sus campamentos. 

El dia 2 de mayo, el ejército paraguayo que habiendo 
salido del Paso de la Patria había acampado en el Estero 
Bellaca, donde permaneció cuatro días, que se hallaba 



474 GOBERNANTES 

mas allá del Estero Rojas, el cual muy luego empezó á 
cubrir con trincheras, pues hasta entonces no existia nin- 
guna. 

Declaró, además, que el dia 83 de mayo, López reunió 
á sus principales gefes y les dijo, qne habiendo sabido 
que en el dia 25 el ejército aliado debia atacar sus atrin- 
cheramientos, (que apenas se hallaban artilladas con al- 
gunas piezas de campaña), y no teniendo bastante con- 
fianza en ellos, ni en la firmeza é instrucción de sus sol- 
dados y gefes, queria atacar por sorpresa á los aliados, 
haciendo al efecto una especie de salida. 

López tenia entonces veinte y cuatro mil hombres en el 
campamento de Rojas, de los cuales dos -mil quinientos 
enfermos. Dispuso para el ataque diez y seis á diez y 
siete mil hombres divididos entres coliimnas del modo 
siguiente: una de la izquierda compuesta de ocho regi- 
mientos de caballería y dos batallones de infantería con 
dos coheteras á la congréve, ascendiendo el total á cin- 
co mil hombres á las órdenes del declarante: esta fué la 
fuerza que atacó el ejercitó argentino y parte de la van- 
guardia brasilera. Otra columna del centro compuesta de 
siete mil hombres, llevando cuatro regimientos de caba- 
llería y alguna artillería de campaña, al mando del coro- 
nel Diaz. La tercera de la derecha se componia de cuatro 
á cinco mil hombres, entre los cuales figuraba apenasun 
escuadon de caballería, miandandü esta columna el gene- 
ral Barrios. 

Estas dos columnas últimas atacaron al ejército brasi- 
lero. La columna del centro tenia además por apoyo cua- 
tro batallones que formaba la reserva con un total de dos 
mil hombres, los cuales únicamente se empeñaron des- 
pués que se inició la acción. El resto formó una segun- 
da línea que protegia la retirada de las columnas de ata- 
que. 

Las columnas de ataque sufrieron enormemente. Su 



DEL PARAGUAY 475 

pérdida ascendió entre muertos y heridos á doce milhom- 
bres, mas bien mas que menos. 

Su derrota fué completa. En esa misma noche, López 
hizo venir cuatro batallones de infantería y un regimiento 
de caballería de Humaitá; donde tenia catorce mil hom- 
bres inactivos. De allí vinieron doce piezas de artillería 
del calibre de 32 y 68. López pasó el dia 25 con mucho 
recelo de ser atacado; y entonces decia él que si en 
aquella noche ó en el siguiente dia no fuese atacado po- 
día contar con larga vida. 

Entre tanto, la izquierda de la línea de Rojas, desde el 
paso Saty no tenia trincheras, estaba franca y apenas de- 
fendida por algunas guardias. 

El estero era vadeable en cualquier punto. Los alia- 
dos lo suponían naturalmente difícil de atravesar porque 
no lo reconocieron. 

Durante el periodo inactivo de los aliados, el ejército 
paraguayo se ocupó en levantar trincheras por aquella 
parte. 

El combale del 16 de julio fué determinado por la 
construcción de una trinchera en el bosque que quedaba 
á la derecha de las posesiones paraguayas, cuya artillería 
debia tomar de flanco al ejército aliado. No se terminó 
esta trinchera por haber sido tomada por los aliados en 
el combate del 16 de julio de 1866, y que fué motivado 
por su posición 

En el combate del dia 18 una fuerza aliada llegó á apo- 
derarse de la trinchera del Sauce, á la dereclia de la pa- 
raguaya. Esta trinchera entinces era insignificante y 
poco elevada, y su foso tenia apenas una vara de pro- 
fundidad. 

Sin embargo, después de haber sido tomada por los 
aliados, una fuerza paraguaya cargó sobre los asaltantes 
y los desalojó, retomando la posision perdida, por care- 
cer las fuerzan aliadas de protección ó reserva. 

En el dia 16 la pérdida de los paraguayos fué njuy ere- 



476 GOBERNANTES 

cida, murienda el general Aquino. Los paraguayos per- 
dieron la artillería que pretendieron colocar en la nueva 
trinchera. Después del 18 de julio los paraguayos se 
reforzaron, dando grande desenvolvimiento á las trin- 
cheras. 

Declaró además que Curuzú estaba guarnecido por tres 
batallones de infantería y un escuadrón de caballería. Los 
batallones tenian quinientas plazas, y su artillería era de 
diversos calibres, teniendo uno ó dos cañones de 68. 

En Curupaitíhabia apenas un batallón y cuatro ó seis 
piezas de artillería del calibre de á doce. 

Las trincheras de Curuzú eran las que defendían á Cu- 
rupaití por el lado de tierra. Tomadas estas no habia na- 
da mas fácil que el que los aliados se apoderasen de Cu- 
rupailí, y tomado Curupaitt quedaba el ejército paragua- 
yo completamente cortado. Fué después de la toma de 
Curuzú que se hicieron las trincheras de Curupaití, tra- 
bajando á gran prisa dia y noche. 

En el dia 22 de setiembre de 1866, dia en que los alia- 
dos atacaron á Curupaití, este punto estaba perfectamente 
atrincherado, y tenia una guarnición de cinco mil hom- 
bres y mas 'de sesenta piezas de artillería. La Unea de 
Rojas estaba defendida por tres divisiones: una en el Sau- 
ce, otra en Rojas propiamente dicho, y otra en el Paso 
de Saty, lo que daba por esta parte una fuerza de diez 
mil hombres, sin contar mil doscientos hombres de caba- 
llería de vanguardia que cubrían el espresado Paso de 
Saty. • • 

En Paso-Pucú, donde estaba entonces el cuartel gene- 
ral paraguayo, habiá ocho batallones de infantería y cua- 
tro regimientos de caballería. Estas fuerzas fueron for- 
madas del resto de la gente que entró en pelea el 24, de 
heridos que sanaron y de ocho mil hombres venidos de la 
capital, de Cerro León, de Encarnación y del Paso de Te- 
bicuarí, y el reclutamiento continuaba siempre. 

El ejército paraguayo perdió en el ataque de Curupai- 



DEL PARAGUAY 477 

ti apenas doscientos cincuenta hombres entre muertos y 
heridos, y nunca salió de detrás de las trincheras. 

Declaró que el contento de López por haber rechazado 
el ataque de Curupaití era tanto mayor cuanto que poco 
antes había propuesto en una conferencia celebrarla paz 
con las potencias aliadas á costa de cualquier sacrificio; 
pero que habiendo el general Mitre impuesto como con- 
dición la retirada de López del poder y del país, diciendo 
que podia ir á vivir á Europa con toda su familia y bie- 
nes, López rehusó; pero reunido un consejo de.gefes y 
personas importantes del ejército, dióles parte de su pro- 
posición y de la respuesta del general Mitre, alegando que 
esto era un insulto no solo para él, sino también para 
la nación paraguaya, á qui^n se quería de este modo 
quitar el gobierno por ella elegido; pero que, entre tanto, 
diesen su opinión los miembros del consejo. 

Ahora bien, siendo evidente que López no aceptaba la 
condición impuesta, pues, si quisiese sacrificar su poder 
por la salvación de la patria no necesitaba acudir á nin- 
gún consejero, y mucho menos, no se espresaria de 
aquel modo, ninguno de los miembros osó declarar que 
debia ser aceptada la condición de los aliados. 

Dice además el declarante que el ejército paraguayo 
percibió claramente la marcha de flanco hecha por el ejér- 
cito aliado en julio de 1867, pero que López prefirió ser 
sitiado á salir al encuentro de las fuerzas aliadas, pues, 
habiendo marchado éstas en dirección á Tio Domingo, 
se necesitaba para alcanzarlas medios de movilidad que 
no poseía. 

Declara además que cuando el ejército aliado terminó 
su movimiento de flanco y llegó á Tuyú-Cué, las trinche- 
ras queunian Humaitá á la línea de Rojas estaban con- 
cluidas, á escepcion de algunas esplanadas pira colocar 
artillería, y ante-foso que después se terminó. 

Esa trinchera fué terminada el 23 de setiembre, después 
que Flores en el dia 22, flanqueando la línea de Rojas, 



478 GOBERNANTES 

amenazó aquel lado del cuadrilátero, punto entonces des- 
cubierto, nnandando un regimiento hasta San Solano. 

En esa espedicion el grueso de la fuerza de ese general 
no atravesó el paso Canoas y permaneció del otro lado 
del Estero. 

Declaró además que los combates del 3 y 21 de octubre 
fueron en estremo fatales á las fuerzas paraguayas, es- 
capando de estos apenas unos soldados y oficiales dis- 
persos. 

En estos dos combates dados por López sin ningún fin 
estratégico, perdieron los paraguayos toda su caballería. 
López, sin embargo, para reanimar el espíritu abatido de 
sus tropas, dijo que habia triunfado y dio condecoracio- 
nes. 

Declaró además que López intentó dos ó tres veces 
atacar los convoyes que se dirigian de Tuyutí á Tuyú- 
Cué, mas habiendo salido mal parado de esas operacio- 
nes las abandonó. 

Declaró además que ocupado por los brasileros el punto 
de Tayí, todas las antiguas comunicaciones de Humaitá 
con el interior quedaron cortadas. 

En cuanto al ataque llevado por los paraguayos á Tuyu- 
tí el 3 de noviembre de 1867, declaró que López tuviera 
por fin, atacando la base de operaciones de los aliados, 
obligar á las fuerzas que habían ejecutado el movimiento 
de flanco, á retroceder hasta Tuyutí en caso de que las tro- 
pas paraguayas consiguiesen apoderarse de ese punto, y 
aun cuando de él no se apoderasen, obligar á los aliados 
guardar con mas gente á Tuyutí, debilitando las fuerzas 
que guardaban á San Solano, para poder romper por allí 
la línea del sitio, dirigiéndose al Arroyo Hondo. 

Para el ataque de Tuyulí preparó López cinco mil hom- 
bres de lastres armas , mandados por el general Barrios» 
que en la madrugada del referido dia 3, cargaron de sor- 
presa sobre las líneas, por demás estensas, que guarda- 
ban á Tuyutí. Al principio como era natural, esas fuer- 



DEL PARAGUAY 479 

zas obtuvieron grandes ventajas; pero después fueron re- 
chazadas perdiendo dos mil quinientos hombres. 

Solo la caballería volvió con algún orden. La poca gen- 
te de infantería que regresó venia completamente desban- 
dada y en pequeños grupos. 

Este mal resultado obtenido por López le obligó á aban- 
donar el plan de forzar la línea de sitio, decidiéndose á es- 
capar por el Chaco. Mandó abrir allí un camino, que 
desde un punto frontero á Humaitá iba hasta frente á San 
Fernando. 

Ese camino, malo en un principio, compúsose después. 
Cuando la escuadra brasilera forzó á Humaitá, (1) López 
tenia aun en el cuadrilátero veinte y dos mil hombres, in- 
clusos los enfrente y sin contar la guarnicicion de Hu- 
maitá. 

El sitio del cuadrilátero, que hacia tiempo causaba pri- 
vaciones á sus defensores, no permitia ya que tanta gente 
se mantuviese en aquel punto. La diarrea y el hambre 
hacían gran número de víctimas; ademas sólo una pe- 
queña cantidad de ganado podia venir por el Chaco. De 
las diez y siete mil cabezas que tenían de reserva, del ga- 
nado que fuera traído por diversos puntos, quince mil 
murieron de malestar y fueron enterradas. 

En cuanto al ganado que estaba en el potrero Ovella 
una parte fué tomado por el ejército brasilero. En vista 
de esto, López, con una escolta y alguna fuerza, siguió 
para el Chaco, en 11 de marzo, para San Fernando, 
mandando retirar poco á poco -para Humaitá la artillería 
y las fuerzas que guarnecían las trincheras de Rojas y 
Paso-Pucú. 

Esas fuerzas de Humaitá pasaron el Chaco, de manera 
que cuando los brasileros rompieron las líneas de fortifi- 
cación en el Sauce, no había en las líneas de Rojas, Paso- 

(1) Las baterías de Humait¿ faeron erigidas en 1777, para proteger la 
provincia del Paraguay contra las irrupciones de los salvages . Humaitá 
fué el Martin (barcia del Paraguay. 



480 GOBERNANTES 

Pucú y Curupailí mas de diez mil que se reunieron en Hu- 
maitá. 

En ese dia, el declarante, que con el general Barrios, 
habia permanecido en Paso-Pucú, se retiró á Humaitá y 
de allí siguió por el Chaco para San Fernando, dejando 
en Humaitá dos regimientos, dss batallones y doce pie- 
zas de campaña. Esa fuerza se unió á cinco mil y tan- 
tos hombres que pertenecían ala guarnición de esa for- 
tificación y que en ella permanecían. Dijo que cuando los 
brasileros rompieron la línea en el Sauce, los paragua- 
yos se prepararon á abandonarlo definitivamete. Habien- 
do tenido en un principio la idea de aguardar la segunda 
línea que iba de Curupaití á Paso-Pucú, la desecharon 
después por ser aun muy estensa esa segunda línea y 
reclamar una guarnición que no podia tener alimento 
suficienie. 

Juzgaron mejor concentrar los defensores sólo en los 
muros de Humaitá, dejando allí apenas cinco mil y tantos 
hombres, no sólo por la cuestión de alimentos, como tam- 
bién por no tener mucha gente aglomerada bajo los fue- 
gos de la artillería que los aliados no dejaron de asestar. 

De la gente que quedó en Humaitá sólo ocho cientos 
hombres poco mas ó menos escaparon y se reunieron al 
ejército de López con el coronel Hermosa, esto, según par- 
te telegráfico del general Caballero que estaba encargado 
por López del pasage de aquella gente al través del 
Chaco. 

Entre esos ochocientos hombres se contaban, los en- 
fermos que pasaban con las mugeres, al principio, cuan- 
do aun no habia fuego. 

En San Fernando reunió López diez y ocho mil hom- 
bres sanos con los cuales marchó á Pikisiry. 

López nunca pensó resistir en San Fernando, pues la 
posición era insostenible, y se detuvo allí solamente para 
organizar sus tropas, darles algún descanso y protejer los 
cañones y la retirada de las fuerzas del Timbó. Declaró 



DEL PARAGUAY 481 

que nada sabia respecto de la conspiración que sefdescu- 
brió en San Fernando, sino lo que López le dijera: esto es, 
que Benigno López quería hacer una revolución, asesi- 
nar á López con un cuchillo que al intento encargara, co- 
mo fué revelado por un corneta. Que Benigno, su cuñado 
Bedoya y otros habían robado en la tesorería para com- 
prar cómplices. Que Benigno mandara al marqués de 
Caxias un mapa de las posiciones por donde éste se po- 
dia guiar, y dos petacas con oro. Que Barrios, habiéndole 
dicho López que él y su muger (hermana de López) se 
hallaban complicados en la conspiración, volvió á su casa 
y se cortó el cuello con una navaja, loque no obstó para 
que fuese fusilado después de curado. Sin embargo, como 
ministro de la guerra y marina y general de división, 
Barrios, formando el ejército, hubiera acabado con 
López. 

Que si hubo conspiración, le causa mucho espanto, el 
que hombres importantes,despues de descubierta ésta, se 
hubiesen dejado tomar y traer como carneros á San Fer- 
nando, donde eran sacrificados. Venancio, sobre todo, 
como comandante en la Asunción, recibía orden de man- 
dar á ser procesados á sus supuestos cómplices, sin igno- 
rar el motivo y no se comprende cómo no procuró esca- 
parse si era criminal. 

Asegura que las declaraciones obtenidas contra los 
comprometidos lo eran por medio de torturas, cepo Uru- 
guayana y rebenque. Calcula que en San Fernando fue- 
ron ejecutados doscientas personas y asegura que desde 
entonces las ejecuciones no cesaron. Que los estrangeros 
fueron muertos por suponerse cómplices de Benigno y 
comprados por él. 

Declaró además queel ejército paraguayo marchó de San 
Fernando áPikysiry y al llegar allí se puso á levantar trin- 
cheras y á fortificar la Angostura, fortificación de que fué 
encargado el teniente coronel Thompson. Este Thompson 
antes de ser encargado de ese trabajo, no era mas que 

32 



482 GOBERNANTES 

un protegí d') de madama Lynch, con quien viviay cuyo 

piano afinaba. Por su timidez, no se le encargaba otro 

servicio que el trazado de diseños. No habiendo entrado 
nunca en combate, obtuvo sus ascensos por pedido de 

madama Lynch: «¡este pobre Thompson se muestra tan in- 
teresado! ¡trabaja tanto en sus diseños! es preciso darle un 
ascenso." Y Tompson era proínovidoó recibia alguna 
condecoración. ' 

Declaró además que la posición de Pikysiry era esce- 
lente: que si el ejército aliado atacase de frente la defensa 
tendria una gran ventaja; si. procuraba ñanquearla por la 
izquierda tendria que pasar por desfiladeros muy estre- 
chos que hacían dificilísima la operación y que la mar- 
cha por el Chaco dio un golpe mortal al ejército para- 
guayo. 

Agregaba que López juzgaba imposible que el ejército 

pasase por el Chaco, tanto mas cuanto que,una comisión, 
presidida por el mayor Lara, aseguró esto. Quedó, pues, 
muy sorprendido • López, no obstante saber que se tra- 
bajaba en el Chaco, cuando el ejército brasilero atravesó 
esta región de pantanos, yendo á desembarcar en San 
Antonio. Entre tanto, apesar de sentirse flanqueado, no 
quiso retirarse de Pikysiry, ni de Itahiboté (Lomas Valen- 
tinas), diciendo que no quería entregar álos aliados la ca- 
pital, ni los distritos inmediatos á ella que estaban 
muy poblados. Lo que hizo fué mandar cinco mil hom- 
bres á las órdenes de Caballero para esperar á los aliados 
en el puente de Itororó. Esta fuerza fué rechazada el 6 de 
' diciembre de 1868 con gran pérdida, y se retiró para el pa- 
so de Avahy. Allí fué reforzada por un regimiento y un ba- 
tallón que estaba en Villeta, pero atacada de nuevo, el 11 
de diciembre por las fuerzas aliadas, fué totalmente des- 
truida. Apenas volvieron á reunirse al ejército de López 
algunos hombres que escaparon por los bosques, y que 
llegaron heridos. El general Caballero regresó con solo 
dos hombres. 



DEL PARAGUAY 483 

/López, en vista de esto decidió no retirarse aun. Man- 
dó abrir una trinchera protegiendo á Angostura por la 
parte de Villeta, y colocó en el camino que de Angostura 
va á aquel punto una vanguardia de tres regimientos, que 
fueron destrozados el 17 de diciembre. Al mismo tiempo 
se levantaron algunas trincheras en Itahiboté (Lomas Va- 
lentinas.) 

Declaró además que el dia 21 de diciembre López tenia 
trece mil y tantos hombres distribuidos del modo siguien- 
te: setecientos en Angostura, dos. mil quinientos á tres 
mil en la línea de Pikysiry^ y el resto en Itahiboté (Lo- 
mas Valentinas.) 

Declaró además que los puntos atacados por el ejérci- 
to brasilero el dia 21, eran precisamente los mas fuertes; 
pues sólo }>oresos puntos habia trincheras y artillería; 
pero apesar de esto, á las once de la noche de ese dia, 
habiéndose pasado revista de la fuerza paraguaya, alli 
existente, sólo se hallaron trescientos hombres en línea. 
El dia 22 por la mañana, un cuerpo de caballería que 
hubiese entrado por la derecha, donde no existia ningún 
obstáculo, habría tomado prisionero á López con todo 
su- cuartel general. 

En la noche del 21 López pensó en retirarse para las 
Cordilleras con la gente de Angostura, á cuyo efecto pen- 
saba mandarlo llamar; pero mudó de parecer. En el tras- 
curso del dia 22 pudo reunir mas de quinientos hom- 
bres, entre asistentes, sirvientes de los hospitales, guar- 
da-parques, empleados en la comisarla y otros soldados 
que á pretesto de conducir heridos se habian retirado del 
cpmbate. 

En el dia 24 llegaron de Cerro León ocho batallones 
de convalescientes y urbanos; y en el dia 25 tres regi- 
mientos y dos batallones mas de la capital. 

Que el bombardeo hecho por el ejército brasilero el dia 
25 causó muchas pérdidas, porque en todas partes mató 
gente. Que en el dia 27 todo fué empezar el ataque y em- 



484 GOBERNANTES 

pezar la derrota. Las fuerzas que entraron por la dere- 
cha no encontraron ni podían encontrar resistencia se- 
ria. López con su cuartel general se retiró, cuando las 
tropas asaltantes se hallaban á medio tiro de fusil, librán- 
dose por acaso de ser envuelto. Con sesenta hombres 
huyó por una picada del potrero Mármol. 

Al salir del potrero una fuerza de caballería brasilera 
que cruzó viniendo de los lados de la Villeta, alcanzó á 
cambiar algunos tiros con los soldados paraguayos que 
cubrían la retaguardia en la fuga de López. 

López pasó el arroyo Yuquerí, y de allí para adelante 
ya no avistó mas fuerzas brasileras. A las seis ó siete 
leguas de Itahiboté (Lomas Valentinas) López encontró 
. una fuerza paraguaya de setecientos que se le iba á in- 
corporar, al mando de Caminos. Dejó trescientos hom- 
bres en el camino y con el resto se dirigió á Cerro-Leon, 
donde existían dos batallones y un regimiento de artille- 
ría, y gran cantidad de enfermos y heridos. Los heri- 
dos Y enfermos de Lomas Valentinas se habían replega- 
do desde el día 21 á aquel punto por orden de López. 

De Cerro-Leon pasó López á Azcurra, donde empezó á 
reunir gente que le iba llegando de diversos puntos,- y 
que además de Cerro-Leon eran las guarniciones de Ca- 
rapeguá, Caacupé, Caappcú, San José y otros lugares. 
Mandó hacer nuevo reclutamiento de viejos y muchachos 
y gran número de heridos que fueron incorporados á las 
filas, dé manera que cuando el ejército brasilero llegó á 
Pírayú ya López tenía trece mil hombres organizados. 

Por el ferro-carril siguieron para Azcurra los materia- 
les para el establecimiento de una fundición, cantidad de 
yerba y tabaco, y varios otros objetos que en el primer 
momento habían quedado abandonados en Itaguá, Ipara- 
cahy y otros puntos de la vía férrea, y que anteriormente 
habían sido traídos de la Asunción. 

Al principio todo era un laberinto: nadie se entendía: 
el camino estaba lleno de objetos de toda especie, inclu- 



DEL PARAGUAY 485 

SO el dinero del tesoro, ademas de una población nume- 
rosa, que violentada y en desorden procuraba ganar las 
Cordilleras llevando sus haberes, lo que aumentaba la 
perturbación. La confusión en los espíritus era tan gran- 
de como en las cosas. 

* 

El ministro Caminos acusaba al ministro González; el 
ministro González acusaba al ministro Falcon; todos acu- 
saban al vice-presidente, y López á su vez confundía á 
todos, sobre todo por no aparecer el dinero. El decla- 
rante en tales circunstancias era el burro de carga, arre- 
glando los trasportes de toda especie con inmenso es- 
fuerzo. Con carretas y poderosamente auxiliado por el 
ferro-carril, consiguió al fin trasladar todo á Azcurra, 
Caacupé y Peribebuy, habiéndose hallado el dinero. 

En Caacupé se estableció la fundición, que fundió diez 
y ocho piezas de artillería, 2 de fierro y diez y seis de 
bronce. El resto de la artillería que López presentó fué 
traida de la Asunción, Cerro-Leon, Caacupé y San José. 

López mandó recoger de Lomas Valentinas los fusiles 
abandonados en el campo de batalla, y de este modo 
consiguió quinientos nueve fusiles. 

En Azcurra se levantaron trincheras, y López perma- 
neció en la falda de la Cordillera, remontando á la cima 
de ella en vísperas de llegar á Pirayü el ejército brasi- 
lero. 

El ejército de López continuó recibiendo genie. En 
esta posición López esperaba ser atacado por Azcurra ó 
tal vez por Altos, y cuando el declarante le decia que 
el ejército aliado subirla por la derecha en un punto dis- 
tante de Azcurra, aunque no tuviera mas objeto que cor- 
tarles los recursos, López se reia. 

Insistía el declarante en decirle, que si Portinho ocupa- 
se Ibitimí, que sí el ejército aliado diese la vuelta por 
San José, que si fuese á Caraguatay, ó que si manio- 
brase entre Peribebuy y los caminos que de Caacupé y 
Pobaté van á aquel pueblo, quedaría el ejército paragua- 



486 GOBE RNANTES 

yo completamente cortado de todos sus recursos y do 
algunas pequeñas fuerzas que tenia en el Norte ocupa- 
das en recoger ganado para mandar al Sur. 

En cualquiera de estos casos López de no querer acep- 
tar un combate desigual, se veria forzado á hacer una re- 
tirada precipitada por alguno de los caminos que por 
ventura los aliados le dejaron abiertos por falta de.fuer- 
zas con qué interceptarlos, y sujetaría á sus fuerzas á 
los terribles azares de uno de estos movimientos, hecho 
al frente de un! ejército superior en todos respectos. 

López le contestaba á esto: Usted está soñando: el ejér- 
cito aliado no podrá nunca realizar una marcha de flan- 
co semejante, que requiere tantos medios de movilidad. 
Entre tanto, cuando vio que la espedicion del general 
Juan Maciel llegó hasta Ibitimy, mandó fortificar y. guar- 
necer áSapucay, y concentró en San José las fuerzas de 
Caacupé, haciéndolo fortificar igualmente. 

En cuanto á la emboscada preparada por Caballero al 
general Juan Maciel, el declarante supo que las fuerzas 
paraguayas sólo hablan conseguido retomar algunas mu- 
geres y matar otras, pues se salvó hasta la fuerza brasi- 
lera que fué cortada en aquella ocasión. 

■Agregó: que cuando López sintió el movimiento del 
flanco del ejército brasilero, ya no trató de fortificar á Sa- 
pucay. En seguida mandó orden á Romero para que se 
reuniere á la división existente en San José, dejando 
abierta la picada de Valenzuela por no juzgarla de im- 
portancia desde que la de Sapacay estuviese ocupada, ó 
también por no conocer bien aquella subida; y si no man- 
dó mas^gente á defender Sapucay fué por suponer que 
una fuerza brasilera podia dar la vuelta por otro camino 
de Sapucay y saliendo á retaguardia de la posición cor- 
tar toda la fuerza que en ella estuviese. 

Agregó además: que López no habia preparado su reti- 
rada, y sólo pensó en realizarla después de la toma dó 
Peribebuy, siendo sus movimientos determinados por los 



DEL PARAGUAY 487 

aliados, los cuales, según el declarante, fueron los que 
él había previsto, como ios mas propios para poder él 
maniobrar, 

A las diez de la mañana del mismo dia, en que fué to- 
mado Peribebuy, López supo por medio de las fuerzas 
que tenia en los bosques que el ejército brasilero habia 
entrado en aquella villa; pero ocultó la noticia, anuncian- 
do que tal ejército habia sido rechazado, y para solemni- 
zar tan feliz victoria (según él) mandó celebrar un Te 
Deum, López, el declarante, todos los ministros y mu- 
cha gente del ejército asistieron á esta festividad. 

López se mostró muy satisfecho y recibió los cumpli- 
mientos de todos. Entretanto, ninguno de los defenso- 
res de Peribebuy, que ascendían á dos mil y tantos 
hombres apareció por Azcurra. 

Al dia siguiente por la mañana, López dijo al decla- 
rante y á las personas de mayor graduación del ejército, 
que habia sido engañado, que Peribebuy habia sido to- 
mado por los brasileros, y que en la tarde el ejército de- 
bía moverse, recomendándoles sin embargo el secreto. 

La fuerza que estaba en Azcurra subia á once mil y 
tantos hombres, sin contar mil ochocientos enfermos. 
Estaba dividida en dos cuerpos de ejército. 

El segundo cuerpo mandado por el general Caballero 
fué encargado de escoltar el parque y los objetos pesa- 
dos, así como de cubrir la retaguardia. 

En este dia (13 de agosto) á la tarde, el ejército para- 
guayo se puso en movimiento, marchando á la cabeza el 
primer cuepo de ejército con cinco mil y tantos hombres 
á las órdenes inmediatas de López, con quien iba también 
el declarante. 

A retaguardia seguia el segundo cuerpo arrastrándose 
pesadamente. 

El primer cuerpo marchó toda la noche del 13, y en el 
dia 14 por la mañana al rayar el sol, habia pasado el 
camino que de Peribebuy se dirige á Caacupé, punto que 



488 GOBERNANTES 

se llama la Encrucijada. Marchó todo el dia 14 y en la 
noche de ese dia y durante el dia 15 apenas tomó algu- 
nas horas de descanso. En la noche del día 15 llegó á 
Caraguatahy. 

La tropa estaba fatigadísima: no habia comido ni dor- 
mido. 

El segundo cuerpo que venia muy pesado, fué ataca- 
do por el ejército brasilero el dia 16 y completamente 
derrotado. Perdió no solamente su artillería sino tam- 
bién el parque general del ejército, víveres, archivo, etc. 

De la gente derrotada en este combate, ninguna se 
reunió al primer cuerpo, á escepcion del general Caba- 
llero con cuatro ó cinco hombres, todos á pié, que habian 
conseguido escapar por el bosque. 

Al seguir para Caraguatahy López destacó del primer 
cuerpo una fuerza de novecientos hombres con artillería, 
bajo -el mando del coronel Hermosa, la cual guardó la 
boca de la picada que conduce á aquel punto, y que fué 
completamente derrotada el dia 18 de agosto cuando los 
brasileros atacaron y tomaron aquella picada. 

El dia 16 á la tarde el primer cuerpo pas6 el Cagay; 
el dia 17 comió y descansó, y el dia 18 se pusoen mar- 
cha para San Estanislao. 

Desde este dia su retaguardia empezó á ser hostilizada 
por los aliados, hasta llegar al Rio Hondo, perdiendo 
carretas y algunas pequeñas fuerzas de retaguardia. De 
allí para adelante ya no fué perseguido mas. 

El declarante no está cierto, pero cree que el primer 
cuerpo llegó á San Estanislao el dia 25 de Agosto. 

Durante esta marcha murieron mujeres y niños, estra- 
viándose soldados, pues el camino era pésimo y casi no 
se hizo alto para dormir, ni para comer. 

El primer cuerpo llegó á San Estanislao con cuatro mi' 
hombres, á los cuales se reunieron mil y tantos mas de 
diversas guardias y del campamento de Taperaguay. 

En el dia 30 López hizo una gran promoción. El de^ 



DEL PAKAGUAT 489 

clarante y el general Caballero fueron ascendidos á gene- 
rales de división, Roca y Delgado á brigadieres, etc. 

En este tiempo una mujer y un individuo que lo acom- 
pañaba fueron presos cerca de Caraguaty por sospecho- 
sos, pues el hombre era paraguayo y andaba armado. 
Este escapó y la mujer fué conducida al cuartel general 
•de López en San Estanislao. 

Fué fusilado un sargento de los urbanos por haber de- 
jado escapar al hombre, y la mujer fué sujeta á un inter- 
ro^torio, en el cual declaró ser espia del ejército aliado, 
estar en inteligencia con el alférez Aquino, de la escolta 
de López, con quien, según decia, se habia convenido 
anteriormente, desde que el ejército paraguayo estaba en 
Azcurra, para que con una parte de la escolta del mis- 
mo López se sublevase y lo asesinase. 

Que desde que el ejército paraguayo se movió, ella re- 
cibia las noticias por medio de Aquino, las que se tras- 
mitian al ejército brasilero, y que habia sido encontrada 
cerca de Curuguaty, porque venia de Villa Rica por Ayos 
y San loaquin á reunirse al ejército paraguayo, á fin de 
dar parte al general brasilero de todo lo que viese. Ca- 
reado el alférez Aquino con ella, negó todo al principio; 
pero después,, habiendo sido castigado con azotes y cepo 
confesó todo al mismo López, diciéndole que no era á el 
á quien quería matar, sino á la patria. López, en tal 
ocasión, le mandó dar de comer y beber aguardiente. 
Aquino denunció algunos individuos como cómplices su- 
yos. Estos denunciaron á otros, y así de un golpe fue- 
ron fusilados ochenta y seis individuos de tropa y diez y 
seis oficiales, entre los cuales el coronel Mongiló (ó Mon- 
gelós), comandante de la escolta, y el mayor Rivero, su 
segundo, no porque hubiesen tomado parte en la conspi- 
ración, sino por haberse urdido en el cuerpo de su man- 
do una trama tal sin haberla ellos descubierto. Los otros 
oficiales antes de ser fusilados fueron azotados álavistgt 
de López hasta el punto de estar casi espirantes. 



490 GOBERANTNES 

El 12 de setiembre, poco mas 6 menos, se movió el 
ejército paraguayo de San Estanislao con dirección á 
Igatimí. El ganado que tenia se habia traido deAzcur- 
ra, habiendo sido traido á Ayos y recogido por allí á las 
inmediaciones de San Estanislao. En el camino encon- 
traron ganado enviado de Concepción. El ejército conti- 
nuó siempre marchando, parando aquí y allí dos ó tre& 
dias. Aun á la entrada de Pacora, donde López, desde 
San Estanislao, habia ordenado que se le construyese una 
casa; poco tiempo se detuvo, pues ya las fuerzas brasile- 
ras estaban en San Joaquín. En Capinarl fué donda el 
ejército paraguayo se estacionó seis dias para proceder á 
nuevas pesquisas relativas á la conspiración de Aquino. 
Allí fueron fusilados sesenta hombres mas, y. el alférez 
Aquino. Mientras tanto, la mujer denunciante continua- 
bapresa. El declarante y otros gefes vivian sobresalta- 
dos, con temor de ser ejecutados de un momento á otro, 
aun sin haber dado para ello motivo; porque López era un 
monstruo que despreciaba de tal modo la vida del próji- 
mo que por una nada mandaba matar á sus mas fieles 
servidores. 

En Pandey, á inmediaciones de Curuguaty, acampa- 
ron con intención de detenerse algún tiempo, pero la no- 
ticia de la llegada de las fuerzas brasileras á San Estanis- 
lao de que se iban á mover, fué lo que hizo que López 
levantase su campo en la tarde del 16 de octubre y mar- 
chase precipitadamente para Igatimí. 

En Curuguaty apareció otra nueva historia de conspi- 
ración. López dijo que su madre, sus hermanas y su her- 
mano Venancio, de acuerdo con el coronel Marcó habían 
tramado envenenarlo el dia 16 de octubre por medio de 
unas conservas y chipas preparado para comida en aquel 
dia. La madre fué inmediatamente puesta en prisión en 
el cuartel general y sus hermanas que estaban en libertad 
fueron de nuevo presas. El coronel Marcó fué preso en- 
tonces por la primera vez. Así marcharon para Igatimy. 



i 



DEL PARAQÜAY 491 

Allí reunió López al declarante, á los ministros y á los 
principales gefes y les consultó si debia ó no procesar á 
su madre. 

El declarante y otros gefes, á escepcion del coronel 
Aveiro, por haber dicho que era mejor no procesar formal- 
mente á la madre, fueron insultados por López, llamán- 
doles adulones y serviles, elogiando mucho al coronel A- 
veiro por haber dicho que su madre debia ser tratada co- 
mo cualquier criminal. En consecuencia se abrió el pro- 
ceso; 

Marcó y su muger fueron azotados, hasta que dieron 

declaraciones que comprometían á los acusados. 

En Igatimy ya comenzó el ejército á sufrir muchas pe- 
nurias, porque la ocupación de Concepción por los aliados 
no permitia que les llegase el ganado necesario, y tenian 
únicamente para su consumo las reses que del Sur habia 
traido. 

Desde Pandey donde acampó el ejército empleó de doce 
á quince dias para llegará Igatimy. 

Allí se estacionó cerca de un mes, continuando en se- 
guida para Panadero, desde donde se movió en los pri- 
meros dias de enero (el 2 ó el 3) en dirección á Cerro- 
Corá. 

La retirada de Panadero fué motivada, no solamente 
por la noticia de la aproximación del general Cámara al 
Rio Verde, sino también porque López recelaba de que 
una fuerza brasilera que saliese de Curugdaty subiese la 
Cordillera y le cortase la retirada por la retaguardia. 

Ya en Panadero el hambre era escesiva y se empeza- 
ron á comer los bueyes de los carros, hallándose las 
palmeras que proporcionaban el coco á mucha distan- 
cia. 

Entre tanto, López saliódel Panadero con cinco mil hom- 
bres y veinte cañones, algunos de grueso calibre. 

Tanto en Igatimy como en Panadero hubo fusilamien- 
tos ylanceamientos. 



493 GOBERNANTAS 

Al romper la marcha de Panadero tuvo lugar una eje- 
cución en grande escala; entonces fué lanceada también la 
denunciante del alférez Aquino. 

Los enfermos quedaron abandonados en el Panade- 
ro. 

Cree el declarante que Pancho "Garmendia murió de 
hambre en Igalimy, Marcó y su muger fueron fusilados en 
el Panadero. 

Durante la marcha á Cerro-Corá atravesó el ejército 
paraguayo los rios delgatimy, Amarabahy y Corrientes. 

La marcha del ejército del Panadero á Cerro-Corá, con- 
tando con las vueltas de camino fué de mucho mas de 
sesenta leguas, y tal vez de ochenta leguas. 

Toda aquella región era completamente desierta, y la 
marcha fué muy penosa. 

Mucha gente murió de hambre y los soldados y oficia- 
les se desbandaron en grupos de ocho y de diez. Los 
que eran encontrados eran lanceados inmediatamente sin 
mas forma de proceso. 

El camino quedó sembrado de cadáveres; hubo muer- 
tos á lanza y otros de hambre. 

De los cinco mil y tantos hombres que partieron del 
Panadero apenas llegaron tres cientos á Cerro-Corá, in- 
cluyendo en este número gefes y oficiales. 

De la población que acompañaba al ejército, muy poca 
llegó con él. 

Delvalle quedó atrás con alguna poca gente y dos pie- 
zas de artillería, cuidando las carretas rezagadas. 

El general Roo aunconervaba entonces ocho piezas de 
artillería. 

El general Caballero fué despachado de Cerro-Corá á 
Dorados con veinte y tres oficiales *á pié á fin de reunir 
ganado. 

El desierto, las marchas forzadas, el hambre, las mise- 
rias de toda especie, habían devorado cinco mil hombres, 
l^ltimo resto de ciento cincuenta ^nil, si no mas, que López 



DEL PARAGUAY 493 

armó para esta guerra, según los cálculos del declarante. 

En medio de tantas miserias y de estas escenas de de- 
solación, y de las ejecuciones sin término, López conti- 
nuaba haciend la misma vida que antes: se levantaba á 
las nueve, á las diez y Á las once de la mañana, y á veces 
al medio dia, fumaba y jugaba con los hijos; comia bien 
y bebia mucho, quedando muchas veces en un grande y 
terrible estado de escitacion. 

Madama Lynch siempre se mostraba vestida de seda 
y en gran toilette . 

Hacia ocho dias que estaban en Cerro-Corá cuando fue- 
ron sorprendidos por el general Cámara el dia 19 de 
Marzo. En tal ocasión, López ordenó al declarante que 
siguiese por la derecha acompañando el carruage de 
madama Lynch, y mientras tanto López huyó por la 
izquierda. Perseguido por la caballería fué alcanzado y 
muerto. El declarante se rindió. 

Aprovecha la ocasión que se le presenta para mani- 
festar que, desde el momento en que se entregó á las 
fuerzas brasileras, como prisionero, tanto él como los 
gefes, soldados y familias que cayeron eu poder de estas 
fuerzas, fueron siempre perfectamente tratados. Para 
ellos fué su captura una salvación, pues de lo contrario 
habrían muerto de hambre, si hubiesen permanecido 
quince dias mas en Cerro-Corá. 

Terminó declarando que López nunca le dijo, ni le ma- 
nifestó por acto alguno, intención de retirarse del Para- 
guay. 

Aseguró además el declarante que López buscó el de- 
sierto y siguió el rumbo que llevó forzado por los movi- 
mientos del ejército brasilero, que puede decirse lo per- 
siguió incesantemente desde que saUó de Azcurra. 

En los departamentos de Curuguaty y de Ij^atimy po- 
dría haber permanecido un año, merced á las estensas 
plantaciones que allí habia. Hasta tenian ganados vacu- 
nos y caballos, que, invernados, habrían engordado, y 



494 GOBERNANTES 

que con las marchas subsiguientes perecieron en gran 
cantidad. Perdidos todos estos recursos, se vio obligado 
¿replegarse al Panadero, huyendo de la columna brasi- 
lera que ocupó aquellos departamentos. 

Alcanzado por esa columna, que destacó espediciones, 
poruña parte del potrero de Itaramá, y de otra por Es- 
padín encima de la Cordillera, por donde se le podia 
cortar la retirada; viendo además de esto, que las fuer- 
zas de la Concepción ya llegaban al Rio Verde, y no pu- 
diendo ya recibir recursos de punto alguno, se retiró pre- 
cipitadamente de Panadero, siguiendo el único camino 
que le quedaba abierto. Efectuó esta retirada con tanta 
mayor precipitación cuanto que temia encontrarse frente 
á frente con la columna de Curuguaty antes de alcanzar 
el paso de Igatimy. 

Nada mas dijo ni le fué preguntado; y habiéndosele 
leido esta declaración, se ratificó en ella por hallarla con- 
forme y firmó conmigo el presente documento por mí es- 
crito. — Antonio Raymu7ido Miranda de Carvalho, tenien- 
te de órdenes de la repartición del diputado del ayudante 
general cerca del comando en gefe. — Francisco Isidoro 
Resquin. — Como testigo el capitán Fernando Melquiades 
Ferreira Lobo. — Y yo el teniente Añádelo Ramos de 
Abren Carvalho y Conireras que lo copié del original. 
—Conforme. — Fraiicisco Xavier de Godoy, mayor. 



* 



Para el que quiera conocer la historia sangrienta de 
los tres tiranos del Paraguay, en todo su horror y en sus 
más mínimos detalles, nada podríamos hacer mejor que 
recomendar las obras que á ellos y á su época se refie- 
ren en la Bibliografía Histórica del Paraguay (inédita 
aun). 






Basta saber que los tres tiranos del Paraguay, como 



DEL PARAGUAY * 495 

lo declararon en su bello manifiesto los tres ciudadanos 
que componían el gobierno provisorio que sucedió á Ló- 
pez, aislaron al Paraguay; cerraron sus puertas hermé- 
ticamente á la inmigración; ahuyentaron el comercio 
esterior, haciendo perecer en sus calabozos innumera- 
bles estrangeros, cuyas fortunas robaron impunemente. 
Ávidos del poder, celosos de toda libertad, temblando ál a 
idea de la menor garantía individual, desconfiando del 
ejercicio del mas insignificante derecho, esos tiranos ele- 
varon al rango de legislación inicuos principios y mons- 
truosos caprichos, estigmatizados por la moral y por la 
civilización. En su afán de dominarlo todo, todo lo cor- 
rompieron y relajaron hasta reducir al pueblo á la mas 
abyecta condición. Destruyeron la familia, dificultando 
el matrimonio por todo género de trabas, diferencia de 
razase interminables tramitaciones. Favorecieron la po- 
ligamia y el concubinato, corrompiendo la moral y rom- 
piendo los vínculos de la familia. Erigieron en sistema 
el espionage, la delación, complementándola con el tor- 
mento en su mas horrenda variedad y crueldad. Relaja- 
ron los resortes de la justicia y de la religión, prostitu- 
yendo sus ministros, convvrtidos en agentes natos del po- 
der para lá consecución de todos sus depravados fines, 
particulares y políticos. Militalizaron todo el país para 
reducirlo á la obediencia pasiva, creando seides garan- 
tidos en la impunidad de todos los delitos, por una vi- 
gilante adhesión á la persona y á los actos del tirano. No 
quedó libertad que ño fuese suprimida; derecho que no 
fuese atropellado; garantía que no fuese destruida, ni 
santuario que no fuese violado. 






Aunque todos los tiranos, como Domiciano, Cómodo, 
Calígula, Nerón en la antigüedad, Francia, Rosas y los 
dos López en la época moderna, tienen mucha analogía 



496 • GOBERNANTES 

entre sí, creemos que Francisco Solano López sobrepasó 
á todos, no dejando éste de tener algunos puntos de con- 
tacto con Calígula y Nerón, cuya historia parece haber 
aprendido de memoria y pu estola en práctica en el Pa- 
raguay. 

Los primeros actos de los tres— Calígula, Nerón y Ló- 
pez — anunciaron relativamente buen gobierno, mas luego 
que el uno de ellos se rodeó de cortesanos y de histriones 
desenfrenados, repudió á su muger mandándola asesinar 
después; otra muger, á cuyas intrigas debió el trono, 
fué igualmente asesinada. Fórmase una conjuración 
contra Nerón, y delatada, son ejecutados los que apare- 
cen encabezarla, sin averiguar la realidad del hecho, ni 
por medio del tormento. Entonces redoblan sus cruel- 
dades. El uno recorre la Grecia y la Italia, el otro la 
Francia, España, etc. yambos reciben aplausos por re- 
compensa. Las crueldades del uno recaen sobre todo 
cuanto le rodea y las familias mas nobles son las peor 
tratadas: las del otro son exactamente iguales. El uno 
deshonra á virtuosos seres y se enriquece con los des- 
pojos de los ciudadanos victimados; el otro practica 
igual cosa. El uno emprende dos ridiculas espediciones: 
el otro no hace menos. El uno huye de Roma y se hace 
matar: el otro huye de la Asunción y le cabe el mismo fin. 

Era tal estado del Paraguay en el gobierno de don Car- 
los A. López, que algunos distinguidos ciudadanos para- 
guayos, residentes en Buenos Aires y enemigos declara- 
dos de ese gobernante, poco antes del pronunciamiento 
del general Urquiza, en mayo de 1851, con ánimo de verse 
libre de él, se presentaron á Rosas, haciéndole proposi- 
ciones de anexar el Paraguay á la Confederación Argen- 
tina. La idea, como era natural, llegó á merecer la ma- 
yor aceptación, pero no pudo dársele forma entonces, 
porque Rosas se hallaba muy preocupado con la guerra 



DEL PARAGUAY 497 

que le venia encima , mirándola con toda la seriedad que 
el caso requería. Por consecuencia, la cosa quedó en la 
nada. Mediábala circunstancia de hallarse á la sazón en 
perfecta armonía y muy buena inteligencia los paragua- 
yos con los brasileros, con quienes no simpatizaban aqué- 
llos, y aun mantenian al norte, por las sierras, comuni- 
cación reciproca, aunque tardía y muy trabajosa. Exis- 
tia estacionada, á esta banda del Paraná, una fuerza pa- 
raguaya como de tres mil hombres, atrincherada entre 
las tranqueras de San Miguel y Loreto. Fué, pues, apro- 
vechando esa coyuntura y deseosos de librar á su país 
de tanta abyección, de la que no llevaban miras de salir 
ni con la muerte del doctor Francia, ^ue se presentaron 
aquellos ciudadanos contando con otros no menos dis- 
tinguidos en el mismo Paraguay. 

El doctor Saldías posee el documento que á este hecho 
se refiere, y es probable que vea la luz pública en el ter- 
cer tomo de su Historia de Rosas. 

* 

Bajo los auspicios de los aliados y en presencia de sus 
ejércitos se establece en la Asunción un gobierno provi- 
sorio, cuando el tirano arrojado de sus últimos atrinche- 
ramientos, aun se hallaba en el territorio del Paraguay, lu- 
chando aun para conservar el mando que se hallaba en' 
su última agonía, pero así mism o sacrificando centena- 
res de personas que, obcecadas, aun le seguian. No 
obstante, millares de paraguayos de ambos sexos se des- 
prendían de las sierras y montes, afluyendo en inter- 
minables caravanas á los caminos reales que conducen á 
la capital, que estaban cubiertos de cadáveres de las víc- 
timas del último tirano del Paraguay. 

El referido gobierno provisorio se formó de un 

1869-1870— TRIUNVIRATO, compuesto de los ciuda- 

nanos CIRILO ANTONIO RIVAROL A, CARLOS LOI- 

33 



498 GOBERNANTES 

ZAGA y JOSÉ DÍAZ DE BEDOYA, desde el 15 de agos- 
to de 1869. 

Al 19 correspondía el ministerio del interior, teniendo á 
su cargo lo concerniente á la organización política y ad- 
ministrativa déla República: al 29 el de justicia, guerra y 
relaciones esteriores y al 39 el de hacienda, agricultura, 
caminos y obras públicas. 

A la instalación del gobierno provisorio, el mismo dia 
que López, abandonando las sierras de Azcurra, se pre- 
cipitaba fugitivo en el corazón délos desiertos hasta su 
fosa de Cerro-Corá, el triunvirato tiró su primer decreto 
nombrando un secretario general de gobierno para la or- 
ganización de los' diversos ministerios. El dia 16 uno 
nombrando los tres seccetarios de estado y demás fun- 
cionarios del tribunal de justicia, y otro organizando el 
departamento general de policía de la capital y capitanía 
del puerto. 

Como la República se hallaba en el estado del mayor 
desquicio, se nombró una comi^^ion protectora, compues- 
ta de ciudadanos paraguayos de honradez y patriotismo, 
los cuales se repartieron por las estaciones de Tacuaral, 
Pirayú y otros puntos-, llevando víveres para alimentar y 
vestuarios para cubrir la desnudez de tantos desgraciados, 
y siguiendo la marcha del ejército aliado, recogiendo y 
amparando las familias. Esta comisión partió el 17 para 
llenar su cometido. 

El triunvirato, por su parte, envió á la campaña á dos 
desús miembros, Bedoya y Rívarola, para recibirse, en 
Peribebui y otros puntos, délos archivos públicos que el 
tirano habia trasportado consigo, y para cerciorarse del 
estado de las famijias que regresaban. 

A los cuatro dias de la instalación del triunvirato (19 
de agosto de 1869), espidió un decreto declarando al ^'des- 
naturalizado paraguayo Francisco Solano López fuera 
de la ley y para siempre arrojado del suelo paraguayo 
como asesino de su patria y-enemigo dellgéaero humano/' 



DEL Í>ARAGÜAY 499 

Este decreto fué aprobado mas tarde por ley del con- 
greso de 15 de julio de 1871. Y al mes y dias (4 de mayo 
de 1870) del fallecimiento de López,* espidió este otro: 

"El gobierno provisorio de la República — 

"Teniendo en vista la misión trascendental, que ante el 
país y el mundo, le imponen altas consideraciones de 
moralidad y de orden, asi como la naturaleza y magnilud 
de los intereses de que está encargado, y— 

"Considerando: que esa misión consiste en parte muy 
principal, en asegurar y hacer prácticas las responsabili- ' 
dades que afectan los bienes que aparecían como propie- 
dad del tirano Francisco Solano López, emanados de los 
actos vandálicos, de asesinatos y usurpaciones, que éste 
erigió en sistema con notable infamia, en el último pe- 
riodo de su dominación — 

"Considerando: que desde que esos asesinatos y usur- 
paciones, no sólo han sido blanco las personas y los inte- 
rese§ de numerosos particulares, tanto ciudadanos para- 
guayos como estrangeros, sino que también la misma 
nación ha sido despojada de valiosísimos bienes con pre- 
testos falsos, ridículos ó inverosímiles — 

"Considerando: que todos esos despojos pasaron, del 
poder del fisco, y los ciudadanos y estrangeros, por 
actos del mas insanable principio de nulidad, á manos de 
Eüsa Lynch, que al lado del tirano, desempeñaba los 
robos mas criminales é impuros que la constituían en un 
padrón de ¡nifamias y de escándalos públicos, lo cual es 
de estensa notoriedad y está en la conciencia de propios 
y estraños — 

"Considerando: que es de igual fama y notoriedad que 
la mencionada Lynch, ejerció en el ápimo del tirano, una 
influencia permanente y decisiva, á punto de haber sido, 
no solamente su consegera íntima, sino la actora princi- 
pal en varios actos públicos, tales como revistar y procla- 
mar las tropas, distribuyéndoles condecoraciones y otros 
premios— ^ 



500 GOBERNANTES 

"Que es igualmente de la mas alta notoriedad, que esa 
perniciosa é inmensa influencia fué criminalmente funes- 
ta, al servicio de los intereses egoistas de esa muger, que 
en su insaciable sed de riquezas, se hacia escriturar, por 
mandato desautorizado del tirano, de valiosísimas zonas 
del territorio nacional, como son los valiosos yerbales de 
Igatimí y de otros puntos, arrancando de esta capital, 
pretendiendo privar asi al fisco de sus mas pingües fuentes 
de riqueza — 

"Que esos salteamientos á la fortun'a de la nación eran 
precedidos y seguidos de otras usurpaciones de bienes, 
de muchos ciudadanos y estrangeros, maniobrando ense- 
guida de modo, que los despojados pereciesen en los tor- 
mentos de los calabozos, ó empresas bélicas, conocida- 
mente temerarias, con el propósito atroz se estinguiesen 
totalmente los que en la . ulterioridad pudiesen reclamar 
de tamaños atentados — 

"Que: tales actos constituyen á la precitada Lynch, pro- 
tagonista unas veces, y cómplice otras del drama san- 
griento, que consumó el tirano, principalmente en el último 
período, que él llamó, la defensa .del país — 

"Que todosrlos actos de ese período, de triste recorda- 
ción, fueron dictados por los mas feroces y sanguinarios 
instintos, consumando el casi total aniquilamiento del 
pueblo paraguayo, á impulso de los tormentos, ora de 
azotes, ora de lanceamíentos en masa, ora de hambr-e, 
y despojándolos, en .seguida, de su fortuna privada, para 
regalársela á la espresada Lynch-- 

"Que: á la par de la flagrante nulidad é ¡legalidad que 
entrañan esas adjudicaciones, existe un interés de la mas 
alta moralidad, y de conveniencia general, en impedir 
que, semejantes actos de vandalismo queden subsistentes 
en. sí mismos y en todas*sus abominables consecuencias, 
sirviendo de botin á Elisa Lynch la fortuna pública y pri- 
vada, á la luz del pueblo, que tan eficazmente contribuyó 



DEL PABAGUAY 



501 



á sumergir en el abismo, délos mas tremendos infortu- 
nios — 

"Que: á la tutela y conservación de esos intereses va- 
liosos, está vinculado un palpitante interés nacional, des- 
de que con ellos podrá la nación indemnizar en parte, de 
los daños y perjuicios y usurpaciones que se le han he- 
cho, á pretesto de mantener la guerra — 

"Considerando finalrpente, que hallarla el gobierno dis- 
culpa y justificación posible, ante el mundo civilizado y 
ante la historia, si en presencia de la moral ultrajada por 
tantos crímenes y espoliaciones, permaneciese mudo é 
impasible, sin dar un paso siquiera para revindicar esos 
sagrados derechos, tan infamemente hollados, corpo tan 
deslealmente arrebatados, por multiplicados abusos de un 
mandón irresponsable y de una muger adúltera — 

"Ha acordado y— 

decreta: 

"Art. 19 Los bienes que aparecían pertenecer al tirano 
del Paraguay Francisco Solano López se declaran pro- 
piedad de la nación. 

"Art. 2? Los bienes que han sido adjudicados, bajo 

cualquiera razón, á Elisa Lynch, por el tirano 6 los que és- 
ta llama "suyos," de procedencia anterior á esas dona- 
ciones ó adjudicaciones, se declaran provisoriamente em- 
bargados, para que sobre ellos, puedan en todo tiempo, 
hacerse efectivas las responsabilidades civiles ó crimina- 
les á que den lugar las acciones públicas ó privadas, que 
á su respecto §e deduzcan. 

"Art. 3? Se procederá á nombrar un administrador 
general, para el cuidado y fomento de todos esos bienes. 

"Art. 49 Se procederá al encausamiento criminal de la 
llamada Elisa Alicia Lynch, notificándole el presente de- 
creto, para que, por sí, ó apoderado, se presente á con- 
testar en juicio, comenzando desde luego, á instruir el 
sumario correspondiente, á fin de que no se desvanez- 
can algunas de las huellas de los delitos, que la conciencia 



502 GOBERNANTES 

pública hace pesar sobre la personalidad de la Lynch. 

"Art. 5? Se nombrará un abogado ad hoc, para que 
diríjalas cuestiones del proceso, y para hacer lá defensa 
. profesional, contra cualquier gestión, acerca de los preci- 
tados bienes. 

"Art. 6? Publíquese, pasando copia al Fiscal General 
y archívese. 

"Dado en la Asunción, á los 4 dias del mes de mayo 
de Í870. 

"CARLOS ANTONIO RIVAROLA. 

CARLOS LOIZAGA. 
Bernardo Recalde. 

Secretario . 

Trascribimos á continuación del número 39 de la "Voz 
del Pueblo", del jueves 83 de junio de 1870, el inventa- 
rio, precedido de algunas palabras del redactor, que lo 
fué á la sazón don Miguel Maclas, (hoy finado) 

ASUNCIÓN 

Elisa A. Lynch. 

"Como prometimos en nuestro número anterior, pu- 
blicamos á continuación el inventario tomado por las fuer- 
zas brasileras, de los objetos que se «le encontraron ala 
concubina del tirano. 

"Mientras las paraguayas se mueren de hambre y se 
comen las unas á las otras, Elisa A. Lyuch, la querida 
de López, se va á Europa á gozar de una fortuna y á lu- 
cir las prendas que consiguió violentamente, de las infe- 
lices mugeres de este país. 

— "¡Cuidado pueblo!— No venga otro tirano y tras él 
otra inglesa. 

"Protesten también las mugeres, que hoy la patria les 
pertenece mas que á los hombres, pues que están en una 
¡nmQnsa mayoría. 



GOBERNANTES 503 

ACTA DE INVENTARIO 

"A los veinte y un dia del mes de mayo de 1870, en el 
puerto de la ciudad de Asunción, capital déla República 
del Paraguay, á bordo del vapor "Princesa'' navio gefe, 
la comisión compuesta del gefe de división Victorino Jo- 
sé Barbosa da Lomba, comandante de la escuadra brasi- 
lera y del coronel Rufino Eneas Gustavo Calváo, gefe de 
la comisión de ingenieros, mayor Federico Augusto de 
Fontoura Lima, gefe interino de la repartición fiscal del 
ejército allí reunido en virtud de la. orden de S. A. Real 
el señor conde de Eu, mariscal de ejército y coman- 
dante en gefe de todas* las fuerzas brasileras en el Para- 
guay, tomó inventario en presencia de Elisa A. Lynch, 
aprisionada al ser derrotadas en Cerro-Corá las últimas 
fuerzas del ex-dictador López, de todos los objetos y valo- 
res en especie ú otras así como de todos los papeles que 
se hallaban en poder de la misma aprisionada y obtuvo 
el resultado que abajo se demuestra, á saber: 

4 aderezos, siendo: 

1 de oro macizo. 

1 con amatista. 

1 de oro y filigrana 

1 de id. con esmeraldas. 
40 anillos, siendo: 

16 de oro con crisolitas. 

24 de id. de diversos gustos. 

2 álbums, siendo: 

1 de tapas de oro con cajas de plata y relieves de oro. 

1 de madre perlas, ofrecido al mariscal López por el 
pueblo de Buenos Aires. 

2 mariposas, siendo: 
1 de crisolitas. 

1 de piedras entre-finas: 
23 botones, siendo: 
12 de coral. 



504 GOBERNANTES 

15 de oro para chaleco. 
6 de id. para puños. 

5 bombillas, siendo: 

3 de plata con virolas de oro. 

2 de oro. 

6 barras de oro pequeñas. 

20 cadenas y cordones, siendo: 

15 de oro. 

1 de.id. con medalla. 
1 de id. con cruz. 
6 mates, siendo. •• 

3 de plata con bombilla. 
3 guarnecidas de oro. 

1 crucifijo de oro con tresbrillantes. 

1 cigarrera de oro. 

2 cajas de rapé, ambas de oro. 

1 condecoración de la orden de Cristo con pendiente de 
la misma orden. 

1 lapicera de oro labrada. 

1 collar de corales. 

1 chicote con las iniciales F. S. L. grabadas de bri- 
llantes. 

1 diadema de oro. 

1 espada con vaina de oro y puño también de oro, gra- 
bada con brillantes ofrecida al mariscal López por el pue-^ 
blo paraguayo. 

1 estuche con útiles de plata y otro para uso de mesa 
y toillete. 

3 peines de cabeza, siendo: 
3 con guarniciones de oro. 
1 con diamantes. 

19 pares de pendientes, siendo: 
• 6 de crisolitas. 
12 de oro de diversos gustos. 
1 de mosaico. 

16 pulseras, siendo. 



DEL PARAGUAT 



505 



1 de mosaico. 

10 de oro. 

1 de marfil.. 

1 con cruz y piedras de brillantes. 

1 con piedras falsas. 

2 de cabello. 

10 prendedores, siendo: 
2 de marfil. 

1 de oro con brillantes. 

4 de id. con diferentes gustos. 

1 de amatista. 

2 de oro con topacio. 

1 porta- fósforos de oro. 

11 relojes de oro, siendo: 

10 de diversos tamaños y gustos, inclusive dos de se- 
ñora. 

1 de oro con cadena. 

6 relicarios de diversos tamaños. 

2 rosarios de oro y corales. 

8 marcadores de ropa , siendo: 

6 de oro. 

2 de plata. 

1 tubo conteniendo rosarios y cordones de oro. 

1 caja perteneciente á Rosita Carreras, hija del maris- 
cal López, conteniendo lo siguiente: 

12 prendedores con piedras falsas para vestido. 
8 pulseras de oro. 

2 prendedores de id. . * 

5 cordones de id. 

3 prendedores con crisolitas. 

3 mariposas. 

1 par botones con crisolitas. 

4 id de id. 

3 hebillas de piedras entre finas. 

4 collares con topacio, crisolitas y corales. 
3 pares brincos con piedras crisolitas. 



506 GOBERNANTES 

1 cruz pequeña con perlas. 

4 pares brincos de oro con topacios. 

3 pares rosetas de oro. 

1 rosario de oro. 

1 clavillo de oro con topacios. 

VALORES DE ESPECIES 

391 onzas de oro. 

27 medias onzas. 

15 monedas de 20,000 reis de cuño brasilero* 

12 id.de 10,000 reis de id. 

24 id. de 4 patacones. 

31 id. de 2 patacones. 

19 libras esterlinas. 

50 monedas de 20 francos. 

2 id. de 17,000 reis 14,600 pesos papel de la República 
del Paraguay. 

Además de este dinero. 

138 onzas de oro que fueron presentadas en el acto de 
este inventario por el señor coronel Eneas Gustavo Gal- 
vao mandadas entregar por S. A. R. ál mismo señor co- 
ronel, por el comandante de las fuerzas al Sur de Man- 
duvirá por pertenecer ese dinero á Elisa A. Lynch que 
antes lo habia dado á trueque de un álbum de su propie- 
dad encontrado por ella entre nuestras fuerzas. 

PAPELES-^DOGUMENTOS 

Una escritura de venta hecha al maHscal F. S. López, 
relativa á tierras de Cordilleritas pertenecientes al distri- 
to de Ibicuy, en el año de 1869. 

Otra escritura de venta de doña Teresa Muñoz de tier- 
ras vendidas al mismo mariscal López en 1868. 

Otra de la casa y sitio de Barrios de la Encarnación de 
esta ciudad de la Asunción, tia de doña Celedonia Castel- 



DEL PARAGUAY 507 

vi, pasaron á favor del presidente de esta República el 
ciudadano Carlos A. López. 

Otra de venta también de una chacra en el campo 
grande, distrito de la Santísima Trinidad, en el mes de ju- 
lio de 1869. • 

Otra de venta hecha al mariscal López en 1866 por 
Francisco de Sales Doncel. 

Documentos relativps á casa y sitio en la capital, dis- 
trito de la Encarnación en 1869. 

Documentos relativos á tierras del distrito de la Encar- 
nación compradas al ciudadano Félix Domingo Barbosa 
en 1869, por Elisa A. Lynch. 

Otros pasados á Elisa A. Lynch, sobre compras hechas 
al estado de la República, de terreno, de campo y bosques 
desiertos, comprendidos entre los rios Itanará-gúazú y 
Aguaray-guazú, en 1869. 

Otros de Juana Bautista de Freitas, de tierras en el 
Lambaré que según declara Elisa A. Lynch son de su 
propiedad sin que acompañe para aclarar escritura de 
venta. 

Otros documentos de Fernando Mora én las condicio- 
nes del antecedente. 

Otros mas de compras de tierras en el departamento de 
la Villa del Salvador, pasados á favor de Elisa A. Lynch 
• en 1869. 

Otros todavia, id. id. id. 

Otros mas pasados á favor dé Elisa A. Lynch, de un 
depósito hecho por ella en la tesorería del estado en 1870, 
déla cantidad de ochenta y un mil trescientos veinte y 
siete pesos papel. 

Dos cartas de Elisa A. Lynch, dii'igidas: una al gene- 
ral Mac Mahon sin fecha, y otra al ministro plenipoten- 
ciario de Inglaterra en la República Argentiaa, fechada 
en 3 de enero de 1870, siendo escrita á éste para que re- 
cibiese en la legación los documentos que pertenecen á 
la misma señora, y escrita á aquel para igualmente reci- 



508 GOBERNANTES 

bir y guardar para el Banco de Inglaterra á la orden de 
ella, y la de sus hijos en su falta, diversas 'cantidades en 
las siguientes especies: 

3700 onzas de oro. 

100 libras esterlinas. 

32 monedas de cuatro patacones. 

55 id de dos id. 

16 napoleones y mas quinientas onzas de oro, á fin 
de ser entregadas á Emiliano. 

Mas una otra carta del cónsul italiano Chaperone fe- 
chada en Luque el 18 de octubre de 1868, dirigida á 
Elisa A. Lynch, en la cual declara tener recibida la suma 
de 5000 patacones en plata y que entregará á su reclamo, 
con los intereses correspondientes. 

"Y por nada mas encontrarse que inventariar según las 
órdenes recibidas, se cerró el presente inventario que va 
firmado por la respectiva comisión y la aprisionada Eli- 
sa A. Lynch — firmado Victorino Barbosa da Lomba, 
presidente de la comisión — Rufino Eneas Gustavo Gal- 
vao— Federico Augusto de Fontoura Lima — Elisa A. 
Lynch. 

No se puede negar que el Paraguay, el país menos co- 
nocido de este Continente, hiciera algunos progresos en 
los últimos años que precedieron á la última guerra, pro- 
vocada de un modo tan insensato por su postrimer tira- 
no. Introdujéronse entonces ferro-carriles, telégrafos, 
un arsenal y otras obras, en que se emplearon muchos 
mecánicos, principalmente ingleses, cuyo idioma y aun 
algunas costumbres iban generalizándose en el país. 

La República cubre como setenta mil millas cuadradas, 
pero reclama mayor territorio de las naciones circunve- 
cinas. El censo de 1857, le daba una población de 
1.337,449 habitantes, según Du Graty, el que sonsidera- 



DEL PARAGUAY' 509 

mos escesivamente exagerado, mientras el que se con- 
feccionó el 19 de marzo de 1887, por la oficina general de 

Estadística sólo da 863,751, délos cuales corresponden á 
la Asunción 24,838, divididos en 10,884 varones y 13,954 
mugeres. No saben leer ni escribir 1